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lunes, 17 de febrero de 2014

El Conocimiento de los Brujos (Carlos Castaneda)

Nuestra gran falla colectiva es el vivir nuestras vidas sin tomar en cuenta para nada una conexión, una fuerza que posee conciencia total y que surge de los propios campos de energía que componen el universo. Para nosotros, lo precipitado de nuestra existencia, nuestros inflexibles intereses, preocupaciones, esperanzas, frustraciones y miedos, tienen prioridad. En el plano de nuestros asuntos prácticos, no tenemos ni la más vaga idea de que estamos unidos con todo lo demás.



La brujería es el uso especializado de la energía. Los seres humanos nacen con una cantidad limitada de energía, una energía que a partir del momento de nacer es sistemáticamente desplegada y utilizada por la modalidad de la época,  de la manera más ventajosa. La modalidad de la época es el determinado conjunto de campos de energía que los seres humanos perciben. La época determina cuál conjunto de campos de energía, en particular, de entre un número incalculable de ellos, será percibido. Manejar la modalidad de la época absorbe toda nuestra fuerza, dejándonos sin nada que pueda ayudarnos a percibir otros campos de energía, otros mundos. El hombre común y corriente carece de energía para tratar con la brujería. Utilizando solamente la energía que dispone, no puede percibir los mundos que los brujos perciben.

Eso es la brujería: la habilidad de usar otros campos de energía que no son necesarios para percibir el mundo que conocemos. La brujería es un estado de conciencia. Cada guerrero que emprende el camino del conocimiento, lo que está haciendo es dejarse convencer de que existe un poder escondido dentro de su ser y que puede alcanzarlo. Una vez que lo alcanzamos, el poder mismo hará uso de esos inaccesibles campos de energía. Empezamos entonces a “ver”, es decir, a percibir algo más, no como una cosa de la imaginación, sino como algo real y concreto, y después comenzamos a saber de manera directa, sin tener que usar palabras.Y lo que cada uno haga con esa percepción acrecentada, con ese conocimiento silencioso, dependerá de nuestro propio temperamento.



El hombre renunció al conocimiento silencioso por el mundo de la razón. Cuanto más se aferra al mundo de la razón, más efímero se vuelve el conocimiento silencioso.
A medida que el sentimiento de tener un yo individual se torna más fuerte, el hombre va perdiendo su conexión natural con el conocimiento silencioso. La causa del cinismo y la desesperación del hombre es el fragmento de conocimiento silencioso que aún queda en él, que permite al hombre vislumbrar su antigua conexión con la fuente de todo y le hace sentir que, sin esa conexión, no tiene esperanzas de satisfacción, logro o de paz. La guerra para el brujo es la lucha total contra ese yo individual que ha privado al hombre de su poder.

Cualquier movimiento que aleje el punto de encaje de su posición habitual equivale a alejarse de la imagen de sí, de la importancia personal. La importancia personal es la fuerza generada por la imagen de sí. Por este motivo, la meta de todo cuanto hacen los brujos es el destronar la importancia personal que es, en realidad, la compasión por sí mismo disfrazada.

Para el hombre racional es inconcebible que exista un punto invisible en donde se encaja la percepción. Y más inconcebible aún que ese punto no esté en el cerebro, como podría suponerlo si llegara a aceptar la idea de su existencia. El hombre racional, al aferrarse tercamente a la imagen de sí, garantiza su abismal ignorancia.

En el universo, por tanto, hay una fuerza inmensurable e indescriptible que los brujos llaman “intento”, y que absolutamente todo cuanto existe en el cosmos está enlazado, ligado a esa fuerza por un vínculo de conexión. Por ello, el total interés de los brujos es delinear, entender y utilizar tal vínculo, especialmente limpiarlo de los efectos nocivos de las preocupaciones de la vida cotidiana. Este proceso de limpieza es sumamente difícil de comprender y llevar a cabo. En estados de conciencia acrecentados, los brujos obtenían el conocimiento directamente del intento, sin la intervención del lenguaje hablado. A través de miles de años de tremendos esfuerzos, los brujos obtuvieron un conocimiento específico y al mismo tiempo incomprensible del intento. La tarea principal consiste en tomar ese incomprensible conocimiento y hacerlo comprensible al nivel de la conciencia cotidiana.



La maestría del “intento” es el enigma del espíritu, el enigma de lo abstracto. La instrucción proporcionada por don Juan se basa en la instrucción del estar consciente de ser, según las siguientes premisas básicas:

1)     El universo es una infinita aglomeración de campos de energía, semejantes a filamentos de luz que se extienden infinitamente en todas direcciones.
2)     Estos campos de energía irradian de una fuente de inconcebibles proporciones, metafóricamente llamada el Águila.
3)     Los seres humanos están compuestos de esos mismos campos de energía filiforme. A los brujos, los seres humanos se les aparecen como unas gigantescas bolas o huevos luminosos, que son recipientes a través de los cuales pasan esos filamentos luminosos de infinita extensión.
4)     Del número total de campos de energía filiformes solo un pequeño grupo está encendido por un punto de intensa brillantez localizado en la superficie de la bola.
5)     La percepción ocurre cuando los campos de energía extienden su luz hasta resplandecer aún fuera de la bola. A este punto se le llama “punto de encaje”.
6)     Es posible lograr que el punto de encaje se desplace de su posición habitual. Dado que la brillantez del punto de encaje es suficiente, en sí mismo, para iluminar cualquier campo de energía con el cual entra en contacto, el punto, al moverse a una nueva posición, de inmediato hace resplandecer diferentes campos de energía, haciéndolos de este modo percibibles. Al acto de percibir de esa manera se le llama “ver”.
7)     La nueva posición del punto de encaje permite la percepción de un mundo completamente diferente al mundo cotidiano; un mundo tan objetivo y real como el que percibimos normalmente. Los brujos entran a ese otro mundo con el fin de obtener energía, poder, soluciones a problemas generales o particulares, o para enfrentarse con lo inimaginable.
8)     El intento es la fuerza omnipresente que nos hace percibir. No nos tornamos conscientes porque percibimos, sino que percibimos como resultado de la presión y la intromisión del intento.
9)     El objetivo final de los brujos es alcanzar un estado de conciencia total y ser capaces de experimentar todas las posibilidades perceptuales que están a disposición del hombre. Este estado de conciencia implica, asimismo, una forma alternativa de morir  

La noción de la muerte es de monumental importancia en la vida de los brujos; lo que da cordura y fortaleza es saber que nuestro fin es inevitable. Nuestro error más costoso es permitirnos no pensar en la muerte. Es como si creyéramos que, al no pensar en ella, nos vamos a proteger de sus efectos. Para los brujos es una farsa grotesca. Sin una visión clara de la muerte, no hay orden para ellos, no hay sobriedad, no hay belleza. Los brujos se esfuerzan sin medida por tener su muerte en cuenta, con el fin de saber, al nivel más profundo, que no tienen ninguna otra certeza sino la de morir. Saber esto da a los brujos el valor de tener paciencia sin dejar de actuar, les da el valor de aceptar todo sin llegar a ser estúpidos, les da valor para ser astutos sin  ser presumidos y, sobre todo, les da valor para no tener compasión sin entregarse a la importancia personal. Sí, la idea de la muerte es lo único que da valor a los brujos.

La muerte no es un enemigo, aunque así lo parezca. La muerte no es nuestra destructora, aunque así lo pensemos. La muerte es nuestro único adversario que vale la pena. La muerte es quien nos reta y nosotros nacemos para aceptar ese reto, seamos hombres comunes y corrientes o brujos. Los brujos lo saben; los hombres comunes y corrientes, no. La vida es el proceso mediante el cual la muerte nos desafía. La muerte es la fuerza activa. La vida es solo el medio, el ruedo, y en ese ruedo hay solamente dos contrincantes a la vez: la muerte y uno mismo.



Nosotros somos seres pasivos. Si nos movemos es debido a la presión de la muerte. La muerte marca el paso a nuestras acciones y sentimientos y nos empuja sin misericordia hasta que nos derrota y gana la contienda. O hasta que nosotros superamos todas las imposibilidades y derrotamos a la muerte. Los brujos hacen eso; derrotan a la muerte y ésta reconoce su derrota dejándolos en libertad, para nunca retarlos jamás. Esto no significa que los brujos se vuelvan inmortales, la muerte deja de retarles, eso es todo. Eso quiere decir que el pensamiento ha dado un salto mortal a lo inconcebible, es el descenso del espíritu, el acto de romper nuestras barreras conceptuales. Es el momento en que la percepción del hombre alcanza sus límites.

Cualquier descenso del espíritu es como morir. Todo en nosotros se desconecta, y después vuelve a conectarse a una fuente de mayor potencia. La amplificación de energía se siente como una angustia mortífera.


Los brujos tienen dominio sobre su propia muerte. Mueren solamente cuando deben hacerlo.


Carlos Castaneda – El Conocimiento Silencioso


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