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jueves, 7 de enero de 2016

Dulce sabiduría en pequeñas dosis

Una de esas ocurrencias que por banales nos pasan desapercibidas es la de presentar frases y reflexiones ciertas y profundas en una de las caras de los sobrecitos de azúcar. Mientras disfrutamos de un café o una infusión, en ese momento de pequeña desconexión de los problemas cotidianos que se produce al batir la cucharilla en el caliente líquido, habitualmente acompañados del estruendoso ambiente de una cafetería cualquiera, se nos pone a nuestro alcance una pizca de sabiduría de algún notorio o genial personaje. Mientras en la otra cara del sobre nos observa en blanco y negro su autor u otra imagen apropiada, vemos aparecer directas y concisas verdades, pero de un gran poder de penetración en nuestra psique, así que está de receptiva en ese preciso momento. Inmediatamente capturamos el mensaje; a veces contrario a la lógica o a lo ya sabido, está oculto y a la vez revelado en esas pocas palabras. Meditamos y nos complacemos en él, como del aroma de nuestra taza humeante.

No sé quién tuvo tal lúcido chispazo, pero debería otorgársele un hueco en la relación de ideas brillantes, al menos un pequeño reconocimiento por regalarnos, en el momento oportuno, el poder del pensamiento puro.




Éstas son algunas de ellas:


“Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas”.

“Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del universo no estoy seguro”. Albert Einstein


“La ventaja de tener mala memoria consiste en que se goza muchas veces con las mismas cosas”. Friedrich Nietzsche


“La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y después los remedios equivocados”.

“Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna”.

“Es mejor estar callado y parecer idiota que hablar y despejar las dudas definitivamente”. Groucho Marx


“La ciencia no nos ha enseñado aún si la locura es o no lo más sublime de la inteligencia”. Edgar Allan Poe


“Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces, pero no hemos aprendido el arte de vivir juntos, como hermanos”. Martin Luther King


“La violencia es el miedo a los ideales de los demás”. Mahatma Gandhi


“El amor es Física, el matrimonio Química”. Alejandro Dumas


“La vida sería imposible si todo se recordase. El secreto está en saber elegir lo que debe olvidarse”. Roger Martin du Gard


“Envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena”. Ingmar Bergman



“La mayor muestra de valentía es ver a un gran hombre luchar contra la adversidad”. Séneca

“Mi felicidad consiste en que sé apreciar lo que tengo y no deseo con exceso lo que no tengo”. Leon Tolstoi

“¿Qué es el éxito? Un hombre tiene éxito cuando se levanta por la mañana y se acuesta en la noche, y en medio del día hace lo que le gusta”. Bob Dylan


“Procura instruirte mientras vivas, no creas que la vejez trae consigo la razón”. Solón

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Más de Gandhi

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Dejé que mis amigos dijeran que la verdad y la no violencia estaban fuera de lugar en la política o en las demás cuestiones temporales. Pero no comparto tal opinión. No utilizo esos métodos para asegurar mi salvación personal. Trato de recurrir a ese principio en todas las situaciones de mi vida cotidiana.

La no violencia no es una vestimenta que uno se pone y saca a voluntad. Su sede se encuentra en el corazón, y debe ser una parte inseparable de nuestro ser.

En nuestra condición actual -nos enseña la doctrina hindú- no somos más que mitad hombres. La parte inferior de nuestro ser todavía es animal. Sólo el dominio de nuestros instintos mediante el Amor puede sujetar a la bestia que existe en nosotros.

En la no violencia, las masas humanas tienen un arma que le permite a un niño, a una mujer e inclusive a un hombre decrépito, resistir exitosamente al gobierno más poderoso. Si tu espíritu es fuerte, la simple carencia de fortaleza física deja de ser una desventaja.

La historia enseña que nos vemos agobiados por los males que sufren los vencidos cuando son oprimidos brutalmente, aun con las mejores intenciones, cuando se encuentran bajo el fardo de la miseria.
 
A la dignidad humana se la preserva mejor no mediante el desarrollo de la capacidad para manejar la destrucción, sino por el rehusarse a la represalia. Es posible entrenar a millones en las oscuras artes de la violencia, lo cual viene a ser la ley de la bestia. Resulta más factible capacitarlos en las artes claras de la no violencia, que es la ley del hombre regenerado.

En nuestro estado actual somos en parte hombres y en parte bestias. En nuestra ignorancia, que llega inclusive a la soberbia, sostenemos que cumplimos acabadamente el fin de nuestra especie cuando devolvemos golpe por golpe, y desarrollamos la ira requerida por dicho propósito. Suponemos que la represalia es la ley de nuestro ser, pero en ninguna escritura encontramos que la venganza sea obligatoria sino que apenas es permisible. Lo obligatorio es la restricción.

Observo con gran temor un incremento del poder político del estado, porque aun cuando aparentemente actúe bien reduciendo la explotación, le causa un enorme daño a la humanidad pues destruye la individualidad que existe en la raíz de todo progreso.

El estado ideal es aquel en que no hay ningún poder político, en virtud de la desaparición del estado. Pero en la vida nunca se realiza por completo el ideal. De ahí la afirmación tan conocida de Thoreau, de que el mejor de los gobiernos es aquel que gobierna menos.

martes, 29 de marzo de 2011

Palabras de Gandhi

Religión

Ningún hombre puede vivir sin religión. Hay algunos
que en el egotismo de su razón declaran que
no tienen nada que ver con la religión. Esto es como
si un hombre dijera que respira pero que no tiene nariz.
Sea por la razón, por el instinto o por la
superstición, los hombres establecen alguna - suerte
de rela-ción con lo divino. Incluso el agnóstico o
ateo más acabado admite la necesidad de un principio
moral y asocia algo bueno al hecho de observarlo
y algo malo con su no-observancia.


Las religiones son caminos diferentes que convergen
al mismo punto. ¿Qué importa que tomemos
vías diversas en tanto lleguemos a la misma meta?
En realidad, hay tantas religiones como individuos.


Si logramos la visión total
de la Verdad, ya no seremos meros buscadores
de la Verdad sino que nos uniremos a Dios porque
la Verdad es Dios. Pero como aún solo somos gente
que ansía la Verdad debemos proseguir nuestra
búsqueda, conscientes de nuestra imperfección. No
hemos aprehendido la religión en su máxima perfección
así como no hemos aprehendido a Dios. La
religión que concebimos, al ser imperfecta, estará
siempre sujeta a un proceso de evolución y reinterpretación.
El progreso hacia la Verdad, hacia
Dios, se hace posible sólo a través de esa evolución.
Y si todas las creencias que los hombres delinean
son imperfectas, no cabe el problema de los méritos
comparativos. Todas las creencias constituyen una
revelación de la Verdad, pero todas son imperfectas
y están sujetas a error. La reverencia que nos merecen
las religiones no debe cegarnos a sus defectos.
Asimismo, debemos ser agudamente sensibles a los
errores de nuestra fe, no para dejarlos tal como están
sino para tratar de superarlos. Observando las
religiones con ojo imparcial no sólo no debemos
vacilar en incorporar a nuestra fe los rasgos aceptables
de las otras creencias sino, por el contrario,
pensar que ése es nuestro deber.


Tal como un árbol tiene un sólo tronco y muchas
ramas y hojas, existe una sola religión perfecta
y verdadera que se multiplica en una diversidad al
pasar a través de la mediación humana. Esa Religión
única está más allá de las palabras. Hombres imperfectos
la pusieron en el lenguaje que manejaban y
sus palabras son interpretadas por otros hombres
igualmente imperfectos. ¿Cuál de las interpretaciones
habremos de sostener que es la correcta? Cada
uno está en lo cierto desde su punto de vista pero
no es imposible que todos estén equivocados. Tal es
la razón de que sea necesaria la tolerancia, que no
significa indiferencia por la propia religión sino un
amor más puro e inteligente por ella. La tolerancia
nos brinda la percepción espiritual que está tan lejos
del fanatismo como el polo norte lo está del sur. El
conocimiento verdadero de la religión quiebra las
barreras que se alzan entre las creencias.


Existe un Poder indefinible y misterioso que todo
lo penetra. Lo siento aunque no lo vea. Este Poder
oculto que se hace sentir desafía, sin embargo,
todas las pruebas porque es completamente distinto
a todo lo que percibo a través de mis sentidos. Es
un Poder que trasciende los sentidos.
No obstante es posible demostrar, hasta cierto
punto, la existencia de Dios. Aun en los asuntos
cotidianos sabemos que la gente en general no sabe
quién gobierna ni por qué y tampoco cómo gobierna.
Sin embargo saben que, sin duda, hay un poder
que gobierna.


Amor y No-Violencia

He sugerido en estas columnas que la mujer es
la encarnación del ahimsa. El ahimsa entraña un
amor infinito, que a su vez implica una infinita capacidad
de sufrimiento. ¿Quién sino la mujer, la
madre del hombre, es capaz de demostrar esta capacidad
en su más alta expresión? La demuestra
cuando lleva en sí al niño y lo alimenta durante nueve
meses, extrayendo alegría del sufrimiento que eso
implica. ¿Qué puede sobrepasar al sufrimiento causado
por los dolores del parto? Sin embargo la mujer
los olvida en la alegría de la creación. ¿Quién, de
nuevo, sufre cotidianamente para que el bebé crezca
día a día? Hagamos que transfiera ese amor a la humanidad
entera, hagamos que olvide que siempre
fue y continúa siendo objeto de la lujuria del hombre,
y ocupará un orgulloso lugar junto al varón
como madre suya, su artífice y conductora silenciosa.
A ella se le ha dado el don de enseñar el arte de
la paz a un mundo en guerra, sediento de ese néctar.


No es verdadera la no-violencia si amamos meramente
a quienes nos aman. Es realmente no-violencia
cuando amamos a quienes nos odian.

La no-violencia es un estado perfecto. Es una
meta hacia la que se dirige la humanidad de manera
natural pero inconsciente. El hombre no se vuelve
divino por personificar la inocencia: solo entonces
se convierte realmente en hombre. En nuestro estado
presente somos en parte hombres y en parte
bestias; en nuestra ignorancia, que llega incluso a la
soberbia, afirmamos que cumplimos acabadamente
el fin de nuestra especie cuando devolvemos golpe
por golpe y desarrollamos la ira que ese propósito
requiere. Pretendemos que la represalia es la ley de
nuestro ser, siendo que en ninguna escritura encontramos
que la venganza es obligatoria sino que solo
es permisible. Lo obligatorio es la restricción. La
represalia es una lenidad que requiere una regulación
elaborada. La sujeción es la ley de nuestro ser,
dado que la perfección más elevada es inalcanzable
sin el más grande freno. El sufrimiento es, entonces,
lo distintivo del grupo humano. La meta se aleja
siempre de nosotros. Cuanto más se avanza, más
reconocemos nuestra indignidad. La satisfacción
reside en el esfuerzo, no en el logro. El esfuerzo
acabado es la victoria completa.

La no-violencia no es "la renuncia a toda lucha
real contra la maldad". Por el contrario, la no-violencia
que concibo es una lucha más real y activa
contra la maldad que la represalia, que por naturaleza
incrementa el mal. Lo que pretendo es una oposición
mental, y por la tanto moral, a las
inmoralidades. Lo que procuro con todo afán es
mellar el filo de la espada del tirano, no levantando
contra ella un arma más afilada, sino defraudando
su expectativa de que voy a ofrecerle resistencia física.
La resistencia del alma que voy a ofrecerle ha de
esquivar la espada del tirano. Al principio eso lo
ofuscará pero en definitiva lo ha de constreñir al
reconocimiento, reconocimiento que no lo humillará
sino que ha de elevarlo.