jueves, 22 de diciembre de 2011

Mayas y Egipcios, descendientes de Atlantes: la Profecía de Orión 2012 (Patrick Geryl)






























Vamos a detenernos ahora en el libro de Patrick Geryl  “La Profecía de Orión” (2004), seleccionando de las primeras páginas parte del proceso de cómo avanzó en su investigación. (Para el que quiera profundizar en detalle, este libro lo tengo disponible al completo en formato Word).




    “La motivación que me impulsó a escribir este libro fue el enojo, la deses­peranza y la frustración. El sueño de mi vida se destruyó con una serie de descubrimientos que apuntan a una inminente catástrofe mundial, de hecho, la más grande de la historia de la humanidad. Nunca antes estuvo la Tierra tan densamente poblada, por lo tanto, este será un desastre sin parangón. 

    Cuando me enteré, quedé destrozado y profundamente conmovido, sin poder conciliar el sueño durante noches enteras y esto comenzó a regir y dominar mi vida entera. Allí, toda mi certidumbre en la vida, al igual que todos mis sueños, colapsaron, entonces decidí investigar. Si este desastre en verdad va a ocurrir, yo tenía que comprobarlo con una sólida evidencia, pues se trata de la super­vivencia de la humanidad.

    Naturalmente, investigué y tuve éxito en develar este inminente desastre global. Prepárese para leer los descubrimientos más sorprendentes de nuestra moderna civilización. El desastre natural que nos golpeará excederá la com­prensión de todos. Sus pensiones ya no tendrán valor; de hecho, ya cancelé las mías. No hay un solo gobierno que tome medidas para tratar de sobrevivir a la catástrofe y nadie lo creerá hasta que sea demasiado tarde. Por eso usted tendrá que controlarse y diseñar su propia estrategia de supervivencia. Yo actuaré como un banco de datos. Sobrevivir a tal inmenso desastre será suma­mente difícil, si nada se ha preparado. Se destruirán los suministros de ali­mentos, no habrá atención médica y los profesionales que trabajan en los res­cates, ellos mismos también habrán muerto. En resumen, sin un cuidadoso planeamiento no lo lograremos. Por lo tanto, debemos formar grupos urgente­mente, para empezar a trabajar en esta enorme tarea. Será necesario construir "Arcas de Noé" para que nos transporten cuando lleguen las marejadas, y tam­bién procurarnos suministros de alimentos y energía. Habrá que hacer innu­merables cosas y sólo nos quedan unos pocos años antes de la fecha fatal. Espero que se acerquen muchos voluntarios para poner en práctica la estrate­gia de supervivencia que detallaré en este libro.

    Cuando tiene lugar un deslizamiento de la corteza, algunos continentes se mueven hacia los Polos y otros se alejan de ellos, y una ola gigantesca cruza toda la Tierra. Los sobrevivientes no pudieron hacer otra cosa más que huir de su tierra condenada, el día en que la Atlántida se movió hacia el Polo Sur; y en este libro demostraremos con claridad que tales cosas sucedieron. Inmediatamente después de los acontecimientos, la agricultura prosperó en distintas partes del planeta. Esto, sin dudas, relaciona la muerte de un mundo con la fundación de nuevas culturas en los lejanos continentes. Así, los atlantes estuvieron presen­tes no sólo en el origen de la cultura maya, sino también en el de la india, china y egipcia. Casi todos están familiarizados con la leyenda de la Atlántida, la tierra que desapareció en terribles terremotos de desconocida intensidad. El filósofo griego Platón tuvo noticias de ello, en el antiguo Egipto. Si todo esto es verdad, entonces tiene que haber una conexión entre las profecías maya y egipcia.

    Revisé varias obras sobre cultura egipcia y sus grandes logros me impre­sionaron cada vez más. Un caleidoscopio de templos, pirámides, obras de arte, esfinges, etc., des­filaron ante mis ojos, pero no hallé la conexión; eso fue frustrante. Les conté a varias personas amigas sobre mis malogrados intentos, hasta que uno de ellos me preguntó: 
_¿No has leído aún "La serpiente en el cielo"?
_No, ¿quién lo escribió?
_John Anthony West. Muestra evidencia de que la Esfinge es miles de años más antigua de lo que siempre se ha pensado y que el secreto conocimiento de la Atlántida tal vez esté oculto justo debajo de ella.

    ¡Ahí está! pensé, si los atlantes manejaban esta importante información, entonces tenían que estar interconectados con el mundo egipcio. Empecé a leer el libro y me sorprendió que yo hubiera subestimado su inteligencia. Sus matemáticas tenían un nivel sumamente alto y el libro contiene ejemplos de ello; en verdad, me asombró sobremanera. También me enteré de que nadie logró traducir aún una parte importante de los jeroglíficos. "¡Qué mal!", pensé, "si debo empezar aquí, esto será una tarea imposible". Leí casi el noventa por ciento del libro, aprendí muchísimo, pero no lograba avanzar, hasta que co­mencé el capítulo denominado Egipto: Heredero de la Atlántida. En él, West comenzó a investigar la edad de la Esfinge, siguiendo una sugerencia del filósofo francés R. A. Schwaller de Lubicz, quien dijo que los patrones de erosión sobre la Esfinge apuntan a ser más antiguos de lo que siempre se ha asumido. Demostrar esto se convirtió en el motivo de su vida. De ser cierto, testimoniaría que la civilización egipcia es miles de años más anti­gua de lo que comúnmente se creyó y que provendría de la Atlántida.

    Estaba por terminar el libro, pero aún no hallaba nada que resultase de utilidad para mi investigación y estuve a punto de abandonarlo, cuando en la anteúltima página, algo llamó mi atención. Allí vi fotos y dibujos del zodíaco de Dendera; se lo veía radiante y misterioso al mismo tiempo. Yo nunca había sido un creyente de las predicciones de un zodíaco y su existencia casi me hacía reír. Pero entonces, en una décima de segundo, mi manera de razonar y también mi vida, cambiaron profundamente. Cada vez más perplejo miré las antiguas escrituras; eran una sublime obra de arte, algo especial y único en la ciencia arqueológica. Más aún, eran mágicas, inspiradoras y tenían cierto en­canto. Supe que Cotterell halló muchos más códigos en la tumba de Palenque, de los que alguien podría imaginar a primera vista y aquí también, tuve la sensación de que este sería el caso. Pero ¿cómo descifrar el código? Los jeroglí­ficos superaban con largueza mi comprensión, y los dibujos, aunque mucho más claros, contenían un código terriblemente difícil. Esta obra de arte no fue realizada para reírse de ella y luego dejarla de lado. Muchas personas creen en las predicciones del zodíaco, por lo tanto, asumamos que está basada en la realidad. Aceptemos también que los autores del zodíaco querían compartir parte de su sabiduría, por ejemplo, el día del fin de la Atlántida y el día del próximo cataclismo. ¡Eso debe ser! ¡No puede tratar­se de ninguna otra cosa!



    ¡El zodíaco predijo la fecha exacta del próximo fin de la Tierra!, y fue mi intuición la que me condujo a esta conclusión. Más adelante, claramente, lo intuido resultó ser cierto. Sentí que con gusto estaba dispuesto a dar parte de mi vida para resolver estos acertijos, aunque por supuesto no podía hacerlo solo. Necesitaba con urgencia la ayuda de un egiptólogo, pues esta era la única manera de revelar los antiguos misterios…

    "Lo que usted me está diciendo aquí podría ser cierto y si se publicara, podría provocar bastante consternación. Pero está bien, hay algo que debemos hacer primero: descifrar el código Dendera".
Gino Ratinckx tomó un libro de un estante: "Pienso que tengo precisamente lo que necesita. Aquí está la decodificación de El libro egipcio de los muertos. Hasta la fecha de publicación de este libro, nadie ha­bía logrado decodificar las veneradas escrituras. Este autor, Albert Slosman, lo hizo, y ¡quedará sorprendido por su contenido!"
Con respeto, tomé el libro en mis manos y, de inmediato, me di cuenta de que había generado en mí un intenso sentimiento. ¡Este era el indicado! Y aquí yo iba a hallar códigos de suma importancia. Esa misma noche empecé a leer la obra y hallé claves de una catástrofe.

    Afortunadamente, mi intuición no me abandonó y no pasó mucho tiempo antes de que yo comprendiera la importancia de algunos de los códigos. Todo el resto era menos importante para mi investigación. Lo que había leído era suficiente para poner el mundo de la egiptología patas para arriba. Las traduc­ciones del Libro Egipcio de los Muertos eran desastrosas, estaban tan llenas de flagrantes errores e interpretaciones equivocadas, que no quedaba nada de su significado original. Sólo Albert Slosman logró traducir las venerables escri­turas correctamente y yo pude distinguir con claridad sus asombrosas conclu­siones. En primer lugar, el título del libro era una versión errónea, pues debe­ría llamarse El libro de la luz y no El libro de los muertos. ¿Por qué este título? Porque describe con precisión los acontecimientos celestiales que se produje­ron durante la caída de la Atlántida. Más aún, describe cómo los sobrevivien­tes fueron guiados por el Sol en su huida a Egipto. Pero lo más importante fue lo sucedido en el Sol mismo. Como el tema central de las escrituras es, en especial, el hecho de que el Sol irradiaba la luz de la luz —en otras palabras, una luz increíblemente intensa—; el nombre correspondiente es El libro de la luz.

“Soy el más Elevado, el Primero, el Creador del Cielo y la Tierra, soy el Moldeador de los cuerpos humanos, y el proveedor de las partes espirituales. He colocado al Sol sobre un nuevo horizonte, como un signo de benevolencia y como prueba de la Alianza”.

    El día de la destrucción: "He colocado al Sol sobre un nuevo horizonte". Más adelante, en el libro se dice que el Sol "da vueltas" en el zodíaco (= cordón), lo cual significa que el Sol se mueve por los signos del zodíaco. La única interpretación correcta para esto es que no es el Sol sino la Tierra la que giraba sobre su eje. Este girar sobre el eje hizo que el Sol se elevara a un nuevo horizonte. En otras palabras, la corteza terrestre se había movido, tal como yo lo había leído en otros libros. Los egipcios hablan en sus textos en carácter de testigos de esos notables acontecimientos. Quedé sin aliento cuan­do empecé a darme cuenta de esto. En otra nota, hallé que este evento, "el gran cataclismo", sucedió el 27 de julio de 9792 a.C. Por otro lado las posiciones de Orion y Aldebarán coinciden de manera precisa con ambas informaciones. Yo lo había calculado manualmente y ocu­rre tres veces en doce mil años. La otra fecha es 3114 a.C. Eso podría ser correcto porque varios pueblos, entre ellos los mayas, comienzan su era desde este punto.

    Entonces, algo me sucedió: "Espere un minuto", dije, "los códigos del pa­sado tienen que coincidir exactamente con los códigos del 21 / 22 de diciembre de 2012. ¡Tienen que hacerlo! Si las estrellas y planetas durante la desapari­ción de la Atlántida tuvieron cierta posición, esto apunta a una similitud con ese acontecimiento; esa era su manera de describirlo".

    ¡Allí estaba! Me sentía como si estuviera dando saltos mortales. Con esta prueba quedaba irrefutablemente demostrado que la fecha de la destrucción del mundo en el año 2012 provenía de los atlantes. Más aún, los egipcios tenían que conocer esta fecha también. Pero esto era para más adelante. Nadie podía negarlo: la fecha de la destrucción de la Atlántida era ciento por ciento correcta. Esto hizo del trabajo de Slosman algo incontestable de un solo golpe. El mundo egiptólogo entero podrá hacer lo que le plazca, ¡pero la Atlántida era un hecho! Y con él, también la desaparición futura de nuestro mundo. 

    El he­cho de que yo hubiese resuelto esto tan rápidamente me dejó sin habla. Algu­nos meses después, Gino me dijo que sus cálculos no eran una prueba real, pero para entonces ya habíamos descifrado los verdaderos códigos de la des­trucción, contenidos en las venerables escrituras egipcias. Con esto teníamos la prueba definitiva de la exactitud de nuestra teoría. Media hora más tarde me encontraba observando, junto a Gino, el cielo del año 2012…"


(A continuación, detallamos la bibliografía seleccionada. Todos los datos tomados como referencia pueden hallarse en estos libros. Dada la excepcional importancia de esta obra, sólo se mencionan los libros relevantes, para que los lectores y los investigadores no pierdan su tiempo inútilmente).

Bauval, Robery Graham Hancock, Keeper ofGénesis, Heinemann, 1997.
Berlitz, Charles, Atlantis, G.P. Putnam & Sons, Nueva York, 1984.
Cotterell, Maurice M. y Gilbert Adrián, The Mayan Prophecies, Element Books, 1995.
Félix, W. Robert, Not by Fire but by Ice, Sugarhouse Publishing, 2000.
Flem-Ath, Rand y Rose, When the Sky Fell, Weidenfeld, 1995.
Hancock, Graham, Fingerprints ofthe Gods, Heinemann, 1995.
Hapgood, Charles, Maps ofthe Ancient SeaKings, Adventures Unlimited Press, 1995.
Hapgood, Charles, The Path ofthe Pole, Adventures Unlimited Press, 1999.
Hoffer, Frank, Lost Americans, Nueva York, 1961.
Moore, Patrick, The Atlas ofthe Universe, Mitchell Bearly Ltd., 1970.
Morton Chris y Ceri Louise Thomas, The Mystery ofthe Crystal Skulls, Thorsons, 1979.
Poechan, Andre, L'Enigme de la Grande Pyramide, Laffont, 1971.
Sagan, Carl, Cosmos, Carl Sagan Producciones, 1980.
Slosman, Albert, Le grand cataclysme, Laffont, 1976.
Slosman, Albert, Le livre de l'au-delá-de la vie, Baudouin, 1979.
West, John Anthony, Serpent in the Sky, Wildwood House, 1979.
Wilson. Colin, From Atlantis to the Sphinx, Virgin, 1996.



2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Pero pasó el 2012 con toda su carga tremendista y las profecías no se cumplieron. Sería necesario volver a revisar los cálculos de fechas, o parecerá que todo fue un apropiado best-seller.

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