jueves, 6 de agosto de 2015

En España, todos los gobiernos han ido a destruir…




Lo más grave que ha ocurrido en España es que después de muchos años en los que tuvimos un progreso social lento pero continuo hayan aumentado las diferencias sociales. Estas cosas, aparte de ser terriblemente injustas, son muy peligrosas, porque es muy difícil mantener el sistema democrático saludable y funcionando con niveles de desigualdad tan graves como los que se están imponiendo.

Parece que el único camino que había era ese: el camino de la rebaja de impuestos a los más ricos, el de debilitar la situación de los trabajadores… Parecía que no había otra alternativa, que el mundo tenía que ser así. Igual que cuando se hace la globalización de una manera que siempre perjudica a los más débiles y siempre beneficia a los más poderosos. Generalmente los que mandan quieren convencernos de que las cosas son como son porque es la única manera que tiene de ser, porque es lo natural. Pero eso no es lo natural, eso es algo que se ha hecho para beneficio de algunos.

Una cosa que me ha llamado la atención durante estos años es que la izquierda estaba dejando de poner el acento en los problemas de clase y se estaba concentrando caso exclusivamente en los problemas de identidad colectiva. Es decir, en vez de hablar de ricos y pobres, la izquierda hablaba de grupos nacionales, de la identidad colectiva de los catalanes, de las mujeres, de los gays… Y una cosa son los derechos civiles y otra cosa es dividir a la gente en este tipo de identidades. Y esto ha ocurrido mientras se ampliaban cada vez más las diferencias sociales, las diferencias entre los que tienen y los que no tienen. La izquierda, que es la que se supone que tenía que ocuparse de esas cosas, estaba distraída con otras, se ha quedado en muchos casos muy perdida, sin estrategia, sin saber qué era lo que tenía que defender.



Mientras tanto se estaban acentuando más las diferencias sociales, con gran alegría de los que estaban beneficiándose. Hace 15 años, la diferencia de la media de los mejor pagados y la media de los trabajadores normales era de 1 a 30. Ahora es de 1 a 400 y, claro, ¿cómo mantienes un sistema democrático o un estado del bienestar con esas diferencias sociales, cuando además los que más tienen se las arreglan para no pagar impuestos, cuando los que pagan los impuestos son la clase media y la clase trabajadora? ¿Cómo mantienes así el estado del bienestar? El mundo está hecho para el beneficio del que más tiene de una manera cada vez más escandalosa y grosera. Ya que, por una parte, están los ejecutivos que ganan más que nunca y, por debajo, cada vez más becarios y gente que está siendo superexplotada. Ese progreso de la desigualdad, de la injusticia y de la falta de salidas es una de las cosas más graves que ha pasado.

En una democracia, lo normal sería que una persona cualquiera pudiera tener la posibilidad de estar un tiempo ejerciendo un cargo y luego retirarse a su profesión. La profesionalización de la política es uno de los grandes males del sistema español. Igual que la politización de ciertas profesiones públicas. El hecho de que tantos cargos que tendrían que ser exclusivamente técnicos sean políticos. Eso es una sociedad cautiva de la política.



Estos gobiernos brutales de los últimos años se han dedicado sobre todo a hacer todo el daño que han podido; creo que con una perspectiva ideológica, que es pensar que todo lo que tiene que ver con la cultura o la educación es cosa de izquierdistas y hay que dañarlo. Todos los gobiernos han ido a destruir: el Gobierno del PSOE por falta de coraje y por demagogia; y el Gobierno del PP por pura brutalidad. Lo que se ha hecho con el cine o con el teatro es una cosa destructiva, cuando la cultura en un país como el nuestro es un eje fundamental de la prosperidad, porque la cultura crea muchos puestos de trabajo. La industria de la cultura ha sido abandonada a conciencia para destruirla.

En España hay mucho odio al conocimiento. La derecha española es brutal y ha sido siempre enemiga del saber, siempre, entre otras cosas porque ha sido esclava de la Iglesia Católica, y la Iglesia Católica ha sido el peor enemigo que ha tenido la educación y el conocimiento en nuestro país.




Antonio Muñoz Molina (Extracto de entrevista para 20 Minutos)


jueves, 30 de julio de 2015

Si el universo no es consciente de tu existencia, ¡tranquilo! (Anthony de Mello)



La realidad existente no puede realmente ser rechazada ni aceptada.
Huir de ella es como tratar de huir de tus propios pies.
Aceptarla es como tratar de besar tus propios labios.
Todo lo que hay que hacer es mirar, comprender y estar en paz.


¡Escucha! Oye el canto del pájaro,
el viento entre los árboles,
el estruendo del océano…;
mira un árbol, una hoja que cae o una flor,
como si fuera la primera vez.

Puede que, de pronto,
entres en contacto con la Realidad,
con ese Paraíso del que
nos ha arrojado nuestro saber
por haber caído desde la infancia.


 ¿Qué es lo que te hace reaccionar:
la Realidad o lo que tú supones de ella?


Primero sacamos nuestras conclusiones…
y luego hallamos la forma de llegar a ellas.


Casi nunca vemos la realidad. Lo que vemos es un reflejo de la misma en forma de palabras y conceptos que en seguida confundimos con la realidad.
El mundo en el que vivimos es, en su mayor parte, una construcción mental.


No trates de animar a las personas con doctrinas; devuélvelos a la realidad. Porque el secreto de la vida hay que encontrarlo en la vida misma, no en las doctrinas sobre ella.


La gente no desea la verdad.
Desea promesas tranquilizadoras. 




Las cuatro fases de la oración:
Yo hablo, tú escuchas.
Tú hablas, yo escucho.
Nadie habla. Los dos escuchamos.
Nadie habla y nadie escucha. Silencio.


No es como si la vida estuviera llena de milagros; es más que eso: la vida es milagrosa. Y quien deje de darlo por supuesto no tardará en comprobarlo.


No todos los que tienen los ojos cerrados están dormidos.
Ni todos los que tienen los ojos abiertos pueden ver.

¿De qué sirve tener ojos
si el corazón está ciego?





Solo la reconciliación salvará al mundo, no la justicia,
que puede ser una forma de venganza.

  
Propiamente, para ser malo, no necesitas quebrantar la ley.
Basta con que la observes a la letra.


Cuando las personas están alegres,
siempre son buenas;
Mientras que, cuando son buenas,
rara vez están alegres.


Lo malo de los ideales es que, si vives con arreglo a todos ellos,
resulta imposible vivir contigo.




Cuando el zapato encaja, te olvidas del pie;
cuando el cinturón no aprieta, te olvidas de la cintura; 
cuando todo armoniza, te olvidas del “ego”.
Entonces, ¿de qué te sirven tus austeridades?


Hay personas a las que el ver practicada su religión las inquieta tanto como el enterarse de que alguien la pone en duda.


Tanto aquello de lo que huyes como aquello por lo que suspiras está dentro de ti.


Si el universo no es consciente de tu existencia, ¡tranquilo!


La música necesita la oquedad de la flauta;
las cartas, la blancura del papel;
la luz, el hueco de la ventana;
la santidad, la ausencia del “yo”.


Hay un solo motivo de todos los males de la tierra:

“!Esto me pertenece!”



Anthony de Mello – La oración de la rana

Restaurar el Estado Primordial (René Guenon)





Quien se apegue al razonamiento y no lo supere en el momento requerido permanece prisionero de la forma, que es la limitación mediante la que se define el estado individual; no sobrepasará jamás a ésta, y nunca irá más lejos de lo exterior, es decir, permanecerá unido al ciclo indefinido de la manifestación. El paso de lo “exterior” a lo “interior” es también el paso de la “multiplicidad” a la unidad, de la circunferencia al centro, al punto único desde donde le es posible al ser humano, restaurado en las prerrogativas del “estado primordial” elevarse a los estados superiores y, mediante la realización total de su verdadera esencia, ser en fin efectiva y actualmente lo que es desde toda eternidad potencialmente.

Quien se conoce a sí mismo en la “verdad” de la “Esencia” eterna e infinita conoce y posee todas las cosas en sí mismo, pues ha alcanzado el estado incondicionado que no deja fuera de sí ninguna posibilidad, y este estado, con respecto al cual todos los demás, por elevados que sean, no son realmente sino estados preliminares sin ninguna medida común con él; este estado, que es el fin último de toda iniciación, es propiamente lo que debe entenderse por la “Identidad Suprema”.

Por consiguiente, todo ser tiende, conscientemente o no, a realizar en él mismo, por los medios apropiados a su naturaleza particular, el plan del Gran Arquitecto del Universo, lo cual no es en suma sino la universalización de su propia realización personal. Es en el punto preciso de su desarrollo en el cual un ser toma realmente conciencia de esta finalidad, cuando comienza para él la iniciación efectiva, que debe conducirle por grados, y según su vía personal, a esa realización integral que se cumple en el desarrollo completo, armónico y jerárquico de todas las posibilidades implicadas en la esencia de ese ser.



Aquellos que han pasado más allá de la forma están, por ello mismo, liberados de las limitaciones inherentes a la condición individual de la humanidad ordinaria; aquellos que no han llegado más que al centro del estado humano, sin todavía haber realizado efectivamente los estados superiores, están al menos libres de las limitaciones por las cuales el hombre caído de este “estado primordial” en el cual están reintegrados, está unido a una individualidad particular así como a una forma determinada.

Lo que está en la base misma de toda enseñanza verdaderamente iniciática, es que toda realización digna de este nombre es de orden esencialmente interior, incluso aunque sea susceptible de tener repercusiones de cualquier género en el exterior. El hombre no puede encontrar los principios sino en sí mismo; y puede porque lleva en él la correspondencia de todo lo que existe, pues “el hombre es el símbolo de la existencia universal”; y, si alcanza a penetrar hasta el centro de su propio ser, alcanzará con ello el conocimiento total, con todo lo que por añadidura implica: “aquel que conoce a su Sí conoce a su Señor”, y conoce entonces todas las cosas en la suprema unidad del Principio, en el cual está contenida “eminentemente” toda realidad.


Los elementos que constituyen el cuerpo pueden ser “transmutados” y “sutilizados”, de modo que puedan transferirse a una modalidad extracorporal, donde el ser podrá desde entonces existir en condiciones menos estrechamente limitadas en relación con las del dominio corporal, especialmente bajo el aspecto de la duración. En tal caso, el ser desaparecerá en un determinado momento sin dejar tras él ninguna huella de su cuerpo; podrá, por otra parte, en circunstancias particulares, reaparecer temporalmente en el mundo corporal. No es necesario por otra parte ver en ello nada “trascendente” en el verdadero sentido de la palabra, puesto que no se trata todavía sino de posibilidades humanas, cuya realización, además, no puede tener interés más que para un ser al que ésta torna capaz de desempeñar alguna “misión” especial; aparte de este caso, ello no sería en suma sino una simple “digresión” en el curso del proceso iniciático, y una demora más o menos prolongada sobre la vía que debe normalmente conducir a la restauración del “estado primordial”.




El ser establecido en este punto ocupa una posición realmente “central” con respecto a todas las condiciones del estado humano, de manera que, sin haber pasado más allá, las domina no obstante en cierta manera, en lugar de estar por el contrario dominado por ellas, como es el caso del hombre ordinario; y esto es cierto especialmente en lo que concierne a la condición temporal como a la espacial. De ahí que él podrá entonces, si quiere (por alguna razón profunda) transportarse a un momento cualquiera del tiempo, así como a un lugar cualquiera del espacio. Esta posibilidad puede, por lo demás, en el curso ordinario de las cosas, no manifestarse al exterior en modo alguno; pero el ser que la adquiera la posee desde entonces de una manera permanente e inmutable, y nada podrá hacérsela perder, le basta con retirarse del mundo exterior y entrar en sí mismo, todas las veces que le convenga hacerlo, para encontrar siempre en el centro de su propio ser, la verdadera “fuente de la inmortalidad”.


René Guenon -  Apreciaciones sobre la Iniciación. 
                            Hermetismo

lunes, 27 de julio de 2015

Creer en la inmortalidad, bálsamo de la religión (Malinowsky)




De todas las fuentes de la religión, la suprema y final crisis de la vida, esto es, la muerte, es la que reviste importancia mayor. La muerte es la puerta de entrada al otro mundo en un sentido que no solo es el literal. El hombre ha de entregar su vida en la sombra de la muerte, y el que se agarra a la vida y goza de su plenitud tiene que temer la amenaza de su final. Y el que se enfrenta con la muerte se vuelve a la promesa de la vida.

La muerte y su negación –“la inmortalidad”- han formado siempre el más acerbo tema de los presentimientos del hombre. La extrema complejidad de las reacciones emotivas hacia la vida encuentra por necesidad su paralelo a la actitud que el hombre muestra para con la muerte. Sin embargo, lo que durante toda la vida se habrá prolongado por un largo espacio de tiempo y manifestado en una sucesión de experiencias y sucesos, aquí da en su fin,  y se condensa en una sola crisis que produce una violenta explosión de manifestaciones religiosas.



El hombre teme a la muerte de manera intensa, lo que probablemente sea el resultado de ciertos instintos que, profundamente asentados, son comunes a los animales y al hombre. No quiere darse cuenta de que la muerte es un fin, ni puede enfrentarse con la idea de la completa cesación, de la aniquilación. Atendiendo a la idea de un espíritu y de una existencia espiritual, el hombre consigue la confortadora creencia en la continuidad espiritual y en la vida tras la muerte. Sin embargo, tal creencia no permanece incólume en el complejo y doble juego de esperanza y temor que acaece siempre cuando la muerte tiene lugar. A la confortadora voz de la esperanza, al intenso deseo de inmortalidad, a la dificultad o a la imposibilidad de hacer frente a la aniquilación, se oponen poderosos y terribles presentimientos. El testimonio de los sentidos, la horrorosa descomposición del cadáver, la visible desaparición de la personalidad, y parece ser que ciertas sugerencias instintivas de miedo y horror, parecen amenazar al hombre, en todos los estadios de la cultura, con una idea de aniquilación y con presagios y terrores escondidos.

Y aquí, en este juego de fuerzas emotivas, en este supremo dilema del vivir y de la muerte final, la religión entra en escena, seleccionando el credo positivo, la idea confortadora, la creencia culturalmente válida de la inmortalidad del espíritu independiente del cuerpo. De esta manera, la creencia en la inmortalidad es el resultado de una revelación emotiva profunda, establecida por la religión, y no se trata de una doctrina filosófica primitiva. La convicción del hombre de continuar su vida es un de los dones supremos de la religión, que juzga y selecciona la mejor de las alternativas, la esperanza de vida continuada y el temor ante la aniquilación. La religión salva al hombre de rendirse ante la muerte y la destrucción.



Así, los ritos del luto, la conducta ritual inmediata a la muerte, pueden ser tomados como modelos del acto religioso, mientras que la creencia en la continuidad de la vida en el más allá puede considerarse como prototipo de lo que es un acto de fe. Aunque en los actos de duelo, en la desesperación del llanto, en el trato del cadáver y en su funeral no se consiga ningún efecto ulterior, tales actos cumplen una función importante y poseen un considerable valor: ponen al hombre en comunión con la providencia, con las fuerzas benéficas de la abundancia.


Ante la muerte, la religión concede al hombre, sacrificando y regularizando así otra clase de impulsos, el don de la integridad mental, neutraliza las fuerzas centrífugas del miedo, del desaliento y de la desesperación, y proporciona los más poderosos medios de reintegración en la solidaridad del grupo y el restablecimiento de su presencia de ánimo. En resumen, la religión asegura la victoria de la tradición y de la cultura frente a la respuesta puramente negativa de los instintos frustrados.


Bronislaw Malinowsky – Magia, Ciencia y Religión

miércoles, 24 de junio de 2015

El Maestro dice... (Ramiro Calle)






Caminar hacia la verdad es más difícil que hacerlo por el filo de la navaja, por eso solo algunos se comprometen con la búsqueda.

Más allá de la mente y el pensamiento está el Ser. Y en el Ser todos los seres.
No es a través del intelecto como se alcanza el Ser; el pensamiento no puede comprender al pensador y el conocimiento erudito no tiene nada que ver con la sabiduría.

El ego abre el camino hacia la muerte, pues hace vivir de espaldas a la realidad del Ser. Sin ego, eres el que jamás has dejado de ser.

El ser humano común está tan identificado con la burda máscara de su personalidad y su ego que desconoce su genuina y real naturaleza.

“Tú” y “Yo” se funden en la unidad del Ser como se funde la escarcha con los primeros rayos del sol al despuntar el día.

Busca dentro de ti mismo. “Desafía” a Dios y róbale la suprema felicidad.





La luz es consciencia y sabiduría, en tanto que la oscuridad es ofuscación y estrechez de miras. Si te estableces en la sabiduría, ¿hay lugar para la ofuscación?

Por ignorancia y ausencia de entendimiento correcto, el ser humano se pierde en las apariencias y no percibe lo Real.

La mente siempre tiene problemas. Cuando no tiene problemas reales, fabrica problemas imaginarios y ficticios, teniendo incluso que buscar soluciones imaginarias y ficticias.

El apego, ¿te deja ver?, ¿te deja oír?, ¿te deja comprender? El apego te aferra a lo irreal e ilusorio y cierra tus oídos a lo Real y Trascendente.

Para el que sabe ver, todo es transitorio; para el que sabe amar, todo es perdonable.

El aferramiento a los puntos de vista es una traba mental y un fuerte obstáculo en el viaje interior.





La verdad no es una abstracción ni un concepto. Cuando la actitud es la correcta, la verdad se cultiva aquí y ahora, de instante en instante.

Debido a diferentes enfoques de la realidad aparente, ideologías y ficticias divisiones, surgen las disputas y las guerras, el malestar y el dolor.

Al herir, te hieres. A quienquiera que dañes, te dañas a ti mismo.

Cerrad los oídos a la opinión ajena. Que aquello que los demás censuran te sea indiferente. Escucha únicamente la voz de tu corazón y no te pierdas en opiniones ajenas.

La mente es amiga y enemiga; es una mala dueña, pero una buena aliada. Por eso es necesario aprender a contener el pensamiento y poner la mente bajo el yugo de la voluntad.

No apuntes a las apariencias, sino a la Realidad. No te extravíes en la diversidad, sino que debes establecerte en la Unidad.

Vigila la actitud. Aprende a comprender y a tolerar. Discierne más allá de las apariencias.



  

No hay mayor logro que la pureza de corazón. ¿Qué no puede obtenerse con un corazón limpio?

Así como piensas, así eres. Conquista el pensamiento, y te habrás conquistado a ti mismo.

Aunque hay muchas vías, en última instancia sigue tu propia senda interior.

Cuando estás espiritualmente preparado, hasta contemplar una hoja que se desprende del árbol puede abrirte a la verdad.

Muchos sacerdotes solo son profesionales de la religión, sin corazón puro no conducta impecable.

Hay un área de ignorancia en la mente humana que la inclina a lo irrelevante y trivial, obnubilando la consciencia de lo real.

No tienes nada que perder que no sea tu ignorancia y la máscara de tu personalidad.





El secreto está en no ser poseído por lo que se posee.

A lo que tienes que renunciar es al sentido de posesividad y a la ignorancia.

La persona atrapada en la cárcel de su ego, proyecta sobre los otros sus propios autoengaños.

No es a través de la palabra ni la polémica como un ser humano asciende a la cima de la consciencia, sino a través de una motivación firme y una práctica inquebrantable.

Los que no permanecen atentos es como si ya estuvieran muertos.

El futuro es un espejismo. Éste es tu momento, tu instante. En lugar de fantasear con la mente, pon las condiciones para que la semilla pueda germinar.

Solo existe la seguridad del aquí-ahora. Aplícate al instante, haz lo mejor que puedas en el instante y no divagues.


Toda forma humana es preciosa, porque a través de ella podemos alcanzar la realización definitiva. Habiendo podido tomar tantas formas, es una gran fortuna haber tomado la humana.



Ramiro Calle – 101 Cuentos clásicos de la India

jueves, 11 de junio de 2015

El Estado es un mal históricamente necesario (Bakunin)





La historia de las religiones, la del nacimiento, de la grandeza y de la decadencia de los dioses que se sucedieron en la creencia humana, no es nada más que el desenvolvimiento de la inteligencia y de la conciencia colectiva de los hombres. Una vez instalada la divinidad, fue proclamada naturalmente la causa, la razón, el árbitro y el dispensador absoluto de todas las cosas: el mundo no fue ya nada, la divinidad lo fue todo; y el hombre, su verdadero creador, después de haberla sacado de la nada sin darse cuenta, se arrodilló ante ella, la adoró y se proclamó su criatura y su esclavo.

Siendo Dios todo, el mundo real y el hombre no son nada. Siendo Dios la verdad, la justicia, el bien, lo bello, la potencia y la vida, el hombre es la mentira, la iniquidad, el mal, la fealdad, la impotencia y la muerte. Siendo Dios el amo, el hombre es el esclavo. Incapaz de hallar por sí mismo la justicia, la verdad y la vida eterna, no puede llegar a ellas más que mediante una revelación divina. Pero quien dice revelación, dice reveladores, Mesías, profetas, sacerdotes y legisladores inspirados por Dios mismo; y una vez reconocidos aquellos como representantes de la divinidad en la Tierra, todos los hombres le deben una obediencia ilimitada y pasiva, porque contra la razón divina no hay razón humana, y contra la justicia de Dios no hay justicia terrestre que se mantengan. Esclavos de Dios, los hombres deben serlo también de la iglesia y el Estado, en tanto que este último es consagrado por la iglesia.

La idea de Dios implica la abdicación de la razón y de la justicia humanas, es la negación más decisiva de la libertad y lleva necesariamente a la esclavitud de los hombres, tanto en la teoría como en la práctica. Si Dios existe, el hombre es esclavo; ahora bien, el hombre puede y debe ser libre; por consiguiente, Dios no existe.

Todas las religiones son crueles, todas están fundadas en la sangre, porque todas reposan principalmente sobre la idea del sacrificio, es decir, sobre la inmolación perpetua de la humanidad a la insaciable venganza de la divinidad. En ese sangriento misterio, el hombre es siempre la víctima, y el sacerdote, hombre también, pero hombre privilegiado por la gracia, es el divino verdugo.

Porque si Dios existe es necesariamente el amo eterno, supremo, absoluto, y si amo existe el hombre es esclavo; pero si es esclavo, no hay para él ni justicia ni igualdad ni fraternidad ni prosperidad posibles. Por consiguiente, si Dios existiese, no habría para él más que un solo medio de servir a la libertad humana: dejar de existir. Si Dios existiese realmente, habría que hacerlo desaparecer.




En general, no pedimos nada mejor que ver a los hombres dotados de un gran saber, de una gran experiencia, de un gran espíritu y de un gran corazón sobre todo, ejercer sobre nosotros una influencia natural y legítima, libremente aceptada y nunca impuesta en nombre de alguna autoridad oficial cualquiera que sea, terrestre o celeste. Aceptamos todas las autoridades naturales y todas las influencias de hecho, ninguna de derecho; porque toda autoridad o toda influencia de derecho, y como tal oficialmente impuesta, al convertirse pronto en una opresión y en una mentira, nos impondría infaliblemente la esclavitud. En una palabra, rechazamos toda legislación, toda autoridad y toda influencia privilegiadas, patentadas, oficiales y legales, aunque salgan del sufragio universal, convencidos de que no podrán actuar sino en provecho de una minoría dominadora y explotadora, contra los intereses de la inmensa mayoría sometida. He aquí en qué sentido somos realmente anarquistas.

Esa servilidad, esa rutina, fuentes inagotables de la trivialidad, esa ausencia de rebelión en la voluntad de iniciativa, en el pensamiento de los individuos son las causas principales de la lentitud desoladora del desenvolvimiento histórico de la humanidad, se puede decir que la emancipación real y concreta de cada individuo es el verdadero, el gran objeto, el fin supremo de la historia.

Se ve que la libertad es una cosa muy positiva, compleja y sobre todo eminentemente social, porque no puede ser realizada más que por la sociedad y solo en la más estrecha igualdad y solidaridad de cada uno con todos. Se pueden distinguir en ella dos momentos de desenvolvimiento; el primero de ellos es el pleno goce de todas las facultades y potencias humanas para cada uno por la educación, por la instrucción científica y por la prosperidad material, cosas todas que no pueden ser dadas a cada uno más que por trabajo colectivo, material e intelectual, muscular y nervioso de la sociedad entera.

El segundo elemento es la rebelión del individuo contra toda autoridad divina y humana, colectiva e individual. Primeramente es la rebelión contra la tiranía del fantasma supremo de la teología, contra dios. Es evidente que en tanto tengamos un amo en el cielo, seremos esclavos en la tierra. En tanto que creamos deberle una obediencia absoluta, deberemos por necesidad someternos pasivamente y sin la menor crítica a la santa autoridad de sus intermediarios y de sus elegidos para la dirección de los hombres: de la iglesia y del estado. Pero la autoridad es la negación de la libertad. Dios, o más bien, la ficción de dios es, pues, la consagración y la causa intelectual y moral de toda esclavitud sobre la tierra, y la libertad de los hombres no será completa más que cuando hayan aniquilado completamente la ficción nefasta de un amo celeste.

Es en consecuencia la rebelión de cada uno contra la tiranía de los hombres, contra la autoridad, tanto individual como social representada y legalizada por el estado. Pero la rebelión del individuo contra la sociedad es una cosa más difícil que su rebelión contra el Estado. Una revuelta radical contra la sociedad sería, pues, tan imposible para el hombre como una revuelta contra la naturaleza, se colocaría fuera de todas las condiciones de una real existencia, se lanzaría en la nada, en el vacío absoluto, en la abstracción muerta, en dios.




No sucede lo mismo con el estado, y no vacilo en decir que el Estado es el mal, pero un mal históricamente necesario, tan necesario en el pasado como lo sería tarde o temprano su extinción completa, tan necesario como lo han sido la bestialidad primitiva y las divagaciones teológicas de los hombres. El Estado no es la sociedad, no es más que una de sus formas históricas, tan brutal como abstracta. Ha nacido históricamente en todos los países del matrimonio de la violencia, de la rapiña, del saqueo; en una palabra, de la guerra y de la conquista con los dioses creados sucesivamente por la fantasía teológica de las naciones. Ha sido desde su origen, y permanece siendo todavía en el presente, la sanción divina de la fuerza brutal y de la iniquidad triunfante.

La rebelión es mucho más fácil contra el Estado, porque hay en la naturaleza misma del Estado algo que provoca la rebelión. El Estado es la autoridad, la fuerza, la ostentación y la infatuación de la fuerza. No se insinúa, no procura convertir; y siempre que interviene  lo hace de mala gana porque su naturaleza no es persuadir, sino imponer, obligar. Aun cuando manda el bien, lo daña y lo deteriora; porque el bien desde el momento en que es ordenado, desde el punto de vista del respeto humano y de la libertad, se convierte en mal. La libertad, la moralidad y la dignidad del hombre consisten precisamente en esto: que hacen el bien, no porque le es ordenado, sino porque lo conciben, lo quieren y lo aman.




Explotación y gobierno son los dos términos inseparables de todo lo que se llama política. Desde el principio de la historia han formado propiamente la vida real de los Estados: teocráticos, monárquicos, aristocráticos y hasta democráticos. Desde que la burguesía inauguró el Estado moderno, esa alianza fatal iglesia y Estado se ha convertido en una verdad revelada e indiscutible. La explotación es el cuerpo visible, y el gobierno es el alma del régimen burgués.


Esta doctrina culmina en el gobierno explotador de un pequeño número de dichosos o de elegidos, en la esclavitud explotada del gran número y, para todos, en la negación de toda moralidad y de toda libertad.


Mijail Bakunin – Dios y el Estado


miércoles, 20 de mayo de 2015

Descifrar lo inconsciente, reto de la humanidad (Carl G. Jung)


  
Al crecer el conocimiento científico, nuestro mundo se ha ido deshumanizando. El hombre se siente aislado en el cosmos, porque ya no se siente inmerso en la naturaleza y ha perdido su emotiva “identidad inconsciente” con los fenómenos naturales. Éstos han ido perdiendo paulatinamente sus repercusiones simbólicas. Esa enorme pérdida se compensa con los símbolos de nuestros sueños; nos traen nuestra naturaleza originaria: sus instintos y pensamientos peculiares.
    Sin embargo, por desgracia, expresan sus contenidos en el lenguaje de la naturaleza, que nos es extraño e incomprensible. De hecho, el hombre moderno es una mezcla curiosa de características adquiridas a lo largo de las edades de su desarrollo mental. Este ser mixto es el hombre y sus símbolos. El escepticismo y la convicción científica existen en él codo a codo con anticuados prejuicios, añejos modos de pensar y de sentir, falsas interpretaciones obstinadas e ignorancia ciega. Al hombre le gusta creer que es dueño de su alma. Pero como es incapaz de dominar sus humores y emociones, o de darse cuenta de la miríada de formas ocultas con que los factores inconscientes se insinúan en sus disposiciones y decisiones, en realidad no es su dueño. Estos factores inconscientes deben su existencia a la autonomía de los arquetipos.

Puesto que hay mucha gente que se empeña en considerar los arquetipos como si fueran parte de un sistema mecánico que se puede aprender de memoria, es esencial insistir en que no son meros nombres ni aún conceptos filosóficos. Son trozos de la vida misma, imágenes que están íntegramente unidas al individuo vivo por el puente de sus emociones. Por eso resulta imposible dar una interpretación universal de ningún arquetipo. Hay que aplicarlo en la forma que indica el conjunto vida-situación del individuo determinado a quien se refiere. Los arquetipos toman forma solo cuando intentamos descubrir por qué y de qué modo tienen significado para un individuo vivo.

Se puede percibir la energía específica de los arquetipos cuando experimentamos la peculiar fascinación que los acompaña; parecen tener un hechizo especial. Tal cualidad peculiar es también característica de los complejos personales. Pero mientras éstos jamás producen más que una inclinación personal, los arquetipos crean mitos, religiones y filosofías que influyen y caracterizan a naciones enteras y a épocas de la historia.



El mito heroico universal, por ejemplo, siempre se refiere a un hombre poderoso o dios-hombre que vence al mal, encarnado en dragones, serpientes, monstruos, demonios y demás, y que liberan a su pueblo de la destrucción y la muerte. La narración o repetición ritual de textos sagrados y ceremonias, y la adoración a tal personaje con danzas, música, himnos, oraciones y sacrificios, sobrecoge a los asistentes con numínicas emociones y exalta al individuo hacia una identificación con el héroe.
    Si intentamos ver la situación con los ojos del creyente, quizá podemos comprender cómo el hombre corriente puede liberarse de su incapacidad y desgracia personales y dotarse (al menos temporalmente) con una cualidad casi sobrehumana. Con mucha frecuencia, tal convicción le sostendrá por largo tiempo e imprimirá cierto estilo a su vida. Incluso puede establecer la tónica de toda una sociedad.

A pesar de nuestro orgulloso dominio de la naturaleza, aún somos sus víctimas, pues ni siquiera hemos aprendido a dominar nuestra propia naturaleza. Lenta y, al parecer, inevitablemente, estamos rondando el desastre. Ya no hay dioses a los que podemos invocar para que nos ayuden. Las grandes religiones mundiales sufren de anemia progresiva, porque los númenes benéficos han huido de los bosques, ríos y montañas, y de los animales; y los hombres-dioses desaparecieron sumergiéndose en el inconsciente. Nuestra vida actual está dominada por la diosa Razón, que es nuestra mayor y más trágica ilusión. Con ayuda de la razón, así nos lo creemos, hemos “conquistado la naturaleza”.

Pero eso es pura propaganda, porque la llamada conquista de la naturaleza nos abruma con el hecho natural de la superpoblación y añade a nuestras aflicciones la incapacidad psicológica para tomar las medidas políticas pertinentes. Sigue siendo muy natural para los hombres disputar y pelear por la superioridad de unos sobre otros. ¿A qué decir, entonces, hemos “conquistado la naturaleza”?



Sería conveniente que cada uno de nosotros se preguntara si, por casualidad, sabe su inconsciente algo que nos sirva de ayuda. La verdad es que la mente consciente parece incapaz de hacer algo al respecto. Hoy día, el hombre se da penosa cuenta del hecho de que ni sus grandes religiones ni sus diversas filosofías parecen proporcionarle esas ideas poderosas y vivificadoras que le darían la seguridad que necesita ante la actual situación del mundo.

Sea lo que fuere el inconsciente, es un fenómeno natural que produce símbolos que tienen significado, pero nadie que no haya hecho un estudio serio de los símbolos naturales puede considerarse juez competente en la materia. Pero la depreciación general del alma humana es tan enorme que ni las grandes religiones, ni las filosofías, ni el racionalismo científico han estado dispuestas a examinarlos dos veces.


Los sueños proporcionan la más interesante información para quienes se toman la molestia de comprender sus símbolos, pero la parte de la mente, de verdadera complejidad y desconocida, en la que se producen los símbolos, está aún virtualmente inexplorada. Parece casi increíble que, aun recibiendo señales de ella todas las noches, resulte tan tedioso de descifrar esos mensajes para la mayoría. El mayor instrumento del hombre, su psique, es escasamente atendido y, con frecuencia, se recela de él y se le desprecia. Contiene todos los aspectos de la naturaleza humana: luminosos y oscuros, bellos y feos, buenos y malos, profundos y necios. El estudio acerca del simbolismo individual, y también del colectivo, aún no se domina, pero parece indicar una respuesta a muchas preguntas incontestadas de la humanidad de hoy día.


Carl G. Jung – El hombre y sus símbolos

jueves, 14 de mayo de 2015

¿Buscar la aprobación o ser uno mismo? (Wayne Dyer)




Cuando abandonabas tu casa para ir al colegio, entrabas en una institución especialmente diseñada para inculcar a los niños el comportamiento y el pensamiento adecuado para lograr la aprobación de los demás. Pide permiso para todo. No te bases nunca en tu propio juicio.
    Pídele permiso a la maestra para ir al lavabo. Siéntate en la silla señalada. No te levantes si no quieres incurrir en una sanción. Todo estaba orientado hacia un control ejercido por los demás. En vez de enseñarte a pensar, te estaban enseñando a no pensar por ti mismo. Dobla tu papel formando dieciséis cuadrados y no escribas en los márgenes. Estudia los capítulos uno y dos esta tarde. Estudia la ortografía de estas palabras.
    Dibuja así. Lee esto. Te enseñaron a ser obediente. Y en caso de duda, a consultar con la maestra. Si incurrías en el enfado de la maestra o, peor aún, del director, tenías que sentirte culpable durante meses, o al menos era eso lo que se esperaba de ti. Tu libreta de calificaciones era un mensaje para tus padres para comunicarles el grado de aprobación que habías alcanzado.

Si lees la declaración de los postulados de tu colegio, que sin duda fueron escritos bajo la presión de un grupo de supervisores y pedagogos oficiales, dirá sin duda algo parecido a lo que sigue:

"Nosotros, los fundadores de este colegio, creemos en la educación y desarrollo total de todos y de cada uno de los alumnos. El currículum ha sido diseñado de manera que pueda responder a las necesidades individuales de todos los alumnos de nuestro colegio. Tratamos de conseguir, y apoyamos todos los esfuerzos que van dirigidos en esa dirección, el desarrollo individual y la puesta al día, de nuestro cuerpo estudiantil... etc".

¿Cuántos colegios o profesores se atreven a poner en acción estas palabras? Cualquier alumno que empieza a mostrar señales de ponerse al día y de tener un verdadero control de sí mismo es puesto rápidamente en su lugar... Los alumnos independientes, seguros de sí mismos, llenos de amor a sí mismos, poco susceptibles a la culpa o preocupación, son sistemáticamente considerados como problemas y como alborotadores.



Los colegios no son eficaces para tratar con niños que dan muestras de un pensamiento independiente. En la mayoría de colegios, la búsqueda de aprobación es el camino del éxito. Los viejos clichés del "mimado de la maestra, o "lameculo" se han convertido en clichés con razón. Existen y funcionan. Si logras el aplauso de los profesores, te comportas de la manera que ellos te han enseñado, estudias el programa que te han puesto por delante, saldrás triunfante. Peor aún, también saldrás con una fuerte necesidad de aprobación, puesto que habrán logrado desalentar todos tus impulsos para actuar por ti mismo y con confianza en ti mismo.

Por lo general, cuando llega a la escuela secundaria el alumno ya ha aprendido la lección. Ante la pregunta de su consejero sobre las materias que le gustaría estudiar en la secundaria, contesta con un "No sé. Dígame usted lo que necesito". En la secundaria le costará decidirse por los estudios que querrá hacer y se sentirá mucho más cómodo cuando las decisiones las toma un tercero. En el aula, aprenderá a no dudar de lo que le enseñan. Aprenderá a escribir una tesis correctamente y a interpretar a Hamlet. Aprenderá a escribir disertaciones basadas no en su propio juicio y sus propias opiniones sino en citas y referencias que apoyarán todo lo que él diga. Y si no aprende estas cosas, será castigado con malas notas (y con la desaprobación del maestro). Y al tiempo de graduarse, se dará cuenta de que le cuesta tomar por sí mismo cualquier decisión ya que durante doce años le han enseñado cómo pensar y lo que debe pensar. Ha sido alimentado con una dieta sólida de consúltalo con el maestro y ahora el día de su graduación se da cuenta de que es incapaz de pensar por sí mismo. Así es que suspira por la aprobación de los demás y aprende que el logro de esta aprobación es equivalente al triunfo y a la felicidad.

En la universidad se repite el mismo esquema de adoctrinamiento. Escriba dos disertaciones mensuales; use el formato apropiado; use una distancia de 16 y 84 para los márgenes; no se olvide que deben ser escritas a máquina; no se olvide de la introducción, el cuerpo y la conclusión; estudie estos capítulos... La gran línea de montaje. Sométase; complazca a los profesores y le irá bien. Cuando finalmente el estudiante se inscribe en un seminario en el que el profesor dice: "Este semestre podéis estudiar lo que queráis dentro del campo de vuestros intereses. Yo os ayudaré a escoger lo que os conviene dentro del tema de vuestro interés, pero se trata de vuestra educación y podéis hacer con ella lo que os plazca. Yo os ayudaré todo lo que pueda". Cunde el pánico. "Pero ¿cuántas disertaciones tendremos que hacer?" "¿Cuándo tenemos que entregarlas?" "¿Quiere que las escribamos a máquina?" "¿Qué libros tendremos que leer?" "¿Cuántos exámenes habrá que pasar?" "¿Qué tipo de preguntas?" "¿De cuántas páginas de extensión tienen que ser las disertaciones?" "¿Dónde ponemos los márgenes? "¿Tendré que venir a clase todos los días?"



Éstas son preguntas típicas de quienes buscan la aprobación de los demás y no pueden causar la menor sorpresa si consideramos los métodos educativos que acabamos de examinar. Se ha entrenado al alumno a que todo lo haga para otra persona, para complacer al profesor, para estar a la altura de las normas y expectativas de otras personas. Sus preguntas son el resultado de un sistema que demanda la búsqueda de aprobación para poder sobrevivir en él. El alumno tiene miedo a pensar por sí mismo. Es mucho más fácil y seguro hacer lo que otra persona espera de nosotros.

Vamos a fantasear unos instantes. Hazte cuenta que realmente quieres la aprobación de todos y que es posible obtenerla. Más aún, imagínate que es una meta sana y digna de alcanzar. Ahora bien, teniendo esto en cuenta, ¿cuál sería el mejor método, el más eficiente para lograr tu cometido?

Antes de contestar piensa en la persona que, en el círculo de tus relaciones, es la que recibe mayor aprobación. ¿Cómo es este individuo? ¿Cómo se comporta? ¿Qué hay en él que atrae a toda la gente? Lo más probable es que estés pensando en alguien que es directo y franco, independiente de la opinión de los demás, un ser realizado. Lo más probable es que tenga poco o nada de tiempo para dedicarlo a la búsqueda de aprobación. Casi seguro que es una persona que dice las cosas tal como son a pesar de las consecuencias que esto le pueda acarrear. Quizá piensa que el tacto y la diplomacia son menos importantes que la honestidad. No es una persona susceptible, simplemente un individuo que tiene poco tiempo para el tipo de juego que significa el hablar delicadamente y teniendo cuidado de decir las cosas bien para evitar herir a los demás.



¿No te parece irónico? La gente que parece conseguir la mayor cantidad de aprobación en la vida es precisamente la que nunca la busca, que no la desea y a la que menos le preocupa conseguirla.
                                                                   
De modo que, si tanto quieres merecer aprobación es irónico pensar que la mejor manera de lograrla es no desearla y evitar correr tras ella y no reclamársela a todo el mundo. Estando en contacto contigo mismo y usando la imagen positiva de ti mismo como consejera, recibirás mucha más aprobación.


Por supuesto que nunca recibirás aprobación de todo el mundo por todo lo que haces, pero cuando te consideres a ti mismo como una persona valiosa no te deprimirás cuando te la niegan. Considerarás que la desaprobación es una consecuencia natural de la vida en este planeta donde la gente es individualista en sus percepciones.


Wayne W. Dyer - Tus zonas erróneas

domingo, 3 de mayo de 2015

Lo único que existe es el Sí mismo (Ramana Maharsi)


Las personas creen ser inferiores y que existe algo superior, un Dios omnipotente y omnisciente que controla su destino y el del mundo entero, por lo que le adoran y le rinden culto. Cuando alcanzan cierto estado de desarrollo y están preparados para la iluminación, ese mismo Dios que ellos adoran se manifiesta como Maestro y les conduce hacia delante. Ese guru sólo viene para decirles: Dios está en ti mismo. Sumérgete en tu interior y realízalo allí. Dios, el guru, y el Sí mismo son una y la misma cosa.



La concepción de que hay una meta y un camino que conduce a ella, es errónea. Nosotros somos esa meta, la paz misma. Lo único que se requiere es abandonar la idea de que no somos paz.
    Nadie puede obtener lo que no posee de antemano. Y en caso de conseguir una cosa así, te abandonará de la misma forma que vino. Lo que viene, se va. Lo único que permanece es lo que siempre es. El maestro no puede darte nada nuevo que antes no tuvieras. Lo único que precisas es abandonar la idea de que no comprendes el Sí mismo. Nosotros somos ese Sí mismo, siempre; el problema es que no lo sabemos.

El Sí mismo es la única realidad que existe siempre y el resto de las cosas sólo se ven por su luz. Habitualmente olvidamos esto y sólo nos fijamos en las apariencias. Lo que hay que hacer es concentrarse en el que ve y no en las cosas vistas, no en los objetos sino en la Luz que los revela y manifiesta.
    En un principio está la llamada luz blanca del Sí mismo que trasciende la luz y la obscuridad. En ella ningún objeto puede ser visto, pues en esa luz no hay perceptor ni objeto percibido. Después se cierne la obscuridad total de la ignorancia del Sí mismo, en la que tampoco puede verse objeto alguno. Pero de aquella primera luz del Sí mismo procede una luz reflejada, la luz de la mente, que es la luz que permite ver esa película que conocemos como mundo, que ni puede verse con la luz total ni en la obscuridad absoluta, sino solamente con esa luz tenue o reflejada.

Al espectador, que es el ego, el Sí mismo le parece cambiante. Pero el Sí mismo es siempre el mismo, invariable e inmóvil. Es como es. Tanto el espectador como el espectáculo sólo son sombras en la pantalla, que es la única realidad que soporta aquellas escenas. En este mundo, el espectador y el espectáculo constituyen la mente en su conjunto, y esa mente sólo se fundamenta en el Sí mismo.
    Cuando lo percibido se considera como una entidad independiente del Sí mismo, es irreal. Lo percibido no es distinto al perceptor. Lo que existe es el Sí mismo, no un perceptor y un objeto percibido. Considerado como el Sí mismo, lo percibido es real. El Sí mismo brilla con todo su esplendor en el momento en que el ego se ha entregado por completo.
    Desde otro punto de vista no hay nada que pueda llamarse irreal. Lo único que existe es el Sí mismo. Cuando intentas buscar el ego, sobre el que se basa el mundo y todo lo que existe, descubres que el propio ego no existe y lo mismo ocurre con la propia creación.



Cuando conozcas al que ve todo eso, mediante la investigación «¿Quién soy yo?», todos los problemas acerca de lo visto quedarán definitivamente resueltos. En la pregunta ¿Quién soy yo?, el yo que se menciona es el ego. Al intentar perseguirlo y descubrir su fuente, vemos que no posee una existencia autónoma sino que se pierde en el Yo real.

    La respiración y la mente brotan del mismo lugar, y cuando uno de ellos es controlado, el otro también está controlado. Desde el punto de vista práctico, es mejor formular la pregunta, ¿De dónde procede el yo?, y no simplemente, ¿Quién soy yo? No se debe salir del paso respondiendo que no somos el cuerpo, ni los sentidos y cosas por el estilo, sino que debemos intentar descubrir de dónde brota en nuestro interior la idea de yo que maneja el ego. Este método supone, de manera implícita aunque no expresa, la observación de la respiración. Cuando vemos de dónde surge el pensamiento del yo, que es la raíz de todos los demás pensamientos, necesariamente tenemos que observar la fuente de la respiración, porque el pensamiento «yo» y la respiración brotan del mismo lugar.

Si miras con el ojo físico, ves el mundo. Si miras con el ojo de la realización, sólo ves el Sí mismo. Para ver el Sí mismo, la mente sólo necesita volverse hacia dentro sin ningún tipo de luz reflejada.

Si descubres primero tu propia realidad, no tendrás ningún obstáculo para conocer la realidad del mundo. Es muy extraño que la mayoría de la gente no se preocupe de conocer su propia realidad y esté tan ansiosa por conocer la realidad del mundo que le rodea. Comprende primero tu propio Sí mismo y luego verás si el mundo existe con independencia de ti y es capaz de manifestar su existencia o realidad ante ti.

Sólo hay un estado, tanto de consciencia como de existencia. Los tres estados de vigilia, sueño con sueños y sueño profundo no pueden ser reales, puesto que aparecen y desaparecen. Lo real existe siempre. Esos tres estados no son reales y por tanto es imposible decir que tienen tal o cual grado de realidad. El Sí mismo siempre es lo que es. Los tres estados deben su existencia a la ausencia de investigación, y la investigación termina con ellos. Por mucho que lo expliquemos, el hecho no quedará claro hasta que no alcances la realización del Sí mismo y te maravillarás de cómo has podido estar tanto tiempo ciego ante la única existencia autoevidente.



La única realidad es la existencia o consciencia. La consciencia es la pantalla sobre la que aparecen y desaparecen las imágenes. La pantalla es lo real, las imágenes sólo son sombras que se ven sobre ella. A causa de un hábito prolongado, hemos considerado reales estos tres estados y decimos que la consciencia es el cuarto estado. Pero no hay tal cuarto estado, sino sólo uno. El llamado cuarto estado se describe como dormir despierto, que significa dormir para el mundo y estar despierto para el Sí mismo.

Lo único necesario es abandonar la falsa idea de que estamos esclavizados. Cuando conseguimos esto, ya no tenemos deseos ni pensamientos de ningún tipo. En tanto que uno desee su liberación, sigue esclavizado. La gente teme que cuando el ego o mente se desvanece, el resultado es el vacío y no la felicidad. Pero lo que sucede realmente es que el pensador, el objeto pensado y el pensamiento mismo, se sumergen conjuntamente en la Fuente, que es la consciencia y la felicidad, y por tanto este estado no es inerte ni vacío.

Nuestra verdadera naturaleza es liberación, pero nosotros imaginamos estar esclavizados y realizamos tremendos esfuerzos para liberarnos, aunque de hecho siempre somos libres. Esto sólo puede entenderse cuando se alcanza ese estado. Entonces nos sorprendemos de haber estado buscando frenéticamente lo que ya teníamos, lo que éramos y lo que somos.


Devaraja Mudaliar – Día a día con Bhagavan Ramana Maharsi