Mostrando entradas con la etiqueta Wayne Dyer. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Wayne Dyer. Mostrar todas las entradas

miércoles, 24 de agosto de 2016

Tu Yo Sagrado (Wayne Dyer)



La libertad es la capacidad para abandonar la única habitación de la conciencia en la que uno nació. En esa habitación se aprende cuáles son los límites de la vida. Fuera de esa habitación se aprende que la vida cuenta con posibilidades ilimitadas. El precio de la libertad es muy alto. La libertad solo puede alcanzarse cuando se sueña sin esperanza, cuando se está dispuesto a perderlo todo, incluso los sueños.
    Para algunos de nosotros el soñar sin esperanza, el luchar sin ninguna meta en la mente es la única manera de mantenernos a la altura de la libertad. La libertad, si se la define como ausencia de cadenas, existe para muchos. Pero si la libertad significa librarse de aquello que nos constriñe la conciencia diaria, si la libertad significa tener visiones ilimitadas y vivir en una dimensión espiritual radicalmente nueva, entonces la libertad existe para muy pocos.
    Cuando no se tiene nada que perder, se es libre por completo, y cuando no preocupa la propia importancia se tiene libertad total. Se tiene un propósito, se vive en júbilo, y uno espera que el mundo sea un lugar divino donde amar a los otros. En realidad está creando de nuevo su mundo con su recién hallada libertad.

Verse a sí mismo como un ser espiritual sin etiquetas es una manera de transformar el mundo y alcanzar un lugar sagrado. Comencemos por tomar la decisión de ser libres despojándonos del pasado. Cuando uno se deshace de su historia sabe que no es ni su nombre, ni su cuerpo, ni su mente, ni su ocupación, ni sus relaciones, ni su identidad étnico-cultural. Así pues, ¿quién somos? Lo que queda es lo invisible, lo intangible.



Cundo uno descubre su yo más sublime, experimenta esa energía interior y permite que le guíe en su vida. El adjetivo más corriente para describir esa fuerza interna es “espiritual”. Cuando hablo de espiritualidad y de ser espiritual describo, una actitud hacia Dios, un viaje interior de iluminación. Hablo de desarrollar las cualidades divinas de amor, perdón, bondad, y éxtasis que tenemos dentro. La espiritualidad no es cuestión de dogmas ni de ideas. Es luz, júbilo y concentración en la experiencia del amor y el éxtasis internos, y transmitir esas cualidades al exterior.
    Al viaje destinado a descubrir su yo más sublime lo llamo “búsqueda sagrada”. Verás que la totalidad del universo está contenido en nosotros mismos. Sabrás que todo no son más que emanaciones de nuestra existencia. Te darás cuenta de que somos quien se refleja en todas partes y que es el propio reflejo el que pasa ante nuestros ojos.

Tienes dentro de sí este poder de trascendencia sobre la vida dominada por el ego. Puedes darte la vuelta y mirar hacia el interior, descubrir nuestra naturaleza espiritual. Entonces podrás vivir cada uno de los días con la sensación de éxtasis que se deriva de hallarte en el sendero de la búsqueda sagrada. Hacer explotar la luz implica entender quién es uno y qué está haciendo aquí, en esta cosa llamada cuerpo, en este lugar llamado mundo, en este momento de nuestra vida. Pero nuestra alma interior sabe que eres eterno. En esa faceta del yo careces de forma, no tienes límites. Sin límites no hay nacimiento ni muerte. ¡Nuestro yo espiritual nunca nació, nunca morirá!
    El saber esto de una forma que no deje lugar para la duda te capacitará en gran manera para la búsqueda sagrada. Cuando llegues a ese estado sabiendo que quien somos es el yo inmutable, tendrás un propósito en la vida.



Cuando cultivamos la condición de testigos comprensivos, adquirimos la conciencia de que somos algo más que nuestros pensamientos, sentimientos y sensaciones. Más que unos cautivos del conjunto de creencias y comportamientos adquiridos practicados a lo largo de la vida. Adquiriremos una visión más amplia de quién somos, y esta nueva percepción conducirá y a niveles de vida más elevados, nos pondrá en contacto con nuestra alma eterna. Al conocer ese yo espiritual, seremos capaces de elevarnos a alturas que creencias anteriores nos impedían ver.

Cuando cultivamos la condición de espectador comprensivo, nos acercamos a la verdadera experimentación de otra dimensión, no estorbada por las limitaciones del mundo material, en la que se ve el cuerpo y los pensamientos sin identificarse con ellos. Hay una realidad espiritual disponible cuando nos separamos del yo material. La conexión con el plano superior la establecemos solo desde esa posición; la energía divina que hay en nuestro interior nos envuelve en amor y paz mientras observamos los pensamientos, sentimientos y sensaciones del cuerpo.

Cuando se produce una profunda revelación se ha de adoptar una actitud muy seria respecto de la propia vida. En el instante en que reconocemos que estamos viviendo la verdad tal cual es, tenemos que darnos cuenta de la trascendencia de lo que nos está siendo revelado.

    Dentro de nosotros existe la dimensión eterna e inmutable de nuestro yo espiritual. Éste es el yo invisible que le habla al yo físico. Es el pensador de los pensamientos. Cuando uno es realmente capaz de creer en el dominio espiritual del espectador, entonces nada va mal, porque el mal carece de sentido para el observador. Todo tiene su orden. Es como vivir en el paraíso, donde está la eternidad y el alma, al tiempo que uno se encuentra en el cuerpo físico. Pero en este espacio, el cuerpo no es el centro de la existencia.


Wayne Dyer – Tu Yo Sagrado

jueves, 14 de mayo de 2015

¿Buscar la aprobación o ser uno mismo? (Wayne Dyer)




Cuando abandonabas tu casa para ir al colegio, entrabas en una institución especialmente diseñada para inculcar a los niños el comportamiento y el pensamiento adecuado para lograr la aprobación de los demás. Pide permiso para todo. No te bases nunca en tu propio juicio.
    Pídele permiso a la maestra para ir al lavabo. Siéntate en la silla señalada. No te levantes si no quieres incurrir en una sanción. Todo estaba orientado hacia un control ejercido por los demás. En vez de enseñarte a pensar, te estaban enseñando a no pensar por ti mismo. Dobla tu papel formando dieciséis cuadrados y no escribas en los márgenes. Estudia los capítulos uno y dos esta tarde. Estudia la ortografía de estas palabras.
    Dibuja así. Lee esto. Te enseñaron a ser obediente. Y en caso de duda, a consultar con la maestra. Si incurrías en el enfado de la maestra o, peor aún, del director, tenías que sentirte culpable durante meses, o al menos era eso lo que se esperaba de ti. Tu libreta de calificaciones era un mensaje para tus padres para comunicarles el grado de aprobación que habías alcanzado.

Si lees la declaración de los postulados de tu colegio, que sin duda fueron escritos bajo la presión de un grupo de supervisores y pedagogos oficiales, dirá sin duda algo parecido a lo que sigue:

"Nosotros, los fundadores de este colegio, creemos en la educación y desarrollo total de todos y de cada uno de los alumnos. El currículum ha sido diseñado de manera que pueda responder a las necesidades individuales de todos los alumnos de nuestro colegio. Tratamos de conseguir, y apoyamos todos los esfuerzos que van dirigidos en esa dirección, el desarrollo individual y la puesta al día, de nuestro cuerpo estudiantil... etc".

¿Cuántos colegios o profesores se atreven a poner en acción estas palabras? Cualquier alumno que empieza a mostrar señales de ponerse al día y de tener un verdadero control de sí mismo es puesto rápidamente en su lugar... Los alumnos independientes, seguros de sí mismos, llenos de amor a sí mismos, poco susceptibles a la culpa o preocupación, son sistemáticamente considerados como problemas y como alborotadores.



Los colegios no son eficaces para tratar con niños que dan muestras de un pensamiento independiente. En la mayoría de colegios, la búsqueda de aprobación es el camino del éxito. Los viejos clichés del "mimado de la maestra, o "lameculo" se han convertido en clichés con razón. Existen y funcionan. Si logras el aplauso de los profesores, te comportas de la manera que ellos te han enseñado, estudias el programa que te han puesto por delante, saldrás triunfante. Peor aún, también saldrás con una fuerte necesidad de aprobación, puesto que habrán logrado desalentar todos tus impulsos para actuar por ti mismo y con confianza en ti mismo.

Por lo general, cuando llega a la escuela secundaria el alumno ya ha aprendido la lección. Ante la pregunta de su consejero sobre las materias que le gustaría estudiar en la secundaria, contesta con un "No sé. Dígame usted lo que necesito". En la secundaria le costará decidirse por los estudios que querrá hacer y se sentirá mucho más cómodo cuando las decisiones las toma un tercero. En el aula, aprenderá a no dudar de lo que le enseñan. Aprenderá a escribir una tesis correctamente y a interpretar a Hamlet. Aprenderá a escribir disertaciones basadas no en su propio juicio y sus propias opiniones sino en citas y referencias que apoyarán todo lo que él diga. Y si no aprende estas cosas, será castigado con malas notas (y con la desaprobación del maestro). Y al tiempo de graduarse, se dará cuenta de que le cuesta tomar por sí mismo cualquier decisión ya que durante doce años le han enseñado cómo pensar y lo que debe pensar. Ha sido alimentado con una dieta sólida de consúltalo con el maestro y ahora el día de su graduación se da cuenta de que es incapaz de pensar por sí mismo. Así es que suspira por la aprobación de los demás y aprende que el logro de esta aprobación es equivalente al triunfo y a la felicidad.

En la universidad se repite el mismo esquema de adoctrinamiento. Escriba dos disertaciones mensuales; use el formato apropiado; use una distancia de 16 y 84 para los márgenes; no se olvide que deben ser escritas a máquina; no se olvide de la introducción, el cuerpo y la conclusión; estudie estos capítulos... La gran línea de montaje. Sométase; complazca a los profesores y le irá bien. Cuando finalmente el estudiante se inscribe en un seminario en el que el profesor dice: "Este semestre podéis estudiar lo que queráis dentro del campo de vuestros intereses. Yo os ayudaré a escoger lo que os conviene dentro del tema de vuestro interés, pero se trata de vuestra educación y podéis hacer con ella lo que os plazca. Yo os ayudaré todo lo que pueda". Cunde el pánico. "Pero ¿cuántas disertaciones tendremos que hacer?" "¿Cuándo tenemos que entregarlas?" "¿Quiere que las escribamos a máquina?" "¿Qué libros tendremos que leer?" "¿Cuántos exámenes habrá que pasar?" "¿Qué tipo de preguntas?" "¿De cuántas páginas de extensión tienen que ser las disertaciones?" "¿Dónde ponemos los márgenes? "¿Tendré que venir a clase todos los días?"



Éstas son preguntas típicas de quienes buscan la aprobación de los demás y no pueden causar la menor sorpresa si consideramos los métodos educativos que acabamos de examinar. Se ha entrenado al alumno a que todo lo haga para otra persona, para complacer al profesor, para estar a la altura de las normas y expectativas de otras personas. Sus preguntas son el resultado de un sistema que demanda la búsqueda de aprobación para poder sobrevivir en él. El alumno tiene miedo a pensar por sí mismo. Es mucho más fácil y seguro hacer lo que otra persona espera de nosotros.

Vamos a fantasear unos instantes. Hazte cuenta que realmente quieres la aprobación de todos y que es posible obtenerla. Más aún, imagínate que es una meta sana y digna de alcanzar. Ahora bien, teniendo esto en cuenta, ¿cuál sería el mejor método, el más eficiente para lograr tu cometido?

Antes de contestar piensa en la persona que, en el círculo de tus relaciones, es la que recibe mayor aprobación. ¿Cómo es este individuo? ¿Cómo se comporta? ¿Qué hay en él que atrae a toda la gente? Lo más probable es que estés pensando en alguien que es directo y franco, independiente de la opinión de los demás, un ser realizado. Lo más probable es que tenga poco o nada de tiempo para dedicarlo a la búsqueda de aprobación. Casi seguro que es una persona que dice las cosas tal como son a pesar de las consecuencias que esto le pueda acarrear. Quizá piensa que el tacto y la diplomacia son menos importantes que la honestidad. No es una persona susceptible, simplemente un individuo que tiene poco tiempo para el tipo de juego que significa el hablar delicadamente y teniendo cuidado de decir las cosas bien para evitar herir a los demás.



¿No te parece irónico? La gente que parece conseguir la mayor cantidad de aprobación en la vida es precisamente la que nunca la busca, que no la desea y a la que menos le preocupa conseguirla.
                                                                   
De modo que, si tanto quieres merecer aprobación es irónico pensar que la mejor manera de lograrla es no desearla y evitar correr tras ella y no reclamársela a todo el mundo. Estando en contacto contigo mismo y usando la imagen positiva de ti mismo como consejera, recibirás mucha más aprobación.


Por supuesto que nunca recibirás aprobación de todo el mundo por todo lo que haces, pero cuando te consideres a ti mismo como una persona valiosa no te deprimirás cuando te la niegan. Considerarás que la desaprobación es una consecuencia natural de la vida en este planeta donde la gente es individualista en sus percepciones.


Wayne W. Dyer - Tus zonas erróneas

jueves, 12 de marzo de 2015

El amor pertenece a nuestro estado natural (Wayne Dyer)




La herramienta más importante para estar equilibrado es saber que solo uno mismo es responsable del desequilibrio entre lo que sueña que debe ser su vida y los hábitos diarios que alejan su existencia de ese sueño.  El objetivo de este principio es crear un equilibrio entre sueños y hábitos.
   La mejor forma de empezar es reconociendo los signos de nuestro comportamiento habitual; después debemos cambiar nuestra forma de pensar para que esté en equilibrio con los sueños. Si estamos desequilibrados, es fundamentalmente porque hemos permitido que debido a la energía que invertimos en nuestros hábitos, éstos definan nuestra vida.

Concentrémonos en nuestra conciencia: obtenemos lo que pensamos. Los pensamientos son energía mental, son la moneda de cambio que debemos atraer con su deseo. Debemos aprender a no malgastarla en pensamientos que no se desean. En lugar de centrar los pensamientos en lo que hemos planeado, cambiemos y miremos y veamos, y creamos firmemente en lo que vemos. En cuanto empecemos a pensar así, el Universo se pondrá de nuestra parte, nos enviará precisamente lo que estamos pensando y creyendo. No siempre sucede de forma inmediata, pero en cuanto se inicia la realineación de los pensamientos, ya empezamos a estar en equilibrio.

Todo aquello que hagamos para equilibrar vida y sueños empezará a cocrear nuestra mente. Cocrear es recurrir a la cooperación de la energía del campo invisible del Espíritu. Ello implica que debemos estar dispuestos a contemplarnos como un ser en equilibrio que atrae las condiciones que desea obtener. Es en la contemplación de ese poder donde realmente adquirimos el poder. Esa alineación dará un vuelco a nuestro mundo.



El Universo se basa en una Ley de Atracción. Veremos como el Universo conspira con nosotros para atraer a las personas adecuadas, una situación económica satisfactoria, y acontecimientos aparentemente sincrónicos que harán realidad nuestros sueños, en el lugar y momento adecuados. Cuando estamos equilibrados con pensamientos que nos dicen que merecemos esa cooperación del mundo del Espíritu, participamos en el proceso de hacerlo realidad. Obtenemos lo que pensamos, tanto si queremos como si no.

El secreto de ese principio para recuperar el equilibrio de la vida es: sé la paz y la armonía que deseas. No puedes obtenerla de nada ni de nadie. Ser la paz que se desea para sí mismo es ofrecer una vibración que iguale el deseo de ser un individuo tranquilo y cordial, en lugar de ser una persona que sufre la enfermedad de intentar acelerar la vida. Ser la paz que deseamos supone convertirnos en una persona relajada, cuyo punto de equilibrio no atrae síntomas de ansiedad ni de estrés. Convirtamos en absoluta prioridad en la vida estar en equilibrio con el origen de la Creación.

Cuando se logra el equilibrio entre lo que se quiere ser y la forma en como lo perciben los demás, se tiene la sensación placentera de estar en armonía con la vida. No se trata de buscar aprobación o servilismo en vez de respeto o amor. Es más la sensación de estar en el mundo de una forma congruente con el deseo interior de ser la clase de persona que realmente se es. Uno debe preguntarse repetidamente: ¿Mi deseo intuitivo se ajusta a lo que doy al mundo? Cuando se ajuste, el equilibrio está recuperado, y la satisfacción será su compensación.



En cuanto eliminemos las viejas creencias que fomentaban la ansiedad, la culpabilidad, la preocupación e incluso el temor, nuestro cerebro empezará a producir sustancias químicas que nos devolverán el equilibrio. Dejando conscientemente que el Espíritu intervenga mediante la energía de los pensamientos, hemos decantado la balanza a favor de nuestros deseos. Nuestro ego, que identificamos con el cuerpo, ha sido relegado a un papel menos dominante.

El amor pertenece a nuestro estado natural, pero el ego no forma parte de ese estado. El ego domina porque se ha separado de su yo-Dios, el yo amoroso que llegó aquí desde un lugar de amor divino totalmente incondicional. Hemos llevado tanto tiempo esa idea del ego y de su propia importancia, que hemos caído en el engaño de creer que el ego del yo representa lo que somos. Hemos optado por una creencia basada en esa ilusión; hemos permitido que esa ilusión sea la fuerza dominante creando así, mediante un yo concentrado en el ego, un pesado desequilibrio en nuestra vida.
   Estamos obligados a estar en una conciencia de compasión y de amor, no solo por mantener nuestro equilibrio, sino para ayudar a asegurar la supervivencia de nuestra especie. No puede haber mejor vocación que esa.



Debemos optar por mantener una existencia tranquila con nosotros mismos, incluso cuando los demás fomentan el miedo, la ira y el odio sobre este violento planeta. Al fin y al cabo, el esfuerzo masivo a lo largo de la historia de la comunidad –por parte de los que ostentan el poder– ha enseñado a las personas a quién temer, y pero aún, a quién odiar.

   Podemos ser de esas personas que se niegan obstinadamente a añadir pensamientos de baja energía al odio que nos rodea. Rompamos el ciclo de violencia en el mundo no con la violencia del odio, sino siendo su propio instrumento de paz.


Wayne W. Dyer – En busca del equilibrio

miércoles, 30 de abril de 2014

Evitemos la manipulación de los demás (Wayne Dyer)



“Toda experiencia ha demostrado que la humanidad está más dispuesta a sufrir, siempre que los males sean tolerables, que a mejorar su situación aboliendo las formas a que está acostumbrada”.

(Declaración de Independencia de los EE.UU, 4/7/1776)




Virtualmente, todo el mundo padece en mayor o menor medida un dominio ejercido por los demás, que resulta desagradable y que, desde luego, bajo ningún concepto merece la pena mantener, ni mucho menos defender, como bastantes de nosotros hacemos inconscientemente. La mayoría de las personas saben lo que es verse desgarrados, manipulados y obligados a adoptar comportamientos y creencias en contra de su voluntad. El punto importante es que las personas son víctimas de desafueros, porque esperan que se abuse de ellas… y luego, cuando sucede, no se sorprenden.

A menudo debemos mostrarnos enérgicos, e incluso agresivos, para evitar convertirnos en víctimas. Con mucha frecuencia tenemos que manifestarnos irrazonables, “insubordinados”, frente a las personas dispuestas a manipularnos. Actuar de otro modo representaría permitir que abusaran de nosotros.



Una clase especial de libertad está a nuestra disposición, si deseamos aceptar los riesgos que comporta alcanzarla: la libertad de recorrer sin trabas los terrenos vitales que deseamos, de adoptar todas nuestras decisiones conforme a nuestras preferencias. El quid del asunto debe estribar en que a los individuos les asiste el derecho a determinar la forma en que quieren desarrollar su vida y en que, en tanto el ejercicio de este derecho no vulnere los mismos derechos del prójimo, cualquier persona o institución que interfiera ha de considerarse como un ente avasallador.

La vida de cada persona constituye un caso único, aislado del caso de las otras vidas. Nadie puede vivir la vida de uno mismo, experimentar lo que experimentamos, introducirse en nuestro cuerpo y tener las vivencias del mundo que nosotros tenemos y tal como las tenemos. Ésta es la única vida de que disponemos y es demasiado preciosa para permitir que los demás se aprovechen de ella. No deja de ser lógico que sea uno mismo quien determine cómo va a funcionar, y su funcionamiento debe aportarnos la alegría y la satisfacción de accionar nuestros propios mandos personales antes que el dolor y la desdicha de ser víctima de la dictadura de terceros.



Consejos para evitar ser utilizado

1.- Negarse a ser víctima. No existe lo que se dice un esclavo bien adaptado.
2.- Actuar desde posiciones de fortaleza. El miedo como tal no existe en este mundo. Solo hay pensamientos temerosos y conductas elusivas.
3.- No dejarse seducir por lo que ya es agua pasada. El progreso y el desarrollo son imposibles si uno sigue haciendo las cosas tal como siempre las ha hecho.
4.- Evitar la trampa de la comparación. En un mundo de individuos, la comparación es una actividad carente de sentido.
5.- Tornarse discretamente efectivo y no esperar que “ellos” lleguen a entenderle. Las relaciones cordiales “funcionan” porque no requieren “funciones”.
6.- Enseñar a los demás cómo deseamos que nos traten. La mayoría de las personas son más amables con los extraños que con los seres queridos y consigo mismos.
7.- Nunca coloque la lealtad a las instituciones y a los demás por encima de la lealtad a uno mismo.
8.- Distinción entre juicio y realidad. Cuanto existe en el mundo está ahí independientemente de la opinión que tengamos sobre el particular.
9.- Manifestarse creativamente vivaz en toda situación. No hay camino hacia la felicidad; la felicidad es el camino.




Es casi imposible abusar de las personas cuya predisposición a dejarse atropellar es nula y están apercibidos para protestar y oponerse a quien desee sojuzgarlos de una y otra manera. El problema de convertirse en víctima reside en uno mismo, no en todos los demás congéneres que han aprendido el modo de tocar los resortes de uno.


En nuestro interior, disponemos de los poderes y la capacidad necesaria para reducir sensiblemente nuestro índice de víctima. A nosotros nos corresponde la elección: o accionamos nuestros mandos personales y disfrutamos  llevando las riendas de nuestra existencia o dejamos que sean otros quienes lo hagan, y pasamos nuestra vida desazonados y dominados por los sojuzgadores del mundo. Si se lo permitimos, ellos se entregarán con entusiasmo y sumo gusto a tal labor, pero si nos negamos a consentírselo, la caza de la víctima de habrá terminado definitivamente en lo que a nosotros nos concierne.


Wayne W. Dyer – Evite ser utilizado

jueves, 29 de noviembre de 2012

No más excusas para ser lo que eres (Wayne Dyer)

-->


Llegaste aquí cuando te tocó llegar y te marcharás cuando sea el momento, independientemente de tu opinión al respecto. Si ves cómo envejece tu cuerpo, saber que no eres tú el que lo está cambiando, que los cambios simplemente ocurren. Tu cuerpo está siendo vivido por el gran Tao, la fuente creadora de todo. Si tu ego fuera de verdad el que manda, nunca te saldrían arrugas, ni manchas de la edad, ni canas, ni morirías. Te guste o no, algo más grande que el ego está a cargo de todo.

Al hacerte consciente de tu auténtico ser, solo necesitas prestar una total atención a tu ego, y éste retrocederá poco a poco y de manera natural ante la luz de tu conciencia. Recuerda, tú no eres solo el cascarón temporal al que llamas tu “cuerpo”, eres una esencia divina que no tiene límites ni forma, que es infinita.
Cuando te fijas en el parloteo del ego, descubres la capacidad de superar hábitos muy establecidos, y empiezas a ver todo aquello para lo que estabas cegado a base de poner excusas. El conocimiento te lleva a tu ser más elevado; el ego te lleva a tu yo terrenal. Cuando dejas que lo divino crezca en ti, aportas conocimiento a todos los aspectos de tu vida.
Dejar que lo divino crezca en ti implica sinceridad, servicio a los demás, bondad y reverencia para toda la vida. Emprender el camino del conocimiento fomenta el crecimiento y la aparición de pensamientos auténticos en tu mundo interior, y tu yo inferior se desvanecerá mientras lo divino crece dentro de ti.

A mí la lógica me parece suficientemente clara: sintoniza con la energía que lo puede todo, porque esa es tu naturaleza original. Las excusas son pruebas de que has descartado una manera de pensar que todo lo puede, a favor de una que todo lo limita. En otras palabras, es imperativo que reduzcas el pensamiento dominado por el ego (que casi siempre solo te ofrece excusas) a favor de un modo de pensar que esté sintonizado con las ideas de “todo es posible”.

Estando en el ahora y en un estado de gratitud por todo lo que es y por todo lo que eres, domas al ego y entras en un estado en el que las excusas no se pueden ni considerar. ¿Qué excusas necesitas cuando estás completamente presente? Ninguna. ¿De qué sirve el ego, ese falso yo, cuando estás con la fuente en este momento? No gastes el presente con pensamientos de pesar o preocupación. La experiencia del conocimiento superior es tu premio. Cuando el ego toma el control, prácticamente todos los pensamientos están poniendo excusas, centrándose en lo que siempre ha sido o en lo que temes que siempre será. Pero cuando haces amistad con el momento presente, dices adiós a ese molesto ego.

Las excusas que utilizas con frecuencia (será difícil, va a ser arriesgasdo, se va a tardar mucho tiempo, habría un drama familiar, no me lo merezco, no es mi manera de ser, no me lo puedo permitir, nadie me va a ayudar, nunca ha ocurrido antes, no soy lo bastante fuerte, no soy lo bastante listo, soy demasiado mayor, las reglas no me lo permitirán, es demasiado grande, no tengo tanta energía, la culpa es de mi historia familiar personal, estoy demasiado ocupado, me da mucho miedo…) se han instalado en tu mente, que está dominada por tu ego o falso yo. Por consiguiente, no se limitarán a hacer las maletas y marcharse sin entablar lucha. Esas excusas se han convertido en compañeros familiares para tu ego, y siempre están preparadas para saltar en tu defensa.
Probablemente las excusas en las que tiendes a apoyarte incluyen algunas ideas que has contemplado durante toda tu vida hasta la fecha. Cuanto más reflexionas sobre la imposibilidad de que tus deseos se cumplan, cuanto más te quejas de lo injusta que es la vida y más te molesta lo que la vida se empeña en manifestar, más definen tu vida esas mismas cosas. Eso se debe a que aquello en lo que te concentras aparece invariablemente en tu vida, ya sea lo que quieres o lo que no quieres. Así que si siempre estás pensando o hablando de lo que va mal en tu vida, estás atrayendo precisamente lo que no deseas.



Decidirse por una actitud “!Basta de excusas!” significa negarse rotundamente a participar en el ritmo derrotista que acabo de describir. Aprendes a moverte en un nuevo terreno, donde tus pensamientos se ven como realidades potenciales, y tienes el sagrado deber de contemplar solo lo que se origina en tu auténtico ser. Y esto es algo en lo que puedes empezar a trabajar ahora mismo.

Para comprender del poder de la contemplación, debes esforzarte por entender la ley de tu ser como algo que te permite utilizar tus procesos de pensamiento para mantenerte sintonizado con el espíritu o la energía de la fuente.
Procura imaginar que todo y todos tienen su origen en una energía sin forma que hemos acordado llamar “espíritu”, y después visualiza el espíritu como una fuerza creativa que utiliza la contemplación para expresarse a sí misma en una forma material.

Cuando simplemente te haces consciente, dejas de ser una víctima de los infinitos virus mentales que parece que te impiden acceder a tu completa realización. Ya no te resulta difícil cambiar aquellos viejos patrones de pensamiento que te impiden vivir a niveles óptimos de éxito, felicidad y de salud. Disfrutas conscientemente del conocimiento de que ni los memes, ni los genes, ni ninguna otra cosa del mundo material tiene control absoluto sobre ti… y no hay límites respecto a en quién puedes convertirte.

La renuncia es el primer paso. Pero la verdadera renuncia consiste en darse cuenta de que no hay nada a lo que renunciar, puesto que nada es tuyo. Aunque te pueda resultar difícil asimilarlo, cuando renuncias produces riqueza. Estar dispuesto a rendirse significa no volver a necesitar excusas. Al final, todo es como es. Dios no necesita excusas… y como tú y Dios sois la misma cosa, tú tampoco las necesitas.
Tienes que estar dispuesto a aceptar los aspectos de la vida que te salgan al paso y ordenarlos de manera que trabajen contigo y para ti, no contra ti. La clave es estar dispuesto. Las piezas aparecerán. Siempre lo han hecho y siempre lo harán. Tu disposición a ordenarlas en lugar de quejarte o poner excusas, tendrá su recompensa.

Cuando cambias al estado de compasión toda culpa desaparece. Así que, independientemente de lo que quieras para ti mismo, descubre cómo puedes querer más para algún otro y después haz ese cambio. En ese momento de contemplación, la compasión erradicará el señalar con el dedo y derrotará a la presentación de excusas. Y empezarás a pensar como piensa Dios: servir, ofrecer, dar y amar libremente.

Ahora es el momento más importante porque es el único momento en que tenemos algún poder. La persona más importante es aquella con la que estás, porque nadie sabe si alguna vez tratarás con alguien más. Y el asunto más importante es hacerle el bien, porque solo para ese propósito fue enviado el hombre a esta vida.

Entabla una conversación con tu mente subconsciente en la que dejes claro que no vas a permitir que parte de tu vida esté dirigida por un extraño invisible que actúa y reacciona basándose en una programación memética o genética. Y decide que no vas a consentir (o a excusar) una conducta originada en una parte inconsciente de ti.

Cuanto más vivo, más dispuesto estoy a dejar que unos poderes invisibles hagan su magia conmigo y a mi alrededor, y menos lo pongo en cuestión. He renunciado a la idea de que estoy separado de la mente omnisciente del universo. En este estado de reverencia siento pasión todo el tiempo. No necesito hacer nada: la siento ante cada rostro que miro, ante cada noche estrellada y cada flor que observo. Mis mejores momentos de entusiasmo ocurren cuando intento pensar y actuar como lo hace la ommnisciente y benevolente fuente de todo. Cuando me libro del ego, soy más capaz de mantener mi pasión. La presencia de la pasión (sentirse bien) es también lo mismo que haber despertado al Dios que hay dentro.


-->
Wayne Dyer – ¡Basta de excusas! Cómo cambiar los pensamientos de toda una vida. (... en español se ha editado con el título: "Piensa diferente, vive diferente. No te creas todo lo que piensas". Creo que el original del autor es más directo y apropiado. Una lectura enormemente recomendable, junto a su conmovedora película: El Cambio -The Shift-).


viernes, 19 de octubre de 2012

En el Atardecer de la Vida, por Wayne Dyer




Totalmente desprevenidos entramos en el atardecer de la vida. Lo peor de todo es que nos adentramos en él con la falsa presunción de que nuestras verdades e ideales nos servirán a partir de entonces; pero no podemos vivir el atardecer de la vida con el mismo programa de la mañana, pues lo que en la mañana era mucho, en el atardecer será poco, y lo que en la mañana era verdadero en la tarde será falso.

Siempre he pensado que el auténtico objetivo de la vida es ser feliz, disfrutar de ella, y llegar a un lugar en que no estés intentando llegar a otro sitio. Muchas personas se pasan la vida esforzándose para poder llegar a otro lugar. Jamás consiguen llegar. Una de las formas de entender cómo encontrar un objetivo en la vida es regresar a la naturaleza y encontrar la tuya propia.

Es el espíritu lo que da la vida, no proviene realmente de tus padres; todos nosotros provenimos de ese lugar llamado espíritu. Todos, cuando llegamos al mundo, lo hacemos a partir de una gota diminuta de protoplasma humano, de una pequeña mota. Todo lo que había en aquella pequeña mota se convirtió en ti, todo lo que necesitabas estaba en aquella pequeña mota.

Una de las metáforas que siempre utilizo es que durante los nueve primeros meses de vida, desde el momento de la concepción hasta el momento del nacimiento, lo han hecho todo por ti y no has tenido que hacer nada. No te preocupas de qué color vas a tener el pelo o qué aspecto tendrá tu cuerpo. Es algo que no depende de ti, te rindes ante ello. Yo lo llamo impulso hacia el futuro. Es un impulso que te empuja hacia la dirección en la que se supone que tienes que ir. Y no es que sea ninguna barbaridad plantearse que si todo lo necesario para el viaje físico ya está contenido ahí… ¿por qué no todo lo necesario para el resto del viaje? Todos tus problemas están ahí; todo lo que eres, tu personalidad, está ahí; todo lo que puedes llegar a ser, no solo lo físico, sino todo el resto, si eres capaz de abrirte y lo permites.

Finalmente, nacemos y, como padres, miramos a esa pequeña criatura y solo se te ocurre decir: ¡Buen trabajo, Dios, buen trabajo, no podía ser mejor... ahora nos ocuparemos nosotros! Nos rodea un montón de gente, nuestra familia, nuestra cultura…, allá donde vayamos, y empiezan a decirnos que no podemos confiar en quienes somos. Tenemos que confiar en algo exterior a nuestra persona, y hacemos un viaje hacia la ambición. Desde que nacemos decimos: “ahora nos ocupamos nosotros”, le estás dando un matiz, estás cogiendo esa perfección y estás expulsando al Creador, estamos “echando a Dios”.

Y ahí aparece el Ego. El Ego es una parte nuestra que empieza a decirnos que no somos una creación divina y perfecta, esa parte de Dios de la cual provenimos. De hecho, nos dice: “tú solo eres lo que tienes”. Se empieza con cosas como los juguetes, para pasar a las cuentas corrientes y a las posesiones. En menos que canta un gallo empezamos a identificarnos en base a esas posesiones.

Empezamos a creer en una serie de creencias que dicen que cuanto más tenga más valioso seré como persona. Por lo tanto, nos pasamos la vida cogiendo a los niños y sumergiéndoles en una cultura que enfatiza ese “más”; casi se convierte en un mantra de ley. Tienes que poseer más; cuanto más tienes más consciente eres de que la gente va a intentar arrebatarte las cosas. Y más te obcecas en protegerlas, y en cómo poder conseguir muchas más. Pero el dilema es que, si eres lo que tienes y las posesiones desaparecen, lo que eres también desaparece en el proceso.

La segunda característica del Ego es que no soy solo lo que tengo, sino que también soy lo que hago. Lo que hago se convierte en eso que llamamos lógica. Y en este caótico mundo que cree que se es lo que se hace nos consumimos pensando que la idea del éxito, del valor y de la valía se basa en cuantas cosas puedas llegar a conseguir. Por lo tanto, tengo que ganar más dinero, tengo que intentar ascender, tengo que competir con todo aquel que quiera arrebatármelo. Esto se nos enseña una y otra vez. A los jóvenes se les enseña, por ejemplo, en la práctica del atletismo. Lo más importante es ser el número uno, somos los números uno, somos mejores que el resto, nos vemos constantemente envueltos en esta noción competitiva, de creer que el mundo está diseñado para la competición. Eso es lo que dice el Ego.

La tercera característica es que soy lo que los otros piensan de mí, es decir, soy mi reputación. Esto es muy importante entre los jóvenes a quienes se enseña que tienen que vestirse según el gusto de los otros, y que si no les gustas tienes un problema. Si esto te tortura serás distinto cada vez que salgas. Esto es bastante destacable entre las mujeres, sobre todo en relación con la familia. En nuestra cultura y sociedad a menudo se enseña que las mujeres solo pueden realizarse en sus relaciones familiares, ya sea como hijas, ya sea como madres, ya sea como abuelas. Y aunque estos aspectos sean muy importantes y creativos en la vida de cualquier mujer, si esa es su elección no es necesariamente la única opción. Muchas mujeres sienten la vocación de lograr algo grande, de poder hacer una gran contribución, pero, con frecuencia, lo dejan de lado. Así que desde aquí animo a las mujeres a que no desoigan esa llamada, no desoigáis esa parte que os dice que estáis aquí para crear algo poderoso, porque no solo tenéis la capacidad para hacerlo, sino que también tenéis el derecho de hacerlo igual que el resto.



El Ego tiene un sistema de creencias muy resistente que dice que la persona está separada del resto y de todo lo que echó en falta en la vida, todas las cosas que me gustaría tener. Finalmente el Ego nos enseña el error más mayúsculo de todos, nos enseña que estamos separados de Dios. Y una de las cosas más simples que se aprenden en el atardecer de la vida, cuando pasas a la fase del sentido de la vida es darte cuenta de que provienes de una fuente. Podemos llamarla Dios, Tao, no importa cómo la llamemos, esa fuente está en todas partes, no hay ningún lugar donde no esté. Tiene que ser así, porque lo crea todo, todo proviene de esa fuente. Por lo tanto, si está en todas partes, también está en mí. Y si está en mí está claro que también tiene que estar en lo que siento que me falta en la vida.

Si entiendes esto de algún modo ya estás en sintonía, en espíritu, con todo lo que echas en falta en la vida y te gustaría tener. Solo te queda buscar la manera de formar parte de ello y ser consciente de que ya estás en sintonía. A medida que nos acercamos al atardecer de la vida, seguimos las mismas directrices del Ego que aprendimos en el amanecer de la vida, que se basa en la ambición, en ganar, en ser mejores que el resto, etc. Intentamos aplicar estas mismas conductas en el atardecer de la vida, y por eso acabamos viviendo una mentira, porque lo que era verdad por la mañana, por la tarde es una mentira.

El problema es que no sabemos cómo pasar a la fase del sentido de la vida. Se trata de regresar a esos primeros nueve meses, desde el momento de la concepción hasta el momento del nacimiento. Tenemos que llegar a un lugar donde podamos rendirnos y tener la certeza de que no estamos solos, de que nos van a guiar, de que tenemos una naturaleza y de que podemos confiar en ella. No se trata de algo con lo que siempre tengamos que luchar, de lo que siempre tengamos que estar a cargo. Pensad en ello de esta forma: déjate llevar por él en vez de intentar controlarlo todo. Sin embargo, a medida que entramos en la fase del sentido de la vida lo que sucede es que empezamos a pensar en el cumplimiento de un dharma, en cumplir un destino, en algo más profundo, un llamamiento que solo podemos sentir en nuestro interior. Nadie más puede deciros qué es, pero si lo sentís y lo sabéis, ganar y superar a otra gente se vuelve menos importante que sentirse realizado y vivir la vida con un objetivo.

Todas las cosas del universo tienen que ser igual a su origen. Tienes que mirarte y hacerte las preguntas: ¿de dónde vengo? ¿quién soy? ¿cómo soy? En vez de tomar las decisiones desde el lugar que estamos realmente, nuestro auténtico ser, las hacemos desde el Ego, y cuando tomamos una decisión desde el Ego empiezan a suceder todo tipo de cosas que nos alejan de encontrar el sentido de nuestras vidas. Lo juzgas todo basándote en cómo te sientes, ¿estás estresado? ¿tienes miedo? ¿estás enfadado? ¿te sientes bien contigo mismo? ¿sigues un propósito? ¿tu vida tiene algún sentido? Cuando actúas desde la única parte de tu ser que es auténtica, la felicidad es la respuesta. Tu dharma no es algo que tienes que encontrar, es algo a lo que siempre has estado conectado, es tu propósito divino; es más, de hecho, seguirás conectado a ello toda tu vida, pero el Ego lo ha alejado. Ése es el problema.

Lo que intento decir es que llegas a un lugar en la vida en que te empieza a guiar algo que es mucho mayor que tú. Persiste en tus motivaciones y armoniza con el espíritu, con Dios, con la fuente. Sigue así, si insistes, la fase del sentido de la vida empieza a ganar importancia, y cuando empiezas a cruzar el atardecer de la vida es imposible regresar.


(He transcrito la mayor parte del mensaje que Wayne nos regala en la primera hora de la película. No cuento más, debéis verla. La verdad es que llega muy adentro a los que estamos en el "atardecer de la vida", nos sentimos identificados en esa búsqueda.)

Wayne Dyer: El Cambio (The Shift)