miércoles, 25 de abril de 2012

Sobre la Creación de la Humanidad

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La enseñanza esotérica que se encuentra en la tradición espiritual de Oriente y Occidente consiste en que la humanidad fue una forma muy temprana de creación, hechos a la imagen de la divinidad, y que la raza humana atravesó a su vez varias fases de involución creciente hasta alcanzar su condición actual en el mundo físico. Esto está reflejado en el mito bíblico del Jardín del Edén, según el cual la humanidad fue creada como un modelo de perfección, pero “cayó” o fue propulsada hasta un mundo y un cuerpo cada vez más físicos. Si el hombre existe es porque los seres sobrenaturales han desplegado una actividad creadora en los comienzos y el hombre, tal como es hoy, es el resultado directo de estos acontecimientos míticos. Es mortal porque algo ha sucedido en aquellos tiempos, en caso contrario el hombre no sería mortal: habría podido existir indefinidamente y hubiera sido capaz de renovar su vida, es decir, de recomenzarla indefinidamente.

R.J. Stewart – Los Mitos de la Creación



En la cultura presumeria, Anu, el dios supremo, tenía dos hijos, Enlil y Enki, y una hija llamada Ninursag. Los dos hermanos estaban enamorados de su hermana y yacieron con ella. Ésta le dio a Enlil un hijo, Ninurta, mientras que a Enki solo le dio hijas, que solo podían engendrar a su vez hijas. En aquella época había muchos otros dioses sobre la Tierra, pero aún no había hombres en ella, solo había humanoides estúpidos de los que no podían conseguir que trabajaran. Entonces pensaron en mejorar a los humanoides, pero se corría el peligro de que un día llegaran a ser tan inteligentes como los dioses y se sublevaran contra ellos. En consecuencia, se trató de inseminar animales con el semen divino, pero el resultado fue desastroso, originándose todo tipo de seres antropormorfos. Finalmente, reunieron a los humanoides, se tomó un óvulo de hembra humanoide y se hizo fertilizar por Enki para depositarlo en Ninursag, pero los primeros híbridos eran estériles o tenían los dos sexos u órganos defectuosos. Nueva decepción, por lo que entonces se trató de fertilizar el óvulo por Ninurta y colocarlos en la matriz de Ninki, esposa de Enki. Esta vez fue un éxito y nació Adapa, el primer hombre. Como estaba tan bien conseguido, se decidió fabricarlo en serie. Se empezó entonces con catorce diosas seleccionadas, cuya única función era crear Adamu, nombre dado a los hombres ya fabricados en serie, pero resultó que los Adamu no podían reproducirse entre sí; pero a base de continuos intentos lo lograron. Así los dioses tenían ya una raza de esclavos para efectuar sus trabajos. En una famosa tablilla sumeria de Nippur se muestra un grabado con esta fabricación en serie: las diosas haciendo cola para ser inseminadas, el dios inseminador en medio, y los Adamu saliendo en fila por el otro lado todos iguales, como clones. En otro sello se nos muestra a Ninki con su hijo Adapa ¡en sus rodillas! De la misma forma tenemos estatuillas y bajorrelieves que muestran a Isis sosteniendo en sus rodillas a su hijo Horus. Esta imagen fue calcada posteriormente por el cristianismo.

En el Popol Vuh, la denominada “biblia maya”, encontramos como al principio Tzakol, el Creador y Bitó, el Formador, intentaron poblar la Tierra solo de animales, pero cuando vieron que no sabían hablar, se dijeron: no saben llamarnos por nuestro nombre, los sustituiremos. Después de arcilla hicieron la carne de los hombres, pero se disolvía, carecía de movimiento, hablaba pero carecía de razón. Entonces, Creador y Formador los eliminaron y crearon otros seres esta vez de madera. Se parecían a los hombres pero carecían de alma, estaban desprovistos de razón y no nombraban a los dioses. En gran número poblaron la Tierra, pero enseguida se procedió a eliminar a estos maniquíes hechos de madera suscitándose un diluvio, pero se afirma: “He aquí, pues, el mal que vieron los engendrados. Nues­tras primeras madres, nuestros primeros padres no habían sido hechos todavía”.



Según la mitología nórdica la humanidad la formaron tres de los dioses con los árboles. Odín le dio aliento, Hoenir le dio el alma y la capacidad de razonar y Lodur le dio calidez. De estos dos seres primarios procede la raza de los hombres.

La tradición babilónica nos habla de que Marduk creó seres humanos para que adorasen a los dioses y llevaran alegría a sus corazones; los creó con la sangre de Kingu, demonio al cual el dragón marino despedazado Tiamat había confiado las Tablas del Destino.

En la cultura de Tiahuanaco, sus tradiciones cuentan que un objeto dorado vino de las estrellas, de él surgió una mujer de nombre Orejona con la misión de convertirse en la Gran Madre de la tierra. Solo tenía cuatro dedos unidos por membranas y tuvo setenta hijos terrestres, para después volver a las estrellas. En Sumer, el Dios-pez Oannes surgió de las costas del golfo pérsico, tenía aletas e infundió la civilizacíón Presumeria, En Malí, los Nomos llegaron en una nave que descendió “remolineando como una hoja muerta”, tenían una especie de escafandras con aletas y tubos para respirar. En la tradición egipcia, que se remonta como poco a 45.000 años, según aseguraban los sacerdotes a Solón, unos seres llegados de Orión cambiaron el curso del Nilo, enseñaron a los hombres los rudimentos de la civilización y se mezclaron con ellos.

Muy significativo es también el mito de la Creación Zuñí. El creador original era una deidad bisexual o trascendente. Este ser primario indiferenciado creó un mar primario y la madre tierra. Ésta tenía un vientre cuádruple, dentro del cual se formaban protoseres. De uno de esos vientres salió el primer humano o antepasado original, que imploró al Creador para que liberase a las criaturas no formadas que estaban en los otros vientres. En respuesta de ello, el Creador originó una pareja de gemelos inmortales que entraron en uno de ellos. Los seres que salieron a la luz poblaron la tierra firme, pero los que quedaron atrás se convirtieron en monstruos.



Sobre la antigüedad de la carga genética, se ha avanzado mucho mediante el estudio de las mitocondrias, que tendrían su propio genoma… y éste se puede datar. En el caso de las femeninas, una comparación del ADN mitocondrial de distintas etnias de diferentes regiones, sugiere que todas las secuencias de este ADN tienen envoltura molecular en una secuencia ancestral común. Entendiendo que el genoma mitocondrial sólo se puede obtener de la madre, estas investigaciones implican que todos los seres humanos descienden en última instancia de un solo grupo de mujeres, cuando ya habrían existido los primeros y más primitivos Homo Sapiens.

Se sabe de esta Eva a causa del genoma contenido en las mitocondrias (orgánulo presente en todas las células) que sólo se transmite de la madre a la prole. Cada mitocondria contiene ADN mitocondrial, y la comparación de las secuencias de este ADN revela una filogenia molecular. Aunque no se puede descartar que la Eva mitocondrial haya sido el único ancestro femenino que vivió en su época, es posible que haya habido mujeres anteriores a la Eva mitocondrial y también otras pertenecientes a aquella época que hayan tenido descendencia hasta cierto momento en el pasado. Sin embargo, sólo la Eva mitocondrial produjo una línea completa de hijas hasta nuestros tiempos; por lo cual puede deducirse que es el ancestro femenino del cual proviene toda la población actual.

El fundamento del linaje de la Eva mitocondrial, es que al revisar el árbol genealógico de los seres humanos que viven en la actualidad y seguir una línea de cada individuo a su madre –ya que esta línea se continúa desde cada una de esas madres a sus respectivas madres–, se estará retrocediendo en el tiempo, hasta que todas las líneas converjan en un punto en que comparten la misma madre. En este seguimiento, se observa que las ramas más antiguas comparten una ascendencia mitocondrial africana, y cuanto más se retrocede en el tiempo, menos linajes quedan, hasta llegar al último, el cual correspondería al de la Eva mitocondrial. Por ello, cuanto más pequeña es una población, más rápidamente converge el ADN mitocondrial; las migraciones de pequeños grupos de personas derivan después de unas pocas generaciones hacia un ADN mitocondrial común. Esto sirve como sustento a la teoría del origen común y plantea que los seres humanos modernos (Homo Sapiens) se originaron en África en algún momento entre 100.000 y 200.000 años, decartándose de esta manera la teoría de la evolución humana de forma natural.

En el caso masculino, así como las mitocondrias se heredan por vía materna, los cromosomas Y se heredan por vía paterna. Por lo tanto es válido aplicar los mismos principios con éstos. El ancestro común más cercano por vía paterna ha sido apodado Adán cromosómico Y. Es importante aclarar que, de acuerdo a lo que la ciencia actual es capaz de explicar, éste último no habría vivido en la misma época que la Eva mitocondrial, sino que sería unos 50.000 años más reciente.

Estos datos podrían suscitar otros estudios sobre el origen, no ya del homo sapiens, sino de nuestra raza actual, que se dataría en unos 65.000 a.C. Según concluyen algunos investigadores, nuestra raza actual podría provenir del cruce de unas 200 a 1.000 parejas como punto de partida.



Como apoyo a esta hipótesis de trabajo, varios grupos de científicos en investigaciones multidisciplinares vienen estudiando los restos fósiles, sedimentos y cenizas volcánicas en todo lo que es la zona marítima de Asia Sudoriental, correspondientes a lo que pudo ser el último Supervolcán que arrasó la Tierra, y que debió de suceder según se ha calculado unos 65.000 años a.c. Los restos de cenizas se acumulan en capas entre 30 y 45 cms. de espesor medio en muchas de estas zonas, en el fondo de los mares adyacentes y en el interior de zonas costeras. Por su examen se llega a calcular que la inmensa erupción-explosión del supervolcán tuvo al menos una potencia 100 veces mayor que cualquiera de los volcanes activos actuales, sea el Vesubio, el Etna ó muchos más.

Estas erupciones debieron ser tan virulentas que la expulsión de humo llegaría a crear una capa de varios centenares de metros alrededor de la Tierra, impidiendo la llegada de los rayos de sol. Además, la lluvia de cenizas condenaría en poco tiempo a todo el manto vegetal y gran parte de la fauna terrestre. La vida se hizo insoportable por las bajas temperaturas, provocando una glaciación con el subsiguiente avance del hielo. Esta nueva distribución del peso del agua en el planeta pudo dar como consecuencia un cambio en el eje de la Tierra, con levantamientos y choques de placas tectónicas, grandes cataclismos en general, acabando con gran parte de la vida.

Pudo ser el fin de un continente, quizá el que en ese momento albergaba una civilización desarrollada, del que quedarían como restos volcánicos todo el enjambre de islas del Pacífico, Indonesia, Java, Filipinas, etc., cuya hipótesis ya defendió años atrás James Churchward: fue el continente desaparecido de Mu. De esa desaparecida civilización provendrían las construcciones megalíticas que nos han llegado hasta ahora -y algunas sumergidas- desde la costa Este de Asia a la Oeste de América.

Aquí hacemos un inciso, y cuando relacionamos ambas investigaciones, barajamos que tras una gran destrucción mundial por obra del gran supervolcán (natural o provocado) y la casi total extinción de una civilización, ¿se creó al ser humano en ese momento, a su “imagen y semejanza”, otorgándole tanto las características genéticas que ahora heredamos como, quizás, parte de los poderes “divinos” como telepatía, clarividencia, poderes mentales en general que hemos ido perdiendo, y a algunos se les estableció en un nuevo continente, casi preparado artificialmente para la ocasión, un lugar perfecto, la Atlántida?.

Antes de ese momento debía existir una cierta población de homo sapiens, que no es posible saber su número, pero sí que le sucedió un acontecimiento repentino que la diezmó, y de la que se salvaron prácticamente unos cuantos millares. Puede ser que el hombre de esa etapa anterior ya tuviera la configuración del hombre de Cro-Magnon como raza única civilizada habitante del continente desaparecido de Mu del que hablamos, y que después del cataclismo se eligieran unos pocos para mutar su dotación genética. O procrearon directamente con ellas seres no terrestres de distintas tipologías, en un plan global que apenas podremos esbozar y aventurar, para crear modelos de las razas actuales a escala universal, que únicamente tuvieron que dispersar por todos los continentes, como un gigantesco plan de experimentos de laboratorio. De forma más o menos equitativa se les proveyó de cuanto necesitarían para su desarrollo: ganado domesticado, semillas primitivas, lenguaje y escritura, artes de supervivencia y construcción, etc. Los “dioses” civilizadores que en los comienzos aparecieron por todas las zonas de la Tierra fueron consagrados por delegarnos dicha tecnología, además de su sangre,  y que el tiempo ha transformado en mitológicos.









Siguiendo la evolución de las distintas fases de la prehistoria y de los primeros hombres, sabemos que la última gran glaciación –Wurm- se inició alrededor del año -65.000 (¡qué coincidencia!), con un primer intersticial entre -50.000 y -40.000, y otro que coincide sobre el -10.000, curiosamente por la misma época que se supone la destrucción de la Atlántida y la apertura del estrecho de Gibraltar. Da la circunstancia de que el método de fechado del radiocarbono C-14 no va más allá de los 50 ó 60.000 años, pero están datados vestigios humanos un poco más allá según conclusiones del análisis con potasio-argón, confirmándose la transición del pleistoceno inferior al medio entre 65 y 70.000 años, perdiéndose más allá de esta fecha todo vestigio de homo sapiens. Paralelamente, se encuentran más restos del hombre de Neandhertal, que sí que presenta rasgos típicos de una rama evolucionada por sí misma a partir de un homínido, o pudo ser un linaje anterior que había involucionado, digamos un espécimen humano no completamente del agrado de sus creadores. Sin embargo, no se encuentran restos datables de las dos especies en la misma época, como si una se desarrollase a partir del declive repentino de la otra.

En cuanto a fechas, siempre aproximadas de la ciencia, las culturas del Paleolítico Medio y Superior que aportan restos de homo sapiens, se aprecia una gran uniformidad de avances técnicos al mismo tiempo en zonas muy alejadas. Se han encontrado restos en Italia y Alemania del -56.000, de la misma época Siria y Líbano, otros lugares de Oriente Medio y Europa entre el -49.000 y -45.000, como en África y Australia, llegando a la época musteriense, sobre el -35.000 que se universaliza la cultura. El esqueleto con ADN idéntico al nuestro de mayor antigüedad se encontró en 1974 en el lago Mungo de Australia, datado alrededor del -60.000.

Pero no podemos hablar de culturas coetáneas más avanzadas sencillamente por que yacen bajo los fondos marinos, y que, cuando hablemos del hombre prehistórico más bien nos referiremos a ese grupo que tras salvarse de un cataclismo y con lo poco que se pudo salvar tuvo que sobrevivir e ir desarrollando la cultura paso a paso; aunque no estaban solos, en todos los confines nos hablan de que seres venidos de otros planetas nos han visitado y entregado los rudimentos para avanzar más rápidamente. En la Cueva de los Casares, en Guadalajara, se representan seres de cabeza ovoide, grandes ojos almendrados, y apéndices nasales como trompas sobre bocas cerradas, cuellos largos y delgados, muy similares a los relieves de Tassili en Argelia. Esos serían los instructores en domesticación y agricultura, astronomía, artesanía, lenguaje, etc.

Según Graham Clark en “La Prehistoria”, “las gentes neanderthalenses… no dan signos de haber sido más avanzados en ningún sentido que sus inmediatos predecesores”, como ellos, entierran a sus muertos y pueblan otras zonas, utilizan herramientas y quizás el fuego, o sea un homínido muy avanzado. Pero en el hombre de Cro-Magnon hay algo más… ¿quizá una semilla divina?
 
Por ejemplo, tras el cataclismo local que supuso la rotura del estrecho de Gibraltar, aproximadamente entre el -12.000 y -10.000, cuando se inicia el clima neotermal actual, aparece como por arte de magia en toda la cuenca del Mediterráneo, Oriente Medio y Europa, la domesticación de animales y la aparición de semillas para la agricultura, ¿de dónde salió todo eso, de pronto?




Es decir, creo que hemos sido creados por alguna inteligencia o vida estelar, una ó varias veces posiblemente en el último millón de años, al margen de otras ramas de homínidos que coexistieran con nosotros y de los supervivientes de anteriores razas destruidas, de acuerdo a un plan o a unas reglas de colonización por razones y con métodos que aún escapan a nuestro entendimiento. Creo que tecnológicamente ahora el ser humano está en condiciones de alterar genéticamente individuos, y eso hace más plausible la idea, aspecto sobrenatural inimaginable en los comienzos. También, si creemos a los antiguos, estamos en un ciclo perpetuo de creación-destrucción en el que la etapa actual se ve como la última antes de una renovación total, una nueva humanidad que surja de las cenizas de la anterior. Esta nueva humanidad… ¿dará un salto espiritual (genético) por sí sola y libremente o le será impuesta una nueva codificación en el ADN para adaptarla al nuevo ciclo?

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