viernes, 18 de mayo de 2012

María Zambrano comentando a Jorge Manrique



“La Muerte Callada”

«Todo ha de pasar por tal manera», todo ha de pasar por la muerte y a este saber hemos de despertar recordándolo, «recuerde el alma adormida». Adormida, con esta sola palabra nombra nuestro poeta a ese estado del alma que es la esperanza... La esperanza de perduración, el agarrarse a las cosas que transcurren en el tiempo, es soñar un sueño que es olvido. Todo el movimiento de las Coplas nos da la imagen del manso, insensible fluir en que van las cosas en que va nuestra propia vida y tan lento es el fluir, tan sosegado el cambio, que nos permite soñar en el olvido. Olvidando que pasan nos adormimos y hay que despertar. «Avive el seso y despierte, contemplando», pues hay que estar muy despierto para percibir este insensible fluir que al final acaba con todo. La muerte es ese final lento y callado.
         

«La muerte callada» es un motivo esencial del estoicismo. El estoico rehuye la tragedia y ve la muerte llegar con paso callado, con el mismo paso callado del tiempo. La vida va a dar en la muerte naturalmente; el estoico no ve tampoco en la muerte nada sobrenatural. Ni tragedia ni misterio; la muerte es algo de la naturaleza y a ello hay que acomodarse. La imagen natural de la vida, así nos lo dice. Imagen clásica que veremos aparecer y reaparecer sin cansancio en nuestra literatura. «Nuestras vidas son los ríos - que van a dar a la mar - que es el morir». Con la misma dulzura del agua perdiéndose en el agua, ve la muerte el poeta estoico, lluvia cayendo en el lago, río en la mar, naturalmente, y por ello, irremediablemente. Es la naturaleza igualatoria, el reintegrarse de todas las diferencias, el borrarse de las distancias. Las acciones de la vida en su trascendencia que es la fama, también pasan «aunque esta vida de honor - tampoco no es eternal - ni verdadera».
         

La eternidad no aparece a pesar de su declarado cristianismo, declarado sobre todo en las estrofas finales del largo poema, en que la muerte se presenta al caballero prometiéndole la eternidad, eternidad que es ciertamente sólo eternidad; quietud, aplacamiento, reposo. No es ciertamente la perduración de la vida individual y personal de acá abajo, no es su salvación, la resurrección de la carne, la que aparece como a su esperanza cristiana le está permitido y aún encomendado. A pesar de sus imprecaciones a Cristo, la idea natural, naturalista, de la muerte, es la que se manifiesta.


Y es preciso decirlo, si las Coplas de Jorge Manrique han quedado impresas en la memoria del español, dibujadas en las entrañas de su ser, es lo cierto que constituye el punto más problemático quizá de nuestra vida, lo más agudo y verdaderamente discutido de las cuestiones. Porque no todos quieren el morir tan callando». Y el desesperado ibérico que arroja la bomba, el hondero de dinamita, el que se lanza a la desesperada, «a lo que sea», no quiere morir callando. Este «a lo que sea» es lo que sea con tal de no «morir tan callando». Y es en verdad contra este sentido de la muerte como algo natural, contra lo que se ha revelado el español cuando se ha hecho revolucionario. Las revoluciones cuando tienen sentido, se logren o no, no suelen ir motivadas por lo que con más facilidad se dice. Son más claros los hechos que las palabras, a pesar de la prodigalidad con que se desarrolla la oratoria en las revoluciones.
   

Pero no es la oratoria demagógica la más afortunada que digamos, para revelar la intima motivación revolucionaria, y lo más común es que aquello contra lo que se levanta el revolucionario, sea algo en apariencia muy alejado. Y claro que ha de ser así, pues la rebeldía ha de ser contra algo muy persistente, contra algo que haya constituido categoría dentro de la vida, pues si no sería desproporcionado y pueril, mejor dicho: no sería. Si antes ya vimos que el estoicismo es la actitud del hombre que vive una crisis histórica y no llega jamás a transformarla en revolución, ahora lo vemos comprobado. El estoico no puede jamás llegar a la revolución por muchos motivos, quizá por uno solo: porque el estoicismo sea en sí mismo eso: un modo de afrontar la crisis sin llegar nunca a la revolución. En todo caso sea o no sea su raíz, el resultado es que nunca podrá llegar. El obstáculo más decisivo es éste entre todos: el sentir la muerte como algo natural, término adecuado de la vida. «Nuestras vidas son los ríos»...
         

El ascetismo del estoico ha resultado mucho más grave que el ascetismo cristiano del Kempis, porque ha renunciado a la vida personal, aunque no lo advierta, entregado a la idea natural de la muerte; se ha quedado todavía con menos que el asceta, que en medio del yermo sueña con la resurrección de la carne y la vida perdurable. Su reducción ha consumido dos vidas: la temporal de la carne y la histórica o de la fama. Todo se desvanece: los grandes hechos de guerra, las conquistas a los moros... tan sólo queda la memoria consoladora, la paz del recuerdo, pozo del tiempo... «Y aunque la vida murió - nos dejó harto consuelo - su memoria».

María Zambrano – Pensamiento y Poesía en la Vida Española






Jorge Manrique - Coplas por la muerte de su padre


  Recuerde el alma dormida,         
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte              5
tan callando,
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,             10
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.

  Pues si vemos lo presente
cómo en un punto se es ido
y acabado,                           15
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado.
No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar             20
lo que espera,
más que duró lo que vio
porque todo ha de pasar
por tal manera.

  Nuestras vidas son los ríos        25
que van a dar en la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;                          30
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos,
y llegados, son iguales
los que viven por sus manos          35
y los ricos.

Invocación:

  Dejo las invocaciones
de los famosos poetas
y oradores;
no curo de sus ficciones,            40
que traen yerbas secretas
sus sabores;
A aquél sólo me encomiendo,
aquél sólo invoco yo
de verdad,                           45
que en este mundo viviendo
el mundo no conoció
su deidad.

  Este mundo es el camino
para el otro, que es morada          50
sin pesar;
mas cumple tener buen tino
para andar esta jornada
sin errar.
Partimos cuando nacemos,             55
andamos mientras vivimos,
y llegamos
al tiempo que fenecemos;
así que cuando morimos
descansamos.                         60

  Este mundo bueno fue
si bien usáramos de él
como debemos,
porque, según nuestra fe,
es para ganar aquél                  65
que atendemos.
Aun aquel hijo de Dios,
para subirnos al cielo
descendió
a nacer acá entre nos,               70
y a vivir en este suelo
do murió.

  Ved de cuán poco valor
son las cosas tras que andamos
y corremos,                          75
que en este mundo traidor,
aun primero que muramos
las perdamos:
de ellas deshace la edad,
de ellas casos desastrados           80
que acaecen,
de ellas, por su calidad,
en los más altos estados
desfallecen.

  Decidme: la hermosura,             85
la gentil frescura y tez
de la cara,
el color y la blancura,
cuando viene la vejez,
¿cuál se para?                       90
Las mañas y ligereza
y la fuerza corporal
de juventud,
todo se torna graveza
cuando llega al arrabal              95
de senectud.

  Pues la sangre de los godos,
y el linaje y la nobleza
tan crecida,
¡por cuántas vías y modos            100
se pierde su gran alteza            
en esta vida!
Unos, por poco valer,
¡por cuán bajos y abatidos
que los tienen!                      105
otros que, por no tener,            
con oficios no debidos
se mantienen.

  Los estados y riqueza
que nos dejan a deshora,             110
¿quién lo duda?                 
no les pidamos firmeza,
pues son de una señora
que se muda.
Que bienes son de Fortuna            115
que revuelven con su rueda          
presurosa,
la cual no puede ser una
ni estar estable ni queda
en una cosa.                         120

  Pero digo que acompañen             
y lleguen hasta la huesa
con su dueño:
por eso nos engañen,
pues se va la vida apriesa           125
como sueño;                     
y los deleites de acá
son, en que nos deleitamos,
temporales,
y los tormentos de allá,             130
que por ellos esperamos,             
eternales.

  Los placeres y dulzores
de esta vida trabajada
que tenemos,                         135
no son sino corredores,              
y la muerte, la celada
en que caemos.
No mirando nuestro daño,
corremos a rienda suelta             140
sin parar;                      
desque vemos el engaño
y queremos dar la vuelta,
no hay lugar.

  Si fuese en nuestro poder          145
hacer la cara hermosa               
corporal,
como podemos hacer
el alma tan glorïosa,
angelical,                           150
¡qué diligencia tan viva            
tuviéramos toda hora,
y tan presta,
en componer la cativa,
dejándonos la señora                 155
descompuesta!                   

  Esos reyes poderosos
que vemos por escrituras
ya pasadas,
por casos tristes, llorosos,         160
fueron sus buenas venturas          
trastornadas;
así que no hay cosa fuerte,
que a papas y emperadores
y prelados,                          165
así los trata la muerte             
como a los pobres pastores
de ganados.

El vivir que es perdurable
no se gana con estados
mundanales,
ni con vida deleitable
en que moran los pecados             425
infernales;
mas los buenos religiosos
gánanlo con oraciones
y con lloros;
los caballeros famosos,              430
con trabajos y aflicciones
contra moros.

  Y pues vos, claro varón,
tanta sangre derramasteis
de paganos,                          435
esperad el galardón
que en este mundo ganasteis
por las manos;
y con esta confianza
y con la fe tan entera               440
que tenéis,
partid con buena esperanza,
que esta otra vida tercera
ganaréis.»

  «No tengamos tiempo ya             445
en esta vida mezquina
por tal modo,
que mi voluntad está
conforme con la divina
para todo;                           450
y consiento en mi morir
con voluntad placentera,
clara y pura,
que querer hombre vivir
cuando Dios quiere que muera         455
es locura.

Oración:

  Tú, que por nuestra maldad,
tomaste forma servil
y bajo nombre;
tú, que a tu divinidad               460
juntaste cosa tan vil
como es el hombre;
tú, que tan grandes tormentos
sufriste sin resistencia
en tu persona,                       465
no por mis merecimientos,
mas por tu sola clemencia
me perdona.»

Fin:

  Así, con tal entender,
todos sentidos humanos               470
conservados,
cercado de su mujer
y de sus hijos y hermanos
y criados,
dio el alma a quien se la dio        475
(en cual la dio en el cielo
en su gloria),
que aunque la vida perdió
dejónos harto consuelo
su memoria.                          480







jueves, 17 de mayo de 2012

Hispalense, no; !soy Sevillano¡ (Antonio Burgos)



Confesemos que si Sevilla tiene algún secreto es un secreto a voces. Es una ciudad llana y panóptica, así en su fisiografía como en su carácter. Esto no quiere decir que sea una ciudad de bienaventuradas simplezas… Es una ciudad “ofrecida como en la palma de una mano hábil en la llanada del Guadalquivir”… Una ciudad donde se vive presuntamente en la calle, donde parece que todo se hiciese de puertas afuera. Al menos, tal es la impresión primera que la ciudad ofrece: la aparentemente excesiva comunicabilidad de sus gentes, hasta el punto que el que llega piensa si tanta simpatía, sin tan desaforada extroversión no esté acaso subvencionada por el Ayuntamiento.

¿Qué es Sevilla? Un tópico universal, por descontado, que a menudo pasa por respresentar a Andalucía, a España toda. Un nombre geográfico que añadir a la farsa ibérica del retablillo del toreador, de Carmen la cigarrera, de las corridas de toros, del cante, del zapateado de Sarasate, y últimamente del paro, del analfabetismo. Por un lado, pues, el tópico de grana y oro, alegre como una rosa que decía el cuplé. Por la acera de enfrente o en dirección contraria, Sevilla es un nombre que añadir a otra retahila no menos tópica, que sumar al latifundio, al hambre, a la pena negra, al señorito del cortijo, al bracero que deseperado se hace anarquista, al atraso, al subdesarrollo secular de Andalucía en suma.

Sevilla es una ciudad condenada a muerte por la retórica, ya sea de izquierdas o de derechas, rosa y oro o negra y roja, como los pañuelos que llevaban al cuello los sevillanos que callaron para siempre las ametralladoras de Queipo de Llano. En estas condiciones, contar sus verdades es una forma como otra cualquiera de indultar a Sevilla… No es, por descontado, ni la novia de España, ni el clavel de los moros, ni la perla agarena del Guadalquivir, ni siquiera el sitio que tiene la inmensa fortuna de poseer una casa, una ventana y una niña… que en el río se miraba…

Sevilla es una ciudad española como otra cualquiera que carga como puede con el peso de losa sepulcral de su pasado; que difícilmente encuentra un futuro a tono con su vital extroversión, con su confianza. Sevilla es un sitio donde la aparente sencillez de la gente pugna con el barroquismo de la ciudad toda, de sus tradiciones, de sus familias dominantes, de su arquitectura oficialmente admitida como típica y diferenciadora. A Sevilla le han dicho que es barroca y se lo ha creído, sin meterse en mayores historias; y ella misma lo repite a cada paso, con la futilidad de la riqueza recién ganada.

Sevilla no está lejos del mar, a ochenta kilómetros o tres cuartos de hora de autopista. Pero no está hoy en día ligada a la mar, sino a la tierra. A la mar estuvo vinculada en los tiempos de la conquista de América. Una de las peculiaridades de Sevilla es ser la única de España que está a orillas de un río navegable, tierra dentro. Pero el río es una nostalgia de algo que fue, un sitio donde van los novios a pasear al anochecer, donde de madrugada llegan borrachos los marinos rubios y extranjeros, todo siempre como de cuplé, de falsa copla, de los pocos barcos que llegan. Lo sevillano es la tierra, el campo. Todos sus tópicos, sus tradiciones, sus verdades, están ligados a la tierra, y muy pocos al río. Si acaso, las vinculaciones marineras han quedado reducidas a la Sevilla transguadalquevireña, al barrio de Triana. El traje típico no es otro que una convencional conservación del atuendo de los hombres del campo en el XVIII y el XIX.

Sevilla se abre, pues, al campo de que es deudora: río abajo, hacia las marismas; detrás de los primeros cabezos de la cuesta del Caracol, hacia el Aljarafe, musulmán de olivos, naranjos y huertas regadías; por los Alcores, a la campiña. Y su llaneza topográfica, siempre en el mundo arcano de las dualidades, pugna con los recovecos y retorcimientos de una sociedad clasista originada a imagen y semejanza de un campo que era latifundista, que trata de perpetuar en los privilegios de la ciudad un orden agrario ya definitivamente en crisis y abierta bancarrota.



El barroco, el pasado, la tradición. Siempre el barroco… Es oficialmente la “Muy Noble, Muy Leal, Muy Heroica, Invicta y Mariana Ciudad de Sevilla”. El Muy Noble se lo concedió el rey Fernando III, que es San Fernando a secas, para la memoria de la ciudad. El Muy Leal le fue dado por el rey Don Fernando el de Antequera cuando en ocasión de que su hijo don Enrique se alzara en armas e intentara conquistar la plaza, lo impidiera el conde de Niebla. Isabel II concede a Sevilla el título de Muy Heroica e Invicta, como recompensa a la resistencia de la ciudad al asedio que la sometió en 1843 el general Van Halen. Por último, en la postguerra, fueron los sevillanos los que pidieron para la ciudad el título de Mariana, recogiendo un largo sentir concepcionista.

En Sevilla o te mueres de calor o te mueres de frío; no hay términos medios. O si los hay son unos breves días en que salen las cofradías a la calle y se celebra la feria y que han dado en llamar primavera; o, después del verano, otras cortas jornadas en que el sol ya no pica, pero aún lo buscan en los jardines los jubilados, en los patios los gatos de las tías solteronas, y a las que llaman otoño, el bellísimo otoño sevillano. Los sevillanos, como todo, siguen la mar de creídos que en la ciudad no hace frío. En invierno verá usted poca gente con abrigo. Tiene que ser un día muy crudo y muy seco del invierno para que los sevillanos, si es que lo tienen en el ropero, saquen el abrigo. Si no, Sevilla es una ciudad para ir a cuerpo… En Mayo ya es verano, la primavera solo dura unos días de Abril; el otoño, otros de noviembre. Calor que, por cierto, tiene un género distinto al resto de España: en Sevilla se habla de la calor más que de el calor: incluso los Quintero esbozaron toda una teoría del aumento termométrico en Sevilla, que formulaban así: primero viene el calor; luego, la calor; siguen los calores, y más tarde, vencido ya septiembre, las calores. Los mismos rigores que con los calores y las calores sufre Sevilla con las lluvias. O no llueve, o llueve tanto que se desborda el Guadalquivir.

Media historia de Sevilla y buena parte de la otra media se ha hecho historia de España. Aquí nacieron Bartolomé de las Casas, Lope de Rueda, Mateo Alemán, Gutierre de Cetina, Velázquez, Bécquer, Antonio Machado, Vicente Aleixandre, Luis Cernuda (a los que añadiría yo en homenaje: Juan Valdés Leal, Martolomé Esteban Murillo, Rodrigo de Triana, Rodrigo Caro, Aníbal González, Joaquín Turina, Pastora Pavón “La Niña de los Peines”, Trajano, Adriano, Miguel de Mañara, Luis Daóiz, San Isidoro de Sevilla, San Hermenegildo, Santa Ángela de la Cruz, Ignacio Sánchez Mejías, José Gómez Ortega “Joselito”, Juan Belmonte, Alberto Lista…). Cervantes, Lope, Quevedo, Vélez de Guevara, Zorrilla acuñaron elogios y tópicos para confundir aún más la teoría sevillana del barroco, que ya embrollaron al máximo la “Carmen” de Bizet, el “Barbero” de Rossini, los ferraniacolores de las estrellas de la canción andaluza en los tiempos de postguerra y estraperlo. “Quien no vio Sevilla no vio maravilla” es una cursi lindeza que ahora se repite mucho y que exclamaron por vez primera los nobles que acompañaron a Alfonso Onceno a la ciudad en 1327. Quien no la visitó, tampoco vio la síntesis de Andalucía que en buena parte es la ciudad, que ofrece las claves maestras de la cultura del Sur español.

Las gentes de Sevilla tienen dos gentilicios: sevillanos e hispalenses. Aunque puede pensarse que los dos significan lo mismo, les diremos que no es así. Lo sevillano es lo real; lo hispalense, lo oficial. Lo barroco, lo vacío, lo falso, es hispalense. Lo real, lo popular, lo auténtico, es sevillano. Es hispalense una sesión pública y solemne, comenzada con el rezo de unas preces en latín. Es sevillana la resignación que desemboca en broma, en juego de palabras, en apodo, el hambre oculta entre risas. Es hispalense la gracia oficial, el arsa y el olé, la estampa flamenca. Es sevillana la forma de confundir qué pronombre hay que aplicar a la segunda persona del plural, si ustedes o vosotros. Son hispalenses los Quintero, los tratados sobre Martínez Montañés, los pregones de Semana Santa pronunciados por ilustres abogados y sabios médicos de la ciudad. Son sevillanos Luis Cernuda y Antonio Machado en su fuente y en su limonero de las Dueñas; Guzmán de Alfarache y la cerámica popular de Triana; el pregón de los niños que todavía no son médicos ni abogados, y que venden:

- ¡Er programa, con la lista completa de toas las cofradías, er programa…!

Son hispalenses los nombramientos que las cofradías otorgan a los personajes importantes de cada situación política y administrativa; son sevillanas, en cambio, las cofradías mismas. Son hispalenses los actos oficiales de la Junta de Andalucía en el Alcázar. Son sevillanas las campanas de la Giralda cuando suenan la mañana de Domingo de Ramos… Es hispalense una concepción extremadamente católica y contrarreformista de la Semana Santa. Es sevillana la Semana Santa misma.

Porque sevilla, a pesar de todos los tópicos de la alegría y la comunicabilidad, es una ciudad esquinada y difícil, que todo lo recuerda o que todo lo olvida, que todo lo perdona o que todo lo acusa, según le convenga. Una ciudad sin voluntad, que lo mismo se entrega como una buscona al primero que llega, que saca a relucir su honra y su nombradía, con malas ideas llegado el caso. Los sevillanos tienen muchos conocimientos, pero muy pocos amigos; saludan a mucha gente por la calle, pero a pocos reciben en sus casas; hablan con todo el mundo, con pocos conversan. Unamuno captó los secretos de sevilla. Un día dijo a alguien nacido aquí:

- ¡Ah, sevillanos…! Finos y fríos…

 
Antonio Burgos – Guía Secreta de Sevilla




viernes, 11 de mayo de 2012

El horror Illuminati



Qué decir de estos nefastos personajes, los cuales nos gobiernan actualmente y que, entre las sombras, están consiguiendo poco a poco lograr sus objetivos… Los illuminati son una sociedad secreta, la cual fue fundada el 1 de Mayo de 1776 en Alemania, concretamente en Baviera por Adam Weishaupt. ¿Cual es el objetivo de esta organizacion secreta? Hay varios, de los cuales entre los más ambiciosos cabría destacar: formar un Gobierno Mundial, una Única Moneda y establecer asi una Religión Universal. Para conseguirlo se esfuerzan a paso lento pero seguro en:

-Suprimir las monarquías y los gobiernos
-Suprimir la propiedad privada
-Control absoluto de los medios de comunicación
-Acaparación de las Entidades Financieras
-Fomentar la ignorancia, estupidez y confusión en las masas
-Destruir el patriotismo o nacionalismo imponiendo su nuevo gobierno mundial (THE NEW WORLD ORDER)
-Suprimir el derecho de herencia
-Suprimir la propiedad privada y las clases sociales
-Prohibir cualquier tipo de religión e imponer una universal
-Injertación de un microchip altamente sofisticado a los supervivientes para convertirlos en fieles zombies.



Su máximo exponente conceptual fue Albert Pike, Soberano Gran Comendador del rito escocés estadounidense, satanista y jefe de justicia del Ku Klux Klan. En 1859, Albert Pike, que estaba fascinado con la idea de un Gobierno Mundial, fue elegido para coordinar las actividades de los Illuminati en los Estados Unidos. Dijo que tenían que crear un partido político que mantuviera al mundo luchando, hasta que pudieran traer la “paz”. Pike dijo que se haría "con la lengua y con la pluma, con todas nuestras influencias públicas y secretas, con el poder del dinero, y si fuera necesario con la espada..." En una carta, fechada el 15 de agosto de 1871 le hace saber a su colega Mazzini, el plan de los Illuminati para el futuro del mundo:


Fomentaremos tres guerras que implicarán al mundo entero. La primera de ellas permitiría derrocar el poder de los zares en Rusia y transformar ese país en la fortaleza del comunismo ateo necesaria como una oposición controlada y antítesis de la sociedad occidental. Las divergencias causadas por los agentes de los Illuminati entre los imperios británico y alemán serán utilizados para provocar esta guerra, a la vez que la lucha entre el pangermanismo y el paneslavismo. Un mundo agotado tras la guerra, no interferirá en el proceso de construcción de la "nueva Rusia" y el establecimiento del comunismo, que será utilizado para destruir los demás gobiernos y debilitar a las religiones”.

La segunda guerra mundial se desataría aprovechando las diferencias entre la facción ultraconservadora y los sionistas políticos. Se apoyará a los regímenes europeos para que terminen en dictaduras que se opongan a las democracias y provoquen una nueva convulsión mundial cuyo fruto más importante será el establecimiento de un Estado soberano de Israel en Palestina que venía siendo reclamado desde tiempos inmemoriales por las comunidades judías. Esta nueva guerra debe permitir consolidar una Internacional Comunista bastante fuerte para equipararse a la facción cristiana/occidental”.

La tercera y definitiva guerra se desataría a partir de los enfrentamientos entre sionistas políticos y los dirigentes musulmanes. Este conflicto deberá orientarse de forma tal que el Islam y el sionismo político se destruyan mutuamente y además obligará a otras naciones, una vez más divididas sobre este asunto, a entrar en la lucha hasta el punto de agotarse física, mental, moral y económicamente... Liberaremos a los nihilistas y a los ateos, y provocaremos un formidable cataclismo social que en todo su horror mostrará claramente a las naciones el efecto del absoluto ateísmo, origen del comportamiento salvaje y de la más sangrienta confusión. Entonces en todas partes, los ciudadanos, obligados a defenderse contra la minoría mundial de revolucionarios, exterminará a esos destructores de la civilización, y la multitud, desilusionada con el Cristianismo, cuyos espíritus deístas estarán a partir de ese momento sin rumbo y ansiosos por un ideal pero sin saber dónde hacer su adoración, recibirán la verdadera LUZ a través de la manifestación universal de la doctrina pura de "Lucifer", sacada a la vista pública finalmente. Esta manifestación resultará del movimiento reaccionario general que seguirá a la destrucción del Cristianismo y ateísmo, ambos conquistados y exterminados al mismo tiempo”.


Nadie duda ahora que lo están consiguiendo.



¿Qué organizaciones semiclandestinas llevan a cabo estos designios, aparte de estos masones sin escrúpulos, sin ninguna relación con la pura tradición hermética ancestral pero que han adoptado astutamente sus símbolos?:


El Club Bilderberg, La Comisión Trilateral, la CFR, el FMI, el Club de Roma, El Vaticano, la C.I.A., etc… todo ello auspiciado y favorecido por el enorme capital saqueado de la Reserva Federal de EE.UU a comienzos del S.XX, fortuna inmensa que han conseguido multiplicar, en progresión geométrica desde entonces, las dos grandes familias de banqueros que ostentan hoy día poder absoluto sobre el destino de la raza humana: Rothschild y Rockefeller. Como informamos en una entrada anterior, para estos “Megaricos”, que también controlan por supuesto la revista Forbes (una estupenda tapadera) y donde se proclaman anualmente las mayores fortunas del mundo, los conocidos Carlos Slim, Bill Gates, E.Buffet y compañía serían unos pobres miserables, y se calcula que si se repartiera la fortuna que acaudalan solo estas dos familias entre todos los habitantes del planeta, tocaríamos cada uno de nosotros a más de… 6 millones de dólares!!!



Por descontado, el proyecto Euro y la actual crisis económica son el resultado de sus manejes, con el fin del debilitamiento completo de las democracias occidentales en un futuro próximo. Sospecho que la carrera nuclear de Irán y Corea del Norte están auspiciadas por ellos, hasta que estos países sean capaces de atacar a sus vecinos y conseguir así la autodestrución prevista. En el momento justo los artífices de todo ello desaparecerán, tanto en refugios antinucleares concienzudamente preparados para una subsistencia de al menos 30 años, como con naves interplanetarias dotadas de avanzada tecnología extraterrestre que ya poseen.

Todavía si algunos siguen creyendo en la bondad de la política de ajustes y recortes, ésta no es ni mucho menos casual ni coyuntural, y les recuerdo que, entre los asistentes a las últimas reuniones de los Bilderberg, encontramos a Esperanza Aguirre, Joaquín Almunia, Emilio Botín, Rodrigo Rato… etc, etc. CÓMPLICES.

jueves, 10 de mayo de 2012

El Amor es la respuesta a todo (Brian Weiss)

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¿Qué es el amor?

El amor es la respuesta a todo.

El amor no es una abstracción,
sino una energía de verdad.
Empieza a entrar en contacto con Dios en tu interior.
Siente el amor.
Expresa el amor.
El amor disuelve el miedo.
Cuando se siente amor no puede temerse nada.
Como todo es energía,
y el amor abarca todas las energías,
todo es amor.

Nuestros corazones conocen el camino de la
felicidad y la paz interior.
Prácticas espirituales
como la meditación y la oración
nos recuerdan lo que ya sabemos.
Cuando nos olvidamos
del mensaje de nuestro corazón
y caemos en la rutina y en los baches de la vida,
nos sentimos insatisfechos y desdichados.
Nuestra perspectiva está borrosa,
hemos olvidado nuestro plan de vida,
 nos hemos perdido.

El remedio es sencillo.
Dedica tiempo a recordar tu divinidad,
 tu naturaleza espiritual.
Recuerda por qué estás aquí.
La meditación es una forma
de despertar la memoria.

La meditación
es el arte de poner la mente en blanco
 para acallar la cháchara perpetua
que normalmente llena nuestra conciencia.
En la tranquilidad de la mente silenciosa,
 empezamos a ser observadores,
 a tomar distancia y,
con el tiempo y la práctica,
 a darnos cuenta de que existe
un nivel de conciencia superior.


Dentro de nuestras formas humanas
hay un ser espiritual.

Nuestra parte espiritual nunca muere.
Jamás perdemos a nuestros seres queridos.
En realidad,
todos los seres humanos estamos conectados…
para siempre.


Cuando tenemos experiencias espirituales,
casi siempre evocamos la energía del amor.
Esa forma de amor es incondicional, absoluta e ilimitada.
Es como un impulso de energía pura,
una energía que también posee atributos de gran fuerza,
 como la sabiduría, la compasión,
la eternidad y la conciencia sublime.

El amor es la energía más básica y dominante que existe,
Es la esencia de nuestro ser y nuestro universo.
Es el componente fundamental de la naturaleza
que conecta y une todas las cosas, a todas las personas.

La energía del amor es, en potencia,
 más fuerte que cualquier bomba
y más sutil que cualquier hierba.
Lo que sucede es que aún no hemos podido aprovechar
esa energía tan básica y pura.
Cuando lo consigamos, podrá darse una curación
en todos los niveles, individualidad planetaria.


Brian Weiss – Solo el amor es real