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martes, 12 de junio de 2012

Ganarse el ser a través de la Vida (María Zambrano)




Cada día que pasa sumergiéndome más en el pensamiento de María Zambrano crece mi admiración por ella. Una mente lúcida que no deja escapar nada de sí misma que deba ser analizado, iluminado con su perspectiva única. Amor, muerte, vida, verdad, libertad, realidad... están continuamente unidos, separados, revitalizados en un armonioso acorde para ofrecerlos a la humanidad debidamente digeridos, para que nada de ello se pierda y se confunda. En fin, no exagero al considerar su obra como lo mejor que ha dado a la posteridad el siglo XX.


Se puede morir… en la muerte de lo que se ama y en la soledad que produce la total incomprensión, la ausencia de posibilidad de comunicarse, cuando a nadie le podemos contar nuestra historia.

Y ya sé que el “otro”, el prójimo esta solo en su fondo como yo, y tampoco puede valerse. Todos están solos, cada uno está solo. No tendré pues enemigo, ni creeré que alguien me ama especialmente, ni menos lo desearé.

Viviendo desde la verdad, de no ser, de no ser apenas nada. Desde la verdad; esto es ser pobre.

Mas el amor, ¿acaso la imagen que el amor crea es la verdadera? ¿acaso hay imagen verdadera adecuada a la persona?... Y sin embargo, no hay amor que no cree una imagen, que no se alimente de ella y no se dé, al mismo tiempo, como en sacrificio.

Y si el amor va a ser compartido, vivido, hay que soportar la vida de lo que se ama.

¿No habría de existir un género de amor que no tropezara con la resistencia de lo amado; un amor en el cual, entender o querer entender se acreciente con el amor mismo y lleguen a ser la misma cosa, entender y amar, amar y entender?

Vivir es errar, andar a la deriva tras ese “único” que nos persigue sin tregua, en el seno sin fin de esa realidad que no nos deja, que tampoco permite que nos hundamos en ella, resistencia última que nos obliga a salir, a sostenernos.

El andaluz dice en coplas su metafísica de la soledad, de la angustia, de la libertad.



Tolerancia moderna no basta, tolerarse es soportarse y, aunque ya es algo, no es creador ni caritativo.

Quien piensa se clarifica, se pone de manifiesto ante sí mismo, entra en sí, al mirarse, buscando su unidad.

El pensamiento tiene, siempre, una función medicinal. Medicina a veces amarga que la poesía endulza, aunque no sea mas que por ir mezclado con algo de delirio. La poesía es un orden del delirio.

Pues vivir humanamente debe ser ir sacando a la luz el sentir, el principio oscuro y confuso, ir llevando el sentir a la inteligencia.

Porque todo despertar es olvido; el que despierta necesita del olvido para volver a tomar el hilo en la hora siguiente.

El amor debe ser… acercarse cogidos de la mano a las puertas del jardín amurallado, y solo entreabierto, un instante en que se rebosa de certidumbre.

Porque para vernos hemos de salir fuera, para oír hundirnos más adentro, allá en el “fondo del alma”, que dicen los místicos, allí se recibe la música y de allí nace esa comunicación profunda, ese tiempo, “el mismo”, que roza la identidad y surge un instante de vida verdadera.

¿Y por qué estudia usted filosofía? Porque tengo que morir, y no podré hacerlo sin haber visto y sin haberme visto: porque no podré morir sin haber vivido la verdad.

Pues la escala musical lo prescribe: “Dia pas on”. Hay que pasar por todo, hay que pasar por los infiernos de la vida para llegar a escuchar los números (la música) de la propia alma.

Porque para mí, el hacerme otro, rompiendo la unidad y la continuidad de mi vida, es dejar de ser el que soy, es sencillamente dejar de ser. Y esto no; ¡todo antes que esto!

No basta pensar, hay que sentir nuestro destino.

La bondad es la mejor fuente de la clarividencia espiritual.

¡Eternidad, eternidad! Este es el anhelo, la sed de eternidad es lo que se llama amor entre los hombres; y quien a otro ama es que quiere eternizarse en él. Lo que no es eterno tampoco es real.

¡Ser, ser siempre, ser sin término, sed y ser, sed de ser más! ¡hambre de Dios! ¡sed de amor eternizante y eterno! ¡Ser siempre!, ¡Ser Dios!

Es el desenfrenado amor a la vida, el amor que la quiere inacabable, lo que nos suele empujar al ansia de la muerte.

No quiero morirme, no, no quiero ni quiero quererlo; quiero vivir siempre.

¿Y quién eres tú?, me preguntas… ¡para el Universo nada, para mí, todo!

El terrible peligro está… en querer creer con la razón y no con la vida. Y es que en rigor la razón es enemiga de la vida.

Por mi parte no quiero poner paz entre mi corazón y mi cabeza, entre mi fe y mi razón; quiero más bien que se peleen entre sí.

Sí, si existiera el Dios garantizador de nuestra inmortalidad personal, entonces existiríamos nosotros de veras. ¡Y si no, no!

Con razón, sin razón o con ella, no me da la gana de morirme. Y cuando al fin me muera, si es del todo, no me habré muerto yo, esto es, no me habré dejado morir, sino que me habrá matado el destino humano. Como no llegue a perder la cabeza, o mejor aún que la cabeza el corazón, yo no dimito de la vida, se me destituirá de ella.

El amor es un contrasentido si no hay Dios.

El misterio del amor, que lo es del dolor, tiene una forma misteriosa, que es el tiempo.

Lo que en rigor anhelamos para después de la muerte es seguir viviendo esta vida, esta misma vida mortal, pero sin sus males, sin el tedio y sin la muerte.



¿Qué es de mí, de este pobre yo frágil, de este yo esclavo del tiempo y del espacio, de este yo que la razón me dice ser un mero accidente pasajero, pero por salvar al cual, vivo y sufro y espero y creo?

Ha de ser nuestro mayor esfuerzo el de hacernos insustituibles.

El que ama al prójimo le quema el corazón, y el corazón, como la leña fresca, cuando se quema, gime y destila lágrimas.

Lo malo del dolor se cura con más dolor, con más alto dolor. No hay que darse opio, sino vinagre y sal en la herida del alma.

Hay que saber ponerse en ridículo, y no solo ante los demás, sino ante nosotros mismos.

La suprema necesidad humana es la de no morir.

¿Y qué hacer con mi propio ser cuando me sale al encuentro?

La persona vive en soledad y, por lo mismo, a mayor intensidad de vida personal, mayor es el anhelo de abrirse y aún de vaciarse en algo; es lo que se llama amor.

Convivimos con el tiempo, dentro de él. El tiempo pasa y queda… el futuro lo sentimos llegar. Mas entonces sentimos la muerte llegar ocupando todo el hueco del futuro.

La poesía unida a la realidad es la historia.

El amor es ante todo, y más allá de todo, un pensamiento de amor… El pensamiento de amor, solo con este pensamiento se podría vivir, lo que decir quiere que este pensamiento tomaría toda la vida.

Pero las ideas no son sino hijas del amor, y en cierto modo, del fracaso del amor. Nunca serían concebidas sin él, porque es el amor mismo o conato del ser por superar su propia limitación, quien las proyecta sobre la nada.

La mujer es el anverso del ser, un más allá del ser, un absoluto impensable, la antesala de la verdad ultima, de lo divino, alcanzado por el pensamiento en la metafísica.

La mujer pide enigmáticamente al hombre que la siga, que se niegue trascendiéndose, y aún abismándose.

María Zambrano 


2 comentarios:

  1. Manulondra Fabulosos su blog que tengas una feliz semana
    Saludos desde…
    Abstracción textos y Reflexión

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  2. Gracias por su comentario y por hacerse presente, José Ramón, viene siendo en los blogs poco habitual, por desgracia, dejar respuesta, aunque sea concisa, como si hubiera un gran riesgo en ello o supusiera un compromiso de continuar en él. Los que publican libros al menos tienen constancia de los ejemplares vendidos y el interés que tienen sus lectores; pero en los blogs uno se siente a veces tan solo que se pregunta qué utilidad tiene todo esto.
    Solo la respuesta y no el número de lecturas es lo que anima a seguir.

    Saludos!

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