lunes, 18 de noviembre de 2013

Espectadores de una sociedad ineficaz (Ortega y Gasset)





De todas las enseñanzas que la vida me ha proporcionado, la más acerba, más inquietante, más irritante para mí ha sido convencerme de que la especie menos frecuente sobre la tierra es la de los hombres veraces. Yo he buscado en torno, con mirada suplicante de náufrago, los hombres a quienes importase la verdad, lo que las cosas son por sí mismas, y apenas he hallado alguno.

Sí; congoja de ahogo siento, porque un alma necesita respirar almas afines, y quien ama sobre todo la verdad necesita respirar aire de almas veraces. No he hallado en derredor sino políticos, gentes a quienes no interesa ver el mundo como él es, dispuestos solo a usar de las cosas como les conviene.

Hace falta, pues, afirmarse de nuevo en la obligación de la verdad, en el derecho de la verdad.


Vivimos entre antítesis; la religión se opone a la ciencia, la virtud al placer, la sensibilidad fina y estudiada al buen vivir espontáneo, la idea a la mujer, el arte al pensamiento… Alguien, al ponernos sobre el planeta, ha tenido el propósito de que sea nuestro corazón una máquina de preferir. Nos pasamos la vida eligiendo entre lo uno o lo otro. ¡Un penoso destino! ¡Prolongado, insistente tragedia!... y aunque elijamos lo que nos parece mejor, siempre dejamos en nuestra apetencia un hueco que debió llenarse con aquel otro bien propuesto. Ahora bien, las gentes suelen mostrarse demasiado presurosas en decidirse por lo mejor: olvidan que cada acto de preferencia abre, a la vez, una oquedad en nuestra alma. No, no prefiramos; mejor dicho, prefiramos no preferir. No renunciemos de buen ánimo a gozar de lo uno o lo otro; religión y ciencia, virtud y placer, cielo y tierra… Cada hombre debe pensar que es él el llamado a resolverlas.


El triunfar en la sociedad es un síntoma, a veces, inequívoco de una cierta clase de virtudes: al hombre que lo consigue solemos llamar eficaz, decimos que sirve, y la eficacia es un valor positivo, que estoy muy lejos de negar. Pero me parece una perversión de nuestro tiempo que ese valor sea el único estimado o, cuando menos, el más estimado. Merced a ello hemos desalojado del mundo todo lo exquisito, porque todo lo exquisito – ¡qué le vamos a hacer! – es socialmente ineficaz. La virtud de emocionarse delicadamente es, por ejemplo, una de las cosas más altas que cabe imaginar; pero en la mecánica que hoy rige las sociedades humanas solo es útil para sucumbir. Quien acierta a escribir sin retórica es un gran escritor. Esto es, en ética como en estética, la esencia del pecado: querer ser tenido por lo que no se es. Y la retórica es ese pecado de no ser fiel a sí mismo, la hipocresía en arte.



La democracia, como democracia, es decir, estricta y exclusivamente como norma del derecho político, parece una cosa óptima. Pero la democracia exasperada y fuera de sí, la democracia en religión o arte, la democracia en el pensamiento y en el gesto, la democracia en el corazón y la costumbre, es el más peligroso morbo que puede padecer una sociedad. Como la democracia es una forma jurídica, al hacer de ella principio integral de la existencia se engendran las mayores extravagancias. Lo que hoy se llama democracia es una degeneración de los corazones.

Vivimos rodeados de gente que no se estiman a sí mismas… quisieran que a toda prisa fuese decretada la igualdad entre los hombres, ambicionan la declaración de que todos los hombres somos iguales en talento, sensibilidad, delicadeza y altura cordial.

Periodistas, profesores y políticos sin talento componen, por tal razón, el Estado Mayor de la envidia. Lo que hoy llamamos “opinión pública” y “democracia” no es en gran parte sino la purulenta secreción de esas almas rencorosas.

El hombre de tacto se complace en faltar de cuando en cuando a las normas que él mismo se ha impuesto, en quebrar su efectiva ejemplaridad, a fin de dejar un breve hueco entre su vida y la perfección abstracta que le sirve de meta. Nuestra existencia no debe ser un paradigma, sino un sesgado curso entre los modelos que a la vez nos aproxima a ellos y gentilmente los evita.


  
Cuando no hay alegría el alma se retira a un rincón de nuestro cuerpo y hace de él su cubil. De cuando en cuando da un aullido lastimero o enseña los dientes a las cosas que pasan. Y todas las cosas me parece que hacen camino rendidas bajo el fardo de su destino y que ninguna tiene vigor bastante para danzar con él sobre los hombros. La vida nos ofrece un panorama de universal esclavitud. Ni el árbol trémulo, ni la sierra que incorpora vacilante su pesadumbre, ni el viejo monumento que perpetúa en vano su exigencia de ser admirado, ni el hombre que, ande por donde ande, lleva siempre el semblante de estar subiendo una cuesta, nada, nadie manifiesta mayor vitalidad que la estrictamente necesaria para alimentar su dolor y sostener en pie su desesperación.

Muy especialmente si la falta de alegría proviene de un dolor físico, percibimos con extraña evidencia la línea negra que limita cada ser y lo encierra dentro de sí, sin ventanas hacia fuera. Y como la gracia y la alegría y el lujo de las cosas consisten en los reflejos innumerables que las unas lanzan sobre las otras y de ellas reciben, la sospecha de su soledad radical parece rebajar el peso del mundo… y presentimos que hay dondequiera oculto un vacío que alguien se entretiene en punzar rítmicamente. En la estrella, en la ola marina, en el corazón del hombre da su latido a compás el dolor inagotable.




No podemos ver nada claro en este sublime asunto de la felicidad –decidme: ¿hay otro, por ventura, más importante? –, si no comenzamos por advertir que frente a las cosas es el sujeto una pura actividad. Llámesele alma, conciencia, espíritu o como se quiera, eso que somos consiste en un haz de actividades, de las cuales unas se ejecutan y otras aspiran a ejercerse. Consistimos, pues, en un potencial de actos: vivir es ir dando salida a ese potencial, es ir convirtiéndolo en actuación. Dicho de otra manera: somos un poder ver, un poder gustar y oír, un poder recordar, un poder entristecernos y alegrarnos, llorar o reír, un poder amar y odiar, imaginar, saber, dudar, creer, desear y temer.

¿Cómo es posible que imaginemos la felicidad con el semblante del sueño, que es la negación de todo eso?

Si en los momentos de infelicidad, cuando el mundo nos parece vacío y todo sin sugestiones, nos preguntan qué es lo que más ambicionamos, creo yo que contestaríamos: salir de nosotros mismos, huir de este espectáculo del yo agarrotado y paralítico. Y envidiamos los seres ingenuos, cuya conciencia nos parece verterse íntegra en lo que están haciendo, en el trabajo de su oficio, en el goce de su juego o de su pasión. La felicidad es estar fuera de sí –pensamos–.

De lo que llevo dicho se desprende que en ese estar fuera de sí consiste precisamente el vivir espontáneo, el ser, y que, al entrar dentro de sí, el hombre deja de vivir y de ser, y se encuentra frente a frente con el lívido espectro de sí mismo.

El hombre no puede vivir plenamente si no hay algo capaz de llenar su espíritu hasta el punto de desear morir por ello. ¿Quién no descubre dentro de sí la evidencia de esta paradoja? Lo que no nos incita a morir, no nos excita a vivir. Ambos resultados, en apariencia contradictorios son, en verdad, los dos haces de un mismo espíritu. Solo nos empuja irresistiblemente hacia la vida lo que por entero inunda nuestra cuenca interior. Renunciar a ello sería para nosotros mayor muerte que con ello fenecer. Por esta razón, yo no he podido sentir nunca hacia los mártires admiración, sino envidia. Es más fácil lleno de fe morir que exento de ella arrastrarse por la vida.


La muerte regocijada es el síntoma de toda cultura vivaz y completa, donde las ideas tienen eficacia para arrebatar los corazones.


José Ortega y Gasset – El Espectador

viernes, 15 de noviembre de 2013

La Consciencia es un holograma universal (Gregg Braden)

“Toda la materia se origina y existe solamente en virtud de una fuerza que hace vibrar las partículas de un átomo y mantiene unido este minúsculo sistema solar del átomo… Debemos asumir tras esa fuerza, la existencia de una Mente consciente e inteligente. Esta mente es la Matriz de toda la materia”.  Max Planck






La Matriz Divina es un campo universal de energía que conecta todo en la creación. La Matriz Divina es nuestro mundo. También es todo en nuestro mundo. Es: Nosotros, todo lo que amamos, odiamos, creamos y experimentamos. Al vivir en la Matriz Divina, somos artistas expresando nuestras pasiones, temores, sueños y deseos más profundos a través de la esencia de un misterioso lienzo cuántico. Pero nosotros somos el lienzo, al igual que las imágenes en el lienzo. Somos las pinturas y también los pinceles. En la Matriz Divina, somos el contenedor en donde existen todas las cosas, el puente entre las creaciones de nuestros mundos interior y exterior, y el espejo que nos muestra lo que hemos creado. El universo parece estar fundado en las características de la Matriz Divina

Al igual que una pantalla de cine refleja sin juicio la imagen de lo que sea o quien sea que haya sido filmado, la Matriz parece proveer una superficie imparcial para que nuestras experiencias y creencias internas se manifiesten en el mundo. La clave es no solamente comprender cómo funciona, también necesitamos un lenguaje para comunicar nuestros deseos que sea reconocible para esta antigua red de energía: es el lenguaje de las emociones humanas. A través de las experiencias positivas y de las emociones negativas, cada uno posee el poder de afirmar o negar nuestra existencia a cada momento del día. La misma emoción que nos proporciona tal poder dentro de nuestros cuerpos, extiende esta fuerza en el mundo cuántico más allá de nuestros cuerpos.

A la luz de nuestra conexión con los demás y con todas las cosas podemos comprender lo poderosos que en verdad somos. Desde el lugar de la fortaleza que dicha comprensión ofrece, tenemos la oportunidad de convertirnos en seres más pacíficos y más compasivos, trabajando activamente para crear un mundo que refleje estas cualidades, tenemos acceso a la verdadera esencia del poder de cambiar nuestras vidas y el mundo.





Los últimos descubrimientos científicos demuestran que el ADN humano tiene un efecto directo sobre la materia de la cual está hecho nuestro mundo. Las emociones tienen efecto directo sobre el ADN,  y la relación entre las emociones y el ADN trasciende los límites del tiempo y el espacio, los efectos son los mismos independientemente de la distancia.

Las ideas clave de los enormes conceptos implicados en la Matriz Divina se pueden concretar en:

-         La Matriz Divina es el contenedor que sostiene el universo, el puente entre todas las cosas y el espejo que nos muestra lo que hemos creado.
-         En nuestro mundo todo está conectado con todo lo demás. Una vez que algo se ha unido queda conectado para siempre
-         Para tener acceso a la fuerza del universo mismo, debemos vernos como parte del mundo en vez de separados de él.
-         El acto de enfocar nuestra conciencia es un acto de creación. ¡La conciencia crea! Tenemos todo el poder necesario para crear todos los cambios que deseemos.
-         El sentimiento es el lenguaje que le habla a la Matriz Divina. Sentir que su meta ya ha sido lograda y que su oración ya ha sido respondida. No se trata de cualquier sentimiento. Para que podamos crear, los sentimientos deben ser carentes de ego y juicio.
-         No estamos sujetos a las leyes de la física como la conocemos hoy en día, la Matriz Divina es un “objeto” holográfico, donde cualquier pieza refleja el todo. El holograma de la consciencia conectado universalmente nos promete que en el instante en que creamos nuestros buenos deseos, ya han sido recibidos en su destino.
-         La raíz de nuestras experiencias negativas puede reducirse a uno de los tres miedos universales: abandono, baja autoestima y/o falta de confianza.
-         Debemos convertirnos en nuestras vidas en las mismas cosas que optamos por experimentar como nuestro mundo.
-         Un pequeño cambio en nuestras vidas se refleja en todas partes de nuestro mundo.




En un lugar muy profundo de la niebla de nuestra memoria antigua, sabemos que tenemos poderes mágicos y milagrosos en nuestro interior. Los antiguos místicos nos han recordado en nuestros corazones, y los experimentos modernos lo han comprobado en nuestras mentes, que la fuerza más poderosa en el universo reside en el interior de nosotros mismos. Y ése es el gran secreto de la creación misma, el poder de crear en el mundo lo que imaginamos con nuestras creencias.

Quizá todos requerimos de un pequeño giro para ver que somos los arquitectos de nuestro mundo y de nuestro destino. Si podemos recordar que somos la obra de arte así como el artista, entonces quizá también recordaremos que somos la semilla del milagro y somos el milagro mismo. Si podemos hacer ese pequeño giro, entonces ya hemos sido sanados en la Matriz Divina.

En la Matriz Divina es como nos sentimos respecto a nosotros, nuestro desempeño, apariencia y logros, lo que se refleja de regreso en la realidad de nuestro mundo. Con esto en mente, la sanación más profunda de nuestras vidas también se puede convertir en nuestro mayor acto de  compasión. Es el cariño que nos damos a nosotros mismos. Es a través del espejo de nosotros mismos que nos pide que aceptemos con compasión la perfección que ya existe en cada momento de la vida.

Siendo seres espirituales, solo podemos vivir experiencias espirituales. Sin importar lo que parezca, creo que toda conducta en nuestros senderos nos lleva al mismo lugar. Las actividades de todos los días no pueden separarse de nuestra evolución espiritual.
¡Son nuestra evolución espiritual!



Gregg Braden – La Matriz Divina. Cruzando las barreras del tiempo, el espacio, los milagros y las creencias

jueves, 14 de noviembre de 2013

Aprende a ser Uno, no mente (Osho)



Aprender a amarse no es difícil, es natural. Si has conseguido algo antinatural como aprender a querer a los demás sin quererte a ti mismo, entonces lo otro es sencillo. Has hecho casi lo imposible. Solo se trata de una cuestión de comprensión muy simple, que es “debo amarme a mí mismo, de lo contrario me perderé el sentido de la vida”. No creceré, sino que envejeceré. No tendré individualidad. No seré auténticamente humano, digno, íntegro.

Quiérete a ti mismo. No dejes que te distraiga ninguna persona, ya sea religiosa, política, social o educativa. Tu responsabilidad primera no es hacia la religión ni hacia la nación, es hacia ti mismo. Si todo el mundo se ama y se cuida, su inteligencia llegará a la cima, su amor le desbordará. La filosofía del egoísmo le hará realmente altruista porque tendrá tanto para compartir y para dar que dar será para él una alegría, compartir será una celebración. El altruismo solo puede ser un derivado del amor hacia ti mismo.

Solo tienes que confiar en ti mismo, que es otra forma de decir ámate a ti mismo. Y cuando confías en ti mismo y te amas, entonces te has responsabilizado de lo que eres, seas quien seas. Eso te da una experiencia del ser tan tremenda que nadie te podrá esclavizar de nuevo.




Estás arriesgando mucho cuando declaras que eres tú mismo. No perteneces a ningún grupo, a ningún rebaño. Tal vez la multitud nunca te lo perdone. Pero es tan bueno arriesgarse, caminar por el filo de la navaja, donde cada paso que das es peligroso. Cuanto más peligrosamente vives, más vives. Y es posible vivir en un instante toda la eternidad, si estás preparado para vivir con totalidad, arriesgando absolutamente todo. Cuando un hombre se enamora de la rebelión va por buen camino.
La desobediencia es la base del verdadero hombre religioso. Solo entonces podrás deshacerte de los condicionamientos. Y cuando ya no estés condicionado, no te preguntarás cual es el objetivo de la vida. Tu pregunta dará un giro: ¿Cómo puedo vivir con más totalidad? ¿Cómo puedo sumergirme totalmente en la vida?

El hombre es una máquina. El hombre, tal como es, es totalmente inconsciente. No es más que sus hábitos, la suma total de sus hábitos. El hombre todavía no es un hombre. A menos que la conciencia penetre en tu ser, seguirás siendo una máquina. Actúa de modo completamente distinto, incluso en las cosas pequeñas. Empieza a abandonar todos tus patrones de reacción. Intenta responder a la realidad en cada momento, no según la idea preconcebida, sino de acuerdo a la realidad que hay en el exterior. ¡Responde a la realidad! Responde con toda tu consciencia, pero no con tu mente. Entonces, cuando respondas con espontaneidad y no reacciones, nacerá la acción. La acción es bella, la reacción es horrible. Solamente el hombre consciente actúa, el hombre inconsciente reacciona. La acción libera. La reacción continúa creando cadenas y las va haciendo cada vez más gruesas, fuertes y resistentes. Vive una vida de respuesta y no de reacción.

Sé un ser independiente. Escucha tu voz interna. En el momento en que empieces a acallar tu mente podrás escucharla, no es difícil. Todos los seres humanos tienen en potencia la capacidad de conocerse a sí mismos. Y cuando te conoces a ti mismo nadie te puede quitar tu individualidad. Tu reino está en tu interior. Solo tienes que aprender a cerrar los ojos y mirar hacia dentro. Un poco de disciplina, un poco de aprendizaje para no estar siempre enfocado hacia fuera, sino para poder volverte hacia dentro, una o dos veces al día. Poco a poco empezarás a ser consciente de tu ser eterno. Un día ya no necesitarás que te presten atención, empiezas a sentir que eres especial, único… aunque no puedan señalar en qué consiste la singularidad. Las personas que se han descubierto a sí mismas se encuentran con el hecho de que atraen a miles de personas, aunque no lo estaban buscando.




Cuando te conoces a ti mismo ya no te importan los demás. Si el resto del mundo te olvidara, no tendría la menor importancia. Sabes que el ego es falso, y depender de lo falso es hacer castillos de arena. Vuestras personalidades son como firmas en el agua. No has terminado de firmar y ya han desaparecido.

Un hombre que está parcialmente implicado solo está parcialmente vivo. Cuanto más profunda es la implicación, más profunda es tu vida. Cuando estás totalmente implicado en la vida, en la muerte, en el amor, en la meditación, en cualquier tipo de cosa que quieras hacer, si has vivido con totalidad, la muerte no es el final. La muerte solo es un episodio, en pequeño episodio en una vida eterna.

Vive momento a momento. Con una gran aceptación, sin crear divisiones, y estarás en el camino de autoconocimiento. Renuncia a la división, a esos ideales que te producen ese antagonismo. Eres como eres, acéptalo con alegría, con gratitud. Y de repente sentirás armonía, una gran música. La música del autoconocimiento. Entonces tienes una llave mágica que abre todas las puertas. Hazle caso a tus instintos, hazle caso a tu cuerpo, a tu corazón, a tu inteligencia. Confía en ti mismo, ve adonde quiera llevarte tu espontaneidad, y no habrá pérdida. Y fluyendo espontáneamente con tu vida natural, un día te encontrarás en la puerta de lo divino.




Ama la vida en toda en toda su multidimensionalidad. ¡Dad! Porque es el único modo de acercarse cada vez más a la verdad absoluta. La verdad absoluta no está lejos, está escondida en lo inmediato. Dios no está allí, sino aquí.

Las personas creativas no se sienten deprimidas o culpables. Su participación en el universo, a través de sus acciones creativas, les da una tremenda satisfacción y dignidad. Ése es el derecho de nacimiento de todo hombre. Es muy fácil usar la energía en campos creativos, aprende cualquier cosa que transforme tu energía destructiva en energía creativa. Entonces, no estarás enfadado con la existencia, estarás agradecido. No estarás en contra de la vida. ¿Cómo puede una persona creativa estar en contra de la vida, en contra del amor? Solo la gente poco creativa está en contra de todo.


Aprende a ser silencioso, pacífico, aquietado. Aprende a ser uno, no mente, todo se vuelve más fácil. El día en el que ese momento llegue a tu vida podrás compartir tu dicha. Ahora serás capaz de dar amor. Antes de eso solo había sufrimiento, esperanzas y frustraciones, deseos y fracasos, sueños…



Sé consciente, no malgastes el tiempo. Cuanto antes empieces a vibrar en la no mente, mejor. Entonces, pueden florecer en ti muchas cosas, el amor, la creatividad, la espontaneidad, la alegría, la oración, la gratitud. Dios.


Osho – El Libro del Hombre

lunes, 11 de noviembre de 2013

El observador silencioso del presente (Tölle)


Cuando tu conciencia se dirige hacia fuera surgen la mente y el mundo. Cuando se dirige hacia dentro alcanza su propia Fuente y regresa a casa, a lo No-Manifestado. Más allá de las formas de vida existe la Vida Una, eterna y omnipresente. Yo suelo llamarla Ser: es tu esencia misma, puedes acceder a ella inmediatamente como el sentimiento de tu propia presencia. Por eso solo hay un pequeño paso entre la palabra Ser y la experiencia del Ser. No trates de entenderlo. Solo puedes conocerlo dejando la mente en silencio, cuando estás presente, cuando tu atención está plena e intensamente en el ahora.





La libertad comienza cuando te das cuenta de que no eres el “pensador”. En el momento en que empiezas a observar al pensador, se activa un nivel de conciencia superior. Entonces te das cuenta de que hay un vasto reino de inteligencia más allá del pensamiento, y de que el pensamiento solo es una pequeña parte de esa inteligencia. También te das cuenta de que todas las cosas verdaderamente importantes –la belleza, el amor, la creatividad, la alegría, la paz interna– surgen de más allá de la mente. Empiezas a despertar.

La única verdadera liberación es que puedes liberarte de tu mente. Empieza por escuchar la voz que habla dentro de tu cabeza. No juzgues ni condenes lo que oigas. Pronto te darás cuenta de que la voz está allí y yo estoy aquí, observándola. Esta sensación de tu propia presencia, no es un pensamiento, surge  de más allá de la mente. A medida de que profundizas en este reino de la No-Mente vas alcanzando el estado de conciencia pura, te lleva más allá de lo que pensabas era “tu identidad”.

Aprende a no identificarte con tu mente, que no es únicamente el pensamiento, incluye también las emociones y las pautas de reacción inconscientes. En cuanto eres capaz de observarlos, ya no estás atrapado por ellos. Contempla el pensamiento, siente la emoción, observa la reacción. No las conviertas en un problema personal. Entonces sentirás la presencia misma, serena y observante, que está detrás de tus contenidos mentales: el observador silencioso.

La presencia es la llave de la libertad, de modo que solo puedes ser libre ahora. Emplea tus sentidos plenamente y centra tu atención en el ahora; no te preocupes por el fruto de tus acciones, mantente atento a la acción misma, el fruto ya vendrá cuando corresponda. En cuanto tu atención se centra en el ahora, sientes presencia, quietud y paz.

La intranquilidad, el descontento y la tensión surgen como consecuencia de juicios innecesarios, resistencias a lo que es y la negación del ahora. Lo inconsciente se disuelve cuando lo iluminas con la luz de la conciencia; dondequiera que estés mantente plenamente presente. Haz morir el pasado cada momento, no lo necesitas.

Es bastante común que la gente se pase toda la vida esperando para empezar a vivir. La espera es un estado mental. Significa básicamente que quieres el futuro y no quieres el presente. Cuando esperas estás creando un conflicto inconsciente entre tu aquí y ahora y el futuro proyectado. Esto reduce mucho tu calidad de vida, obligándote a perder el presente. Simplemente, sé y disfruta siendo. Si estás presente no tienes ninguna necesidad de esperar. Pero, ten cuidado, el falso yo infeliz, basado en la identificación con la mente, vive en el tiempo. Él sabe perfectamente que el momento presente supone su muerte, y se siente amenazado. Hará todo lo que pueda para sacarte del ahora, intentará mantenerte atrapado en el tiempo.




El poder del ahora no es más que el poder de tu presencia, tu conciencia liberada de las formas de pensamiento. Mantenerte presente significa habitar tu cuerpo plenamente, sentir el cuerpo por dentro, y así llegar a saber qué eres más allá de la forma externa, sentir el Ser como un campo energético invisible que da vida a lo que percibimos como nuestro cuerpo físico. Cuando sientas claramente el cuerpo interno como un campo unificado, te quedará una sensación de presencia o de “Ser” y sentirás que el cuerpo interno no tiene límites. Tener acceso al reino de lo informe es muy liberador. Te libera del vínculo con la forma y la identificación con ella. Lo llamamos lo No-Manifestado, la Fuente invisible de todas las cosas, el Ser dentro de todos los seres. Es un reino de profunda quietud y paz, pero también de alegría y de intensa vitalidad. Éste es el estado de conexión que llamamos iluminación.

El resentimiento, el odio, la autocompasión, la culpabilidad, la ira, la depresión, los celos, e incluso la menor irritación… todos ellos son formas del dolor. El dolor emocional, que también es la principal causa del dolor físico y de las enfermedades, es inevitable mientras sigas identificándote con tu mente. Mientras no seas capaz de acceder al poder del ahora, cada dolor emocional que experimentas dejará tras de sí un residuo de sufrimiento que vive en ti, es un campo de energía negativa que ocupa tu cuerpo y tu mente. Es energía que se ha quedado atrapada, energía que no fluye. Desidentificarte del cuerpo-dolor es llevar la presencia al dolor, y así transmutarlo. Es poder ser el observador silencioso de tus pensamientos y de tu conducta, especialmente de los patrones negativos de tu mente y de los roles que representa tu ego.

El amor es un estado de Ser. Tu amor no está fuera, está en lo profundo de ti. Nunca puedes perderlo, nunca puede dejarte. No depende de otro cuerpo, de otra forma externa.


En la quietud de tu presencia puedes sentir tu propia realidad informe e intemporal. Es la vida no manifestada que anima tu forma física. Entonces puedes sentir la misma vida en lo profundo de los demás seres humanos y de las demás criaturas; miras más allá del velo de la forma y la sensación. Esto es alcanzar la Unidad. Esto es Amor.


Eckhart Tölle – Practicando el Poder del Ahora


jueves, 7 de noviembre de 2013

El corazón no engaña; la mente, casi siempre (Annie Besant)





La única forma de ayudar eficazmente es mirar las cosas según ese hermano las mira, con sus limitaciones, sus prejuicios, su visión desfigurada, y viéndolas así, y siendo así afectados por ellas en nuestra naturaleza inferior, ayudando según su sentir y no el nuestro, porque solamente así puede darse ayuda verdadera. He aquí el entrenamiento oculto. Aprendamos a separarnos de nuestra naturaleza inferior, a estudiarla, a sentir sus sentimientos sin ser afectados por ellos, y así, en tanto que emocionalmente experimentamos, intelectualmente juzgamos.

Debemos desear compartir lo que tenemos de mejor, no es el retener sino el dar lo que es la vida del espíritu.

Solamente aquel que no tiene sus propios afanes es suficientemente libre para mostrar perfecta benevolencia a los otros. No necesitando cosa alguna, puede darlo todo. No amándose a sí mismo, vuélvese la encarnación del amor para los otros.

La vida espiritual y el amor no se acaban por el hecho de gastarlos. El gasto tan solo aumenta el acopio y lo hace más rico y más intenso. Tratad de ser tan felices y contentos como podáis, porque en el gozo se halla la real vida espiritual. La tristeza es solamente el resultado de nuestra ignorancia y de la ausencia de una visión clara. Recordad que en el mismo corazón del universo está la Beatitud.

Nada me duele más que el ciego y frenético empeño con el cual una gran mayoría de nuestros hermanos del género humano se dedican a la búsqueda del placer de los sentidos, y la vista errónea y eternamente vacía que tienen de la vida. El espectáculo de esta ignorancia y locura me toca el corazón mucho más tiernamente que las penalidades físicas que las gentes padecen.

Podríamos desear que todo el sufrimiento y toda la miseria del mundo fueran nuestros a fin de que el resto de nuestros semejantes pudieran ser liberados y ser felices.

En todo el curso de la evolución hay una ley según la cual todo cuanto sea digno de adquirirse no ha de obtenerse sin el sacrificio correspondiente.

Aquel que hace de sí mismo un instrumento para que con él trabajen las Divinas manos, no debe temer las tribulaciones y dificultades del riguroso mundo.



Si miramos en lo más hondo todo parece bello y armonioso, y el corazón se llena de alborozo y alegría, y con liberalidad abre sus tesoros al universo circundante.

Tan pronto como vivamos en el espíritu para comprender la naturaleza ilusoria de la existencia externa, el carácter cambiante de todo organismo humano y la inmutabilidad de la vida interna, sentiremos calma interna y despreocupación en este mundo de sombras.

Debemos amar a la Verdad y vivir la Verdad, solamente así se puede ver la Divina Luz, la que es en Verdad Sublime.

El progreso espiritual no es siempre el resultado de actos de bondad y de sacrificio.

El amor en el más elevado de los planos reposa solo en las serenas alturas del júbilo, y nada puede echar sombras sobre su nívea eminencia.

Piedad y Compasión son los sentimientos apropiados que debemos abrigar respecto de la humanidad que yerra.

A medida que crecemos espiritualmente nuestros pensamientos crecen increíblemente en poder dinámico, aun un pensamiento pasajero halla forma objetiva.

Hay gran diferencia entre quien sabe que la vida espiritual es una realidad y el hombre que solamente balbucea acerca de ella sin percibirla, que intenta asirla sin lograrlo, y no inhala su fragante aliento ni siente el tacto de ella.

En el sereno sol de la paz toda flor del Alma sonríe y crece, rica en su radiante color peculiar.

En la quietud del Alma reside el verdadero conocimiento y de la divina tranquilidad del corazón proviene la fuerza.



Annie Besant – La Doctrina del Corazón

lunes, 4 de noviembre de 2013

Gracias, te Amo, lo Siento... Por favor, Perdóname. (M.J. Cabanillas)


Ho’oponopono es una técnica ancestral hawaiana de resolución de problemas potente y eficaz, significa “corregir un error de pensamiento”. Solo diciendo una palabra como “gracias”, “te amo”, “lo siento”, “por favor, perdóname” estás borrando, estás limpiando, estás sanando tu mente subconsciente que es tu punto de atracción.




En el área de resolución de problemas, el mundo es un reflejo de lo que ocurre en nuestro interior. Si estás experimentando desequilibrio o malestar, el lugar a mirar es en tu interior. Cada tensión, desequilibrio o enfermedad puede ser corregido solo trabajando en ti mismo.

Todo lo que existe en tu realidad es una proyección de tu mente. Lo que creemos, creamos, si crees que la vida es dura, así será para ti, tu realidad reflejará fielmente esa creencia limitante. Si piensas que la vida es maravillosa, también será así y atraerás a las palabras y circunstancias que reafirmarán ese pensamiento.

Tenemos memorias, programas, que pueden venir inclusive de otras vidas y de nuestros ancestros. La información grabada en la memoria celular nos condiciona de tal manera que nos predispone a percibir y comportarnos de un cierto modo. Muchas de esas memorias son dolorosas. Además de las creencias limitantes, tenemos toda esa “basura” en el subconsciente. Hasta que no elimines esa programación negativa, seguirás atrayendo problemas, relaciones difíciles, etc.

Cambia tu interior y cambiarán las condiciones externas de tu vida, si tú no cambias, por mucho que modifiques el decorado, nada cambiará. No tienes pensamientos negativos porque tu vida no funciona, porque nada te sale bien y eso te amarga, sino que tu vida es dura, hostil, tu vida es un desastre por la manera en que piensas. Si quieres despertar, primero has de ser consciente de que tú has elegido cada cosa, persona y circunstancias de tu vida. Es tu creación inconsciente, pero eres el dios de tu reino y puedes cambiar tu realidad.

Al hemisferio cerebral derecho se le atribuyen las habilidades espaciales y visuales, la creatividad, las emociones, la capacidad de síntesis y el talento artístico. El hemisferio cerebral izquierdo se encarga del lenguaje, la escritura, el pensamiento analítico y la lógica. Es esa parte de nuestra mente que nos lleva al pasado para sufrir por lo que pasó, o se traslada al futuro para preocuparse por lo que pueda pasar, es el parloteo constante, esa vocecilla interna que no cesa; “cuidado con esto”, ¿qué vas a hacer ahora?, bla, bla, bla. El hemisferio derecho, por el contrario, sabe estar en el momento presente, es el aquí y ahora, nos conecta con la vivencia, el sentir. La presencia permite ser consciente, y estar consciente es comunicarse con la Fuente. Este contacto nos acerca a todas nuestras potencialidades. Quien está presente, afina su intuición, y sabe distinguir lo verdadero de lo que no lo es.

Pero ocurre a veces que el momento presente es visto como un enemigo. Esto pasa cuando nos quejamos de nuestra vida, maldecimos lo que sucede o ha sucedido, odiamos lo que hacemos y nuestro diálogo interno está lleno de negatividad. Entonces, convertimos la vida en nuestra enemiga, y tu realidad externa reflejará esa creencia, experimentando la vida como algo hostil. Cuanto más te preocupas por algo, no solo sufres, además le estás dando fuerza para que eso que NO quieres entre en tu realidad. La mente es un velo opaco que deforma la realidad y, si nos descuidamos, nos quita la paz.



Es posible ir más allá del pensamiento. Sé como un niño otra vez. Con Ho’oponopono aquietas la mente, el universo entero se somete a una mente sosegada. Cuando mueves la energía del amor estás activando un poder realmente mágico. Cuando repites “gracias” o “te amo”, ya no te resistes, aceptas lo que hay en este momento en tu realidad, todos los problemas son oportunidades para crecer. Todas las cosas que combatimos no hacen más que debilitarnos e impedir que podamos vislumbrar la oportunidad que implica el obstáculo.

Todo pasa por algo, NO existe la casualidad. Despierta y sé consciente de que todo tiene una causa y que todo son señales del Universo. Un problema puede ser la oportunidad para crear algo nuevo y hermoso, y un tirano o verdugo el mejor maestro. No hay enemigos, el dolor y la enfermedad son aliados que nos muestran un error que es necesario comprender. Ama la luz y ama la oscuridad. Ama aún tus problemas, porque mientras te lamentas y te quejas les das aún más fuerza para que entren y se instalen en tu realidad.

Hay algo superior que lo ha creado todo, existe una energía suprema, inteligente, que ha creado el universo. Puedes llamarle Universo, la Fuente, Dios… Yo cuando lo llamo Dios no lo hago con ningún tinte religioso, en realidad pienso en algo superior que se identifica con la energía suprema, el AMOR. Somos seres creadores, y tu misión es volver a encontrarte con el Dios que tú eres. Somos luz, pero la “basura” que tenemos dentro de nosotros no nos deja brillar.

Ho’oponopono es una petición a la divinidad para que te ayude, es caminar al lado de Dios. Solo hay algo que te separe de Dios, las memorias, y ho’oponopono borra esas memorias. Todo puede fluir y salir mucho mejor si simplemente nos abandonamos y confiamos en el Universo, podemos cocrear con la Divinidad. En esto consiste nuestro libre albedrío, decidir colaborar con la energía natural de la vida y dar un paso enorme en dirección a la felicidad.

María José Cabanillas – Ho’oponopono. Conéctate con los milagros. GRACIAS. TE AMO. LO SIENTO. POR FAVOR, PERDÓNAME.



jueves, 31 de octubre de 2013

Nuestros cerebros tienen amo (S. Freixedo)




Los seres humanos no solo no somos “los reyes de la creación” ni las criaturas más inteligentes del Universo, sino que ni siquiera somos los reyes de este planeta, ni las criaturas más inteligentes de la Tierra. La Humanidad, por más que esto hiera nuestro amor propio, pertenece a otros seres más inteligentes que nosotros, que también habitan este planeta y que son sus verdaderos reyes.

Estos seres son, de ordinario, invisibles (aunque se hacen visibles cuándo y como quieren): son llamados ángeles o demonios por el cristianismo, y “devas”, “asuras”, “dakinis”, etc., en otras religiones y culturas, aunque vulgarmente reciben el nombre de “espíritus”.

Estos seres, dentro de las escalas cósmicas, están en un peldaño superior al nuestro, pero nos usan lo mismo que nosotros usamos a los animales. Y, si bien tienen principios éticos, los usan solo entre ellos. Además son más inteligentes que nosotros, disimulan su presencia en el planeta y nos dejan creer que somos nosotros quienes mandamos aquí, cuando, en realidad, globalmente hablando, solo hacemos lo que ellos quieren que hagamos; y, de hecho, nos tienen programados para ello. El lector tiene que reflexionar sobre el hecho de que –si es creyente cristiano-, en su religión se admite como algo incuestionable la existencia de estos seres y, de hecho, los vemos a lo largo de la Biblia interfiriendo constantemente en la vida de los hombres; y si no es creyente tiene que resultarle muy extraño que semejantes personajes aparezcan en todas las literaturas y en todas las culturas de todos los tiempos, con toda suerte de nombres.

Otro hecho que debe hacernos reflexionar es la espantosa historia humana. Ésta es, más que nada, un conjunto de disparates y salvajadas llevadas a cabo concienzuda y recalcitrantemente. Es una guerra permanente de unos contra otros y de todos contra todos, basada en principios “muy serios” y, a veces, “sagrados”, como son las religiones, las patrias, las diversas razas, el honor, etc., dando como resultado final ríos de sangre y una auténtica montaña de muertos.

¿Por qué el ser “más inteligente” del planeta se comporta de una manera tan bárbara y no es capaz de vivir en paz consigo mismo? Porque a estos seres (que son los auténticos dueños de este mundo) les interesa que los hombres peleen entre ellos. Estos seres son las entidades que se manifiestan en todas las apariciones. Ellos son las diferentes “vírgenes” que han estado apareciendo por siglos. No obstante, ¿por qué a veces se manifiestan positivamente y a veces negativamente? Porque ellos, en sus manifestaciones, atienden principalmente sus intereses, y no a los nuestros. Vienen a por lo que les interesa y prescinden de si nos perjudica o nos beneficia.



El próximo paso es conocer por qué se aparecen, saber qué es lo que buscan cuando se manifiestan en nuestro mundo:

1)    Cierta energía sutilísima que produce el cerebro humano. El cerebro produce no solo las ondas que se pueden ver en los electroencefalógrafos, sino también muchísimas más, de unas frecuencias y de unas longitudes variadísimas. Estas ondas constituyen la actividad psíquica del cerebro, pero esta actividad psíquica es tan física como la energía cinética, y no es “espiritual”, en el sentido que a esta palabra suele dársele. Los seres inteligentes que se manifiestan en las apariciones pueden captar estas ondas con gran facilidad, les producen un placer especial y la utilizan de alguna manera que nos es desconocida.

2) Preferentemente, la energía de muchos cerebros simultáneamente (que       deben estar lo más apiñados que sea posible), para así poder sumar las energías de todos. La estrategia que han usado siempre los “dioses” que nos dirigen desde las sombras ha sido la de erigir los templos y santuarios en los que se reunían los devotos. En los tiempos modernos, cuando la asistencia a iglesias y santuarios ha descendido notablemente, la estrategia que los “dioses” han utilizado para reunir a los humanos son los campos de deportes, y especialmente los estadios. Y esto domingo tras domingo en el mundo entero.

3) Cerebros que no se hallen en reposo o en funcionamiento normal, sino       excitados por alguna emoción fuerte y, sobre todo, por algún dolor.             Tienen que estar ansiosos, angustiados, expectantes, eufóricos y, mejor     aún, llenos de ira, dolor y miedo. El dolor parece ser lo que más propicia la producción de esas ondas cerebrales, aparte de que se puede                 conseguir más fácil y rápidamente. En los estadios los hombres no solo       están apiñados, sino que con mucha frecuencia están eufóricos y, más       aún, excitados, angustiados y llenos de ira. En cuanto a los santuarios,       hay una mezcla de fervor, expectación, temor reverencial, tedio, hastío, e incluso rechazo y miedo por las amenazas de castigos eternos.


Las religiones han causado a la humanidad mucho más dolor que alegría y se puede decir que, en gran parte, han sido la causa del estancamiento cultural, social y tecnológico de muchos pueblos del mundo. En lo que a las apariciones se refiere, es bastante ordinario que los videntes se conviertan en seres sufrientes. La insistencia enfermiza de todas las “vírgenes” en demandar sacrificios, penitencia y dolor, es algo que tiene que hacernos sospechar.

La gran conclusión a la que indefectiblemente debemos llegar es que la entidad que se manifiesta es una energía inteligente o un conjunto de ellas, tienen algún grado de personalidad, tanto los videntes como los acompañantes proporcionan a estas entidades una energía suplementaria para hacer su presencia más palpable entre nosotros.

A estas inteligencias, o seres de otros niveles de existencia, no les es difícil manipular la materia y producir fenómenos atmosféricos. En el fenómeno OVNI (que es otra manera que tienen de manifestarse) los producen constantemente y de mil formas diferentes. Los milagros se realizan para que acudan multitudes, y las amenazas de castigos terribles para la Humanidad, la exigencia de penitencia y sacrificios y el tono doliente y atormentado de algunos videntes sirven para que reine en el lugar un clima de ansia y de angustia. Millones de fieles ingenuos y llenos de buena voluntad acuden pensando que están en presencia de algo divino.

Lo que se deduce de todo lo dicho es que en vez de correr ingenua y gregariamente a los lugares donde haya apariciones o donde sucede cualquier fenómeno extraño, para caer de rodillas en adoración o para convertirse en uno más de la manada de boquiabiertos papanatas, lo que tenemos que hacer es fortalecer nuestro psiquismo y nuestra personalidad, no solo contra estos intrusos del más allá, sino contra los grandes manipuladores de la conciencia y de las mentes de acá, que han convertido a gran parte de los humanos en auténticos gusanos, seguidores inconscientes y ciegos de sus “líderes” y de sus ídolos: líderes políticos, líderes religiosos, ídolos deportivos y musicales.

Salvador Freixedo – Las Apariciones Marianas


Fulcanelli, un misterio sin resolver


Pocos personajes más misteriosos de la historia reciente, nadie más esquivo que un tal Fulcanelli, apodo o sobrenombre que aparece en dos libros publicados a principios del siglo XX por un supuesto discípulo suyo, llamado Eugene Canseliet, y que hasta hace pocos años se suponía que copiaba o transcribía literalmente sus escritos de carácter alquímico y hermético, de primera mano y tras la desaparición, que no precisamente “muerte”, de su autor. Su identidad confirmada sigue en suspenso después de casi un siglo.



Actualmente avanza la posibilidad de que tras ese nombre se encontrara el físico del siglo XIX Jules Violle (1.841-1923), según el libro de Patrick Rivière y Jacques Keystone, pero no se comprende por qué razón hubiera deseado ocultar su identidad, si no fuera por preservar sus dilatados descubrimientos científicos. También se afirmó que reapareció en el periodo de entreguerras del siglo XX, tal y como se afirmó en los siglos XVIII y XIX también del oscuro y famoso Conde de Saint Germain; ambos supuestamente habían logrado el secreto de la inmortalidad, o al menos, de una larga vida dos o tres veces más dilatada de lo común. Tal vez habían alcanzado el secreto de la Piedra Filosofal. Si hemos de creer otras fuentes mucho más ambiguas sobre Fulcanelli, resulta que vivió en el siglo XVI y se fecha su “muerte” alrededor del año 1.610.

Todo ello plantea dudas sobre la veracidad de las declaraciones de Canseliet, a pesar de dar una gran impresión de sinceridad y devoción por su “maestro”. Si se refería a Jules Violle, puede que quisiera conservar su anonimato por orden expresa suya, pero si el personaje en cuestión vivió en el siglo XVII, debería tener entonces más de doscientos cincuenta años, algo difícil de creer, con lo que estaría ocultando la apropiación y falsificación de textos de un personaje desaparecido mucho antes. Los libros en cuestión, “El Misterio de las Catedrales” (1.925) y “Las Moradas Filosofales” (1.929), además de un texto inconcluso titulado “Finis Gloriae Mundi”, no publicado hasta el año 2.000, pero declarado como un engaño, revelan, no obstante, un profundo conocimiento de la obra y significado de la alquimia, teniendo como telón de fondo su verdadero sentido de transformación y mutación espiritual, mas que en la consecuencia secundaria que sería la transmutación de los metales nobles en oro, cuya búsqueda dramática por la avidez y codicia humanas de los poderosos ensombreció durante siglos el auténtico mensaje.

Así que no encontraremos en los textos un tratado práctico y realizable de la Gran Obra de forma que se pudiera obtener la Piedra Filosofal de forma científica por la química moderna, tal vez porque los textos originales se perdieron o se manipularon, ignorándose el exacto contenido de los mismos. O no era ese su verdadero propósito, dado que su carácter esotérico aconsejaba mantener a toda costa cierto oscurantismo aunque, al mismo tiempo, la necesidad de ser revelados. Así encontramos un gran compendio de simbología alquímica cargado de hermetismo, poesía y belleza, por otra parte indescifrable para el profano ya que, lógicamente, los autores de la tradición alquímica tenían siempre mucho cuidado en no transmitir fielmente el trabajo a realizar. Se dificulta así la consecución futura de aquella materia que convertiría cualquier metal en oro, sobre todo a aquellas personas o grupos que no tuvieran nobles intenciones, disfrazando el proceso con una compleja y oscura metodología que desesperaría a cualquiera, por lo menos al no Iniciado y avanzado espiritualmente para tan alto objetivo.

Podemos atisbar otra intención del autor, como que la descripción y análisis de los motivos escultóricos de las grandes catedrales góticas era probar la conexión indudable de las sublimes pirámides egipcias con estas hermosas construcciones medievales, y cómo el Conocimiento transmitido por la Tradición seguía vivo. Ambas debían servir para el tránsito y consecución de una liberación espiritual del más alto rango, superar la transitoriedad de la existencia humana una vez llegado el momento de la muerte física y evadirse de ella, purificar la esencia espiritual, llámese alma, asegurándole una eterna plenitud. Así como podríamos entender del alcance último del exquisito “Libro de los Muertos” egipcio, que también se puede traducir como “Manual para el bienestar en la vida futura”. Lo esencial del mensaje sería el acceso al Conocimiento de cómo trascender las limitaciones de la vida material, preparándose con tenacidad y pureza para otra vida posterior espiritual “desencarnada”.



Introducción de E. Canseliet a El Misterio de las Catedrales:

“Es tarea ingrata e incómoda, para un discípulo, la presentación de una obra escrita por su propio Maestro… Hace ya mucho tiempo que el autor de este libro no está entre nosotros. Se extinguió el hombre. Sólo persiste su recuerdo... ¿Podía él llegado a la cima del Conocimiento, negarse a obedecer las órdenes del Destino?… Fulcanelli ya no existe. Sin embargo, y éste es nuestro consuelo, su pensamiento permanece, ardiente y vivo, encerrado para siempre en estas páginas como en un santuario… Gracias a él la catedral gótica nos revela su secreto. Y así nos enteramos, con sorpresa y emoción de cómo fue tallada por nuestros antepasados la primera piedra de sus cimientos, resplandeciente gema, más preciosa que el mismo oro, sobre la cual edificó Jesús su Iglesia.
Toda la verdad, toda la Filosofía, toda la Religión descansaban sobre esta Piedra única y sagrada…

Sé, no por haberlo descubierto yo mismo, sino porque el autor me lo afirmó, hace más de diez años, que la llave del arcano mayor ha sido dada, sin la menor ficción, por una de las figuras que ilustran la presente obra. Y esta llave consiste sencillamente en un color, manifestado al artesano desde el primer trabajo. Ningún filósofo, que yo sepa, descubrió la importancia de este punto esencial. Al revelarlo yo, cumplo la última voluntad de Fulcanelli y sigo el dictado de mi conciencia…”