Me gustaría compartir con vosotros, en una primera entrega, estos enlaces drive con las obras completas de los autores mencionados en el epígrafe, y posteriormente grandes colecciones de mis temas y escritores favoritos. Es mucha lectura la que voy a proponer; seguramente no tendremos tiempo en nuestra vida para leerlo todo, por lo que sería aconsejable ir seleccionando aquellos textos que nos llamen más la atención. Todo ello depende de nuestras necesidades actuales de autodesarrollo personal, de nuestro bagaje e intereses. Como dijo un sabio “somos enanos a hombros de gigantes”, evolucionamos apoyándonos y aprendiendo de los que nos precedieron. No pretendamos nunca presumir de poseer la verdad, pero sí de ir en su búsqueda constante, para entendernos a nosotros y al mundo.
Parece que en nuestra
mente el universo entero es la palabra de Dios: algo absoluto e inmutable. Así
nos comportamos. En lo más profundo de nuestra mente existe un mecanismo de
control que nos impide detenernos a analizar que, tal como la aceptamos y
creemos en ella, la palabra de Dios pertenece a un mundo muerto. Por su parte,
el mundo vivo es un flujo constante. Se mueve, cambia, invierte la dirección.
El motivo por el cual los pases mágicos
de los chamanes de mi linaje lo son consiste en que, al ejecutarlos, los
cuerpos de los practicantes se percatan de que, en lugar de ser una cadena
ininterrumpida de objetos afines, todo es una corriente, un flujo. Si todo lo
que existe en el universo es un flujo o una corriente, ésta puede detenerse. Es
posible represarla para detener o desviar el flujo.
Los chamanes del linaje de
Don Juan creían que, en un sentido amplio, la conciencia acrecentada creaba un estado de bienestar. Se dieron
cuenta de que, al entrar en estados de conciencia
acrecentada, sus cuerpos se movían involuntariamente de determinadas maneras
que eran el origen de la peculiar sensación de plenitud física y mental, los
movimientos se producían espontáneamente y una fuerza guiaba los efectos sin la
intervención de la voluntad. Los pases
mágicos producen un efecto que no responde a las explicaciones habituales.
Los movimientos no son ejercicios físicos ni posturas corporales, sino
verdaderos intentos de alcanzar el estado óptimo del Ser. Se denominan pases mágicos ya que, al practicarlos,
en lo que a la percepción de refiere, los chamanes son transportados a otros
estados del ser en los que perciben el mundo de manera indescriptible. El
propósito es redistribuir la energía. Los seres humanos tienden espontáneamente
a apartar la energía de los centros de vitalidad, a través de las
preocupaciones y dejándose arrastrar por el estrés de la vida cotidiana. La
coerción de las actividades diarias pasa factura al cuerpo; se acumula en la
periferia de la bola luminosa y en
ocasiones forma un depósito grueso semejante a la corteza del árbol.
Los pases mágicos se vinculan con el ser humano total en cuanto cuerpo
físico y como conglomerado de campos de energía. Agitan la energía acumulada en
la bola luminosa y la devuelven al
cuerpo físico propiamente dicho. La verdadera magia de los pases mágicos es que permiten que la energía encastrada vuelva a
entrar en los centros de vitalidad.
El objetivo es la
redistribución de la energía y las tres cuestiones que lo acompañan: la interrupción del diálogo interior, la
posibilidad del silencio interior y la fluidez del punto de encaje. Una vez
que el diálogo interior se reduce al mínimo, notas la llegada del silencio interior. Un nuevo flujo de
cosas entra en tu campo de percepción. Estas cuestiones siempre estuvieron en
la periferia de tu conciencia general, pero no disponías de suficiente energía
para ser deliberadamente consciente de su existencia. A medida que desvías el
diálogo interior otros elementos de la conciencia ocupan el espacio vacío. El
nuevo flujo de energía que los pases
mágicos llevan a tus centros de vitalidad da una fluidez a tu punto de encaje, que ya no está
rígidamente vallado. Los miedos ancestrales que nos impiden dar un paso han
dejado de impulsarte.
Mediante la redistribución
de la energía que no se utiliza, los pases
mágicos conducen a los practicantes a un nivel de conciencia en el cual los
parámetros de la percepción normal tradicional quedan anulados porque se
expanden. Así, los practicantes incluso pueden entrar en mundos inimaginables.
Ahora sé que los humanos somos seres de la conciencia, que participamos en el
evolutivo viaje de la conciencia y
que estamos llenos a rebosar de recursos increíbles que jamás aprovechamos.
La recapitulación es la técnica descubierta por los brujos del antiguo
México con el fin de alcanzar dos objetivos trascendentales: en primer lugar,
el fin abstracto de cumplir el código universal que exige renunciar a la
conciencia en el momento de la muerte. Vieron
que en el universo existe una fuerza descomunal, un inmenso conglomerado de
campos de energía al que denominaron águila
o el oscuro mar de la conciencia, que
es la fuerza que da conciencia a todos los seres vivos. En su opinión, los
seres vivos mueren porque están obligados a devolver su conciencia prestada.
Consideraban que la recapitulación
suponía dar al oscuro mar de la
conciencia lo que buscaba: experiencias vitales, es decir, adquirían un
grado de control que les permitía separar las conciencias vitales de la fuerza
vital, que no estaban unidas de manera indisoluble.
Como es imposible explicar estos fenómenos
según la lógica al uso, los chamanes aspiraban a lograr la hazaña de retener la
fuerza vital sin saber cómo lo hacían. Solo se trata del ingreso en un proceso
evolutivo con la ayuda del único medio de que el hombre dispone: la conciencia.
Los chamanes tenían el convencimiento de que, biológicamente, el hombre no
puede seguir evolucionando, por lo que llegaron a la conclusión de que la
conciencia humana era el único modo de evolución. En el momento de la muerte,
los chamanes no son aniquilados, sino que se transforman en seres inorgánicos, seres que tienen
conciencia pero carecen de organismo. Para ellos, la transformación era
evolucionar, y suponía el acceso a una clase de conciencia nueva e
indescriptible, conciencia que realmente duraría millones de años y que algún
día tendrían que devolver.
El segundo objetivo de la recapitulación es el fin pragmático de
adquirir fluidez perceptiva. El fundamento se relaciona con uno de los temas
más esquivos de la brujería: el punto de
anclaje, punto de luminosidad intensa, del tamaño de una pelota de tenis,
perceptible cuando los chamanes ven
al ser humano como un conglomerado de campos de energía. Billones de campos de
energía con forma de filamentos de luz que proceden del universo en general
convergen en el punto de anclaje y
los atraviesan. El ser humano la convierte en datos sensoriales. A
continuación, los interpreta como el mundo de la vida cotidiana, es decir, en
función de la socialización y el potencial humano.
La recapitulación
significa revivir todas o casi todas las experiencias que hemos tenido y, de
este modo, desplazar un poco o mucho el
punto de anclaje y llevarlo a adoptar la posición que ocupaba cuando
aconteció el hecho recapitulado. El acto de desplazarse entre posiciones
anteriores y la presente proporciona la fluidez necesaria para salvar los
obstáculos extraordinarios en sus viajes al
infinito.
Los chamanes están
convencidos de que el misterio de la recapitulación
reside en el acto aspirar y espirar. Como se trata de una función que sustenta
la vida, creen que a través de la respiración también podemos entregar al
oscuro mar de la conciencia el facsímil de las propias experiencias vitales.
Cuestiones como la recapitulación no
se explican, simplemente se experimentan. Al vivirla podemos encontrar la
liberación, y explicarla equivale a consumir energía en esfuerzos inútiles.
Cualquier cambio de comportamiento tendría que realizarse a través de la recapitulación, porque es el único medio
que puede realzar la conciencia y liberarnos de las demandas implícitas de la
socialización.
El silencio interior es el estado natural de la percepción humana en el
que los pensamientos quedan bloqueados y nuestras facultades funcionan con un
nivel de conciencia que no exige la utilización del sistema cognitivo cotidiano.
La percepción humana que funciona en las condiciones de silencio interior puede alcanzar niveles indescriptibles. Algunos
de ellos son universos en sí mismos, son estados inefables e inexplicables.
El
silencio interior es la matriz de un espectacular paso evolutivo: el conocimiento silencioso, es decir, el
nivel de la conciencia humana donde el conocimiento es espontáneo e
instantáneo. A este nivel el conocimiento no es consecuencia de la reflexión
cerebral, la inducción y la deducción lógicas, o las generalizaciones basadas
en las semejanzas y las diferencias. En el nivel de conocimiento silencioso no hay nada apriorístico o que constituya
un caudal de conocimiento, ya que todo ocurre inminentemente ahora. El conocimiento silencioso le fue insinuado
al hombre primitivo pero, en realidad, nunca lo poseyó. A pesar de que hemos
perdido dicha insinuación, a través del silencio interior la humanidad siempre
tendrá abierto el camino que conduce a él.
El silencio interior debe acumularse o almacenarse poco a poco, segundo
a segundo, tenemos que obligarnos a ahorrar silencio y alcanzar el umbral de
tiempo acumulado. Entonces se experimenta parar
el mundo; éste deja de ser lo que era y se es consciente de ver la energía
como fluye por el universo. Lo que se experimenta en el instante de parar el mundo es el resurgimiento del
cuerpo energético, y que esta configuración energética es la que siempre fue
capaz de ver la energía como fluye
por el universo.
Los nuevos videntes
consideraban que había cuatro pasos en el camino del conocimiento. El primero
es el paso que dan los seres humanos comunes y corrientes al convertirse en
aprendices. Al momento que los aprendices cambian sus ideas acerca de sí mismos
y acerca del mundo, dan el segundo paso y se convierten en guerreros, es decir,
en seres capaces de la máxima disciplina y control de sí mismos. El tercer paso
que dan los guerreros, después de adquirir refrenamiento y la habilidad de
escoger el momento oportuno, es convertirse en hombres de conocimiento. Cuando
los hombres de conocimiento aprenden a “ver”, han dado el cuarto paso y se han
convertido en videntes. “Ver” es un sentido peculiar de saber, de saber algo
sin la menor duda.
Ser vidente es la
capacidad que tienen los seres humanos de ampliar su campo de percepción hasta
el punto de poder aquilatar no solo las apariencias externas sino la esencia de
todo. Los videntes ven al hombre como un campo de energía, algo parecido a una
bola de luz o un huevo luminoso. Por lo general esos campos de energía están
divididos en dos secciones, y la excepción son aquellos que tienen sus campos
de energía divididos en tres o cuatro partes. Debido a ello, esas personas son
más fuertes y adaptables que el hombre común y corriente y, por lo tanto,
pueden convertirse en naguales al volverse videntes. Ser un nagual es llegar a
un pináculo de disciplina y control. Significa ser un líder, un maestro y un
guía.
Cualquier hombre que tiene
una pizca de orgullo se despedaza cuando lo hacen sentir inútil y estúpido. La
importancia personal es nuestro mayor enemigo. Aquello que nos debilita es
sentirnos ofendidos por los hechos y malhechos de nuestros semejantes. Sin
importancia personal somos invulnerables. La importancia personal no es algo
sencillo ni ingenuo. Por una parte, es el núcleo de todo lo que tiene valor en
nosotros, y por otra, el núcleo de toda nuestra podredumbre. Deshacerse de la
importancia personal requiere una obra maestra de estrategia, ya que consume la
mayor cantidad de energía.
La acción de recanalizar la energía es la
impecabilidad y sus atributos son control, disciplina, refrenamiento, la
habilidad de escoger el momento oportuno y el intento.
Los seres vivientes
existen solamente para acrecentar la conciencia de ser. La conciencia de ser se
desarrolla a partir del momento de la concepción. La primera verdad acerca del
estar consciente de ser es que el mundo que nos rodea no es en realidad como
pensamos que es. Pensamos que es un mundo de objetos y no lo es. Las
conclusiones a las que llegamos mediante el razonamiento tienen muy poca o
ninguna influencia para alterar el curso de nuestras vidas.
La fuerza indescriptible
que es el origen de todos los seres conscientes la llamaron “el Águila”, porque
al vislumbrarla brevemente, la vieron como algo que parecía un águila, negra y
blanca, de tamaño infinito. Lo que en realidad nos rodea son las emanaciones
del Águila, fluidas, siempre en movimiento y, sin embargo, inalterables,
eternas. El Águila crea seres conscientes a fin de que vivan y enriquezcan la
conciencia que les da con la vida. También es el Águila quien devora esa misma
conciencia de ser, enriquecida por las experiencias de la vida, después de
hacer que los seres conscientes se despojen de ella, en el momento de la
muerte.
Para los antiguos
videntes, no es un asunto de fe o de deducción
decir que la razón de la existencia es enriquecer la conciencia de ser. Ellos
vieron que era así. Ellos vieron que la conciencia de ser se separa de los
seres conscientes y se aleja flotando en el momento de la muerte. Y luego flota
como una luminosa mota de algodón justo hacia el pico del Águila, para ser
consumida. Las emanaciones del Águila son una cosa en sí misma, inmutable, que
abarca todo lo que existe, lo que se puede y lo que no se puede conocer. Son
una presencia, casi una especie de masa, una presión que crea una sensación
deslumbrante. Uno solo puede vislumbrarlas.
Solamente una pequeña
porción de esas emanaciones queda al alcance del conocimiento humano. Lo
conocido es esa minúscula fracción de las emanaciones del Águila; la pequeña parte
que queda a un posible alcance del conocimiento humano es lo desconocido y, el
resto, incalculable y sin nombre, es lo que no se puede conocer.
Para un vidente, los hombres son seres
luminosos. Nuestra luminosidad se debe a que una minúscula porción de las
emanaciones del Águila está encerrada dentro de una especie de capullo en forma
de huevo. Esa porción, ese manojo de emanaciones que está encerrado es lo que
nos hace hombres. Percibir consiste en emparejar las emanaciones encerradas en
nuestro capullo con las que están afuera.
Las emanaciones son como filamentos de luz.
Lo que es incomprensible para la conciencia normal es que los filamentos están
conscientes de ser, vivos y vibrantes; hay tantos que los números pierden todo
sentido, cada uno es una eternidad.
Las emanaciones de adentro y las emanaciones
de afuera son los mismos filamentos de luz. Los seres conscientes son
minúsculas burbujas hechas con esos filamentos, microscópicos puntos de luz
unidos a las emanaciones infinitas. Son una fuente de energía ilimitada.
A medida que los seres
humanos crecen, una banda de las emanaciones del interior de sus capullos se
vuelve muy brillante; conforme los seres humanos acumulan experiencia, esa
banda aumenta tan dramáticamente que se fusiona con las emanaciones del
exterior. La conciencia de ser es la materia prima y la atención es el producto
final. La atención es domar y enriquecer la conciencia de ser a través del
proceso de vivir.
El afinar el espíritu
cuando alguien te pisotea se llama control. Reunir toda información mientras te
golpean se llama disciplina.
El logro supremo de los seres humanos es
alcanzar ese nivel de atención y, al mismo tiempo, retener la fuerza de la
vida, sin convertirse en una conciencia incorpórea que se mueve como un punto
vacilante de luz hacia el pico del Águila para ser devorado. Si los guerreros
quieren tener la suficiente fuerza para “ver”, tienen que volverse avaros con
su energía sexual. La sensualidad del hombre no tiene nada malo. Lo que está
mal es la ignorancia que obliga al hombre a pasar por alto su naturaleza
mágica.
Los guerreros de la libertad total eligen el
momento y la manera en que han de partir de este mundo. En ese momento, se
consumen con un fuego interno y desaparecen de la faz de la tierra, libres,
como si jamás hubieran existido.
Nuestra
gran falla colectiva es el vivir nuestras vidas sin tomar en cuenta para nada una
conexión, una fuerza que posee conciencia total y que surge de los propios
campos de energía que componen el universo. Para nosotros, lo precipitado de
nuestra existencia, nuestros inflexibles intereses, preocupaciones, esperanzas,
frustraciones y miedos, tienen prioridad. En el plano de nuestros asuntos
prácticos, no tenemos ni la más vaga idea de que estamos unidos con todo lo
demás.
La
brujería es el uso especializado de la energía. Los seres humanos nacen con una
cantidad limitada de energía, una energía que a partir del momento de nacer es
sistemáticamente desplegada y utilizada por la modalidad de la época, de la manera más ventajosa. La modalidad de
la época es el determinado conjunto de campos de energía que los seres humanos
perciben. La época determina cuál conjunto de campos de energía, en particular,
de entre un número incalculable de ellos, será percibido. Manejar la modalidad
de la época absorbe toda nuestra fuerza, dejándonos sin nada que pueda
ayudarnos a percibir otros campos de energía, otros mundos. El hombre común y
corriente carece de energía para tratar con la brujería. Utilizando solamente la
energía que dispone, no puede percibir los mundos que los brujos perciben.
Eso
es la brujería: la habilidad de usar otros campos de energía que no son
necesarios para percibir el mundo que conocemos. La brujería es un estado de
conciencia. Cada guerrero que emprende el camino del conocimiento, lo que está
haciendo es dejarse convencer de que existe un poder escondido dentro de su ser
y que puede alcanzarlo. Una vez que lo alcanzamos, el poder mismo hará uso de
esos inaccesibles campos de energía. Empezamos entonces a “ver”, es decir, a
percibir algo más, no como una cosa de la imaginación, sino como algo real y
concreto, y después comenzamos a saber de manera directa, sin tener que usar
palabras.Y lo que cada uno haga con esa percepción acrecentada, con ese
conocimiento silencioso, dependerá de nuestro propio temperamento.
El
hombre renunció al conocimiento silencioso por el mundo de la razón. Cuanto más
se aferra al mundo de la razón, más efímero se vuelve el conocimiento
silencioso.
A
medida que el sentimiento de tener un yo individual se torna más fuerte, el
hombre va perdiendo su conexión natural con el conocimiento silencioso. La causa
del cinismo y la desesperación del hombre es el fragmento de conocimiento
silencioso que aún queda en él, que permite al hombre vislumbrar su antigua
conexión con la fuente de todo y le hace sentir que, sin esa conexión, no tiene
esperanzas de satisfacción, logro o de paz. La guerra para el brujo es la lucha
total contra ese yo individual que ha privado al hombre de su poder.
Cualquier
movimiento que aleje el punto de encaje de su posición habitual equivale a
alejarse de la imagen de sí, de la importancia personal. La importancia
personal es la fuerza generada por la imagen de sí. Por este motivo, la meta de
todo cuanto hacen los brujos es el destronar la importancia personal que es, en
realidad, la compasión por sí mismo disfrazada.
Para
el hombre racional es inconcebible que exista un punto invisible en donde se
encaja la percepción. Y más inconcebible aún que ese punto no esté en el
cerebro, como podría suponerlo si llegara a aceptar la idea de su existencia. El
hombre racional, al aferrarse tercamente a la imagen de sí, garantiza su
abismal ignorancia.
En
el universo, por tanto, hay una fuerza inmensurable e indescriptible que los
brujos llaman “intento”, y que absolutamente todo cuanto existe en el cosmos
está enlazado, ligado a esa fuerza por un vínculo de conexión. Por ello, el
total interés de los brujos es delinear, entender y utilizar tal vínculo,
especialmente limpiarlo de los efectos nocivos de las preocupaciones de la vida
cotidiana. Este proceso de limpieza es sumamente difícil de comprender y llevar
a cabo. En estados de conciencia acrecentados, los brujos obtenían el
conocimiento directamente del intento, sin la intervención del lenguaje
hablado. A través de miles de años de tremendos esfuerzos, los brujos
obtuvieron un conocimiento específico y al mismo tiempo incomprensible del
intento. La tarea principal consiste en tomar ese incomprensible conocimiento y hacerlo
comprensible al nivel de la conciencia cotidiana.
La
maestría del “intento” es el enigma del espíritu, el enigma de lo abstracto. La
instrucción proporcionada por don Juan se basa en la instrucción del estar
consciente de ser, según las siguientes premisas básicas:
1)El universo es una infinita aglomeración de campos de
energía, semejantes a filamentos de luz que se extienden infinitamente en todas
direcciones.
2)Estos campos de energía irradian de una fuente de
inconcebibles proporciones, metafóricamente llamada el Águila.
3)Los seres humanos están compuestos de esos mismos campos
de energía filiforme. A los brujos, los seres humanos se les aparecen como unas
gigantescas bolas o huevos luminosos, que son recipientes a través de los
cuales pasan esos filamentos luminosos de infinita extensión.
4)Del número total de campos de energía filiformes solo un
pequeño grupo está encendido por un punto de intensa brillantez localizado en
la superficie de la bola.
5)La percepción ocurre cuando los campos de energía
extienden su luz hasta resplandecer aún fuera de la bola. A este punto se le
llama “punto de encaje”.
6)Es posible lograr que el punto de encaje se desplace de
su posición habitual. Dado que la brillantez del punto de encaje es suficiente,
en sí mismo, para iluminar cualquier campo de energía con el cual entra en
contacto, el punto, al moverse a una nueva posición, de inmediato hace
resplandecer diferentes campos de energía, haciéndolos de este modo
percibibles. Al acto de percibir de esa manera se le llama “ver”.
7)La nueva posición del punto de encaje permite la
percepción de un mundo completamente diferente al mundo cotidiano; un mundo tan
objetivo y real como el que percibimos normalmente. Los brujos entran a ese
otro mundo con el fin de obtener energía, poder, soluciones a problemas
generales o particulares, o para enfrentarse con lo inimaginable.
8)El intento es la fuerza omnipresente que nos hace
percibir. No nos tornamos conscientes porque percibimos, sino que percibimos
como resultado de la presión y la intromisión del intento.
9)El objetivo final de los brujos es alcanzar un estado de
conciencia total y ser capaces de experimentar todas las posibilidades perceptuales
que están a disposición del hombre. Este estado de conciencia implica, asimismo,
una forma alternativa de morir
La
noción de la muerte es de monumental importancia en la vida de los brujos; lo
que da cordura y fortaleza es saber que nuestro fin es inevitable. Nuestro
error más costoso es permitirnos no pensar en la muerte. Es como si creyéramos
que, al no pensar en ella, nos vamos a proteger de sus efectos. Para los brujos
es una farsa grotesca. Sin una visión clara de la muerte, no hay orden para
ellos, no hay sobriedad, no hay belleza. Los brujos se esfuerzan sin medida por
tener su muerte en cuenta, con el fin de saber, al nivel más profundo, que no
tienen ninguna otra certeza sino la de morir. Saber esto da a los brujos el
valor de tener paciencia sin dejar de actuar, les da el valor de aceptar todo
sin llegar a ser estúpidos, les da valor para ser astutos sin ser presumidos y, sobre todo, les da valor
para no tener compasión sin entregarse a la importancia personal. Sí, la idea
de la muerte es lo único que da valor a los brujos.
La
muerte no es un enemigo, aunque así lo parezca. La muerte no es nuestra
destructora, aunque así lo pensemos. La muerte es nuestro único adversario que
vale la pena. La muerte es quien nos reta y nosotros nacemos para aceptar ese
reto, seamos hombres comunes y corrientes o brujos. Los brujos lo saben; los
hombres comunes y corrientes, no. La vida es el proceso mediante el cual la
muerte nos desafía. La muerte es la fuerza activa. La vida es solo el medio, el
ruedo, y en ese ruedo hay solamente dos contrincantes a la vez: la muerte y uno
mismo.
Nosotros
somos seres pasivos. Si nos movemos es debido a la presión de la muerte. La
muerte marca el paso a nuestras acciones y sentimientos y nos empuja sin
misericordia hasta que nos derrota y gana la contienda. O hasta que nosotros
superamos todas las imposibilidades y derrotamos a la muerte. Los brujos hacen
eso; derrotan a la muerte y ésta reconoce su derrota dejándolos en libertad,
para nunca retarlos jamás. Esto no significa que los brujos se vuelvan
inmortales, la muerte deja de retarles, eso es todo. Eso quiere decir que el
pensamiento ha dado un salto mortal a lo inconcebible, es el descenso del
espíritu, el acto de romper nuestras barreras conceptuales. Es el momento en
que la percepción del hombre alcanza sus límites.
Cualquier
descenso del espíritu es como morir. Todo en nosotros se desconecta, y después vuelve
a conectarse a una fuente de mayor potencia. La amplificación de energía se
siente como una angustia mortífera.
Los
brujos tienen dominio sobre su propia muerte. Mueren solamente cuando deben
hacerlo.
Antes de que naciésemos, aquellos que nos precedieron crearon un enorme sueño externo, que llamaremos el Sueño de la Sociedad o el Sueño del Planeta. Incluye todas las reglas de la sociedad, sus creencias, sus leyes, sus religiones, sus diferentes culturas y maneras de ser, sus gobiernos, sus escuelas, sus acontecimientos sociales y sus celebraciones.
Nacemos con la capacidad de aprender a soñar, y los seres humanos que nos preceden nos enseñan a soñar en la forma en que lo hace la sociedad. Los adultos que nos rodeaban captaban nuestra atención y, por medio de la repetición, introdujeron información en nuestra mente. Así es como aprendimos todo lo que sabemos. El sueño externo capta nuestra atención y nos enseña qué creer, empezando por la lengua que hablamos. Tan pronto como estamos de acuerdo con algo, nos lo creemos, y a eso le llamamos “fe”. No escogimos estas creencias, y aunque quizá nos rebelamos contra ellas, no éramos lo bastante fuertes para que nuestra rebelión triunfase. El resultado es que nos rendimos a las creencias mediante nuestro “acuerdo”.
Llamo a este proceso la Domesticación de los seres humanos. A través de esta domesticación aprendemos a vivir y a soñar. En la domesticación humana, la información del sueño externo se transfiere al sueño interno y crea todo nuestro sistema de creencias, y perdemos todas nuestras tendencias naturales. La domesticación es tan poderosa que, en un determinado momento de nuestra vida, ya no necesitamos que nadie nos domestique. Estamos tan bien entrenados que somos nuestro propio domador, nos castigamos y nos premiamos.
Nuestro sistema de creencias es como el Libro de la Ley que gobierna nuestra mente. No es cuestionable; cualquier cosa que esté en ese Libro de la Ley es nuestra verdad. El Juez interior utiliza nuestro Libro de la Ley para juzgar todo lo que hacemos y dejamos de hacer, todo lo que pensamos y no pensamos, todo lo que sentimos y no sentimos.
Hay otra parte en nosotros que recibe los juicios, y a esa parte le llamamos la Víctima. La Víctima carga con la culpa, el reproche y la vergüenza. Cualquier cosa que vaya contra nuestro Libro de la Ley hará que sintamos una sensación que se llama “miedo”. Aunque el Libro de la Ley esté equivocado, hace que nos “sintamos seguros”.
En el sueño del planeta a los seres humanos les resulta normal sufrir, vivir con miedo y crear dramas emocionales. Vivimos en el Sueño del Infierno. Toda nuestra mente es una bruma que los toltecas llamaron “mitote”. Nuestra mente es un sueño en el que miles de personas hablan a la vez y nadie comprende a nadie. Todo lo que creemos sobre nosotros mismos y el mundo, todos los conceptos y programas que tenemos en la mente, todo eso es el mitote. Nos resulta imposible ver quiénes somos verdaderamente; nos resulta imposible ver que no somos libres.
Durante el proceso de domesticación, nos formamos una imagen mental de la perfección con el fin de tratar de ser lo suficientemente buenos. Pero no es una imagen real. Como no somos perfectos, nos rechazamos a nosotros mismos. El grado de rechazo depende de lo efectivos que hayan sido los adultos para romper nuestra integridad. Nos resulta imposible perdonarnos por no ser lo que deberíamos ser o, mejor dicho, por no ser quien creemos que deberíamos ser. No podemos perdonarnos por no ser perfectos.
Has establecido millones de acuerdos contigo mismo, con otras personas, con el sueño que es tu vida, con Dios, con la Sociedad, con tus padres, con tu pareja, con tus hijos; pero los acuerdos más importantes son los que has hecho contigo mismo. El resultado es lo que llamamos tu personalidad. En esos acuerdos dices: “Esto es lo que soy. Esto es lo que creo. Soy capaz de hacer ciertas cosas y hay otras que no puedo hacer. Esto es real y lo otro fantasía. Esto es posible y aquello es imposible…”.
Si quieres vivir con alegría y satisfacción, debes hallar la valentía necesaria para romper los acuerdos que se basan en el miedo, y reclamar tu poder personal. Los acuerdos que surgen del miedo requieren un gran gasto de energía, pero los que surgen del amor nos ayudan a conservar nuestra energía e incluso aumentarla. Si somos capaces de reconocer que nuestra vida está gobernada por nuestros acuerdos y el sueño de nuestra vida no nos gusta, necesitamos cambiar los acuerdos.
Si los adoptas, estos Cuatro Acuerdos crearán el poder personal necesario para que cambies todo tu antiguo sistema de acuerdos. En lugar de vivir en el sueño del infierno, crearás un nuevo sueño: tu Sueño Personal del Cielo.
1)Sé impecable con tus palabras. Las palabras son la herramienta más poderosa que tienes como ser humano, el instrumento de la magia. Pero son como una espada de doble filo; uno de los filos es el uso erróneo, que hace un infierno en vida; el otro es la impecabilidad, que solo engendrará belleza, amor y el cielo en la tierra. Según como las utilices, las palabras te liberan o te esclavizan aún más. Continuamente estamos lanzando hechizos con nuestras opiniones, que son difíciles de romper. La única manera de romper un hechizo es llegar a un nuevo acuerdo que se base en la verdad. Cuando eres impecable con tus palabras, tu mente deja de ser un campo fértil para las palabras que surgen de la magia negra, pero sí lo es para las que surgen del amor. La cantidad de amor que sientes por ti es directamente proporcional a la calidad e integridad de tus palabras: te sientes bien, eres feliz y estás en paz.
2)No te tomes nada personalmente. Suceda lo que suceda a tu alrededor, no te tomes nada personalmente.Durante el periodo de nuestra domesticación aprendimos a tomarnos todas las cosas de forma personal.Creemos que somos responsables de todo. Tomarse las cosas personalmente te convierte en una presa fácil, te sientes ofendido y reaccionas defendiendo tus creencias y creando conflictos. Ni siquiera las opiniones que tienes sobre ti mismo son necesariamente verdad. La mente también es capaz de hablarse y escucharse a símisma. Cuando no tomarte nada personalmente se convierta en un hábito firme y sólido, te evitarás muchosdisgustos en la vida. Tu rabia, tus celos y tu envidia desaparecerán. Te ayudará a romper muchos hábitos ycostumbres que te mantienen atrapado en el sueño del infierno y te causan un sufrimiento innecesario. Si lohaces, aunque estés en medio del infierno, experimentarás felicidad y paz interior.
3)No hagas suposiciones. Tendemos a hacer suposiciones sobre todo. El problema es que, al hacerlo, creemos quelo que suponemos es cierto. Hacemos suposiciones sobre lo que los demás hacen o piensan y después los culpamos y reaccionamos enviando veneno emocional con nuestras palabras. Toda la cuestión del dominioentre los seres humanos gira alrededor de las suposiciones y el tomarse las cosas personalmente. La manera deevitar suposiciones es preguntar; asegúrate de que las cosas te queden claras. Con una comunicación clara, conla impecabilidad de nuestras palabras, no habría guerras, ni violencia, ni disputas. Solo con que fuéramoscapaces de tener una comunicación buena y clara, todos nuestros problemas se resolverían.
4) Haz siempre lo máximo que puedas. Limítate a hacer lo máximo que puedas, ni más ni menos, en cualquier circunstancia de tu vida. Cuando te excedes, agotas tu cuerpo y vas contra ti y, por consiguiente, te resulta más difícil alcanzar tus objetivos. Por otro lado, si haces menos de lo que puedes hacer, te sometes a ti mismo afrustraciones, juicios, culpas y reproches. Hacer lo máximo que puedas significa actuar porque amas hacerlo, noporque esperes una recompensa. Descubrirás que disfrutas de cada cosa que llevas a cabo; las recompensasllegarán, pero tú no estarás apegado a ellas. Si nos gusta lo que hacemos y si siempre hacemos lo máximo quepodemos, entonces disfrutamos realmente de nuestra vida. Cuando no lo haces, te niegas el derecho a ser tú mismo; los tres primeros acuerdos solo funcionarán si haces lo máximo que puedas. En la búsqueda de tulibertad personal y de tu autoestima, descubrirás que encontrar lo que buscas es solo cuestión de tiempo.
Los cuatro acuerdos son un resumen de la maestría de la transformación, una de las maestrías de los toltecas. Transformas el infierno en cielo. El sueño del planeta se transforma en tu sueño personal del cielo. Pero para mantenerlos necesitas una voluntad muy fuerte, ya que todo el mundo intenta sabotear nuestro compromiso con estos nuevos acuerdos, y todo lo que nos rodea está estructurado para que los rompamos.
Por esta razón es necesario que seas un gran guerrero capaz de mantener los cuatro acuerdos con tu vida. Tu felicidad, tu libertad, toda tu manera de vivir dependen de ello. No te inquietes por el futuro, mantén tu atención en el día de hoy y permanece en el momento presente.
Este libro de citas de Carlos Castaneda recoge la línea de pensamiento más sutil y profunda del brujo chamán Juan Matus en el proceso de adiestramiento del mismo Castaneda a una nueva realidad. De por sí arduo entender su significado aún habiendo leído y reflexionado durante años sus enseñanzas, aún más si cabe redactar y ordenar de forma congruente una selección de citas de citas que pueda hacerlas accesibles y útiles, ya que muestran el cambio a un mundo cognitivo desconocido, provocando progresivamente en el autor ciertas experiencias, mientras que nosotros solo disponemos de su lectura y nuestro entendimiento. Animo a sumergirse en el fabuloso mundo de sus libros a aquel que aún no lo haya hecho, nunca es tarde; si somos capaces de identificarnos un poco con el Castaneda aprendiz, el mundo para nosotros puede que ya no sea el mismo.
De la Introducción
La línea de acción de don Juan Matus consistía en un intento deliberado de empujarme hacia un “sistema cognitivo” diferente, que los chamanes del antiguo México poseían. Por ejemplo, percibían la energía tal como fluye libremente en el universo, libre de las ataduras de la socialización y de la sintaxis, como pura energía vibratoria. A este acto lo llamaban “ver”, como primer paso necesario para adquirir una visión más global. Previamente a poder “ver” se necesitaba la “recapitulación”, que consistía en el escrutinio sistemático de la propia vida contemplándola con desapego.
“Ver” la energía tal como fluye en el universo significa tener la capacidad de percibir al ser humano como un “huevo luminoso” o como una “bola luminosa” de energía, y distinguir en esa bola un punto brillante, que llamaban “punto de encaje”, donde la percepción se encajaba o ensamblaba. Nuestra cognición del mundo se realizaba en ese punto.
En este otro mundo cognitivo la unidad más importante es el concepto de “intento”, que es una fuerza que los chamanes podían visualizar cuando “veían” la energía tal como fluye en el universo, una fuerza omnipresente que intervenía en todos los aspectos del tiempo y del espacio e íntimamente ligada al hombre, quien podía manipularla. Para ello se necesitaba un comportamiento impecable, como el de un “guerrero”, camino que cualquiera podía tomar después de abandonar su “historia personal”.
Para ellos, el tiempo es algo así como un pensamiento pensado por una fuerza inconcebible. Por su parte, el espacio es un ámbito abstracto de actividad, la suma total de los esfuerzos de todas las criaturas. Ambos, tiempo y espacio, forman parte integral del hombre.
Otra unidad cognitiva de los chamanes es la “rueda del tiempo”, algo asi como que el tiempo es como un túnel de longitud y anchura infinitas, un túnel con surcos reflectantes. Cada uno de los surcos es infinito y hay un número infinito de ellos. Los seres vivos están compelidos, por la fuerza de la vida, a fijar sus miradas en uno de los surcos. Mirar solo uno de ellos implica ser atrapado por él.
La meta final de un “guerrero” es la de enfocar, mediante un acto de profunda disciplina, su atención inquebrantable en la “rueda del tiempo” con el fin de hacerla girar. Una vez que se consigue es capaz de mirar en el interior de otro surco y extraer de él lo que desee en cualquiera de las dos direcciones: la llegada o la partida del tiempo.
Algunas citas ordenadas a mi criterio desde "Las enseñanzas de Don Juan" hasta "El segundo anillo de poder"
Los ojos del hombre pueden realizar dos funciones: una es “ver” la energía general tal como fluye en el universo y la otra es “mirar las cosas de este mundo”. Ninguna de ellas es mejor que la otra, sin embargo, educar los ojos solo para mirar es un lamentable e innecesario desperdicio.
Cuando un hombre no se preocupa por ver, las cosas le parecen más o menos las mismas cada vez que mira al mundo. En cambio, cuando aprende a ver ninguna cosa es igual cada vez que la ve y sin embargo es la misma. Cada vez que un “vidente” ve un hombre, ve un huevo luminoso, pero no es el mismo huevo luminoso.
Cuando los seres humanos se ven como campos de energía, parecen fibras de luz, como telarañas blancas, como hebras muy finas que circulan desde la cabeza hasta la punta de los pies. De ese modo, ante el ojo del vidente, un hombre aparece como un huevo de fibras que circulan, y sus brazos y piernas son como cerdas luminosas que brotan en todas direcciones y le ponen en contacto con todo lo que le rodea.
Nos hablamos incesantemente a nosotros mismos acerca de nuestro mundo, mantenemos nuestro mundo con nuestro diálogo interno, lo renovamos, lo encendemos de vida, lo sostenemos, escogemos nuestros caminos al hablarnos a nosotros mismos, repitiéndolo una y otra vez hasta el preciso momento de la muerte. Un “guerrero” es consciente de ello y lucha por detener su diálogo interno, ya que es lo que ata a la gente al mundo cotidiano. El mundo es de tal y cual manera solo porque nos contamos que es de tal y cual manera; el pasaje al mundo de los chamanes se abre cuando el guerrero ha aprendido a pararlo. Después, todo es posible, hasta los proyectos descabellados se vuelven factibles. El arte del guerrero consiste en equilibrar el temor de ser un hombre con la maravilla de ser un hombre.
Casi nunca nos damos cuenta de que podemos suprimir cualquier cosa de nuestras vidas en cualquier momento y en un abrir y cerrar de ojos. Un guerrero no necesita historia personal, un día descubre que ya no le es necesaria, y la abandona. La técnica para ayudarle a abandonarla consiste en perder su propia importancia, asumir la responsabilidad de los propios actos y utilizar a la muerte como consejera.
Sentirse importante le hace a uno pesado, torpe y banal. Para ser un guerrero se necesita ser liviano y fluido. Un guerrero no tiene honor, ni dignidad, ni familia, ni nombre, ni patria, solo tiene vida por vivir y, en tales circunstancias, su único vínculo con sus semejantes es su desatino controlado. Acepta la responsabilidad de sus actos, hasta del más trivial de ellos. Sabe que espera y sabe lo que espera, y mientras espera no desea nada, y así, cualquier cosa que reciba, por pequeña que sea, es más de lo que puede tomar. Para el hombre corriente el mundo es extraño porque cuando no se aburre de él, está enemistado con él. Para un guerrero, el mundo es extraño porque es estupendo, pavoroso, misterioso, insondable… debe asumir la responsabilidad de estar aquí en este mundo maravilloso, en este tiempo maravilloso. Debe aprender a hacer que cada acto cuente, pues va a estar aquí, en este mundo, tan solo un tiempo breve, demasiado breve para ser testigo de todas las maravillas que existen.
¿Puedes desviarte de la senda que tus semejantes han trazado para ti? Mientras permaneces con ellos, tus acciones y pensamientos permanecen por siempre fijados en sus términos: eso es esclavitud. El guerrero en cambio está libre de todo eso. La libertad es cara, pero el precio no es imposible de pagar… !no desperdicies tu tiempo y tu poder en temer la libertad!. No importa cómo le hayan criado a uno, lo que determina el modo en que uno hace cualquier cosa es el poder personal, un hombre no es más que la suma de su poder personal, y esa suma determina cómo vive y cómo muere. El poder personal es un sentimiento, algo así como tener suerte, un talante, un ánimo, algo que se adquiere a través de toda una vida de lucha.
Hay montones de cosas que un guerrero puede hacer en un determinado momento y que no habría podido hacer años antes. Estas cosas no cambiaron, lo que cambió fue su idea de sí mismo. Los actos tienen poder, especialmente cuando el guerrero que actúa sabe que esos actos son su última batalla. Hay una extraña felicidad ardiente en actuar, con pleno conocimiento, de que lo que uno está haciendo puede muy bien ser su último acto sobre la tierra; es natural para un guerrero lograr que su último acto sea lo mejor de sí mismo. Él no consigue victorias golpeándose la cabeza contra los muros, sino rebasándolos; salta sobre los muros, no los derriba.
La razón hace que los seres humanos olviden que la descripción del mundo, es tan solo una descripción, y antes de que se den cuenta, han atrapado la totalidad de sí mismos en un círculo vicioso del cual raramente escapan en toda su vida. Siempre que el diálogo interno cesa, el mundo se desploma y afloran extraordinarias facetas nuestras, como si hubieran estado celosamente guardadas por nuestras palabras. Lo malo de las palabras es que nos hacen sentirnos iluminados, pero cuando nos damos la vuelta para enfrentarnos al mundo, siempre nos fallan y terminamos enfrentándonos al mundo como siempre: sin iluminación. Por esta razón, un guerrero busca actuar en vez de hablar y para ello obtiene una nueva descripción del mundo.
Siempre que un guerrero se implica con alguna creencia, lo hace porque ésta es su elección. Un guerrero no cree, tiene que creer. La muerte es el ingrediente indispensable para el tener que creer. Solo porque la muerte lo acecha es por lo que un guerrero tiene que creer que el mundo es misterioso e insondable. Cuando toma la decisión de pasar a la acción, debería estar dispuesto a morir, no habrá tropiezos, ni sorpresas desagradables, ni actos innecesarios. Todo encajará suavemente en su sitio porque no espera nada. Solo la idea de la muerte da al hombre el desapego suficiente para ser capaz de no abandonarse a nada. Un hombre así sabe que su muerte lo está acechando y que no le dará tiempo para aferrarse a nada, así que prueba, sin ansias, todo de todo. El poder pone siempre al alcance del guerrero un centímetro cúbico de suerte, su arte consiste en ser permanentemente fluido para poderlo atrapar… “la muerte es un remolino; la muerte es una nube brillante en el horizonte; la muerte soy yo hablándote, la muerte no es nada. ¡Nada! Está aquí, pero no está aquí en absoluto”.
Los seres humanos no son objetos, no tienen solidez, son seres redondos, luminosos; no tienen límites. El mundo de los objetos y la solidez no es más que una descripción que fue creada para ayudarlos, para facilitar su paso por la tierra. La ventaja oculta de los seres luminosos es que tienen algo que nunca utilizan: el “intento”. El hombre corriente sostiene la descripción del mundo con su razón, el chamán, con su intento. Ambas descripciones tienen sus reglas, pero la ventaja del chamán es que el intento abarca más que la razón. El intento es lo que puede hacer triunfar a un hombre cuando sus pensamientos le dicen que está derrotado, es lo que le hace invulnerable. Es lo que envía a un chamán a través de una pared, a través del espacio, al infinito.
El conocimiento llega a un guerrero flotando como motas de polvo de oro, el mismo polvo que cubre las alas de las polillas. Es como darse una ducha o recibir una lluvia de motas de polvo de oro oscuro.
La forma humana es un conglomerado de campos de energía que existe en el universo y que está exclusivamente relacionado con los seres humanos. Los chamanes lo llaman forma humana porque esos campos de energía han sido retorcidos y deformados por toda una vida de hábitos y maltratos. Los guerreros deben ser impecables en su esfuerzo por cambiar con el fin de asustar a la forma humana y deshacerse de ella. Al cabo de años de impecabilidad, llegará un momento en que la forma humana no soportará más y se irá. Es decir, llegará un momento en que los campos de energía, retorcidos por toda una vida de hábitos, se enderezarán. Este enderezamiento afecta profundamente al guerrero, que puede incluso morir… pero un guerrero impecable siempre sobrevive.