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lunes, 4 de marzo de 2019

Textos fundamentales sobre la Espiritualidad Oriental

En este enlace recorremos distintos análisis, estudios y comentarios sobre el gran acervo de sabiduría que representa la Tradición Oriental, desde el Vedanta, pasando por el Taoísmo, el Budismo y el Zen. Este último enfoque del Zen recoge el inmenso legado anterior para ofrecernos las claves de una vida plena y satisfactoria, teniendo como eje la atención consciente y plena del momento presente, el único real y donde se halla la verdadera iluminación, superando la impronta social , el ego, el condicionamiento religioso, el deseo, las elucubraciones sobre Dios y el Más Allá. Es volver a nuestra fuente primordial.




Espiritualidad Oriental: Vedas, Taoísmo, Budismo y Zen:
https://drive.google.com/drive/folders/1UQiysyVQXAVMRzfj0Q3VKPMl0iyCyM9o?usp=sharing


jueves, 24 de enero de 2019

Biblioteca Maestros Espirituales (2) : Jorge Bucay, Eckhart Tölle, Ramiro Calle, Wayne Dyer, Deepak Chopra.



Esta entrega recoge buena parte de la obra de estos maestros espirituales formados en su mayor parte en el mundo occidental, que traducen esa necesidad de toma de Consciencia en un lenguaje cercano y directo.


Jorge Bucay
https://drive.google.com/drive/folders/19HxlE_JoGugQfMOzXke1SyWx9vlxKDlf?usp=sharing

Eckahrt Tölle
https://drive.google.com/drive/folders/1bSvEL3jtOOGDB6HYbIsCe9SyHndGipX9?usp=sharing

Ramiro Calle
https://drive.google.com/drive/folders/1GVVhBYJ8SPmuI6QZ_pM9_jnPJ8K6JLGb?usp=sharing

Wayne Dyer
https://drive.google.com/drive/folders/1UOq_I5LY0LqyLqzpQecfrbMGMT8wsEjz?usp=sharing

Deepak Chopra
https://drive.google.com/drive/folders/1PuUCvh1IIjh61MFmZ3Y97SpiIRm3GRb-?usp=sharing


Biblioteca Maestros Espirituales (1) : Osho, Alan Watts, Dalai Lama, Krishnamurti, Thich Nhat Hanh.




Esta primera entrega contiene gran parte de la obra de estos grandes referentes espirituales de nuestros tiempos, maestros de conocimiento y sabiduría oriental que, hoy más que nunca, necesitamos. Espiritualidad aquí es, sobre todo, la toma de nuestra Consciencia de Ser.



Osho
https://drive.google.com/drive/folders/1qURIf4Rr0Smek0vwXfrFbFBPMQJ430wL?usp=sharing

Alan Watts
https://drive.google.com/drive/folders/1s-Mc8sGAun5u5xdSy6Sg7pLxQ_Y5rQI0?usp=sharing


Dalai Lama
https://drive.google.com/drive/folders/1zqK6jdlcQS8WP5Qo7a-SyAtVHrJbhwrR?usp=sharing

Krishnamurti
https://drive.google.com/drive/folders/1AMWqUVoLST2folpnwLUDQozimHGx2KwT?usp=sharing

Thich Nhat Hanh
https://drive.google.com/drive/folders/1OtehFffFVquhpuE_qBwjIzieLohOqAeP?usp=sharing


domingo, 20 de enero de 2019

Biblioteca: Obras Completas Julio Verne, Edgar Alan Poe y Stephen King. Gran Colección Lovecraft.




En esta segunda entrega nos topamos con los grandes maestros del relato de viajes y aventuras, suspense, misterio y terror. Destacar de Verne su genial combinación de aventuras, ciencia y fantasía de anticipación; de Poe su mente insaciable y atormentada; de King la mejor recreación de todos nuestros miedos. Como gran colección pero incompleta incluyo la pluma elegante y terrorífica de H.P. Lovecraft.

Julio Verne
https://drive.google.com/drive/folders/1Qud8Nx4UXeQIZ7I6AMwZ7UsUa71HW7_s?usp=sharing

Edgar Alan Poe
https://drive.google.com/drive/folders/1hU7GiJViHJxZkB5r0CAQ0C4sFULn4psF?usp=sharing

Stephen King
https://drive.google.com/drive/folders/1IxBtDIihbFceda2TStNqef8rL5yLPFPc?usp=sharing

Lovecraft, H.P.
https://drive.google.com/drive/folders/1Un7aAaCIj0f06EtCk2npWUXcA1-PKhbA?usp=sharing


Biblioteca: Obras Completas Platón, Nietzsche, Anthony de Mello y Carlos Castaneda




Me gustaría compartir con vosotros, en una primera entrega, estos enlaces drive con las obras completas de los autores mencionados en el epígrafe, y posteriormente grandes colecciones de mis temas y escritores favoritos. Es mucha lectura la que voy a proponer; seguramente no tendremos tiempo en nuestra vida para leerlo todo, por lo que sería aconsejable ir seleccionando aquellos textos que nos llamen más la atención. Todo ello depende de nuestras necesidades actuales de autodesarrollo personal, de nuestro bagaje e intereses. Como dijo un sabio “somos enanos a hombros de gigantes”, evolucionamos apoyándonos y aprendiendo de los que nos precedieron. No pretendamos nunca presumir de poseer la verdad, pero sí de ir en su búsqueda constante, para entendernos a nosotros y al mundo.


Platón
https://drive.google.com/drive/folders/1ufq97HSTAUTp8pmJe6sSOtk9fRNzgK7k?usp=sharing

Nietzsche
https://drive.google.com/drive/folders/1dybNQHbt7in2hnI0oD_sfr_nbvHh1_in?usp=sharing

Anthony de Mello
https://drive.google.com/drive/folders/1vW4_ZGbq1zhtHs8cuKTjib2n0EVY0VSr?usp=sharing

Carlos Castaneda
https://drive.google.com/drive/folders/1-SX4mVkuD6U6N0Pxz8I2EUbR3mZzW-23?usp=sharing




lunes, 1 de octubre de 2018

¿No serán los mutantes la memoria del futuro? (L.Pauwels, J. Bergier)





Si el hombre posee poderes hasta hoy ignorados o menospreciados, y si existe, como nos inclinamos a creer, un estado superior de conciencia, importa no rechazar las hipótesis útiles a la experimentación, los hechos verdaderos, las comprobaciones que iluminan, al propio tiempo que aventamos el ocultismo y las falsas ciencias. El estudio de las facultades extrasensoriales es susceptible de desembocar en aplicaciones prácticas de una amplitud considerable. Tal vez haya un lugar en el hombre desde el cual pueda percibirse toda la realidad. Tal vez estamos en vísperas de descubrir un conjunto de métodos que nos permitan desarrollar sistemáticamente nuestras facultades extrasensoriales, utilizar una poderosa maquinaria oculta en nuestras profundidades.

El hombre no está terminado. Una psicología eficaz debería fundarse no en lo que es el hombre, sino en lo que puede devenir, en su evolución posible. Todas las doctrinas tradicionales descansan sobre la idea de que el hombre no es un ser acabado, estudiando las condiciones en las cuales deben realizarse los cambios, las alteraciones, las transmutaciones, que llevarán al hombre a su verdadera magnitud.
    El único progreso, en psicología, ha sido el comienzo de la exploración de las profundidades, de las zonas subconscientes. Nosotros pensamos que también hay cumbres que explorar, una zona superconsciente, la existencia de un equipo superior del cerebro, en gran parte no explorado. En el estado de vigilia normal de la conciencia, solo una décima parte del cerebro está en actividad. ¿No puede existir un estado en que la totalidad del cerebro esté en actividad organizada?



¿En qué condiciones puede el espíritu alcanzar aquel otro estado? ¿Cuáles son entonces sus propiedades? ¿Qué conocimientos puede en tal caso alcanzar? El movimiento formidable del conocimiento nos conduce a un punto en que el espíritu se siente obligado a transformarse, para ver lo que hay que ver. Lo poco que vemos depende de lo poco que somos. Pero, ¿es que solo somos lo que creemos ser?
    Nosotros admitimos esta hipótesis: el hombre posee un aparato al menos igual, si no superior a todos los aparatos técnicamente realizables, destinado a alcanzar el resultado que es objeto de toda técnica; a saber, la comprensión y el manejo de las fuerzas universales.

La concepción mágica de las relaciones del hombre con el prójimo, con las cosas, con el espacio y el tiempo, no es absolutamente ajena a una reflexión libre y viva sobre la técnica y la ciencia modernas. Precisamente la modernidad nos permite creer en lo mágico. Si en el campo silencioso del cerebro se establecen conexiones ultrarrápidas y si, en ciertas circunstancias, el resultado de este trabajo es captado por la conciencia, ciertas prácticas de magia imitativa, ciertas revelaciones proféticas, ciertas iluminaciones poéticas o místicas, ciertas adivinaciones que cargamos en la cuenta del delirio o del azar, tienen que considerarse como adquisiciones del espíritu en estado de vigilia. Acaso los ritos no son más que conjuntos completos de disposiciones rítmicas capaces de operar una puesta en marcha de otras funciones superiores de la inteligencia.

Pero, ¿qué decir de la insuficiencias de la propia inteligencia binaria? Se le escapa la existencia interna, la esencia de las cosas. Para llegar a ello, sería preciso que el razonamiento binario fuese reeemplazado por una conciencia analógica que revistiese las formas y asimilara las ritmos inconcebibles de estas estructuras profundas. El recurso a la conciencia despierta, es decir, a un estado diferente del estado de vigilia lúcida, constituye el leitmotiv de todas las filosofías antiguas.
    El hombre puede penetrar los secretos, ver la luz, ver la eternidad, captar las leyes de la energía, incorporar a su marcha interior el ritmo del destino universal, tener un conocimiento sensible de la última convergencia de las fuerzas en el que toda creación se encontrará, al fin del tiempo terrestre, a la vez cumplida, consumada y exaltada.
    El hombre lo puede todo. Pero este poder se detiene donde esta inteligencia presiente que hay todavía “algo” más allá del Universo. Esta puerta infranqueable, aceptamos la expresión, es la del Reino de Dios. Se trata de hacer funcionar una inteligencia “diferente”, de pasar del estado de vigilia ordinario al estado de vigilia superior. Al estado de alerta.



Si los hombres no tienen por único objeto el paso al estado de alerta, es que las dificultades de la vida en sociedad, la persecución de los medios materiales de existencia, no les deja tiempo para ello. A medida que el progreso técnico permita respirar al hombre, la busca del “tercer estado”, de la alerta, de la hiperlucidez, reeemplazará a las otras aspiraciones. La posibilidad de participar en esta búsqueda será por fin reconocida como uno de los derechos del hombre. La próxima revolución será psicológica. Todas las tradiciones atribuyen al estado de alerta ciertos poderes: la inmortalidad, la levitación, la telequinesia, etc. Pero estos poderes, ¿son solo imágenes de lo que puede el espíritu cuando ha cambiado de estado, o bien son realidades?
    ¿Es que no puede encontrarse un lugar, en mí mismo, desde el cual todo lo que me ocurre sea explicable inmediatamente, un lugar desde el cual todo lo que veo, sé o siento, pueda descifrarse en seguida, ya se trate del movimiento de los astros, de la disposición de los pétalos de una flor, de los movimientos de la civilización a la que pertenezco, o de los movimientos más secretos de mi corazón? ¿Es que no hay nada en el hombre, en mí mismo, un camino que conduzca al conocimiento de todas las cosas del mundo? ¿Es que no reposa en el fondo de mí la llave del conocimiento total?



Cabe imaginar el Ultrahumano, nuevo peldaño de la vida del planeta, como un ser racional y no solamente razonador, un ser dotado de una inteligencia objetiva permanente que no toma ninguna decisión más que después de observar lúcidamente, completamente, la masa de información que posee. Un ser cuyo sistema nervioso sería una fortaleza capaz de resistir cualquier asalto de los impulsos negativos. Un ser dotado de una memoria total infalible. Si el mutante existe es probablemente un ser que difiere del hombre por el simple hecho de que domina su inteligencia y la emplea sin un momento de descanso.
    Toda reflexión sobre los mutantes desemboca en un sueño sobre la evolución, sobre los destinos de la vida y del hombre. ¿Qué es el tiempo, a la escala cósmica que hay que situar la historia de la Tierra? ¿No ha comenzado el porvenir en la eternidad? ¿No serán los mutantes la memoria del futuro, de la cual está tal vez dotado el gran cerebro de la Humanidad?



Louis Pauwels / Jacques Bergier – El retorno de los brujos

jueves, 20 de septiembre de 2018

Atención plena en la era digital (Jon Kabat-Zinn)





Donde quiera que vayas, ahí estás. Nos guste o no, este momento es todo cuanto tenemos para trabajar. Pero, cuando surge la nube del olvido acerca de dónde estamos ahora, en ese preciso instante, nos perdemos, dejamos de estar en contacto con nosotros mismos. Para permitirnos estar verdaderamente en contacto con donde ya estamos tenemos que hacer una pausa en nuestra experiencia, lo suficientemente larga para permitir que el momento presente pueda penetrar en nosotros, sentirlo, verlo en su totalidad, sostenerlo en la conciencia y, de ese modo, llegar a conocerlo y comprenderlo mejor.

Puede que casi nunca estemos donde realmente estamos, que casi nunca estemos en contacto con todas nuestras posibilidades. Por el contrario, nos encerramos en una ficción personal, según la cual ya sabemos quiénes somos, ya sabemos dónde estamos y adónde nos dirigimos, ya sabemos qué está ocurriendo; y mientras tanto, permanecemos envueltos en un velo de pensamientos, fantasías e impulsos, la mayoría de ellos relacionados con el pasado y el futuro, con lo que deseamos y nos gusta y con lo que tememos y no nos gusta, que se prolongan continuamente y nos impide ver en qué dirección vamos.




El hecho de no saber siquiera que estamos soñando es lo que los budistas llaman ignorancia, o inconsciencia. Estar en contacto con este no saber es lo que se llama atención plena. El trabajo que hay que hacer para despertar de tales sueños es la meditación, el cultivo sistemático del estado despierto, de ser consciente del momento presente. La meditación consiste simplemente en ser nosotros mismos y tener un cierto conocimiento acerca de quiénes somos, darnos cuenta de que, nos guste o no, estamos en el camino de nuestra vida, que tiene una dirección y siempre se está desplegando; que lo que ocurre ahora influye en lo que ocurre a continuación, poder orientarnos tanto interna como externamente. Si lo hacemos, es posible que esto nos permita trazar un recorrido que sea más fiel a nuestro ser interior: un camino del alma, un camino con Corazón, nuestro camino.

La atención plena guarda relación con examinar quiénes somos y con cuestionar nuestra visión del mundo y el lugar que ocupamos en el mismo, así como con el hecho de cultivar la capacidad de apreciar la plenitud de cada momento, estar en contacto con la plenitud de nuestro ser por medio de un proceso sistemático de autoobservación, de autoindagación y de acción atenta. No hay nada de frío, analítico o insensible en ello. En general, la práctica de la atención plena se caracteriza por la amabilidad y la capacidad de apreciar, así como por ser fuente de nutrición. De hecho, se la podría llamar Corazón pleno. Practicar la atención plena significa comprometernos plenamente a estar presentes en cada momento. No intentamos mejorar ni llegar a ningún otro lugar. No tratamos de alcanzar siquiera comprensiones profundas ni visiones especiales. Tampoco nos forzamos a dejar de juzgarnos, calmarnos o relajarnos. Y, por supuesto, no fomentamos el ensimismamiento ni el egocentrismo. Simplemente nos invitamos a interaccionar con el momento presente con plena conciencia, con la intención de encarnar lo mejor que podamos la calma y la ecuanimidad aquí y ahora.



En estos tiempos en que la confusión y la agitación internas y externas son tan grandes; en estos tiempos en que la aceleración temporal, impulsada por la llegada de la era digital y de la capacidad de hacer más cosas en menos tiempo, es tan feroz, que incrementa de forma drástica el riesgo de no estar nunca presentes con y para nosotros mismos. La especie se encuentra en una coyuntura crítica, en un momento clave del cambio, y la atención plena, nuestra capacidad innata para estar despiertos y presentes con el corazón abierto y ver con claridad, nunca ha sido tan importante.

Lo que necesitamos, ahora más que nunca, dentro de toda esa confusión, es una sabiduría interna, un giro de la conciencia que acompañe y determine la trayectoria de las diversas actividades que emprendemos en el mundo y que nos guíe individual y colectivamente para desarrollar con plenitud nuestro potencial como seres humanos. La meditación basada en la atención plena, en especial cuando se entiende como una forma de ser, de vivir la vida y no como una simple técnica, es un vehículo muy poderoso para experimentar de forma directa estas posibilidades transformadoras y curativas en nosotros mismos y en el mundo. Asimismo, puesto que constituye una puerta de acceso a lo eterno, actúa más allá del tiempo; de este modo permite que se produzca la transformación sin que debamos esforzarnos por llegar a ningún otro lugar ni fustigarnos a lo largo del camino por nuestra incompetencia e imperfección.




¿Podemos convertirnos plenamente en nosotros mismos para vivir nuestras preciosas y fugaces vidas más satisfactoriamente? Al fin y al cabo ¿qué más hay que hacer? ¿Y qué podría ser más importante para recuperar nuestra propia vida, con todas sus posibilidades y realidades?

La atención plena, incluso cuando se cultiva solo unos minutos, lleva al corazón a aproximarse a sí mismo. Invita a esa intimidad que tanto anhelamos y que nos llama porque, en última instancia, la atención plena es la intimidad subyacente a cualquier separación; pone inmediatamente a nuestro alcance la bondad y la belleza intrínsecas del mundo y de nuestro corazón, con el fin de que las semillas de nuestra naturaleza más auténtica crezcan, florezcan y nutran nuestras vidas, nuestro trabajo y nuestro mundo, momento a momento, día tras día.


Jon Kabat-Zinn – Mindfulness en la vida cotidiana


domingo, 1 de julio de 2018

Los 5 poderes auténticos (Thich Nhat Hanh)




Hay otro tipo de poder, el poder de ser felices justo en el momento presente, libres de la adicción, el miedo, la desesperación, la discriminación, el enfado y la ignorancia. Este poder es un derecho inalienable de todo ser humano. El hecho de vivir nuestra vida con profundidad y felicidad y de tener tiempo para dedicarnos a las personas que amamos es otro tipo de éxito, otro tipo de poder, y es mucho más importante. Solo hay un tipo de éxito que realmente importa: el éxito de transformarnos a nosotros mismos, de transformar nuestras aflicciones, nuestro miedo y nuestro enfado. Este es el tipo de éxito, el tipo de poder, que nos beneficiará a nosotros y a los demás sin causar ningún daño.

Para proporcionar felicidad a los demás debemos ser felicidad. Este es el motivo por el cual siempre nos entrenamos para ocuparnos primero de nuestro cuerpo y de nuestra mente. Solo cuando nosotros mismos seamos amables podemos dar lo mejor y cuidar de aquellos a los que amamos.
    Cuando vivimos sin ser conscientes, sin la capacidad de ver realmente el mundo que nos rodea, nuestra vida con frecuencia se asemeja a un tren fuera de control. Ya disponemos de tiempo suficiente para prestar atención a todas las personas y cosas que son más importantes para nosotros, y podemos vivir cada momento al máximo, sabiendo que es un momento maravilloso, el único momento que en realidad tenemos.



En el budismo hablamos de los 5 poderes auténticos, que son: la fe, la diligencia, la atención plena, la concentración y la visión profunda.

La fe es tener un camino que conduce a la libertad, a la liberación y a la transformación de las aflicciones. Si hemos visto el sendero, si tenemos un camino por el que seguir, disponemos de poder. Aquellos que no  disponen de un camino vagan sin rumbo, sufren. No saben adonde ir. Si tenemos alguna experiencia de que ese camino nos lleva en la dirección correcta, tendremos fe en el camino. Estaremos muy contentos de haberlo encontrado y, por consiguiente, empezaremos a tener poder.



La diligencia es practicar con regularidad la meditación sentada todos los días; si meditamos andando todos los días; si hacemos la práctica de respirar y comer con atención plena todos los días, estamos alimentando nuestra práctica de forma constante. Ésta es la segunda fuente de poder.

La atención plena es la energía de ser consciente de lo que está ocurriendo en el momento presente, vivimos con profundidad cada momento de nuestra vida cotidiana. La energía de la atención plena nos ayuda a saber qué deberíamos hacer y qué no. Nos ayuda a sortear las dificultades y los errores; nos protege e ilumina todas nuestras actividades diarias. Es la capacidad de reconocer las cosas tal cual son, a ver a las personas que queremos y a estar en contacto con ellas.

La atención plena hace emerger el poder de la concentración. La concentración puede ayudarnos a mirar con más profundidad la naturaleza de la realidad y a hacer emerger el tipo de visión profunda que puede liberarnos del sufrimiento. La concentración en la naturaleza de la transitoriedad, en el no-yo y en el interser puede ayudarnos a hacer grandes progresos que nos proporcionarán la visión profunda.

La visión profunda es una espada que, sin producir dolor, corta de raíz todos los tipos de sufrimiento, incluidos el miedo, la desesperación, el enfado y la discriminación. La visión profunda procede de la comprensión. Necesitamos crear un entorno en el que la atención plena y la concentración se conviertan en algo fácil.




Al centrarnos en nuestro poder espiritual, podemos transformar el balance final para que incluya también compasión. Sin compasión no podemos ser felices. Nos quedamos aislados y atrapados en nuestro propio mundo, incapaces de relacionarnos con la gente o de comprenderla. Si miramos con profundidad, vemos el dolor y el sufrimiento que hay en el mundo y  reconocemos nuestro profundo deseo de aliviarlo. También nos damos cuenta de que proporcionar dicha a los demás es la mayor dicha que podemos experimentar, el mayor logro. Al optar por cultivar el auténtico poder, no tenemos por qué abandonar nuestro deseo de vivir bien. De hecho, nuestra vida puede ser más satisfactoria y seremos felices y estaremos relajados, al tiempo que aliviaremos el sufrimiento de los demás y les proporcionaremos felicidad.


Thich Nhat Hanh – El arte del Poder



lunes, 11 de junio de 2018

Somos almas espirituales, partes del Supremo (Swami Prabhupada)




Esta forma humana de vida no se nos ha dado solo para trabajar arduamente sino para lograr la perfección más alta de la vida. Si no queremos esa perfección, entonces habremos de trabajar muy arduamente, pues seremos forzados a ello por las leyes de la naturaleza. En los últimos días de Kali-Yuga (la época actual), los hombres tendrán que trabajar tan arduamente como los asnos por tan solo una migaja de pan. Este proceso ya ha comenzado, y cada año aumentará la necesidad de trabajar más arduamente por salarios menores. Sin embargo, los seres humanos no están destinados a eso, y si un hombre no desempeña sus deberes como ser humano, es forzado por las leyes de la naturaleza a transmigrar hacia las especies más inferiores de vida.

Aquellos que intentan seguir el sendero que conduce a Dios, pero que no lo completan, reciben la oportunidad de aparecer en las familias de personas adelantadas espiritualmente o en familias de buena posición económica para continuar progresando desde el punto en que se detuvo en su nacimiento previo. Pero por desgracia, debido a la influencia de la actual era de hierro (que está llena de máquinas y de gente mecanizada), son descarriados hacia el goce de los sentidos, y se olvidan de la buena oportunidad que tienen de alcanzar la iluminación espiritual. Nuestra función es la de resolver los problemas fundamentales de la vida, que surgen debido a las leyes de la naturaleza. La civilización se encontrará estática a menos que haya movimiento espiritual. El alma mueve al cuerpo, y el cuerpo viviente mueve al mundo. Nos preocupamos por el cuerpo, pero no tenemos conocimiento alguno sobre el espíritu que está moviendo a ese cuerpo. Sin el espíritu, el cuerpo queda inmóvil, o muerto.



El cuerpo  humano es un excelente vehículo con el que podemos alcanzar la vida eterna. Es un barco muy difícil de conseguir, y muy importante para cruzar ese océano de la ignorancia que es la existencia material. En este barco presta servicio un barquero experto, el maestro espiritual. Por gracia divina, el barco navega por el agua con un viento favorable. Con todos estos factores auspiciosos, ¿quién no aprovecharía la oportunidad de cruzar el océano de la ignorancia? Si alguien desperdicia esta buena oportunidad, ha de entenderse que simplemente está suicidándose, nadie tiene información sobre el verdadero destino de la vida, que consiste en regresar a Dios, en recobrar nuestra identidad espiritual perdida. El barco de la vida humana está construido de manera tal que debe moverse hacia un destino espiritual.

Desgraciadamente, este cuerpo está anclado a la conciencia mundana por medio de cinco fuertes cadenas, que son: el apego de la entidad viviente al cuerpo material; el apego a los parientes debido a las relaciones corporales, el apego a la tierra natal y a las posesiones materiales; el apego a la ciencia material, la cual siempre permanece como un misterio por falta de conocimiento espiritual, y el apego a las formas religiosas y ritos sagrados sin conocer a la Personalidad de Dios.
    La Personalidad de Dios, quien está plenamente consciente de todo lo que hay en su creación, nos informa que, para nuestro propio bien, debemos desear salir de esta existencia desoladora. Debemos desapegarnos de todo lo material. Para darle el mejor uso a una mala compra, debemos espiritualizar ciento por ciento nuestra existencia material. La actividad espiritual es la activación de nuestra verdadera vida. Debemos ansiar encontrar la vida eterna, o sea, la existencia espiritual en el Absoluto, ese país eterno del que nadie regresa.



A Dios puede regresar alguien que está convencido de su identidad espiritual y que está libre del concepto material de la existencia, que está libre de la ilusión y es trascendente a las modalidades de la naturaleza material, y que se ha apartado completamente del goce de los sentidos. En la existencia espiritual hay una vida espiritual incesante de eternidad, bienaventuranza y conocimiento, siempre podemos saborear el feliz contacto trascendental con la Personalidad de Dios.

Sin duda alguna, el alma está presente en el corazón de la entidad viviente, y es la fuente de todas las energías que mantienen el cuerpo. La energía del alma se difunde por todo el cuerpo, y ello se denomina conciencia. Como esta conciencia difunde la energía del alma por todo el cuerpo, uno puede sentir placeres y dolores en cualquier parte del cuerpo. El alma es individual, y está transmigrando de cuerpo en cuerpo. Luego ocurre el cambio llamado muerte, cuando nos mudamos a un cuerpo nuevo. Cuando el alma quiere disfrutar de este mundo material, olvidándose de su verdadero hogar del mundo espiritual, acepta esta vida de ardua lucha por la existencia. Su vida antinatural de repetidos nacimientos, muertes, enfermedades y vejez, puede detenerse cuando su conciencia se acopla con la Conciencia Suprema de Dios.





La verdadera educación consiste en preguntar por qué llega la muerte a pesar de que no queremos morir. Cuando limpiemos nuestro corazón nos daremos cuenta de que no pertenecemos a este cuerpo material ni a este mundo material. Somos almas espirituales, partes del Supremo. Estamos relacionados eternamente con Él. Esto se denomina liberación, conocimiento. Entonces podremos salir del ciclo del nacimiento y la muerte en diferentes forma de vida, e ir de vuelta al hogar, de vuelta a Dios.


Swami Prabhupada – La Ciencia de la Autorrealización

lunes, 2 de abril de 2018

Incertidumbre, nuestro supremo consuelo (Miguel de Unamuno)




 Ni el anhelo vital de inmortalidad humana halla confirmación racional, ni tampoco la razón nos da aliciente y consuelo de vida y verdadera finalidad a ésta. Mas he aquí que en el fondo del abismo se encuentran la desesperación sentimental y volitiva y el escepticismo racional frente a frente, y se abrazan como hermanos. Y va a ser de este abrazo, un abrazo trágico, es decir, entrañadamente amoroso, de donde va a brotar manantial de vida seria y terrible. El escepticismo, la incertidumbre, última posición a la que llega la razón ejerciendo su análisis sobre sí misma, sobre su propia validez, es el fundamento sobre el que la desesperación del sentimiento vital ha de fundar su esperanza.

La fe en la inmortalidad es racional. Y, sin embargo, fe, vida y razón se necesitan mutuamente. Tienen que apoyarse uno en otro y asociarse. Pero asociarse en lucha, ya que la lucha es un modo de asociación. La voluntad y la inteligencia se necesitan. Si la fe, la vida, no se puede sostener sino sobre razón que la haga transmisible –y ante todo transmisible de mí a mí mismo– la razón a su vez no puede sostenerse sino sobre fe, sobre vida, siquiera fe en la razón, fe en que ésta sirve para algo más que para conocer, sirve para vivir. Y, sin embargo, ni la fe es transmisible o racional, ni la razón es vital.

La fe no es en su esencia sino cosa de voluntad, no de razón, como creer es querer creer, y creer en Dios ante todo y sobre todo es querer que le haya. Y así, creer en la inmortalidad del alma es querer que el alma sea inmortal, pero quererlo con tanta fuerza que esta querencia, atropellando a la razón, pasa sobre ella. Mas no sin represalia. Y la trágica historia del pensamiento humano no es sino de una lucha entre la razón y la vida, aquella empeñada en racionalizar a ésta haciéndola que se resigne a lo inevitable, a la mortalidad; y ésta, la vida, empeñada en vitalizar a la razón obligándola a que sirva de apoyo a sus anhelos vitales.



Y la vida se defiende, busca el flaco de la razón y lo demuestra en el escepticismo, y se agarra de él, y trata de salvarse asida a tal agarradero. Necesita de la debilidad de su adversaria. El escepticismo vital viene del choque entre la razón y el deseo. Y de este choque, de este abrazo entre la desesperación y el escepticismo, nace la santa, dulce, la salvadora incertidumbre, nuestro supremo consuelo.

La certeza absoluta completa, de que la muerte es un completo y definitivo e irrevocable anonadamiento de la conciencia personal, o la certeza absoluta, completa, de que nuestra conciencia personal se prolonga más allá de la muerte, haciendo entrar en ello la extraña y adventicia añadidura del premio o del castigo eternos, ambas certezas nos harían igualmente imposible la vida.

En un escondrijo, el más recóndito del espíritu, sin saberlo acaso el mismo que cree estar convencido de que con la muerte acaba para siempre su conciencia personal, su memoria, en aquel escondrijo le queda una sombra, una vaga sombra de incertidumbre, y mientras él se dice: “ea, ¡a vivir esta vida pasajera que no hay otra!”, el silencio de aquel escondrijo le dice: “¿quién sabe?”. Cree acaso no oírlo, pero lo oye. Y en un repliegue también del alma del creyente que guarda más fe en la vida futura, hay una voz tapada, voz de incertidumbre, que le cuchichea al oído espiritual: “¿quién sabe…?” ¿Cómo podríamos vivir sin esa incertidumbre?
   El “¿y si hay?” y el “¿si no hay?” son las bases de nuestra vida íntima.

 


Y la más fuerte base de la incertidumbre, lo que más hace vacilar nuestro deseo vital, lo que más eficacia da a la obra disolvente de la razón, es ponernos a considerar lo que podría ser una vida del alma después  de la muerte. Porque aún venciendo, por un poderoso esfuerzo de fe, a la razón que nos dice y enseña que el alma no es sino una función del cuerpo organizado, queda luego el imaginarnos qué pueda ser una vida inmortal y eterna del alma. En esta imaginación las contradicciones y los absurdos se multiplican y se llega, acaso, a la conclusión, y es que si es terrible la mortalidad del alma, no menos terrible es su inmortalidad.

Pero vencido el obstáculo de la razón, ganada la fe… ¿qué dificultad, qué obstáculo hay en que nos imaginemos esa persistencia a medida de nuestros deseos? Sí, podemos imaginárnosla como un eterno rejuvenecimiento, en un eterno adecentarnos e ir hacia Dios, hacia la Conciencia Universal, sin alcanzarla nunca… ¿Quién pone trabas a la imaginación, una vez rota la cadena de lo racional?
    Y no soy yo, es el linaje humano todo el que entra en juego; es la finalidad última de nuestra cultura toda. Yo soy uno, pero todos son yo.

Y hemos llegado al fondo del abismo, al irreconciliable conflicto entre la razón y el sentimiento vital, y hay que aceptar el conflicto como tal y vivir de él.

   Esta desesperación religiosa, y que no es sino el sentimiento mismo trágico de la vida es, mas o menos velada, el fondo mismo de la conciencia de los individuos y de los pueblos cultos de hoy en día. Y es ese sentimiento la fuente de las hazañas heroicas. Los más locos ensueños de la fantasía tienen algún fondo de razón, y quién sabe si todo cuanto puede imaginarse un hombre no ha sucedido, sucede o sucederá alguna vez en uno o en otro mundo. Solo falta saber si todo lo imaginable es posible.


Miguel de Unamuno – Del sentimiento trágico de la vida

jueves, 22 de marzo de 2018

La meditación es mirar hacia dentro (Osho)



Existe una fuente en tu interior eternamente fresca, que jamás envejece, y no puedes aburrirte de ella. El hombre siempre mira las cosas lejanas; parece completamente ajeno a lo evidente, a lo que tiene cerca. Tú eres lo más próximo a ti, y por eso lo pierdes de vista. Y no hay forma alguna de alejarte de ti mismo. Tendrás que aprender el arte de entrar en ti mismo; tendrás que empezar a mirar hacia dentro. Eso es lo que llamamos meditación: no es sino mirar hacia dentro, para llegar al punto de la fuente misma de tu vida. Y una vez que hayas alcanzado tu fuente de la vida, no existirá el aburrimiento, y tu vida será una continua fiesta.

En lugar de escapar, adéntrate. Aproxímate a ti mismo para ver mejor. Nadie más puede ver tu realidad interior; solo tú puedes ver ese esplendor y esa magnificencia. Porque nadie más puede ver tu belleza interior, te condenan. No eres solo tú, casi todos corren con toda la rapidez que pueden, para huir de sí mismos. Adondequiera que vayas, serás tú mismo. Es el miedo a conocerse a sí mismo, el mayor miedo del mundo. No puedes huir de ti mismo. Por el contrario, tienes que aproximarte más, profundizar en tu ser, y olvidar ese tono de censura que te han transmitido en el transcurso de tu vida. La humanidad ha creado una situación muy extraña. En la que nadie se siente a gusto, en la que nadie puede relajarse, porque en cuanto te relajas te enfrentas contigo mismo. La relajación se convierte poco menos que en un espejo, y no quieres ver tu cara por lo mucho que te afectan las opiniones negativas de los demás.

Esa es una de las razones por la que las personas también tienen miedo a la soledad; necesitan multitudes, siempre quieren gente a su alrededor, quieren amigos. Les resulta muy difícil permanecer en silencio, tranquilos y solos. La razón es que en soledad te quedas contigo mismo, y has aceptado esas estúpidas ideas de que no hay nada valioso en ti. La soledad debería ser una de las mayores alegrías.



Todo se transmite durante siglos, pasa de una mano a otra. Ese es el juego del que tienes que salir, y la única forma de salir de él consiste en descubrir el respeto por ti mismo, en volver a lograr la dignidad que tenías cuando eras niño, cuando aún no estabas contaminado, cuando aún no estabas condicionado y envenenado por la sociedad ni por la gente que te rodeaba. Vuelve a ser niño y no huirás de ti mismo.
   La persona mundana huye de sí misma, y la persona que busca entra en sí misma para encontrar la fuente de la vida, la consciencia. Y cuando descubre esa fuente, no solo ha descubierto su fuente de la vida, sino la fuente de la vida del universo. Solo has de renunciar a una cosa: que es el pasado y nada más. Si eres capaz de renunciar al pasado te sentirás completamente renovado, recién nacido, y vivir en esa renovación es tal dicha, tal éxtasis que no se te ocurrirá escapar de ella ni un solo momento. Quien se conoce a sí mismo jamás se toma vacaciones. Pero la mayoría de las personas se comportan de una manera absurda. En ir hacia dentro está el secreto de toda la transformación alquímica de ser.

Los meditadores son los únicos que eliminan por completo el aburrimiento. La existencia los emociona de tal manera, se sienten tan emocionados con su consciencia, que la armonía que establecen con el pulso del universo, que no pueden aburrirse. Es algo que cambia a cada momento, cada momento es un universo nuevo, y cada momento es una nueva danza, una nueva canción, una nueva música que jamás habías oído.



En cuanto llevas luz al interior, desaparece la oscuridad. En el momento que empiezas a observar, el observador se irá fortaleciendo lentamente, y tu mente se irá debilitando. En cuanto comprende que el observador ha madurado, la mente se somete inmediatamente, como un buen criado. Entonces la mente se convence poco a poco de quién es quien manda. Y como es tu ama desde hace milenios, cuando intentas ser testigo se rebela, porque se ha olvidado por completa de que no es sino una criada. Llevas tanto tiempo ausente que no te reconoce. De ahí la lucha entre el testigo y los pensamientos.
   Pero al final vencerás tú, porque la naturaleza y la existencia quieren que tú seas el amo y la mente la criada. Las cosas están en armonía y entonces la mente no puede equivocarse. Entonces todo queda existencialmente relajado, fluyendo hacia su destino. No tienes que hacer nada; simplemente observar. La esencia consiste en presenciar. Solo existe una meditación, que consiste en el arte de ser testigo. Lo consigue todo, la transformación completa de tu ser. Te abre las puertas de la verdad, la divinidad y la belleza; de todo.

Presenciar, ser testigo es el mejor método para alcanzar la no-mente. Cuando una persona alcanza el estado de la no-mente, nada puede distraerle de su ser. Observar requiere cierto distanciamiento. Cuanto más observas, más se agranda la distancia. Cuanto mayor es la distancia, menos energía dedicas a tus pensamientos, y no tiene otra fuente de energía. Al cabo de poco tiempo empiezas a morir, a desparecer. En ese momento en que desapareces empiezas a vislumbrar la no-mente.



El logro definitivo es cuando la no-mente te rodea veinticuatro horas al día. Lo cual no significa que no puedes usar la mente; simplemente significa que la mente no puede usarte a ti.

   La no-mente parece una expresión muy sencilla, pero su significado exacto es iluminación, libertad,  liberación de toda atadura, la experiencia de ausencia de muerte y la inmortalidad. Cuando esa mente deja de estar en funcionamiento, pasan a formar parte de la mente del cosmos, de la mente universal. Cuando formas parte de la mente universal, tu mente individual funciona como una sierva obediente. Ha reconocido al amo, y transmite noticias de la mente universal a quienes aún están encadenados a la mente individual. En eso consiste su carisma, su poder, su magia.


Osho – La pasión por lo imposible

lunes, 19 de marzo de 2018

El Medio Divino (Teilhard de Chardin)




Vivimos en medio de la red de influencias cósmicas, como en el seno de la masa humana, o como en medio de las miríadas de estrellas, sin tomar conciencia de su inmensidad. Si queremos vivir la plenitud de nuestra humanidad nos es preciso superar esta insensibilidad que tiende a ocultarnos las cosas a medida que se hacen demasiado próximas y demasiado grandes. Vale la pena que hagamos el saludable ejercicio que consiste en seguir las prolongaciones de nuestro ser a través del Mundo. Quedaremos estupefactos al constatar cuánta es la extensión y la intimidad de nuestras relaciones con el universo.

El hombre solo escapa al terrible aburrimiento del deber monótono y banal enfrentándose con las ansiedades y la tensión interior de la “creación”. Por interesante y espiritual que sea, el trabajo es un alumbramiento doloroso. Crear u organizar energía material, verdad y belleza es un tormento interior que le roba la vida pacífica y replegada, donde propiamente anida el vicio del egoísmo y del apego. No solo debe el hombre saber abandonar su tranquilidad y su reposo, sino que le es preciso saber renunciar incesantemente, mediante formas mejores, a las prácticas primeras de su industria, de su arte, de su pensamiento. Detenerse a gozar, a poseer, sería una falta contra la acción. Una y otra vez hay que superarse, desprenderse de sí mismo, dejar tras uno, en cada instante, los proyectos más urgentes. El desasimiento no consiste solo en la sustitución continua de un objeto por otro del mismo orden. En virtud de un maravilloso poder ascendente encerrado en las cosas, cada realidad alcanzada y superada nos permite acceder al descubrimiento y a la prosecución de un nivel de calidad espiritual superior. Cuanto más nobles son los deseos y las acciones de un hombre, más avidez tiene de las cosas grandes y sublimes. Necesitará crear organizaciones generales, abrir caminos nuevos, defender grandes causas, descubrir Verdades, tener un ideal que sostener y mantener. Poco a poco, el gran soplo del Universo, que le penetró por el resquicio de una acción humilde, pero fiel, le dilata, le eleva, le transporta.



El hombre, al propio tiempo que se ve llevado por el desarrollo de sus fuerzas a descubrir metas cada día más elevadas, tiende a hallarse dominado por el objeto de sus conquistas, y acaba por adorar aquello contra lo que luchaba. Le subyuga la magnitud de lo que él ha desvelado y desencadenado. Y por su naturaleza de elemento se ve llevado a reconocer que, en el acto definitivo que ha de reunirse con el Todo, los dos términos de la Unión son desmesuradamente desiguales. Él, siendo el más pequeño, ha de recibir más que dar. Y es así que se halla preso por lo pensó apresar.

Si nos fijamos, vemos, en efecto, con cierto estremecimiento, que no ascendemos a la reflexión  y a la libertad más que por la finísima punta de nosotros mismos. Inmediatamente, más allá empieza una noche impenetrable y, no obstante, saturado de presencias: la noche de todo cuanto está en nosotros y en torno a nosotros, sin nosotros y a pesar de nosotros. En verdad, a partir de cierta distancia, todo es negrura y, sin embargo, todo está lleno de ser en torno a nosotros. He aquí las tinieblas cargadas de promesas y amenazas que habrá de iluminar y de animar con la Presencia Divina.



¿Qué ciencia podrá revelar al hombre el origen, la naturaleza, el régimen de la potencia consciente de su voluntad y de amor de que está hecha su vida? Sin duda no es ni nuestro esfuerzo, ni el esfuerzo de nadie en torno a nosotros, el que ha desencadenado esta corriente. No intentemos, pues, evadirnos del Mundo antes de tiempo. Sepamos orientar nuestro ser en el flujo de las cosas; y entonces, en lugar del lastre que nos llevaba  al abismo del placer y del egoísmo, sentiremos que de las criaturas surge un “componente” saludable, que siguiendo un proceso saludable nos dilatará, nos arrancará a nuestras mezquindades, nos impelirá imperiosamente hacia el acrecentamiento de nuestras perspectivas, hacia la renuncia de los sabrosos goces, hacia el gusto por bellezas cada vez más espirituales. La propia Materia, que parecía aconsejarnos el mayor placer y el menos trabajo, se habrá convertido para nosotros en un principio de menor goce y mayor esfuerzo.

Materia fascinante y fuerte, materia que acaricias y virilizas, ,materia que enriqueces y que destruyes –confiando en las influencias celestes que han perfumado y purificado tus aguas-, me abandono a tus poderosas capas. Arrástrame a tus encantos, nútreme con tu savia. Enduréceme con tu resistencia. Líbrame de tus amarguras. Y, en fin, por toda tú misma, divinízame.

Por el Medio Divino el contacto con la Materia purifica y la castidad florece como sublimación del amor. En el Medio Divino, el desarrollo lleva a la renuncia. El asimiento a las cosas nos aparta de cuanto tienen de caduco. La Muerte se convierte en una Resurrección.
    Ahora bien, si buscamos de dónde pueden venirle al Medio Divino tantas perfecciones sorprendentemente unidas entre sí, descubrimos que todas ellas derivan de una sola perfección “fontanal”, que podemos expresar de esta manera: Dios se descubre en todas partes, cuando le buscamos en nuestros tanteos, como un medio universal, en cuanto es el punto último en el que convergen todas las realidades. Cada elemento del mundo no subsiste sino a manera de un cono cuyas generatrices se enlazaran en Dios que la atrae. Por tanto, todas las criaturas no pueden ser consideradas sin que en lo más íntimo y más real de ellas no se descubra la misma realidad, una bajo la multiplicidad, inasible en su proximidad, espiritual bajo la materialidad.



Este foco, esta Fuente, están en todas partes. La Omnipresencia divina no es más que el efecto de su extrema espiritualidad. Y a la luz de este descubrimiento podemos reemprender nuestra marcha a través de las maravillosas sorpresas que nos reserva inagotablemente el medio Divino.


Establezcámonos en el Medio Divino. Nos encontraremos en lo más íntimo de las almas y en lo más consistente de la materia. Descubriremos, con la confluencia de todas las bellezas, el punto ultravivo, el punto ultrasensible, el punto ultraatractivo del Universo. Y, al mismo tiempo, sentiremos que se ordena sin esfuerzo, en el fondo de nosotros mismos, la plenitud de nuestras fuerzas.


Pierre Teilhard de Chardin – El Medio Divino

jueves, 22 de febrero de 2018

¿Qué es la realidad? (Alan Watts)



Tú y yo formamos con el universo físico un todo tan continuo como el que forma la ola y el océano. El océano ondula, y el universo humaniza. Pero nuestra conciencia, o el modo en que sentimos y concebimos nuestra existencia, están en el mito de que somos algo hecho, de que somos piezas, de que somos cosas, nuestras conciencias han sido influidas de esa manera, que no lo sentimos . Hemos sido hipnotizados por la conciencia social, para sentir y creer que solo existe dentro de nuestra piel; que no somos el bang original, sino tan solo algo en un remoto remoto del mismo. Por eso estamos muertos de miedo. Mi onda va a desaparecer, voy a morir y eso sería horrible. Por eso nos sentimos todos tristes y deprimidos.

Si existe algo que pueda tener inteligencia, belleza y amor, lo ha hallado en otras personas; dicho de otra forma, existe en nosotros, en cuanto somos humanos. Si está en nosotros, es sintomático del esquema general. Los mitos que fundamentan nuestra cultura y que fundamentan nuestro sentido común no han sido enseñados en los sentidos con el universo, somos tan solo partes del mismo. Y creo que tenemos necesidad urgente de empezar a sentir que somos el universo entero, cada uno de nosotros. Si no es así, nos vamos a volver locos. El proceso biológico que llamamos vida, con su profusión maravillosa de innumerables diseños y formas, es esencialmente lúdico. La naturaleza de la vida es un juego, y es el fin de sí misma.



Nuestra cultura muestra una conciencia básica de alegría por la culpa de la creencia en la obligatoriedad de la existencia. ¿Es nuestro deber acaso sobrevivir? Vida y muerte, existencia e inexistencia existen simultáneamente. Si empezaste a funcionar de acuerdo con la óptica, comenzarías a ver con toda claridad que todo lo define como tú mismo va junto con todo cuanto se experimenta como otro . Si no puedes experimentar la otredad, no puedes experimentarlo.

Así que cuando se abre una cuenta de esta polaridad, entonces puede empezar a parecer que su organismo no es algo separado del entorno con el que se enfrenta, que se enfrenta con él, que lo que es la vida se polariza como entorno y organismo, sujeto y objeto, conocedor y conocido, y en realidad es una sola cosa que juega a desdoblarse. Por esto es posible que una persona que de repente se dé cuenta de que la forma un todo con el entorno tenga una visión más cabal, una sensación más correcta de la realidad.



La raza humana tiene que dejar de conquistar la naturaleza, abandonar su actitud hostil ante el medio ambiente, porque si seguimos adelante con una tecnología basada en la hostilidad, vamos a cargarnos al planeta.
   Dicho de otra forma, estamos obstaculizando los procesos naturales, como si no reconociéramos la interconexión del entorno con cada uno de sus miembros y con nuestros mismos órganos físicos. El medio ambiente es tu propio cuerpo, expandido.

Es vitalmente necesario hacer que los individuos lleguen a que su existencia no sea extraña al medio, que sea parte de él mismo, que pueda entenderse que el mundo tenga seres humanos de la misma forma que un hombre que tenga manzanas. Si las manzanas son sintomáticas del hombre, también los seres humanos son los padres de la naturaleza de este universo físico. Si el manzano manzanea , el mundo personaliza . Es un mundo que hace gente, además de muchas otras cosas interesantes.




Pero, ya veis, hemos sido educados en esta cultura para creer de sentido común que, fuera de la piel humana, el mundo es manifiestamente estúpido. Que es una interacción de "fuerzas ciegas" que se han disfrazado. Por otra parte, si logramos que las personas superen esta sensación de su propia existencia, para siempre de la solidaridad, el hecho de ser parte de todo lo que sucede, habremos dado un gran paso adelante en el camino de crear una motivación emocional para cuanto hay que hacer urgentemente. Si no lo hacemos, pues bien, a la raza humana no le queda mucha cuerda.


Alan Watts - ¿Qué es la realidad?