lunes, 9 de noviembre de 2015

Debemos restaurar la consciencia (L. Ronald Hubbard)




La única forma en que se puede organizar un estado colectivista es convenciendo a los hombres de que deben ajustarse y adaptarse, como los animales, a un entorno constante. Se tiene que privar al pueblo del derecho a controlar, como individuos, su entorno. Entonces se les puede regir y agrupar en manadas. Acaban poseídos, no poseedores. Se les debe quitar la razón y el derecho de razonar, porque el centro mismo de la razón es el derecho de formarse su propia opinión sobre su entorno.

Los elementos luchan contra el hombre y el hombre lucha contra el hombre. El blanco principal para los enemigos del hombre es su derecho y su capacidad para razonar. Pero al igual que la inconsciencia siempre precede a la muerte, aun por instantes, así precede la muerte de la razón a la muerte del organismo. Y esta acción puede suceder en un lapso largo, incluso la mitad de una vida, o aun más.

Según disminuye la consciencia que tiene uno del esplendor de la vida, así ha disminuido su propia consciencia. La capacidad de darse cuenta disminuye exactamente según disminuye la consciencia. La capacidad de percibir el mundo en torno a uno y la capacidad de llegar a conclusiones exactas respecto a ese mundo son, a todos los efectos, la misma cosa.



La inconsciencia completa es la muerte. Y conforme uno va acumulando el dolor que acompaña a la vida, y deja de acumular los placeres, gradualmente va perdiendo la carrera. Y se inicia, finalmente, la incapacidad física de ver, pensar y ser, conocida como muerte. ¿Cómo acumula uno este dolor? ¿Y volvería la plena consciencia y un concepto pleno y prometedor de la vida si se librara de él? Y, ¿hay alguna forma de librarse de ese dolor?
    ¿En qué punto deja uno de sobrevivir y comienza a sucumbir? El punto de delimitación no es la muerte, como nosotros la conocemos. El punto está marcado por lo que podría llamarse la muerte de la consciencia del individuo.

La mente debe ser capaz de evitar el dolor y descubrir el placer para sí misma, las generaciones futuras, la familia y el grupo, al igual que para la vida misma. El que un organismo de un grupo no logre resolver adecuadamente problemas de supervivencia es, en parte, un fracaso para todo el grupo. La vida es un esfuerzo interdependiente, cooperativo. Por tanto, la mente de un organismo debe llegar a acuerdos con las mentes de otros organismos, con el fin de que todos puedan sobrevivir al más elevado nivel que sea posible.

La plena consciencia significaría pleno reconocimiento de las responsabilidades propias, de su relación con otros, del cuidado de uno mismo y de la sociedad. Si se pudiera lograr, se podría elevar un orden social a alturas hasta ahora inalcanzables. Se podrían vaciar las prisiones y los manicomios. Se podría hacer un mundo demasiado cuerdo para la guerra, y se podría sanar a la gente que nunca antes había tenido medios de lograr la salud. Y podría hacerse feliz a la gente que nuca antes había sabido lo que es la felicidad. Podría elevarse la buena voluntad y la eficiencia de todos los hombres y de todos los órdenes sociales.

¿Cómo puede lograrse una cosa así?



El dolor es una advertencia, un sistema automático de alarma que informa al organismo que alguna parte de él o su totalidad está bajo tensión y más vale que el organismo actúe o morirá. El dolor es amenaza de no supervivencia, el castigo por errores cometidos al tratar de sobrevivir. Pero la vida, en su competencia total con el universo físico, no soporta el fracaso. Por lo tanto, la consciencia depende de la ausencia o erradicación de recuerdos de dolor físico, por que la inconsciencia es parte de ese dolor, es uno de sus síntomas.

    La inconsciencia, y todo el dolor que va con ella, se almacena en una parte de la mente, y este dolor e inconsciencia se acumulan hasta causar que el organismo comience a morir. Este dolor se puede borrar, y con ello devolver una consciencia plena y una rehabilitación que conduce a la supervivencia. En otras palabras, es posible cancelar la inconsciencia y dolor acumulados a lo largo de los años y restaurar la salud y la vitalidad de un organismo.

    El hombre es básicamente bueno. El dolor y las aberraciones sociales lo alejan de la ética elevada, la eficiencia y la felicidad. Libérate del dolor y estarás en un nivel superior. Restáurese la plena consciencia en un individuo y se estará restaurando el total de su potencialidad de vida.


L. Ronald Hubbard – Auto-Análisis

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