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martes, 19 de enero de 2016

La Creación de la Humanidad


 (Esta narración resume y comenta los aspectos de la creación humana incluidos en “El Libro perdido de Enki”, de Zecharia Sitchin, y aparece sin autor expreso en la Biblioteca Pléyades. Después de leer todos los libros de este autor, me he permitido hacer algunos retoques y cortes, y añadir a su vez incisos personales)



Zecharia Sitchin fue uno de los pocos eruditos versados en lenguas antiguas, con conocimiento, hablado y escrito, del sumerio, lo que le permitió traducir el contenido de textos de 6000 años de antigüedad y llegar a la conclusión de que los pasajes conocidos del Génesis del Antiguo Testamento, como muchos otros momentos conocidos de la Biblia Hebrea, que han sido asimilados en nuestra cultura como mitos o parábolas, son en realidad pasajes recogidos de los textos sumerios, su fuente original.

Estos textos recogían sucesos y crónicas de eventos muy anteriores protagonizados por seres inteligentes, considerados por los sumerios como superiores o dioses, llegados de otro planeta. También es sabido que fueron los sumerios los primeros en plasmar por escrito los anales y relatos de dioses y hombres, de los cuales todos los demás pueblos, incluidos los hebreos, obtuvieron los relatos de la Creación, Adán y Eva, Caín y Abel, el Diluvio Universal, la Torre de Babel, etc.

Estos seres tuvieron una influencia directa en los acontecimientos ocurridos en la Tierra a partir de su misma llegada, y su propio planeta, Nibiru, antes incluso de ser habitado, ya había tenido un destino crítico en la formación del planeta Tierra.

Algunas tablillas describen la creación de la Tierra actual a partir de un planeta primitivo, llamado por los habitantes de Nibiru “Tiamat” (“dadora de vida”), que se partió en dos a raíz del choque cataclísmico con Nibiru y sus satélites; un planeta llegado de muy lejos, que por alguna razón desconocida, se vio atraído por la fuerza gravitatoria del Sol. Uno de los satélites de Tiamat, Kingu, dio origen a la Luna y la otra parte del planeta se extendió en lo que hoy se conoce como el cinturón de asteroides, y los sumerios llamaban “el brazalete repujado”.




Uno de esos libros (denominado por Zitchin “El Libro perdido de Enki”), inscrito en catorce tablillas, afirman que un testigo presencial de todos los acontecimientos, y quien dictó a un escriba los más importantes de entre ellos, fue Ea (en sumerio, “Aquel cuyo hogar es agua”), posteriormente llamado,Enki. Explican la llegada a la Tierra de seres procedentes de Nibiru, los Anunnaki (literalmente “los que del cielo a la Tierra llegaron”) con el objeto de buscar el oro necesario para el restablecimiento de su atmósfera dañada, planeta que completa un Shar (una vuelta a nuestro Sol) cada 3600 años y  se acerca, en ocasiones de forma peligrosa, a las inmediaciones de Marte para completar cada órbita, provocando eventos geológicos y climáticos, tanto en la Tierra como en Nibiru.

Por supuesto, los llegados pertenecen a la casa real de Nibiru, son nobles, cuyas normas de sucesión y herencia, y las disputas por el mandato y el lugar en la jerarquía, ocasionan a lo largo de los cientos de miles de años conflictos enconados y violentos donde hay asesinatos, destierros, castigos, diferencias de opinión y algunos conflictos bélicos en la Tierra con armas nucleares incluidas.

Estos seres privilegiados, que tuvieron la ocasión de conquistar un planeta aparentemente no habitado hasta entonces por vida inteligente, pero al mismo tiempo víctimas de un exilio forzoso motivado por el hecho de seguir proveyendo del oro necesario para la supervivencia de la atmósfera de su planeta, no son representados como “malos” ni “buenos”. Son capaces de una entrega extraordinaria, de hazañas increíbles, la culminación de las cuales es la creación de seres inteligentes, concebidos como “ayudantes” en la dura tarea de extraer el tan ansiado oro, a riesgo de saltarse algunas normas y leyes existentes en el Universo y convirtiéndose de esa forma en “creadores”, pero también conocedores de la envidia, la codicia, la ambición, la insatisfacción, la venganza, el odio y otros sentimientos considerados por nosotros como “humanos” y los cuales provocan divisiones entre dos clanes durante cientos de miles de años, el encabezado por Enki y el liderado por Enlil, su hermanastro.




Tres hermanos, Ea (luego llamado Enki), Enlil (señor del Mandato, a quien se asigna la Misión de la Tierra) y Ninmah (luego llamada Ninhursag), son los protagonistas principales de esta historia, los tres hijos de Anu, soberano de Nibiru, de entre un total de 600 que fueron estableciéndose en la Tierra, mas alrededor de otros 300, denominados Igigi (“los que observan y ven desde arriba”), que orbitaban en naves sirviendo de enlace para el transporte del oro.

El relato sencillamente narrado resume la historia de cientos de miles de años (aproximadamente 450.000 a.C.) desde su llegada hasta la entronización de Marduk (alrededor de mediados del tercer milenio a.C. y coincidiendo con la Era de Aries). Su misión y la de sus descendientes en la Tierra comenzó a complicarse seriamente cuando decidieron crear al “Trabajador Primitivo”, no sin antes sortear muchos obstáculos éticos, políticos y técnicos.

Lo importante sobre el origen de la humanidad es que es un hecho absolutamente único. Aparentemente, a juzgar por la crónica de Enki, nunca se había oído hablar del hecho de crear un ser de la nada ya que “todos los seres descienden de una simiente evolucionada a lo largo de eones”. Pero la necesidad de forjar un trabajador primitivo motivó que se diera vía libre a una idea de Enki basada en poner la señal de los Anunnaki a una simiente ya existente en la Tierra: homínidos que caminaban erectos sobre dos piernas hace 300.000 años, y que vivían entre los animales de las estepas.




Enki convenció a su hermano Enlil de llevar a cabo semejante idea con un argumento importante: no se trataba de crear esclavos, ya que la esclavitud había sido abolida en su propio planeta miles de años atrás, sino de crear “un ayudante” (¡Creemos un Lulu, un Trabajador Primitivo, para que se ocupe del trabajo más duro,
que ese ser cargue sobre su espalda el duro trabajo de los Anunnaki!
). No se trataba de crear un ser de la nada, algo en manos únicamente del “Creador de Todo”, sino de favorecer la evolución poniendo la marca de los Anunnaki en seres homínidos propios de la Tierra. La idea de Enki no era crear una nueva criatura, sino “hacer más a su imagen y semejanza a una ya existente”.

No fue una decisión fácil. Se preguntaron si era Hado o Destino llevar a cabo tal plan y si el Dios Creador de Todo daría el visto bueno a dicho plan para salvar de la destrucción a Nibiru o no. Pero al final se pusieron manos a la obra y de esta forma Enki, Ninmah y Ningishzidda, el hijo de Enki, comenzaron el proyecto. Se trataba de mezclar una hebra de la esencia del ser ya existente en la Tierra con otra hebra de ADN del Anunnaki.

Los relatos hablan claramente de un proceso de manipulación genética en el que se planeó el primer bebé probeta de la historia, empleando un óvulo de una madre homínida y fertilizándolo con material genético propio (medido en proporciones exactas con objeto de conferirle la imagen, pero no todas las capacidades ni ciclo vital).

Tal y como se narra en el Libro Perdido de Enki, colocaron un óvulo de la hembra bípeda en un recipiente de arcilla (de la Tierra, después de varias pruebas fallidas empleando material de cristal) y se mezcló con “objetos diminutos”, con fórmulas que contenían la simiente Anunnaki (en una clara referencia al ADN) y posteriormente, una vez fecundado el óvulo de la hembra bípeda, lo colocaron en una matriz Anunnaki, concretamente en la matriz de Ninmah, tras lo cual hubo concepción y ésta dio a luz un varón sano, sin pelo en el cuerpo, con los sentidos perfectos y capacidad para hablar, al que llamaron “Adamu” (el Adán del Antiguo Testamento).

Posteriormente Ninmah se reunió con siete sanadoras Anunnaki de la ciudad y les pidió que aceptaran la tarea de ser “matrices” para otros óvulos fecundados de la misma forma. Pero esta vez, colocaron óvulos de hembras bípedas y los fecundaron con la esencia (material genético) de Adamu, pronunciando una frase de encantamiento, enlazando de esa forma la esencia del Cielo y de la Tierra por parentesco sanguíneo. Insertaron los óvulos en sus matrices y las Anunnaki dieron a luz a siete trabajadores primitivos más.

Viendo que la tarea de crear un ejército de esta manera era demasiado ardua, decidieron crear a la contraparte femenina, a la que llamarían “Tiamat” (con el mismo nombre de la Tierra primitiva antes del cataclismo) y esta vez cambiaron las esencias Anunnaki para ajustarlas a este fin de creación de una fémina (esta vez en la matriz de Ninki, la esposa de Enki). De esta forma, crearon más hembras posteriormente para que éstas se reprodujeran de forma natural con los varones ya creados; sin embargo observaron que no había procreación entre hombres y mujeres primitivos. Ninguna de ellas tenía descendencia; volvieron a repasar las “esencias” Anunnaki empleadas (las hebras y componentes genéticos empleados para el proceso) y vieron que las esencias estaban dispuestas como 22 ramas en un Árbol de la Vida, pero no incluían la capacidad de procrear (¡el par de cromosomas X e Y nº 23!).

Se puede inferir, que se estaba produciendo un rechazo que impedía la procreación. Sin embargo, la presión por crear a “trabajadores primitivos” para extraer el oro de África era cada vez mayor.




¿Qué harían en este momento después de tanto trabajo empleado y de que Enlil aprobara a regañadientes la operación?.

Ningishzidda, el hijo de Enki, experto en estos temas, tenía la solución; tal y como se describe en “El Libro Perdido de Enki” durmió a Enki, Ninmah, Adamu y Tiamat y extrajo de la costilla de Enki (¿o quizá de la médula ósea?) y Ninmah su esencia vital; en la costilla de Adamu insertó la de Enki y en la de Tiamat la de Ninmah, añadiendo al Árbol de la Vida dos ramas más con fuerzas procreadoras. Sin duda, todo ello tiene relación con el relato de la costilla de Adán y Eva conocido por el Génesis y que muchos entendíamos como “mito” o “leyenda”.

Parece estar describiendo algún tipo de implante que permitió que ese rechazo inmunitario que impidió la original descendencia fuera superado por medio de la inserción de material genético de dos seres productivos a dos seres sin capacidad de procreación.

Al igual que en el Antiguo Testamento, el texto sumerio recoge la idea de que a partir de ese momento, en que Adamu y Tiamat se “encontraron” y tomaron conciencia de su desnudez y de su feminidad y virilidad, algo cambió por completo. Todo ello horrorizó a Enlil que creyó que se les había dado a esos seres creados las últimas porciones de la “esencia vital” Anunnaki y que quizás se les había conferido incluso sus ciclos vitales (de miles de años de vida) y la capacidad de autocuración y auto-regeneración.

Fue entonces cuando el hermano de Enki, Enlil, inseguro con el proyecto humano desde el principio, decretó que Adamu y Tiamat se marcharan del Edin, donde hasta entonces estaban alejados del duro trabajo, pues el objetivo original era que permanecieran como “moldes” perfectos de la creación humana, sólo dedicados a la procreación. Enlil ordenó que fueran exiliados allí donde se les necesitaba, al Abzu (África Sudoriental) dedicados de pleno al trabajo de extraer el oro, como todos los demás humanos creados.

De esta forma fueron expulsados del Edin. Las alusiones a una “serpiente” maligna hacen una clara referencia al símbolo con que se representaba el propio Enki, conocedor de los secretos de la manipulación genética y director de todo este proyecto de la creación del Trabajador Primitivo.



Y de esta forma la humanidad comenzó a proliferar. Pero después de decenas de miles de años, Enki observó que los seres creados estaban degenerando hacia sus antepasados salvajes. En ese momento, Enki encuentra en el Edin dos hembras de gran atractivo y ambas procrean de él dando a luz a Adapa (Adán) y Titi (Eva). Adapa, sumamente inteligente, se convierte en el primer hombre civilizado. Adapa y su hermanastra Titi a su vez se emparejan dando a luz a Kain y Abael (en clara referencia a Caín y Abel).

En el Antiguo Testamento podemos encontrar multitud de casos en los que el varón tiene por esposa a su hermanastra. Esto está íntimamente relacionado con la Ley de herencia de los Anunnaki, que convierte en herederos legítimos a los hijos de la hermanastra, antes que al primogénito, si éste ha sido concebido por una mujer de otra clase social. Esta ley Anunnaki marcó el destino de toda la Misión de la Tierra multitud de veces. Enki tuvo otro hijo más con otra terrestre, al que llaman Ziusudra (Noé).

Antes del gran Diluvio que se produciría, tal y como describe una de las tablillas, por la cercanía de Nibiru y las inestabilidades creadas en la atmósfera de la Tierra (el brusco derretimiento de los hielos del Polo Sur), Enlil decreta el final de la Misión en la Tierra y se niega a salvar a la humanidad; nunca había visto con buenos ojos el proyecto de creación humana y aprovecha el momento para obligar a todos por juramento a que ningún humano sea salvado de la catástrofe.

Sin embargo, Enki, su hermano y creador intelectual del “trabajador primitivo” tiene una visión o sueño que le dice que debe salvar a Ziusudra, su hijo, dándole entonces instrucciones claras sobre cómo construir una barcaza cerrada y sellada con pez, donde se colocan algunos pequeños animales (las esencias de otros mamíferos y plantas ya habían sido extraídas y conservadas por Enki para evitar el fin de la vida de la Tierra y poder reconstruir la vida tras el Diluvio).



De esta forma, Ziusudra, así como algunos descendientes de Kain en otra parte del mundo, ya que habían sido desterrados del Edin tras el asesinato de Abael a manos de su hermano, se salvan del Diluvio.

Un ejemplo de mala interpretación que ha dado origen a muchos problemas es que la Biblia Hebrea recoge la palabra “Elohim” o “Dioses” (es una palabra plural) indistintamente para los actos y decisiones de los principales Anunnaki, fusión que modifica completamente el sentido original.

¿Quiere todo esto decir que Dios o Creador de Todo no existe?.

En absoluto, quiere decir lo que quiere decir, que nosotros no somos fruto de la evolución homínida, sino de una inteligencia superior, superior a la nuestra, no a la de Dios Creador del Universo. Eso lo tenían claro, y así lo reflejan las propias tablillas, hasta los propios protagonistas de esta historia, los Anunnaki, que en muchas ocasiones se plantean si sus acciones serán del agrado del “Dios Creador de Todo”.

Si tenemos en cuenta que pocos sobrevivieron al Diluvio Universal y que sólo Ziusudra y su prole (Noé, hijo de Enki con una terrestre que a su vez se había creado de Anunnaki y bípeda homínida) entre muy pocos y contados pudo hacerlo, nos viene a decir, que el Padre Genético de toda la Humanidad es Enki, un ser Anunnaki de una inteligencia y capacidades extraordinarias, y que nuestro componente de “mamífero bípedo” es menor desde el punto de vista de la composición genética. La mitad de nuestra genética, a tenor de todo esto, es cien por cien Anunnaki y la otra mitad es Anunnaki en un porcentaje superior al cincuenta por ciento.

Sin embargo, es cierto que no somos ni el pálido reflejo de lo que fueron los primeros humanos creados que, si bien no habían heredado la longevidad Anunnaki, vivían, como bien
atestigua el Antiguo Testamento cientos de años, y que en cada generación el número de años hasta llegar a nuestros días fue disminuyendo.



El Libro Perdido de Enki termina en sus últimas páginas con esta crónica:
“Babili, donde Marduk declaró la supremacía, se libró del “Viento Maligno”. Todas las tierras al sur de Babili fueron devoradas por el Viento Maligno; también alcanzó al corazón de la segunda región. Enki le hizo considerar a Enlil el libramiento de Babili como un augurio divino”.
Babili es por supuesto Babilonia, y la tablilla marca el final de la crónica que comienza con la era de la supremacía de Marduk, que no era el heredero designado inicialmente para la Tierra en Babilonia y en la Tierra, sino Ninurta, hijo de Enlil, pero que el destino (¿Hado o Destino?, se preguntaban los propios protagonistas) quiso que fuera finalmente el Heredero de la Misión.

El Viento Maligno es la traducción sumeria de las también llamadas “armas del terror” que fueron empleadas hace miles de años, como resultado de las disputas entre dos bandos y las múltiples ambiciones de unos y otros; armas nucleares, ni más, ni menos.

Muy probablemente la esposa de Lot no fue convertida en sal por el castigo de “Dios” al desobedecer su orden, sino que fue convertida en polvo como consecuencia de una explosión nuclear (la palabra que se traduce habitualmente por “sal” tiene el sentido de “columna de vapor”. El Libro de Enki refleja que más bien los “dioses” se lamentaron amargamente de la suerte que habían corrido las ciudades de la Tierra civilizada por las deflagraciones nucleares que nunca tuvieron que haber ocurrido.

De hecho, no fueron resultado de una decisión consciente o meditada, sino que se produjo un error de cálculo con unas armas que nunca debieron haberse encontrado en la Tierra y que estaban aquí como consecuencia del mismo origen de la Misión en la Tierra.  
Durante cientos de miles de años estuvieron escondidas para que no fueran usadas, y como puede imaginarse, quien lo hizo finalmente no era plenamente consciente de los efectos que aquello iba a acarrear.



Si la datación y el origen sumerio de las tablillas es incontestable; si ninguna autoridad científica, versada en idiomas de la antigüedad ha contradicho jamás una coma de las traducciones de Sitchin; si jamás se ha negado el origen milenario de las tablillas sumerias, que hoy están expuestas en algunos prestigiosos museos del mundo; dado que multitud de hechos que narran las tablillas han sido posteriormente verificados y encontrados correctos por nuestros conocimientos científicos… ¿Acaso no estamos obligados a considerar esta visión sobre nuestro origen y el pasado de la Tierra?

La dificultad para asumirlo en su totalidad ciertamente es inmensa, en particular el hecho de que podríamos ser producto de la manipulación genética por parte de seres más inteligentes, y diseñados “a imagen y semejanza” de seres superiores en inteligencia, desarrollo tecnológico y civilización y con conocimiento profundo de la genética y la naturaleza.

¿Resulta todo esto más difícil de asumir que el hecho de que somos producto de una evolución de seres homínidos con los que aun compartimos espacio en la Tierra?

Pero estamos en el momento exacto en que merece la pena que consideremos todo esto para nuestro bien ya que el conocimiento ha sido desvelado y está a nuestro alcance. No podemos seguir ignorándolo. Incluso si asumimos todo esto, parece que tampoco esta verdad refleja Toda la Verdad, sino que estos hechos históricos se enmarcan en otra Verdad de una dimensión aun superior.

Como dice B. Marciniak en “Mensajeros del Alba”:
“Los planificadores originales de la Tierra pertenecían a la Familia de la Luz (que es información) y decidieron que la Tierra fuese una biblioteca cósmica. Civilizaciones nacieron en la Tierra hace 500.000 años y yacen bajos los hielos de la Antártica.

Ciertos dioses creadores (en clara referencia a los Anunnaki) llegaron para apoderarse de esta biblioteca viviente hace 300.000 años, hubo lucha y ganaron.

Estos nuevos dueños no querían que la especie humana tuviera acceso a la información. La humanidad es un experimento.

Fue diseñada como casi todo lo que existe en la Creación. El Creador hizo brotar de sí energías, a quienes dotó de los mismos dones que poseía. Estas energías, que llamaremos ‘dioses’, empezaron a probar sus dones.

Estos nuevos dueños eran conocedores de la ingeniería genética, y sabían que la conciencia existe en todas las cosas, así que ajustaron las energías electromagnéticas de la conciencia para que vibrara a cierta frecuencia. Los nuevos dueños se nutrían del temor y del caos.

Reestructuraron el ADN para que el hombre funcionara dentro de una escala limitada; el ser humano original tenía doce filamentos, contribución de doce civilizaciones; estos nuevos dueños lo redujeron a dos.

Se rodeó al planeta de un cerco desde el cual se controlaba la frecuencia de los humanos para ser modificados. Este cerco impedía que la Luz llegara como antes.

Y cuando lograban pasar la barrera no había respuesta en la Tierra, pues los humanos estaban desconectados. La mayor tiranía en una sociedad no es el control por la ley marcial, sino la manipulación psicológica de la conciencia, de manera que los que viven dentro de esa realidad ni se dan cuenta que están prisioneros.

Ni saben que existe otra cosa fuera de ellos.


Ustedes han estado controlados como ovejas en el redil por quienes se sienten vuestros dueños, desde el gobierno y el establecimiento de los que están en el espacio.”


lunes, 16 de noviembre de 2015

Nuestros genes extraterrestres (Zecharia Sitchin)

¿A imagen de quién fue creado Adán (el prototipo de los humanos modernos, homo sapiens)?



El principal hallazgo (en el año 2001) es que el genoma humano no contiene los anticipados 140.000 genes, son solo 30.000, algo más del doble que posee una mosca de la fruta, y apenas un 50% más que la lombriz intestinal. Más aún, es un 70% igual al de un ratón, y un 99% al de un chimpancé. Se encontraron genes humanos, con las mismas funciones en invertebrados, plantas, hongos y levadura.

Los hallazgos no solo confirman eso, sino que habría una fuente de ADN para toda la vida en la Tierra. Rascándose la cabeza estaba el consorcio científico debido a este descubrimiento: el genoma humano contiene 223 genes que no tienen predecesores en el árbol evolutivo. ¿Cómo y de dónde pudo el ser humano adquirirlos? En la progresión evolutiva de las bacterias a los invertebrados, los vertebrados y los humanos finalmente modernos, estos 223 genes son completamente extraños. Por consiguiente, los científicos solo pueden explicar su presencia en el genoma humano como algo que se incorporó muy recientemente, no a través de la evolución gradual, sino que se adquirieron horizontalmente (“agregados” de una manera independiente a la evolución humana) por una infección bacteriana.




¿Cómo están seguros los científicos de que estos genes tan importantes y complejos, que significan una inmensa ventaja para la humanidad, fueron obtenidos a través de la cortesía de una infección bacterial? Es un salto que no sigue las teorías evolutivas actuales. No está claro tampoco si el traslado fue de las bacterias al humano o del humano a las bacterias, pero no se encuentra una fuente bacteriana que los tenga horizontalmente transferidos. ¿Pero si el hombre dio esos genes a las bacterias, dónde los adquirió?





El genoma humano está compuesto de aproximadamente 3 millones de nucleótidos; de ellos, solo un poco más del 1% se agrupa en función de genes (cada gen consiste en miles de letras). La diferencia entre una persona y otra suman aproximadamente 1.000 letras en el alfabeto del ADN. La diferencia entre el hombre y el chimpancé está en menos del 1%, y un 1% en 30.000 genes es 300. Entonces ¡223 son más de dos tercios de diferencia entre yo, usted y un chimpancé!
    Estos genes no solo incluyen proteínas sino que también involucran funciones fisiológicas y psíquicas. Es más, enzimas neurológicas importantes solo provienen de la porción mitocondrial del ADN –el llamado EVA mitocondrial–, ese  ADN que la humanidad solo pudo heredar por línea materna.

Los versículos de la Biblia que tratan el tema de la formación de Adán están muy resumidos, existiendo información con mayor detalle en las tablillas de arcilla de sumerios y acadios, donde está muy detallado el papel de los “Elohim”, que habría sido realizado por los Anunnaki (literalmente “Aquellos que del cielo a la Tierra vinieron”).
    Los Anunnaki llegaron hace unos 450.000 años a la Tierra provenientes del planeta Nibiru, un miembro de nuestro propio sistema solar, cuya gran órbita le trae a nuestra parte de los cielos cada 3.600 años. Vinieron con la necesidad de oro para proteger su atmósfera que se desvanecía. Tras miles de años de duro trabajo, su científico Enki sugirió que podrían usar sus conocimientos genéticos para crear los obreros que necesitaban. Cuando los líderes Anunnaki preguntaron: ¿Cómo puedes crear un nuevo ser? Enki contestó. “El ser que necesitamos ya existe, solo tenemos que poner nuestra marca en él” (la doble hélice representativa del ADN “adquirido” figura como símbolo universal en pinturas y relieves, en forma de dos serpientes entrelazadas, como “el Caduceo de Hermes”; o bien la serpiente enroscada en una vara, distintivo de Asclepio, “Padre de la Medicina”).




La idea era modificar genéticamente los homínidos (más desarrollados de esa época: los Neandertales) agregándoles genes Anunnaki más avanzados. Cuando los líderes Anunnaki aprobaron el proyecto, Enki, con la ayuda de Ninhursag, la funcionaria médica principal Anunnaki, se embarcaron en el proceso de ingeniería genética, agregando y combinando genes del Anunnaki con aquellos homínidos. Cuando, después de muchos ensayos y errores se logró “el modelo perfecto”, dijo Ninhursag: “!Mis manos lo han hecho!”

Esa es la causa por la que nosotros tenemos esos genes extra… estaban en los Anunnaki.



Más allá de lo que la investigación científica pueda establecer, más allá de cualquier duda, la única fuente posible de estos genes extra, y a menos que se determine que la infección (el traslado horizontal antes comentado) fue de la bacteria al hombre y no al revés, la única solución posible será la ofrecida hace milenios por los escritos sumerios.

   Hasta entonces, los 223 genes extraños y enigmáticos permanecerán como una alternativa y una prueba de las modificaciones genéticas hechas por los Anunnaki.


Zecharia Sitchin – El Genoma Humano

domingo, 23 de agosto de 2015

Salvación mediante mutación provocada (Paul Misraki)


La ley natural, instaurada sobre la Tierra con la aparición del hombre, es una ley dura. Toda evolución se halla ligada a ella por una lucha sin contemplaciones. Toda vida se alimenta a expensas de otras vidas. El más fuerte o el más hábil, devora al más débil, o el menos astuto. El equilibrio de la economía terrestre encuentra unas bases paradójicas en la fertilidad de la podredumbre.
   Y no obstante, incluso comprobando a nuestro alrededor un orden semejante de cosas, jamás hemos llegado a resignarnos a ello. La idea de que la Tierra no es sino un gigantesco matadero choca frecuentemente con nuestra sensibilidad y preferimos no pensar en ello. Por lo demás, la crueldad de la vida nos deja con frecuencia amargados y rencorosos. Los males que nos asaltan no son considerados por nosotros como una servidumbre fatal, sino como una injusticia.




El animal acepta su suerte y perpetúa de generación en generación los mismos gestos, leyes inherentes a unas condiciones ontológicas, obedecidas sin vanas tentativas de huir de ellas. El hombre, en esto, es del todo diferente. Prisionero de un sistema que juzga inaceptable, pone todos sus recursos en movimiento para desprenderse de él. De este modo, todo gesto que tienda a modificar, dominar, vencer esta Naturaleza tiránica contra la cual nos hallamos en abierta rebeldía, constituye una actividad específica del hombre. El hombre es, ante todo, un rebelde.
   ¿Por qué? Sin duda porque, efectivamente, no nos hallamos en nuestro lugar y porque, en lo más hondo de nuestra alma, lo sabemos. Somos, según la expresión bíblica, unos “extranjeros”, unos “viajeros sobre la Tierra”. Tal vez deberíamos, como afirman las tradiciones, inaugurar sobre nuestro planeta un nuevo orden de cosas. No aptos para el sufrimiento, teníamos el encargo de cultivar nuestro jardín, es decir, administrar nuestro dominio siguiendo nuestras preferencias y nuestros gustos.

Camino de convertirnos en unos soberanos, hemos dejado escapar aquella primacía, después del mal uso que nuestros antepasados hicieron de su libre albedrío –tal vez también bajo la influencia de quienes tenían interés en despojarnos de nuestros privilegios, con el fin de eliminar una eventual competencia-. La famosa “revuelta de los ángeles”, de la que nuestros padres decían que abarcó a los cielos, tenía al hombre como objetivo, pues una parte de los extraterrestres se rebelaron ante la perspectiva de llegar un día a tener que hincarse de rodillas ante la descendencia de Adán.
    Caída, la humanidad se encontró sometida a las leyes de la antigua naturaleza, aquellas que reinaban en nuestro globo antes de la era del hombre. Nuestra raza quedó sujeta a la misma, a la enfermedad, a la muerte… ¿Venganza? ¿Castigo? En absoluto; sino simple consecuencia, ineludible, de un remozamiento del reino animal.



Desde entonces, todo sucede como si las fuerzas “luciferianas” poseyeran el completo dominio de nuestro globo, en el que se aplican a perpetuar el reino de la antigua “naturaleza”. ¿No ha sido llamado Lucifer el príncipe del mundo? Si es el príncipe, es decir, el jefe nombrado, si es él –y no como pensamos frecuentemente el “buen” Dios- quien impone sus órdenes sobre este desgraciado planeta, nada de sorprendente tiene que nuestra suerte nos reserve tantas penas al tiempo que algunas “alegrías” acordes con la “naturaleza”. Satán está aquí, en su casa.
    Por el contrario, las potencias a quienes hemos dado en llamar “yávicas” (únicamente por razones de comodidad –entendidas en este caso como benéficas-) están en lucha abierta contra esa forma de naturaleza; parecen, en todo caso, animadas a la preocupación de sustraer a la humanidad a dicha “naturaleza”. Pero es preciso decir que la Tierra no es su dominio; su acción se ejerce desde el exterior, a la manera de comandos, en operaciones discontinuas, limitadas, como si nuestra esfera constituyera para ellos un territorio enemigo, y celosamente defendido, pues la Tierra sigue bajo un régimen de “ocupación”.

Limitadas… ¿pero también por la obligación de no minar la libertad del hombre, puesto que sería una raza “salvada” si esa salvación le era impuesta, únicamente, desde fuera? Libertado a pesar suyo, ¿estaría el hombre verdaderamente “salvado”? de donde la obligación de contar con una resistencia organizada por los propios hombres o, mejor aún, por aquellos de entre los que no aceptan la “naturaleza” tal como es.




Se correrá el peligro de pasar por alto muchos descubrimientos si no se tiene bien presente el hecho de que nuestro mundo recibe sus leyes de un príncipe que no es Dios, sino uno de sus adversarios –mientras que el ejército de los emisarios yávicos intenta “ayudarnos”, forzando para ello un orden establecido.
   Pero se sabe que una de las astucias más perniciosas del diablo consiste en hacernos olvidar incluso su existencia, olvido que alcanza incluso a los espíritus más sinceramente piadosos, y las confusiones que resultan son inimaginables. La táctica del clan “yavista”, que busca nuestra liberación, es notable por su longanimidad, pues la operación “salvación” comienza alrededor del 1950 a.C.


La apuesta es la siguiente: desposeer a los luciferianos de su dominio sobre “este mundo”, librar al hombre de las leyes naturales por medio de una mutación provocada.


Paul Misraki – Los Extraterrestres  (Título original: Des signes dans le ciel. Les extraterrestres, 1968)

miércoles, 29 de octubre de 2014

Mensajes en los campos de cereales



Permanece en el misterio el sentido de las figuras geométricas aparecidas en los últimos decenios sobre campos de cereales en cualquier parte del mundo, especialmente en Inglaterra. Algunas emulaciones realizadas con técnicas sencillas, intentando desacreditar el profundo mensaje de estas figuras, no consiguieron más que un burdo y tosco resultado, muy alejadas de la perfección mostrada por la gran mayoría. ¿Son mensajes encriptados de civilizaciones extraterrestres o un juego sutil de expertos en esoterismo geométrico? Las imágenes parecen estar diseñadas para ser vistas desde arriba y muestran una intensa sensación de volumen. ¿Existe alguna tecnología humana capaz de realizarlas en unas pocas horas de la noche? ¿Quién las ha diseñado? En muchos casos vemos representaciones del sistema solar, de constelaciones, estructuras moleculares, códigos binarios, animales simbólicos, entramados geométricos complejos… Tanto fuera su origen terrestre o no es difícil intuir a quién van dirigidas, ya que la mayoría de la población no las entiende. Si corresponden a un grupo selecto de científicos, ingenieros, políticos, geómetras… ¿Quién los financia? ¿Es un mero pasatiempo de un ricachón aburrido? Hasta ahora no se ha identificado su autor, permanece en el anonimato como los grandes arquitectos y escultores de las catedrales góticas, donde lo que importaba era el símbolo puro en clave de iniciación, rescatado de la antigua tradición hermética. La diferencia principal es su enorme transitoriedad, no han sido elaborados para permanecer en el tiempo; el punto de encuentro es su sentido oculto, su belleza inexplicable que trasciende al método y al origen.


Sin más, nos topamos con el mayor enigma de nuestra época…





jueves, 31 de octubre de 2013

Nuestros cerebros tienen amo (S. Freixedo)




Los seres humanos no solo no somos “los reyes de la creación” ni las criaturas más inteligentes del Universo, sino que ni siquiera somos los reyes de este planeta, ni las criaturas más inteligentes de la Tierra. La Humanidad, por más que esto hiera nuestro amor propio, pertenece a otros seres más inteligentes que nosotros, que también habitan este planeta y que son sus verdaderos reyes.

Estos seres son, de ordinario, invisibles (aunque se hacen visibles cuándo y como quieren): son llamados ángeles o demonios por el cristianismo, y “devas”, “asuras”, “dakinis”, etc., en otras religiones y culturas, aunque vulgarmente reciben el nombre de “espíritus”.

Estos seres, dentro de las escalas cósmicas, están en un peldaño superior al nuestro, pero nos usan lo mismo que nosotros usamos a los animales. Y, si bien tienen principios éticos, los usan solo entre ellos. Además son más inteligentes que nosotros, disimulan su presencia en el planeta y nos dejan creer que somos nosotros quienes mandamos aquí, cuando, en realidad, globalmente hablando, solo hacemos lo que ellos quieren que hagamos; y, de hecho, nos tienen programados para ello. El lector tiene que reflexionar sobre el hecho de que –si es creyente cristiano-, en su religión se admite como algo incuestionable la existencia de estos seres y, de hecho, los vemos a lo largo de la Biblia interfiriendo constantemente en la vida de los hombres; y si no es creyente tiene que resultarle muy extraño que semejantes personajes aparezcan en todas las literaturas y en todas las culturas de todos los tiempos, con toda suerte de nombres.

Otro hecho que debe hacernos reflexionar es la espantosa historia humana. Ésta es, más que nada, un conjunto de disparates y salvajadas llevadas a cabo concienzuda y recalcitrantemente. Es una guerra permanente de unos contra otros y de todos contra todos, basada en principios “muy serios” y, a veces, “sagrados”, como son las religiones, las patrias, las diversas razas, el honor, etc., dando como resultado final ríos de sangre y una auténtica montaña de muertos.

¿Por qué el ser “más inteligente” del planeta se comporta de una manera tan bárbara y no es capaz de vivir en paz consigo mismo? Porque a estos seres (que son los auténticos dueños de este mundo) les interesa que los hombres peleen entre ellos. Estos seres son las entidades que se manifiestan en todas las apariciones. Ellos son las diferentes “vírgenes” que han estado apareciendo por siglos. No obstante, ¿por qué a veces se manifiestan positivamente y a veces negativamente? Porque ellos, en sus manifestaciones, atienden principalmente sus intereses, y no a los nuestros. Vienen a por lo que les interesa y prescinden de si nos perjudica o nos beneficia.



El próximo paso es conocer por qué se aparecen, saber qué es lo que buscan cuando se manifiestan en nuestro mundo:

1)    Cierta energía sutilísima que produce el cerebro humano. El cerebro produce no solo las ondas que se pueden ver en los electroencefalógrafos, sino también muchísimas más, de unas frecuencias y de unas longitudes variadísimas. Estas ondas constituyen la actividad psíquica del cerebro, pero esta actividad psíquica es tan física como la energía cinética, y no es “espiritual”, en el sentido que a esta palabra suele dársele. Los seres inteligentes que se manifiestan en las apariciones pueden captar estas ondas con gran facilidad, les producen un placer especial y la utilizan de alguna manera que nos es desconocida.

2) Preferentemente, la energía de muchos cerebros simultáneamente (que       deben estar lo más apiñados que sea posible), para así poder sumar las energías de todos. La estrategia que han usado siempre los “dioses” que nos dirigen desde las sombras ha sido la de erigir los templos y santuarios en los que se reunían los devotos. En los tiempos modernos, cuando la asistencia a iglesias y santuarios ha descendido notablemente, la estrategia que los “dioses” han utilizado para reunir a los humanos son los campos de deportes, y especialmente los estadios. Y esto domingo tras domingo en el mundo entero.

3) Cerebros que no se hallen en reposo o en funcionamiento normal, sino       excitados por alguna emoción fuerte y, sobre todo, por algún dolor.             Tienen que estar ansiosos, angustiados, expectantes, eufóricos y, mejor     aún, llenos de ira, dolor y miedo. El dolor parece ser lo que más propicia la producción de esas ondas cerebrales, aparte de que se puede                 conseguir más fácil y rápidamente. En los estadios los hombres no solo       están apiñados, sino que con mucha frecuencia están eufóricos y, más       aún, excitados, angustiados y llenos de ira. En cuanto a los santuarios,       hay una mezcla de fervor, expectación, temor reverencial, tedio, hastío, e incluso rechazo y miedo por las amenazas de castigos eternos.


Las religiones han causado a la humanidad mucho más dolor que alegría y se puede decir que, en gran parte, han sido la causa del estancamiento cultural, social y tecnológico de muchos pueblos del mundo. En lo que a las apariciones se refiere, es bastante ordinario que los videntes se conviertan en seres sufrientes. La insistencia enfermiza de todas las “vírgenes” en demandar sacrificios, penitencia y dolor, es algo que tiene que hacernos sospechar.

La gran conclusión a la que indefectiblemente debemos llegar es que la entidad que se manifiesta es una energía inteligente o un conjunto de ellas, tienen algún grado de personalidad, tanto los videntes como los acompañantes proporcionan a estas entidades una energía suplementaria para hacer su presencia más palpable entre nosotros.

A estas inteligencias, o seres de otros niveles de existencia, no les es difícil manipular la materia y producir fenómenos atmosféricos. En el fenómeno OVNI (que es otra manera que tienen de manifestarse) los producen constantemente y de mil formas diferentes. Los milagros se realizan para que acudan multitudes, y las amenazas de castigos terribles para la Humanidad, la exigencia de penitencia y sacrificios y el tono doliente y atormentado de algunos videntes sirven para que reine en el lugar un clima de ansia y de angustia. Millones de fieles ingenuos y llenos de buena voluntad acuden pensando que están en presencia de algo divino.

Lo que se deduce de todo lo dicho es que en vez de correr ingenua y gregariamente a los lugares donde haya apariciones o donde sucede cualquier fenómeno extraño, para caer de rodillas en adoración o para convertirse en uno más de la manada de boquiabiertos papanatas, lo que tenemos que hacer es fortalecer nuestro psiquismo y nuestra personalidad, no solo contra estos intrusos del más allá, sino contra los grandes manipuladores de la conciencia y de las mentes de acá, que han convertido a gran parte de los humanos en auténticos gusanos, seguidores inconscientes y ciegos de sus “líderes” y de sus ídolos: líderes políticos, líderes religiosos, ídolos deportivos y musicales.

Salvador Freixedo – Las Apariciones Marianas


miércoles, 2 de octubre de 2013

Sobre los Extraterrestres que nos visitan desde siempre


Es esta una escueta selección de entre las múltiples señales que nos dejaron los antiguos de que hemos sido visitados, desde siempre, por seres no terrestres. Ya sean mensajes en piedra, grabados en roca, dibujos y jeroglíficos, relatos y leyendas, no hay prácticamente lugar del mundo que no posea una antigua tradición de “dioses” -ya que dado su enorme poder nuestros antepasados no podían o no querían denominarlos de otra manera- venidos del espacio en diversos artilugios. Bien fuera a continuación de alguna tremenda catástrofe natural que hubiera diezmado la población y arrasado su cultura, con el fin de proporcionarles la tecnología y conocimientos que les permitiera rehacer la civilización y, al mismo tiempo también, cruzarse con la raza humana para potenciar una determinada evolución genética, bien con la intención de supervisar el progreso generado en determinada población, tanto material como espiritualmente, las pruebas de su venida son abundantes.


Ángeles o demonios, ¡no lo sé!, en cualquier caso nos hablan asimismo de espléndidas batallas entabladas por ejércitos celestes de bandos rivales en la Tierra, quizá por conseguir la supremacía y el control de esos nuevos seres creados a su imagen y semejanza pero, ¿de cuál de ellos? En efecto, vemos por todas partes del globo relatos y estelas de seres venidos de Sirio y las Pléyades principalmente y, decididamente, humanoides como nosotros, enfrentados a otras razas de fines más oscuros, como los llamados “reptilianos”. Sea como fuere estos reptilianos, asociados con el símbolo de la serpiente o el dragón, puede que no fueran sino seres protegidos por escafandras, cascos y trajes espaciales en un ambiente hostil para ellos y que, al acomodarse, se despojaban de sus atuendos igual que la serpiente cambia de piel. En la mayoría de los casos, aparecen ante los hombres en discos llameantes, esferas tronantes, nubes  relumbrantes, provistos de ingenios alados y con armas mortíferas, decididamente tachados de “dioses”.



Como nos advierte Andreas Faber Kaiser, “muchas alusiones a sucesos tradicionalmente interpretados como divinos pueden perfectamente referirse a hechos propios de un plano superior al terrestre actual, pero no directa ni necesariamente divinos”. El impacto generado en aquellas poblaciones llevó a adorarlos y dejar constancia de ello a la hora de erigir sus templos. Por eso, continúa el autor diciendo que: “es posible que el templo no sea la ingenua morada destinada a los dioses para cuando éstos decidan volver a visitar algún día la Tierra, sino el modelo gráfico que nos indica que construyendo “algo” similar podemos, llegados al nivel tecnológico correspondiente, evadirnos de la Tierra en los templos (=astronaves) como ellos demostraron podían hacer con sus naves (divinas=moradas divinas =templos), y entrar en contacto con “ellos, con los no terrestres”.



Son muchos los investigadores serios que se mueven en este terreno, como puntualiza Modest Agrest, “a los primitivos habitantes de nuestro planeta los visitantes cósmicos les debieron parecer provistos de un poder sobrenatural. Si presumimos que estos “dioses” salieron de una máquina (una astronave), ello nos induce a pensar que se hubieran construido templos parecidos a aquellos en la forma; y los templos son propios a todas las religiones y a todas las culturas”.

Es posible que cúpulas, minaretes, menhires, dólmenes, pirámides, pináculos en forma de campana, taulas y talayots, los Trulli de Apulia, etc., fueran el modo de expresar a las futuras generaciones la llegada en distintas épocas de seres del espacio, de poder extraordinario, que supusieron un enorme avance tecnológico. Muchas de estas construcciones se rematan con una pequeña protuberancia superior que simula la cabina de mando. La descripción más detallada nos la ofrece la Biblia en la visión de Ezequiel, cuando dice: “Y sobre las cabezas “de los animales” había una semejanza “como” de un firmamento, como del centelleo del cristal terrible, extendido arriba, sobre sus cabezas… y encima del firmamento que había sobre su cabeza había como la apariencia de una piedra de zafiro, “sobre ella” la semejanza de un trono y, sobre, ella, la semejanza de un hombre arriba… Y lo vi, y caí sobre mi rostro, y oí la voz de uno que hablaba…”. (Más detalle en una entrada anterior: Los dioses del Antiguo Testamento)

                                Esquemas de pinturas rupestres de la zona franco-cantábrica

En los intentos de representación, a veces se nos muestra un corte transversal de la nave, para que veamos como era por dentro. Un ejemplo significativo de ello es la imagen representada en la famosa losa del templo de Palenque que, a todas luces, representa un ser de aspecto humano tripulando una especie de cohete. Otro ejemplo destacado es la imagen de Buda encerrado dentro de algo parecido a una nave cupular que encontramos en la sala nº 26 del templo indio de Ajanta. Similar al módulo de aterrizaje lunar del proyecto Apolo, nos encontramos con la cabeza de una figura del príncipe Xochipilli, de la cultura mixteca. Curiosa es la representación de la enigmática “campana” norvietnamita, provista de patas, con signos solares y tridente, y un ser en su interior que maneja utensilios. No menos significativas son las representaciones tanto del dios barbudo Quetzaltcoatl como de Kukulkán, serpientes emplumadas aztecas y mayas respectivamente, cuyas cabezas surgen de la cabeza de un reptil o un óvalo en forma de ojo de buey con un extraño casco. Igualmente portan armas irreconocibles así como una “segunda piel” emplumada y con botas o escafandra.

                      Relieve en un templo egipcio

Otras muestras son, entre otras muchas, la famosa cabeza del “Caballero del Águila” azteca; el misterioso astronauta etrusco del Museo de Asís; los relieves de Tassili, en Argelia, en el “periodo marciano”, cabezas ocultas en cascos espaciales; muy similares son los relieves en piedra en Valcamónica, donde se ve claramente la cabeza dentro de un casco; los llamados “espaciales” australianos, llamados wondjina, pinturas realizadas por “otra raza”, y que muestran seres sin boca; el jaguar humanoide de la “Cultura de la Venta”, en Tabasco, con los típicos flequillos solares que figuran el vuelo, sobre lo que parece ser un cubrecabezas; el humanoide con escafandra del valle del Cauca, en Colombia, que empuña dos cetros en espiral; diversas representaciones de la cerámica nazca, en Perú; la cabeza que asoma por la boca de una serpiente, muy representada en Xochicalco, Tula o Chichén Itzá; el “guerrero de Teotihuacán”, con su extraño casco provisto de oculares, una especie de “mono” y botas, empuñando extrañas armas; el mismo sentido pueden tener las cabezas con una especie de casco y cubreorejeras erigidas en la isla de Pascua;
las estatuillas “dogu” japonesas, con perfectas y detalladas escafandras; especialmente realista es también la denominada “cruz universal” mexicana, en cuyo centro está el dios del fuego, portando armas desconocidas y lanzando rayos en todas direcciones; numerosas son las descripciones y representaciones de las naves voladoras “vimanas”, en el Ramayana, con cruentos combates celestes. Aquí se nos habla del “carro celeste de Rama, que se movía por sí solo y era grande, y estaba bien pintado. Tenía dos pisos, muchas habitaciones y ventanas. El carro celeste, que posee una fuerza admirable, alada de velocidad, dorado en su forma y en su esplendor, ascendió envuelto en humo y destellos flameantes”. Ravana, enemigo mortal de Rama “voló sobre los adversarios haciendo caer ingenios que causaron grandes destrucciones”;
el Panchatantra hindú, contiene el relato de seis jóvenes que construyen un dirigible llamado “Garuda” capaz de despegar, aterrizar, viajar en cualquier dirección, con un sofisticado sistema de control que permitía maniobrarlo con precisión y con toda tranquilidad. (Sobre la tradición de los dogones de Malí, ver la entrada: “Los dogones: nosotros aquí y nuestros primos a 9 años luz”).

Crónicas y relatos de avistamientos y aterrizajes de lo que hoy denominamos OVNI son innumerables y universales desde tiempos remotos. Citemos solo algunos de ellos.

En el poema Li Sao del S.III, Chu Yuang nos habla de un viaje aéreo sobre Asia. Estando arrodillado ante la tumba del emperador Chun apareció “un carro de jade tirado por cuatro dragones”. Yuan subió al aparato y voló a gran altura a través de China, en dirección a la cordillera de Kun-Lun. Por la misma época, el gran pensador chino Chuang-Tsu en “Viaje hacia el Infinito”, narra cómo había subido en el espacio a 53.000 kms. de altura a lomos de un fabuloso pájaro de dimensiones enormes.



En Birmania encontramos a Puluga, el ser supremo que “tiene el trueno por voz y el viento por aliento, y que baja a la Tierra a traer prosperidad. En Nigeria, M´Chimba-M`Chamba “enciende y agita el mundo” para inducir luego a los hombres a hacer fértil el suelo. Para los antiguos lituanos la divinidad suprema es Perkunas, provocador del rayo y el trueno, que está representado por un hombre maduro con rayos sobre la cabeza. En Ugarit, Baal, cuyo nombre específico es Hadad “el señor del trueno, del rayo, de las aguas celestes, el que cabalga las nubes”. El Chilam Balam nos habla de “seres ascendidos del cielo en naves voladoras, dioses blancos que vuelan en unos discos y alcanzan las estrellas”. Los pagalangos maoríes dicen que grandes hechiceros llegados del cielo, tras una breve estancia, emprendieron el vuelo en sus naves prometiendo volver. Entre los algonquinos de Canadá descendió un dios llamado Glooskap, quien los instruyó en muchas técnicas de construcción, de cultivo y de caza, liquidó a sus enemigos y operó varias curaciones milagrosas. Prometió volver, pero no lo hizo, por lo que lo recuerdan para siempre como el “dios embustero”. Igualmente los tupis de la Amazonia esperan el regreso de su héroe solar, pero exclaman: ¿Por qué no vuelves, hijo del cielo y el viento?. El inca Tupac Yupanqui, respecto a las esculturas-relieves de Marcahuasi afirma que “las crearon los blancos venidos de las estrellas y las esculpieron a semejanza suya y a la de los extranjeros que viven en las cuatro partes del mundo”.



También durante el Imperio Romano abundan las descripciones de extraños soles o luces en el cielo, acompañados de fenómenos atmosféricos. Plinio el Viejo comenta sobre trazos brillantes surgidos de improviso: “tres lunas aparecieron simultáneamente durante el consulado de J. Domicio y J. Fannio. Una chispa que cayó de una estrella se hizo mayor a medida que se acercaba a la Tierra y, después de alcanzar el tamaño de la Luna, difundió la luminosidad de un día nublado, para retirarse luego en el cielo en forma de antorcha”. “En el consulado de J. Octavio y C. Escribonio se han visto estrellas que se trasladan en todos los sentidos, sin que se levantaran vientos impetuosos”. “Durante el consulado de L. Valerio y J. Mario, un escudo ardiente atravesó el cielo al ponerse el sol, de Occidente a Oriente, despidiendo chispas”.



En la obra de Julio Obsequens, el S.IV, se reseña, entre otras, tres misteriosas lunas que se hicieron visibles en el cielo de Rimini y después en varias regiones italianas. “Tres soles brillaron al mismo tiempo aquella noche y varias estrellas atravesaron volando el cielo en Lanuvio”. En Capua “se vio el sol por la noche” y en Formia “aparecieron dos soles durante el día”. En la isla de Cefalonia “pareció como si una trompa sonara en el cielo, y cayó una lluvia de tierra”. “Algo así como un sol brilló de noche sobre Pésaro”. En la Galia “se vieron tres soles y tres lunas”. Cerca de Spoleto “una bola de fuego de color oro rodó hasta el suelo, pareció que aumentaba de tamaño y, luego, que se movía por el terreno hacia Oriente, y era tan grande que escondía el sol”.

Elio Lampidio, durante el imperio de Cómodo, dice que un objeto brillante y muy visible atravesó el cielo. Según Herodiano “acaecieron muchos prodigios en estos tiempos, se veían de continuo y a pleno día estrellas suspendidas en el aire”. Suetonio afirmó que después de la muerte de César, un cometa brilló durante siete días. Muy desconcertante es una moneda acuñada por el emperador Pertinax, sucesor de Cómodo, donde aparece un globo con cuatro antenas, diferente a las habituales representaciones solares.



Durante la Edad media son también numerosos los “avistamientos”. San Gregorio de Tours afirma que “un globo muy luminoso sobrevoló el territorio franco en el año 583”. Los Annales Laurissenses concretan que “en el año 776 escudos volantes parecieron guiar a los sajones cuando asediaban en Sigiburgo a los caballeros de Carlomagno”. Asímismo, en las Crónicas Anglosajonas, “poderosos, aparecieron en el año 793 sobre Northumbria, espantando a los habitantes. Eran resplandores excepcionales, semejantes a lámparas, y se vieron dragones rojos volar por el aire”. El Flores Historiarum, del benedictino Roger de Wendover, cuenta que “en el año 796, pequeños globos que evolucionaban en torno al sol fueron vistos en varias partes de Inglaterra”. Eginardo, el secretario y biógrafo de Carlomagno, recuerda que en el año 810, encontrándose en camino hacia Aquisgrán, “vio descender un gran globo fulmíneo del cielo. Se dirigía de Oriente a Occidente, con un resplandor que hizo encabritarse al caballo del monarca, quien cayó y se hirió gravemente”.


En definitiva, tienen hoy poco o ningún crédito aquellos escépticos que definen los avistamientos de naves voladoras como simples “alucinaciones colectivas u otros efectos meteorológicos comunes”. Salvo en casos aislados de histerismo personal o afán de notoriedad, como el caso del célebre Adamski en su vuelo espacial hacia Ganímedes, y muchos otros que aplicando la duda razonable pueden entenderse como ilusiones ópticas, engaños o fenómenos naturales, aún queda un enorme número de casos y vestigios del pasado, así como experiencias presentes, que no pueden atribuirse en modo alguno a dichas causas y sí, con toda lógica, a seres venidos de otros mundos dotados de una tecnología muy avanzada. El propio programa de “desclasificación OVNI” estadounidense, creado específicamente para desacreditar el asunto extraterrestre, no puede por menos que afirmar, abrumado, que al menos un diez por ciento de los casos estudiados no tienen explicación natural, fraudulenta o científica. Dios-hombre-pájaro, seres con escafandras, luces y serpientes centelleantes, carros de fuego o dragones alados… ¿cómo podía ser representada de otro modo una criatura venida del cielo?



Algunas de las fuentes consultadas:

Peter Kolosimo – Astronaves en la Prehistoria.
                        No es terrestre.
Andreas Faber Kaiser – Sacerdotes o Cosmonautas
Maurice Chatelain – Nuestros ascendientes llegados del cosmos.
                            Espacio y Tiempo.
Andrew Tomas – No somos los primeros.
J.J. Benítez – Existió otra humanidad
Michael Granger - ¿Terrestres o extraterrestres?