martes, 25 de junio de 2013
Yo Soy Dios en Acción (Saint-Germain)
La tendencia natural de la vida es Amor, Paz, Belleza,
Armonía y Opulencia. A ella le es indiferente quien las use y continuamente
está surgiendo para manifestar su perfección. La Vida, en todas sus actividades,
es Dios en acción. “Yo Soy” es la actividad de la vida. Cuando tú dices “Yo Soy”,
sintiéndolo, abres la fuente de la Vida Eterna, para que corra sin obstáculos a
lo largo de su curso, le abres la puerta ancha a su flujo natural.
La primera expresión de todo ser individualizado en
cualquier parte del Universo, bien sea en pensamiento, sentimiento o palabra,
es “Yo Soy”, reconociendo así su propia victoriosa divinidad. Es mucho más que “Yo
Existo”. Es después, en su contacto con lo exterior, con actividades
incorrectamente calificadas, que él comienza a aceptar cosas menores a “Yo Soy”.
A través de largas centurias de ignorancia e incomprensión, la humanidad ha
cargado de falsedad e irrealidad hasta la atmósfera que la rodea.
No hay sino un amor actuando, una Inteligencia, Poder y
Sustancia en cada individuo, y eso es Dios. Yo Soy la gran opulencia de Dios
hecha visible en mi uso continuamente. ¡Si el hombre se volviera hacia su Yo
Superior sabiendo que Éste es Dios, sabiendo que Él es toda Perfección y que la
apariencia externa no es sino creación humana, por el mal uso del poder Divino!
No hay otra forma posible de traer esta perfección a la mente, cuerpo y
experiencia, sino por medio de la Aceptación de la Gran Presencia de Dios.
“Yo Soy el Gran Círculo Mágico de protección alrededor
mío que es invencible, que repele todo elemento discordante que intenta entrar
a molestarme. Yo Soy la Perfección de Mi Mundo y ésta es autosostenida. Yo Soy
la supremacía del hombre. A donde quiera que yo me dirija, Yo Soy Dios en acción”.
Cuando uno conscientemente busca alcanzar el Círculo
Electrónico Interior de Dios, hace de su expresión y actividad exterior un
canal incesante para el flujo de la Esencia pura que le viene de la Divinidad. Aquel
que está tratando de alcanzar el interior del Círculo Electrónico llega a ser
un manantial continuo, y la propia radiación es una bendición para la raza
humana.
¿No es desastroso que los hijos e hijas de Dios se
sometan a las limitaciones cuando con un esfuerzo persistente y determinado
abrirían la puerta y entrarían en esta gran cámara interior llena de luz,
joyas, oro y substancia de todos los alimentos del Universo? Y luego con esta
verdad plena frente a ellos, estos individuos vacilan aún por la imposibilidad
de creer que pueden dar el paso, tomar este cetro y ser libres.
El camino seguro hacia la comprensión y uso de este
poder consciente nos viene por medio del autocontrol. El autocontrol se ejerce
pensando y diciendo inmediatamente frente a todo lo inarmonioso que se
presente: No señor. Esto no puede ser verdad porque mi Yo Soy es perfecto. Borro,
pues, todo lo que esté mal hecho por mi conciencia exterior y no acepto sino la
perfección manifestada”. ¿Qué pasa entonces? Que le has abierto la entrada a
Dios “Yo Soy”, y Él endereza todo lo exterior.
Absolutamente todo en la experiencia humana puede ser
gobernado por la Presencia “Yo Soy”. Cuando tú dices “Yo Soy” pones a Dios en
actividad. Cuando sientas y conozcas la enormidad del uso de esta expresión,
realizarás el enorme poder del “Yo Soy”. Cuando tú dices “Yo Soy el Poder de
Dios Todopoderoso”, no hay otro poder que pueda actuar, habrás libertado y
soltado la plena actividad de Dios.
Un pensamiento maravilloso para vivir con él siempre es
el siguiente: “Yo Soy el Pensamiento y el Sentimiento creador perfecto presente
en todas las Mentes y Corazones de todo el mundo”. No solamente da paz y reposo
al que lo envía o al que lo genera, sino que provoca dones sin límites que
vienen de la Presencia.
Solo ocasionalmente ha surgido una verdadera
comprensión del “Yo Soy”. Jesús fue el primero en darle énfasis en el mundo
externo. Cuando haces un decreto de la Verdad y te aferras a él, debes recibir.
Tu deber es simplemente el de saber que la Presencia “Yo Soy” está actuando.
Forma el hábito de calificar constantemente tu mundo
con la Perfección. El hábito viejo de pensar imperfecciones ha llenado tu mundo
en el pasado. Ahora lo importante es el estar consciente de que todo el tiempo
estás llenando tu mundo con la Perfección. Lo primero que vas a hacer por la
mañana es ponerte en pie y decir con sentimiento: “Yo Soy la Presencia llenando
mi mundo con la Perfección este día”.
Plática de Jesús
“YO SOY la puerta abierta que ningún hombre puede
cerrar”
“Tu Poderosa Presencia YO SOY es la Verdad, el Camino y
la Vida”
“Tu Poderosa Presencia YO SOY es la Luz que ilumina a
todo hombre que viene al mundo”
“Tu Poderosa Presencia YO SOY es la Luz, es la
Inteligencia que te dirige, es tu Energía Inagotable Sostenedora”
“Tu Poderosa Presencia YO SOY es la Voz de la Verdad hablando dentro de tu corazón, es la
Luz que te envuelve en su Presencia Luminosa, es tu Eterno Cinturón de
protección a través del cual ninguna creación humana puede pasar. Es tu Eterno
Depósito de Energía Inagotable que puede ser liberada cuando desees a través de
tu descarga consciente”
“Tu Poderosa Presencia YO SOY es la Fuente de la Eterna
Juventud y Belleza, la cual llamas a la acción y expresión en tu forma humana”
“Tu Poderosa Presencia YO SOY es la Resurrección y la
Vida de tu cuerpo, de tu mundo de acción, en esa Perfección que todo corazón
humano desea”.
Maestro Saint Germain – El Libro de Oro (1935)
(Esta es la Sagrada Enseñanza que el Ascendido Maestro Saint Germain ha dispuesto para esta Su Era de Oro, y que forma el Tercer Ciclo de Enseñanza de la Hemandad Saint Germain, después de lo cual el discípulo queda en conocimiento pleno de su PRESENCIA "YO SOY")
martes, 18 de junio de 2013
Gobernantes: póngannos una ración de Patriotismo Andaluz (Blas Infante)
¡Pongámosla
bien aderezada, por favor! Si es posible, esta vez antes de cien años, antes de
que el fétido olor del cadáver español nos provoque una indigestión permanente…
Si lo que resta de la personalidad regional andaluza
llegase a perecer, acabaría con ella la personalidad, la cualidad original
vinculada por cada uno de los hijos de Andalucía, cuyas afinidades, determinan
su agrupación natural en un mismo pueblo. A evitarlo debe conspirar el patriotismo
de todos los andaluces, teniendo en cuenta lo que dijimos sobre patriotismo y
dignidad patriótica. Es decir, en cuanto al patriotismo, que éste consiste en
aunar las condiciones de acuerdo con las leyes naturales; esto, es, adecuando
el solar a la mejor satisfacción de los ideales, fecundándolo y
embelleciéndolo, fortificando la personalidad y purificando sus virtudes y su
actividad, multiplicando su eficacia creadora y con ello su capacidad para el
triunfo, haciendo que el genio de Andalucía se explaye en las más grandes
creaciones.
Y en cuanto a la dignidad patriótica, téngase presente
que el mísero estado actual de Andalucía es indigno de la personalidad común;
que ésta está compuesta de la personalidad de los individuos que componen la
región; que la humillación de la región a cada uno de sus hijos comprende, por
lo que la dignidad de cada uno debe responder a la conservación y exaltación de
la dignidad regional.
Nosotros, penetrados de la herencia que nos legara la
inconsciencia o la culpa o el crimen o la cobardía de nuestros mayores:
penetrados de esta herencia de la nación cadáver, cuya historia veíamos solo
continuada por el fuego fantástico de aquellos factores inconscientes,
escuchábamos tristemente los gritos de ultratumba que anunciaban la crisis de
los partidos: la crisis fundamental del Régimen…
Y anunciamos con valor y firmeza: la crisis ha sido más
fundamental. Las crisis de ahora son crisis de fantasmas que en la nadidad de
la mente se abisman. La Crisis no fue de partidos ni de regímenes: fue crisis
de vitalidad. Se operó la gran crisis cuando España murió. Las crisis de ahora
son las de tránsito, son las que operan el desmoronamiento de la nación muerta.
Se nos miró con estupor. Se nos tacha de pesimistas primero;
de locos de atar, más tarde. ¿España muerta? Era cosa de reír ante una salida
seguramente inspirada por el ansia de espiritualidad, de quijotes dislocados.
¿España muerta? He aquí su territorio; he aquí que en él pululan millones de
hombres que se llaman españoles. He aquí múltiples instituciones económicas y
culturales y políticas que se dicen españolas: organismos de una vida, resortes
al servicio de un Poder…
Pero nosotros argüíamos imperturbables: toda realidad
viva lo es, en cuanto vincula de imperativos esenciales, dos fundamentales
distintos: el de conservación y el de superación. Una nación es una conciencia
y un sentimiento, una realidad viva en la conciencia y en el sentimiento de los
individuos que la componen. Españoles, ¿en dónde está España? Investigad
vuestra conciencia y vuestro sentimiento. ¿se encuentra en ellos esa realidad
viva? España es un territorio sin medios defensivos, a merced del primer
congreso internacional, que a los hombres de este territorio imponga su norma o
su ley. Españoles, ¿cuántos de vosotros y cuántas veces al día os sentís
seriamente inquietados por el instinto alarmado de conservación de España?
España es un compuesto de hombres paralizados, o mejor dicho, indiferentes, en
cuanto a la superación del conjunto en
todos los órdenes de la actividad. Entonces, ¿cuántos de vosotros y cuántas
veces al día ansiáis u os sentís capaces del sacrificio, por la superación, por
el progreso de ese compuesto nacional? ¿Quién de vosotros es capaz de sacrificar
un céntimo de su bolsillo o un instante de su tiempo por esa sombra sin esencia
que se llama España?
La vida del individuo se determina por un ideal, por una
finalidad cualquiera de mejoramiento o de cualquier índole. Esto mismo sucede
con los pueblos. Pueblo vivo, pueblo con ideal. Españoles, ¿queréis decirnos en
dónde está el ideal de España?, ¿en dónde la vida de sus organismos?, ¿en dónde
las eficiencias vitales de su poder? Un territorio yermo, unos cuantos millones
de hombres que se dicen españoles por el hecho fortuito de haber nacido en un
territorio es pañol, no por llevar en sí ni por sentir en sí a España, no por
vincular una conciencia nacional agotada para siempre. He aquí lo que de España
resta: Realidad sin instinto de conservación; sin instinto de superación; sin
concreciones de este instinto en la aspiración de un ideal. Realidad que es
apariencia de realidad. Realidad sin esencia. Realidad cadáver.
Y contábamos la doliente historia de la muerte de
España; y asegurábamos que creer que vivíamos en España, era continuar en
nosotros la fingida historia de un cadáver; historia de interna descomposición;
historia de externa quietud; historia que no es historia. No es el tiempo, es
la actividad quien viene a fraguar la historia de las realidades que viven…
Entonces nosotros, soldados conscientes y fervorosos de
la vida, quisimos luchar por ella en territorio español. ¿Cómo? ¿Acometiendo la
empresa estéril de resucitarla? ¿Acaso hay poder capaz de resucitar a los
muertos? No; y he aquí nuestro optimismo y nuestra razón, generaciones de
abúlicos fantasmas que danzáis alrededor del cuerpo inerte de una patria que
murió.
El viejo tronco desmochado apuntaba retoños nuevos.
Nacionalidades renacientes, impulsadas por el vigor de una savia, que no llegó
a absorber del todo la vida del cuerpo central, se rebelaban contra la muerte.
Y nosotros concentramos nuestro vivir en el de aquellos incipientes brotes; y
como los faquires indios, pusimos todo nuestro ser en el fervor evocador del
crecimiento de la vida nueva. Llegamos a proclamar la muerte de España, no como
justificación de nuestra inercia, no como desesperanza que fundamenta la
vergonzosa pasividad, sino como espoleo de nuestro coraje contra la victoria de
la negación; como hecho norma de nuestro proceder, ordenado a la creación gigante
de las patrias que ansiaban vivir. Así llegamos a formular uno de esos
apotegmas del regionalismo andaluz, que el tiempo de su promulgación os hacía
sonreír: “La vieja España murió. Resta viva una esperanza: la Federación de las
nacionalidades de Iberia.”
Blas Infante - El Ideal Andaluz (1915)
lunes, 17 de junio de 2013
Acerca de la Alhambra esotérica: Sala de Dos Hermanas (Antonio Enrique)
En la Sala de Dos Hermanas el ideal hermético, unido al
efecto de transparencia y equilibrio, alcanza el cénit de perfección más señero
de nuestra Alhambra. Todo aquí se interrelaciona: sus elementos son la
consecuencia impecable de una esencialidad uniforme sugerida, más que plasmada,
por los ritmos discontinuos, las perspectivas profundísimas y los límites de
transgresión con otras dimensiones sensoriales. Esta estancia trasvasa todo lo
imaginable: su misterio elemental radica en que: siendo inmóvil su estructura,
las líneas que la conforman semejan un movimiento lindante con el vértigo; en
que, siendo inerte su composición, sus miles de resonancias la hacen viva y
quimérica, casi anatómica; en que, siendo sus motivos geométricos abstractos,
sugieren siempre lo concreto y, finalmente, en que, representando el macrocosmos,
su repercusión traspasa el signo de lo microcósmico, con lo que el hombre queda
oscilante entre los mundos que pueblan este universo, sea en su apariencia
vegetal, mineral o animal, estados que aquí carecen de consistencia rígida para
fusionarse en la unidad, alma de la cosas.
En la Sala de Dos Hermanas una enigmática fuerza de
absorción, debida a su singular arquitectura iniciática nos impulsa a la
meditación extática. Es aquí donde se comprende la idea trascendental de la filosofía
humana: esto es, que no somos nosotros agentes de la vida, sino que es la vida
agente de nosotros mismos. Que se llama vida al tránsito, no de nosotros por el
mundo, sino del mundo a través de nosotros mismos, y que este mundo, con los
objetos y estados que lo integran, no es sino la proyección de la energía
universal de la que nosotros participamos, probablemente en mayor grado que los
otros reinos de la creación, y que así como los colores no existen sin la luz
que les da vida, las cosas, objetos que nos distraen de la verdad, solo existen
en la medida en que son utilizados para la evolución de esa misma energía, que
es unitaria tanto para lo animado como para lo aparentemente inerte. El tiempo,
entonces, se nos ofrece como los distintos estados en que se nos evidencia la
energía, intrínseca a ella, pero proveniente de lo externo, antes bien como
desplazamiento espacial, como evolución de sí misma, inmóvil en decurso
cíclico. La historia, por tanto, se nos presentará, no como un desarrollo accidental,
sino como cristalizaciones de la energía, aplicada a una ignota ley biológica
de los acontecimientos. Esta Unidad, manifestada en lo distinto y discontinuo,
sea la Conciencia. Una conciencia cósmica que se nos manifiesta como arquetipo
máximo de esta sala. Estancia tal sobrepuja en fascinación y armonía a todas
las de la Alhambra.
Es en la alusión alquímica de Géminis donde hemos de
buscar la trascendencia esotérica de esta sala. Géminis rige la sexta fase
filosofal de la Gran Obra: la “coagulatio”, fijación o cristalización. Consiste
ésta en la fusión del azufre espiritual sobre el mercurio líquido,
constituyendo el cinabrio a partir de esta “boda química”. Como es sabido, el
azufre y el mercurio de la hierogamia filosofal poseen un simbolismo hermético
innumerable: las rosas roja y blanca, los principios del Sol y la Luna, del oro
y la plata, del fuego y el agua, del espíritu masculino (Ave Fénix) y del alma
femenina (Águila), cuya fusión se hallaría expresada en los dos triángulos
contrapuestos del Sello de Salomón y en el bicefalismo de águilas y leones
(Esfinge).
La Sala de Dos Hermanas es el “palacio misterioso”, “el
palacio cerrado del rey” que representa el oro vivo o filosófico, oro vil,
despreciado por los ignorantes, oculto bajo escorias que lo ocultan de los
ojos. En este palacio mora un anciano que los textos alquímicos identifican con
Saturno, pues el acto de devorar a sus hijos está en razón simbólica de los
leones, Verde y Rojo, esto es, del disolvente (azufre) y del cuerpo a disolver
(mercurio), por lo que la coloración resultante será purpúrea.
Sus dimensiones, 8 mts. de lado por 13 de alto, dan por
resultado el número aúreo (phi), clave del mundo. En ella vemos insertas las Tres
Tablas, o Tríada Hermética que integra, en los distintos planos de su
estructura, las dimensiones de la Sala:
El Cuadrado (la Inteligencia, primer arcano del
demiurgo: la Paternidad), representado en su planta cuadrada.
El Rectángulo (el Misticismo, segundo arcano del
demiurgo: La Filiedad) plasmado en dos losas gemelas del suelo.
El Círculo (la Intuición, tercer arcano del demiurgo:
la Omnipresencia) expresado en el perímetro de la bóveda.
Siete son los pisos simbólicos de la Sala hasta
culminar en la suntuosa bóveda, tránsito de la piedra filosofal, esto es, el
Pelícano, que tiene su trono en la cima de una montaña de siete escalones. Los signos
filosofales son bien patentes por toda la Sala: los rosetones, compuesto de
seis lóbulos, no son sino símbolos salomónicos, utilizados estos círculos para
el sometimiento de los djins; la enigmática flor de lis que sella los mocárabes
de la bóveda en dos tonalidades, púrpura y lapislázuli, los dos colores de la
sexta fase de la Obra, y que simboliza los cuatro elementos más la
quintaesencia o Éter; dos manos camufladas entre la espesura de estuco y que
sujetan una flor exótica abierta, el único infringimiento sobre la prohibición
coránica de no representar seres vivos. En efecto, no existe infringimiento
cuando lo representado supera la razón decorativa: estas manos cerradas
representan el poder y la Rosa del Conocimiento, espíritu y materia
armonizados.
La Sala de Dos Hermanas bastaría por ella misma a un
tratado, tal la armónica estructura de su construcción. Quede, pues, abierta la
receptividad del viajero para hallar en la contemplación de sus bellezas
aquello a lo que ni siquiera el hermetismo alcanza. Porque escrito en sus muros
está que: “sabrás mi ser, si mi hermosura miras”.
Antonio Enrique - Tratado de la Alhambra hermética
miércoles, 29 de mayo de 2013
La guerra de los pobres es una victoria segura (Joaquín Cózar)
Las Bienaventuranzas
son mera utopía que no nos llevan a ninguna parte; es una esperanza que ya está
caduca. El hombre tiene que actuar con la razón, y más teniendo tan cerca los
problemas y los marginados. Bajémonos de los pedestales, despojémonos de las
vestiduras, repartamos lo que nos enriquece, hagámonos “pobres” de verdad,
demos ejemplo con ello y todo será diferente. La guerra de los pobres es una victoria
segura contra esos ricos sin escrúpulos que destrozan las naciones, las
sociedades, que están cambiando un mundo a costa de su avaricia, de su usura,
de sus políticas injustas e incumplidas.
No debe haber ningún
pobre, deben ser todos ricos en común. El pobre se hace en cuanto los ricos se
quedan con el salario de los trabajadores, no solo con violencia y engaño, sino
con el pretexto de las leyes. Las invenciones de los poderosos, adornadas con
los colores de la nación, se convierten en leyes, y los hombres perversos con
codicia insaciable se reparten entre ellos los bienes que debían destinarse a
la necesidad de todos.
Da la impresión de
que a la vez que nos vanagloriamos de lo que se llama progreso –que realmente
existe– se da en mayor medida el efecto contrario, el subdesarrollo, la
pobreza, las guerras. La mala distribución de la riqueza y el aprovechamiento
desmesurado de las clases altas hacen que se tenga que hablar de un
desequilibrio social que al final lo paga el que es débil.
Es muy difícil
establecer unas normas de conducta en el hombre para poder llegar a erradicar
esa pobreza que nace cuando se establecen las diferencias de clases. Lo primero
sería un cambio de actitud en el propio hombre, llevado a través del empleo de
su razón. La razón es ver las cosas tal como son. El hombre actual educado
desde niño por la religión, aun sin ser practicante, estando alejado de
cualquier tema relacionado con esa creencia en su vida, no le concede ninguna
atención en su vida cotidiana; está inmerso en su trabajo, su familia, sus
deudas –que no es poco– y vive más pendiente de sus problemas económicos y
familiares que del cumplimiento de su fe. El hombre actual no actúa en lo que
hace porque cree debidamente, sino por el simple hecho de “cumplir”. Luego de
haber cumplido, vuelve a la monotonía y se olvida de todo lo demás. La religión
no suele dejar huella en la mente del hombre, ni ocupa un lugar preferente en
su vida y su familia. El hombre vive cada vez más alejado de Dios.
Habría que pegar
muchos carteles por las calles de todo el mundo que dijeran:
AL HOMBRE DE HOY
Si quieres ser libre en una sociedad más justa
utiliza tu razón y olvídate de la fantasía.
Descubre quién eres verdaderamente y de dónde
vienes,
cómo es la Sociedad en que vives y cómo se formó.
Cuando conozcas esto pon en práctica la justicia
y la solidaridad; lucha por desbancar al explotador
y al usurero, al que te engaña
y al que te hace promesas falsas.
Los hombres libres unidos son invencibles
contra la escoria que provoca el desajuste económico
y crea pobreza y muerte a los más inocentes.
AL HOMBRE DE HOY
Pon en todos los ámbitos de tu vida
la solidaridad con quien es como tú.
No seas partícipe de la injusticia,
únete a sus problemas aunque no sean los tuyos,
defiéndelos con ellos para conseguir
una Sociedad, sobre todo laboral,
mucho más igualitaria
donde todos puedan vivir con dignidad,
no con necesidad y miseria.
No cierres los ojos ante quienes cometan,
con el pretexto de la legalidad, atrocidades.
Lucha unido por romper el esquema
que anula la dignidad del hombre
y lo lleva a la pobreza.
A LOS JÓVENES DE HOY
No permitid nunca ser ignorados ni engañados
por los políticos ni por las instituciones.
Sois el futuro de la nación.
Exigid, si es preciso con la lucha, vuestro derecho
a un trabajo, un salario y una vivienda digna.
La Sociedad en la que vivís no es una Sociedad
perfecta
y es a vosotros a quienes corresponde sanearla
para que en ella no existan clases sociales
y haya oportunidades para todos.
Hay muchos que se enriquecen a costa de la sinrazón
y de la falta de valores de solidaridad y respeto.
Romped las reglas del juego,
que se está jugando con cartas marcadas.
Joaquín Cózar
Infante - Mirar hacia atrás
viernes, 24 de mayo de 2013
Acuerdos que pueden cambiar la vida (Miguel Ruiz)
Antes de que naciésemos, aquellos que nos precedieron crearon un enorme sueño externo, que llamaremos el Sueño de la Sociedad o el Sueño del Planeta. Incluye todas las reglas de la sociedad, sus creencias, sus leyes, sus religiones, sus diferentes culturas y maneras de ser, sus gobiernos, sus escuelas, sus acontecimientos sociales y sus celebraciones.
Nacemos con la capacidad de aprender a soñar, y los seres humanos que nos preceden nos enseñan a soñar en la forma en que lo hace la sociedad. Los adultos que nos rodeaban captaban nuestra atención y, por medio de la repetición, introdujeron información en nuestra mente. Así es como aprendimos todo lo que sabemos. El sueño externo capta nuestra atención y nos enseña qué creer, empezando por la lengua que hablamos. Tan pronto como estamos de acuerdo con algo, nos lo creemos, y a eso le llamamos “fe”. No escogimos estas creencias, y aunque quizá nos rebelamos contra ellas, no éramos lo bastante fuertes para que nuestra rebelión triunfase. El resultado es que nos rendimos a las creencias mediante nuestro “acuerdo”.
Llamo a este proceso la Domesticación de los seres humanos. A través de esta domesticación aprendemos a vivir y a soñar. En la domesticación humana, la información del sueño externo se transfiere al sueño interno y crea todo nuestro sistema de creencias, y perdemos todas nuestras tendencias naturales. La domesticación es tan poderosa que, en un determinado momento de nuestra vida, ya no necesitamos que nadie nos domestique. Estamos tan bien entrenados que somos nuestro propio domador, nos castigamos y nos premiamos.
Nuestro sistema de creencias es como el Libro de la Ley que gobierna nuestra mente. No es cuestionable; cualquier cosa que esté en ese Libro de la Ley es nuestra verdad. El Juez interior utiliza nuestro Libro de la Ley para juzgar todo lo que hacemos y dejamos de hacer, todo lo que pensamos y no pensamos, todo lo que sentimos y no sentimos.
Hay otra parte en nosotros que recibe los juicios, y a esa parte le llamamos la Víctima. La Víctima carga con la culpa, el reproche y la vergüenza. Cualquier cosa que vaya contra nuestro Libro de la Ley hará que sintamos una sensación que se llama “miedo”. Aunque el Libro de la Ley esté equivocado, hace que nos “sintamos seguros”.
En el sueño del planeta a los seres humanos les resulta normal sufrir, vivir con miedo y crear dramas emocionales. Vivimos en el Sueño del Infierno. Toda nuestra mente es una bruma que los toltecas llamaron “mitote”. Nuestra mente es un sueño en el que miles de personas hablan a la vez y nadie comprende a nadie. Todo lo que creemos sobre nosotros mismos y el mundo, todos los conceptos y programas que tenemos en la mente, todo eso es el mitote. Nos resulta imposible ver quiénes somos verdaderamente; nos resulta imposible ver que no somos libres.
Durante el proceso de domesticación, nos formamos una imagen mental de la perfección con el fin de tratar de ser lo suficientemente buenos. Pero no es una imagen real. Como no somos perfectos, nos rechazamos a nosotros mismos. El grado de rechazo depende de lo efectivos que hayan sido los adultos para romper nuestra integridad. Nos resulta imposible perdonarnos por no ser lo que deberíamos ser o, mejor dicho, por no ser quien creemos que deberíamos ser. No podemos perdonarnos por no ser perfectos.
Has establecido millones de acuerdos contigo mismo, con otras personas, con el sueño que es tu vida, con Dios, con la Sociedad, con tus padres, con tu pareja, con tus hijos; pero los acuerdos más importantes son los que has hecho contigo mismo. El resultado es lo que llamamos tu personalidad. En esos acuerdos dices: “Esto es lo que soy. Esto es lo que creo. Soy capaz de hacer ciertas cosas y hay otras que no puedo hacer. Esto es real y lo otro fantasía. Esto es posible y aquello es imposible…”.
Si quieres vivir con alegría y satisfacción, debes hallar la valentía necesaria para romper los acuerdos que se basan en el miedo, y reclamar tu poder personal. Los acuerdos que surgen del miedo requieren un gran gasto de energía, pero los que surgen del amor nos ayudan a conservar nuestra energía e incluso aumentarla. Si somos capaces de reconocer que nuestra vida está gobernada por nuestros acuerdos y el sueño de nuestra vida no nos gusta, necesitamos cambiar los acuerdos.
Si los adoptas, estos Cuatro Acuerdos crearán el poder personal necesario para que cambies todo tu antiguo sistema de acuerdos. En lugar de vivir en el sueño del infierno, crearás un nuevo sueño: tu Sueño Personal del Cielo.
1) Sé impecable con tus palabras. Las palabras son la herramienta más poderosa que tienes como ser humano, el instrumento de la magia. Pero son como una espada de doble filo; uno de los filos es el uso erróneo, que hace un infierno en vida; el otro es la impecabilidad, que solo engendrará belleza, amor y el cielo en la tierra. Según como las utilices, las palabras te liberan o te esclavizan aún más. Continuamente estamos lanzando hechizos con nuestras opiniones, que son difíciles de romper. La única manera de romper un hechizo es llegar a un nuevo acuerdo que se base en la verdad. Cuando eres impecable con tus palabras, tu mente deja de ser un campo fértil para las palabras que surgen de la magia negra, pero sí lo es para las que surgen del amor. La cantidad de amor que sientes por ti es directamente proporcional a la calidad e integridad de tus palabras: te sientes bien, eres feliz y estás en paz.
2) No te tomes nada personalmente. Suceda lo que suceda a tu alrededor, no te tomes nada personalmente. Durante el periodo de nuestra domesticación aprendimos a tomarnos todas las cosas de forma personal. Creemos que somos responsables de todo. Tomarse las cosas personalmente te convierte en una presa fácil, te sientes ofendido y reaccionas defendiendo tus creencias y creando conflictos. Ni siquiera las opiniones que tienes sobre ti mismo son necesariamente verdad. La mente también es capaz de hablarse y escucharse a sí misma. Cuando no tomarte nada personalmente se convierta en un hábito firme y sólido, te evitarás muchos disgustos en la vida. Tu rabia, tus celos y tu envidia desaparecerán. Te ayudará a romper muchos hábitos y costumbres que te mantienen atrapado en el sueño del infierno y te causan un sufrimiento innecesario. Si lo haces, aunque estés en medio del infierno, experimentarás felicidad y paz interior.
3) No hagas suposiciones. Tendemos a hacer suposiciones sobre todo. El problema es que, al hacerlo, creemos que lo que suponemos es cierto. Hacemos suposiciones sobre lo que los demás hacen o piensan y después los culpamos y reaccionamos enviando veneno emocional con nuestras palabras. Toda la cuestión del dominio entre los seres humanos gira alrededor de las suposiciones y el tomarse las cosas personalmente. La manera de evitar suposiciones es preguntar; asegúrate de que las cosas te queden claras. Con una comunicación clara, con la impecabilidad de nuestras palabras, no habría guerras, ni violencia, ni disputas. Solo con que fuéramos capaces de tener una comunicación buena y clara, todos nuestros problemas se resolverían.
4) Haz siempre lo máximo que puedas. Limítate a hacer lo máximo que puedas, ni más ni menos, en cualquier circunstancia de tu vida. Cuando te excedes, agotas tu cuerpo y vas contra ti y, por consiguiente, te resulta más difícil alcanzar tus objetivos. Por otro lado, si haces menos de lo que puedes hacer, te sometes a ti mismo a frustraciones, juicios, culpas y reproches. Hacer lo máximo que puedas significa actuar porque amas hacerlo, no porque esperes una recompensa. Descubrirás que disfrutas de cada cosa que llevas a cabo; las recompensas llegarán, pero tú no estarás apegado a ellas. Si nos gusta lo que hacemos y si siempre hacemos lo máximo que podemos, entonces disfrutamos realmente de nuestra vida. Cuando no lo haces, te niegas el derecho a ser tú mismo; los tres primeros acuerdos solo funcionarán si haces lo máximo que puedas. En la búsqueda de tu libertad personal y de tu autoestima, descubrirás que encontrar lo que buscas es solo cuestión de tiempo.
Los cuatro acuerdos son un resumen de la maestría de la transformación, una de las maestrías de los toltecas. Transformas el infierno en cielo. El sueño del planeta se transforma en tu sueño personal del cielo. Pero para mantenerlos necesitas una voluntad muy fuerte, ya que todo el mundo intenta sabotear nuestro compromiso con estos nuevos acuerdos, y todo lo que nos rodea está estructurado para que los rompamos.
Por esta razón es necesario que seas un gran guerrero capaz de mantener los cuatro acuerdos con tu vida. Tu felicidad, tu libertad, toda tu manera de vivir dependen de ello. No te inquietes por el futuro, mantén tu atención en el día de hoy y permanece en el momento presente.
Dr. Miguel Ruiz – Los Cuatro Acuerdos
martes, 21 de mayo de 2013
Buscando una Alquimia interior (Titus Burckhardt)
La alquimia puede ser definida como el arte de la transformación del alma. Por tanto, lo que constituye el fundamento de la Obra, su verdadera “materia”, es la propia naturaleza del hombre. La diferencia con cualquier otro Arte Sagrado es que se realiza solo interiormente. La alquimia puede compararse con la mística en lo que tiene de camino que permite al hombre llegar al conocimiento de su naturaleza inmortal.
Los símbolos alquímicos de la perfección apuntan al dominio de la condición humana por el espíritu, el retorno a los orígenes del Paraíso Terrenal; la extirpación de la raíz de todos los pecados supone el retorno a la perfección adánica. En primer lugar, hay que recobrar la pureza del símbolo “hombre” para que sus contornos puedan incrustarse de nuevo en la infinita y divina imagen original.
La alquimia observa el juego de las fuerzas del alma desde un punto de vista puramente cosmológico, y trata al alma como si fuera una “materia” que se hubiera de purificar, disolver y cristalizar de nuevo. Por ello, tiene cierto carácter contemplativo, se asienta en la analogía entro lo psíquico y lo mineral, considerando la materia desde el punto de vista cualitativo, en su cualidad interior, y el alma como si tratara de un objeto a purificar.
Mientras el alma no quede libre de las concreciones interiores, no será materia dúctil sobre la que el espíritu, que procede de “arriba”, pueda imprimir una nueva “forma”, una forma que no limita ni ata, sino que libera, pues procede de la sustancia eterna del ser.
El alma es fundamentalmente lo mismo que la materia prima del mundo. La materia prima que subyace en el alma es, en primer lugar, la sustancia básica del consciente individual; en segundo lugar, la sustancia de todas las almas, sin distinción de individualidades; y, por último, la sustancia básica de todo el universo. Si el consciente sigue ahondando, descubrirá el espejo del fondo del alma que manifiesta su naturaleza reflejando límpidamente la luz del espíritu.
Del mismo modo que la materia prima solo puede “percibirse” en realidad por el conocimiento del ser puro cuya proyección es, así también el verdadero fondo del alma solo puede conocerse por su respuesta al espíritu puro; el alma no se revela del todo hasta que se “casa” con el espíritu, y esto es lo que se expresa en el “matrimonio” del Sol y la Luna, del Rey y la Reina, del azufre y el mercurio.
El “descubrimiento” del fondo receptor del alma y la “revelación” del espíritu creador son simultáneos, no pueden separarse; sin embargo, las distintas etapas y aspectos de la obra interior pueden relacionarse con uno y otro polo. Todo camino de realización espiritual incluye la preparación de una “materia” receptora y la percepción del efecto de la acción espiritual o divina sobre dicha “materia”.
En la obra alquímica interior, la Naturaleza interviene en virtud de esa fuerza primitiva maternal que libera al alma de su existencia estéril y quebradiza. Así pues, la Naturaleza es la fuerza del anhelo y el deseo en los hombres y, al mismo tiempo, es algo más, es la potencia inagotable que desarrolla todos los gérmenes ocultos en el ser, ya a favor, ya en contra de los planos del yo, según éste pueda adaptarse a la fuerza de la Naturaleza o se convierta en su víctima.
En la obra espiritual no se trata de destruir las fuerzas naturales, sino de convertirlas en cabalgadura del espíritu. Lo único que debe destruirse es la tendencia egoísta, la cual pervierte la auténtica esencia natural de estas fuerzas.
Porque la Naturaleza Universal tiene, como maya, dos vertientes o movimientos: uno que, partiendo del centro espiritual, pugna por abrirse a la pluralidad, y que en los hombres está ligado a la pasión; y otro que, partiendo de la pluralidad, retorna al centro espiritual. El primero se compara con Medea, la hechicera, y el segundo con Sofía, la sabiduría. En su relación con la voluntad activa del hombre ambos son femeninos. Dichoso el que prometido a la sabiduría, puede seducir sin peligro a la terrible hechicera Naturaleza para descubrir los secretos que ella no ha de poder ocultarle.
La obra alquímica despierta una terrible fuerza de la Naturaleza, que puede corromper a los intrusos y a los ignorantes, pero que puede elevar a los sabios al poder espiritual. Esta fuerza mora en el hombre, pero no está aislada y limitada al individuo, sino que es parte o aspecto de un ritmo impersonal e infinito, y es el único significado que en la explosión naturaleza, se conserva sin falsear.
Así procede el alquimista, disuelve las concreciones imperfectas del alma, las reduce a su materia y las hace cristalizar de nuevo en una forma más noble. Pero solo puede realizar esta obra si actúa en armonía con la Naturaleza, sirviéndose de una “vibración” espiritual que se genera durante la obra y que enlaza el reino humano con el cósmico. Entonces, la Naturaleza acude espontáneamente en Ayuda del Arte.
Titus
Burckhardt - Alquimia
martes, 14 de mayo de 2013
Joyas de la sabiduría hindú
El Amor nació el
primero,
no lo alcanzan los
dioses,
ni los manes, ni
los hombres…
Por lejos que se
extiendan el Cielo y la Tierra,
por lejos que
vayan las aguas,
por alto que arda
el Fuego,
tú eres más
grande, Amor.
El viento no puede
llegar hasta ti,
ni el Fuego, ni el
Sol, ni la Luna,
¡tú eres más
grande que todos ellos, Amor!
(Atharva Veda)
Aquello en que
todas las cosas
se unen y se
dispersan.
Aquello en que los
dioses tienen su asiento,
en Eso el
imperecedero,
el supremo
firmamento…
Aquello de que
fueron llenados el Espacio
y el Cielo y la Tierra.
Aquello por lo que
el Sol calienta.
Por lo que las
Aguas propagan la vida,
es Eso, el Orden y
la Verdad,
el Supremo brahmán
de los profetas.
Ombligo del
Universo,
Eso sostiene todas
las cosas…
Más diminuta que
lo más diminuto,
más vasta que lo más
vasto,
el Alma está
depositada
en lo más secreto
de la criatura.
(Maha-Narayana
Upanishad)
Al principio, el
Alma
que trasciende
todas las formas de existencia
se movía sobre las
aguas
como una brisa
ligera;
en ella se
manifestó primero el Ego,
raíz de todas las
cosas,
en que se
equilibraban las tres cualidades…
Cuando se halla
afectada
por las horas y
desgracias de la existencia,
se la denomina
jiva, alma individual.
Las almas
vivientes son prisioneras
de las dichas y
las desdichas de la existencia;
para liberarlas de
la magia natural,
se precisa el
conocimiento del brahmán.
Es difícil este
conocimiento,
pero es el único
barco
para cruzar el río
del samsara.
Mil son los
caminos que a él llevan,
pero es uno en
verdad,
el Conocimiento, refugio Supremo.
¡No! Este brahmán
por el que todas las cosas,
desde el Sol allá
arriba hasta este simple jarro,
son puestos de
manifiesto,
las Escrituras no
pueden revelarlo.
Eso se manifiesta
por sí mismo;
Eso está más allá
del lenguaje
tanto humano como
divino;
Eso no se mueve,
no sufre;
Eso trasciende
toda realidad.
(Yogatattva
Upanishad)
Como el perfume en
la flor,
la manteca en la
leche,
el aceite en el sésamo,
el oro en las
pepitas,
Eso está en todas
las cosas.
Sí, los seres
innumerables
están atravesados
por el Alma
como las perlas
por el hilo:
semejante al
aceite en el sésamo,
al perfume de la
flor,
el Alma está en el
cuerpo del hombre
que envuelve y que
habita.
(Dhyanabindu
Upanishad)
Y el Conocimiento
está escondido
en el seno de cada
individuo,
al igual que en la
leche
la manteca que no
se ve;
por eso es por lo
que el adepto prudente
debe realizar en sí
mismo un batido,
utilizando sin
descanso su propio espíritu
como mazo de
batir.
(Amritabindu
Upanishad)
El atmán no nace,
no muere nunca;
no ha devenido, no
devendrá;
no engendrado,
eterno, permanente,
no muere cuando
muere el cuerpo.
Así como se
arrojan las ropas gastadas
para ponerse unas
nuevas,
así también el
alma encarnada arroja los cuerpos gastados
para ponerse unos
nuevos.
El deseo ha
establecido su sede
en nuestros
sentidos, nuestro espíritu, nuestra inteligencia
usando de ellos,
oculta el Conocimiento
y engaña al
individuo;
se creen eficaces
los sentidos
y el espíritu, y
la inteligencia,
pero el deseo es más
fuerte que ellos.
Sabiendo que vence
incluso a la inteligencia,
mediante el atmán
es preciso fortificar
el atmán y
combatir el deseo,
el Enemigo, tan
difícil de herir.
(Bhagavad-Gita)
El cuerpo es como
un carro
cuyo propietario
es el alma;
la inteligencia es
el cochero,
el espíritu
desempeña el papel de las riendas;
en cuanto a los
caballos, son los sentidos;
el mundo es su
carrera.
(Katha-Upanishad)
Jean Varenne – El Yoga
y la tradición hindú
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