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lunes, 4 de junio de 2012

!Abolición del Trabajo¡, en repuesta a: "Ganarás tu pan con el sudor del de enfrente". (Bob Black)


“Los burgueses tienen muy buenas razones para atribuir al trabajo una fuerza de salvación sobrenatural; porque precisamente de la dependencia natural del trabajo resulta que el hombre que no tiene otra riqueza que su fuerza de trabajo debe ser en todas las situaciones sociales y culturales el esclavo de los otros hombres que se han hecho dueños de las condiciones actuales de trabajo. Puede trabajar solamente con su permiso, entonces puede vivir sólo con su permiso”.
K. Marx: Comentarios al programa.



El origen etimológico de la palabra trabajar es el de tripaliare, del latín, que es torturar; el mismo origen de trabajo- tripalium (especie de cepo o instrumento de tortura).

También es evidente la relación entre trabajo y enfermedad; a cada tipo de trabajo le corresponde una enfermedad laboral; cuántas personas discapacitadas por culpa del maldito curro, cuántas muertes en “accidentes”, mejor dicho asesinatos, laborales por trabajar en las condiciones más precarias posibles y más baratas para los empresarios y cuántas personas heridas o muertas por defender su puesto de trabajo. El aumento sin fin e irremediable del paro estructural es una señal de la necesidad de una trasformación total y global. El que un número cada vez mayor de trabajadores, que sólo tienen su fuerza de trabajo para sobrevivir, se vean arrojadas al desempleo, es decir, liberadas de la tortura pero arrojadas a la miseria, debe hacernos, por lo menos, pensar. Si nadie trabaja por gusto, ya que todo el mundo trabaja forzadamente y por obligación, el paro debería ser deseable para todo el mundo, pero esto no es así debido a la sociedad-mercantil de clases donde el trabajo asalariado, la tortura diaria, sirve para que unos pocos, cada vez menos, se froten las manos y se lleven enormes beneficios a cambio de mínimos salarios por lo barato que vende la gente su fuerza de trabajo, consecuencia de la enorme oferta de la misma y del miedo al paro.

Hoy, ver a todas las organizaciones desde las de extrema izquierda a las de extrema derecha en todo su abanico de posibilidades buscando soluciones al “problema” del paro sin entrar en para qué se está trabajando y qué es el trabajo.La organización humana ha perdido toda su razón de ser; ésta debería servir para cubrir absolutamente todas las necesidades de todas las personas por el mero hecho de existir. La sociedad-mercantil no cubre necesidades reales y sólo sirve para producir e intentar vender mercancías mediante el mundo perfecto de las ilusiones publicitarias. ¡Ya está bien de ideólogos del curro! ¡No queremos trabajar en esta enorme fábrica para llenar vuestros bancos! ¡Rechazamos el trabajo! ¡Hasta el autogestionado! ¡Queremos autogestionar la buena vida y no la tortura! Cuántos siglos de explotación de las bases biológicas del planeta para esto. Es hora de parar la máquina capitalista y ver lo que necesitamos realmente, cómo lo obtenemos y para qué.



Nadie debería trabajar. El trabajo es la fuente de la mayoría de las miserias del mundo. Casi cualquier mal que puedas nombrar proviene del trabajo o de vivir en un mundo diseñado para el trabajo. Con el propósito de parar el sufrimiento debemos dejar de trabajar. Esto no significa que debamos dejar de hacer cosas. Significa crear un nuevo modo de vida basado en el juego, en otras palabras, una convivencia lúdica y tal vez, artística. Abogo por una aventura colectiva en el disfrute generalizado, y una exhuberancia libremente independiente. El juego no es pasivo. Pero si todos los ideólogos defienden el trabajo —y no sólo porque ellos planeen hacer que otros realicen el suyo- todos son extrañamente reacios a afirmarlo así. Ellos hablarán interminablemente de salarios, horas, condiciones de trabajo, explotación, productividad, beneficios. Están dispuestos a hablar de casi cualquier cosa excepto del trabajo en sí. Estos expertos que se ofrecen para pensar por nosotros raramente comparten sus conclusiones acerca del trabajo, de su preeminencia en las vidas de todos nosotros. Entre ellos escamotean los detalles. 

Sindicatos y empresarios convienen en que debemos vender el tiempo de nuestras vidas a cambio de sobrevivir, aunque regatean en el precio. Los marxistas opinan que debemos ser comandados por los burócratas. Los libertarios piensan que debemos ser dirigidos por hombres de negocio. A las feministas no les preocupa quién dé las órdenes con tal que sea mujer. Claramente, estos vendedores de ideologías tienen serias diferencias en cómo distribuir el botín del poder. Más claro, ninguno de ellos tiene ninguna objeción al poder como tal y todos prefieren mantenernos trabajando.
Te puedes preguntar si estoy bromeando o hablo en serio. Estoy bromeando. Y hablo en serio. Ser lúdico no es ser absurdo. Jugar no tiene por qué ser frívolo, aunque la frivolidad no es trivialidad: con frecuencia debemos tomar la frivolidad seriamente. Me gustaría que la vida fuera un juego —pero un juego con gran interés. Yo quiero jugar “por el sustento”-.


La alternativa al trabajo no es inactividad. Ser lúdico no es ser apático. Aunque valoro el placer de la apatía, nunca compensa tanto como cuando acentúa otros placeres y pasatiempos. Tampoco estoy promoviendo el disciplinado tiempo organizado, a modo de válvula de escape, que llaman “ocio”, lejos de eso. El ocio es no-trabajo a fuerza de trabajar. El ocio es un tiempo usado para recuperarse del trabajo y para intentar frenéticamente, aunque sin éxito, olvidarse de él por un momento. Mucha gente vuelve de las vacaciones tan cansada que busca su vuelta al trabajo como un descanso. La principal diferencia entre el trabajo y el ocio es que por el trabajo al menos se te paga por tu alienación y tu irritación.



Un trabajador es un esclavo temporal. El degradante sistema de dominación que he descrito transcurre durante la mitad de las horas de vigilia de la mayoría de las mujeres y casi totalidad de los hombres durante décadas, la mayor parte de su existencia. Para ciertos propósitos no es demasiado erróneo llamar a nuestro sistema Democracia o Capitalismo o —aún mejor- Industrialismo, pero su nombre real es Fascismo de Fábrica y Oligarquía de Oficina. Todo el que diga que la gente es “libre” miente o es estúpido. Tú eres lo que haces. Si realizas un trabajo aburrido, estúpido y monótono, tienes muchas probabilidades de volverte aburrido, estúpido y monótono. El trabajo es una mejor explicación para la progresiva cretinización de todo lo que nos rodea que tales mecanismos de entontecimiento como la televisión y la educación. La gente que tiene todo en su vida reglamentado, arrastrados al trabajo desde la escuela y sujetados por la familia al principio y por los asilos al final, están habituados a estar esclavizados jerárquica y psicológicamente. Su aptitud para la autonomía está tan atrofiada que su temor a la libertad es una de las pocas fobias racionalmente arraigadas que tienen. Su entrenamiento para la obediencia en el trabajo se traslada hacia la familia que ellos inician, reproduciéndose así el sistema de una manera distribuida, así como hacia la política, la cultura y todo lo demás. Una vez que drenas la vitalidad de la gente en el trabajo, ellos probablemente se someterán a la jerarquía y la superioridad en todo. Están acostumbrados a ello. Porque el trabajo, sin importar lo que hagamos, nos mantiene alejados de nuestros propios objetivos.

Lo que he dicho hasta ahora no debería ser discutible. Muchos trabajadores están hartos del trabajo. Hay un alto y creciente absentismo, inactividad, robo por parte de empleados, y sabotajes, huelgas salvajes y sobretodo estafas en el trabajo. Puede estar habiendo un movimiento consciente y no sólo visceral, de rechazo al trabajo. Y también el predominante sentimiento, universal entre los jefes y sus agentes, y también ampliamente extendido entre los trabajadores mismos, de que el trabajo es inevitable y necesario. Estoy en desacuerdo. Ahora es posible abolir el trabajo y reemplazarlo, en aquella medida en que sirve para propósitos útiles, con una nueva clase de actividades libres. Abolir el trabajo requiere avanzar en dos direcciones, cuantitativa y cualitativa. Por un lado, en la dirección cuantitativa, tenemos que reducir masivamente la cantidad de trabajo que se realiza. En el presente, la mayor parte del trabajo es inútil o peor y deberíamos simplemente eliminarlo. Por otro lado —y yo creo que éste es el tema clave y el verdadero enfoque revolucionario- tenemos que tomar el trabajo útil que queda y transformarlo en una agradable variedad de pasatiempo semejante al juego o el arte, con la salvedad de que resultarían en productos finales útiles. Seguramente esto no los haría menos entretenidos de hacer. Entonces todas las barreras artificiales de poder y propiedad caerían. La creación se volvería recreación. Y todos dejaríamos de temernos unos a otros. Lo que realmente quiero ver es que el trabajo se vuelva un juego. 



Un primer paso es descartar las nociones de “trabajo” y “ocupación”. No habría más trabajos, sino cosas por hacer y gentes para hacerlas.

Así pues, el trabajo forzado produce mentiras, produce un mundo de falsas representaciones, un mundo al revés en el que la imagen sustituye a la realidad. En este sistema espectacular y mercantil, el trabajo forzado produce sobre sí mismo dos mentiras importantes: 
-La primera es que el trabajo es útil y necesario, y que a todos nos interesa trabajar. -La segunda mentira es hacer creer que los trabajadores son incapaces de emanciparse del trabajo y de la condición asalariada, que no pueden edificar una sociedad radicalmente nueva, basada en la creación colectiva y atractiva y en la autogestión generalizada. 

En realidad ya estás luchando, conscientemente o no, por una sociedad en la que la conclusión del trabajo forzado deje espacio a una creatividad colectiva regulada por los deseos de cada cual, y a la distribución gratuita de los bienes necesarios para la construcción de la vida cotidiana. El final del trabajo forzado significa el final del sistema en el que reinan el beneficio, el poder jerarquizado, la mentira general. Significa el final del sistema espectacular-mercantil e inicia un cambio global de todas las preocupaciones. La búsqueda de la armonía de las pasiones, finalmente liberadas y reconocidas, sucederá a la carrera tras el dinero y las migajas de poder. 

En realidad ya estás luchando Por una sociedad en la que las pasiones lo sean todo, el aburrimiento y el trabajo nada. Sobrevivir no nos ha impedido hasta ahora vivir; ahora se trata de poner el mundo al revés; de apoyarse en los momentos auténticos, condenados a la clandestinidad y a la falsificación en el sistema espectacular-mercantil; los momentos de la dicha real, de placer sin reservas, de pasión.

Bob Black - La Abolición del Trabajo



Si haces una revolución, hazla alegremente; no la hagas lívidamente serio, no la hagas mortalmente serio, hazla alegremente. No la hagas porque odias a la gente; hazla sólo para escupir en sus ojos. No la hagas por dinero; hazla, y condena el dinero. No la hagas por la igualdad; hazla porque tenemos demasiada igualdad, y va a ser gracioso sacudir el carro de las manzanas y ver por qué lado se irán éstas rodando. No la hagas por las clases trabajadoras; hazla de tal modo que todos nosotros podamos ser nuestras propias y pequeñas aristocracias y patear como asnos fugitivos alegremente el suelo. No la hagas, en fin, para la Internacional del Trabajo; el trabajo es aquello de lo cual la humanidad ha tenido bastante. Eliminémoslo, acabemos con ello. El trabajo puede ser agradable, y los hombres gozarlo; y entonces, no es trabajo. Tengamos eso; hagamos una revolución para divertirnos.
D.H. Lawrence

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