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miércoles, 27 de febrero de 2019

Biblioteca Maestros Espirituales (3): Coomaraswamy, A.K., Mircea Eliade y Renè Guenon



En esta ocasión os dejo una buena colección de textos de los tres máximos divulgadores de la Espiritualidad y la Metafísica Tradicional del Hinduismo, particularmente, y en general de la Sabiduría Oriental y las Religiones monoteístas. Para aquellos que no estén familiarizados con estas lecturas, recomiendo comenzar con Mircea Eliade, por hablarnos este autor en un lenguaje más asequible y cercano.


Mircea Eliade
https://drive.google.com/drive/folders/1inavgkwztZUjt9MlviLa3PW0mD3q0hfD?usp=sharing

Renè Guenon
https://drive.google.com/drive/folders/1an5F7YYLMzvftXb8Sb32ut_p1ZOYKuDo?usp=sharing

Coomaraswamy, A.K.
https://drive.google.com/drive/folders/16NmxUxouGfP3CY1hSJDNjE11Mr65agVF?usp=sharing



miércoles, 28 de diciembre de 2016

Morimos y renacemos a cada instante; no hay reencarnación (Coomaraswamy)



El “gran dicho” de los Upanishads es “Eso eres tú”. “Eso” es aquí, por supuesto, el Atman o Espíritu, la esencia espiritual, indivisa bien sea transcendente o bien sea inmanente, el motor inmutable. Se presta a todas las modalidades del ser pero él mismo jamás deviene un alguien o un algo. “Eso”, en otras palabras, es el Brahman, o Dios en el sentido general del Logos o del Ser, considerado como la fuente universal de todo ser, fuente de todas las cosas. Todas las cuales están “en” él como lo finito en lo infinito. Aunque no como una parte de él, puesto que lo infinito no tiene partes.

Este Atman, en tanto que eso que sopla e ilumina, es primordialmente el Espíritu, a causa de que él es este Eros divino que es la esencia vivificante de todas las cosas y así su ser real. Se usa también para significar “sí mismo”, bien “uno mismo” en todos los sentidos, o bien con referencia al Sí mismo o Persona espiritual, y debe ser distinguido del “yo” afectado y contingente que es un compuesto del cuerpo y de todo lo que nosotros entendemos por “alma” cuando hablamos de una psicología.



Cada una de estas aparentes definiciones del Espíritu representa la actualidad en el tiempo de una de sus indefinidamente numerosas posibilidades de manifestación formal. La existencia comienza con el nacimiento y acaba con la muerte, jamás puede repetirse. Nada sobrevive excepto un legado; el hombre ha devenido una memoria. Todo el problema del fin último del hombre, la liberación, la beatitud o la deificación es, por consiguiente, un problema de encontrarse a “uno mismo” no ya en “este hombre” sino en el Hombre Universal, que es independiente de todos los órdenes del tiempo y que no tiene ni comienzo ni fin.

Cualquier ser nacido es por completo literalmente una criatura de las circunstancias, un autómata; no se da cuenta de que él es lo que es y hace todo lo que él hace, a causa de que otros antes que él han sido lo que fueron, y han hecho lo que hicieron, y todo esto sin ningún comienzo concebible, un eslabón en una cadena causal de la que no podemos imaginar ni un comienzo ni un fin. 
    A su muerte, el ser compuesto se deshace en el cosmos; no hay nada que pueda sobrevivir como una consciencia de ser. Los elementos de la entidad psicofísica se desintegran y pasan a otros como un legado. Es un proceso que ha estado teniendo lugar a lo largo de la vida, un proceso descrito en la tradición india como el “renacimiento del padre en y como el hijo” vive en sus descendientes directos e indirectos. Esta es la supuesta doctrina india de la “reencarnación”; es la misma que la doctrina griega de la metempsicosis; es la doctrina cristiana de nuestra preexistencia en Adán, y es la doctrina moderna de la “repetición de los caracteres ancestrales”.





¿Necesito decir que esto no es una doctrina de la reencarnación? ¿Necesito decir que ninguna doctrina de la reencarnación, acordemente a la cual el ser y la persona mismos de un hombre que ha vivido una vez sobre la tierra y que ahora está muerto renacerá de otra madre terrestre, ha sido enseñada nunca en la India, ni siquiera en el budismo ni, por supuesto, en la tradición neoplatónica ni en ninguna otra tradición ortodoxa? Tanto en los Brahmanas como en el Antiguo Testamento se afirma con igual rotundidad que aquellos que han partido una vez de este mundo han partido para siempre, y que no han de ser vistos de nuevo entre los vivos.

Desde el punto de vista indio como desde el punto de vista platónico, todo cambio es un morir. Nosotros morimos y renacemos diariamente y a cada instante, y la muerte “cuando llega la hora” es solamente un caso especial. Yo no digo que una creencia en la reencarnación no haya sido mantenida nunca en la India. Digo que una creencia tal, solo puede haber resultado de una mala interpretación popular del lenguaje simbólico de los textos; y que la creencia de los eruditos y los teosofistas es el resultado de una interpretación igualmente simplista y desinformada.

Por “reencarnación” nosotros entendemos un renacimiento aquí del ser y la persona del decedido. Nosotros afirmamos que esto es una imposibilidad, por buenas y convincentes razones metafísicas. La consideración principal es ésta: que si bien el Cosmos abarca un rango de posibilidades indefinido, todas las cuales deben realizarse en una duración igualmente indefinida, el presente universo habrá cumplido su curso cuando todas las potencialidades se hayan reducido a acto, justamente como cada vida humana ha cumplido su curso cuando todas sus posibilidades se han agotado. El fin de una “aeviternidad” habrá sido alcanzado entonces sin lugar alguno para una repetición de los acontecimientos ni para una repetición de las condiciones pasadas. La sucesión temporal implica una sucesión de cosas diferentes. Nosotros podemos hablar de una “migración” de “genes” y llamar a esto un renacimiento de tipos, pero esta reencarnación del carácter de alguien debe ser distinguida de la “transmigración” de su persona verdadera.



Tales son la vida y la muerte del animal racional y mortal. El Vedanta afirma que el único Ser verdadero del hombre es el espiritual y que este ser suyo no está “en” alguien ni en ninguna “parte” de él, sino que solamente se refleja en él. Afirma que este ser no está en el plano de él ni está en modo alguno limitado por su campo, sino que se extiende desde este campo hasta su centro, independientemente de los recintos que penetra. Lo que tiene lugar a la muerte, entonces, por encima de su desintegración, es una retirada del espíritu del vehículo fenoménico del cual él había sido la “vida”. Nos referimos a la muerte como una “entrega del espíritu”. Así pues, a la muerte, el polvo retorna al polvo y el espíritu a su fuente. Es el espíritu, como lo expresan los textos vedánticos, el que “queda” cuando el cuerpo y el alma se deshacen.

Empezamos a ver ahora lo que se entiende por el gran mandato “Conócete a ti mismo”. Suponiendo que nuestra conciencia de ser ha sido centrada en el espíritu, cuanto más completamente hemos “devenido lo que nosotros somos”, o “despertado” antes de la disolución del cuerpo, tanto más cerca del centro del campo será nuestra próxima aparición o “renacimiento”. A la muerte, nuestra consciencia no va a ninguna parte donde ella no esté ya.


Ananda Kentish Coomaraswamy – El Vedanta y la Tradición Occidental

viernes, 23 de octubre de 2015

Shiva, Dionisos y Jesús; tres caras de un mito (Alain Daniélou)





El mensaje de Jesús se opone al de Moisés y, más tarde, al de Mahoma. Era un mensaje de liberación y de revuelta contra un judaísmo convertido en monoteísta, desecado, litúrgico, fariseo, puritano. El cristianismo, en su forma romana, se opuso inicialmente a la religión del Estado. No sabemos gran cosa sobre las fuentes de las enseñanzas de Jesús ni sobre los años transcurridos “en el desierto”, mirando hacia Oriente. El mito cristiano parece muy vinculado a los mitos dionisíacos. Jesús, como Krishna o Dionisio, es hijo del padre, de Zeus, no tiene esposa, solo la diosa madre encuentra un hueco a su lado. La gente que le escucha y que le sigue –sus “bhaktas”– pertenecen al pueblo llano. Su enseñanza se dirige a los humildes, a los marginados. Su rito es un sacrificio. En la leyenda órfica ocupa un lugar relevante la pasión y la resurrección de Dionisio. Numerosos milagros de éste se atribuyeron a Jesús. Los paralelismos entre las dos mitologías son evidentes. Los mitos y los símbolos relacionados con el nacimiento y la vida del Nazareno –su bautismo, su entorno, su entrada en Jerusalén a lomos de un asno, la Cena (rito del banquete y del sacrificio), la Pasión, la muerte, la resurrección, las fechas y la naturaleza de las fiestas, el poder de curar y de transformar el agua en vino– evocan inevitablemente el modelo dionisíaco.

Parece, pues, que la iniciación de Jesús revistió carácter órfico o dionisíaco, y no esenio, como a menudo se ha sugerido. Su mensaje, que representa una tentativa de regreso a la tolerancia y al respeto por la obra del Padre Creador, fue desnaturalizado por completo después de la muerte de Jesús. El cristianismo posterior a ella se opone frontalmente al que el Maestro predicó: imperialismo religioso, intereses políticos, guerras, masacres, torturas, hogueras, persecución de los herejes y negación del placer, de la sexualidad y de todas las vivencias del goce de lo divino. Nada de eso era así al principio. Durante mucho tiempo se acusó a los cristianos de celebrar sacrificios sangrientos, ritos eróticos y orgías. No es fácil averiguar qué fundamente tenían estas murmuraciones. Más tarde volvieron a desencadenarse en lo concerniente a los círculos secretos de carácter místico e iniciático que intentaban resucitar y perpetuar el cristianismo de los orígenes.



Encontramos de nuevo el simbolismo ternario hindú en la base del concepto de la Trinidad cristiana. El Padre representa el principio generador del mismo modo que Shiva representa el Falo. El Hijo es el dios protector que se encarna y desciende al mundo para salvarlo, como Vishnú y sus avatares. El Espíritu Santo, que procede del Padre y del Hijo, es la chispa que une ambos polos y equivale a Brahma (la inmensidad). El Hijo –y lo mismo sucede con Vishnú– tiene muchas cosas en común son Shakti (el principio femenino, la diosa) y representa, por lo tanto, al Andrógino. Su culto se mezcla y confunde constantemente con el de la Virgen Madre. Los esfuerzos realizados por la Iglesia para disimular las fuentes órficas y shivaítas de la doctrina de Jesús han arrinconado en el olvido la verdadera y profunda significación del mito cristiano y desembocado en interpretaciones materialistas y pseudohistóricas carentes de sentido ecuménico.

El politeísmo, sin embargo, aún sigue presente tanto en el mundo católico como en el protestante, cuyos teólogos e ideólogos se han limitado a reemplazar los nombres de los antiguos dioses por los inscritos en el santoral. No existe prácticamente ningún templo cristiano dedicado a Dios. Todos están bajo la égida de la Virgen Madre o de esas divinidades menores a las que llaman santos. En un medio politeísta el cristianismo se funde fácilmente con la religión tradicional, como sucede –por ejemplo– en la India, donde lo mismo se invoca a la Virgen que a Kali, donde se confunden los cultos del Niño Krishna con los del Niño Jesús y donde el espíritu bhûta que se apodera de los participantes en ciertas ceremonias de danza extática toma el nombre de los santos cristianos.



¿Se puede recuperar el mensaje de Jesús? Quizá sí. Para ello sería necesario el retorno a un evangelio mucho menos selectivo y el redescubrimiento de cuanto la Iglesia, cuidadosamente, ha ocultado o destruido en lo tocante a sus fuentes y a su historia, prestando especial atención durante esa tentativa de rescate a los llamados evangelios apócrifos, algunos de los cuales son más antiguos que los canónicos. Eso permitiría regresar a lo que pudo ser la verdadera enseñanza de Cristo, fruto del esfuerzo realizado por éste para adaptar su mundo y su época a la gran tradición humana y espiritual de los cultos shivaítas y dionisíacos. Un Jesús despojado de los falsos valores que a partir de San Pablo rodean y deforman su enseñanza podría reincorporarse con facilidad a dicha tradición. Pero eso, evidentemente, solo podría hacerse al margen de quienes con singular audacia se arrogan el título de representantes de Dios en la tierra y de intérpretes exclusivos de su voluntad. La verdadera religión es la que respeta humildemente la obra divina y su misterio.


Se equivocan quienes piensan que el Occidente moderno es cristiano. Lo fue, sí, en la Edad Media, pero luego dejó de serlo. A partir del año mil, aproximadamente, se difunde por Europa la idea de que el hombre es capaz de dominar el mundo y de rectificar la creación echándole, en cierto modo, una mano a Dios. Esa arrogante conjetura socava la base del cristianismo y la modifica profundamente. Ya nunca volverá a ser una verdadera religión, es decir, una religión ecuménica que se dirija a la totalidad del ser humano integrando a éste en la naturaleza y ayudándole a restablecer sus relaciones con el mundo de los espíritus y de los dioses. El último cristiano cabal, desde este punto de vista, fue san Francisco de Asís. Toda religión es, en principio, un sistema o un modo de aproximarse a los divino. De ahí que una verdadera religión no pueda ser exclusiva ni pretender que tiene el monopolio de Dios, pues la realidad divina es tan polimorfa como los caminos que conducen a ella.


Alain Daniélou - Shiva y Dionisio (la religión de la naturaleza y del eros)

jueves, 29 de mayo de 2014

Joyas de la sabiduría hindú (2)


Considera, alma mía, que no tienes nada que puedas llamar tuyo. Vano es tu errar sobre la Tierra. Dos o tres días y luego concluye esta vida terrena; sin embargo, todas las personas se jactan de ser dueñas aquí. La Muerte, dueña del tiempo, vendrá y destruirá tales señoríos.
Ramaprasad Sen




Este mundo es como un sueño, colmado de amores y odios. En su dimensión brilla como una realidad, pero al despertar se transforma en irreal. Este mundo pasajero brilla como si fuera real, como la plata imaginada en una concha perlífera; es así en tanto no se conozca al Ser, que es la sustancia sin segundo de todo.

Refuerza tu identidad con tu Ser y rechaza al mismo tiempo el sentido del ego con sus modificaciones, que no tienen valor alguno, como no lo tiene el jarro roto.
Shankaracharya



En la lengua del ser humano hay una cuchilla con la que los necios se hieren cuando profieren palabras malignas. Sí, lo hueco resuena y lo pleno es apacible; el necio es una olla a medio llenar y el sabio es un lago.
Samyutta Nikaya



Yo soy distinto del objeto del gozo, del sujeto que goza y del gozo mismo; yo soy el Testigo, hecho únicamente de inteligencia pura, siempre imperturbable.
Kaivalya Upanishad




Tú eres tu último maestro. Tu maestro exterior no es más que una señal indicadora; solo el interior seguirá contigo a lo largo de todo el camino hacia la meta, porque él es la meta.

Sin amor, todo es mal. La vida misma sin amor es un mal.
Nisargadatta



La victoria engendra enemistad. Los vencidos viven en la infelicidad. Renunciando tanto a la victoria como a la derrota, los pacíficos viven felices.

Al que cultiva el amor hacia todos los seres, a ése lo llamo yo noble.

Verdaderamente felices vivimos sin odio entre los que odian. Entre seres que odian, vivamos sin odio.

Desarrolla la meditación sobre la benevolencia, pues con ella se ahuyenta la mala voluntad. Desarrolla la meditación sobre la compasión, pues con ella se ahuyenta la crueldad. Desarrolla la meditación sobre la alegría compartida, pues con ella se ahuyenta la aversión. Desarrolla la meditación sobre la ecuanimidad, pues con ella se ahuyenta el odio.
Dhammapada



Resulta difícil comprender el apaciguamiento de todo lo condicionado, la renunciación a toda sustancia contingente, la extinción del deseo, el desapasionamiento, la cesación y la iluminación.
Majjhima Nikaya



Alta como una montaña, larga como mil leguas, la ignorancia acumulada durante la vida solo puede ser destruida a través de la práctica de la meditación: no hay otro medio posible.
Dhyanabindu Upanishad




En su auténtico estado la mente es clara, inmaculada, no está hecha de nada, sino de vacío, es simple, vacua, sin dualidad, transparente, sin tiempo, no compuesta, ininterrumpida, incolora, no comprensible como cosa separada sino como unidad de todas las cosas; sin embargo, compuesta por ellas, de un solo sabor y más allá de toda diferenciación.
Padmasambhava
  


El mar y sus olas son una unidad: ¿qué diferencia hay entre él y ellas? Cuando se levanta una ola, es de agua, y de agua es al caer de nuevo. ¿Dónde está, pues, la diferencia? ¿Deja de ser agua porque se la llamó ola? Dentro del Ser Supremo existen los mundos como cuentas de un rosario. Contempla este rosario con el ojo de la sabiduría.
Kabir



Trabajad por amor al trabajo. Hay en cada país unos pocos seres humanos que son, realmente, la sal de la tierra y trabajan por amor al trabajo, sin preocuparse del renombre ni de la fama, ni siquiera de ir al cielo. Trabajan simplemente porque de ello resulta el bien.
Vivakananda



El mundo sufre, pero la mayoría de las personas tienen los ojos y los oídos cerrados. No ven la corriente incesante de lágrimas que fluyen durante toda la vida, no oyen los gritos de dolor que constantemente saturan al mundo. Sus propias minúsculas penas y alegrías nublan la vista y ensordecen sus oídos; debido a su egoísmo, sus corazones se han vuelto duros y correosos y, siendo así, ¿cómo podrían conmoverse ante una meta más alta?, ¿de qué manera podrán darse cuenta de que la única forma de liberarse del sufrimiento es liberándose de su egoísmo?

Nyanapoka Thera


lunes, 23 de septiembre de 2013

Despertar a Kundalini, el arte de la transformación espiritual (Sri Aurobindo)


Pero Savitrí contestó al radiante Dios:
“En vano tientas con solitario deleite
dos espíritus salvados de un mundo afligido;
mi alma y la suya indisolublemente unidas
en la sola tarea por la que hemos nacido,
Para elevar el mundo a Dios en luz inmortal;
Para que descienda Dios a la Tierra vinimos,
Para cambiar la vida terrestre en vida divina.

Sri Aurobindo - Savitrí, Libro XI Canto 1








La conciencia del “yo” compromete a la mente en pautas continuas de búsqueda del placer, y esas experiencias del placer desarrollan en ella un afecto por la conciencia sensoria. Entonces la mente deambula y pierde su foco central; la mente que “no está centrada”, queda atrapada por los objetos del mundo sensorio, que es un juego de elementos y gunas, moviéndose sin objetivos por placer y codicia en el océano del samsara. Una mente impura –o una mente no centrada atrapada por los deseos- crea ataduras, y si no se consigue la pureza de la mente mediante la práctica constante de la concentración, permanece la conciencia del “yo”, incluso después de abandonar el cuerpo. Habita entonces en diferentes planos. Estos planos están directamente conectados con el cuerpo humano por medio de los chakras.

Cuando mediante la práctica de cualquier tipo de yoga se va más allá de los elementos, se realiza tapas (austeridad) y se purifica la mente, se produce la transformación de la conciencia sensoria…; se experimenta el otro aspecto del ser, en el que la mente está totalmente distanciada del mundo sensorio y no piensa, desea ni quiere. En este aspecto, la “yoidad” se fusiona con la conciencia suprema y permite alejarnos del ciclo de nacimiento y muerte. Esa aspiración a la Liberación será función del descubrimiento y de la "realización" del atman presente en lo más íntimo de nosotros mismos, aspiración a la Unidad, al Absoluto.

El Ser se vuelve no adquisitivo, limpio, contento y observador neutral de la vida y su psicodrama. La piedad, la honestidad, el perdón y la firmeza enriquecen su vida, que experimenta una fuerza interna esplendorosa y divina que elimina la carga de la conciencia corporal. Consigue un control completo de su respiración y su mente, pero, sin embargo, puede volver a nacer si la tarea de la autorrealización –que es la función de la “yoidad” con la conciencia suprema– no se ha conseguido. Se nace entonces como asceta, yogui, avatara, bodhisattva o profeta. Se ha ido más allá de los elementos; pero todavía hay que ir más allá de los gunas, y esto solo es posible mediante la práctica de despertar a Kundalini. Kundalini es la energía espiritual que yace dormida en el chakra muladhara, también llamada “fuego serpentino” ó “serpiente ígnea”. 




Kundalini es la energía que apoya la vida y la conciencia mientras está enroscada, pero cuando se despierta produce una supraconciencia espiritualizada. La mente sensoria se transforma en mente pura, absorbida por la corriente que fluye en la forma de “Kundalini shakti”. La mente va más allá de todos los contrarios y realiza el ser puro, sin cambios, la única verdad en la forma del “nirvikalpa samadhi”.

La principal función de la serpiente ígnea es que al pasar por los centros dinámicos, los vivifica y constituye en puerta de tránsito entre los cuerpos físico y astral. Cuando la serpiente ígnea llega al sexto centro confiere al hombre la facultad de oír la voz del Maestro, que en este caso significa la voz del ego o Yo superior; despierta la Visión astral y, una vez en plena actividad, la Clarividencia. Así, el cuerpo pituitario forma un perfecto enlace con el vehículo astral, de modo que por él pueda percibirse toda comunicación interna.


El gran problema va a ser despertar a esta serpiente, lo que, en lenguaje simbólico, significa tomar consciencia de la presencia en nosotros de la potencia cósmica (shakti) y comenzar a utilizarla para el progreso espiritual. Para lograrlo, el yogin va a tener que movilizar toda la fuerza de que es capaz desde que ha alcanzado el estadio en que puede practicar la meditación trascendental. Adoptando la postura que sea mejor para él, cierra una tras otra las ventanas del cuerpo y concentra la atención en un solo punto. En este momento, la actividad mental está totalmente suspendida, y toma su relevo la buddhi que refleja la luz del Atman. Así iluminada, la voluntad supraconsciente del adepto se aplica sobre el aliento inhalado y es conducido hasta la base del tronco e introducido, por el canal de Ida o de Pingala, en la caverna que mora la Kundalini. La llegada del prana provoca un brusco avivamiento del fuego interior; debe, pues, ascender ese aliento, vivificado por ese mismo fuego interior, avivando y despertando el funcionamiento de los distintos chakras. El ascenso de la Kundalini hará abrirse los lotos y permitir a las energías latentes manifestarse con todo el poder de que son capaces. También se puede decir que la Kundalini debe “romper” o “atravesar” los chakras (obstáculos) para llegar hasta el séptimo centro.

Esta plena realización de una virtualidad es, al mismo tiempo, su aniquilamiento, ya que se trata de superar un estadio en el que se correría el riesgo de complacerse y olvidar el fin último, que es la Liberación. En el Ajna-chakra es donde se realiza la unión del Atman con la shakti. La perfección de esta unión, en el transcurso de la cual la Kundalini acaba resorbiéndose en el Atman-Purusha constituye el símbolo mismo del Amor.



El proceso del despertar de kundalini en el momento en que el adepto llega al final, obliga a la shakti a comportarse de una manera que es contraria al curso natural de su existencia. En último término, podría decirse que la shakti debería rebelarse contra una empresa que tiende nada menos que a su propia destrucción. En efecto, el fin buscado es el aislamiento del Atman, que absorberá en sí la energía divina, la cual cesará literalmente de existir, ya que la liberación es disolución de todo lo que, en el compuesto humano, no es el propio Atman. Y, de hecho, los textos insisten en la dificultad de la empresa, en la resistencia “natural” (es decir, de la shakti) del cuerpo y del pensamiento animados por el instinto de conservación. Pero, al mismo tiempo, se añade que la shakti colabora a su propia destrucción porque es diosa y, como tal, aspira a la unión con su esposo; desea poder acercarse a él, unirse a él, fundirse en él, aun a costa de su vida.


La sílaba OM que figura en este sexto centro expresa la perennidad de esta unión, su perfección, su carácter beatífico, y anuncia que su realización permitirá a la “pareja unitaria” (purusha-prakriti, Atman-kundalini, Espíritu-Naturaleza) llegar al chakra sahasrara donde, reintegrándose a la Esencia, subsistirá para siempre en bendito aislamiento. Esta situación de las “bodas eternas” del Espíritu y la Naturaleza justifica el nombre dado al Absoluto: Ser-Consciencia-Beatitud. La pareja es para siempre, en el plano de la Esencia, sin ninguna de las limitaciones de la existencia; tiene plena Consciencia de sí misma, sin la menor distracción, y este conocimiento pleno y completo que tiene de sus bodas eternas es en sí mismo alegría perfecta, beatitud.

Cuando alcanza esta paz definitiva, retornando al Principio de todas las cosas, el adepto ha realizado el objetivo que se había fijado al comienzo de su búsqueda: el premio valía los esfuerzos que le había consagrado.





Vocabulario:

Ajna-chakra: El sexto chakra, donde se abre “el tercer ojo”, Autoridad, asimilado al poder creador del Demiurgo.

Avatara: El descenso y encarnación del divino en una forma humana encargada de salvar el Dharma.

Bodhisattva: Hombres que, en el curso de su larga evolución planetaria, se han liberado de todo apego a la existencia, y desprendido de todos los deberes del karma, pero que optan por permanecer en la Tierra, sacrificándose así en beneficio de la Humanidad.

Chakras: Ruedas, estructuras de radios múltiples, centros psicológicos y energéticos del cuerpo sutil, representados en siete flores de loto y escalonados desde la base del tronco hasta la coronilla, son puntos de confluencia de energías vitales, ponen en movimiento el cuerpo grosero, pero permanecen sustancialmente distintas de él, incluso después de la muerte.

Gunas: Cualidades, modos de existencia de la Naturaleza que, según su posición en relación con el Absoluto, se jerarquizan en: tamas (tinieblas, inercia), rajas (energía, dinamismo) y sattva (luz, conformidad con el Ser).

Ida: uno de los tres nadis (canales) principales,izquierdo, femenino, asimilado al Ganges y la Luna.

Karma: Cada acto realizado por el individuo produce un efecto y deja un residuo psíquico que encadena el alma al mundo de la existencia.

Kundalini-Shakti: El poder o potencia cósmica, presente en todo ser viviente, que está enrollado en el centro inferior; es despertado por el yoga y asciende para unirse con la Presencia o con el Poder divinos en el chakra sahasrara.

Muladhara: Primer chakra, situado al final de la espina dorsal, sede de la Kundalini.

Nirvikalpa Samadhi: Último grado del éxtasis del cual, en principio, no se retorna.

Pingala:Uno de los tres nadis principales, derecho, masculino, asimilado al Yamuna y al Sol.

Prakriti: La Naturaleza en cuanto es opuesta al Espíritu (Purusha), forma con él la pareja Dios/Diosa.

Prana: Plenitud, nombre dado al aliento vital y, accesoriamente, al aire inspirado.

Purusha: El Espíritu, en cuanto opuesto a la Naturaleza.

Sahasrara: Séptimo y último chakra de 972 pétalos en la cúspide de la cabeza.

Samsara: Curso común, ley universal de la transmigración del alma de cuerpo en cuerpo durante todo un ciclo cósmico.

Shakti: La fuerza consciente del poder divino, la Madre, Potencia divina encarnada en nuestro cuerpo.

Tapas: Austeridad, virtud ascética, ser capaz de dominar los deseos a fin de superar la dialéctica de los contrarios.




Fragmentos y datos conjugados principalmente de las siguientes obras:

Harish Johari – Los Chakras, Centros energéticos de la transformación
C.W Leadbeater – Los Centros de Fuerza y el Fuego Serpentino
Jean Varenne – El Yoga y la tradición hindú

Sri Aurobindo – Cartas (Guía del yoga integral)


martes, 14 de mayo de 2013

Joyas de la sabiduría hindú







El Amor nació el primero,
no lo alcanzan los dioses,
ni los manes, ni los hombres…
Por lejos que se extiendan el Cielo y la Tierra,
por lejos que vayan las aguas,
por alto que arda el Fuego,
tú eres más grande, Amor.
El viento no puede llegar hasta ti,
ni el Fuego, ni el Sol, ni la Luna,
¡tú eres más grande que todos ellos, Amor!


(Atharva Veda)




Aquello en que todas las cosas
se unen y se dispersan.
Aquello en que los dioses tienen su asiento,
en Eso el imperecedero,
el supremo firmamento…

Aquello de que fueron llenados el Espacio
y el Cielo y la Tierra.
Aquello por lo que el Sol calienta.
Por lo que las Aguas propagan la vida,
es Eso, el Orden y la Verdad,
el Supremo brahmán de los profetas.

Ombligo del Universo,
Eso sostiene todas las cosas…


Más diminuta que lo más diminuto,
más vasta que lo más vasto,
el Alma está depositada
en lo más secreto de la criatura.


(Maha-Narayana Upanishad)



Al principio, el Alma
que trasciende todas las formas de existencia
se movía sobre las aguas
como una brisa ligera;
en ella se manifestó primero el Ego,
raíz de todas las cosas,
en que se equilibraban las tres cualidades…
Cuando se halla afectada
por las horas y desgracias de la existencia,
se la denomina jiva, alma individual.


Las almas vivientes son prisioneras
de las dichas y las desdichas de la existencia;
para liberarlas de la magia natural,
se precisa el conocimiento del brahmán.
Es difícil este conocimiento,
pero es el único barco
para cruzar el río del samsara.
Mil son los caminos que a él llevan,
pero es uno en verdad,
el Conocimiento, refugio Supremo.


¡No! Este brahmán por el que todas las cosas,
desde el Sol allá arriba hasta este simple jarro,
son puestos de manifiesto,
las Escrituras no pueden revelarlo.
Eso se manifiesta por sí mismo;
Eso está más allá del lenguaje
tanto humano como divino;
Eso no se mueve, no sufre;
Eso trasciende toda realidad.


(Yogatattva Upanishad)






Como el perfume en la flor,
la manteca en la leche,
el aceite en el sésamo,
el oro en las pepitas,
Eso está en todas las cosas.
Sí, los seres innumerables
están atravesados por el Alma
como las perlas por el hilo:
semejante al aceite en el sésamo,
al perfume de la flor,
el Alma está en el cuerpo del hombre
que envuelve y que habita.


(Dhyanabindu Upanishad)



Y el Conocimiento está escondido
en el seno de cada individuo,
al igual que en la leche
la manteca que no se ve;
por eso es por lo que el adepto prudente
debe realizar en sí mismo un batido,
utilizando sin descanso su propio espíritu
como mazo de batir.


(Amritabindu Upanishad)




El atmán no nace, no muere nunca;
no ha devenido, no devendrá;
no engendrado, eterno, permanente,
no muere cuando muere el cuerpo.


Así como se arrojan las ropas gastadas
para ponerse unas nuevas,
así también el alma encarnada arroja los cuerpos gastados
para ponerse unos nuevos.


El deseo ha establecido su sede
en nuestros sentidos, nuestro espíritu, nuestra inteligencia
usando de ellos, oculta el Conocimiento
y engaña al individuo;
se creen eficaces los sentidos
y el espíritu, y la inteligencia,
pero el deseo es más fuerte que ellos.
Sabiendo que vence incluso a la inteligencia,
mediante el atmán es preciso fortificar
el atmán y combatir el deseo,
el Enemigo, tan difícil de herir.


(Bhagavad-Gita)




El cuerpo es como un carro
cuyo propietario es el alma;
la inteligencia es el cochero,
el espíritu desempeña el papel de las riendas;
en cuanto a los caballos, son los sentidos;
el mundo es su carrera.


(Katha-Upanishad)







Jean Varenne – El Yoga y la tradición hindú