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jueves, 27 de septiembre de 2012

Violencia en las multitudes


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La violencia es el miedo a los ideales de los demás. (Gandhi)
La violencia es el último recurso del incompetente.(I. Asimov)
La violencia jamás resuelve los conflictos, ni siquiera disminuye sus consecuencias dramáticas.(Juan Pablo II)
La violencia crea más problemas sociales que los que resuelve. (Martin L. King)



Últimamente estamos viendo ciertos brotes de violencia que surgen de pronto de entre una multitud que pacíficamente hasta ese momento, en su gran mayoría, manifestaba su malestar contra la clase política y la actual estructura social y económica; eso sí, como ha sido el 25-S, obedeciendo una llamada a ejecutar una acción totalmente ilícita como es “rodear el Congreso”. Aún en completa paz y armonía supone por sí mismo un reto al Estado, y a éste no le queda más remedio que defender el esquema actual democráticamente establecido. 

Era de esperar, por tanto, que esos grupúsculos de encapuchados de no se sabe qué ideología de la violencia ni a quién obedecen, incitaran descaradamente a las fuerzas del orden a reaccionar con sus medios para repelerlos, a veces con desproporción. Es evidente que la finalidad de estos mercenarios es provocar y sembrar violencia tanto en unos como en otros, de forma que, mientras para los pacíficos ciudadanos queda manchada la justificación de este toque de atención, los estamentos políticos ven languidecer y peligrar las estructuras básicas de la Constitución. Ello traería como consecuencia un endurecimiento en la represión a las protestas, en un momento de profundo descontento general por el negro panorama y el incierto futuro, facilitando a su vez la guerra de guerrillas urbanas bajo cualquier excusa o iniciativa lícita de otros.




Aunque ahora otros factores añadan más complejidad al problema , ya en 1895 Gustave Le-Bon, en “Psicología de las Masas” entendió las claves por las que se movilizaban las multitudes y la generación de violencia. En una obra de igual título trata Freud tanto de asumir por ciertos como de rebatir y rehacer algunos de sus postulados, dando cabida a su teoría de la libido en la génesis de la sociedad y las consecuencias que acarrea. Nos dice que: “La Iglesia y el Ejército son masas artificiales, esto es, masas sobre las que actúa una coerción exterior encaminada a preservarlas de la disolución y a evitar modificaciones de su estructura. En general, no depende de la voluntad del individuo entrar o no a formar parte de ellas, y una vez dentro la separación se halla sujeta a determinadas condiciones, cuyo incumplimiento es rigurosamente castigado. En la Iglesia y en el Ejército reina, cualesquiera que sean sus diferencias en otros aspectos, una misma ilusión: la ilusión de la presencia visible o invisible de un jefe. De esta ilusión depende todo, y su desvanecimiento traería consigo la disgregación de ambas.”  Vale también como vemos hoy día para el Estado, “sobre el que actúa una coerción exterior encaminada a preservarlo de la disolución…”. Cambian los tiempos, pero ni Marx hubiera soñado hace casi doscientos años una puerta hacia el fin de la sociedad burguesa y capitalista inmisericorde con sus súbditos, culpable para cualquiera de la situación mundial, y cuyo desenfreno ha tocado fondo.


Otro punto de vista muy interesante tiene sobre el problema William McDougall en esta disertación de 1920: “La masa da al individuo la impresión de un poder ilimitado y de un peligro invencible. Sustituye, por el momento, a la entera sociedad humana, encarnación de la autoridad, cuyos castigos se han temido y por las que nos imponemos tantas restricciones. Es evidentemente peligroso situarse enfrente de ella, y para garantizar la propia seguridad deberá cada uno seguir el ejemplo que observa en derredor suyo. Obedientes a la nueva autoridad, habremos de hacer callar a nuestra conciencia anterior y ceder así a la atracción del placer que seguramente alcanzaremos por la cesación de nuestras inhibiciones. No habrá, pues, de asombrarnos que el individuo integrado en una masa realice o apruebe cosas de las que se hubiera alejado en las condiciones ordinarias de su vida”. Aún los no violentos, pero que viven sumidos por la desesperación de la carestía vital, amparados por el anonimato y la energía circundante les es fácil integrarse en esa escalada de violencia.




Detengámonos entonces en Le Bon: “La aparición de los caracteres peculiares a las multitudes se nos muestra determinada por diversas causas. La primera de ellas es que el individuo integrado en una multitud adquiere, por el solo hecho del número, un sentimiento de potencia invencible, merced al cual puede permitirse ceder a instintos que antes, como individuo aislado, hubiera refrenado forzosamente. Y se abandonará tanto más gustoso a tales instintos cuanto que, por ser la multitud anónima y, en consecuencia, irresponsable, desaparecerá para él el sentimiento de la responsabilidad, poderoso y constante freno de los impulsos individuales. Una segunda causa, el contagio mental, que es un fenómeno fascinante comprobable, pero inexplicable aún y que ha de ser enlazado en los fenómenos de carácter hipnótico. Dentro de una multitud, todo sentimiento y todo acto son contagiosos, hasta el punto de que el individuo sacrifica muy fácilmente su interés personal al interés colectivo, aptitud contraria a su naturaleza.

El individuo, sumido algún tiempo en el seno de una multitud activa cae pronto, a consecuencia de los efluvios que de la misma emanan o por cualquier otra causa un estado particular, muy semejante al estado de fascinación entre las manos de un hipnotizador. Por el solo hecho de formar parte de una multitud desciende, pues, el hombre varios escalones en la escala de la civilización. Aislado, era quizá un individuo culto, en multitud, un bárbaro. Tiene la espontaneidad, la violencia, la ferocidad y también los entusiasmos y los heroísmos de los seres primitivos.


Así pues, la desaparición de la personalidad consciente, el predominio de la personalidad inconsciente, la orientación de los sentimientos y de las ideas en igual sentido, por sugestión y contagio, y la tendencia a transformar inmediatamente en actos las ideas sugeridas, son los principales caracteres del individuo integrado en una multitud. Perdidos todos sus rasgos personales, pasa a convertirse en un autómata sin voluntad.


La multitud es extraordinariamente influenciable y crédula. Carece de sentido crítico y lo inverosímil no existe para ella. Piensa en imágenes que se enlazan unas a otras asociativamente, como en aquellos estados en los que el individuo da libre curso a su imaginación sin que ninguna instancia racional intervenga para juzgar hasta qué punto se adaptarán a la realidad sus fantasías. Los sentimientos de la multitud son siempre similares y exaltados. De este modo, no conoce dudas ni incertidumbres.

No abrigando la menor duda sobre lo que cree la verdad o el error y poseyendo, además, clara conciencia de su poderío, la multitud es tan autoritaria como intolerable. Respeta la fuerza y no ve en la bondad sino una especie de debilidad, que le impresiona muy poco. Lo que la multitud exige de sus héroes es la fuerza e incluso la violencia. Quieren ser dominados, subyugados y temer a su amo. Las multitudes abrigan, en el fondo, irreductibles instintos conservadores y, como todos los primitivos, un respeto fetichista a las tradiciones y un horror inconsciente a las novedades susceptibles de modificar sus condiciones de existencia”.




Y es que las condiciones de existencia están siendo seriamente perjudicadas por los mandatos de la economía global, en un camino que parece de “no retorno” y que no pueden sino empeorar. El desvanecimiento completo de esperanzas en un futuro de igualdad y justicia por este camino produce, como única salida, la creencia en la utopía de un cambio profundo en el sistema, una vez que cada vez queda menos que perder. Ahora bien, esa lucha debe hacerse en el marco de la no-violencia. Para ello es de vital importancia, tanto para el ciudadano como para el Estado, colaborar en denunciar y desmantelar estas aisladas pero peligrosas facciones, que ponen en peligro tanto a los que defienden sinceramente el modelo democrático actual como a los que tienen aspiraciones de crear un nuevo y diferente reparto de la riqueza.

martes, 25 de septiembre de 2012

Un encuentro con El Libro de los Esplendores


El Zohar nos dice que el alma ha sido enviada al mundo a fin de que pueda tomar parte activa en la vida. Debe penetrar y reflejar en su propia luz todas las acciones de la vida con la que la muerte le pone en contacto. Solamente así puede el alma reconocer su propio origen. Aquel que sale del crisol de la purificación se convierte asímismo en un artista creador, un compañero de Dios en sus creaciones.



La gloria de dios es tan sublime y está tan lejos por encima de la comprensión humana, que tiene que permanecer en un misterio eterno. Sin embargo, hay tres maneras en las que el hombre puede percibir la gloria parcial de Dios: la primera es la visión que el ojo puede percibir desde lejos, pero tan solo un rayo infinitesimal penetra dentro del ojo. No es bastante para derramar el alma del hombre. Así, la primera visión queda como una cosa vista desde lejos, y tan solo con el ojo exterior. La segunda manera es aquella en que el ojo se sumerge sin la debida preparación en una irradiación que no es capaz de soportar. Deslumbrado y confuso, se ve obligado a impedir la entrada de la gran irradiación por medio de su propio acto, después de no haber sido capaz de absorber mas que un diminuto rayo de la visión suprema. La tercera manera es cuando la visión se ve como un espejo brillante. Sobre éste el ojo puede permanecer y llenarse tan completamente de belleza que, finalmente, penetra en lo más íntimo del ser e inunda el alma con una luz siempre duradera. Y el alma, habiendo abarcado el significado interno de la luz que la inunda, se calienta en su irradiación y se satisface en todo momento con el gozo que emite.


El éxtasis es el grado más alto que viene a los místicos que buscan la revelación. Es el medio de alcanzar las visiones espirituales. Las fuerzas físicas parecen estar durmiendo la dulzura mística gozada durante este estado, no se puede comparar con cualquiera otra experiencia de la vida. El alma se sumerge en las aguas de la gracia donde anhelaría permanecer para siempre. En una especie de delirio, el alma se encuentra en el corazón de la sabiduría, comprendiendo todas las cosas y abarcando su verdadero significado en un relámpago. Mientras que se pasa por esta experiencia, el místico siente que podría dar voz al más grande de los cantos que jamás pudo haber sido compuesto, pues un espíritu, más grande que el que jamás ha sido poseído por cualquier poeta, ha tomado posesión de su alma.


Solo el amor une al hombre con Dios, pues en el amor está el misterio divino. La adoración del amor se eleva y se adhiere al mundo superior. Es tan solo por medio del amor como los mundos superiores e inferiores se unen. Cuando tal amor se apodera de un hombre, éste huye de todos los placeres terrenos, incluso de su amor por su mujer e hijos; nada es comparable al amor que se siente por Dios. Se liga a sí mismo con Dios como el carbón a la llama.



El nombre Adán fue dado a un hombre y a una mujer unidos en un solo ser.

No creáis que el hombre no es más que carne. Lo que realmente hace al hombre es su alma. Y lo mismo que Dios forma el punto oculto del cual todas las huestes celestiales y todas las regiones superiores, forman la cubierta, así también está el hombre representado por su más interna alma, de la cual todas las partes del cuerpo forman su envoltura. La carne, la piel, los huesos y el resto no son sino un vestido, un velo. No son el hombre. Y cuando el hombre deja este mundo se desprende de todos los velos que lo cubren. A pesar de todo esto, nosotros no debemos despreciar nuestros cuerpos, pues las diversas partes del cuerpo se conforman a los secretos de la divina sabiduría. La piel representa el firmamento, que se extiende sobre todo y cubre todo como un vestido. La piel recuerda el lado malo del universo, esto es: el elemento, que es tan solo externo y sensible. Los huesos y las venas son como la carroza celeste: las fuerzas que existen internamente, y que nosotros consideramos como los sirvientes de Dios. No obstante, todo esto es todavía un vestido, pues es tan solo en su ser interno donde nosotros hallamos el misterio del hombre celestial. Exactamente lo mismo que el hombre terrestre así es, por dentro, el hombre celestial. Pues todo lo que tiene lugar acá abajo es tan solo la imagen de todo lo que tiene lugar arriba. Es en este sentido que nosotros comprendemos que Dios creó al hombre a su propia imagen.


En tres cosas: el espíritu, el alma y la vida de los sentidos, nosotros hallamos una fiel representación de todo lo que sucede en los mundos superiores. Pues estas tres cosas no forman sino un simple ser donde todo está junto y unido. La vida de los sentidos no posee por sí misma luz alguna, pero por esta misma razón está íntimamente ligada con el cuerpo, del cual procura los placeres y el sostenimiento que necesita. El principio animal es la sede del alma. Y por encima del alma se eleva el espíritu que la domina y derrama sobre ella la luz de la vida. El alma se clarifica por medio de esta luz, y depende enteramente del espíritu. Después de la muerte, el alma no puede hallar sosiego alguno, ni están abiertas para ella las puertas del paraíso, hasta que el espíritu ha ascendido a su Fuente, para llenarse a sí mismo de Dios para toda la eternidad.


Los movimientos del alma después de la muerte son presentados como series de pruebas de purificación, por medio de las cuales puede purificarse paso a paso, en el camino que conduce a la perfección original. Los movimientos son muchos y variados, pues cada alma debe pasar a través de numerosos grados. ¡Cuán variadas, cuán misteriosamente múltiples son las formas por medio de las cuales el alma tiene que pasar hasta que alcanza la última forma de perfección. El alma conoce y alcanza lo que fue imposible para ella conocer y alcanzar en el mundo.




Todos los Misterios de la Fe están en esta doctrina: que todo lo que existe en el Mundo Superior es la Luz de Pensamiento, el Infinito. ¡Levantad la cortina y toda la materia aparece inmaterial! ¡Levantad otra cortina, y lo inmaterial aparece todavía más espiritual y sublime! ¡Y a medida que cada cortina siguiente se levanta nosotros somos transportados a los planos siempre más altos de sublimidad, hasta que se alcanza el Altísimo!

Y esto es el resumen de todo: que todas las cosas de que el mundo se compone, lo mismo que el alma y el cuerpo, volverán al principio y a la luz de donde procedieron. Pues Dios es el principio y Él es el fin de todos los grados de la Creación, y todos los grados están delineados con su sello. Él es el único Ser, a pesar de las innumerables formas de que Él está revestido.

Aquellos que penetran el significado interno de esos misterios, que son causa para temblar así arriba como abajo, se exponen  a la muerte. Y el alma que aprende acerca de Dios se consume en el deseo de volar hacia Él, tan pronto como los misterios le son revelados. Y el alma, saliendo de su gran anhelo, se entrega ella misma al beso. Entonces los ángeles llevan al alma detrás de la cortina, y ella empieza su jornada hacia arriba.


Ariel Bension: El Zohar en la España Musulmana y Cristiana




lunes, 24 de septiembre de 2012

El Epicureísmo según Emilio Lledó

Cuando en nuestra juventud estudiamos el epicureísmo se nos presentaba más o menos como una manera práctica de la consecución de los placeres en general, y enfrentada al estoicismo, que suponía la mortificación de la existencia mediante un ascetismo inviolable donde solo tenía cabida el alejamiento completo de los deseos y de las necesidades del cuerpo; nos quedaba la impresión de que ambas eran contradictorias y radicales y no sabríamos decir en qué punto idóneo radicaba el término medio. Durante siglos el epicureísmo fue denostado y arrinconado, ya que, principalmente, nos enseñaba el necesario disfrute de esta vida como camino de plenitud y sin la vana esperanza de un paraíso de felicidad tras la muerte. En un contexto cultural y social dominado por el castigo o premio en el “más allá”, ejecutado por un dios omnipotente, tal supuesto chocaba frontalmente con esa idea de “vida eterna” e inmortalidad del espíritu que aparecían como único fin, donde la existencia corporal era más un defecto que una virtud por sí misma.

A partir de los escasos textos que nos han llegado de la filosofía de Epicuro, muchos autores y, especialmente Emilio Lledó, intentan reconstruir su maravilloso mensaje y poner acento en la revolucionaria idea que se desprende de ellos, en lo concerniente a la felicidad terrena, el amor y la fraternidad.




Es posible frente a las demás cosas procurarse una seguridad, pero frente a la muerte todos habitamos una ciudad sin murallas.
Acostúmbrate a pensar que la muerte nada es para nosotros. Porque todo bien y mal reside en la sensación, y la muerte es privación del sentir. Por lo tanto, el recto conocimiento de que nada es para nosotros la muerte hace dichosa la condición mortal de nuestra vida; no porque le añada una duración ilimitada, sino porque elimina el ansia de la inmortalidad. Nada hay, pues, en el vivir para quien ha comprendido rectamente que nada temible hay en el no vivir. De modo que es necio quien dice que teme a la muerte, no porque le angustiara el presentarse, sino porque le angustia esperarla. Pues lo que al presentarse no causa turbación vanamente afligirá, mientras se aguarda. Así que el más espantoso de los males nada es para nosotros, puesto que, mientras nosotros somos, la muerte no está presente, y cuando la muerte se presenta, entonces no existimos. En nada afecta, pues, ni a los vivos ni a los muertos, porque para aquéllos no está y éstos ya no son… el sabio, en cambio, ni rehusa la vida ni teme el no vivir. Porque no le abruma el vivir, ni considera que sea algún mal el no vivir.

Comentario de Emilio Lledó: “Pero si efectivamente la muerte es lo más terrible, ello quiere decir que lo es frente a la vida. Si la muerte nos horroriza, es porque aquello en lo que estamos, la vida, es un bien o por lo menos puede serlo. Si vivir se ha convertido a veces en un duro trance, ello no impide descubrir las hermosas posibilidades de la vida. Toda teoría de la inmortalidad nos arrastra al olvido del mundo, al olvido del cuerpo, incluso al desprecio de la vida, porque en algunos momentos esa vida, que es limitación, esté amenazada por la miseria y el dolor. La vuelta a la vida, contemplando la muerte con naturalidad epicúrea, supone una revalorización del tiempo humano”.

La carne pone los límites del placer ilimitado y un tiempo ilimitado sería necesario para alcanzarlos. Pero el pensamiento, que se ha dado cuenta del fin y límite de la carne, y que ha diluido los temores de la eternidad, nos prepara una vida perfecta, y para nada precisamos ya de un tiempo infinito. Porque ya no rehuye el placer. Y cuando las circunstancias nos llevan al momento de dejar la vida, no nos vamos de ella con el sentimiento de que algo nos faltó para haberla llevado mejor.



“Por ello, toda sociedad en crisis con su propia continuidad ha sido enemiga del placer. Toda negación de la vida, de la limitada pero viva y creadora aventura del cuerpo y de su mente ha producido una cultura quebrada en su origen, y necesitada siempre del engaño, la justificación y, por supuesto, de la violencia. La negación del placer provoca, sobre todo, la alternativa ideológica de los “no gozadores”, de aquellos que entierran la posibilidad del cuerpo para, de paso, aniquilar también la posibilidad de la inteligencia, de la creación, de la libertad”.

La amistad hace su ronda alrededor del mundo y, como un heraldo, nos convoca a todos para que nos despertemos para colaborar en la mutua felicidad.


“El Epicureísmo es, sobre todo, una teoría de la sabiduría que nos enseña a entender el gozo y el placer como simples normas de nuestro bienestar que implican, al mismo tiempo, un bienser. Y este bienser es un elemento de equilibrio y libertad ante uno mismo. La sociedad de consumo que, en nuestros tiempos, ha creado el vacío disfrute de lo que no es ni natural ni necesario, y que ha establecido como una melancólica meta de la insatisfacción, la ideología del tener, está completamente alejada del epicureísmo entendido como una teoría del ser. Precisamente la inundación de informaciones que transmiten los medios, las inagotables posibilidades de adquirir y poseer, ofrecida por la sociedad de nuestros días, acaba produciendo una atrofia de la sensibilidad y un progresivo agotamiento del cuerpo y de la inteligencia. La filosofía epicúrea fue revolucionaria porque intuyó el exceso y la enorme miseria que a tal exceso conducía: una atrofia creciente para los ideales de una democracia verdadera y un amenazante emprobrecimiento de la capacidad de reflexionar, de entender, de idear”.







viernes, 21 de septiembre de 2012

Capricho Italiano. Tchaikovsky


Uno de los temas musicales más determinantes en mi vida...

jueves, 20 de septiembre de 2012

La Ilusión freudiana de un porvenir

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Tras leer el tratado de Freud “El Porvenir de una Ilusión”, y tras 85 años de su publicación, se muestran muy acertadas sus dudas sobre la efectiva realización futura de su Ilusión que, en pocas palabras, consistía en transformar de raíz el modelo paternalista que llevaban a cabo tanto la Religión como el Estado, asentado sobre presupuestos ilusorios e impuestos a la fuerza, asfixiando casi por completo las posibilidades de evolución de la Humanidad. Dicha ilusión pasaba por la premisa inexcusable de que el ejercicio del Logos y las enormes posibilidades del avance científico se erigieran en motores del cambio, sin cuyo predominio le era imposible atisbar un porvenir. Vemos como a cámara lenta, sobre todo en las culturas de tradición cristiana, los hombres se van desatando de las imposiciones de la religión pero, al mismo tiempo, el desarrollo meteórico de Ciencia y Tecnología están consiguiendo impregnar al ser humano de un nuevo culto, no menos peligroso.

He descartado las citas que hacían referencia a las bondades del Psicoanálisis y a la preponderancia de la libido, pero hubiera incluido, de haber sido contemplada por él, cualquier alusión al ejercicio del Amor como ingrediente necesario para propiciar dicho cambio. Y es que sin la fuerza del amor y la fraternidad como puntos de partida, el porvenir de una ilusión se convierte en la ilusión de un porvenir, pues me parece ilusorio fundamentar el cambio en el pensamiento y en la ciencia sin dar cabida como motor al mejor atributo de que la Humanidad dispone: la Fuerza del Amor.




Veamos brevemente cómo fundamenta su teoría:


Como para la Humanidad en conjunto, también para el individuo la vida es difícil de soportar. La civilización de la que participa le impone determinadas privaciones, y los demás le infligen cierta medida de sufrimiento, bien a pesar de los preceptos de la civilización, bien a consecuencia de la imperfección de la misma, agregándose a todo esto los daños que recibe de la Naturaleza indominada. Esta situación ha de provocar en el hombre un continuo temor angustiado y una grave lesión de su narcisimo natural.

Cada individuo es virtualmente un enemigo de la civilización, a pesar de tener que reconocer su general interés humano. Se da, en efecto, el hecho singular de que los hombres, no obstante serles imposible existir en el aislamiento, sientan como un peso intolerable los sacrificios que la civilización les impone para hacer posible la vida en común. Así pues, la cultura ha de ser defendida contra el individuo, y a esta defensa responden todos sus mandamientos, organizaciones e instituciones, las cuales no tienen tan solo por objeto efectuar una determinada distribución de los bienes naturales, sino también mantenerla incluso contra los impulsos hostiles de los hombres los medios existentes para el dominio de la naturaleza y la producción de bienes. Las creaciones de los hombres son fáciles de destruir, y la ciencia y la técnica por ellos edificada pueden ser también utilizadas para su destrucción.

Todos los hombres integran tendencias destructoras –antisociales y antinaturales- y en gran número de personas tales tendencias son bastante poderosas para determinar su conducta en la sociedad humana.
Experimentamos así la impresión de que la civilización es algo que fue impuesto a una mayoría contraria a ella por una minoría que supo apoderarse de los medios de poder y de coerción.

Mientras que en el dominio de la Naturaleza ha realizado la Humanidad continuos progresos y puede esperarlos aún mayores, no puede hablarse de un progreso análogo en la regulación de las relaciones humanas, y probablemente en todas las épocas se han preguntado muchos hombres si esta parte de las conquistas culturales merece, en general, ser defendida… (así) toda la civilización ha de basarse sobre la coerción y la renuncia a los instintos…

Lo decisivo está en si es posible aminorar los sacrificios impuestos a los hombres en cuanto a la renuncia y a la satisfacción de sus instintos, conciliarlos con aquellos que continúen siendo necesarios y compensarlos de ellos. El dominio de una masa por una minoría seguirá demostrándose siempre tan imprescindible como la imposición coercitiva de la labor cultural, pues las masas son perezosas e ignorantes, no admiten gustosas la renuncia al instinto, siendo útiles cuantos argumentos se aduzcan para convencerlas de lo inevitable de tal renuncia, y sus individuos se apoyan unos a otros en la tolerancia de su desenfreno. Únicamente la influencia de individuos ejemplares a los que reconocen como conductores puede moverlas a aceptar aquellos esfuerzos y privaciones imprescindibles para la preservación de la cultura.

La necesidad de una coerción que imponga la labor cultural, no es por sí misma sino una consecuencia de la existencia de instituciones culturales defectuosas que han exasperado a los hombres haciéndoles vengativos e inasequibles. La falta de amor al trabajo y la ineficacia de los argumentos contra las pasiones son los dos caracteres de las colectividades humanas que tanto dificultan su conducción. Podemos preguntarnos si un distinto ambiente cultural puede llegar a extinguirlas, y en qué medida.

Pero cuando una civilización no ha logrado evitar que la satisfacción de un cierto número de sus partícipes tenga como premisa la opresión de otros, de la mayoría quizá –y así sucede en todas las civilizaciones actuales-, es comprensible que los oprimidos desarrollen una intensa hostilidad contra la civilización que ellos mismos sostienen con su trabajo, pero de cuyos bienes no participan sino muy poco. En este caso no puede esperarse por parte de los oprimidos una asimilación de las prohibiciones culturales, pues, por el contrario, se negarán a reconocerlas, tenderán a destruir las civilizaciones mismas y eventualmente a suprimir sus premisas. No hace falta decir que una cultura que deja insatisfechos a un núcleo tan considerable de sus partícipes y los incita a la rebelión no puede durar mucho tiempo, ni tampoco lo merece.


lunes, 17 de septiembre de 2012

Una reflexión sobre el problema saharaui




Aún no me encuentro en condiciones de valorar, en su justa medida, la experiencia y el alcance de la acogida este verano pasado de Lamira, la niña saharaui. Tengo que confesar que ha habido momentos en que he dudado de la conveniencia de esta acción o me han parecido excesivos los dos meses de vacaciones, incluso no tenemos suficientemente claro si volveremos a repetir dos años más, el tiempo y la situación económica serán determinantes. Digo esto porque he calculado que el coste total de su venida ronda los 2.000 €, de los cuales el 40% (vuelo ida/vuelta) se sufraga con las actividades que emprende la Asociación Amigos del Pueblo Saharaui, donde tenemos que participar activamente en fechas determinadas. Fuera de este componente puramente económico, es indudable el beneficio emocional y afectivo que produce en ambos tal interacción. Hay dos aspectos a resaltar: el enorme choque cultural que se crea, tanto en alimentación, creencias, costumbres, etc., y que al principio cuesta superar y, como consecuencia, la apertura y conocimiento de estos niños a un mundo que no podrían casi imaginar.

Pero, una vez conocido, me suscita reflexionar en la posibilidad de que esta experiencia pueda servirles para que en los años futuros sean capaces de luchar y cambiar la miserable situación en que se encuentran, refugiados en un desértico lugar en Argelia, pero que ellos no dudan en considerar como el “sáhara”, dependientes totalmente de la ayuda española, sin apenas medios de producción, ni cultivos, ni expectativas de solución a su forzado exilio, excepto, como me confesaba su tío Alí, que trabaja y ha formado su familia en España, una decidida revuelta contra Marruecos. Personalmente creo que, así como la religión islámica les ofrece un soporte espiritual de valor indudable para sobrellevar esta situación, al mismo tiempo puede erigirse en su mayor obstáculo. No en vano, el profundo arraigamiento y acatamiento de sus preceptos, especialmente en lo referente a la desafortunada situación de la mujer musulmana respecto al varón, quizá sea un callejón sin salida. Sin la deseable emancipación de la mujer en busca de sus derechos como persona libre, no veo posible tal cambio.

Me entristece pensar que en pocos años estas niñas recordarán sus venidas a España como un bonito cuento de hadas, una vez que a partir de los doce años quede cercenada toda posibilidad de desarrollo y evolución, en cuanto se les persuada y obligue a acatar sin réplica posible los dictámenes de su religión. Me gustaría estar equivocado…




miércoles, 12 de septiembre de 2012

Joyas del pensamiento chino

Nosotros, los que no nos consideramos intelectuales ni expertos en la historia de la filosofía y el pensamiento, habíamos creído que la cultura china se había desarrollado a espaldas de occidente y cerrada a toda influencia recíproca. Debemos admitir que no es así y que el contagio ha sido mutuo desde tiempos remotos, desde la filosofía presocrática y platónica, pasando por Leibnitz, Kant... hasta nuestros días. Desde luego, el ideario chino tradicional que desembocó posteriormente en el Taoísmo y el Budismo han sido fuente de inspiración permanente, aunque un ápice de soberbia nos ha impedido reconocerlo.

He seguido para esta selección el excelente libro de Herrlee G. Greel "El pensamiento chino desde Confucio hasta Mao-Tse-Tung", así como dos traducciones diferentes del  fenomenal Tao-te-king, que podríamos traducir muy libremente como "Virtuoso camino para acercarnos al Tao", así como un puñado de sabios proverbios hoy muy extendidos y de enorme valor didáctico y social.





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Vive en la espaciosa morada del mundo, ocupa su lugar correcto en el mundo, transita por el inmenso camino del mundo; cuando ve satisfecho su deseo de tener algún puesto en el gobierno, practica sus principios junto con otras personas; cuando este deseo se ve defraudado, los practica a solas; riqueza y honores no pueden corromperle, pobreza y sordidez no pueden cambiarle, autoridad y poder no pueden hacerle doblar la rodilla: así es el verdadero gran hombre.

Mencio (S. VI a.C.)

Suponed que todos en el mundo practicáramos el amor universal, de manera que cada uno amase a los demás tanto como se ama a sí mismo. ¿Habría entonces nadie falto de piedad filial? Si cada cual considerara a su padre, a su hermano mayor y a su soberano exactamente como se considera a sí mismo, ¿hacia quién podría faltarle piedad? ¿Habría nadie entonces que no fuera afectuoso?... ¿podría haber ladrones y salteadores? Si cada cual mirase por las casas de los demás como por la suya propia, ¿quién robaría?... ¿contenderían entre sí los clanes de aristócratas? ¿se atacarían unos a otros los estados?... Si todos en el mundo practicáramos el amor universal entonces el mundo disfrutaría de paz y de un orden perfecto.

Mo Tse (S. V a.C.)

Si un hombre no se pregunta a cada paso… ¿cuál es el recto proceder?, no sé realmente lo que puede hacerse por él.
El hombre verdaderamente virtuoso, si desea el triunfo para sí mismo, se esfuerza por ayudar a los demás a triunfar. Hallar en los deseos del propio corazón el principio de nuestro comportamiento respecto a los demás es la regla de la auténtica virtud.

Cuando empecé a tratar con los hombres, escuchaba sus palabras y confiaba en que sus acciones se ajustarían a las mismas. Ahora, al tratar con los hombres, escucho sus palabras y al propio tiempo observo sus acciones.

Aprender sin pensar es inútil. Pensar sin aprender, peligroso.

Para que pueda trabarse una verdadera amistad, es preciso prescindir de la superioridad que puedan otorgar la edad, los honores, las riquezas o el poder. El único motivo que nos debe incitar a la amistad es la búsqueda de las virtudes y el mutuo perfeccionamiento.

Los hombres viciosos procuran disimular sus faltas con apariencias de honradez.

Cuando veas a un hombre bueno, trata de imitarlo; cuando veas a un hombre malo, examínate a ti mismo.

Los vicios vienen como pasajeros, nos visitan como huéspedes y se quedan como amos.

Cuando uno examina su propia interioridad y comprueba que no hay en ella nada malo, ¿por qué habría de ser triste, qué tiene que temer?.

Quien aprende, no por ello penetra hasta la verdad; quien penetra hasta la verdad, no por ello es capaz de afianzarla; quien la afianza, no por ello está en condiciones de sopesarla en cada circunstancia particular.

Estaría dispuesto a ejercer cualquier oficio si con él pudiera obtener grandes riquezas por medios honrados; si por el contrario, para enriquecerme debiera emplear medios deshonestos, preferiría seguir en la pobreza dedicándome a mis actividades favoritas.

Mi doctrina toda se resume en una sola cosa: «tchung» (el medio); o, acaso, en una sola palabra: «shu» (igualdad, reciprocidad, amor al prójimo).

Confucio (S. IV a.C.)




Alimenta tu espíritu. Permanece en la actitud de no hacer nada y las cosas se cuidarán de sí mismas. Relaja el cuerpo, echa lejos de ti tu inteligencia, olvida los principios y las cosas. Arrójate al océano de la existencia, quita los grilletes a tu mente, libera tu espíritu, aquiétate tanto como una cosa inanimada. Todas las cosas vuelven a su raíz, vuelven sin saber que vuelven. Como carecen de conocimiento, nunca salen del estado de pristina simplicidad. Pero déjalas una vez que adquieran conciencia, ¡y, se acabó! Jamás inquieras los nombres de las cosas, no intentes indagar los mecanismos de su naturaleza, y todas las cosas florecerán por sí mismas.

Chuang Tse (S. III a. C.)


Toda la tierra del mundo debe ser disfrutada por todos los humanos en común. Si hubieran de satisfacerse los deseos de los ricos, habría que dar el patrimonio de diez mil personas a un solo hombre para contentar su insaciable avaricia.

Yen Yuan (S. XVII)


Si uno no tuviese apego a la vida y temiera la muerte para sí mismo, ¿cómo podrían suscitarse esa alarma y esa piedad? (de otros seres humanos en peligro de muerte). Lo mismo es cierto de virtudes tales como el sentimiento de vergüenza, la humildad y el discernimiento del bien y del mal. Si fuera posible librarse del deseo de comida, bebida y satisfacción sexual, de forma que no le afectaran a uno los estímulos exteriores y permaneciera en un estado de absoluta quietud… ¿qué posibilidad de ser tendrían el sentimiento de vergüenza, la humildad y el discernimiento del bien y del mal?

Tai Chen (S. XVIII)



La Naturaleza es eterna debido a que carece de conciencia de sí misma.

De este modo, el sabio:
Se sirve a si mismo en último lugar, y se encuentra atendido;
Observa a su cuerpo como accidental, y encuentra que resiste.
Debido a que no atiende a su Ego, éste se encuentra satisfecho.

Vacía tu Ego completamente;
Abraza la paz perfecta.
El Mundo se mueve y gira;
Obsérvale regresar a la quietud.
Todas las cosas que florecen
Regresarán a su origen.

Este regreso es pacífico;
Es el camino de la Naturaleza,
Eternamente decayendo y renovándose.
Comprender ésto trae la iluminación,
Ignorar esto lleva a la miseria.

Aquel que comprende el camino de la Naturaleza llega a apreciarlo todo;
Apreciándolo todo, se convierte en imparcial;
Siendo imparcial, se convierte en magnánimo;
Siendo magnánimo, se convierte en parte de la Naturaleza;
Siendo parte de la Naturaleza, se hace uno con el Tao;
Siendo uno con el Tao, se alcanza la inmortalidad:
Piensa que el cuerpo perecerá, el Tao no.


Si pudiésemos abandonar la sabiduría y la sagacidad
La gente podría disfrutar el ser todos iguales;
Si pudiesemos abandonar el deber y la justicia
Todo podría basarse en las relacciones de amor o amistad;
Si pudiésemos abandonar el artificio y el provecho
La corrupción y el robo podrían desaparecer.
Aún así, semejantes remedios solo tratarían los síntomas
Por tanto son inadecuados.

La gente necesita remedios personales:
Revela tu auténtico yo,
Abraza tu naturaleza original,
Abandona tu propio interés,
Controla tu deseo.


Fama o Ego: ¿Qué es más querido?
Ego o riqueza: ¿Qué es más valioso?
Beneficio o pérdida: ¿Qué es más doloroso?

Una gran virtud se expone a un gran desgaste,
Una gran riqueza se expone a un gran robo,
Pero una gran contención no expone a ninguna pérdida.

Así pues: El que sabe cuando detenerse
No continúa hacia el peligro,
Y puede resistir mucho tiempo.


La gran perfección semeja imperfecta,
Pero no decae;
La gran abundancia parece vacía,
Pero no se acaba.

Una gran verdad parece contradictoria;
Una gran inteligencia parece estupidez;
Una gran elocuencia parece incomprensible.

Aunque parece que la acción vence a la contención,
La inmovilidad vence al deseo;
Así pues, el que permanece calmado es quien tiene el control.


Suprime el estudio y no habrá preocupaciones.
¿Qué diferencia hay entre el sí y el no?
¿Qué diferencia hay entre el bien y el mal?
No es posible dejar de temer
lo que los hombres temen.
No es posible abarcar todo el saber.
Todo el mundo se enardece y disfruta,
como cuando se presencia un gran sacrificio,
o como cuando se sube a una torre en primavera.
Sólo yo quedo impasible,
como el recién nacido que aún no sabe sonreír.
Como quien no sabe adónde dirigirse,
como quien no tiene hogar.
Todo el mundo vive en la abundancia,
sólo yo parezco desprovisto.
Mi espíritu está turbado
como el de un ignorante.
Todo el mundo está esclarecido,
sólo yo estoy en tinieblas.
Todo el mundo resulta penetrante,
sólo yo soy torpe.
Como quien deriva en alta mar.
Todo el mundo tiene algo que hacer,
sólo yo soy un inútil.

Lao Tse (S.IV a.C. Tao-te-king)




La gente se arregla todos los días el cabello. ¿Por qué no el corazón?

Todos los ríos van al mar, pero el mar no se desborda.

Antes de iniciar la labor de cambiar el mundo, da tres vueltas por tu propia casa.

El que te enseña por un día es tu padre por toda la vida.

Un pájaro no canta porque tenga una respuesta. Canta porque tiene una canción.

Si hay luz en el alma, habrá belleza en la persona; si hay belleza en la persona, habrá armonía en el hogar; si hay armonía en el hogar, habrá orden en la nación; si hay orden en la nación, habrá paz en el mundo.

Cuando hagas favores no los recuerdes. Cuando recibas favores no los olvides.

Las grandes almas tienen voluntades; las débiles tan solo deseos.

Es más fácil variar el curso de un río que el carácter de un hombre.

El trabajo del pensamiento se parece a la perforación de un pozo: el agua es turbia al principio, más luego se clarifica.

La puerta mejor cerrada es aquélla que puede dejarse abierta.

Cuanto más grande es el caos, más cerca está la solución.

Cuando el ojo no está bloqueado ve al ojo; cuando la mente no está bloqueada,el resultado es la sabiduría; cuando el espíritu no está bloqueado, el resultado es el amor.

Disfruta hoy, es más tarde de lo que crees.

Cada cual interpreta a su manera la música de los cielos.

Todos los hombres son sabios; unos antes, los otros, después.


Proverbios Chinos


viernes, 7 de septiembre de 2012

Aprender a saber pensar para tener algo que decir (Emilio Lledó)

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En estos últimos meses he tenido el placer y la fortuna de leer varios libros de Emilio Lledó. Creo que es una de las mentes más preparadas y fructíferas que han surgido en nuestro país en los últimos decenios. Tremendamente especializados y difíciles, como es lógico, sus trabajos de traducción y comentarios de la filosofía griega y universal, en cambio en sus artículos periodísticos se nos muestra coloquial y cercano, resaltando y rebosando su dimensión humana en sus análisis y críticas a la “incultura” moderna. En este ámbito aconsejo la lectura de “Ser quien Eres”, y una colección de sus mejores artículos de prensa bajo el epígrafe de “Días y Libros”.



Emilio Lledó Íñigo ((Sevilla. 5 de Noviembre de 1927). Filósofo español formado en Alemania, ha sido profesor en las universidades de Heidelberg, La Laguna, Barcelona y Madrid. Es miembro de la Academia, ocupando el sillón “n” minúscula. En el pueblo de sus padres, Salteras (Sevilla), se ha inaugurado una biblioteca con su nombre. La Junta de Andalucía le concedió uno de los Premios Cultura 2008, el María Zambrano, por "su papel en la recuperación de la filosofía griega y el helenismo en España, así como su contribución al desarrollo de la hermenéutica en el panorama de la filosofía española contemporánea". Su trabajo intelectual se mueve entre la interpretación de textos claves de la historia de la filosofía, y la meditación teórica sobre esta labor interpretativa. Está enraizado en la corriente hermenéutica y considera que el lenguaje es el elemento esencial en el pensar y en el instalarse del hombre en la sociedad o en la naturaleza. La filosofía no es sino la meditación sobre tal instalación; y la historia de la filosofía se entiende como "memoria colectiva" del complejo proceso seguido por la humanidad. En general, su obra se caracteriza por el uso jugoso y rico de palabras claras, consistentes, por una pasión expresiva y rigurosa, por el empeño de que el pensamiento antiguo o moderno tenga peso ante unos desgarros del presente que no oculta.


Toda palabra es la búsqueda de una respuesta. Saber, en parte, es saber cuestionar, es saber preguntarse. Y en este proceso de preguntar y responder se abre la posibilidad de ir ascendiendo desde la opinión hasta un saber justificado. El diálogo no es un mero recurso didáctico, ni puede reducirse a una formalización de pregunta respuesta.
El aprendizaje no es una mera recepción de un saber ya hecho, es una búsqueda, una investigación, en la que no se alcanza el saber enseñando a alguien, sino preguntándole y como sacándole la ciencia de sí mismo.

El maestro debe ser un mediador de suscitar y sostener el deseo de aprender contra el pasotismo de sus alumnos. ¿Qué es ser maestro? La capacidad de sugestión, esa mezcla asombrosa de rigor y creatividad, su cálida y cordial humanidad, la libertad con la que estimula nuestro propio pensamiento por encima de cualquier lamentable caciquismo escolástico. No es el que transmite unos conocimientos cosificados, sino el que sugiere, el que despierta la pasión por el saber y por el saber con otros.

Educación significó fomento y ejercicio de la libertad: libertad para poder pensar. Porque no se trata solo de poder decir, de poder expresarse, sino de poder pensar, de aprender a saber pensar para, efectivamente, tener algo que decir. ¿Qué importa la libertad de expresión si lo que expresamos es el discurso estúpido y vacío de las palabras mal sabidas, de los conceptos manipulados, incluso por nosotros mismos, de las ideas estereotipadas, convertidas en pringüe ideológica que se recalienta en el rescoldo de nuestros miedos y de nuestros intereses?
La libertad de expresión ha estado amordazada durante siglos no solo por no poder decir, sino por no saber qué decir, en definitiva, por no saber. No tiene apenas sentido una libertad de expresión que no tiene nada que decir. La ignorancia es uno de los más feroces enemigos de la libertad, porque en la enorme oquedad del cerebro sin cultivo, sin la fluidez de la deliberación y de la elección y, animalizado hacia sus propios instintos, no puede imperar mas que la agresividad y la barbarie.
Todo ello ha levantado el inmenso torreón de la mentira que, predicada como una reiterativa plegaria religiosa, se despliega en el desierto de la ignorancia. Una ignorancia que, a pesar de los abundantes y extraordinarios medios de comunicación, crece continuamente por la falta de ideas, de reflexión sobre las palabras, y por el olvido de un lenguaje, verdadero tesoro de los seres humanos que, siendo elemento decisivo de liberación, se puede convertir por el abandono de la inteligencia y de las instituciones que deben cultivarla, en una nueva forma de esclavitud.

La lectura, los libros, son el más asombroso principio de libertad y fraternidad. Un horizonte de alegría, de luz reflejada y ensoñadora, nos deja presentir la salvación, la ilustración frente al trivial espacio de lo ya sabido, de las aberraciones mentales a las que acoplamos el inmenso andamiaje de noticias, siempre las mismas, porque es siempre el mismo nuestro apelmazado cerebro. Los libros nos dan más, y nos dan otra cosa. En el silencio de la escritura cuyas líneas nos hablan, suena otra voz distinta y renovadora. En las letras de la literatura entra en nosotros un mundo que, sin su compañía, jamás habríamos llegado a descubrir. Uno de los prodigios más asombrosos de la vida humana, de la vida de la cultura, la constituye esa posibilidad de vivir otros mundos, de sentir otros sentimientos, de pensar otros pensares que los reiterados esquemas que nuestra mente se ha ido haciendo  en la inmediata compañía de la triturada experiencia social y sus, tántas veces, pobres y desrazonados saberes. Los libros son puertas que nadie podría cerrarnos jamás, a pesar de todas las censuras.

Pensamos lo que nos conviene o como nos conviene pensar, queremos lo que queremos querer. Esa negación que introducimos en nuestra mente, para no seer sino aquello que fabricamos capciosamente, para quererlo ver, acaba incorporándose con tal fuerza que la inteligencia y la voluntad quedan aprisionadas en el grumo ideológico que ella misma condimenta. Ese modo de negarse a sí mismo es, también, una forma de negar a los otros. La mentira con la que se ciega la propia libertad produce, al mismo tiempo, la falsedad y la doblez hacia los demás.

¿Es posible que nos parezca grotesco hablar de derechos humanos, de educación y cultura, al tiempo que permitimos, fomentamos e incluso justificamos –con argumentos deleznables por cierto- semejante basura, por decirlo con el término usual? ¿Cómo educar a nuestros desecendientes en la justicia, la solidaridad, los buenos sentimientos, si la mirada fría e impasible de miles de pantallas está continuamente mostrando y ensalzando las más sofisticadas armas y la más bestial manera de manejarlas? ¿Qué mundo futuro mínimamente humano puede alumbrarse con tan despiadada producción de inhumanidad? ¿No deberíamos reclamar también derechos humanos para nuestros maltratados ojos?

Lo más sorprendente es que aquellos que tienen el derecho de ejercer una forma más creadora de libertad, como los alumnos, se ven obligados, curso a curso, a seguir planes de estudio donde se descuartizan los conocimientos en asignaturas, frecuentemente sin sentido, con programas aún más descuatizadores, donde el saber se convierte en aprendizaje de conocimientos hueros; pero que, sin embargo, son objeto de exámenes obsesivos y esterilizadores. Puede ocurrir también que los alumnos sometidos a tal liturgia de la estupidez se vean obligados a soportar un profesor asignaturesco, sin vocación y sin talento, que gana su pan enseñando lo inenseñable. Sorprende que los padres no reclamen aquí libertad para sus hijos, que ni esos mismos hijos hayan reclamado decididamente la libertad para poder cambiar de profesor, de asignatura, incluso de Universidad. Parece que lo que importa es someter a nuestros alumnos a esa renqueante, monótona y vacía máquina de frustración.

Esa universidad de asignaturas impartidas por profesores asignaturescos permite seguir manteniendo la ficción de un funcionamiento, la ficción de unos contenidos, la ficción de una estructura docente. Porque así como no se pueden improvisar profesores, si se pueden dividir y subdividir grupos de asignaturas, y multiplicar, hasta el infinito, el cultivo del acartonamiento intelectual. Así se alivia también el controvertido tema del “numerus clausus”, frente al que puede demagógicamente ofrecerse la generosidad de una Universidad que abre sus puertas a todo el mundo. Lo malo es que, una vez abierta, no hay más que puerta. Detrás de ella, como en los decorados de las películas del Oeste, están las paredes, sostenidas por unas maderas, y, al fondo, el desierto. Una fábrica paleolítica, corroída por politiquerías de verbena y asediada por la irresponsabilidad oficial, por la indiferencia de la sociedad; una escuela, en fin, de desesperanza infinita. Preguntemos si no a los estudiantes y a los profesores que llegaron a ella ilusionados.

martes, 4 de septiembre de 2012

Comentarios fuera de contexto

Resulta que, a veces, las respuestas a los comentarios de los lectores entrañan un posicionamiento inmediato en determinados temas expuestos, cuando las entradas que los originan carecen de ellos. En muchos casos he preferido dejar intactas las ideas de otros autores, y que cada cual extraiga lo que le convenga. Aun cuando pueda estar muy de acuerdo con lo que se presenta, prefiero que se suscite un coloquio posterior que nos obligue a aclararnos, si es posible. He observado que en este mundillo de los blogs pocas veces comentamos las respuestas que surgieron de nuestros comentarios, en parte por la falta de tiempo general para atender a todo. Es por ello posible que no hayan sido leídas, cuando precísamente definen mucho mejor nuestra línea de pensamiento.

Por ello he seleccionado las que me han parecido más interesantes y sacarlas de contexto. Puede que por sí mismas generen nuevos caminos a seguir.




¿Es difícil mantener siempre el equilibrio, verdad? Sabemos que tenemos que "vivir el ahora", es lo único realmente importante, por eso tengo la frase estampada dentro; cuando algo va mal ya ha sido, ya pasó, ¿para qué seguir dándole vueltas? Traes la frase y la pones delante de tu mente... todo empieza a solucionarse!

Se suele decir que de los sentimientos fuertes y desesperados suele brotar luego una nueva visión más plena y positiva, tanto para el escritor como para el lector, y sirve para tomar una nueva posición ante la vida más satisfactoria, y mirar el pasado sólo de reojo y de no retorno.

A veces nos sentimos con el deber de impedir que personas de tan alto nivel espiritual se les vaya olvidando, cuando nos vemos saturados de un mundo materialista que a mí me llega a repugnar, donde campean a sus anchas la mediocridad y la confusión.

Nuestro yo acumulado nos subyuga, debemos despojarnos de todo ello y adoptar la frase: "Ésta es la paz creativa, la paz que elimina la confusión y genera orden dentro de nosotros mismos. Pero esta paz no llega mediante esfuerzo alguno por encontrarla. Llega cuando estamos observando constantemente, cuando somos sensibles tanto a lo bello como a lo feo, a lo bueno como a lo malo, a todas las fluctuaciones de la vida."

Aunque parece que este movimiento (15-M) se esté enfriando, creo que solo es un compás de espera hasta que haya un consenso y una actuación por vía legislativa; mientras, intentemos dejar en el ostracismo a los violentos y los aprovechados, y no nos fiemos mucho de los partidos que prediquen incorporar estas iniciativas a sus programas.

También yo me llevé una sorpresa por la coincidencia en la edad (Club de los 27 “años”). En la época romántica del S.XIX era habitual entre los artistas más sensibles su muerte prematura alrededor de los 33 años, como si ya hubieran dado de sí mismos lo mejor que podrían imaginar, y a partir de ese momento su vida careciera de sentido. Recordemos a Bécquer o Alan Poe entre otros muchos. La mayoría fue gente atormentada e incapaz de adaptarse a las exigencias mundanas por más tiempo, por lo que era frecuente el abuso de drogas de cualquier tipo o el suicidio. Pero se convierten en leyendas permanentes y están vivos en la mente de todos. ¿Podremos tildar de cobarde o de tristemente sensato a aquel que aún creyendo que le queda poco más que vegetar y repetir de forma interminable su arte opta por seguir viviendo? ¿Fueron cobardes o valientes? Muchos de ellos tenían confianza en otra vida plena espiritual o en la reencarnación para intentar depurar sus errores más adelante.

Muchos casos hubo de asesinatos flagrantes, de poetas y políticos sobre todo, ya que estaban en el lado opuesto del dogmatismo que se quiso imponer, sin haber cometido ningún crimen, sólo sus palabras les sentenciaron.

La traquilidad no se crea. Ya existe en nosotros, se puede alcanzar simplemente permitiendo que la mente se calme... y... hay un tipo de tranquilidad en la gratitud con la que recibimos a la vida, y todo lo que contiene. No creo que el autor e refiera a la tranquilidad de modo absoluto como algo a alcanzar, sino de redescubrirla al parar la mente y los pensamientos.


Es cierto que si examinamos qué somos encontraríamos pocos aspectos que denotaran ser genuinos nuestros, que no hayan sido generados en el exterior y asumidos. Cuando somos originales, desobedientes, rebeldes e imprevisibles es cuando nos sentimos bien y en paz, entonces asumimos la responsabilidad de nuestros actos.
Si somos como bolas luminosas de extensión ilimitada, algo parecido a lo que dice Castaneda, se concluye fácilmente que estamos interconectados... luego la energía fluye libremente por todo lo que existe; somos receptores de radio permanentes que hemos olvidado cómo interpretar la señal adecuadamente.

De eso se trata, que nos dé coraje, que nos entristezca lo más posible durante un momento (…cuando miro los ojos de un niño), porque es la verdad y duele. Pero para lo que debe servir es para amar la vida y el mundo, y que nos impulse a aportar algo nuestro para remediar lo mal que está, aunque nos parezca que no sirva para nada.

En estos últimos seis o siete años ha cambiado la "opinión" y la "actitud" de los ciudadanos mayoría del mundo entero respecto de este materialismo mercantilista-bursátil que lo rige todo, muy favorecido por la crisis y la extensión y poder de las redes sociales: Movimientos de Indignados, (revueltas en) países árabes... De ahí a cambiar el sistema total y radicalmente... nadie sabe cómo hacerlo, pero los parches no sirven ya y el desequilibrio y la confrontación sabemos que aumentarán en progresión hasta un punto crítico incontrolable.

En este libro (Los 10 secretos de la abundante felicidad) un anciano que aparece de la nada entrega al protagonista un papel con diez nombres y sus correspondientes nº de teléfono. Cada una de esas personas le cuenta su experiencia relacionada con cada secreto. Después de contactar con la persona que le trasmite el poder del dar, concluye: "Durante los años pasados había estado tan involucrado en mis propios problemas que no me había preocupado por los demás. Nunca se me ocurrió pensar que el hecho de mostrar consideración hacia los demás y dedicar algún tiempo a hacer algo por ellos me habría beneficiado incluso más que a los demás".

Cambiar a peor es fácil, basta con que sigamos mirándonos el ombligo. Pero cambiar a mejor requiere esfuerzo continuado y convertir en triunfos los obstáculos y adversidades de la vida.

Hasta hace poco tiempo casi todo lo miraba desde la óptica de la razón, no podía librarme de ella y de mis supuestos conocimientos, hasta que empecé a comprender el valor de aplicar los sentimientos, la intuición y la espontaneidad. Es genial la frase "saber es amar mucho", y para eso hay que desaprender, vaciarse de contenidos que nos confunden.

Es uno de los aspectos a destacar, el nivel espiritual de la raza está en razón inversa con su progreso material y tecnológico. Esta acaparación y dominio de lo material no nos deja oír el eco de la parte espiritual que nos anima, que nos pide desarrollarse durante la vida. Parece claro que la continuidad del poder materialista (por no decir capitalista, imperialista, mercantilista...) no augura un futuro de esplendor. Si no tendemos a una evolución espiritual global se hará crítico el dicho de !sálvese quién pueda!

Los de nuestra generación vivimos en el colegio una situación parecida, cuando el maestro tenía aún toda la autoridad y nos hacía repetir como loros las mismas cosas infinidad de veces. Algunas nos sirvieron y otras no, pero sí aprendimos respeto a los mayores, educación y buenas maneras, esfuerzo aún sin conocer su sentido, maneras que hoy se pierden aceleradamente. Lógicamente, esa monotonía llegaba a producir en algunos fracaso en los estudios; incluso el propio Machado fue un estudiante mediocre, lo que no le impidió ser uno de los mejores poetas de la historia.

Un pelín de ingenuidad es necesario a veces, mezclado con determinación y no preocupándose demasiado si el resultado no es precísamente el que se buscaba. Como dice un viejo amigo "cuando algo se interpone en tu camino a partir de entonces ese algo se convierte en el nuevo camino".

Todos, da igual nuestras ideas políticas, estamos de acuerdo en que hay que arreglar el desaguisado y la ruina a la que nos vemos impulsados, lo que no alcanzo a entender es como hay tanta gente confiada en que el PP es el único que puede hacerlo. Claro que hay que hacer recortes, pero en la línea de lo que se ha ido gestando desde el 15-M: Supresión del Senado, eliminación de las Diputaciones provinciales, cero ayudas a la Banca y financieras, que son las que nos han llevado al desastre, incompatibilidad y/o supresión de cargos. El ahorro, solo con estas medidas supondría más de 70.000 millones de €, de un plumazo; pero no exprimir en todos los aspectos a la clase media y baja, que suponen el 90 % de la población. En otra época, por mucho menos, ya habría habido una revolución global. Ahora nos suben la luz también, pasado mañana lo harán con el IVA, la contribución o lo que les venga en gana. No es el camino, aparte de la reforma laboral hay razones más que sobradas para una huelga general, y otra, y otra, hasta acabar con esta gente.

Argumentan los votantes de derechas que hemos ignorado como cómplices al votar el fraude de los ERE, mejor que miren lo sucedido en sus respectivas elecciones con los casos de corrupción. Por eso y otras razones se le ha dado un toque de atención al PSOE, y aquí hasta el último mono quisiera ver en la cárcel a todos los implicados, caiga quien caiga. Pero ello no implica postrarse ante el poder de la derecha, en la que no creemos la mayoría. Últimamente suelo acertar en los vaticinios políticos, el mismo día 20-N le di un año de mediana credibilidad por los votantes a Rajoy; dentro de nada estará pidiendo la hora, con un millón más de parados, el consumo interior inexistente, nuestro dinero en manos de los bancos alemanes. Su agonía política será prematura y aún peor que la de Zapatero.

Muchas interrogantes históricas siguen pendientes de solución satisfactoria, y la figura de Jesús es una de ellas. Cada vez parece más cierto que el mito de Jesús es un conglomerado extraído de varios personajes y de mitos anteriores.

La cuestión sigue planteada en saber si la inclinación del eje solo responde a un acontecimiento cíclico o de si alguien forzó los mecanismos para cear un nuevo orden. Llegamos de nuevo al fin de ese ciclo con el temor de que los poderes ocultos repitan el cataclismo para "limpiar" el planeta.

Muchos dicen que les gustaría irse para siempre a una isla desierta, completamente solo. Parece bonita perspectiva, al fin conseguirá que nadie le moleste, ni le ordene. En su contra, no hallará autoestima, nunca sabrá quién es; también olvidará lo que es el amor... ¿para qué lo necesita? Aunque lo peor es que no encontrará la libertad, se sentirá encarcelado por su propia mente.

Es complicada llevarla a cabo en su totalidad (La alegría de dar) sin perjudicar al mismo tiempo a los demás con los que se convive, porque la frontera con el egoísmo es muy tenue. Así que lo fácil para cualquiera es confundirse y derivarla hacia el egoísmo, donde solo existo yo físicamente, mis deseos y mi mente torturándonos continuamente.

Es la única verdad a la que podemos aferrarnos sin temor a estar equivocados (El amor es la respuesta a todo), es la panacea para solucionar todos los males del hombre. Lo que sucede es que hay una fuerza opuesta tanto o más fuerte que intenta siempre anularla y que resulta que domina el destino de todos en un proceso acumulativo, por eso este decaimiento de la moral humana, la pobreza y confusión espiritual. No hay ni un solo pensador, filósofo o profeta de valía que no lo haya proclamado, pero al primer contratiempo todos tiramos para adentro en un sálvese quién pueda que nos lleva al desastre común.

Así es el modelo vigente, aunque casi estamos ya "curaos" de sorpresas, tanto que desgraciadamente muchos piensan que si llegaran a poseer alguna vez una fortuna harían lo mismo e intentarían quedarse casi todo para sí. La codicia es muy contagiosa.

Hay muchísimos que estamos de acuerdo, pero a la hora de la verdad no movemos un dedo, permanecemos en nuestros quehaceres y solucionamos los problemas inmediatos. Si entendemos que hace falta un cambio radical del sistema, no podemos ni imaginar por dónde habría que empezar, porque nos han inculcado que las revoluciones siempre llevan al desastre y a empeorarlo todo. Siempre hará falta un líder que mueva a la movilización, pero nos han hecho desconfiar también de cualquiera, y nos han metido el miedo de que puede ser otro Hitler que al final revele sus verdaderas intenciones y seamos de nuevo engañados. Llegamos entonces a considerar que lo único posible es empezar de cero, pero para ello haría falta un cataclismo mundial, que quizá también se esté preparando por los poderes oscuros. Ante ello nos vemos impotentes y seguiremos prefiriendo lo malo conocido. El tiempo lo dirá, ya estamos en la hora 11...

El texto ofrece un interrogante muy cauteloso; al decir: "si es nuestro cerebro el que crea a Dios, o es Dios quien ha creado nuestro cerebro", si hay efectivamente un Dios Creador de la especie humana, parte de cuyos atributos nos ha legado, y existe la posibilidad de sintonizar con esa energía y fuerza divina, debería afirmarse, aunque jamás nadie pudiera probarlo. Pero si no hay ningún Dios que nos haya creado y todo el concepto de divinidad fuera fruto de la fantasía y eso pudiera probarse, que tampoco veo cómo, será loable que el hombre aspirara a la perfección que sabe que no tiene, pero que intuye en la naturaleza frente a la que se ve como extraño invasor.
Ya que nadie, en su sano juicio, puede afirmar rotundamente la existencia de Dios, pero si que es posible experimentar por ejemplo el éxtasis de los místicos y sufíes, o la aparición de facultades y poderes fuera de lo común, que potencialmente pueden existir en todos y llegar a desarrollarse, el campo de investigación es amplísimo. Desconozco si han tenido desarrollo estos estudios (Neuroteología), pero sería bueno que se cumpliera lo que Gustav Rol dijo afirmando que "algún día todos los hombre llegarán a poseer estas facultades". Falta saber cómo.

La perspectiva viene en realidad precedida de la confusión en que está inmerso siempre el concepto o la realidad de Dios, pues con ese nombre o atributo se menciona tanto al Dios Creador, que por su naturaleza desconocida está mas allá de nuestro entendimiento, como otros múltiples seres con distintos rangos que también son vistos como "Dios", ya que sus poderes son fabulosos. Entonces... ¿quiénes son, quién manda y desde cuando en esta parte del Universo? ¿Son estos dioses menores los que crearon la raza humana? ¿pueden volver a mutar radicalmente nuestro código genético?