lunes, 27 de noviembre de 2017

Los tres animales que habitan en ti ( A. Pascual & E. Barricart)



En nuestro interior habitan tres animales: el oso, el tigre y el dragón. El oso ordena nuestras emociones y nos otorga la capacidad de amar; el tigre gestiona nuestras acciones para que alcancemos las metas en el mundo de las cosas, y el dragón contempla nuestra vida desde las alturas, para que divisemos el propósito que la dota de sentido.





Mientras ignoramos su existencia, viven una lucha permanente de la que surgen el miedo, el estrés y el vacío, los tres grandes males que bloquean el camino del equilibrio. Pero cuando tomamos conciencia de que están ahí, todo cambia. De pronto, tienes en tus manos tres poderes destinados a alinear tu vida de forma natural.

Si los alimentas como es debido, dejarán de luchar y, al cesar el conflicto, te transmitirán sus atributos para que camines firme hacia la realización personal. Abrazarás a tu oso y te sentirás único, más allá de tus grietas y virtudes; tu tigre mostrará su garra y saldrás adelante en el complejo día a día; el dragón se elevará para tomar distancia y afinará su mirada para que, sin que te arrastren las olas de tus emociones y las acciones que vienen y van, puedas divisar lo verdaderamente importante.

Tres poderes en un ser único. Ése es el secreto para ser invencible. Eres tus tres animales al mismo tiempo y todo el tiempo. Tus tres animales en paz.




Para alcanzar la plenitud personal necesitamos que nuestros tres animales estén sanos. Los tres. Lo más probable es que en ti haya un animal dominante. Y es cierto que, dependiendo de las diferentes etapas de tu vida, necesitarás alimentar más a uno que a otro para reforzar su poder. En la juventud ha de rugir el tigre. En la madurez, un oso descuidado tras décadas de trabajo te reclama más atención. En los momentos de crisis, el dragón ha de volar alto para servirte de faro, relativizando tus emociones y acciones y consolidando tu propósito trascendente. Son tus tres poderes y están ahí para que los uses de la forma que mejor te conduzca –en cada momento– a la plenitud personal. Pero para ello necesitas partir del equilibrio que solo te brindará la buena salud de los tres animales.
    La ruptura del equilibrio te conduce a una versión distorsionada de ti mismo. Desde el equilibrio, eres libre de llamar al animal que necesitas para que despliegue todo su poder en cada escenario concreto.



Si están alimentados adecuadamente, conviven en paz en sus espacios respectivos. El oso en el calor de la tierra, buscando el abrigo del amor incondicional; el tigre en la superficie, gestionando los recursos; y el dragón en el cielo, tomando distancia. No hay interferencias y cada uno actúa con plena libertad en su espacio.
    La vida te habla, generando un sinfín de situaciones a las que has de responder desde la frecuencia del oso, del tigre o del dragón. En ocasiones habrás de abrazarla; otras le mostrarás tu garra. O tal vez te toque volar alto para observar las dos con distancia, relativizar lo negativo, valorar lo positivo y encontrar el verdadero sentido; pregúntale: ¿me va a ayudar esta meta a alcanzar un propósito y completar la vida que quiero vivir?, ¿en qué estoy contribuyendo a mi fin trascendente?
  
Tras tomar una decisión consciente, con un oso y un dragón sanos, acompañando en paz la acción del tigre (dotándole de una motivación emocionalmente saludable y con sentido), incluso los eventuales fracasos serán menores, ya que de inmediato retomarás el camino. Tendrás la certeza de qué has de hacer y hasta dónde debes llegar.
    Cuando reúnes el abrazo del oso, la garra del tigre y la mirada del dragón, toda tu vida se alineará como los astros en el cielo.




Ámate y ama desde la compasión, la aceptación y la generosidad, y brilla como el ser único que eres. Eres oso, tatúatelo en el corazón.

Actúa con valentía, resolución y firmeza para conseguir tus metas en el mundo de las cosas. Eres tigre, tatúatelo en el cerebro.

Contempla tu vida desde las alturas para relativizar las olas del día a día y divisar el propósito trascendente que dotará de sentido a tu existencia. Eres dragón. Tatúatelo en el alma.

Eres tus tres animales al mismo tiempo, y todo el tiempo. Tus tres animales en paz.


Cierra los ojos, permanece unos segundos en silencio y notarás sus corazones latiendo en tu interior. Sus tres latidos son tu latido.


Andrés Pascual & Ecequiel Barricart – El Oso, el Tigre y el Dragón

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Biblioteca sobre espiritualidad, autorrealización, metafísica tradicional, sabiduría y conocimiento, religión, misterios y enigmas, etc.




Presento esta selección de textos fundamentales (y creo de gran interés) sobre la sabiduría y el conocimiento universales, con el objeto de hacérselos llegar a cualquiera que lo solicite. Solamente enviadme un correo a la dirección: manulondra@hotmail.com, indicando en el asunto: Biblioteca, e indicando el/los libros que desea obtener (en formatos word y pdf, según los archivos de que dispongo). Atenderé vuestras peticiones sin condiciones ni otro interés que el de compartir este conocimiento tan gratificante.



Atienza, Juan G. – La gran manipulación cósmica
     “          “       – La meta secreta de los templarios
Baigent, Michael – El legado mesiánico
     “     , y otros – El enigma sagrado
Benítez, J.J. – Existió otra humanidad
     “        “   – Los astronautas de Jahvé
     “        “   – Mis enigmas favoritos
Biblia de Jerusalén
Biblia Israelita y nazarena
Blavatsky, H.P.  – Isis sin velo
       “         “    – La doctrina secreta
       “         “    – La voz del silencio
Bradem Gregg – El efecto Isaías
Brigitte Glaser, Ursula Vogt – Reiki
Bucay, Jorge  – De la autoestima al egoísmo
    “         “    – El camino de las lágrimas
    “         “    – El camino de la autodependencia
    “         “    – Una palabra por día
    “         “    – Recuentos para Demian
    “         “    – 20 pasos hacia adelante
Burckhardt, Titus – Alquimia
      “             “   – Reflexiones sobre la Divina Comedia de Dante
Calle, Ramiro A. – El libro de la serenidad
   “          “         – ¿Qué estoy haciendo con mi vida?
   “          “         – Recobrar la mente
   “          “         – El gran libro del yoga
   “          “         – Aprender a vivir, aprender a morir
   “          “         – Las zonas oscuras de tu mente
   “          “         – 101 cuentos clásicos de la India
Canseliet, Eugene – La alquimia explicada
Castaneda, Carlos  – El Don del Águila
    “               “      – El fuego interno
    “               “      – El arte de ensoñar
    “               “      – El conocimiento silencioso
    “               “      – Pases mágicos
    “               “      – El arte de ensoñar
Charpentier, Louis  – El enigma de la Catedral de Chartres
       “              “    – Los gigantes y el misterio de los orígenes
       “              “    – El misterio de Compostela
Chopra, Deepack  – Las 7 leyes espirituales del éxito
     “          “        – Conocer a Dios
     “          “        – El sendero del mago
     “          “        – Curación cuántica
     “          “        – Un camino a la sabiduría
Coomaraswamy, A. K.   – Hinduismo y budismo
        “                  “     – El Vedanta y la tradición occidental
        “                  “     – La doctrina india del fin último del hombre
        “                  “     – Arte y simbolismo tradicional
        “                  “     – ¿Qué es civilización?
        “                  “     – Los vedas
        “                  “     – Artículos selectos metafísica
Dalai Lama  – El arte de la felicidad
   “       “     – Hacia la paz interior
De Mello, Anthony    – Autoliberación interior
      “              “       – Caminar sobre las aguas
      “              “       – La iluminación es la espiritualidad
      “              “       – La oración de la rana
      “              “       – Despierta, charlas sobre la espiritualidad
      “              “       – El canto del pájaro
      “              “       – Una llamada al amor
      “              “       – Medicina del alma
Doria, Jose M. – La inteligencia del alma
Dyer, Wayne     – Tus zonas sagradas
     “        “       – Tus zonas mágicas
     “        “       – Tu yo sagrado
     “        “       – El poder de la intención
     “        “       – Los regalos de Eykis
     “        “       – La fuerza del espíritu
     “        “       – Construye tu destino
     “        “       – La fuerza de creer

El Corán
Eliade, Mircea – El mito del eterno retorno
    “         “     – Lo sagrado y lo profano
    “         “     – Mito y realidad
    “         “     – Mitos y arquetipos
    “         “     – Nacimiento y renacimiento
    “         “     – Yoga, inmortalidad y libertad
Evangelios Gnósticos
Evangelios Apócrifos
Franckh, Pierre – La ley de la resonancia
Fromm, Erich – La condición humana actual
Fulcanelli – El misterio de las catedrales
      “       – Las moradas filosofales
Galeano, Eduardo  – Espejos
      “            “      – Patas arriba
      “            “      – Varios
Gandhi – Reflexiones sobre la no violencia
     “     – Reflexiones sobre la verdad
     “     – El arte de la no violencia
     “     – Mi religión
Gibran, Khalil – Los secretos del corazón
    “          “    – Pensamientos y Meditaciones
Guenon, Rene  – El simbolismo de la cruz
     “          “    – El rey del mundo
     “          “    – La crisis del mundo moderno
     “          “    – Los estados múltiples del ser
     “          “    – Formas tradicionales y ciclos cósmicos
     “          “    – Autoridad espiritual y poder temporal
     “          “    – Introd. general al estudio de las doctrinas hindúes
     “          “    – La Gran Tríada
Gurdjieff, G.I.   – La vida es real solo cuando yo soy
      “         “     – El mensajero del bien venidero
Huxley, Aldous – Las puertas de la percepción
Jodorowsky – El tarot de Marsella restaurado
Jung, C.G.  – El secreto de la flor de oro
   “       “    – El hombre y sus símbolos
   “       “    – Psicología y Alquimia
Kinslow, Frank – La curación cuántica
Krishnamurti, Jiddu   – La libertad interior
      “                 “    – El arte de vivir
      “                 “    – El camino de la inteligencia
Madre teresa de Calcuta – El amor más grande
Osho – Meditación, la primera y la última libertad
   “    – El libro de la Nada
   “    – Mi camino
   “    – El camino hacia la felicidad
   “    – El libro del hombre
   “    – ¿Qué es la meditación?
   “    – Los misterios de la vida
Ouspensky. P.D. – El simbolismo del Tarot
      “            “    – Psicología de la posible evolución del hombre
Peña Nieto, Ángel – Autoestima, amor y felicidad
Piñero, Antonio  – Los evangelios apócrifos
    “           “      – La verdadera historia de la Pasión
Picknett, Lynn   – La revelación de los templarios
Plotino – Sobre el bien o el Uno
Popol Vuh
Ramacharaka –  La vida después de la muerte
Ramana Maharsi – Día a día con Baghavan
Rampa, Lobsang – El tercer ojo
Redfield, James  – Guía vivencial
     “          “       – La nueva visión espiritual
Ribeiro, Lair   – Aumente su autoestima
Ros, Ricardo  – Stop a la ansiedad
Schwaller, Lubicz – Esoterismo y simbolismo
Séneca – De la brevedad de la vida
Shivapremananda, Swami – Cómo comprendo yoga
Sierra, Javier  – En busca de la edad de oro
    “        “     – La ruta prohibida y otros enigmas de la historia
Sri Aurobindo – El ser psíquico
Stewart, R.J. – Los mitos de la Creación
Takuan - Sabiduría
Tierno, Bernabé – Hoy, aquí y ahora
Tölle, Eckhart  – El poder del ahora
    “        “      – Practicando el poder del ahora
    “        “      – Una nueva Tierra
Tucci, Giuseppe – Apología del taoísmo
Tse, Lao – Tao te King
Unamuno. Miguel de – Del sentimiento trágico de la vida
Velikovsky, E. – En el principio
Vidal, César  – El primer evangelio. El documento Q
    “       “     – Los evangelios gnósticos
    “       “     – Los manuscritos del Mar Muerto
Watts, Alan – Budismo
    “       “    – Conviértete en lo que eres
    “       “    – El arte de ser Dios
    “       “    – El camino de la liberación
    “       “    – El camino del Tao
    “       “    – El libro del Tabú
    “       “    – La sabiduría de la inseguridad
    “       “    – La vida como juego
    “       “    – Nueve meditaciones
    “       “    – Salir de la trampa
    “       “    – Vivir el presente
    “       “    – Psicoterapia del Este, psicoterapia del Oeste
Weiss, Brian – Los mensajes de los sabios
    “        “    – Solo el amor es real

La hierba crece de noche (José L. Martín Descalzo)



La hierba –como todas las cosas grandes e importantes del mundo– crece de noche, en silencio, sin que nadie la vea crecer porque bondad y bien empalman con silencio, así como la estupidez va siempre acompañada del brillo y del estrépito.

La gran peste de este mundo contemporáneo es que en él solo se conceden altavoces a los necios. Si usted “solo” ama, “solo” trabaja, “solo” piensa y estudia, “solo” trata de ser honesto, ya puede matarse a hacer todas esas cosas tan poco importantes, que jamás saldrá en la primera página. Cualquier criminal será más importante que usted. Y así es como los hombres de hoy estamos condenados a ver perpetuamente la realidad a través de un espejo deformante.
   Henos aquí en un mundo superinformado que informa de todo menos de lo fundamental. Henos aquí en un tiempo en que nunca sabremos si los hombres aman, esperan, trabajan y construyen, pero en el que se nos contará con todo detalle el día que un hombre muerda a un perro.



Presiento que aquí está una de las claves del hombre contemporáneo: solo vemos el mal, solo parece triunfar la estupidez. Esto último no es culpa de la prensa: desde que el mundo es mundo, los tontos han hacho siempre mucho ruido. Y así como 100 violentos son capaces de traer en jaque a 30 millones de pacíficos, una docena de infradesarrollados son capaces de poner patas arriba todo lo que los mejores hombres lograron construir a lo largo de los siglos. Frente a ello solo nos queda la sonrisa, reírse un poco de la condición humana y de esa ancha zona de tontería que todos llevamos dentro de nuestra propia alma. Sonreír, mirarnos al espejo, sacarle la lengua a la tontería externa y la interna… y seguir trabajando.

Porque ésta es la gran verdad: toda la necesidad del mundo nunca será capaz de impedir que la hierba siga creciendo de noche… siempre que la hierba sea capaz de seguir creciendo callada y oscuramente y no caiga también ella en las tentaciones de envidiar a los ruidosos. Puede el dolor acorralarnos, pero no emponzoñarnos. Puede la justicia agredirnos, pero no ahogarnos. Solo la propia cobardía puede conducirnos al desaliento y, con él, envenenarnos.



Damos una importancia desmesurada al mal. Invertimos lo mejor de nuestras horas en lamentarnos de él o en combatirlo. Y casi ya no nos resta tiempo para construir el bien. Efectivamente: sobran en el mundo los llorones, faltan trabajadores. Y las lágrimas son malas si solo sirven para enturbiar los ojos y maniatar las manos.
   ¡Ni una lágrima, pues! Mis ojos –cuando están claros– saben, aunque no vean, que en la negrura del mundo hay millones de almas creciendo en la noche, silenciosas y humildes, constructoras y ardientes. No gritan, pero aman. No son ilustres, pero están vivas. No salen en los periódicos, pero ellas sostienen al mundo.

Hay en todo lo ancho del planeta millones de flores que nuca verá nadie, que crecerán y morirán sin haber “servido” para nada, pero que están orgullosas por el simple hecho de vivir y haber sido hermosas.



Los hombres deberíamos vivir con el alma siempre en borrador; sabiendo siempre que todo está en camino, que nada es definitivo ni irrepetible, que, en todo caso, todo puede ser mejorado y multiplicado. Cuando se nos endurece el alma y las ideas, envejecemos y empezamos a ser juguetes de la anarquía. ¡Qué pocas veces desenvainan los hombres sus almas! Las tienen, son enormes y magníficas, resistentes al dolor, literalmente invencibles. Pero anestesiadas, atrofiadas de grasa, mojadas como paja que humea y no arde.


Sí, la ceguera es una gran misericordia. Si los hombres viéramos el mal que nos hacemos los unos a los otros y, sobre todo, el bien que podríamos hacernos y que, por cobardía, dejamos de hacer, moriríamos. Sigamos, pues, viviendo. No vayan el miedo o la cobardía a destruirnos ni un solo segundo antes de lo absolutamente inevitable.


José Luis Martín Descalzo – Razones para la esperanza

miércoles, 18 de octubre de 2017

La mente es un enfermedad (Osho)



La mente es una enfermedad. La mente no puede estar sana porque nunca puede estar entera. La mente siempre está dividida; la división es su base. Si no puede estar íntegra, ¿cómo va a poder estar sana? Y si no puede estar sana, ¿cómo va a ser sagrada?. La mente es la enfermedad, porque dice: “… o esto o lo otro. ¡Elige!” Y elegir es la función de la mente; la mente  no puede existir sin elegir. Al elegir caes en la trampa, porque siempre que eliges lo haces en contra de algo. Cuando eliges, divides, y la vida es una unidad. La existencia no puede dividirse, la existencia es un profundo “unísono”. Si dices: “esto es bonito y esto es feo”, la mente ha entrado en escena, porque la vida es las dos cosas juntas. No hay una línea divisoria. La vida va fluyendo de esto a aquello. Lo bonito se vuelve feo, la vida se convierte en muerte, y la muerte vuelve a nacer de nuevo.

¿Qué vas a hacer con la vida? No puedes elegir. Si quieres estar con la vida, con la totalidad, tendrás que vivir sin elegir. La mente tiene la tentación de dividir. Una vez que divides, la mente se encuentra a sus anchas. Si no divides, si dices: “No voy a decir nada. No voy a juzgar”, la mente se siente en su lecho de muerte.

La vida no es lógica. La lógica es solo una parte (por supuesto muy clara, categorizada, encasillada, dividida) pero la vida es confusa. ¿Qué le vas a hacer? Es así. No es tan lineal, tan clara, tan dividida; es un caos. Pero la lógica está muerta y la vida está viva, así que la cuestión radica en elegir la lógica o bien elegir la vida.



Si el hombre se encuentra en un problema es debido a los muchos maestros que han envenenado su mente, que le han estado enseñando: “!Elige esto! ¡No hagas esto, haz esto!”. Todas estas lecciones le han destruido. Y parecen lógicas. Si discutieras con ellos, ellos siempre tendrían razón. La lógica les apoya.

Tu mente dirá: “Si no tienes preferencias te convertirás en un animal. Si no eliges, ¿cuál es la diferencia entre tú y un árbol?” hay una diferencia, una gran diferencia; pero no la diferencia que trae la mente, sino una que viene a través de la consciencia. El árbol vive sin elección, inconscientemente. Tu vivirás sin elección, conscientemente. Esto es lo que significa consciencia. Sin elección, y la mayor diferencia es que serás consciente de que no estás eligiendo.

¿Qué es el silencio? El silencio es un profundo entendimiento; un entendimiento de que el fenómeno de elegir te causa tensión. Aunque lo que prefieras es el silencio, te pondrás tenso.
    Entiéndelo, siéntelo; siempre que prefieras algo, te pones tenso; cuando no prefieres, no hay tensión, estás relajado. Y cuando estás relajado, tus ojos poseen cierta claridad, no están velados por nubes y sueños. No se mueven pensamientos en la mente, puedes ver a través de ella. Y cuando puedes ver la verdad, ella te libera. La verdad libera.

Vive sin opiniones. Vive desnudo, sin ropa alguna, sin opiniones acerca de la verdad, porque la verdad detesta todas las opiniones: Abandona todas tus filosofías, teorías, doctrinas, escrituras! ¡Abandona toda esa basura! Vive en silencio, sin elegir, con los ojos simplemente dispuestos a ver lo que hay, de ninguna manera esperando ver tus deseos realizados. No cargues con deseos. Se dice que el camino del infierno está completamente lleno de deseos, de buena voluntad, de esperanzas, de sueños, de arco iris, de ideales. El camino del cielo está absolutamente vacío. ¡Despréndete de todas las cargas! Simplemente ve lo que hay. No lleves contigo ninguna mente. Vive sin mente.



Esta es la enfermedad de la mente. Lo que a uno le gusta y lo que le disgusta, a favor y en contra. ¿Hay alguna manera de superar esta enfermedad? No, no hay manera. Uno simplemente tiene que entenderlo, mirar el hecho en sí mismo. Uno solo tiene que cerrar los ojos y mirar en su propia vida; observarla. Y sentirás la verdad. Y cuando sientes la verdad, la enfermedad desaparece. No hay ningún remedio para ella. Simplemente entiende cómo has creado toda esta confusión a tu alrededor, cómo has creado todo ese sufrimiento. Y nadie más que tú lo ha creado; es la enfermedad de tu mente: preferir, elegir.

No decidas. Acepta la vida en su totalidad. Tienes que ver la totalidad; la vida y la muerte juntas, el amor y el odio juntos, la felicidad y la desgracia juntas, la agonía y el éxtasis juntos. Si los ves juntos, entonces ¿qué quedará para elegir? Entonces la elección desaparece.
   No es que tú la dejes. Si eres tú el que la dejas, se convertirá en una elección; ésta es la paradoja. No supongas que tienes que dejarla, porque si la dejas eso ya quiere decir que has elegido a favor y en contra. Ahora tu elección es la totalidad y en contra de la división, pero la enfermedad ha entrado. Es algo muy sutil.



Simplemente entiende, pues la propia comprensión hace que la elección desaparezca. Nunca la abandones. Simplemente te ríes… y pides una taza de té.

La realidad está justo ahí, siempre esperando cerca de tu corazón, cerca de tus ojos, cerca de tus manos. Puedes tocarla, puedes sentirla, puedes vivirla, pero no puedes “pensarla”. Puedes ver la realidad, ver es algo directo, tocar es algo directo; pero pensar es algo indirecto. Es por eso que el pensar no toca la realidad. Un amante puede conocer la realidad, hasta un bailarín puede conocerla, un cantante puede sentirla, pero un pensador sigue sin tocarla.

Hay que parar el pensar, pero no volviéndose inconsciente. Hay que parar el pensar haciéndose más consciente, más alerta, dándose uno más cuenta, porque la energía que se pone en el pensar se mueva hacia ser consciente y surja en ti un testigo del proceso de pensar; mirándolo, observándolo, siendo un observador en la distancia, siendo alguien que observa desde lo alto…


Osho – El libro de la nada

lunes, 11 de septiembre de 2017

Vivo sin vivir en mí… (José María Izquierdo)





Ahí os envío unas cuartillas que quisieron expresar lo que sentía… y que lo expresaron a medias. Luego, al copiarlas… las modifiqué. Comprendí que el público no había de enterarse del sentido íntimo que tenían. Y no comprendiéndolas me parecía inútil, impropio publicarlas. Puede guardarlas aquel de vosotros, a quien menos estorben.


Vivo sin vivir en mí…

Y tan poca vida tengo,
que muero porque me muero…

Esta es mi paráfrasis –como mía triste y fría– del estribillo inglosable de la monja andariega y de la doctora mística.
Que muero… porque me muero… y quisiera vivir.
Que muero con el mal de la muerte… y no sé nada de la vida.
Y tan poca vida tengo… que vivo muriendo
y tan sin vida estoy… que vivo con la vida sin vida de la muerte.
Vivo sin vivir en mí.
Vivo fuera de mí. Enajenado…
Vivo muy dentro de mí mismo. Enmimismado
vivo conmigo sin vivir en mí, y en mí sin vivir conmigo
no vivo; muero…
Para vivir y no morir…

Vivo sin vivir en mí…
No me hallo en mí. Por mí… no hallo a mi yo. Yo no me hallo.
Mi cuerpo ¿es el cuerpo mío? Mi alma ¿es el alma mía?
Mi cuerpo no es el cuerpo de mi alma, ni mi alma es el alma de mi cuerpo.
Pero ¿acaso son míos este cuerpo y esta alma?
¿Quién soy yo? ¿Quién soy yo… extranjero en mi cuerpo, extraño de mi alma?
Este cuerpo que no es el mío-, este alma que no es mi alma-; ¿de quién son? Si son míos ¿por qué casados mueren y divorciados viven?
Así no me hallo… no me siento… ni me pienso… ni me quiero.
Así ¿cómo ser espontáneos?
Y así vivo muriendo.

Así me he pasado mi vida… así llegará mi muerte…
Sin que llegue mi hora… si gozar mi devenir…
Sin dejar de pasar… sin poder decir: ¡ahora!...
Y ahora…
Viviendo muero.

Vivo sin un deseo, sin una experiencia…
Y muero de una vaga emoción, por mi imposible ensueño.
Vivo lleno de un vacío interior. Sin un acto, sin una obra…
Y muero en medio del vacío exterior… de las cosas, de los sucesos…
Vivo de voliciones no queridas, de impensados pensamientos…
Sin un recuerdo perdurable… sin una esperanza realizada…
Con un pasado ingrato… y un porvenir esquivo…
y muero de… amor,… de amar… de amar el amor… el amor de amar.
Así me hallo,… así me siento,… así me pienso… así me quiero…
y así ¿cómo ser claro?
Y así muero viviendo.

Así he pasado por la vida… así llegaré a la muerte
sin llegar a parte alguna… Sin comprender mi destino
sin que pase la dicha… Sin poder decir: ¡hela aquí!
Y he aquí, cómo…
Muriendo vivo…
Vivo sin vivir en mí…





Vida sin vida… ¿cómo expresarla?
Muerte sin muerte… ¿cómo explicarla?
¿Cómo razonar… enajenado…?
¿Cómo dialogar ensimismado?
Sin espontaneidad ¿cómo manifestarse en el mundo de las formas?
Sin claridad ¿cómo conducirse por el mundo de los conceptos?

Expresar lo que sentimos y queremos, es una manera de dar
nuestra vida, de comunicarnos. Es una comunión de nuestra alma bajo una forma sensible.
Explicar lo que pensamos es un modo de librarnos del caos, de salir de nuestro yo. Es una revelación, un desdoblamiento, un desarrollo de nuestro espíritu…
Y ¿cómo darnos, si es tan pobre nuestra vida, y vivimos fuera de nosotros mismos?
¿Y cómo desdoblarnos, si no acertamos a salir de nosotros mismos, sino… para ir muriendo?
Vagando en la región de las abstracciones sentimentales –tan lejos del mundo sensible como del inteligible– ¿cómo triunfar en los negocios y brillar en sociedad?

Sin vida que dar y sin poder librarme de la muerte ¿dónde hallar la simpatía que nos haga amables? ¿dónde hallar la virtud que nos haga amados?
¿Cómo presentarnos en escena, si estamos idos…?
¿Cómo atender a los demás si permanecemos absortos?
Y si hasta el sonreír es para nosotros un esfuerzo, y la misma meridiana realidad es para nosotros nebulosa como un sueño, ¿podremos saborear y compartir el exquisito placer convival, como lo saborean y comparten, las almas amigas que son flor de elegancia y de gracia?




Este es mi cuento… El cuento de un hombre que perdió su nombre.

Este era un hombre que un día abandonó su cuerpo –en una esquina– para mas divagar, con el alma libre, por la región de las ideas puras.. Cuando quiso volver a su cuerpo… para contemplarse en los ojos azules de una mujer… halló que ni su cuerpo, ni su alma, servían para vivir la vida… Y desde entonces vive muriendo… y solo revive, para morir muy luego, cuando divisa una sonrisa, que rima con aquella otra que aureolaban unos ojos azules… o cuando percibe la música de un alma que le recuerda aquella edad en que era ingenuo y puro, como un niño… que era.


José María Izquierdo Martínez (1886-1922)

jueves, 31 de agosto de 2017

No hace falta dinero para comprar lo que el alma necesita (Henry David Thoreau)



Los hombres trabajan desde una perspectiva errónea. La mejor parte del hombre es arada muy pronto y convertida en abono para la tierra. Guiados por un destino aparente, comúnmente llamado necesidad, acumulan tesoros que corromperán la polilla y la herrumbre y acabarán robando los ladrones. Es una vida de tonto. Y todo por obedecer ciegamente a un oráculo desatinado, que lanza piedras a sus espaldas sin ver ni siquiera dónde caen.

La mayoría de los hombres, por mera ignorancia y error, está tan preocupada por los cuidados ficticios y las tareas rudas pero superfluas de la vida que no puede recoger sus mejores frutos. En realidad, el hombre trabajador y esforzado carece de tiempo libre para desarrollar una vida íntegra y propia. No tiene tiempo de ser otra cosa que una máquina. ¿Cómo podría acordarse de su ignorancia –lo cual requiere de un crecimiento- quien tiene que usar sus conocimientos tan a menudo? Las mejores cualidades de nuestra naturaleza solo pueden conservarse mediante una manipulación delicada. Y, sin embargo, ni a los demás, ni a nosotros mismos, nos tratamos con esa dulzura. En realidad, la opinión pública es un débil tirano si la comparamos con nuestra propia opinión. El destino de cada hombre está determinado por lo que éste piensa de sí mismo.

La mayoría de los hombres vive vidas de tranquila desesperación. Lo que llamamos resignación no es más que una confirmación de la desesperanza. Incluso tras los llamados juegos y diversiones de la humanidad se encuentra una desesperación tan estereotípica como inconsciente. No suponen un verdadero esparcimiento, pues éste tan solo llega después del trabajo. Una característica de la sabiduría es no hacer cosas desesperadas.



Cuando consideramos cuál es la finalidad principal del hombre, y cuáles son sus auténticas necesidades y medios de vida, parecería que los hombres han elegido deliberadamente esta forma de vivir porque la prefieren a cualquier otra. Sin embargo, ellos piensan sinceramente que no existe elección. Solo las naturalezas activas y saludables recuerdan que el sol se alza con claridad. Nunca es demasiado tarde para renunciar a nuestros prejuicios. No se puede creer sin pruebas en ningún modelo de pensamiento, o de acción, por antiguo que éste sea. Lo que hoy todo el mundo repite o acepta como verdadero puede convertirse mañana en mentira, en una opinión hecha de humo que algunos pensaron que era una nube que traería agua fertilizadora para los campos.

Nos vemos obligados a vivir siempre concienzudamente nuestra vida y negando la posibilidad de todo cambio. Decidimos que éste es el único camino, pero hay tantos caminos como radios pueden trazarse desde un centro. Cualquier cambio es un milagro digno de ser tenido en cuenta; pero es también un milagro que ocurre a cada instante. Cuando un hombre determina un hecho de la imaginación como un hecho para su entendimiento, todos los hombres, a la larga, establecerán sus vidas sobre esta base.

Estoy hablando sobre todo para esa gran parte de los hombres que está disconforme, y se queja perezosamente de la dureza de su destino, o de los tiempos que les ha tocado vivir, cuando podría mejorarlos. También tengo en mente a aquellos que, en apariencia, son ricos, pero que en realidad pertenecen a una clase terriblemente empobrecida, que han acumulado basura, y no saben cómo hacer uso o deshacerse de ella, y que de esta forma han construido sus prisiones de plata y oro.



Quien avance confiado en la dirección de sus sueños y acometa la vida tal como la ha imaginado recibirá a cambio una gratificación que no le otorgará el tiempo ordinario. Dejará atrás algunas cosas, cruzará una frontera invisible, lugares nuevos, universales y más tolerantes comenzarán a regir en su interior y a su alrededor o se modificarán las antiguas, interpretadas en su beneficio, en un sentido más generoso, y vivirá con la libertad de la que gozan seres más elevados. Conforme simplifique su vida, las leyes del universo parecerán menos complicadas y la soledad ya no será soledad, ni la pobreza tal pobreza, ni la debilidad tal debilidad. Si construye castillos en el aire, su obra no se perderá. Ahí están bien edificados. Que tan solo ponga ahora los cimientos bajo esos castillos.

En relación al futuro y a lo posible, deberíamos vivir sin inquietud y sin imágenes preconcebidas, conservando nuestros contornos vagos y brumosos. La inestable verdad de nuestras palabras debería traicionar y revelar continuamente la inadecuación del resto del enunciado. Las palabras que expresan nuestra fe y nuestra piedad no están definidas, y aun así resultan significativas y desprenden su aroma, como el incienso, para las naturalezas superiores. ¿Por qué establecernos en el nivel más bajo de nuestra percepción y alabarlo como el lugar del sentido común? ¿Por qué hemos de apresurarnos desesperadamente por triunfar en empresas desesperadas? Si un hombre no marcha al mismo paso que sus camaradas, probablemente esté escuchando otro tambor. Que camine al ritmo de esa música, aunque sea más comedida y lejana. No debemos encallar en una realidad hueca. ¿Construiríamos con gran esfuerzo un cielo de cristal azul sobre nuestras cabezas si supiéramos con certeza que, una vez terminado, seguiríamos contemplando el verdadero y etéreo cielo más allá, como si el primero nunca hubiera existido?



No busquéis con tanta ansia vuestro desarrollo, ni os sometáis a demasiadas influencias; solo conseguiréis disiparos. Como la oscuridad, la humildad revela las luces celestes. Las sombras de la pobreza y de la mediocridad se acumulan a nuestro alrededor “y mirad, la creación se ensancha ante nuestros ojos”. La vida más dulce es aquella que se acerca a los huesos. No podrás ser frívolo. Nada se pierde en un nivel inferior por la grandeza expresada en uno superior. La riqueza superflua solo adquiere lo superfluo. No hace falta dinero para comprar lo que el alma necesita.


La luz que nos ciega es nuestra oscuridad. Solo amanece el día para el que estamos despiertos. El amanecer sigue aún su curso. El sol no es sino una estrella de la mañana.


Henry David Thoreau – Walden (Vida en los bosques)

lunes, 24 de julio de 2017

Un Mundo Infeliz (Aldous Huxley)



En la actualidad (finales de los años 50) nos hallamos en la primera fase de lo que quizá sea la penúltima revolución. Su próxima fase puede ser la bomba atómica, en cuyo caso no vale la pena de que nos preocupemos por las profecías sobre el futuro. Pero cabe en lo posible que tengamos la cordura suficiente, si no para dejar de luchar unos contra otros, al menos para comportarnos tan racionalmente como lo hicieron nuestros antepasados del Siglo XVIII. Suponiendo que seamos capaces de aprender, podemos esperar un periodo, no de paz, ciertamente, pero sí de guerra limitada y solo parcialmente ruinosa. Durante este periodo cabe suponer que la energía nuclear estará sujeta al yugo de los usos industriales.

El resultado de ello será, evidentísimamente, una serie de cambios económicos y sociales sin precedentes en cuanto a su rapidez y radicalismo. Todas las formas de vida humana actuales estarán periclitadas, y será preciso improvisar otras nuevas formas adecuadas al hecho –no humano– de la energía atómica. El científico nuclear preparará el lecho en el cual deberá yacer la Humanidad, y si la Humanidad no se adapta al mismo…, bueno, será una pena para la Humanidad. Habrá que forcejear un poco y practicar alguna amputación, la misma clase de forcejeos y amputaciones que se están produciendo desde que la ciencia aplicada se lanzó a la carrera; solo que esta vez serán mucho más drásticas que en el pasado.
    Estas operaciones, lejos de ser indoloras, serán dirigidas por gobiernos totalitarios sumamente centralizados; porque el futuro inmediato es probable que se parezca al pasado inmediato, y en el pasado inmediato los rápidos cambios tecnológicos, que se produjeron en una economía de producción masiva y entre una población predominantemente no propietaria, han tendido siempre a producir un confusionismo social y económico. Para luchar contra la confusión el poder ha sido centralizado y se han incrementado las prerrogativas del gobierno. Es probable que todos los gobiernos del mundo sean más o menos enteramente totalitarios, aun antes de que se logre domesticar la energía atómica; y parece casi seguro que lo serán durante el proceso de domesticación de dicha energía y después del mismo.



Desde luego, no hay razón alguna para que el nuevo totalitarismo se parezca al antiguo, que se ha comprobado que es ineficaz. Un estado totalitario realmente eficaz sería aquel en el cual los jefes políticos todopoderosos y su ejército de colaboradores pudieran gobernar una población de esclavos sobre los cuales no fuera necesario ejercer coerción alguna por cuanto amarían su servidumbre. Inducidos a amarla es la tarea asignada en los actuales estados totalitarios a los Ministerios de Propaganda, los directores de los periódicos y los maestros de escuela. Pero sus métodos todavía son toscos y acientíficos. Los mayores triunfos  de la propaganda se han logrado, no haciendo algo, sino impidiendo que algo se haga. Grande es la verdad, pero más grande todavía, desde un punto de vista práctico, el silencio sobre la verdad. Por el simple procedimiento de no mencionar ciertos temas, la propaganda totalitarista ha influido en la opinión de manera mucho más eficaz de lo que hubiese conseguido mediante las más elocuentes denuncias y las más convincentes refutaciones lógicas. Pero el silencio no basta. Si se quiere evitar la persecución, la liquidación y otros síntomas de fricción social, es preciso que los aspectos positivos de la propaganda sean tan eficaces como los negativos.



Los más importantes Proyectos Manhattan del futuro serán vastas encuestas, patrocinadas por los gobiernos, sobre lo que los políticos y los científicos llamarán el problema de la felicidad; en otras palabras, el problema de lograr que la gente ame su servidumbre. Sin seguridad económica, el amor a la servidumbre no puede llegar a existir. Pero la seguridad tiende muy rápidamente a darse por sentada. Para llevar a cabo esta revolución, necesitamos, entre otras cosas, los siguientes descubrimientos e inventos.

En primer lugar, una técnica mucho más avanzada de la sugestión, mediante el condicionamiento de los infantes y, más adelante, con la ayuda de drogas como la escopolamina. En segundo lugar, una ciencia, plenamente desarrollada de las diferencias humanas que permita a los dirigentes gubernamentales destinar a cada individuo dado a su adecuado lugar en la jerarquía social y económica. En tercer lugar (puesto que la realidad, por utópica que sea, es algo de lo cual la gente siente la necesidad de tomarse frecuentes vacaciones) un sustitutivo para el alcohol y los demás narcóticos, algo que sea al mismo tiempo menos dañino y más placentero que la ginebra o la heroína. Y finalmente (aunque este será un proyecto a largo plazo, que exigiría generaciones de dominio totalitario para llegar a una conclusión satisfactoria) un sistema de eugenesia a prueba de tontos, destinada a estandarizar el producto humano y a facilitar así la tarea de los dirigentes.

En colaboración con la libertad de soñar despiertos bajo la influencia de los narcóticos, del cine y de la radio, la libertad sexual ayudará a reconciliar a sus súbditos con la servidumbre que es su destino.




Ciertamente, a menos que nos decidamos a descentralizar y emplear la ciencia aplicada, no como un fin para el cual los seres humanos deben ser tenidos como medios, sino como el medio para producir una raza de individuos libres, solo podemos elegir entre dos alternativas: o cierto número de totalitarismos nacionales, militarizados, que tendrán sus raíces en el temor que suscita la bomba atómica y, en consecuencia, la destrucción de la civilización, o bien un solo totalitarismo supranacional cuya existencia sería provocada por el caos social que resultara del rápido progreso tecnológico en general y la revolución atómica en particular, que se desarrollaría, a causa de la necesidad de eficiencia y estabilidad, hasta convertirse en la benéfica tiranía de la utopía. Usted es quien paga con su dinero, y puede elegir a su gusto.


Aldous Huxley – Un Mundo Feliz (Brave New World)

miércoles, 19 de julio de 2017

Evolución de la Consciencia (José María Doria)


En los tiempos actuales, la vida está complicada. La variopinta e hipnótica oferta consumista y el ansia de dinero se han convertido en fuente de tensiones que generan aflicción y diversidad de contracturas físicas y psíquicas. La familia y las relaciones afectivas están sufriendo una vertiginosa transformación y el ser humano de nuestro tiempo no sabe cómo “reciclarse” y actualizar los mecanismos emocionales que el nuevo “patrón de relación” demanda. En este sentido, no van a ser loas grandes discursos de los políticos los que van a iluminar la senda, sino, más bien, la voz de seres humanos con sensibilidad y profundidad que hayan decidido abrir las puertas del alma y, con ellas, la medicina del amor consciente como elemento transformador y curativo de la existencia.



Venimos de una cultura judeocristiana que ha primado obsesivamente la Unidad y se ha defendido violentamente de la diversidad. Entre otras cosas y gracias a ello, podemos considerar que nuestra civilización occidental ha dado un “tirón” único en la historia de la Humanidad hacia el sentimiento de transcendencia, pero, desgraciadamente, parece que nos hemos empeñado en recorrer la estructura superficial convirtiendo la unidad en uniformidad.

Con el formidable desarrollo de la conciencia experimentado por la mayor parte de esta Humanidad en los últimos veinticinco años, el ser humano puede ya poner mil y un máscaras a sus propios yoes, ya que todos ellos son conscientes y observables desde un nuevo punto de atestiguación desimplicada que está emergiendo. Actualmente la diversidad es considerada como un valor que favorece la vida; diversidad en las formas para acceder a la realidad de un “darse cuenta” que las unifica.

Sin duda, el sentimiento de confianza es la mejor opción de nuestra mente y es el gran rasgo de la inteligencia del alma. La confianza es complicidad y comunión con una sintonía más amplia. La confianza es sintonía con ese poder tan grande que mueve los átomos y las galaxias. Vivir en la confianza es sentir que, llegado el momento de las encrucijadas, uno sabrá hallar las claves y decidirá lo que entonces haga más falta. La confianza es saber que el tiempo va a favor y que, cada día, nuestra mente es más competente y sabia. Y de la misma forma que el Universo se expande a velocidades infinitas, nosotros también nos abrimos a lo que, en realidad, somos: observadores del gran regalo de la consciencia.



Cuando la vida está orientada hacia el desarrollo interior, capacita a hacer remitir tanto el sufrimiento propio como el ajeno, convirtiendo a los individuos conscientes en anónimos maestros y terapeutas. Un mundo en el que la riqueza consiste en experimentar el supremo gozo de ser útil a la liberación del sufrimiento humano mediante la evolución de la consciencia.

Cuando el ser humano se encuentra en su estado natural, es decir, en un estado en el que fluye por la vida, tiende a expresar su verdadera naturaleza. Se trata de una actitud abierta a ofrecer y compartir que precisa de dos ingredientes, que a su vez dan sentido a su verdadera condición humana. Esos ingredientes claves son la Inteligencia y la Consciencia.

Cuando el nivel de imaginar está fuertemente anclado al deseo de servir a su propósito esencial, se ponen en marcha energías transpersonales que pueden brotar hasta del propio futuro. Merece la pena utilizar nuestras increíbles facultades de imaginar y crear sutilezas utópicas. ¿Qué mejor utopía que la expansión de la consciencia al plano de lo infinito?, ¿aprender a hacer cesar el sufrimiento?, ¿sentir certeza de que uno no está en el Universo, sino que es el Universo el que está dentro de uno?, ¿saberse Luz que ocupa todos los espacios en tiempo cero?, ¿vivir en la espaciosidad de la paz profunda?, ¿amor que abraza todo lo existente en ternura y compasión profunda?



Para construirse un buen yo-persona, lo primero que conviene hacer es proceder a visualizar a éste como una “obra acabada”. La creación del yo es una obra mágica que tan solo está coartada por algo tan virtual y efímero como lo pueden ser las creencias limitadoras de lo que es o no posible.


Llega un momento en que el sujeto auto-consciente comienza a aportar a la sociedad la verdadera música que lleva dentro. Tras las primeras notas de melodía verdadera, la vida le devuelve multiplicada toda la energía puesta en juego y le proporciona aquellas oportunidades que su supervivencia y desarrollo evolutivo precisan. Son instantes especiales en los que se percibe la llegada de algo parecido a un milagro. Momentos en los que se siente que todo encaja fluyendo por sí solo, sin casi intervención ni esfuerzo.


José María Doria – Inteligencia del Alma