jueves, 22 de septiembre de 2016

Ser Consciente, salud instantánea (Frank Kinslow)



La calidad de tu conciencia determina la calidad de tu vida. Sin conciencia no tienes nada. La conciencia no es tu mente. Si la mente fuese una bombilla, la conciencia será la electricidad que la ilumina. Una mente iluminada por la conciencia está en paz y está presente, tiene una plácida amabilidad que hace que los demás se sientan bien. Si consideras a la conciencia como tu “luz interior”, estarás más cerca de comprender su vital importancia.

La conciencia es como la luz del sol. Esclarece las emociones e ilumina la mente. Las mentes embotadas y las emociones turbias también reflejan mal la conciencia. La conciencia está en todas partes en todo momento, lo que ocurre es que no nos fijamos en ella. Normalmente andamos preocupados por cosas, personas y pensamientos que ocupan nuestras vidas cotidianas. Somos conscientes de todos ello, pero ¿lo somos de la conciencia? No mucho.
     La conciencia pura no puede captarse con el ojo de la mente. No es un objeto, una idea o una emoción. No es algo físico, así que no puedes hacerte con ella. No obstante, una vez que has experimentado la conciencia pura de manera directa o, en realidad, no-experimentado, todo esto tendrá un perfecto y hermoso sentido.
No es necesario comprender nada acerca de la conciencia para que ella obre maravillas en tu vida.

La conciencia pura es una e informe. Eso significa que carece de límites que nuestras mentes pudieran identificar, ni llegarás a poder controlarla ni a manipularla. No existe como una cosa, y en lo que respecta a tu mente, ésta considera que no existe. Pero sí existe. Así que esa es la tarea a la que nos enfrentamos. Debemos encontrar algo que carece de forma y sustancia. Luego debemos llegar a conocer esa “no-cosa” de una manera más íntima de lo que conocemos nuestras propias mentes. Finalmente, hemos de utilizar esta “no-fuerza” para curarnos a nosotros mismos y curar a otros.



Este conocimiento es secreto porque vivimos en nuestras mentes, inconscientes de la conciencia. A pesar de que la experiencia de toda una vida nos dice lo contrario, creemos a nuestra mente cuando nos dice que la alegría, la paz y el alma infinitas proceden de las cosas, y que una “no-cosa”, una nada, carece de valor. Pero sin embargo la tiene.
     Este tipo de nada dura para siempre. Todo el resto, es decir, toda la creación, cambia y acaba dejando de existir. El cambio es la única constante en la esfera de lo creado. La conciencia pura nunca cambia, nunca muere. Es el terreno del amor eterno y la paz infinita. Todo lo que tiene forma procede de la informe conciencia pura.

En nuestra jerarquía energía-orden, cuanto más tangible es el orden de un objeto, menos energía expresa. Cuanto más sutil es el nivel de creación, mayor energía contiene. La forma creada más básica es la onda y, justo después de la conciencia pura, hallamos el campo de punto cero o estado cuántico. A este nivel básico de la creación se lo denomina fuerza vital, y es lo que insufla vida a la existencia orgánica.

¿Alguna ves se te han acabado los pensamientos? Me parece a mí que no. Si los pensamientos son energía y resulta que nunca se agotan, tiene sentido pensar que el origen del pensamiento es una fuente de energía inextinguible. De ello también se desprende que aprovechar de manera directa esa fuente de pensamiento nos beneficiaría enormemente. Todo ello indica que desvelar la fuente del pensamiento puede tener una influencia curativa positiva definida y apabullante sobre las dolencias físicas, las relaciones personales, los éxitos económicos, el buen estado emocional y, sí, incluso la vida amorosa. Todos los aspectos de nuestras vidas quedan maravillosamente transformados con el simple hecho de hacernos conscientes de dónde procede todo. Es decir, nuestra siempre presente compañera la conciencia pura.



Aquí es necesario comprender un aspecto vital: la conciencia pura es la fuente de energía, pero no es energía. Tiene el potencial de crear, pero todavía no lo ha hecho. Podría decirse que la conciencia pura es la perfección a la espera de expresarse.

Cada pensamiento de reciente creación es un punto de energía chispeante en el umbral de la conciencia pura. Una vez que nace, el pensamiento corta el cordón umbilical que lo une con la madre conciencia y empieza a expandirse. El ego nace en el preciso instante en que el pensamiento se separa de la totalidad. Al expandirse, el pensamiento se va debilitando cuanto más se aleja de su origen- finalmente, estallará como una burbuja en la superficie de la mente. Es en ese momento cuando actuamos siguiendo nuestros pensamientos conscientes. Cuanto más se aleja el pensamiento de la conciencia pura más posibilidades tiene de ser disonante. Si somos capaces de ampliar nuestra conciencia de manera que podamos acercar el pensamiento a su origen, disminuiremos la posibilidad de disonancia.
     Cuanto más cerca de la conciencia pura contactemos un pensamiento, más energía y orden tendrá. Contactar un pensamiento en su concepción es realizar la perfección, libre de influencias disonantes.

La clave es detener los pensamientos, permanecer atentos al intervalo, al espacio entre pensamientos. Ese intervalo es conciencia pura. Puede ser fugaz, pero no por eso deja de aparecer. Pon atención al intervalo, cuando aparezca. Búscalo cuando no lo haga, te darás cuenta de que tus pensamientos están más sosegados y tu cuerpo más relajado.
     ¿Por qué ser consciente de la conciencia pura implica una diferencia tan grande en el modo en que sentimos y nos comportamos? Al ser consciente, eres capaz de contactar tus pensamientos a niveles más refinados y sutiles. Cada nivel ofrece más orden y energía. El intervalo que percibiste entre los pensamientos fue la experiencia de la no-experiencia. Esa no-experiencia era conciencia pura, un espacio lleno de calma.



¿Quién observa el intervalo? No hay pensamientos, ni emociones, ni movimiento de ningún tipo… Pero tú sigues ahí, estabas justo esperando que volviese a aparecer el pensamiento. ¿Quién es el que percibe? ¿Quién es ese tú? ¿Quién observa cuando la mente desaparece? Para observar debes estar presente, ¿no es así? Por tanto, cuando la mente se apaga no eres consciente de nada. En ese momento no hay nada sino conciencia pura. Y ahora acabas de resolver el misterio de quién eres. ¡Eres conciencia! Tu percepción directa ha revelado que tu ser interior es conciencia. Así es: antes de que naciese el “yo”, estaba el ser solitario, conciencia pura. Ha permanecido inmutable a lo largo de todas las fases de tu vida. Cuando llegas a apreciar tu ser interior como conciencia inmutable, ilimitada y eterna, eres consciente de que estás más allá de todas las cosas y pensamientos que son tu “yo”, existes eternamente como conciencia. Descubrir que eres conciencia pura es el primer paso para vivir una vida plena y llena de abundancia.

Al proceso de sanación a partir de la conciencia pura para aprovechar directamente la fuente de la creación, lo denomino Curación Cuántica. La conciencia pura es el origen de la energía y el orden, y cuando utilizas la Curación Cuántica estás recurriendo a la más pura y potente que existe. Cuando empleas la Conciencia Cuántica, no será tú quien realiza la curación, sino la conciencia pura.


La Curación Cuántica nos despierta a nuestra conciencia interior. la conciencia pura es un potente regenerador de todo lo que se estropea. La salud es orden. Cuanto más orden reflejamos, más sanos estamos. El proceso de Curación Cuántica no es una técnica curativa, es el proceso de ser consciente de la conciencia pura. De hecho, la curación es un efecto secundario de ser consciente.


Frank Kinslow – La Curación Cuántica

miércoles, 14 de septiembre de 2016

La Reencarnación: una interpretación errónea de los textos orientales (Alan Watts)



La idea de la liberación no se refiere al maya del mundo físico, sino al de las instituciones sociales. No es más que una hipótesis que permite captar el sentido del Budismo y el Vedanta, el Yoga y el Taoísmo mejor que cualquier otra interpretación. El nirvana sería una visión transformada del mundo físico, una percepción del mundo en su plena relatividad. Si, entonces, el maya o irrealidad no reside en el mundo físico sino en los conceptos o formas mentales por las cuales se le describe, es claro que el maya se refiere a las instituciones sociales y a las formas en que modifican nuestra percepción del mundo.

La Divinidad juega a ser finita, el Uno disimula ser muchos, solo que durante el proceso, mientras hace el papel de cada individuo, el Uno se ha olvidado de sí mismo, por así decirlo, incurriendo en la inconsciencia o ignorancia. Mientras dure esta ignorancia, la forma individualizada de la Divinidad, el alma renacerá constantemente sobre el mundo, elevando o degradando su suerte y condición de acuerdo a sus acciones y sus consecuencias. Hay varios niveles, por encima y por debajo del humano, que el alma individual puede atravesar en el transcurso de su reencarnación durante periodos de tiempo fascinantemente largos, rozando las más altas variedades de placer y los abismos más hondos de dolor, girando una y otra vez en la rueda del samsara durante miles y millones de años.

Todas las formas de liberación han ofrecido una salida del infinito ciclo de las reencarnaciones: el Vedanta y el Yoga a través del verdadero Yo, y el Budismo por medio de la comprensión de que la vida no le está ocurriendo a ningún sujeto, de modo que no hay nadie que pueda reencarnarse. Coinciden en que el alma individual con sus reencarnaciones sucesivas de una vida a otra, e incluso de momento a momento, es maya, una ilusión traviesa.



La gran mayoría de los hindúes y budistas asiáticos conserva la creencia de que la reencarnación es un hecho, y los occidentales que adoptan el Vedanta o el Budismo abrazan también, en general, la creencia en la reencarnación. Los budistas occidentales afirman, incluso, que esta creencia les consuela, en abierta contradicción con su objetivo declarado: obtener la libertad de los renacimientos. Sin embargo, es lógico conservar la creencia en la reencarnación si uno cree, también, que maya es el mundo físico, y no las ideas sobre el mundo físico. Esto es lo mismo que decir que uno sigue creyendo en esta cosmología hindú hasta que comprende que no es más que una institución social. A mi juicio, los budistas y vedantistas que comprenden profundamente sus propias doctrinas, que de hecho están liberados, no creen en la reencarnación en sentido literal. Esta liberación fue, y sigue siendo, una retirada fuera del alcance de las instituciones sociales, y no una liberación del hecho de estar vivo.

El Budismo Mahayana incorporó un refinamiento lógico y final: el Bodhisattva que regresa a la sociedad acepta sus convenciones, pero sin “apego”, jugando al juego social, pero sin tomárselo en serio.
     Si esta tesis es correcta, ¿por qué no fue expresada con claridad, por qué se ha permitido que la mayoría de los budistas y vedantistas siguiera creyendo literalmente en la cosmología reencarnacionista? Hay dos razones. Primero, liberación no es revolución. No es salir del propio camino para perturbar el orden social, arrojando dudas sobre las ideas convencionales que unen a la gente. Además, la sociedad se siente insegura, y por lo tanto hostiliza a quienes desafían sus convenciones. Segundo, la propia técnica de la liberación requiere que el individuo descubra la verdad por sí mismo, se le ha de exigir que experimente, que actúe de forma coherente de cara a los conceptos que da por ciertos, hasta encontrarse con que no lo son.

Las formas orientales de liberación parecen culminar en un mismo estado de modalidad de conciencia, caracterizada por la superación de la dualidad del ego y el mundo. Llámesela “conciencia cósmica” o “experiencia mística”, a mí me parece una comprensión sensorial del mundo físico como campo. Pero, a causa de la condición divisoria del lenguaje, este sentimiento puede sugerir intentos descriptivos contrapuestos. El Budismo subraya la irrealidad del ego, mientras que el Vedanta enfatiza la unidad del campo. De ahí que, al descubrir la liberación, el primero parezca afirmar simplemente que el punto de vista egocéntrico se evapora, mientras que el segundo sostiene que descubrimos que nuestro verdadero yo es el Yo del universo.



Sin embargo, hay buenos motivos para creer que algunos maestros de las formas de liberación saben perfectamente bien lo que están haciendo, que tienen plena conciencia de su piadosa triquiñuela, así como del hecho de que la liberación obtenida no proviene de la reencarnación física sino de un pensar y sentir en medio de la confusión.
    ¿En Asia se considera, realmente, que la liberación se refiere a las condiciones sociales, más bien que a las físicas o metafísicas? Mis propias conversaciones con los maestros de Budismo Zen sobre este asunto no me han dejado la menor duda. No he hallado uno solo que creyera en la reencarnación como hecho físico, y menos aún que se atribuyera algún tipo de poderes literalmente milagrosos sobre el mundo físico. A todas estas cuestiones se las entiende simbólicamente.
    ¿Y qué decir de los misteriosos “maestros del Tibet” a quienes tanto se ha atribuido en materia de conocimientos ocultos sobre los mundos supra-físicos? Son contados los occidentales que practicaron realmente sus disciplinas sobre el terreno. Una excepción es Alexandra David-Neel, que afirma que la reencarnación no debe ser entendida literalmente, como corporizaciones consecutivas de un ego individual, ni siquiera como “cadena de karma” individual, o configuración de conducta casualmente conectada. La multitud de vidas del individuo solo refleja la multiplicidad de sus vínculos físicos y sociales. “Se espera que el estudiante logre comprender que el incesante trabajo de su mente y la actividad física efectuada por el cuerpo, nada de todo eso es de él, ni es él. Él, física y mentalmente es la multitud de los otros. Esta “multitud de los otros” incluye los elementos materiales que él adeuda a su herencia, a su atavismo, y luego los que ha ingerido, ha inhalado antes de su nacimiento… En el plano mental, esta “multitud de los otros” incluye muchos seres que le son contemporáneos: gente que está ligada a él, personas con las que conversa, cuyas acciones mira. De aquí la sostenida acción inhibitoria que sufre el individuo mientras absorbe parte de las diversas energías que emiten aquellos con los que está en contacto; estas energías desarticuladas, instalándose en lo que él considera su “yo”, forman allí un hormigueante tropel. Esto incluye, en realidad, un considerable número de seres pertenecientes a lo que llamamos el Pasado…”.



La interpretación simbólica (y no física) de la reencarnación, es un elemento crucial para tomar conciencia de que maya pertenece a la esfera social de la descripción y el pensamiento, y no a la esfera más vasta de las relaciones físicas y naturales. en la doctrina original de Buda, toda especulación metafísica, así como todo interés en controles milagrosos sobre el mundo físico, eran tenido no solo por banalidades, sino también por estorbos concretos de la liberación. Habría que agregar, también, que la teoría de la reencarnación física no existe en el Taoísmo, y que, de acuerdo a A.K.Coomaraswamy, la interpretación adecuada del Vedanta es que “el único y singular transmigrante” es el Supremo Yo, el Atman-Brahman; nunca, pues, un alma individual.


Estos enfoques disolvieron la totalidad de la cosmología reencarnacionista de la antigua India, reduciéndola, ora a mito, ora a simple posibilidad que no debe preocuparnos. La pesadilla de que un mismo individuo soportara repetidamente la miseria, la enfermedad y la muerte por periodos infinitamente largos de tiempo, o un cautiverio de siglos en las cámaras de tortura de los demonios, llego a su fin con la comprensión de que no hay nadie para sufrir todo esto.


Alan Watts – Psicoterapia del Este, Psicoterapia del Oeste

lunes, 12 de septiembre de 2016

El fin de la alienación (Erich Fromm)




El hombre debe superar la enajenación, que lo convierte en un impotente adorador de ídolos. En la esfera psicológica eso significa que debe vencer las actitudes pasivas y orientadas mercantilmente que ahora lo dominan, y elegir en cambio una senda madura y productiva. Debe emerger de una orientación materialista y alcanzar un nivel en donde los valores espirituales –amor, verdad y justicia- se conviertan realmente en algo de importancia esencial. Pero cualquier tentativa de cambiar solo una sección de la vida, la humana o la espiritual, está condenada al fracaso.

Debemos pensar en los cambios económicos y políticos necesarios para vencer el hecho psicológico de la enajenación. No desperdiciaremos los progresos tecnológicos de la producción mecánica en gran escala y de la automación. Pero es menester que descentralicemos el trabajo y el estado a fin de darles “proporciones humanas”.
    En la esfera económica se requiere un socialismo democrático caracterizado por la dirección conjunta de todos los que trabajan en una empresa, a fin de dar lugar a su participación activa y responsable. En la esfera política, la democracia efectiva puede ser establecida cuando millares de pequeños grupos se traten cara a cara, que estén bien informados, que mantengan discusiones serias y cuyas decisiones se integren en una nueva “cámara de representantes o diputados”. Para un renacimiento cultural, deben combinarse la educación del trabajo para los jóvenes, educación para los adultos y un nuevo sistema de arte popular y ritual secular a través de toda la nación.



Así como el hombre primitivo era impotente ante las fuerzas naturales, así el hombre moderno está desamparado ante las fuerzas económicas y sociales que él mismo ha creado. Adora la obra de sus propias manos, reverencia los nuevos ídolos, y sin embargo jura por el Dios que le ordenó destruir todos los ídolos. El hombre solo podrá protegerse de las consecuencias de su propia locura creando una sociedad sana y cuerda, ajustadas a las necesidades del hombre; una sociedad en la cual se hallen arraigados por lazos fraternales y solidarios más que por ataduras de sangre y suelo; una sociedad que le ofrezca la posibilidad de trascender la naturaleza, mediante la creación antes que por la destrucción, en la cual cada uno tenga la sensación de ser él mismo al vivirse como el sujeto de sus poderes antes que por conformismo, donde exista un sistema de orientación y devoción que no exija la deformación de la realidad y la adoración de ídolos.

La construcción de una sociedad tal significa emprender la etapa siguiente: el fin de la historia “humanoide”, la fase en la que el hombre no ha llegado a ser plenamente humano. No significa el “fin de los días”, el “completamiento”, el estado de armonía perfecta donde el hombre esté libre de conflictos o problemas. Por el contrario, es destino del hombre que su existencia se halle acosada por contradicciones que está obligado a enfrentar, sin poder resolverlas jamás.
     Una vez que haya superado el estado primitivo de sacrificio humano, sea en la forma ritualista de las inmolaciones humanas o en la forma secular de la guerra, cuando haya sido capaz de regular su relación con la naturaleza de manera razonable en lugar de ciegamente, cuando las cosas se hayan convertido verdaderamente en sus servidores y no en sus ídolos, entonces tendrá ante sí los conflictos y problemas verdaderamente humanos, deberá ser temerario, valiente, imaginativo, capaz de sufrir y gozar, pero sus fuerzas estarán al servicio de la vida, no de la muerte. La nueva fase de la historia humana, si es que llega a ocurrir, no será un final sino un nuevo comienzo.



La nueva armonía es diferente de aquella del Paraíso. Se puede alcanzar solo si el hombre se desarrolla plenamente hasta llegar a ser verdaderamente humano; si es capaz de amar, si sabe la verdad y hace la justicia, si desarrolla la fuerza de su razón hasta un punto que lo libere de la esclavitud del hombre y la esclavitud de las pasiones irracionales.
    Cuando el hombre haya superado la escisión que lo separa de sus semejantes y de la naturaleza, entonces se hallará en paz con aquellos de quienes estaba separado. La paz es el resultado de una transformación del hombre en la que la unión ha tomado el lugar de la alienación. De allí que la idea de paz no pueda ser separada de la idea de que el hombre tome conciencia de su humanidad.

La idea de la nueva armonía del hombre con la naturaleza significa no solo el fin de la lucha del hombre contra la naturaleza sino también que la naturaleza no se apartará del hombre, convirtiéndose en cambio en la madre que es todo amor y alimento. Dentro del hombre la naturaleza dejará de ser lisiada, y fuera de él dejará de ser estéril.


La paz es algo más que la ausencia de lucha; es el logro de una armonía y unión verdaderas, es la experiencia de ser uno con el mundo y dentro de uno mismo; es el fin de la alienación, el retorno del hombre a sí mismo.


Erich Fromm – La condición humana actual

sábado, 10 de septiembre de 2016

Libertad: elegir con responsabilidad (Jorge Bucay)



La libertad, tal como la entiendo y la propongo, consiste nada más (y nada menos) que en la posibilidad o el derecho que tiene cada uno de elegir una (y a veces más de una) de las alternativas que se presentan en un determinado momento.
     La libertad es la capacidad de elegir dentro de lo posible. Esta libertad incluye y necesita, por supuesto, la honestidad de no calificar como imposible lo que no lo es, solamente para negar que descartara todas las otras opciones por mis principios, por mis temores o por mi conveniencia.
     La consecuencia de dar este paso hacia nuestra libertad consiste también en aceptar que algunas situaciones donde no podemos elegir son, en realidad, producto de una elección previa. Sin embargo, parece demasiado tentador para muchos decir que no se podía hacer otra cosa para disminuir así su responsabilidad en el resultado de su elección.

Declararse libre es dar el paso hacia nuestra definitiva autonomía, asumir el coste de mis decisiones, y aunque hoy me dé cuenta de que me equivoqué, aceptar que era posible hacer todo lo contrario y no lo hice, admitir que, de hecho, otros lo hicieron aunque siga pareciéndome de lo mas lógico haber hecho lo que hice.



Como en todas las cosas, los problemas empiezan en las pequeñas cosas. En nuestra vida cotidiana tu y yo hemos pasado, y seguiremos pasando, por esos momentos en los cuales, sin demasiada conciencia, decidimos renunciar a algunas libertades. ¿Que me cuesta –pensamos a veces– renunciar a mi elección? Después de todo nos decimos es un tema tan poco importante... ¿Para qué hacer de esto una cuestión de debate? –terminamos argumentando–. Además de ser ciertamente un tema menor... seguramente sea transitorio.
     E incluso respiramos hondo antes de dar por cerrado el asunto y nos conformamos con la renuncia a nuestro rumbo, convencidos de que la lucha por la libertad es la batalla de las grandes cosas, no de las minucias. Sin embargo, muchas veces estas ideas son el disfraz con el que escondemos la falta de energía al defender nuestras libertades.

Es importante ser capaz de desapegarse de algunas actitudes, pretensiones y caprichos, pero habrá que temer a las "pequeñas" renuncias cuando no son elegidas con nuestro corazón, con conciencia y con responsabilidad.
     Es necesario recordar que la libertad es tan importante como para no renunciar a ella ni siquiera un momento. El desafío puede sonar casi heroico, pero todos somos capaces de mostrar esa cuota de sana osadía.

Este paso es tan trascendente que para algunos pensadores lo que define el paso de ser un individuo a ser una Persona Adulta es justamente nuestra libertad. La capacidad de optar entre dos o más posibilidades y la responsabilidad que se debe asumir después de tomar cada decisión. Y aunque a veces no podremos elegir lo que pasa, podremos elegir como actuar frente a ello.



Es el derecho que me otorgo de elegir una u otra respuesta lo que me hace libre o esclavo (y no el alto precio que, con frecuencia, debo pagar por mi elección). Dar este paso será una manera de decidirnos a afrontar nuestra vida con absoluto protagonismo, con responsabilidad, sobre todo lo que nos ocurre, entendiendo los hechos de nuestra vida como una consecuencia deseada o indeseable de algunas de nuestras decisiones.

Soy responsable de las decisiones que tomo; por lo tanto, soy libre de quedarme o salir, de decir o callar, de insistir o abandonar, de correr los riesgos que yo decida y de salir al mundo a buscar lo que necesito.

En las circunstancias mas difíciles y en los momentos en que nos invade la sensación de haber perdido el rumbo, la certeza del resultado final es justamente lo que podrá hacernos recuperar la fuerza para hacer y para arriesgar; las motivaciones para avanzar, para desear, para insistir, para valorar el camino recorrido y para seguir luchando por lo que creemos.

Hacen falta coraje y solidez para enfrentarse a los precios que la sociedad querrá cobrarnos casi siempre por la osadía de enfrentarnos a ella, por la frescura de declararnos libres de decidir por nosotros mismos, por el desplante de desconocer la inviolabilidad de sus mandatos o por la insolencia de pedir explicaciones a las actitudes de los más poderosos.


Podemos y debemos animarnos a hacer, a preguntar, a protestar y a cuestionar, aún en minoría, frente a los caprichos de algunos o las injusticias de muchos; quizá con la única restricción de cuidar de que esa libertad sea ejercida dentro del estado de derecho, que no involucremos a quien no quiere estar involucrado, y que nuestra forma de protesta o de rebeldía no este diseñada para destruir a los que piensan diferente, sino para sumarlos a todos en la construcción de un mundo mejor.



Jorge Bucay - 20 pasos hacia adelante

jueves, 1 de septiembre de 2016

El Paraíso no está perdido (Facundo Cabral)




Vengo cuando hay que venir a decir lo que hay que decir, fundamentalmente que el paraíso no está perdido sino olvidado y que en una eternidad se puede empezar de nuevo.

Nadie es lo que no fue y nadie será lo que no es, es decir, que al futuro lo venimos planeando desde el pasado, entonces tenemos la edad de lo que recordamos y somos, ante todo, lo que amamos.

No tengo compromiso con lo que no amo, y menos con lo que no creo, tampoco con la mayoría, siempre dispuesta a ahogar al individuo, que es lo único verdadero. Me siento tan libre, tan dueño de mí, tan confiado en la vida que no temo cometer errores, es más, me divierten y me crecen. Tengo tanto que hacer conmigo que no me preocupa lo que digan los demás, que son lo de menos, una abstracción con la que nunca viviré. No me interesan las tradiciones y las costumbres, redes de las que hay que huir si uno quiere volar, que es el deber y el derecho cósmico del individuo. No es bueno lo estático en un mundo en constante movimiento, por eso no puede haber reglas fijas.

Todavía creo en la revolución fundamental, que es revolucionarse. En el camino siempre encuentro cosas que me enriquecerán, y andando al azar nunca hay rutina, todo es novedoso, entonces uno aprende a no dar nada por sentado, todo es una clave que nos lleva a otra cosa, así se desarrolla el olfato que siempre encuentra lo interesante.

Hay que tener menos para tenerse más. Como yo no tengo nada me salvo de la envidia. Si no consumes eres más libre, tienes más tiempo para vivir, para andar por todas partes, tranquilo, liviano, porque no hay nada que cuidar, entonces puedes ser un hombre, no un policía que cuida lo que tarde o temprano será basura.



Interrumpe la actividad mental para que vivenciemos la plenitud, para que sintamos lo universal, para que comprendamos que somos parte del todo, por eso cuando arrancamos una flor se mueve una estrella. Cuando la mente está inmóvil oímos completa la canción de la vida, sin las divisiones de la mente, danzamos con los otros y con el viento. Somos agua del mar, polvo de la tierra, vivenciamos que somos parte de Dios, que es todo lo que es.

Acciona en lugar de reaccionar, crea en lugar de contestar, libérate de los agotadores vicios de querer convencer y gustar, hazlo por ti, haz lo que quieras y te sentirás muy bien contigo mismo, que es lo que importa; entonces le darás más a los demás, vuelve a nacer pero ahora dentro tuyo, supera los apegos que te sacan del camino, sigue a tu corazón, al que no dejan de llamar las bellezas del mundo, nada te impide la consumación espiritual, tú sabes que ya es hora de ponerte en contacto con lo mejor tuyo, recuerda que en cada vida se realiza el todo y que hasta los actos más pequeños conforman la personalidad.

Dios no nos echó del Paraíso, estamos dentro de él, solo tenemos que darnos cuenta, abrir los ojos, y cambiar nuestra actitud frente a la vida, liberar a nuestra cabeza de la mala información, divorciarnos del inútil suicidio que es la culpa, deshacernos de lo cultural, que son datos generales, no individuales, que es donde vivenciamos la vida.

Si te quedas en lo seguro, si tienes miedo de sumarte a la corriente de la vida que nuca se detiene, tarde o temprano el hastío te adelantará la sombra de la muerte, el miedo traerá el aburrimiento y tu existencia será una maldición. Si le das la espalda a la búsqueda, al viaje inevitable, aumentará tu esclavitud, todo te resultará pesado porque pesadas son las cadenas de la sociedad, cárcel a la que se condenan los que le temen a la libertad y sus cambios permanentes, porque son permanentes las propuestas de la vida.

Abre la puerta a lo nuevo, entra con el corazón en la mano a la selva más oscura y más rica porque todo es novedad, no lo pienses, vale la pena cruzar el umbral, embarcarse en todas direcciones, solo yendo de extremo a extremo podrás saber que la verdad está en el promedio, que justicia es armonía de desiguales, y debes estar atento, porque en cualquier momento se te revelará por donde te dejará pasar el muro.

Ahora o nunca, lo que no hagas ahora no lo harás nunca porque este momento no volverá.



No te preocupes por la crisis, no es tan grave, la crisis te liberará de las cosas que te encadenan, que te rebajaron de creador a consumidor. La crisis te salvará del exceso que pudre y de lo artificial que idiotiza; gracias a la crisis estarás más acompañado, porque el capitalismo consiguió lo que no consiguió el comunismo, la igualdad, porque ahora somos todos más pobres, y al tener menos que cuidar serás más libre, tendrás más tiempo para vivir.

La mayoría busca afuera el paraíso perdido sin darse cuentas que lo lleva dentro, que no está perdido sino olvidado, la mayoría muere en lo desconocido por no animarse a vivir lo desconocido.

Festeja todo lo que suceda, celebra también tu tristeza y te sorprenderá el comprobar que tu actitud la transformará en alegría. Cuando descubras la vida, inevitablemente te enamorarás de ella, y el amor te hará tan poderoso que los milagros serán constantes. Vivir significa amar, amar es vivir, y el amor no espera nada a cambio, se alimenta de su propia plenitud; pero solo llega el amor, es decir, la vida, cuando se va el miedo.

Entrégate a la vida, no desoigas sus propuestas, ella te llevará al amor, es decir, al centro tuyo, el que se contacta con el corazón del universo, y por el amor conocerás la alegría, que es la luz que iluminará tu camino hacia la paz, el más alto don.

No niegues a la vida, afírmala viviendo, no te opongas al río, deja que te lleve al mar.


Tú decides el Infierno o el Paraíso, que también serán tu creación, el amor puede hacer de tu ahora y aquí un Paraíso, puedes amar hasta convertirte en lo que amas, es mas, hasta convertirte en el amor, pero elijas lo que elijas, Infierno o Paraíso, debes ser responsable de tu elección, debes hacerte cargo de lo que has elegido vivir, pero sé que cuando seas responsable, es decir, dueño de tu vidas, no se te ocurrirá elegir lo peor, no decidirás lo sombrío.


Facundo Cabral – El Paraíso no está perdido, sino olvidado






domingo, 28 de agosto de 2016

El Mago: nuestro Yo interior (Deepak Chopra)




Hay un mago dentro de nosotros, un mago que lo ve y sabe todo. Una vez que descubramos nuestro mago interior, la enseñanza vendrá por sí sola. ¿Por qué necesitamos el sendero del mago? Para elevarnos sobre lo ordinario y lo confuso, y encontrar la clase de trascendencia que solemos relegar al campo de lo mítico, pero que en realidad tenemos a mano, aquí y ahora. Una vez hallado el guía interior, nos habremos encontrado a nosotros mismos. El yo es el sol del resplandor permanente que, aunque eclipsado, cuando se despejan las sombras se muestra en toda su gloria.
    El sendero del mago es el camino del espíritu. Pero la espiritualidad no se opone a la racionalidad; es el marco más grande dentro del cual encaja la razón, como una de muchas otras piezas.
   
Al mago que llevamos dentro también podríamos llamarlo testigo. El papel del testigo es no intervenir en el mundo cambiante, sino ver y comprender. El testigo no descansa, permanece despierto aun mientras soñamos o dormimos sin soñar. Por lo tanto, no necesita ver a través de nuestros ojos, lo cual parece bastante mágico. ¿No son acaso los ojos los órganos esenciales para ver? La sabiduría del mago permanece presente incluso durante el sueño. La inteligencia universal siempre despierta, consciente y que todo lo sabe, no es para el mago una fuerza creadora distante. Vive en cada átomo. Es el ojo detrás del ojo, el oído detrás del oído, la mente detrás de la mente. Por lo tanto, en el sentido más profundo, podemos ver mientras dormimos o soñamos, porque ver significa estar despiertos a la inteligencia universal. Cuando el testigo está totalmente presente, todo es comprensible.




El conocimiento del mago es sabiduría pura que no depende de los hechos externos. Es el agua de la vida tomada directamente de su fuente. Sin importar los cambios que ocurren en el universo, la sabiduría del mago no puede cambiar. El paisaje va y viene pero el observador es siempre el mismo.
    En el estado normal de vigilia, todos vemos objetos, pero el testigo ve luz. Se ve a sí mismo como un foco de luz y al objeto como otro, pero todo dentro del contexto de un gran ámbito cambiante donde solo hay luz. La luz es una metáfora para hablar de los estados elevados del ser. La luz puede asumir la imagen del cielo o de otro mundo, pero para el mago el mundo corriente también es solo una imagen, proyectada igualmente desde la consciencia.

Si la vista hace visible al mundo, ¿qué o quién es el creador de la vista? ¿quién vio al ojo antes de que éste pudiera ver? La respuesta es la consciencia. El vidente tras el ojo es simplemente la consciencia misma, la cual da vida a nuestros sentidos para que ellos puedan dar vida a todo lo que nos rodea. Todos nuestros sentidos estaban contenidos en forma de información codificada, en una primera célula fecundada. La información no es más que consciencia hecha manifiesta en una forma almacenable.

¿Por qué existe el mundo? Porque una vasta consciencia quiso escribir el código de la vida y desplegar sus hebras en la página del tiempo. De ahí que el mago no pueda saber dónde termina su cuerpo y dónde comienza el mundo. El mago tiene una relación peculiar con su cuerpo. Lo ve como un haz de consciencia que adopta una forma en el mundo. El mago no se ve a sí mismo como un suceso local que sueña con un mundo más grande. El mago es un mundo que sueña con sucesos locales. No hay fronteras que lo limiten.




A los ojos del mago, el cuerpo mortal no es mejor que un perchero para colgar las creencias, los temores, los prejuicios y los sueños.
Si se cuelgan demasiados abrigos en un perchero, éste desaparece de la vista. Eso es lo que los mortales han hecho con sus cuerpos. Es imposible ver la verdad del cuerpo humano –que es un nido de consciencia que corre a través del tiempo– debido al exceso de peso del pasado que se ha acumulado sobre él.

A fin de romper el encantamiento es necesario pasar de identificarnos con lo temporal a identificarnos con lo eterno. Por lo tanto, el mago emprende un viaje que lo lleva a descubrir la verdad sobre el tiempo. Según la experiencia del mago, el tiempo es la eternidad cuantificada. Todos estamos rodeados por lo eterno, la pregunta es qué hacer con él.
    Para nosotros el tiempo fluye de manera lineal, pero Einstein demostró que el tiempo es relativo. Pero,¿en realidad es posible que esta nueva forma de concebir el tiempo nos permita superar la muerte? Para el mago la muerte es solo una creencia. La inmortalidad está en el núcleo de la vida humana, pero está envuelta en sucesivas capas de creencias contrarias a ella. Esas creencias se refuerzan en la vida cotidiana: vivimos nuestros temores, deseos, sueños, asociaciones inconscientes y, por último, la creencia profunda de que debemos morir. La mente racional seguramente defendería esta postura sosteniendo que la muerte nos rodea por todas partes.





Pero analiza más de cerca tus dudas racionales. Detrás de ella está el que duda, detrás del que duda está el que piensa; detrás del que piensa hay una chispa de consciencia pura que debe ser consciente para que haya un pensamiento. Yo soy esa chispa de consciencia. Soy inmortal e inmune al tiempo. No te limites a especular sobre mí, a juzgar si debes aceptarme o rechazarme. Sumérgete hasta el fondo, desecha tus capas de duda. Cuando finalmente nos encontremos, sabrás quién soy. Y entonces mi inmortalidad no será una simple noción, sino una realidad viva.



Deepak Chopra – El Sendero del Mago

miércoles, 24 de agosto de 2016

Tu Yo Sagrado (Wayne Dyer)



La libertad es la capacidad para abandonar la única habitación de la conciencia en la que uno nació. En esa habitación se aprende cuáles son los límites de la vida. Fuera de esa habitación se aprende que la vida cuenta con posibilidades ilimitadas. El precio de la libertad es muy alto. La libertad solo puede alcanzarse cuando se sueña sin esperanza, cuando se está dispuesto a perderlo todo, incluso los sueños.
    Para algunos de nosotros el soñar sin esperanza, el luchar sin ninguna meta en la mente es la única manera de mantenernos a la altura de la libertad. La libertad, si se la define como ausencia de cadenas, existe para muchos. Pero si la libertad significa librarse de aquello que nos constriñe la conciencia diaria, si la libertad significa tener visiones ilimitadas y vivir en una dimensión espiritual radicalmente nueva, entonces la libertad existe para muy pocos.
    Cuando no se tiene nada que perder, se es libre por completo, y cuando no preocupa la propia importancia se tiene libertad total. Se tiene un propósito, se vive en júbilo, y uno espera que el mundo sea un lugar divino donde amar a los otros. En realidad está creando de nuevo su mundo con su recién hallada libertad.

Verse a sí mismo como un ser espiritual sin etiquetas es una manera de transformar el mundo y alcanzar un lugar sagrado. Comencemos por tomar la decisión de ser libres despojándonos del pasado. Cuando uno se deshace de su historia sabe que no es ni su nombre, ni su cuerpo, ni su mente, ni su ocupación, ni sus relaciones, ni su identidad étnico-cultural. Así pues, ¿quién somos? Lo que queda es lo invisible, lo intangible.



Cundo uno descubre su yo más sublime, experimenta esa energía interior y permite que le guíe en su vida. El adjetivo más corriente para describir esa fuerza interna es “espiritual”. Cuando hablo de espiritualidad y de ser espiritual describo, una actitud hacia Dios, un viaje interior de iluminación. Hablo de desarrollar las cualidades divinas de amor, perdón, bondad, y éxtasis que tenemos dentro. La espiritualidad no es cuestión de dogmas ni de ideas. Es luz, júbilo y concentración en la experiencia del amor y el éxtasis internos, y transmitir esas cualidades al exterior.
    Al viaje destinado a descubrir su yo más sublime lo llamo “búsqueda sagrada”. Verás que la totalidad del universo está contenido en nosotros mismos. Sabrás que todo no son más que emanaciones de nuestra existencia. Te darás cuenta de que somos quien se refleja en todas partes y que es el propio reflejo el que pasa ante nuestros ojos.

Tienes dentro de sí este poder de trascendencia sobre la vida dominada por el ego. Puedes darte la vuelta y mirar hacia el interior, descubrir nuestra naturaleza espiritual. Entonces podrás vivir cada uno de los días con la sensación de éxtasis que se deriva de hallarte en el sendero de la búsqueda sagrada. Hacer explotar la luz implica entender quién es uno y qué está haciendo aquí, en esta cosa llamada cuerpo, en este lugar llamado mundo, en este momento de nuestra vida. Pero nuestra alma interior sabe que eres eterno. En esa faceta del yo careces de forma, no tienes límites. Sin límites no hay nacimiento ni muerte. ¡Nuestro yo espiritual nunca nació, nunca morirá!
    El saber esto de una forma que no deje lugar para la duda te capacitará en gran manera para la búsqueda sagrada. Cuando llegues a ese estado sabiendo que quien somos es el yo inmutable, tendrás un propósito en la vida.



Cuando cultivamos la condición de testigos comprensivos, adquirimos la conciencia de que somos algo más que nuestros pensamientos, sentimientos y sensaciones. Más que unos cautivos del conjunto de creencias y comportamientos adquiridos practicados a lo largo de la vida. Adquiriremos una visión más amplia de quién somos, y esta nueva percepción conducirá y a niveles de vida más elevados, nos pondrá en contacto con nuestra alma eterna. Al conocer ese yo espiritual, seremos capaces de elevarnos a alturas que creencias anteriores nos impedían ver.

Cuando cultivamos la condición de espectador comprensivo, nos acercamos a la verdadera experimentación de otra dimensión, no estorbada por las limitaciones del mundo material, en la que se ve el cuerpo y los pensamientos sin identificarse con ellos. Hay una realidad espiritual disponible cuando nos separamos del yo material. La conexión con el plano superior la establecemos solo desde esa posición; la energía divina que hay en nuestro interior nos envuelve en amor y paz mientras observamos los pensamientos, sentimientos y sensaciones del cuerpo.

Cuando se produce una profunda revelación se ha de adoptar una actitud muy seria respecto de la propia vida. En el instante en que reconocemos que estamos viviendo la verdad tal cual es, tenemos que darnos cuenta de la trascendencia de lo que nos está siendo revelado.

    Dentro de nosotros existe la dimensión eterna e inmutable de nuestro yo espiritual. Éste es el yo invisible que le habla al yo físico. Es el pensador de los pensamientos. Cuando uno es realmente capaz de creer en el dominio espiritual del espectador, entonces nada va mal, porque el mal carece de sentido para el observador. Todo tiene su orden. Es como vivir en el paraíso, donde está la eternidad y el alma, al tiempo que uno se encuentra en el cuerpo físico. Pero en este espacio, el cuerpo no es el centro de la existencia.


Wayne Dyer – Tu Yo Sagrado

jueves, 18 de agosto de 2016

Recobrar la Mente (Ramiro Calle)



La mente es desarrollable, purificable y factible de ser puesta al servicio de la evolución interior y el perfeccionamiento. Claro que solo algunos seres humanos se deciden a hacerlo. Los restantes siguen aceptando un mente semidesarrollada, crepuscular, en continuo deterioro.

La mente es una gema preciosa. La mente es una orquídea espléndida, solo en proyecto. Lo que la mente termine siendo dependerá del trabajo que se lleve a cabo con ella. Este trabajo nadie puede realizarlo por nosotros, nadie puede purificarla por nosotros. La mente es un gran misterio, sí, pero cada uno puede revelarlo por sí mismo. Si en el mundo hay tantos problemas, desencuentros y horrores, es porque comienzan en la mente. ¿Cómo podremos solucionarlos en el exterior? Mentes conflictivas, neuróticas y ávidas hacen una sociedad conflictiva, neurótica y ávida.
    Debemos aprender a bregar con nuestra mente, es insatisfactoria e indócil, pero puede volverse dócil y dichosa. La mente admite una radical transformación; tal como es ahora, también podría ser de otra forma. Todas las facultades de la mente pueden desarrollarse, pero lo más importante y prometedor: se pueden modificar los cimientos de la mente y proporcionarle una nueva manera de vivenciar, mirar, relacionarse. No hay que ser triunfalistas, no es un trabajo fácil, pero la mente del año próximo será como nosotros vayamos haciéndola a cada momento. Recogeremos la mente que cultivemos, como ahora hemos recogido la mente que hemos permitido.




La mente ha ido construyendo autodefensas, parapetos, se ha atrincherado. Ha construido su propia cárcel; más aún: ella misma es la cárcel. Complaciéndose neuróticamente en su propio egocentrismo sin límite, en su paranoica autoimportancia, una mente tal se contrae, se enrarece, se petrifica. Entonces conecta, por así decirlo, con longitudes de onda lerdas, insensitivas, egocéntricas, torpes, mezquinas. Pero si estamos más abiertos y fluidos, si hacemos la mente más expansiva, conecta con longitudes de onda creativas, amorosas.

La mente es una gran jaqueca, ésta vive a la sombra del pasado que anega el presente y condiciona el futuro. Se resiste al momento y añora momentos anteriores o se ilusiona con momentos posteriores, impidiendo así su madurez. Se obsesiona por el logro, por la meta, y deja de apreciar el camino, el proceso. Cuando conquista el logro se sacia, se hastía y se propone otro logro; cuando no alcanza el logro se siente frustrada, lastimada, deprimida; ha entrado en una dinámica peligrosa. Tanto quiere disfrutar, que no disfruta; tanto teme sufrir, que sufre más; tanta demanda de seguridad exige que cada día está más insegura.



Tal como se encuentra ahora, la mente está enferma. No es una exageración. Es una mente herida, desgastada y sometida a sus propias limitaciones y paranoias. De algún modo todavía se está a tiempo y es posible modificarla. Por eso hablo de recobrar la mente, de recuperar su estado original de salud total, entendimiento correcto y cordura. En todo ser humano puede ser restablecido o rescatado ese elemento de cordura. Mediante el método adecuado es posible alertar la mente, amplificar la conciencia, ganando terreno al inconsciente, aproximarse al propio ángulo de quietud interior y reencontrar la inteligencia primordial.

El trabajo interior debe consistir en “desembobinar” la bobina de autoengaños reactivos, acrecentar la conciencia para obtener un nuevo modo de ver y comprender, desalojar los pensamientos y emociones negativas mediante el cultivo de los positivos, ejercitar metódicamente la atención mental para mejorar la relación con nosotros mismos y con los demás, desenraizar los venenos de la mente y conquistar la clara energía de la ecuanimidad.

Aquietarse, detenerse, remansarse, estar, ser… es un medio para reconectar con nuestro propio ángulo de quietud y empezar a transformarse. Cuando las modificaciones de la mente van cediendo y nos vamos desprendiendo de la fuerza centrífuga del pensamiento y cortando con todo lo exterior, vamos sumergiéndonos en lo más profundo de nosotros, atravesamos el núcleo caótico y confuso y, en un gradual y saludable vaciamiento vamos estableciéndonos en nuestra naturaleza más genuina, en un estado de paz y de dicha. Este arte de la detención se ejercita y se aprende. La quietud se torna en ojo de buey hacia otro modo de vivenciar y ser. Cualquiera puede aprender.




Cuando con un entrenamiento adecuado y el trabajo interior vamos recobrando la mente, comienza a emerger una nueva forma de espontaneidad y expresión muy pura. También brota, como una bella luz, la percepción pura, no contaminada por el fango del inconsciente, ni condicionada por el pasado. Para ello hay que ganar una dimensión de la mente libre de las tensiones comunes, y son posibles percepciones que escapan a la mente ordinaria. Esa dimensión supraconceptual se gana mediante un entrenamiento, un trabajo interior que proponga: el desarrollo metódico de la atención pura; el establecimiento en la firme ecuanimidad; la actitud meditativa en la vida diaria; el desenraizamiento de las negaciones y los venenos mentales, el cultivo de sentimientos nobles y positivos; la práctica de métodos y técnicas de contramecanicidad, como el yoga y otras artes.


Ramiro Calle – Recobrar la Mente

domingo, 7 de agosto de 2016

La Ley de la Resonancia (Pierre Franckh)


Según los más recientes conocimientos de la física cuántica, de la biología cuántica, de la matemática moderna y de la epigenética, se hace cada vez más evidente que invariablemente es el poder de los patrones de las convicciones humanas el que nos lleva a ser lo que nosotros creemos que somos: desde la salud hasta la enfermedad, desde las defensas inmunitarias hasta nuestro equilibrio hormonal, desde nuestra capacidad de autocuración hasta nuestra capacidad de ser felices.
    Los verdaderos límites se hallan solo en nuestra cabeza. Por lo demás, tenemos ante nosotros un caudal de posibilidades ilimitadas. Con nuestras convicciones no solo influimos en nuestra propia vida, sino en todo nuestro entorno. Con nuestra fuerza mental y nuestros sentimientos tenemos la posibilidad de acometer en nuestra vida todos los cambios que tanto deseamos.

A través de la Ley de la Resonancia entendemos que todo en el universo se comunica entre sí por medio de vibraciones. Todas las cosas y todos los seres vivos tienen una vibración propia. Existe un campo cuántico que une todo con el todo.
    Este campo de energía recibe varios nombres: matriz divina, holograma cuántico, etc., pero lo especial es que no se parece a ninguna de las formas de energía conocidas hasta la fecha. Este campo energético, que parece funcionar como una red compacta, tiende una especie de puente entre el mundo interno y el externo, nos permite estar unidos con el todo, ya sea de manera consciente o inconsciente, de tal manera que podemos modificar nuestro ADN solo con la fuerza mental. Lo que sentimos, pensamos o decimos de manera persistente, o nuestra convicción, será captado por nuestro ADN intensificando nuestro campo de resonancia. Por ello, cada pensamiento de pérdida refuerza una nueva pérdida y cada convicción con respecto a una victoria refuerza una nueva victoria. Por esta razón, todo lo que queremos modificar en el mundo exterior solo puede ser modificado por medio de nuestro modo de pensar.



Nuestro ADN esté en condiciones de establecer conexiones con todo lo que existe. Esta comunicación tiene lugar fuera del espacio y el tiempo, en una dimensión superior. Mientras mantengamos nuestros deseos y visiones –o también nuestros miedos y temores– nuestro campo de resonancia atraerá lo que tenga una vibración semejante. Invariablemente, es la fuerza de las convicciones humanas lo que hace que nos convirtamos en aquello en lo que creemos.
    Ya sea por la energía de nuestro corazón, por nuestro ADN o por nuestro cerebro, gracias a la fuerza del pensamiento, continuamente –tanto si queremos como si no– enviamos impulsos hacia el exterior, y éstos chocan con la energía de otras personas, que no pueden evitar vibrar cuando se encuentran en el mismo campo de resonancia.

Si utilizáramos esta capacidad de manea concreta, disponemos de la posibilidad de transformar nuestra vida según nuestra voluntad. La premisa para ello es que conozcamos el verdadero alcance de nuestras convicciones y de nuestros pensamientos y dirigirlos de manera consciente.
    La energía no indaga sobre moralidad o provecho, reacciona solo de acuerdo con los impulsos que emitimos. La Ley de la Resonancia dice siempre “sí”; además, podemos abandonar otra vez este mundo que hemos creado. Solo hemos de hacer una cosa: modificar un poco nuestras perspectivas. La clave está en darnos cuenta de cómo podemos transformar de manera consciente nuestro campo de resonancia, de modo que atraigamos a nuestra vida las experiencias que deseamos. En cuanto nos consideremos como parte de este mundo y no como algo separado de él, habremos dado el primer paso para atraer a nuestra vida todos nuestros deseos y anhelos. Cuando comprendamos de qué manera estamos unidos con todo, tendremos acceso a la mayor fuerza del universo.



Se ha descubierto que nuestro cerebro es moldeable, tiene la capacidad de variar de manera radical sus conexiones y de crear nuevos enlaces de neuronas, cuando hacemos o pensamos cosas nuevas durante un tiempo. En un plazo breve, la nueva habilidad, los nuevos pensamientos o las nuevas convicciones se convertirán en una verdad llena de fuerza, el cerebro se ajusta a ello. Solo el trabajo constante con las nuevas convicciones deseadas nos permite eliminar las viejas muestras no deseadas. Las afirmaciones nos ayudan a transformar nuestra fe de la manera más rápida. Cuando no disponemos de algo, es que no hemos creado el campo de resonancia adecuado para ello.

En tu mundo solo puede suceder aquello que tú mismo eres. Cualquier otra cosa no puede realizarse. Cuanto antes entres en resonancia contigo mismo, antes tu mundo cambiará de tal manera que te parecerá un milagro.

    ¿Es posible cambiar el mundo de manera duradera por medio del pensamiento positivo?


Pierre Franckh – La Ley de la Resonancia

lunes, 25 de julio de 2016

Conviértete en lo que eres (Alan Watts)




Algunos de nosotros siempre estaremos intentando –con un exasperante grado de relativo éxito mejorar de un modo u otro, y por más que queramos aceptarnos a nosotros mismos, lo seguiremos haciendo. La renuncia a uno mismo y la aceptación de sí mismo no son más que diferentes nombres para definir la misma cosa, el ideal para el que no existe un camino, el arte para el que no existe una técnica. Evidentemente, hay una vital contradicción en la idea de renunciar a uno mismo, y también en la de aceptarse a uno mismo. Nuestras tentativas de rechazo o aceptación son igualmente infructuosas, ya que no logran alcanzar ese centro inaccesible de nuestro yo más íntimo que está intentando aceptar o rechazar. La parte de nosotros que puede cambiarnos es la que necesita ser cambiada.

El único resultado importante de cualquier serio intento de renunciar o aceptarse a sí mismo es el humillante descubrimiento de que es imposible. Y a eso se refiere precisamente la muerte de uno mismo, que es la improbable fuente de un modo de vida tan nuevo y tan vivo que da la sensación de haber vuelto a nacer. En sentido metafórico, el ego muere al descubrir su propia incapacidad, su ineptitud de hacer variar algo de uno mismo que sea realmente importante.
    Cuando la vida nos obliga finalmente a ceder, a rendirnos ante la plena manifestación de lo que ordinariamente se llama “temor a lo desconocido”, el sentimiento reprimido surge súbitamente como un manantial de puro gozo. Lo que antes se experimentaba con horror a nuestra inevitable mortalidad, se transforma, por medio de una alquimia interior, en un casi extático sentido de liberación de las cadenas de la individualidad.

Pero es exactamente cuando descubro que no puedo abandonarme a mí mismo cuando me abandono; exactamente cuando creo que no puedo aceptarme cuando me acepto. Ya que al topar con la dura roca de lo imposible es cuando uno alcanza la sinceridad, en la que ya no puede perdurar el encubridor “juego del escondite” del yo y del mí, del “buen yo” que trata de cambiar al “malo de mí”.



Recibir el universo en uno mismo, a la manera de algunos “místicos”, es vanagloriarse con la idea de que uno es Dios, creando una nueva oposición entre el gran todo y la degradada parte. Darse de modo pleno e incondicional al mundo es convertirse en una no-entidad espiritual, un mecanismo, una cáscara, una hoja llevada por los vientos de las circunstancias. Pero, si al mismo tiempo, se percibe el mundo y se abandona el yo, entonces prevalece esa unión que origina el Segundo Nacimiento.
    Así, cuando decimos que de la unión del yo y la vida (o el mundo) nace el Cristo, queremos dar a entender que el ser humano se eleva a un nuevo centro de conciencia en el cual no es él ni solo él mundo… En realidad, este centro ya existía...
  
El desapego significa no sentir ningún remordimiento por el pasado ni miedo por el futuro; dejar que la vida siga su curso sin intentar interferir en su movimiento y cambio, sin intentar prolongar las cosas placenteras ni provocar la desaparición de las desagradables.
    Actuar de este modo es moverse al ritmo de la vida, estar en perfecta armonía con su música cambiante, a esto se llama iluminación. Dicho brevemente: es no apegarse al pasado ni al futuro y vivir en el eterno ahora. Por sí mismo el pasado y el futuro son una ilusión. La vida existe solo en este preciso momento, y es en este momento cuando es infinita y eterna. Ya que el momento presente es infinitamente pequeño, antes de que podamos medirlo ha desaparecido y, sin embargo, persiste para siempre. Este movimiento y cambio ha sido llamado Tao por los chinos.
    Un sabio dijo que si pretendemos vivir en armonía con el Tao debemos alejarnos de el. Pero no acababa de estar en lo cierto. Ya que lo curioso del caso es que no podemos alejarnos de él aunque queramos; aunque tus pensamientos huyan hacia el pasado o corran hacia el futuro; no pueden escapar del momento presente.


Quizá te creas fuera de la armonía de la vida y de su eterno ahora, pero no podrías existir, ya que tú eres vida y existes ahora. De ahí que no sea posible escapar ni atrapar el Tao infinito; no hay ni un acercarse a él, ni un alejarse de él; simplemente es, y tú lo eres. Por lo tanto, conviértete en lo que eres.




Alan Watts – Conviértete en lo que eres