viernes, 15 de julio de 2011

Sobre "El Libro Egipcio de los Muertos"

También conocido como “El Libro del Gran Despertar” y que, para entendernos, podríamos traducir como “Manual para lograr el bienestar en la vida futura”, fue encontrado en una tumba de la XVIII dinastía, cerca de Luxor, y era una copia en papiro del mismo escrito en torno al 1500 a.c. por Ani, escriba real de Tebas, a base de jeroglíficos. Era copia de textos más antiguos que se pierden en la noche de los tiempos, y que fue el referente religioso más importante durante, al menos, tres mil años, y describe con todo detalle el ritual que debía celebrarse para los difuntos, en el que se facilitan instrucciones sobre cómo debía conducirse el espíritu desencarnado en el País de los Dioses, ó Amenti, nombre que los egipcios daban a la morada del hombre después de la muerte, y también se traduce como “manifestado en la luz”, “procedente del día”, “manifestándose de día”, en general la forma de fortalecer_o perfeccionar- el khu:
el "luminoso","el claro"," la gloria", es una de las partes inmortales del hombre, probablemente representa al espiritu o alma. Su simbolo es una llama de fuego.
Tambien llamado "akh",el espiritu activo,inmortal y no limitado al tiempo o espacio, es el elemento mas elevado que se puede aspirar.

El libro profundiza la creencia de los egipcios en la vida eterna, asociada con la existencia del Sol. Éste salía cada mañana con renovada fuerza y vigor, y la renovación de la juventud en una vida futura era la meta y el objetivo de todos los creyentes egipcios. En el papiro de Ani se representa al fallecido cuando ha llegado a un lugar remoto y lejano, donde no hay aire para respirar ni agua para beber, pero donde puede conversar con Tmu, ó Nefer, qe representa al dios sol que surge del loto. En respuesta a su pregunta: ¿Cuánto tiempo me queda para vivir?, el gran dios Annu responde. “tú existirás millones de millones de años”. En otro capítulo, Ani proclama la “duración infinita de la existencia pasada y futura del alma, así como su naturaleza divina”, pero en ningún lugar se nos dice que el cuerpo corruptible del hombre voverá a alzarse; la idea prevaleciente es que el cuerpo se queda en la tierra mientras el alma ó espíritu vive en el cielo. Sin embargo, no cabe duda de que los egipcios creían firmemente en que, además del alma, había algún otro elemento del hombre que volvería a la vida.

La conservación del cuerpo estaba conectada de algún modo con la vida en el mundo futuro, y era necesario preservarlo para asegurarse la vida eterna. La existencia eterna del alma se afirma con la repetida mención de la reunificación del cuerpo, al igual que Osiris. Pero el cuerpo no queda inoperante en la tumba, porque las oraciones y ceremonias del día del funeral le dotan del poder de transmutarse en “sahu” o cuerpo espiritual, que es capaz de asociarse con el alma y mantener conversación con ella. De esta forma puede ascender al cielo y morar con los dioses, con el “sahu” de los dioses y con las almas de los justos. En una edición posterior, se dice que el fallecido “mira a su cuerpo y descansa en su sahu”.

El corazón estaba muy conectado con los cuerpos natural y espiritual, o más bien con esa parte de ellos donde se asienta la fuerza de vida y que es la fuente de los pensamientos buenos y malos. Además, el hombre tenía una individualidad o personalidad abstracta con una existencia absolutamente independiente. Podía moverse libremente de un lugar a otro, separándose del cuerpo ó uniéndose a él a voluntad, y también disfrutando de la vida con los dioses en el cielo. Éste era el “ka”: doble, imagen, genio, carácter, disposición y atributos mentales. Las ofrendas funerarias de carne, pasteles, cerveza, vino, ungüentos, etc, eran para el ka, que los agradecía y consumía. Cuando éstas se terminaban, el ka se alimentaba de las ofrendas pintadas en las paredes de la tumba, que se transformaban en el alimento adecuado gracias a las oraciones de los vivos.

Por otro lado, daban el nombre de “ba” a esa parte del ser humano que, sin sombra de duda, se creía que podía disfrutar una existencia eterna en un estado de gloria; esta palabra significa algo así como “sublime”, “noble”, y hasta la fecha ha sido traducida como “alma”. El ba no es corpóreo, aunque habita en el ka, y es el principio de la vida del ser humano, todavía posee sustancia y forma; en cuanto a su forma se le retrata como un halcón con cabeza humana, y en naturaleza y sustancia se dice que es extremadamente etéreo y refinado: era eterno.
Para sintetizar, la totalidad del hombre consistía en un cuerpo natural, un cuerpo espiritual, un corazón, un doble, un alma, una sombra, una envoltura etérea intangible o espíritu, una forma y un nombre. Todos ellos estaban indisolublemente unidos, y el bienestar de cualquiera de ellos influía en el bienestar de todos los demás.

Para el bienestar de las partes espirituales era necesario preservar el cuerpo natural de la descomposición. Los textos guardan silencio en cuanto al tiempo en que la parte inmortal comienza su existencia beatificada, pero es probable que el “Osiris” de un hombre sólo llegara al pleno disfrute de la felicidad espiritual después de que las ceremonias funerarias hubieran sido debidamente realizadas, y se hubiera recitado el ritual. Cuando el “Osiris” de un hombre ha entrado en el cielo como alma viviente, se le considera uno de aquellos que “han comido el ojo de Horus, él camina entre los vivos y se convierte en Dios, el hijo de Dios, y todos los dioses del cielo se convierten en sus hermanos”. Esta identificación le sitúa en la posición de regente supremo, él es el hermano de la Luna, él es el hijo de la estrella Sothis (Sirio), él da vueltas en el cielo como Orión. Los dioses, masculinos y femeninos, le rinden homenaje, todos los seres del cielo le adoran. Su sitio está al lado de Dios, en el lugar más sagrado, y llega a serDios y un ángel de Dios; él mismo es triunfante. Para él, “la tierra es abominación, porque su alma ha hecho estallar para siempre los lazos del sueño en su casa que está sobre la tierra, sus calamidades han llegado a su final.

El capítulo (ó placa) XVIII dice :

“Mi alma ve al gran dios dentro de la barca de Ra en el día de las almas.
Mi alma está al frente, entre ésas que cuentan los años. Ven; el ojo de Horus, que establece las glorias sobre la frente de Ra y rayos de luz sobre los rostros de aquellos que están con los miembros de Osiris, ha salvado mi alma.
Oh, no encerréis mi alma, no encadenéis mi sombra; que puedan contemplar al gran dios dentro del templo el día del juicio de las almas, que yo repita las palabras de Osiris.
Que esos seres cuyas moradas están ocultas, que encadenan los miembros de Osiris, que encadenan las almas de los Khu, que encierran la sombra de los muertos y pueden hacerme mal…, que no me hagan mal, que alejen sus caminos de mí. Tu corazón está contigo; que mi alma y mi Khu estén preparadas contra su ataque.
Que me siente entre los grandes gobernantes que habitan en sus residencias; que mi alma no sea aprisionada por aquellos que encadenan los miembros de Osiris, y que encadenan las almas, y que encierran la sombra de los muertos.
El lugar que tú posees, ¿no es el cielo?”.

martes, 12 de julio de 2011

¡Oh, energía de Dios!, ¡oh Dios!, por favor, ocúpenme en Su servicio. (Swami Prabhupada)

Este texto lo he elaborado a partir del libro de Bhaktivendanta Swami Prabhupada "La Ciencia de la Autorrealización". Pido disculpas de antemano si por mi ignorancia en algún momento he podido desvirtuar el mensaje, debido al elevado nivel de estas enseñanzas. Me he permitido trascribir en muchos casos literalmente el texto original pero, en otros, quizá haya añadido algo de mi personal entendimiento. Por todo ello pido se me disculpe de mi atrevimiento, pero la lectura me ha llegado profundamente y he sentido el deber de comunicarla... !Hare Krisna!

Multitud de veces hemos visto a los seguidores de Krisna, ataviados con túnica azafrán, cantar y bailar con regocijo una estrofa que ha dado la vuelta al mundo: “Hare Krisna, Hare Krisna, Krisna, Hare Hare/Hare Rama, Rama Rama, Hare Hare” que pocos han entendido su verdadera finalidad y significado. Tal como titulo este estudio, este cántico tenaz significa: ¡Oh, energía de Dios!, ¡oh Dios!, por favor, ocúpenme en Su servicio. Pero… ¿sabemos en qué consiste? Me temo que a muchos occidentales nos parecerá un nuevo tipo de fanatismo religioso, un adoctrinamiento excesivo, una dedicación con poco sentido. Nada más lejos de la realidad.

El maestro Prabhupada es uno de los más importantes propagadores de la Conciencia de Krisna. Fue encargado de su difusión en los años 60 del siglo pasado y destinado a los EE.UU, comenzando su misión en soledad, y ayudado por un pequeño tambor repetía sin cesar dicho canto. Rápidamente se le fue agregando una gran multitud de personas, ansiosos de una verdadera espiritualidad y de dar sentido a su existencia. Este movimiento de conciencia de Krisna no es un ciego fanatismo religioso, ni es una revuelta causada por algún reciente advenedizo, es más bien una manera autorizada y científica de entender cuáles son nuestras necesidades eternas en relación con la Absoluta Personalidad de Dios, el Disfrutador Supremo. El proceso de conciencia de Krisna simplemente trata de nuestra relación eterna con él y el desempeño de los deberes hacia Él. Así, el cultivo de la conciencia de Krisna nos permite lograr la perfección más elevada que se puede alcanzar en la actual forma humana de existencia.

Afirma Prabhupada que el deber del ser humano es entender su posición constitucional en relación con Dios, y actuar de acuerdo con ello. Si se hace esto, entonces nuestras vidas serán un éxito. Solemos sentirnos desafiantes y decimos: “No hay Dios”, o “Yo soy Dios”, o incluso “No me importa Dios”, pero ese espíritu desafiante no nos hará evolucionar. Debemos entender que Él es la raíz original de toda manifestación cósmica; en cierto sentido, no podemos escapar de Él. La base de esta conciencia es darnos cuenta que la vida no se nos ha dado sólo para trabajar arduamente como los animales, sino para lograr la perfección más alta. Si no queremos esa perfección, seremos forzados a estar sometidos sin ningún resultado por las leyes de la Naturaleza, y nos veremos obligado por las leyes de la naturaleza a transmigrar hacia las especies inferiores de vida.

Toda esta conciencia tiene como base los Vedas, el compendio de sabiduría más antiguo que se conoce y, especialmente, el Bhagavad Gitá, que se erige como respuesta completa al sentido de nuestra existencia. Tienen especial importancia los comentarios de Caintanya, Vyasadeva y otros espíritus avanzados que fueron capaces de clarificarnos la doctrina. Básicamente, el mensaje primordial es de que el cuerpo está anclado a la conciencia mundana por cinco fuertes cadenas: 1) El apego al cuerpo material por ignorancia de las cuestiones espirituales. 2) El apego a los parientes debido a las relaciones corporales. 3) El apego a la tierra y a las posesiones materiales. 4) El apego a la ciencia material, la cual siempre permanece como un misterio por falta de conocimiento espiritual. 5) El apego a formas religiosas y ritos sagrados, sin conocer a la Personalidad de Dios.

El paso preliminar para eliminar nuestra ignorancia y regresar a Dios es librarnos de la ilusión del concepto material de la existencia, dedicándonos constantemente a entender el conocimiento espiritual, apartándonos del goce de los sentidos. Lo primero que hay que entender es que uno es un alma espiritual y que debido a eso está mudando de cuerpo. Uno no se acaba cuando el cuerpo se acaba, se muda de cuerpo cada vez que se muere, pero “nosotros”, el alma espiritual que está dentro del cuerpo, sigue siendo el mismo. El alma espiritual es invisible para nuestra visión material, es de tamaño atómico. Después de la destrucción del cuerpo material continúa actuando el cuerpo sutil, hecho de mente, inteligencia y ego. Con la muerte material este cuerpo sutil lleva a la diminuta alma espiritual a otro cuerpo denso. Tan pronto como la fuerza viviente, el alma, abandona el cuerpo, ni siquiera el cuerpo más hermoso tiene valor y deja de existir. El alojo de este alma espiritual es el que posibilita la vida, en cuanto abandona el cuerpo, este muere, es inservible. Mientras el hombre posee todo el vigor de su vida, olvida la verdad desnuda de la muerte, con la que habrá de encontrarse. Así, el tonto no hace ninguna clase preguntas pertinentes acerca de los verdaderos problemas de la vida, piensa que no morirá, aunque a cada momento vea evidencia de muerte ante sus ojos. Aquí radica la diferencia entre la condición humana y la animal. El hombre inteligente sabe que la muerte nace cuando el nace, que está muriendo a cada segundo, y que el toque final vendrá cuando termine el lapso de su vida. Por consiguiente, se prepara para la siguiente vida, o para liberarse de la enfermedad de los nacimientos y muertes repetidos. Sin embargo, el tonto no sabe que recibe esta forma humana de vida después de una serie de nacimientos y muertes, que las leyes de la naturaleza le impusieron en el pasado. Él no sabe que la entidad viviente es un ser eterno, que no nace ni muere.

El nacimiento, la muerte, la vejez y las enfermedades son cuestiones externas que se le imponen a la entidad viviente, y ocurren debido a su contacto con la naturaleza material y al olvido de su naturaleza eterna y divina. La ignorancia de la muerte y de la vida es lo que diferencia al animal del hombre. El hombre, indaga sobre sí mismo y sobre lo que es. Desde la infancia, uno pregunta y pregunta muchísimas cosas de su vida, pero nunca pregunta sobre la verdadera esencia de la vida. Esto es animalismo. No hay diferencia alguna entre el hombre y el animal en lo relacionado a los cuatro principios de la vida material, ya que todos los seres vivientes existen mediante el comer, dormir, aparearse y defenderse. Por ello, la vida humana tiene por objeto investigar la vida eterna. Los que parezcan avanzar en cuanto a la ciencia material y esos cuatro principios, no son diferentes a los animales, no pueden sustraerse a las garras de la muerte con arreglo a la ley de la naturaleza, que funciona bajo tres modalidades: la bondad, la pasión y la ignorancia. Los que viven en condiciones de bondad son promovidos a la condición de vida superior y espiritual; los que viven en condiciones de pasión quedan situados en el mismo lugar donde están ahora en el mundo material, pero los que viven en condiciones de ignorancia se degradarán a las especies inferiores con toda seguridad.

El espíritu y la materia son cosas diametralmente opuestas. Todos nosotros somos entidades espirituales. No podemos tener felicidad perfecta por mucho que nos entrometamos en las cosas mundanas. Solo puede ser nuestra cuando seamos reinstituidos en nuestro estado natural de existencia espiritual, cuando el alma espiritual, como chispa eterna del fuego eterno de Dios, se reintegre a su origen, de vuelta a Dios. En el libro Srimad Bhagavatam se afirma: “ Todo aquel que cree ser este saco corporal, que se siente atraído por tener una relación íntima, que considera su tierra digna de admiración, que se baña en las aguas de los lugares sagrados pero que nunca sacan provecho de aquellas personas que verdaderamente poseen conocimiento, no es más que un asno o una vaca”.

Identificamos la jaula de nuestro cuerpo material con nosotros mismos, haciendo caso omiso del alma que se encuentra cautiva dentro. La jaula es la ruina del pájaro; el pájaro no está destinado a velar por el bien de la jaula, pero lo más que hacemos es tratar de darle algo de comer a la mente mediante el arte y la literatura. Pero no sabemos que esta mente es también material en una forma más sutil. Escasamente hemos tratado de darle algo de comer al alma, que es distinta del cuerpo y la mente. El mensaje de los textos védicos y los sabios que nos han precedido es que detengamos dichas actividades erróneas. En consecuencia, postrémonos a los pies de loto de Krisna, por la misericordia y bondad pura que nos ha otorgado, no malgastemos nuestra vida en la vana búsqueda de disfrute material, sino que vivamos de acuerdo con el proceso de conciencia de Krisna. El perjuicio más grande que se le pueda ocasionar a la humanidad es mantenerla en la oscuridad, en lo referente a esa conciencia. La liberación consiste en el disfrute de las condiciones plenas de la inmortalidad. Esta inmortalidad se disfruta en el reino eterno de Dios, y es el resultado que se obtiene por la adoración del Ser Supremo, la causa de todas las causas. Así pues, verdadero conocimiento significa adorar a la Suprema Personalidad de Dios (Krisna). El cultivo de este conocimiento culmina después de muchísimos nacimientos y muertes, cuano uno verdaderamente se vuelve sabio. Al volverse sabio, se entrega a Krisna, reonociéndolo finalmente como la causa de todas las causas y de todo lo que existe. Para los seres humanos hay un plan. No podemos aceptar la teoría de que no existe ningún plan para la vida humana, o de que todo nace de la casualidad y la necesidad material.

El movimiento de conciencia de Krisna no tiene nada que ver con ningún sistema de religión, es una cultura espiritual que puede resolver todos los problemas de la vida. Lo principal es seguir los mandatos de las Escrituras védicas que recomiendan, para esta era de oscuridad y degradación que es el Kali-Yuga, cantar el nombre de Dios. La manera más fácil es cantar el maha-mantra: “Hare Krisna, Hare Krisna, Krisna, Hare Hare/Hare Rama, Rama Rama, Hare Hare” Rama y Krisna son nombres de Dios y Hare es la energía de Dios, así que cuando lo cantamos nos dirigimos a Dios, así como a Su energía. En la actualidad nos encontramos en las garras de la energía material. Por lo tanto, le oramos a Krisna pidiéndole que tenga la bondad de liberarnos de servir a la energía material y acepte que sirvamos a la energía espiritual. Sin embargo, Krisna no rehúsa a aquellos que opten por adorar la energía material, otorgándoles un nuevo cuerpo y una nueva posibilidad de escalar hacia la energía. Pero aquellos que se aplican a la conciencia de Krisna tienen la posibilidad en esta existencia de disfrutar de la felicidad del acercamiento a lo divino y regresar al ámbito de la energía espiritual, liberándose de los eternos nacimientos y, por ende, de los continuos sufrimientos de la existencia material. Si queremos el cuerpo de un tigre, con fueza de tigre y garras y colmillos para capturar animales y chupar sangre fresca, Krisna nos dará la oportunidad de hacerlo. Y si queremos el cuerpo de un santo, un devoto dedicado únicamente al servicio del Señor, entonces Él nos dará ese cuerpo. Si alguno no logra completar el proceso, recibe otra oportunidad, recibe todas las facilidades que se requieren para entender la importancia de la autorrealización. Krisna dice en el Bhagavad-Gitá: “ Mi querido Arjuna, si uno entiende Mi aparición, desaparición y actividaedes, simplemente por esa comprensión recibe la oportunidad de nacer en el mundo espiritual después de abandonar este cuerpo”. Uno tiene que abandonar este cuerpo, tiene que hacerlo. Pero la persona que ha entendido a Krisna no tendrá que recibir otro cuerpo material, va directamente al mundo espiritual. Esta es la solución final a todos nuestros problemas.

Aquellos que son devotos conscientes de Krisna, y se han refugiado en Él, su comienzo es oír y cantar. No tenemos que amar a ninguna otra cosa. Sencillamente, tratemos de amar a Dios, no tratemos de amar sólo plantas ó animales, eso nunca satisfará. Aprendamos a amar a Dios, ésa es nuestra misión, ése es nuestro deber en esta Era de Hierro. Ahora estamos pensando que el supuesto avance material es la solución a nuestros problemas, pero no es cierto. La verdadera solución es volverse consciente de Krisna, y salir enteramente de la condición material. Debido a que Dios es eterno, nosotros también somos eternos, pero cuando nos encontramos en la condición material, pensamos: “Yo soy este cuerpo”. Eso se debe a la ignorancia. En realidad, no somos nuestros cuerpos, sino chispas espirituales, partes o porciones de Dios. Podemos llegar a ese plano espiritual y, en esta era, debido a que la gente es tan caída, las Escrituras recomiendan que vayamos directamente al plano espiritual mediante el canto sagrado. Pero, aunque muy poderoso en sí mismo, es necesario complementarlo con cuatro reglas básicas de purificación material: 1) No mantener relaciones sexuales ilícitas. 2) No comer carne, pescado ni huevos. 3) No participar en juegos de azar. 4) No consumir drogas, ni alcohol, ni tabaco, ni siquiera café ni té. Maravillosa receta que, sin embargo, muy poco estamos en condiciones de querer asumir. Esa es la clave de la conciencia de Krisna, es la oportunidad que tenemos. Dejemos de actuar como tontos e ignorantes y aceptemos la realidad del Amor a Dios, no hay otra alternativa.

Pero tengamos en cuenta que los seres humanos no somos las únicas entidades vivientes que tienen alma espiritual_las bestias, las aves, los reptiles, los insectos, los árboles, las plantas, los seres acuáticos, etc. El alma espiritual simplemente está cubierta por diferentes atuendos, pero no estamos interesados en el atuendo, debemos interesarnos en nuestra alma espiritual. No hay ninguna diferencia en base al color, inteligencia o especie, toda entidad viviente es una partícula de alma espiritual. Sin embargo, sólo a la especie humana se le ha dado la posibilidad de conocer a Dios, esa es la única diferencia. Por tanto, no actuemos como animales; podemos saber que la presencia del alma establece la diferencia entre un cuerpo vivo y uno muerto. Tan pronto como el alma se va del cuerpo, éste muere, no tiene valor, teniendo que ser deshechado. Sólo el alma es lo que tiene valor. Debido a que el alma es parte o porción de Dios, tiene cualidades divinas, aunque en diminuta cantidad. El alma está transmigrando desde los seres inferiores a los más evolucionados, llegando por fin a la especie humana, única en comprensión de Dios. Aquí puede haber un bucle: podemos de nuevo deslizarnos hacia abajo y entrar en el proceso cíclico de la evolución, o podemos elevarnos a una vida divina. La elección está en nuestras manos.

lunes, 4 de julio de 2011

El Juego de la Oca

De oca a oca… ¡y tiro porque me toca! ¡Cuántas veces habremos pronunciado esta frase con alegría y regocijo! Acaso sin ser conscientes de ello, nos sentíamos transportados de una a otra eludiendo las dificultades del camino, avanzando más rápidamente, protegidos como por una madre cariñosa de las inclemencias de la vida. Nos llenaba de ilusión llegar los primeros al seno de la Gran Madre Oca del final, la casilla 64, en la que muchas veces no aparece tal cifra, ya que pertenece a otro mundo, el sol naciente en el momento de romper la cáscara del huevo primordial, la misma que convirtieron en jeroglífico los egipcios alusivo a la muerte del faraón y que remontaba el vuelo desde el pecho de las momias: la Oca, símbolo del regreso del alma al mundo primordial de los espíritus.

Pero vayamos por partes y despacio, porque este juego similar al laberinto de la vida no consiste en llegar primero, sino llegar transformado al fin de nuestro camino habiendo superado todas las trabas y peligros, los encuentros, los retrocesos, en fin, después de un aprendizaje completo.

Una de las varias versiones de este juego existentes atribuye sus orígenes a los templarios, los cuales posiblemente lo tomaron de otro juego similar aún más antiguo. Parece ser que era usado para adiestrar, de una forma lúdica, a los peregrinos que se disponían a realizar el Camino de Santiago, y que, por tanto, el tablero representa dicho camino y las reglas del juego informan y avisan de las posibles contrariedades para las que el peregrino debe de estar preparado, y que posiblemente dan al juego ese carácter iniciático que parece tener.
Los celtas consideraban a la Oca o al Cisne animales sagrados portadores del conocimiento divino, los mensajeros del otro mundo. Las conexiones marítimas entre Galicia, el litoral cantábrico, Irlanda, Reino Unido, Bretaña eran un hecho, lugares en los que los druidas ejercían de maestros espirituales e iniciáticos. Si la cuna de los druidas era Galicia, es de suponer la existencia de peregrinaciones en tiempos precristianos, que les permitiera iniciarse y marcara los caminos de las estrellas, o caminos de las ocas, como los símbolos de la pata de oca. Posiblemente, el acoso posterior de los romanos y la necesidad de un símbolo análogo generase la sustitución del símbolo de la pata de oca por otros como la concha o vieira, convirtiéndose más tarde en símbolo cristinano de peregrinación, convirtiéndose el Camino de la Oca en el Camino de Santiago.

La Oca representa también la capacidad operativa del espíritu sobre la materia, la que anuncia la llegada de un maestro. Los compañeros constructores, que tras llegar a Santiago van a morir al cementerio de Santa Mª de Noya o vuelven para continuar su misión, son también los Templarios constructores, son los llamados “jars” u ocas, y la pata de oca o la horquilla de tres brazos era otro de sus símbolos. La espiral aparece en el acceso al claustro de San Juan de la Peña en Huesca, en el laberinto medieval de San Pedro de Siresa también en Huesca, en el laberinto de piedra de Mogor en Marín, Pontevedra, en la concha de caracol que monta un gnomo de la Catedral de León. Algunos de ellos presentan una separación en dos mitades, de forma análoga a los hemisferios cerebrales, formando junto con el símbolo del término final una cruz provista de asa, similar o copiada del Ank egipcio, símbolo de la vida o llave que abre la puerta de la vida eterna. Las 13 ocas son las 13 etapas del camino, ellas nos conducen directamente unas a otra, esquivando las dificultades que representa el camino, tanto en la vida real como en una auténtica iniciación a los misterios del ultramundo, como serían los castillos o encomiendas templarias, donde encontraríamos el descanso, la paz y la seguridad, así como la posibilidad de purificarnos en su quietud y replantearnos continuamente el sentido de la vida, también entendida como una auténtica peregrinación al conocimiento de nosotros mismos.

Es posible que el camino, en su versión más antigua, se iniciara en la localidad de Jaca, lugar de reunión de los Jacques, los artesanos de la construcción, los templarios ó “Pontífices”, artífices de la edificación de los templos góticos. La peregrinación se transformaba en una marcha hacia la Estrella, y la ruta a recorrer era la de la Vía Láctea, al final de la cual se encuentra la constelación del Can Mayor. Por lo que se refiere a la leyenda básica, todos los elementos han sido sopesados y calculados con cuidado para que se hallen en concordancia con otro hechos antiguos, siempre sin perder de vista el camino a la estrellas… y la Loba (Louve), reina mítica de estas tierras, posiblemente emparentada con el dios Lug céltico, de ahí Lugo, Lucerna, la luz de lo divino en definitiva. Muchas culturas antiguas consideran la Oca como la madre primigenia, para los nórdicos era representada por el Cisne, y tanto para los egipcios como para los cátaros su símbolo era el pelícano…!

En el camino de Lug encontramos la Oca por todas partes, tanto en la toponomia preindoeuropea, como Oie, Auch, Ouche, en el grito del vasco para llamar a las ocas: ¡Auk, auk!, como la forma indoeuropea, derivada del sánscrito Hamsa, que dio lugar a Ganso, Ansa y Anso, Goose en inglés. En galo encontramos el término Gwas, además de Gars, que daría lugar a Garçon, primitivamente maestros de la piedra. Por lo demás, también lo vemos reflejado en el país de Oc en el sur de Francia, lugar de residencia de la Reina Pedauque (Pie de Oca). En la región de Jaca encontramos Ansó, en el valle de Ansó, no lejos del lugar estrellado de Lizarra (estrella en vascuence), así como también reflejado en el Río Oja, que primitivamente sería Río Oca (de ahí la Rioja), asimismo encontramos otro Río Oca en los Montes de Oca, donde se encuentra el pico de la Piedraja (Piedra del Jars), no muy lejos de un Ocón.. También en los montes de León nos encontramos con El Ganso, el jars ligur, como también el pueblo de Argozón, donde se halla una asombrosa necrópolis céltica. Más allá de Lalín encontramos EL Paso de la Oca; cerca de Compostela se halla otra Oca, en el río Tambre, que desemboca precisamente en la ría de Noya, revelador nombre del lugar al cual, en tiempos remotos arribaría un tal Noé en su Arca, después del gran diluvio, que difundiría la civilización y la cultura. La peregrinación, vista de este modo, no sería más que la búsqueda del reencuentro con nuestros orígenes, en sentido opuesto a la irrupción primitiva.

Este es el retorno a nuestro origen, o más bien al lugar donde la historia pudo comenzar impulsada por unos civilizadores de origen atlántico, o Atlantes, tras la destrucción y posterior hundimiento de su continente, el Edén bíblico, donde la raza humana fue creada, libre de pecado, de enfermedades en una existencia longeva, cuando aún el ser humano disponía de todas sus potencialidades en estado puro. Un pueblo de marinos, capaces de realizar travesías oceánicas. Como a propósito parece decir Gérard de Sède: “pueblo ánade era el sobrenombre dado por los antiguos a los tartesios, y también a los fenicios, que adoptaron como emblema una pata de palmípeda, símbolo del remo, cerca de Tartessos existía un río llamado con el nombre latino de “pato”: Anas.

A la concha, con estrías similares a la pata de oca, se añadió la estrella; ya no son luces las que indican el lugar, sino una estrella que se había mantenido encima de la tumba, que antes que Santiago pudo pertenercer a Prisciliano y, mucho antes, al legendario Noé. Así se convirtió en “Campus Stellae”, o también “Compositum” (cementerio), fenomenales paralelismos de sustitución de los símbolos primigenios. En el camino y sus dos rutas principales, magistralmente enclavadas entre los paralelos 42º 30’ y 42º 50’, nos encontramos en la parte francesa el Pic D’Estelle, el Puig de L’Estelle, Les Eteilles, el Puig de Tres Estelles… Ya en Navarra nos topamos con Estella (Lizarra=Estrella en vascuence), Astray, cerca de Lizenac, Estillón, otra Lizarra, Liciella, Aster ya cerca de Padrón. La toponimia de estos lugares ha resistido todo intento de transformación por las lenguas posteriores, que hicieron bien en adaptar y transformar su significado sin perder un ápice de su sentido original.

De puente a puente…!y tiro porque me lleva la corriente! Magistral cántico que refleja tanto la necesidad de encontrar un paso apropiado para no desviarnos de la ruta prevista, acortando así el camino, como la sutileza de dejarse llevar, confiado en el instinto, por las aguas de lo más puro dentro de nosotros mismos, a lomos quizá de la Madre Oca que nos protege en todo momento.

En cuanto al Juego de la Oca que nos ha llegado, hay que decir que encontramos múltiples variantes de la misma, aunque todas mantienen el mismo esquema laberíntico en espiral.
Por ejemplo, la casilla 1 suele ser un personaje parecido al loco del tarot y en otros casos un mago guiando ocas. El peregrino, representa la libertad total, el incosciente, el espíritu humano por encima de los valores terrenales, rebelde e inconsciente, que emprende un camino con pruebas diversas que le obligan a madurar.

El Laberinto, casilla 42, significa el extraviado que debe retroceder cuando está a punto de alcanzar a la madre Oca. Se ha representado como la Torre de babel, la confusión de los caminos físicos, idiomas e ideas. El propio juego es un laberinto, que también es análogo al símbolo de la espiral de todas las culturas como imagen arquetípica del universo en formación y continuo movimiento, y por añadidura de nuestra propia galaxia.

En la 6 y 13 encontramos el puente, construido por los pontífices, que unen lo trascendente con lo cotidiano, lo humano con lo divino y nos posibilita dar un salto de calidad.
En la 19 la posada u hospital de caminantes, para curarnos de la enfermedad de lo ilusorio que hemos acumulado durante la vida.
Las casillas 26 y 53 son dados, las piedras cúbicas, angulares, síntesis de las medidas armónicas del universo, y también una prueba de un gran salto iniciático que puede producirse en los que están versados en el dominio de la piedra, o un paso atrás, si dicha evolución no ha sido llevada correctamente. También puede representar que estamos en manos del Destino, y solo enfrentándonos sin temor a él estaremos en condiciones de manejar nuestro camino.

En la 31 el pozo, la vena telúrica, las aguas milagrosas y medicinales que renuevan nuestro vigor y nos sanan y limpian de la mala alimentación y vicios adquiridos.

Encontramos en la 42 el laberinto, representando el trabajo de encontrar la vía correcta para hallar la luz. Aunque todo el tablero representa un laberinto, aquí se especifica que solo con un correcto desenvolvimento y aplicación de lo aprendido podremos hallar la salida de la espiral de la vida ilusoria.

En la 52 la cadena, que representa la cerrazón de la mente a las realidadses ultraterrenas. Debemos abrir el cerrojo a lo trascendente.

En la casilla 58, muy cerca de la meta está la muerte, la prueba de la auténtica transformación, el paso a un mundo superior cuando la atravesamos, saliendo de esa forma del ciclo de las reencarnaciones; hay por ello que superarla para no volver a comenzar y poder llegar al Nirvana, al Absoluto, al jardín de la Oca.

Por fin, en la 63 se encuentra la puerta de ese jardín al que pocos pueden entrar a la primera, hay que esperar que el dado impulsao por nuestra voluntad ( la Fortuna) marque el número clave para participar de la gran verdad que se encuentra en la 64, punto final del trayecto.

En fin, múltiples enseñanzas nos depara este sutil juego, que debió servir primero como guía imprescindible para la iniciación a los misterios de la vida, siguiendo siempre al Sol en su camino hacia el Oeste, la patria de nuestros antepasados, que en tiempos pretéritos desembarcaron y difundieron la civilización, cuyo camino jalonaron con eternas construcciones megalíticas, que resisten el paso inexorable del tiempo

En las trece ocas del camino podemos encontrar reflejos de las más antiguas tradiciones. Para los antiguos egipcios, la muerte era la decimotercera fase del ciclo de la vida, por lo que consideraban que este número representaba la nueva existencia, era el camino hacia la morada de los dioses, un viaje al más allá. Para Pitágoras significaba el número de la evolución y del crecimiento, sirviendo para el buscador de lo místico que, usado adecuadamente, puede abrir las puertas del conocimiento. En la magia simboliza el velo del maestro, que podrá ser levantado una vez que el iniciado haya alcanzado la iluminación perfecta, una vez que el cuerpo, la mente y le espíritu se hayan purificado.


miércoles, 29 de junio de 2011

David Lanz - Cristofori's Dream

La historia del bolso que nadie quiso

Recuerdo la aclaración que hice tiempo atrás, albergaba dudas en transcribir este relato esperpéntico y rocambolesco, dudas que ahora han desaparecido, gracias a mis amigos.


Nota a esta edición.

He estado tentado a no incluir aquí algunos de los relatos que siguen, si se les puede llamar así, porque al paso inexorable del tiempo hay que añadir un alto grado de bisoñería e inmadurez. Pero no sería justo conmigo ni con aquellas personas con las que disfruté de momentos inolvidables, vivencias que dieron pie a esos escritos, todos basados en experiencias reales. Por ello pido a los posibles lectores que no juzguen su calidad literaria, ni la mediocridad de la técnica, ni el indeciso curso de su desarrollo; en todo caso, valoren la idea de fondo que subyace, o la intención y la causa que las provocan. Ninguno de ellos pasará a la historia, pero están en “mi” historia, especialmente el más largo de ellos con estructura de cuento: “La historia del bolso que nadie quiso”; es más valioso que una parte de mi cuerpo, significó un punto y aparte en mi pensamiento y en mi forma de ver el mundo.

10 de Octubre de 2.010



La historia del bolso que nadie quiso (1978)


         A Conchita, para no olvidar ese día

         Dedicada especialmente a mis nuevos amigos, con los que he pasado ratos maravillosos e inolvidables, momentos que ojalá nunca cesen.
         A todos ellos por mucho tiempo. A ti, Muñeco; a ti, Lengua Blanca; a ti, Pecas; a ti, Mari Carmen.

        


Allá en el sur, en una ciudad muy distinguida por su tradición, de notables y maravillosos monumentos, de parques de increíble belleza y calles tan viejas como el mundo, se notaba fácilmente que toda su historia, que por siglos y siglos se había ido acumulando en el recuerdo de hombres y mujeres sencillos, se estaba alejando de la población como ave migratoria buscando regiones más adecuadas.
         Todos podían ver cómo el empuje de la civilización hacia un futuro más o menos tecnológico, conseguía hacer perder aceleradamente toda aquella clase de costumbres antiguas que el pueblo había guardado tan celosamente. Pero ese mismo pueblo que las defendía también amaba con gusto los progresos de la ciencia, y ambicionaba cada vez más ciertos lujos y comodidades. Por alguna razón, la sed natural de innovación humana le hacía despreciar sus más encantadores tesoros, en pos de acceder a otros estados más elevados.
         Y nadie se ponía de acuerdo, pues los más conservadores y antirreformistas, que bien hubieran podido defender el pasado con más fuerza, caían desprestigiados por la mayoría, un tanto desengañada de lo anterior y con el anhelo vehemente de un porvenir más feliz.
         Pero la historia de esta ciudad y toda esa clase de controversias se verían de pronto paralizadas ante un suceso desacostumbrado, de manera que todas las miradas del mundo se volcaron hacia estas latitudes con singular interés e incomprensión.
         Casi no había parado de llover en varias semanas, y ya la gente esperaba que el siguiente fin de semana apareciera de una vez el buen tiempo, para aprovecharlo y salir a recorrer la ciudad, las plazas y las grandes avenidas. Y también las calles estrechas de los barrios árabes y judíos, que eran famosas en todo el orbe y copadas por los pequeños comerciantes para exponer sus mercancías, objetos que normalmente no se necesitaban, pero que todos ojeaban con singular atención.
         En esos días festivos se veía de todo: parejas de novios de todas las edades muy agarraditas del brazo, riendo por cualquier tontería; pandillas de adolescentes jugando a ser hombres; gentes de distintas razas y condición social; ancianos vestidos de luto; jóvenes con la ropa de moda; gitanos pobres portando un cartel pidiendo una limosna; muchachos de ambos sexos en edad de flirteo; matrimonios acompañados de sus hijos…
         Llegó ese domingo tan esperado de descanso y esparcimiento. Hacía algo de frío, pero agradable, y ya de noche se veían las estrellas con claridad, los bares y tascas estaban repletos, y la calle más importante de la ciudad llena de cabezas y hombros en movimiento, incitando a todos al calorcillo del apretujamiento humano.
         Una de tantas parejas, que se acercaban al centro de la ciudad, algo cansados de deambular por la parte suroeste, buscaban un lugar apropiado y tranquilo para tomar una copa, aunque fuera estuviera toda la gente apiñada.
         Ella, por su parte, detestaba las multitudes; muy a pesar suyo fue introducida en el tumulto, entre dolorosas lamentaciones y continuas quejas. Él hacía caso omiso de sus ruegos, porque le gustaba andar entre la gente, seguir en línea recta si podía jugando a no apartarse. Una vez dentro del gentío, era improcedente retroceder, pero al ver que ese ambiente no era del agrado de su compañera, lo mejor sería ir deprisa y buscar  un bar menos popular.
         _Pues no, no quiero seguir entre la gente ni que me vean, me da un poco de agobio_, declaraba ella lastimosa.
         _Tonterías, entre tanta gente nadie ve a nadie, sólo figuras y rostros que se olvidan. Y si te reconocen… ¡qué más da!_ aseguró él continuando su camino y sorteando con presteza a los viandantes.
         El salir de allí fue idéntico a salir de una prisión, a paso rápido y desconfiado, mirando a todos lados con los ojos desencajados. Ahora estaban cansados de tanto andar, de tantos empujones y pisotones, además, cualquier carga o contrariedad debía ser desechada, para no caer en una sensación de angustia.
         _Oye, tú… ¿sabes cuánto pesa el bolso?... ya no puedo con él_, afirmó ella con una sensación de disgusto y pesadez evidentes.
         _Bien, si crees eso… ¿por qué no lo dejas?_ Al decir esto, él la miró seria, pero al momento le apareció una mueca de sonrisa. Ella lo entendió de inmediato, poniendo un gesto de aceptación.
         _Claro… ¿cómo no se me había ocurrido antes? Una vez dicho esto, miró el bolso con un gesto despreciativo, y con un movimiento de la mano contraria al hombro que lo sujetaba, pellizcó el asa, dejándolo caer con toda tranquilidad sobre la acera, a la vez que le lanzaba una mirada de despedida._Venga, vámonos_ dijo resueltamente.
         _Por supuesto, vámonos_.
         Y así reemprendieron su camino, alejándose de aquel lugar a paso más lento. No  hubieron andado una decena de metros cuando oyeron una voz aguda que se les acercaba.
         _ !Eh, ustedes!... ¡Oiga, señorita! ¿No es suyo el bolso este? Me pareció haber visto caérsele del brazo hace un momento.
         _ ¿Es a nosotros?_ Se dijeron entre sí, parándose en el acto para lanzar una mirada hacia atrás. Vieron entonces a una mujer ya entrada en años y con aspecto humilde, que corría hacia ellos con el bolso en la mano.
         _ ¿No es suyo este bolso?_ Repitió la señora, al mismo tiempo que lo levantaba en peso mostrándolo. Ellos se miraron con cierta complicidad durante unos segundos. Ella se adelantó y examinó el bolso un instante.
         _ Sí_ afirmó_ Era mío, pero ya no lo quiero.
         _ ¿Cómo? ¿Qué ya no lo quiere? ¿Pero qué dice?_ contestó la señora con asombro.
         _ Lo que ha oído_ respondió ella con desdén. Y acto seguido, siguieron de nuevo su marcha a paso rápido, sin volver a mirar hacia atrás.
         _ Pero… ¿están locos estos jóvenes?... ¡es que no entiendo nada!... ¡Eh, vuelvan, su bolso!...!abrase visto cosa igual! Entretanto, se habían congregado algunas personas alrededor de la mujer, que seguía con el bolso en la mano. Al percatarse ella de que era el centro de todas las miradas, se limitó a decir con desinterés: _Bueno, si ellos no lo quieren, tampoco he de quererlo yo… ¡faltaría más!_ De esta forma, dirigió sus ojos hacia el objeto y con gesto despreocupado lo dejó caer, alejándose inmediatamente del lugar.
         La gente que había visto la escena se fue agregando, hablando entre ellas, más también la gente que fue llegando e iban captando algo de lo que sucedió, de tal forma que empezaron todos a murmurar y contar lo que sabían a todo aquel que se detenía curioseando. Poco a poco se fue agolpando una gran multitud, formando un círculo alrededor del conflictivo bolso. Pero se dio el caso que ninguno de los presentes que empezaron a comprender la trama se decidía a coger el bolso e inspeccionarlo, sin aportar ninguna solución al conflicto, pero añadiendo detalles insospechados al asunto, hasta el punto en que nadie sabía a ciencia cierta lo que había pasado. De pronto, se oyó una voz seca y fuerte que resaltaba claramente del resto:
         _ !Oigan, por favor!... un momento… ¡escúchenme! Esto no puede quedar así, llamemos a la policía y que ésta lo resuelva.
         _ ¡Sí, buena idea!_ dijeron otros… ¡llamemos a la policía!
         Mientras aumentaba el alboroto la plaza se iba llenando de gente, atraída por el tumulto y la curiosidad. Entre habladurías, todos esperaban que ocurriera algo importante. De este modo, hubo personas que pidieron permiso para subir a las azoteas, otros solicitaron escaleras en los comercios, los coches aparecían llenos de niños saltando encima. Súbitamente aparecieron vendedores ambulantes ofreciendo refrescos y bocadillos. En fin, se conglomeró un variopinto escenario de oportunistas, cotillas, maricas, rateros y otros extraños viandantes intentando aprovecharse a su manera de la situación. No solo se hablaba del maldito bolso, sino que se criticaba a fulano y mengana, a reírse del tipo gordo que fumaba puros, incluso otros se pusieron a discutir de política y lanzar improperios hacia el presidente del gobierno.
         Por su parte, algunos extranjeros iban y venían disparando sus cámaras fotográficas, sin comprender nada de lo que allí ocurría, creyendo retratar lo más puro del tipismo.
         De pronto, el murmullo agrio fue disminuyendo hasta empezar a distinguirse las sirenas de los coches de policía. Hubo algunos que salieron corriendo por miedo a las detenciones, aunque la mayoría se relamía de gusto en espera del acontecimiento. Llegaron por fin varios carros antidisturbios que acordonaron la plaza, saltando al momento los hombres armados de los coches, abriéndose paso dejando un pasillo central, por el que seguramente aparecería el inspector al mando. No les fue fácil llegar hasta el bolso, y por la actitud algo violenta que tomaron se pensó que no sabían de qué se trataba. Parece ser que sólo fueron informados por una pareja de agentes de un gran tumulto y agitación en la zona, una especie de manifestación o pelea callejera.
Imagínense cuál fue la sorpresa del agente al mando al enterarse que todo aquel lío era producido por un inocente bolso tirado al suelo, así como su indignación por los recursos y prevenciones utilizados. Tras algunas pesquisas, se entabló una discusión acalorada con algunos ciudadanos, que declaraban necesaria alguna actuación especial por parte de la autoridad, que un suceso como aquel era desacostumbrado y no debía caer en el olvido. Se sugirió que la historia un poco adornada podía quedar como atracción singular. Tanto cariño le habían cogido al bolso que, ante la intención de llevárselo para confiscarlo, se oyeron abucheos, gritos y otras amenazas. El superior de policía, una vez inspeccionado el cuerpo del delito, al comprobar tanta obstinación y testarudez de algunos, sentimientos que iban propagándose a la mayoría, declaró por un megáfono, casi con la risa en los dientes, que aquel era una caso extraordinario y que se comprometía a defender su recuerdo ante la alcaldía de inmediato.
         Estas palabras tranquilizaron a la muchedumbre, y fueron seguidas de “vivas” y “hurras” por parte de todos, pidiendo permiso a continuación para formar una comisión de entre los presentes que tendría el cometido de proteger la integridad del bolso y custodiarlo por turnos en el mismo lugar. Para ello les sería proporcionado a todos provisiones y sustento por cargo de la hacienda pública.
         El espectáculo que ofrecieron los grupos de personas que quedaron en función de vigilancia era asombroso. Quedó cortada la circulación de vehículos por esa zona, para dejar paso a las hileras de personas que querían comprobar por sí mismas lo que se difundió en los medios de comunicación, quedando la mayoría sorprendidos ante tan desacostumbrado hecho. La agitación era comparable al trasiego de una fiesta local; los reporteros de todo el país, incluso del extranjero, no paraban de grabar y comentar los acontecimientos, hacer entrevistas y redactar artículos con toda la pompa posible, ocupando durante dos días las cabeceras de los primeros diarios. Se hicieron ediciones especiales para relatar el suceso. Sólo faltaba la decisión del alcalde de dar alguna solución al caso, que seguía dejando boquiabierto a más de un escéptico.
         Las opiniones y debates fueron muchos, dejándose a un lado los asuntos cotidianos, para acometer con toda energía una solución inminente que contentara a todos, un hecho que podría quedar para siempre reflejado en los libros de historia local. Sí, al mundo le faltaba ese tipo de romanticismo ingenuo, a causa de la evolución técnica y de todo el desarrollo de las superpotencias, cuyas fauces eliminaban el aire sugestivo de otros tiempos, entonador de antiguos cánticos de la tradición, por no suponer un avance astronómico sin límites. Y el hombre necesitaba aún algo de eso.
El resultado fue el siguiente: previa autorización al gobierno, se acordó levantar en el mismo lugar en que cayera el bolso una piedra de granito de metro y medio de altura y uno de espesor, sobre el que se colocaría el insigne artículo, protegido por una urna de cristal blindado. Se decidió también no transcribir ni una sola mención explicativa, ni siquiera la fecha del acontecimiento, por lo que cualquier visitante podría elucubrar por sus propios medios la razón oculta de dicho monumento.
         A los pocos días estaba todo preparado para su inauguración, a la que asistirían las personalidades de la ciudad y el pueblo en pleno. Fue un acto sin precedentes llenos de toda la nobleza y solemnidad que se requería, pero con el amplio júbilo de la satisfacción, del goce de dar al mundo una noticia que le hiciera olvidar un poco su sufrimiento, aparcar por momentos el materialismo que acosaba desde hacía años e impedía a muchos celebrar la inocencia de la vida.
         Pasaba el tiempo en esta ciudad y no transcurría un día en que no se hablara de la historia en algún punto de la ciudad. Pero conforme transcurrieron las semanas, los problemas cotidianos relegaron el interés, en la vida ordinaria de las gentes se impusieron de nuevo sus preocupaciones, sus necesidades, sus carencias, obligados a asentar los pies en el suelo, hasta que el suceso decayó en importancia frente al infinito número de preocupaciones más prácticas. Sólo continuaba siendo curiosidad para el historiador, el escritor, el comediante, el turista, los publicistas, que trasladaron el hecho como marca de algún producto. También para los fabricantes de bolsos, que hicieron imitaciones perfectas que dieron la vuelta al mundo. Pero, para la mayoría, bien pronto quedaría olvidado.
        

Dos años después sobrevinieron tiempos difíciles, el estado se sumía en una clara bancarrota, y era raro el negocio que se mantenía a flote. Las fortunas de los grandes propietarios de marchaban más allá de nuestras fronteras, una gran conflagración mundial incumbía y aterrorizaba al mundo, y hasta los más optimistas no descartaban una tercera guerra mundial. El pesimismo era la tónica general, todos se preparaban para su defensa, se hicieron expropiaciones, se exigieron donativos, todo recurso era considerado insuficiente ante una situación peligrosa jamás pensada. La labor de todas las administraciones era acumular toda la riqueza que se pudiera encontrar, de cada hombre, de cada palmo del terreno.


Don Antonio era esquizofrénico, pero no era peligroso. Hacía tiempo, desde que le confiscaron casi todos sus bienes, que le pasaba por su cabeza una sola idea que a él, con su particular demencia, le obsesionaba hasta el punto de no pensar en nada más. Fue siempre un hombre considerado normal, hasta que se sembró el temor de la guerra. Y, ahora, un hombre sin familia, solo en el mundo, recurriría a su último anhelo, un último deseo que esperaba ver cumplido antes de que la destrucción fuera total.
         Lo dispuso todo de una manera perfecta. En su maletín metió todo lo que sería preciso, dejando en su casa todo dispuesto para su regreso, con un rico tesoro que había guardado desde siempre y por el que jamás renunciaría.
         Llegó el día previsto, salió ya de madrugada, que era su mayor baza. Al ver el monumento no disimuló su alegría. Se percató de que no existían miradas indiscretas que pudieran entorpecerle y se acercó a él. Se aupó para ver lo que necesitaba. Bajó la vista y abrió su maletín, sacó una llave inglesa y la miró sonriente. Pacientemente fue aflojando las tuercas que sujetaban la urna a la piedra. Una vez terminado, levantó la urna en peso y la introdujo en un macuto extensible que sacó del maletín, guardó la llave y lo cerró. Echó un último vistazo al monumento y se alejó tranquilamente por la oscuridad.
        

El viejo José era uno de los mayores borrachines de la ciudad, tenía muchos amigos que de vez en cuando le proporcionaban el dinero suficiente para la bebida. Pero los tiempos habían cambiado, y ya no había forma de sacar a nadie una peseta. Vagabundeaba buscando algo comestible, en la basura, algún pedazo de pan duro tirado al suelo, no tenía otra cosa por la que preocuparse. Siempre ayudó a todo el mundo y ahora nadie se acordaba de él, incluso muchos adinerados estaban en su misma situación.
         Pero vio algo que le hizo volar la imaginación: en la antigua plaza se encontraba el bolso sobre la piedra sin protección alguna. Años antes oyó hablar de aquel caso, y muchos especularon del valor del objeto, pero nunca imaginó que se lo encontraría así, sin protección. Jamás había robado nada, si no tuvo para comer o para una copa, se contentaba con esperar mejor suerte, él no era de esa condición. Pero esta vez la necesidad era mayor que su voluntad, miró hacia todos lados para comprobar que no había nadie cerca, se acercó un tanto temeroso girando la cabeza a uno y otro lado, tanto que se tropezó de lleno con la piedra. Algo aturdido, alzó la mano y torpemente asió el bolso. Lo atrajo hacia sí, inquieto, miró en su interior: un pequeño monedero que parecía lleno fue lo que primero le atrajo. Miró de nuevo… ¡una billetera! Cogió ambas cosas y se las guardó. Hizo un movimiento como de buscar algo más, pero se paró de repente, pensó que la ambición podía ser su ruina. Observó el bolso y lo depositó de nuevo sobre la piedra. Se alejó corriendo de allí.
        

María José apenas tenía once años. Era una preciosa chiquilla de pelo largo hasta la cadera, de ojos negros profundos. Demostraba una seguridad en el andar impropia de su edad y el tiempo en que vivía. Muy alegre por no tener que ir a las clases y disponer de todo el tiempo libre para jugar con sus amigas; un poco disgustada, porque no podía conseguir ya los dulces que le gustaban, pero se conformaba con un poco de leche en polvo y alguna que otra galleta raída que caía en sus manos inexplicablemente. Había ido, a pesar de lo avanzado de la noche, a la otra punta de la ciudad a dar un recado importante a su tía. Cumplió muy bien su cometido e iba de vuelta a casa, cansada y con un poco de sueño. “¿Por qué no habrán mandado a mi hermano?... ¡el es mayor que yo!”, se preguntaba una y otra vez sin comprenderlo.
         Debido a la carestía, la única luz provenía del reflejo de la luna, y fue ésta la que le hizo ver a un hombre correr en dirección opuesta al de sus pasos. Se paró creyendo oír algo, pero no, lo que fuera había desaparecido ya. Sin  darse cuenta, pasó de largo del monumento unos metros, y quizá no pudo explicarse qué le hizo mirar hacia atrás. Sobre la piedra, ya no vio el cristal que recordaba, y sobre ella el bolso tumbado y abierto. No pudo resistirse a la tentación, se acercó y cogió el bolso de puntillas, ya que no alcanzaba. Miró dentro: una polvera, una barra de labios casi nueva. Recordó que era el santo de su hermana mayor… ¡le regalaría el lápiz de labios!. Además, dentro de unos días sería su cumpleaños y ya le avisaron que no había dinero para regalos… ¡ la polvera sería su regalo!. Pero el bolso… su madre tenía uno muy viejo y gastado. Se quedó indecisa un momento, pensó si estaría mal que se lo llevara, de todos modos, podría devolverlo…  !ya que nadie lo quería para nada!.
Recorrió la vista por la plaza y no distinguió a nadie. Volvió a meter todo en el bolso y se lo colgó del hombro. Se fue dando saltos llena de alegría y con algo de temor… ¡cosas de niños!