lunes, 24 de octubre de 2011

Hades... ¿voz de la Tradición?

Es este un resumen textual de las primeras treinta páginas del libro de Hades (Alain Yaouanc) "Su Salud por la Astrología" atendiendo al contenido ex/sotérico de sus afirmaciones:



En nuestra actual Era de Hierro (kali-yuga) el cuerpo físico ha sufrido una degeneración. No sabemos alimentarnos, ni establecer una vida positiva de relaciones con los otros o con nuestro “yo”, es decir, con nuestra voluntad según las leyes de la verdad y el amor, caracteres que llaman a la paz. Lo queramos o no obedecemos a nuestros instintos y nuestras emociones, en lugar de gobernarlos y calmarlos. El hombre moderno, el hombre sin Dios, ignora sus propios límites, lo que le impide definirlos, ya sea para respetarlos o superarlos.


Solo uno mismo puede modificar el determinismo de los acontecimientos que le afectan, pero no puede modificar ese determinismo mas que por una contracción de los sentidos, con la intención de una Unión con la única voluntad Eterna. El cuerpo no posee ninguna existencia propia. La “Maya”, el mundo ilusorio en el que todos estamos sumergidos representa en general la mentira, el inconsciente y el espejismo. Estas mentiras forman nuestro inconsciente, son las formas que toman nuestros deseos que se dirigen a otro cuerpo, a un alimento, a una distracción o a una adquisición, conjunto de espejismos que persiguen otros espejismos.


Las enseñanzas tradicionales son la única agua que puede apagar nuestra sed. Esta agua divina existe en la piedad y el amor, la sangre recogida en el Grial de la tradición medieval.Toda iniciación es el camino que va del caos al orden, del inconsciente al consciente y del deseo a su extinción.




El cuerpo sutil, cuyo vehículo es la sangre, está tejido con nuestros sueños y deseos. Hace de vehículo para todo lo que se nutre de nuestro inconsciente, y en la muerte, antes de ser disueltos, nos situará delante de las formas ilusorias nacidas de nuestros actos. Estas formas nos acompañan hacia otro estado del ser, a menos que en vida nos hayamos ya liberado de las tentaciones nacidas del inconsciente, que tienden a encarnarse, a precipitarse en actos, encadenándonos siempre, ya que es propio del deseo el ser insaciable.


Nuestras acciones tienen una tremenda importancia para nuestro porvenir, ellas han forjado este cuerpo sutil que es nuestro actualmente. No existe otro paso al estado humano, otra encarnación, nuestros actos nos llevan a otros estados, hacia una serie indefinida de posibilidades. Este mundo, con las limitaciones del estado humano, no es mas que uno entre todos los estados posibles.


Este cuerpo sutil nos enseña que todas nuestras acciones nos acompañan; para liberarse de ellas es indispensable por lo tanto emanciparse de la acción. Una de las técnicas que lo favorecen es el yoga, la supresión de los estados de conciencia.


En la mente, un pensamiento sigue a otro de forma continua, hasta la interrupción provisional del sueño. El hombre moderno está bajo la entera dependencia de sus pensamientos, incluso la soledad es devorada por ideas inútiles, se hace imposible permanecer a solas consigo mismo. De aquí el recurso incesante de las “distracciones”, que vuelven a poner al hombre frente a la nada, imágenes ilusorias que despiertan o halagan sus apetitos.


El hombre moderno se abandona así en el centro de una gigantesca tela de araña donde su frustración le inmoviliza sin esperanza. Sin embargo, los pensamientos en movimiento del cuerpo sutil harán nacer la insatisfacción. Para expulsarla, el hombre se enreda en las vías de distracción que significan tanto diversión como atolondramiento. En el plano de lo cotidiano este movimiento es el del hombre que quiere “distraerse”, es decir, salir de sí mismo, simplemente porque todo, y en primer lugar él mismo, se le hace intolerable. Esta salida de sí mismo constituye una ruptura del equilibrio, una enfermedad.


Otro movimiento va del exterior al interior, de lo que está fuera hacia el corazón, centro del yo. Es lo que se llama iniciación, acción de dar y recibir los primeros elementos de lo que permanecía hasta entonces escondido y misterioso.
Para el pensamiento tradicional, todo hombre que esté inmerso en el placer o en el dolor es un esclavo. Las limitaciones del mundo, las del tiempo y las del espacio multiplican y anulan el efecto de los deseos. Esto ocurre en el más fuerte éxtasis como en la más grande desesperación; pero más vale que el hombre se encuentre en el fondo de la desesperación, así los encantos del cuerpo sutil reciben el más formal de los desaires.


¿Por qué pararse? Porque durante esta pausa y gracia a ella tratamos de comprender el plan divino y la unión con lo invisible. Todo lo visible debe penetrar lo invisible. Este es el camino de lo espiritual, camino de la extinción del yo, es decir de las pasiones y al mismo tiempo del final del sufrimiento.


El paraíso y el infierno son mitos que corresponden a los estados superiores del ser humano. Realizan su existencia aquí y ahora; para empezar es suficiente con cerrar los ojos y suprimir el mundo prójimo y sus encantamientos.
La pausa es la de todo ser que cumple con su deber, tratando de separarse de los frutos unidos a la actividad, único medio de volver a la pureza. La experiencia sensual, la del mundo, carece de provecho para el hombre que quiere liberarse.

El tercer estado, el del espíritu, no tiene nada que ver con el mundo sutil, que se desvanece en la muerte con todas nuestras experiencias. Está situado más allá del mundo y de los mundos, unidad perfecta, que comprende a la vez todas posibilidades de lo manifestado y lo no-manifestado. El Universo tiene una unidad, esta unidad toma la forma de lo que no muere, de lo Eterno. Así el hombre es Eterno, sólo mueren el cuerpo físico y el cuerpo sutil, es decir, que se transforman.


El núcleo verdadero del Ser está más allá de todas las transformaciones que para el cuerpo son naturales o accidentales.

miércoles, 19 de octubre de 2011

De "Mil Vías hacia la Tranquilidad", por David Baird. (2)

Gracias a Liptuán, su interés me ha llevado a repasar un poco este "librito" de bolsillo de 460 páginas. En la contraportada avisa: "Un libro indispensable, una refrescante aproximación a la sabiduría tradicional, que ofrece mil pensamientos sabios, ingeniosos e inspiradores para alcanzar la tranquilidad. El perfecto compañero en el siglo XXI". La verdad es que a veces parece que la mano va sola para abrir el mensaje más adecuado al momento. Además trata la Calma, la Paciencia, el Contento, la Percepción, la Paz y la Tranquilidad perdida. Una joya de 11 x 11 x 3 cms. (La de la foto es mi hija, este verano en la Barrosa).













¿Qué es la tranquilidad, y dónde encontraremos esa pequeña puerta en el jardín que nos lleva a ella? La buscamos frenéticamente y nunca la encontramos.

Los tontos se quejan, condenan y critican. La tranquilidad pertenece a aquellos capaces de elogiar en los demás lo que hacen bien.

La tranquilidad está más allá de la forma, no puede atraparse ni sujetarse. Está más allá del sonido pero quizá dentro de él, y sin embargo no puede ser oída. No puede verse, y sin embargo está en todo lo que vemos.

Al alma tranquila le es concedido el poder de maravillarse, el de la curiosidad y el del placer. Cree en ti mismo y todo ello vendrá.

La tranquilidad se alcanza en cuanto somos capaces de aceptar que es poco probable que la vida vaya tal y como la planeamos.

La tranquilidad se puede alcanzar simplemente permitiendo que la mente se calme.

La traquilidad no se crea. Ya existe en nosotros. Simplemente perdemos el contacto con ella.

Un momento de tranquilidad puede aliviar una vida de confusión.

Nuestra tranquilidad y nuestra felicidad dependen de nosotros mismos.

A veces, cuando estamos demasiado centrados en nosotros mismos y en la confusión en que estamos inmersos, la tranquilidad nos evita y tenemos que desviar momentáneamente la atención de nosotros mismos.



La tranquilidad es un sentimiento, no un pensamiento. Hay que intentar sentir, y no pensar en el sentimiento.

Hay un tipo de tranquilidad en la gratitud con la que recibimos a la vida, y todo lo que contiene.

En esta vida, rara vez somos libres. Nos dejamos convertir en esclavos de la moda, de la imagen, de los pensamientos y de las sensaciones. No son más que obstáculos al flujo de nuestro proceso de reflexión natural.


No hay nada mejor que descansar después de no hacer nada, la pereza es descansar antes de no hacer nada. (Esta frase es hechizante)

Vive en armonía con la Naturaleza, no nades siempre contracorriente… en ella no hay miedo, no hay odio, no hay envidia, y sin temor, odio ni envidia el corazón puede estar tranquilo.



martes, 4 de octubre de 2011

El Zen





“Aprender el camino del Buda, es aprender acerca de uno mismo. Aprender acerca de uno mismo es olvidarse de uno mismo. Olvidarse de uno mismo es estar iluminado por todas las cosas del mundo. Estar iluminado por todas las cosas del mundo es prescindir del cuerpo y de la mente propias.”
Maestro Zen Dogen




El ZEN, antecedentes: EL BUDA.


La palabra Budismo proviene de ¨ Buda ¨ que significa ¨ el iluminado ¨, ¨ el sabio ¨, ¨ el solitario de los Zakyas ¨, y fue el nombre que se dio al fundador del Budismo que se llamaba Siddharta Gotama, quien fue un personaje histórico, hijo del jefe de la tribu de los Zakyas, que creó la religión nueva contra el formalismo de los brahmanes, considerando que vivir es sufrir y que el sufrimiento resulta de la pasión. Gotama vio en la renuncia de si mismo el único medio de librarse del sufrimiento.


Siddharta, en el periodo en que se destruían las relaciones propias del régimen de comunidad primitiva y se constituían los Estados clasistas, dio expresión a la protesta de las masas del pueblo contra la religión brahmánica, contra las diferencias de casta consagradas por dicha religión, contra los complicados ritos de adoración a los dioses y contra los sacrificios cruentos. Basaba la liberación de los sentimientos, no en las transformaciones sociales ni en la lucha contra las fuerzas de la naturaleza, sino en el perfeccionamiento moral al que ha de llegar el hombre apartándose de la vida, sumergiéndose en el nirvana.


Buda negó la existencia de un dios creador, rechazó la religión de los Vedas; pero tomó de ellos la doctrina de las reencarnaciones (sansara) y de la recompensa (karma). Indicaba que las nuevas reencarnaciones no dependen de que pertenezcan a una u otra casta, ni de los sacrificios, sino de los actos buenos y malos del individuo.
Siddharta Gotama nació príncipe en un reinado por donde ahora es el área del límite entre la India y Nepal. A la edad de 29 años, deseando conocer el camino que guía al final de toda inestabilidad (impermanencia) y angustia, para asegurar su bienestar permanente, renunció al mundo llegando a ser un vagabundo ascético, haciendo voto solemne de encontrar la Realidad Ultima y Verdadera.
A la edad de 35 años el completó su propósito y obtuvo la realización de la Sabiduría Perfecta. El encontró la respuesta que guía a la completa cesación de toda la inestabilidad y angustia, que guía a alcanzar la otra orilla, la cual es la Realidad Verdadera Permanente, el Nirvana. Comenzó entonces a enseñar, instruir y guiar a otros que similarmente estaban buscando la sabiduría y la iluminación. Es la enseñanza del Buda la que es base y fundamento del Budismo.


En el Budismo, el énfasis está en la búsqueda de la Verdad, en conocerla y entenderla. El énfasis no está puesto en una fe ciega. La enseñanza del Budismo está basada en ven y observa y nunca en ven y cree. El Budismo es racional y requiere el esfuerzo personal, declarando que solo por el esfuerzo de uno mismo puede realizarse la Sabiduría Perfecta. Cada individuo es responsable por su propia emancipación de la angustia y el sufrimiento.
El Budismo permite a cada individuo estudiar y observar la Verdad internamente y no exige ni necesita ninguna fe ciega antes de aceptarlo. El Budismo no aboga por dogmas, ni credos, ritos, ceremonias, sacrificios o penitencias, todos los cuales deben ser aceptados por una fe ciega. El Budismo no es un sistema de fe y culto, sino más bien es un pasaje a la Iluminación Suprema. El Buda se refirió a sus enseñanzas como simples o como una balsa que nos saque de esta orilla de sufrimiento e impermanencia y nos lleve a la otra orilla de bienaventuranza y seguridad, la Realidad Permanente y Verdadera o Nirvana. Posteriormente a la realización del Nirvana, la balsa ya no es necesaria.


El Buda se refirió a sus enseñanzas como el Camino Medio, llamado así porque el evita los extremos de ambos, la indulgencia propia del mundo y la mortificación propia de un ascetismo estricto.
La meta de conducirse por el camino de la doctrina del Budismo es zambullirse en el Nirvana. Tiene el Nirvana como su objetivo, su fin, la Realidad Verdadera realizada.
Buda alcanzó esta experiencia de despertar llamada Iluminación mediante la práctica de una meditación exacta y poderosa, basada en el aquietamiento del cuerpo y de la mente y en una profunda introspección.


Después de su Iluminación, Buda señaló las Cuatro Nobles Verdades:


1. La Verdad del Sufrimiento. La existencia es sufrimiento.
2. La Verdad de la Causa del Sufrimiento. El deseo, el apego y la ignorancia son las causas del sufrimiento.
3. La Verdad de la Cesación del Sufrimiento. Los seres humanos podemos experimentar un estado de conciencia exento de sufrimiento.
4. La Verdad del Camino hacia la Cesación del Sufrimiento.


 A este camino se le llama Noble Sendero Óctuple, porque esta formado por ocho aspectos:


• Visión correcta.
• Pensamiento correcto.
• Palabra correcta.
• Acción correcta.
• Medio de existencia correcto.
• Esfuerzo correcto.
• Atención correcta.
• Meditación correcta.


El Estado Permanente Verdadero de la Realidad es el Nirvana, ese que No es Nacido, sin Hacer, No Manifestado, No Hecho, el que No Tiene Condiciones, La Verdad, el Nunca Creado, El Sutil, El Estable, el que no se Deteriora, el que no Envejece, el que No Muere, El Inmortal, El Pulcro, La Paz, La Bienaventuranza, La Pureza, El Excelente, La Perfección y Grandeza de la Sabiduría, el estado Libre de Enfermedades, la Exoneración y Liberación de la Enfermedad, el Sin Nombre, la Serenidad y la Pureza de la Misma Realidad Incambiable y Absoluta, la Norma, el Maravilloso, la Meta, lo Real. En pocas palabras, El Final.
Un aspecto interesante del Budismo es que plantea que habrá renacimientos futuros y continuos, y que cada vida será de acuerdo con las pasadas, si ese ser realizó acciones buenas o malas en otras vidas ya transcurridas.




EL ZEN JAPONÉS


Para muchos el Zen es considerado la cima del Budismo. El Zen es la forma abreviada de la palabra en japonés zenna, que equivale en sánscrito a dhyana. En su esencia esta palabra reúne doble aspecto de “pensamiento” y “ejercicio”, que al castellano puede traducirse como “meditación,” “contemplación,” “aquietamiento” y “concentración mental”. Zen significa, pues, el proceso de concentración de la mente en un solo punto u objeto. El Zen es un método budista para conseguir una comprensión directa de la realidad de la vida. Fue difundido durante el siglo VI desde la India a China donde se le consideró como ¨ lo que apunta directamente al corazón del hombre ¨


Se puede afirmar que el Zen es el modus operandi del budismo. La filosofía del Zen es, naturalmente, la del budismo. El Zen es una disciplina y no una filosofía, que se ocupa directamente de la vida y es donde ha desarrollado sus rasgos más característicos. Nacido de la unión entre el Taoísmo chino y el Budismo Mahayana, el Zen tiene como convicción que todos los seres pueden lograr conocerse a si mismos mediante la práctica constante y eficaz del Zen.
En toda la historia de la existencia, el hombre siempre ha querido librarse de los sufrimientos, pero por mas que ha intentado escapar de ellos se le hace muy difícil evitarlos, ya que los deseos, las pasiones, las ambiciones, etc.; son parte importante de las causas de los mismos. Por eso, con la práctica de la doctrina del Zen, se logra rescatar al hombre del sufrimiento de la existencia.


La doctrina del Zen hace énfasis en los siguientes fundamentos de sus enseñanzas:


1. La recuperación de la simplicidad y de la sencillez.
2. La posibilidad de hallarlo todo, paradójicamente, al perderlo todo.
3. Un especial entusiasmo en la riqueza del vacío.
4. La inexistencia de un principio y un fin. Tan solo existe el vacío.


EL concepto de vacío en el Zen significa darse cuenta de que realmente no se tiene nada y de que nunca se ha tenido nada. Nada que ganar y nada que perder, nada que dar y nada que recibir, ser exactamente así de pobre y sin embargo ser rico en posibilidades inagotables. El vacío zen es un vacío dinámico y vivo, inaprensible y atemporal, cuya verdadera naturaleza permanece desconocida. La esencia de la vida se siente, no se piensa, no se racionaliza o conceptualiza, y cuando se capta, se comprende su naturaleza de vacío. Ese estado de desprendimiento y ausencia de deseo es, a la vez, espiritual y psicológico.


Un poema Zen dice así: “El camino perfecto carece de dificultades, excepto la de negarse a admitir preferencias, solo cuando se ha liberado del odio y del amor se revela plenamente y sin disfraces, una diferencia de un décimo de pulgada es lo que separa al cielo de la tierra. Si quieres verlos con tus propios ojos, no debes tener pensamientos fijos, ni a favor ni en contra. Todo es adecuado y a la vez nada es adecuado”¨
Al vivir en la espontaneidad, en la naturalidad, de nada sirven los dogmas y las teorías. Objetivar, codificar, conceptualizar la realidad es la pretensión obsesiva que persigue el conocimiento convencional del hombre de Occidente. Todo lo que se presenta frente a él, ya sea divino o humano, debe ser clasificado y encapsulado dentro de una definición rígida e inamovible. De esta forma nos formamos ideas, creencias, deseos y aversiones, todas ellas ficticias, ajenas al mundo verdadero de la realidad presente y siempre cambiante.


El objetivo Zen es alcanzar el perfeccionamiento o la iluminación del ser humano de forma espontánea, instantánea, instintiva y natural. De forma fulminante se conquista la comprensión de la realidad y la armonía o integración del ser en la totalidad integradora del nuevo universo. Luego el camino zen llega a confundirse con su meta. El zen trata de conseguir vivir en la verdadera realidad, y para ello crea a su alrededor un clima o atmósfera para alcanzar la iluminación. Para ello se sirve de tres elementos: la meditación sentada o zazen, las enseñanzas de los maestros o sutras y los koan.
El zen persigue la aniquilación del orgullo, la vanidad, la obsesión, la susceptibilidad y la excesiva animosidad. El zen detesta el egoísmo que se manifiesta en efectos calculados (con resultados artificiosos y efectistas) o cualquier otro tipo de auto glorificación.
Para vivir la verdadera realidad de forma armoniosa con el universo, es necesario alcanzar el ¨satori zen¨ o iluminación inmediata. Tras una acumulación de conceptos y argumentaciones se llega al límite de carga admisible y el edificio se derrumba en sí y entonces se abre un nuevo cielo a lo lejos. Se trata de una especie de catástrofe espiritual que se presenta súbitamente. Estamos, entonces, en el verdadero punto de arranque hacia la iluminación.


Para llegar a ese punto hay que tener en cuenta lo siguiente:


1. Deshacernos de todas las imágenes ilusorias continuamente repetidas sobre las que se ha cristalizado durante tanto tiempo nuestra voluntad y que nos han proporcionado tantas angustias y preocupaciones.
2. Olvidarnos de nuestro ¨yo¨, siempre tomando tan a pecho y siempre origen de sufrimiento.
3. Desterrar todas las obsesiones que continuamente nos crispan, paralizan y absorben nuestra energía.


Una vez alcanzado el satori, las exaltaciones exteriores ya no provocan deseos contradictorios, de manera que el hombre, a partir de entonces, ya no sufre con las miserias de la vida. La ascensión al satori lleva consigo la disipación de todas las dudas e indecisiones. Ya no hay nada de lo que evadirse. Las complicaciones pasadas y presentes, siempre para, nuestro intelecto, gravosas e innumerables, ya no valen la pena.


El “satori” es, pues, el estado donde cada uno encuentra el lugar que le corresponde en el flujo de la vida, identificándose con todo lo existente y amado. Alcanzar el “satori” equivale a descubrir el significado de la propia existencia. Experimentar el estado natural de la mente, del que emanan todas las buenas acciones y la armonía. Llegar a ser verdaderamente humano, relacionándose con los demás con una conciencia y comprensión intuitiva totalmente desinteresadas.
El “satori” es un estado interno, lleno de claridad y paz, que logra en cada persona identificarse con todo lo que le rodea y contemplar a la gente sin juzgarla. Para el hombre “iluminado,” el ¨yo¨ pasa a no existir, alcanzando un estado de “pobreza” y “vacuidad” equiparable a una experiencia mística (el satori).




Beneficios de la práctica del Zen


La práctica de la meditación Zen no está en contradicción con nuestra vida diaria y sobre todo no es una evasión ante las dificultades que el vivir diario nos presenta. Gracias a la practica asidua del Zen, podemos encontrar la lucidez, la clama y las energías necesarias para resolver con soltura y eficacia las situaciones cotidianas.


A través del abandono del egoísmo, los deseos, las ambiciones, podemos sumergirnos sin miedo en nuestra existencia y evolucionar sin problemas. Los mejores momentos para sentarse en Zazen son el amanecer y el anochecer.
Estos momentos de trasformación de la naturaleza y de nuestros propios ritmos biológicos favorecen la concentración y nos preparan para purificar nuestra conciencia y nuestro cuerpo de todas las impresiones sensoriales nocivas que hemos acumulado durante el día por otra. Las personas que continúan diariamente esta práctica son testimonios de la profunda renovación que han experimentado en sus vidas.


Un aspecto a tener en cuenta es la educación en el Zen, ya que esta precisa de mucho rigor, constancia y disciplina para de esta forma lograr los beneficios de él esperados. Con relación a esto la enseñanza del Zen se dirige sobre todo al sistema nervioso frontal, fortaleciendo así el espíritu y el cuerpo, lo psíquico y lo orgánico, dicho de otra manera, al ser en su totalidad.
Practicando el Zazen influenciamos fuertemente en nuestro hipotálamo y nuestro tálamo, tranquilizándose el cerebro pre-frontal y el cerebro frontal.
Otro aspecto a tener en cuenta para la enseñanza del Zen es la figura de un maestro, pues la presencia de este es necesaria no solamente para controlar la postura y para enseñar la pacificación del espíritu sino para guiar a cada uno. Esta es la razón por la cual el Zazen debe ser practicado en la atmósfera apacible de una sala de meditación. De esta manera el practicante se beneficia, no solamente de la dirección del maestro, sino de la presencia de los demás participantes. El esfuerzo de cada uno se multiplica en un vasto esfuerzo colectivo, que sostiene, alienta y apacigua.




Consideraciones Finales


En un mundo cada vez mas globalizado por las ideas, la cultura, la información, donde lo que está cada vez mas es la ley del mas fuerte, el más rápido, el más inteligente, sumándole todo esto las catástrofes mundiales como guerras , el terrorismo, los problemas ambientales, la pobreza, la desigualdad mas creciente entre los hombres. Donde la incertidumbre y la inestabilidad son los protagonistas de esta era en la que estamos viviendo resulta entonces interesante como contrasta las diferentes religiones en los diferentes países y que papel juegan en el entorno cada vez más complejo.


Partiendo de nuestros tiempos, cada vez toma mas relevancia muchas religiones que defienden sobre toda las cosas la paz y la tranquilidad espiritual entre los hombres. En el contraste de lo que defiende cada religión y lo que realmente esta ocurriendo en el mundo es signo de alarmante preocupación.
El Budismo Zen es parte de un fiel ejemplo de lo que es experimentar la tranquilidad espiritual, haciendo énfasis sobre todo a la renuncia de todo aquello que provoca el sufrimiento en el ser humano como son las ambiciones, el egoísmo, las aberraciones, los deseos y las pasiones, todas estas emociones que en su mayoría están siendo utilizadas por aquellos que tienen el poder en detrimento de otros hombres.


El budismo Zen es más que una filosofía, es un modo de vida muy difícil de conquistar pero que conlleva increíbles beneficios al ser humano para su práctica constante hay que tener mucha fuerza de voluntad y estar convencido del Zen.
En Japón el budismo se manifiesta en todas las facetas de la vida nipona y ha llegado para quedarse, reflejándose en cada japonés.


Ernesché Rodríguez Asien
Universidad de la Habana, Cuba

viernes, 16 de septiembre de 2011

Mis Dificilísimos

Después de concluido el periodo de todoslosforos, inserto en mi blog los textos que propuse en este espléndido juego, que no sólo nos ofreció entretenimiento, sino sobre todo cultivo del discernimiento, conocimiento de textos de escritores de prestigio, y preferentemente un nexo de unión  con mis conocidos en los mundos de internet.





Este texto es distinto. Si se lee con detenimiento no es difícil percibir que tiene un estilo directo, que es de índole y condición diferentes. Es, como se ve, un documento poco común. En efecto, seguro que Ud. (con su enorme lucidez y precisión) descubre qué es lo que lo convierte en muy específico. ¿Qué es?


Pues intenten reconocerlo en estos textos:


Estos enormes seres probóscides con colmillos, que son un peligroso y temible enemigo con el que conviven los pueblos del islote, pues destruyen chozos y cultivos, tuvieron que ser reducidos uno por uno en un rincón del territorio. En ningún momento los guerreros interrumpieron multitud de incendios, ni el sonido ensordecedor de los bombos de pellejo de cordero, ni sus gritos, consiguiendo dirigirlos por un corredor obstruido en su término. Uno después de otro, en número de quinientos, vi que, siguiendo el sendero de su jefe y desconociendo su error, se vieron presos sin poder huir por ningún sitio.


Se escuchó un prolongado sonido de óboe y entendieron su sentido, subiendo todos sobre sus jumentos. El chico y el ruso consiguieron con dinero muchos de ellos y subieron en sus lomos difícilmente. El chico se entristeció viendo el jumento del ruso: lleno por todos sitios con onerosos cestos repletos de textos.
- No creo en lo fortuito-dijo el ruso, pretendiendo seguir con el hilo de su coloquio-. Fue por mor de un conocido que me envió por estos senderos, después de lo sugerido por un beduino, que…


Los lobos pueden moverse con mucho sigilo. El ruido que producen puede tener similitud con el de los “espíritus tímidos”. Primero retroceden y siguen como un espectro muy junto del ser que despertó su interés. Después, surgen de repente enfrente del ser y descubren medio rostro, viéndoles con un fulgente ojo desde el reverso de un tronco. Velozmente, el lobo, en un giro brusco y en un borroso revoltijo en el que difícilmente se pueden distinguir su níveo cuello y su velludo extremo, se pierde con el fin de retroceder y ponerse de nuevo en el dorso del intruso. Eso es ser un espectro.


Se confirmó que el Hechicero no murió, sino que sólo mudó su requisito por vivir, de evidente y visible que fue primero, en lúgubre, oculto y poco o menos que perceptible. Pero, ¡ pobre de quien se le topó recorriendo el bosque, o de pronto descubrió su rostro, encendido por un fulgor de nuestro lucero nocturno, o, sin verle, oyó su tono melodioso muy remoto, en el silencio del crepúsculo! Pues quien eso le sucedió, bien se le confundió el juicio, bien hubieron de sobrevenirle otros infinitos infortunios. De modo que, en veinte u otros muchos kilómetros en derredor, fue un dicho cierto el sostener que pudo ver u oír voces del hechicero todo el que circuló mustio y  embebido, todo mozo ojeroso, negligente y triste, todo el que pereció muy pronto y todo el que se rindió o buscó su defunción.


Mi tío defendió un concepto muy curioso; sostuvo que todos irrumpimos en el mundo con un bolso de fósforos en nuestro interior, pero que no podemos encenderlos solos… es imprescindible el concurso de oxígeno y lumbre. De este modo el oxígeno, por ejemplo, viene del soplo de gente que queremos; lumbre puede ser todo tipo de sustento que ingerimos, bellos sones, mimos, voces o ecos que engendre el estruendo que incendie uno de los fósforos. Por un momento, nos recorre un intenso estremecimiento. Un tibio regocijo crece dentro de nosotros, diluyéndose conforme corre el tiempo, entre que sobreviene un nuevo estruendo que lo excite. Todos nosotros tenemos que descubrir lo que puede producirnos explosiones y subsistir, puesto que el humo que se despide de los fósforos encendidos es lo que nutre nuestro espíritu. Ese fuego, en resumen, es su sostén. Si uno no descubre en su momento qué sucesos producen esos estruendos, ese bolso de fósforos se humedece y puede que ni uno solo de los fósforos se incendie en el futuro.


Entre que me pongo tibio de churros, le pregunto si fue él el origen de mis recientes infortunios.
Responde que sí, pero que lo hizo con su mejor intención.
Lo útil del coloquio por medio del cerebro es que se pueden componer interlocuciones con el morro lleno.
Le pregunto por qué demolió el propósito de mi existir que yo mismo diseñé, convirtiéndome en un ser libertino en los ojos de todo el mundo y me responde que no pudo permitir el hecho de consumirme expendiendo licores en el chiringuito del señor Quini y su mujer Merchi, y mucho menos concluir en un enredo con mi inquilino del sexo opuesto, por mucho que el supuesto de que esto ocurriere, dijo con disimulo, es utópico, porque yo estuve conduciendo el idilio muy pobremente.
Tenemos otro mosqueo, después oímos el timbre. Fuimos. Es el vecino contiguo, que viene con enojo porque no le permitimos dormir. Dice que si queremos discutir, que es mejor que lo intentemos con pleno pulmón, como todo el mundo, que los gritos y objetos rotos no son molestos ,pero el coloquio sin sonidos se oye por el televisor, y no veis el tedio que produce.


Este sepulcro no se expone menos que otros con el correr del tiempo, con los efectos del rocío, del líquen y los excrementos de los seres que recorren el cielo. El líquido puro lo pone verde y el viento lo ennegrece. No reside muy junto de los senderos, no es cómodo el merodeo por ese sitio por lo crecido del césped. En el momento en que lo sumerjen los centelleos del sol, se le suben diversos reptiles. En derredor se mecen los brotes de trigo movidos por el viento, y después del invierno se oyen en los troncos los ruiseñores.
Este liso pedrusco sigue desnudo. Lo hendieron previendo sólo el destino del túmulo, esto es, siendo lo suficientemente extenso y estrecho que escondiese un difunto.
Ningún nombre se lee en él. Pero en tiempos precedentes, uno escribió en su lomo estos  versos que se fueron volviendo ilegibles de goteos repetidos y polvo, y que posiblemente hoy estén deshechos:

Duerme. Si bien el destino fue con él juguetón,
él vivió. Murió en el momento en que perdió
su espíritu. El fin simplemente llegó,
como viene el crepúsculo después de irse el sol.


Lo desconocemos todo sobre cómo se constituye el Ciervo Etéreo (puede ser porque ningún hombre lo vio con nitidez), pero sí que estos funestos seres viven en sitios profundos, y no tienen otro deseo que irrumpir en pos del  brillo del sol. Emiten voces de hombre y piden que los mineros los guíen. Primero, quieren seducirlos prometiéndoles oro y cobre. Si no funcionó este embuste, los Ciervos los persiguen, y entonces los hombres los recluyen firmemente en los hondos recovecos. Se dice del mismo modo que hubo hombres que sufrieron tormentos por los Ciervos.
El mito sostiene que si los ciervos emergen y les cubre el sol, se convierten en un líquido pestilente que puede destruir todo el territorio.


Es este un pueblo tórrido y luminoso, muy rico en olivos y cerdos (con perdón), con sus muros como envueltos de nieve, que me siguen doliendo los ojos si los recuerdo, con un zoco todo cubierto de pedruscos lisos, con su hermoso venero de tres chorros en su centro. En otro tiempo, en que me fui del pueblo, en que dejó de surgir el líquido elemento de sus orificios, empero, ¡qué esbelto!, ¡qué distinguido!, nos semejó ese venero con su vértice el perfil de un niño desnudo, con su recinto todo retorcido en su borde como los símbolos de los romeros. En el zoco se ubicó el consistorio, enorme y de rectos contornos como un estuche de puros, con un torreón en medio, y en su cúspide un reloj, lechoso como un cuerpo de comunión, detenido siempre en el tiempo como si el pueblo no requiriese de su servicio, sino sólo de su hermoseo.


Unos pocos de sus conocidos le creyeron medio loco, no entendieron cómo pudo ir por el mundo, con sumo deleite, refiriéndose siempre bien de su cónyuge. Expresó su devoción incluso en momentos íntimos, en los que discurrieron como consigo mismos en el rincón de un huerto o en el pórtico del templo.
Su consorte resultó ser un sujeto común y corriente, con sus imprescindibles indicios de pésimo humor, con su ineludible desprecio por el sustento corriente, con su repelente certidumbre de que el mejor momento de querer fue siempre el que eligiese, con sus eufóricos comienzos y sus éxodos nocturnos, con su perfecto discurso y su muy prudente desinterés entre lo que son y deben ser los hijos. Un cónyuge como otros. Por eso se dedujo sorprendente su condición de perpetuo idilio que se desprendieron de los ojos y el regocijo del tío Enrique.


Fue noche de plenilunio. Hubo de producirse un ciclón de nieve. Creo que  cubrió por lo menos medio metro sobre el terreno reconocido por los reflectores. El  timbre  de silencio tocó como siempre en el nueve del reloj. Pocos minutos después oímos desde nuestro recinto, que entonces fue el  seis, fuertes gritos de dolor y órdenes de los SS. Miré por donde percibir lo sucedido: entre el portón de introducción y el recinto once, como tres veces veinte metros de trecho, pude ver  entre los copos de nieve y el fulgor de los focos un grupo informe de gente, en exilio, recibiendo golpes como si fuesen reses.
Después de eso no pudimos dormir. Mucho tiempo siguieron los golpes con empeño y no concluyeron los horribles gritos. Por si no fuese suficiente exhibición: esos perros gruñendo enfurecidos enfrente del cordón de presos.


¡Noche lúgubre! Estuvo lloviendo un diluvio, lloviendo, lloviendo, como si exprimiesen el cielo. Luz de búho y el gentío del referido Miguel vino cubierto de pieles y tembloroso sobre los jumentos. Los mulos torciéndose, ¡zuij! y se fueron de frente por el cieno. El frío hiriendo el cuerpo, por momentos se encendieron destellos de fuego, como el pecho de un Cristofué. ¡Y ruido de bombos y chuzos sin fin! Ese Miguel es un indio enorme, no bien dispuesto, gordo, llegó sobre los bordes del sendero y se hizo socio del Demonio, y por ese convenio no hubo quien le pudo vencer. Lucifer le sostiene el estoque. ¡Unión con Lucifer!


Si un hombre desconoce el doble origen del ser femenino y lo entiende por lo que supone, es  muy seguro que sufriese desconcierto, pues desde que el origen indómito de lo femenino surge de lo profundo y en poco tiempo lo sentimos presente, frecuentemente tiene unos propósitos, unos intereses  y unos sentimientos muy distintos de los que expresó en otros momentos.
Si pretende querer lo femenino, el hombre tiene que querer del mismo modo su origen indómito.



“El niño llegó entonces con los piececitos desnudos, que se volvieron rojos y grises del frío, sosteniendo en el vientre un bolso muy viejo, con montones de estuches de fósforos dentro, y mostró con sus dedos uno de ellos. No tuvo suerte hoy, ningún cliente se presentó y, por consiguiente, el niño no obtuvo ni un céntimo. El no comer en mucho tiempo, con frío y muy mísero vestido… ¡Pobre niño! Los copos de nieve se extienden en su copioso pelo rubio, que le desciende en preciosos bucles sobre el cuello. Pero no le preocupó su pelo, vio bullir luces por entre los vidrios de los edificios, el olor de los guisos percibiéndose por todos sitios. Es el 24 de Diciembre, y en este festejo reflexionó el infeliz niño”.



Yo, señor, no soy perverso,  y puede que tuviese motivos suficientes de serlo. Los mismos cueros tenemos todos los hombres desde el comienzo, pero conforme crecemos el destino nos convierte como si fuésemos derretidos, y nos impele por senderos diferentes con el mismo fin: morir. Unos hombres son conducidos por senderos de flores, y otros hombres son impelidos por recorridos espinosos entre pinchos. Los primeros obtienen un “ver” sereno y el perfume de un feliz y risueño rostro inocente; estos otros sufren del sol violento del desierto y fruncen el ceño como los felinos por defenderse. Es muy diferente embellecerse el cuero con colorete y perfume, que coserse de signos que después no podremos suprimir.



Luego de oír seis toques en el reloj, después de beber un montón de té,  me fui del centro de peregrinos, del que no recuerdo su nombre, pero sí lo recuerdo no muy lejos de Novocherkosk, en los terruños de los pueblos del Don. Hubo oscurecido y entonces, cubriéndome bien con un grueso curtido de piel y un poncho, me senté en el trineo junto del rostro de Elioshke. Me fijé en que no muy lejos del puesto de correos el tiempo pudiese ser menos frío y con poco viento. Cesó el goteo de nieve pero no pude ver luceros, y el cielo es como si estuviese enormemente junto y negro, no como el limpio terreno níveo que se extiende frente nuestros ojos.



Entornó de nuevo sus ojos, pero torpemente consiguió reconocer enfrente suyo el perfil de un médico con uniforme verde, uno de los muchos que en los últimos minutos vio por turnos desde su lecho. Incluso tener los ojos fijos unos segundos  le supuso un enorme esfuerzo. Todo el confort e intrepidez que recientemente desembocó en su loco intento de deserción se esfumó muy pronto. Se sintió sufriendo como no recordó. Creyó que su cerebro produjese explosiones y retortijones de dolor, profundos como estoques introduciéndose por su cuerpo.



Voy corriendo con el deseo de volver pronto por mi piso, y los tornillos del techo se desprenden de mi bolsillo y se extienden por el suelo. Sé que debo detenerme y recogerlos, porque pueden destruir los soportes de todo coche que los pise, pero incluso el peligro de un reventón y el consiguiente choque múltiple no contienen mi propósito. Quiero irme por fin, quiero obstruir el portón y sentirme solo con el único ser vivo en el que confío: yo. Pero, torciendo en el stop de mi distrito… ¡veo el coche de Theodore puesto enfrente de mi piso!



Subimos de nuevo de nivel después de comer. Enfrente de nosotros se dibujó el perfil costero sin el menor temblor en su superficie, que el lucero de noche iluminó con su brillo. El enorme buque se deslizó, extendiendo por el cielo, que percibimos todo lleno de soles remotos, un reguero de humo negro; nos volvimos y vimos níveos torbellinos producidos por el movimiento del inmenso buque, los golpes de sus hélices removiendo el verde espumoso creímos que fuesen destelleos del lucero nocturno rompiéndose.



No recuerdo qué pensé. En mi mente conservo indeleble el dibujo del recinto: el dormitorio revuelto, el ropero desierto, un sol reluciente irrumpiendo por el portillo descubierto y mi cuerpo sobre el jergón deshecho, sosteniendo el escrito con los dedos, sintiendo mi preñez reciente entre que noto un chorro de sudor frío descendiendo por mis sienes. Los conceptos que en ese momento recorrieron mi mente, no sé si existieron o no produjeron vestigios porque desde ese momento no pude revivirlos.



José Gómez observó con regocijo que el cielo despuntó nítido y sin nubes en ese momento. En otro período no le hubiese supuesto ningún inconveniente el tiempo que hiciese. Es suficiente ponerse un sombrero si llueve o un viejo sobretodo que te preserve del frío. Pero ese lunes fue diferente en cierto modo, o esperó que lo fuese. En su existir monótono, en el vivir monótono de todos los ibéricos, un simple encuentro imprevisto puede convertirse en un evento distinto. Pocos minutos después temió ese encuentro insólito, no creyendo ser cierto. Pensó en el riesgo de que fuese un cruel chiste de uno de sus conocidos del periódico, de un error, de un equívoco. Pero no, el remite del sobre le demostró provenir de Londres. Leyó el escrito de nuevo entre sorbos de té en su oscuro dormitorio.



El joven se resistió desde muy pronto con los sordos deseos de sus progenitores. Rose se le reveló como un ser bello. Puede que un poco solemne, pero él supo que en su interior, los pocos momentos en que logró vivir muy próximo y se topó con su cuerpo en un breve pero perseguido encuentro, Rose fue como flor entre roquedos, que se extiende con el fulgor del sol ígneo.
Eso le hizo sentirse muy hombre, solo que en el primer progreso del codicioso novio junto ese pulmón estremeciéndose, Rose siempre produjo recelos.



Hoy puede ser un buen momento,
convéncete de ello,
sentirlo o que cruce sin fruto
depende mucho de creerlo.

Retén los minutos con hechos nuevos
que pueden surgir,
y recíbelos como si fuesen
motivos por existir.

No toleres que se esfume,
surge y consume
los sucesos por entero.
Hoy puede ser un buen momento,
duro con él.

Hoy puede ser un buen momento
donde todo interese por descubrir,
si lo dispones como el último
que te quede por vivir.



El último mono, es como siempre me dice quien me engendró en ciertos momentos decisivos, y no me lo dice porque investigue los orígenes del hombre. Me lo dice en el momento previo de sentir yo el coscorrón de turno. Me enfurece el que me tilde como el último mono, del mismo modo que le enfurece que en el pueblo me designen como el Miope. Es curioso que nos molesten motes distintos, siendo los dos del mismo origen.

El Imbécil es mi sobrinito, el único que tengo. Mi tío me reprende si le digo el Imbécil, pero no existe ningún mote que él considere oportuno… Se me ocurrió poco después de verle siendo bebé. Me llevó mi tío por los comercios, siendo yo muy pequeño, recuerdo que me pusieron lentes enormes y un mozo del puesto de legumbres me dijo:

“Pobrecillo, con lo pequeño que es”



Entenderéis como los hombres,
heridos por los perjuicios que ellos mismos se imponen,
prescinden de los bienes que les envuelven, que no oyen ni ven:
son pocos los que consiguen eludir su infortunio.
Ese es el destino que entorpece el espíritu de los hombres,
como juguetes de niños que recorren por uno y otro sitio,
oprimidos por sufrimientos sin número:
porque sin prevenirlo les hiere el Odio,
su congénito y triste socio,
quien no debe ser ofendido, sino cederle el turno y huir de él.



El cultivo del mejillón no es lo que fue en otro tiempo. Entonces, los que con duro esfuerzo recogieron mejillones de modo intensivo fueron solo expertos. Pero en el presente son los domingueros quienes en ciertos períodos de Julio cogen mejillones como gozo propio y exclusivo. Y peor, sin respeto del ciclo de reproducción. El observó de todo desde tiempos remotos. Cómo sirviéndose de un cepillo destruyen los símbolos femeninos y rehúyen los controles, cómo emprenden el expolio de cubos de otros e incluso se sumergen con el fin de coger con sus redes los mejillones de los cubos del prójimo. Por momentos se cuestionó dónde nos conduce todo si ni entre los cosecheros de mejillón reside el menor indicio de honor. Un hecho que comprobó, es que un pillo sustituyó un buen número de mejillones del interior de su red por un litro de buen vino. Ese chorizo, por lo menos, dio signos de un poco de rectitud o, en su defecto, de sentido del humor.




Dicen los viejos futboleros
que un 6 de Diciembre creció su ilusión.
Del río Betis tomó su nombre
y lo defendió con pundonor.

Ejemplo de mi pueblo,
estirpe verde y  níveo de Heliópolis,
un espíritu que vive rugiendo ¡Betis!
Siguiéndolo por los mundos victorioso.

Y es por eso que hoy vengo feliz,
bético seré incluso si muero.
De Torre del Oro presumo orgulloso,
si veo mi Betis en el Olimpo.

Mi Betis, Betis, Betis,
permaneceremos juntos en el sur,
disfrutemos del glorioso escudo,
orgullo del fútbol en el universo.




¡Oh, mísero de mí! ¡Oh, infeliz!
Consumidme, cielos, pretendo
puesto que decidís sobre mí,
qué delito cometí
sobre vosotros existiendo;
pero si viví, entonces entiendo
en qué delito incurrí.
Suficiente motivo promovió
vuestro rigor justiciero;
pues el delito superior
del hombre es que se engendró.
Sólo quiero inquirir,
por redimir mis desvelos
(poniendo en su sitio, cielos,
el delito de existir)
en qué os pude ofender
puesto que me destruís del todo.
¿No existieron los otros?
Pues si los otros existieron,
¿qué privilegios tuvieron
que no gocé de ningún modo?
Surge el colibrí, y con los colores
que imprime su bello vuelo,
en poco tiempo es espejo,
o conjunto de flores,
que con etéreos sones
se cierne muy veloz,
resistiendo el rumor
del nido que dejó en sosiego:
¿y teniendo yo espíritu pleno
tengo menos permisión?



En un pueblo de Toledo, de cuyo nombre no tengo recuerdo, no hizo mucho tiempo que vivió un noble de los de rejón en perchero, escudo envejecido, rocín enjuto y lebrel corredor… Un puchero con menos cordero que ternero,  cocido de noche, duelos y desconsuelos los jueves, centeno los viernes, puede que un pichón de resto los domingos, viendo consumidos los dos tercios de su peculio.
El otro tercio consistió en vestido de fieltro, perniles de velludo en los festejos, con sus borceguíes de lo mismo, y el resto del tiempo enlucido con su vellori de finísimo hilo.