viernes, 8 de febrero de 2013

Pensar sintiendo el Ser (Heidegger)





1
Camino y equilibrio,
sendero y saga
se encuentran en un paso.

Ve y porta,
yerra y pregunta
a lo largo de tu único desfiladero.


2

Cuando la luz matutina silenciosamente crece sobre los montes…

El oscurecimiento del mundo no alcanza jamás la luz del ser.
Demasiado tarde venimos para los dioses y demasiado pronto para el ser,
cuyo poema iniciado es el hombre.
Encaminarse a una estrella, solamente esto.
Pensar es la concentración sobre un pensamiento,
que permanece fijo como una estrella en el cielo del mundo.


3

Cuando la veleta delante de la ventana de la choza canta al levantarse la tormenta…

Cuando el coraje del pensar brota del reclamo del ser,
entonces florece el lenguaje del destino.
Tan pronto tenemos la cosa ante los ojos y en el corazón,
prestamos atención a la palabra, el pensar surge.
Pocos son suficientemente expertos en distinguir
entre un objeto aprendido y una cosa pensada.
Si fuéramos en el pensar adversarios antes que simples rivales,
más fácil vendría a ser el asunto del pensar.


4

Cuando de repente bajo el pluvioso cielo desgarrado se desliza un rayo de sol
sobre la oscuridad de los prados alpinos…

No somos nosotros los que vamos tras los pensamientos.
Son ellos los que vienen a nosotros.
Esta es la hora propicia para el coloquio.
Nos prepara para la meditación compartida. Ésta ni hace resaltar la opinión contraria ni tolera el asentimiento sumiso. El pensar permanece rasante al filo del asunto.
Por tal sociabilidad quizás algunos se convierten en compañeros en el oficio del pensar. Hasta que, inesperadamente, uno de ellos resulta maestro.


5

Cuando al inicio del verano florecen en el prado extraños narcisos
y bajo el arce brilla la zarzarrosa…

El lujo de la sencillez.
Sólo la forma conserva la visión.
No obstante la forma reposa en la poesía.
¿Quién podría, mientras quiera evitar la tristeza,
suscitar la claridad?
El dolor regala su virtud saludable allí donde no la suponemos.




6

Cuando el viento, cambiando pronto, muge en la armadura de la cabaña
y el tiempo se hace tedioso…

Tres peligros amenazan el pensamiento.
Peligro bueno y por lo tanto saludable es la vecindad del poeta cantor.
Peligro malo y por tanto agudísimo es el pensar mismo. Debe pensar contra sí mismo: cosa que puede sólo raramente.
Peligro infiel y por tanto confuso es el filosofar.


7

Cuando en el día veraniego la mariposa se aloja en las flores y, cerradas las alas, con ellas abanica al viento del prado…

Todo estado valiente del ánimo es la resonancia del alentar del ser, que nuestro pensar recoge en el juego del mundo.
En el pensar cualquier cosa aparece solitaria y lenta.
En la paciencia prospera la magnanimidad.
Quien piensa en grande, debe errar en grande.


8

Cuando el torrente montano en el silencio de las noches cuenta su precipitar sobre las peñas rocosas…

Lo más antiguo de cuanto es antiguo viene en nuestro pensar tras de nosotros y hacia nosotros.
Por esto el pensar se da en el adviento de lo sido y es repensar.
Ser antiguo significa: pararse a tiempo donde el único pensamiento de una vía del pensar vibre al unísono.
El paso de la filosofía al pensar del ser lo podemos pretender, apenas nos sea familiar el origen del pensar.


9

Cuando en las noches invernales, tormentas de nieve sacuden la cabaña y después una mañana el paisaje es cubierto por su manto nevado…

La saga del pensar reposaría en su esencia, apenas llegase a ser incapaz de decir qué debe quedar deshecho.
Tal incapacidad llevaría al pensamiento delante de la cosa.
No existe jamás el hecho y el dicho en ninguna fábula.
¿Quién podría ponderar el asombro de que siempre y de repente un pensamiento sea?


10

Cuando de las pendientes del alto valle, de allá
arriba los rebaños lentamente traen dindón, dindón…

El carácter poético del pensar está todavía velado.
Donde éste se manifiesta, iguala por largo tiempo
la utopía de un intelecto semipoético.
Mas el poetizar pensante equivale a la topología del ser en la verdad.
Ésta indica a éste la localidad de su esencia.


11

Cuando la luz de la tarde, cayendo sobre algún punto de la selva, dora los troncos…

Cantar y pensar son los troncos vecinos del poetizar.
Éstos irrumpen del ser y alcanzan su verdad.
Su relación hace evocar el canto de Hölderlin a los árboles silvestres:
"Y desconocidos el uno del otro permanecen,
mientras están erguidos, los troncos vecinos ".


12

Extiéndense selvas
precipítanse torrentes
rocas permanecen
lluvia cae.

Campos esperan
brotan fuentes
vientos moran
medita la gracia.



DESDE LA EXPERIENCIA DEL PENSAMIENTO
Martin Heidegger (1947) 
            

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