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jueves, 25 de abril de 2019

Biblioteca de escritores e investigadores españoles sobre enigmas de la Historia y el Cristianismo



He procurado reunir aquí una variada colección de textos sobre el tema del epígrafe, que van desde el análisis, la crítica y la hermenéutica hasta la fabulación y la novela. Autores con distintos puntos de vista y métodos de trabajo, pero que nos revelan la íntima inquietud de desentrañar los hilos de la historia, especialmente la que nos han inducido a creer, no acorde en multitud de casos con lo que de verdad sucedió. No hay una especialidad humana más frágil e insegura que la interpretación histórica.

Espero que esta labor de investigación tenga sus adeptos y encuentren libros de su interés. Como definidores del tema puedo citar, por ejemplo “Defendámonos de los dioses” de Salvador Freixedo y “La conspiración de los dioses” de Juan García Atienza, ambos coincidentes en la denuncia de la manipulación a que estamos sometidos. También como apunte los clásicos “Existió otra humanidad” y “Mis enigmas favoritos” de J. J. Benítez, “En busca de la Edad de oro” y “La ruta prohibida y otros enigmas de la historia” de Javier Sierra sobre civilizaciones, enigmas y misterios del pasado. En otro orden de cosas, “El catolicismo explicado a las ovejas” del prolífico autor Juan Eslava Galán y “Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica” de Pepe Rodríguez, junto a la rigurosa especulación de César Vidal o Antonio Piñero nos abren un abanico de posibilidades múltiples.

Mención especial al malogrado Andreas Faber-Kaiser y su contravertida obra “Jesús vivió y murió en Cachemira”, hipótesis que no ha podido ser rebatida aún convincentemente.

Salvador Freixedo

Juan García Atienza
https://drive.google.com/drive/folders/1OqAQUiO5P7QhUgQeblBFkxWYrqY33yEL?usp=sharing

J. J. Benítez

Javier Sierra

Pepe Rodríguez

Biblioteca varios escritores e investigadores españoles sobre investigación histórica, enigmas y religión




jueves, 21 de marzo de 2019

Biblioteca Grandes Personajes (1): Herman Hesse, Carl. G. Jung, Aldous Huxley y Viktor Frankl.





Recuerdo ahora mis primeras lecturas de Hesse. Era un tomo que contenía Siddharta, obra cumbre de la espiritualidad, sobre la historia del Buda en forma alegórica y libre. A continuación aparecía Demian, un niño de carácter enigmático y sobrecogedor que lleva al adolescente Emil Sinclair del mundo del ensueño al autorrazonamiento, con matices gnósticos y del psicoanálisis. En tercer lugar, mi obra preferida: El Lobo Estepario, cuya verdadera significación no alcancé hasta años después. El tormento psicológico de su personaje es el suyo propio, cercano al suicidio, que se irá transformando tras conocer a Pablo “que parece ser exactamente lo contrario de lo que Harry considera un hombre serio y pensativo. Después de asistir a un fastuoso baile de máscaras, Pablo lleva a Harry a su metafórico "teatro mágico", donde las preocupaciones y nociones que plagaron su alma se desintegran mientras participa en lo etéreo y fantasmagórico, al tiempo que experimenta las fantasías que existen en su mente.”

Herman Hesse





Del gran Carl Jung lo primero que leí fue Los complejos y el inconsciente, que me reveló nuestra psique poderosa y oculta, y más tarde el fantástico El Secreto de la Flor de Oro, Psicología y Alquimia, El hombre y sus Símbolos…, obras que cautivan y que nos anonadan por la altura expositiva del autor.

Carl G. Jung






No leí hasta hace poco Un Mundo Feliz del genial visionario Huxley aparte de algunas referencias, primero me adentré en Las Puertas de la Percepción. Y creo que nadie debería dejar para más tarde ambas lecturas, ya que describen con mucha antelación el final sometimiento del individuo por la sociedad mediante una droga que se llama “tecnología”: “Un estado totalitario realmente eficaz sería aquel en el cual los jefes políticos todopoderosos y su ejército de colaboradores pudieran gobernar una población de esclavos sobre los cuales no fuera necesario ejercer coerción alguna por cuanto amarían su servidumbre. Para llevar a cabo esta revolución, necesitamos, entre otras cosas, los siguientes descubrimientos e inventos.

En primer lugar, una técnica mucho más avanzada de la sugestión, mediante el condicionamiento de los infantes y, más adelante, con la ayuda de drogas como la escopolamina. En segundo lugar, una ciencia, plenamente desarrollada de las diferencias humanas que permita a los dirigentes gubernamentales destinar a cada individuo dado a su adecuado lugar en la jerarquía social y económica. En tercer lugar (puesto que la realidad, por utópica que sea, es algo de lo cual la gente siente la necesidad de tomarse frecuentes vacaciones) un sustitutivo para el alcohol y los demás narcóticos, algo que sea al mismo tiempo menos dañino y más placentero que la ginebra o la heroína. Y finalmente (aunque este será un proyecto a largo plazo, que exigiría generaciones de dominio totalitario para llegar a una conclusión satisfactoria) un sistema de eugenesia a prueba de tontos, destinada a estandarizar el producto humano y a facilitar así la tarea de los dirigentes.

En colaboración con la libertad de soñar despiertos bajo la influencia de los narcóticos, del cine y de la radio, la libertad sexual ayudará a reconciliar a sus súbditos con la servidumbre que es su destino. Ciertamente, a menos que nos decidamos a descentralizar y emplear la ciencia aplicada, no como un fin para el cual los seres humanos deben ser tenidos como medios, sino como el medio para producir una raza de individuos libres, solo podemos elegir entre dos alternativas: o cierto número de totalitarismos nacionales, militarizados, que tendrán sus raíces en el temor que suscita la bomba atómica y, en consecuencia, la destrucción de la civilización, o bien un solo totalitarismo supranacional cuya existencia sería provocada por el caos social que resultara del rápido progreso tecnológico en general y la revolución atómica en particular, que se desarrollaría, a causa de la necesidad de eficiencia y estabilidad, hasta convertirse en la benéfica tiranía de la utopía. Usted es quien paga con su dinero, y puede elegir a su gusto.”

Aldous Huxley





De Viktor Frankl conocí El Hombre en busca de sentido por el grupo de lectura, un alegato contra cualquier tipo de desesperación vital gratuita, porque nuestro instinto de supervivencia puede vencer todas las dificultades y ayudar a encontrarle siempre sentido a la vida:”Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino para decidir su propio camino. Y es precisamente esta libertad interior, que nadie nos puede arrebatar, la que confiere a la existencia una intención y un sentido.

¿Quién es, en realidad, el hombre?: es el ser que siempre decide lo que es.”

Viktor Frankl



jueves, 7 de marzo de 2019

Colección Otros Mundos y Realismo Fantástico




En un loable intento de entender y explicar los Grandes Enigmas de la Humanidad, acometió la editora Plaza y Janés, allá por los años 70, la publicación de más de 200 títulos en sus colecciones Otros Mundos y Realismo Fantástico que abarcaban temas como la Ufología, Astrología, Esoterismo, Parapsicología, Mitos, Alquimia, Civilizaciones desaparecidas, etc., tratados abiertamente desde el ansia humana de conocimiento y planteando variadas hipótesis, entre la razón y la fantasía, y que supuso un trampolín para la posterior investigación científica de tales misterios, muchos de ellos aún sin respuesta satisfactoria.

Estos son los títulos que he logrado reunir, muchos menos de los que me gustaría.

Colección Otros Mundos y Realismo Fantástico:
https://drive.google.com/drive/folders/1ENTB0EpSHZqNttfCpKc5F3t-XsJjSqGO?usp=sharing


miércoles, 30 de enero de 2019

Biblioteca: El Enigma de Jesús y el Cristianismo





Para conocer más a fondo el problema del enigma de Jesús y el Cristianismo traigo aquí una selección de textos que tratan el tema ya sea de modo académico y riguroso, como legendario, simbólico o más o menos fantasioso, además de la posición de fe o creencia de cada autor en particular. Es un tema que me ha apasionado desde muy joven, no en vano la influencia que ha ejercido el cristianismo en nuestra civilización es abrumadora y a nadie creo puede dejar indiferente poseer la información necesaria. Para definir de forma concisa la cuestión esta vez veo acertada la exposición que de ello hace la wikipedia:


“La historicidad de Jesús se refiere a si Jesús de Nazaret, nacido 7-2 (a. C.), existió como una figura histórica, si los episodios representados en los evangelios se pueden confirmar como hechos históricos en contraposición al mito, la leyenda o la ficción, y la valoración de las pruebas concernientes a su vida.
Hay «un consenso prácticamente universal» entre los estudiosos que Jesús existió históricamente, aunque los eruditos bíblicos difieren acerca de las creencias y enseñanzas de Jesús, así como la exactitud de los detalles de su vida que han sido descritos en los Evangelios. Si bien los estudiosos a veces han criticado la erudición de Jesús por los prejuicios religiosos y la falta de rigor metodológico,​ con muy pocas excepciones, tales críticos sí apoyan la historicidad de Jesús, y rechazan la teoría de que Jesús nunca existió, conocida como el Mito de Jesús.​ Algunos estudiosos, especialmente en Europa, han hecho recientemente el caso de que si bien hay una serie de plausibles «Jesuses» que podrían haber existido, no cabe certeza en cuanto a qué Jesús era el Jesús histórico, y que también debería ser más erudita la investigación y el debate sobre este tema. ​
La historicidad de Jesús es diferente del estudio relacionado del Jesús histórico, que se refiere a las reconstrucciones eruditas de la vida de Jesús, basadas principalmente en el análisis crítico de los textos evangélicos.​
Desde el siglo XVIII, los estudiosos han tratado de  reconstruir la vida del Jesús histórico, el desarrollo de métodos histórico-críticos para el análisis de los textos disponibles. Las únicas fuentes son documentales; junto con los textos bíblicos como las  epístolas paulinas o los evangelios sinópticos, tres pasajes en obras no cristianas se han utilizado para apoyar la historicidad de Jesús:  dos en los escritos del historiador judío Josefo, y uno del historiador romano Tácito. Aunque la autenticidad de los tres ha sido cuestionada; y uno es generalmente aceptado como modificado por los cristianos, sin embargo, la mayoría de los estudiosos creen que es al menos parcialmente auténtico”.

El legado espiritual de "Jesús" ha sido recogido y desarrollado por la tradición cristiana en una farragosa historia envuelta en dogmatismos, herejías, omisiones, interpolaciones, enigmas y contradicciones, por lo que es difícil saber ciertamente la verdad de su vida y de su “misión en el mundo”. Algo de luz al respecto nos ha aportado el análisis de los textos encontrados en Nag Hammadi, con restos de versiones diferentes a la oficial de evangelios escritos con anterioridad (y desconocidos en ese momento) del fijado dogmático del Canon Católico.

Sin más preámbulo adentrémonos en los textos sin ideas preconcebidas, sin que la fe o un agnosticismo más o menos escéptico empañen nuestra consideración al respecto. Reservo mi opinión personal a los comentarios que puedan surgir por vuestra parte.


Enigmas de Jesús y el Cristianismo:



jueves, 24 de enero de 2019

Biblioteca Maestros Espirituales (2) : Jorge Bucay, Eckhart Tölle, Ramiro Calle, Wayne Dyer, Deepak Chopra.



Esta entrega recoge buena parte de la obra de estos maestros espirituales formados en su mayor parte en el mundo occidental, que traducen esa necesidad de toma de Consciencia en un lenguaje cercano y directo.


Jorge Bucay
https://drive.google.com/drive/folders/19HxlE_JoGugQfMOzXke1SyWx9vlxKDlf?usp=sharing

Eckahrt Tölle
https://drive.google.com/drive/folders/1bSvEL3jtOOGDB6HYbIsCe9SyHndGipX9?usp=sharing

Ramiro Calle
https://drive.google.com/drive/folders/1GVVhBYJ8SPmuI6QZ_pM9_jnPJ8K6JLGb?usp=sharing

Wayne Dyer
https://drive.google.com/drive/folders/1UOq_I5LY0LqyLqzpQecfrbMGMT8wsEjz?usp=sharing

Deepak Chopra
https://drive.google.com/drive/folders/1PuUCvh1IIjh61MFmZ3Y97SpiIRm3GRb-?usp=sharing


Biblioteca Maestros Espirituales (1) : Osho, Alan Watts, Dalai Lama, Krishnamurti, Thich Nhat Hanh.




Esta primera entrega contiene gran parte de la obra de estos grandes referentes espirituales de nuestros tiempos, maestros de conocimiento y sabiduría oriental que, hoy más que nunca, necesitamos. Espiritualidad aquí es, sobre todo, la toma de nuestra Consciencia de Ser.



Osho
https://drive.google.com/drive/folders/1qURIf4Rr0Smek0vwXfrFbFBPMQJ430wL?usp=sharing

Alan Watts
https://drive.google.com/drive/folders/1s-Mc8sGAun5u5xdSy6Sg7pLxQ_Y5rQI0?usp=sharing


Dalai Lama
https://drive.google.com/drive/folders/1zqK6jdlcQS8WP5Qo7a-SyAtVHrJbhwrR?usp=sharing

Krishnamurti
https://drive.google.com/drive/folders/1AMWqUVoLST2folpnwLUDQozimHGx2KwT?usp=sharing

Thich Nhat Hanh
https://drive.google.com/drive/folders/1OtehFffFVquhpuE_qBwjIzieLohOqAeP?usp=sharing


domingo, 20 de enero de 2019

Biblioteca: Obras Completas Julio Verne, Edgar Alan Poe y Stephen King. Gran Colección Lovecraft.




En esta segunda entrega nos topamos con los grandes maestros del relato de viajes y aventuras, suspense, misterio y terror. Destacar de Verne su genial combinación de aventuras, ciencia y fantasía de anticipación; de Poe su mente insaciable y atormentada; de King la mejor recreación de todos nuestros miedos. Como gran colección pero incompleta incluyo la pluma elegante y terrorífica de H.P. Lovecraft.

Julio Verne
https://drive.google.com/drive/folders/1Qud8Nx4UXeQIZ7I6AMwZ7UsUa71HW7_s?usp=sharing

Edgar Alan Poe
https://drive.google.com/drive/folders/1hU7GiJViHJxZkB5r0CAQ0C4sFULn4psF?usp=sharing

Stephen King
https://drive.google.com/drive/folders/1IxBtDIihbFceda2TStNqef8rL5yLPFPc?usp=sharing

Lovecraft, H.P.
https://drive.google.com/drive/folders/1Un7aAaCIj0f06EtCk2npWUXcA1-PKhbA?usp=sharing


Biblioteca: Obras Completas Platón, Nietzsche, Anthony de Mello y Carlos Castaneda




Me gustaría compartir con vosotros, en una primera entrega, estos enlaces drive con las obras completas de los autores mencionados en el epígrafe, y posteriormente grandes colecciones de mis temas y escritores favoritos. Es mucha lectura la que voy a proponer; seguramente no tendremos tiempo en nuestra vida para leerlo todo, por lo que sería aconsejable ir seleccionando aquellos textos que nos llamen más la atención. Todo ello depende de nuestras necesidades actuales de autodesarrollo personal, de nuestro bagaje e intereses. Como dijo un sabio “somos enanos a hombros de gigantes”, evolucionamos apoyándonos y aprendiendo de los que nos precedieron. No pretendamos nunca presumir de poseer la verdad, pero sí de ir en su búsqueda constante, para entendernos a nosotros y al mundo.


Platón
https://drive.google.com/drive/folders/1ufq97HSTAUTp8pmJe6sSOtk9fRNzgK7k?usp=sharing

Nietzsche
https://drive.google.com/drive/folders/1dybNQHbt7in2hnI0oD_sfr_nbvHh1_in?usp=sharing

Anthony de Mello
https://drive.google.com/drive/folders/1vW4_ZGbq1zhtHs8cuKTjib2n0EVY0VSr?usp=sharing

Carlos Castaneda
https://drive.google.com/drive/folders/1-SX4mVkuD6U6N0Pxz8I2EUbR3mZzW-23?usp=sharing




lunes, 26 de noviembre de 2018

Los libros son cosas vivas (José María izquierdo)



Son los libros cosas vivas… Bajo su corteza conservan una savia inagotable, que fluye perenne de un mundo inmortal. Recogen en sus páginas la sangre preciosa y vital de un genio o de un ingenio, y la preservan para una vida que superará a su vida.



Son los libros palpitaciones de la realidad… Y porque lo son, nos dan la llave de los palacios encantados del ensueño. Nos hacen salir de nosotros mismos y de nuestras miserias, nos convierten en conciudadanos de todos los pueblos y contemporáneos de todos los siglos, nos transportan a las más bellas regiones del mundo sin fatiga, sin hastío…

Son los libros cosas vivas… Tan vivas, que por su propia superabundancia y excelencia vital, por hacernos vivir una vida doble, una múltiple vida, vida quizás infinita…, es acaso por lo que a veces los que mucho leyeron no acertaron a vivir esta pobre y triste vida terrenal.

Nadie hace los libros que quiere. Hay una fatalidad que nos inspira la idea de un libro; y hay una fuerza desconocida, una voluntad superior, una especie de necesidad de escribir que impone la obra y guía la pluma. No basta saber leer –porque haya libros y se haya aprendido a deletrearlos. Hace falta saber leer; leer no la letra, que mata, sino el espíritu, que vivifica. Hacer resonar las voces calladas de la escritura, como la aguja del fonógrafo hace revibrar los sonidos impresionados en el disco.



La elección de los libros, como la de los amigos, como la de los maestros, como la de nuestra compañera, es un deber importante, capitalísimo en nuestra existencia. Somos tan responsables de lo que leemos como de lo que hacemos. Leyendo una sola clase de libros limitamos nuestro horizonte mental. Leyendo, en cambio, cuanto cae en nuestras manos, llegamos a ese estado de incoherencia, de vagueación, característico de los sonámbulos, de los que viven en perpetua dormivela.

Claro que convendría saberlo todo, hasta lo malo, probar del árbol de la ciencia del bien y del mal, para prevernirlo todo, para estar advertidos de los riesgos y tentaciones de la vida, si no fuera que todo lo que con el mal nos familiariza ya es un mal. Verdad es que en los libros malos hay algo de bueno. Pero frente a la vida no es éste el modo de plantear la cuestión. Y no por otra razón que por falta de tiempo.

Los libros de fácil y amena lectura son útiles, como el azúcar, que forma parte de nuestra alimentación, pero no podemos vivir solo de eso. Necesitamos también libros que remuevan, que agiten y conforten nuestra alma, que a veces la hagan sufrir; pues, en este cambio, en esta lucha están el ritmo y el vigor de la vida. Hay libros en abundancia, por fortuna, que es imposible leerlos sin sentirse mejor. Son esos libros que tienen un vivo calor de humanidad, más alma que la misma palabra hablada, porque nosotros acabamos más nuestros pensamientos para escribirlos que para decirlos.



Y así como se ha hecho elogio del hombre diciendo: “habla como un libro”, el del libro se ha podido hacer de este modo: “habla como un hombre”. Saber leer no es todo. Es menester, además, querer leer, leer con fruto. Si un libro no nos interesa, no siempre tiene la culpa el libro. Unas veces, porque estamos poco preparados para penetrar en el mundo que nos descubre; otras, porque no estamos dispuestos para comunicarnos con otras almas y renovar así la curva ideal de su telepatía. No queremos escuchar ni responder, permanecemos sordos y mudos en esa conversación con los grandes espíritus.

Leer pasivamente no es leer. Cuando leemos de esta manera piensa otro por nosotros, nos limitamos a repetir su universo mental. La lectura es, en muchos casos, una manera de miedo a la vida. Para no verla cara a cara, para no afrontar sus miserias, nos entregamos a ella en solicitud de una escapada al ensueño…

Si al sentir no sintiéramos con toda el alma, y al pensar no pensáramos que todo tiene un alma; si no pusiéramos alma en todo y nonos diéramos con toda el alma... ¿queréis decirme para que serviría la vida? ¿Es la ilusión cosa distinta de la realidad? ¿No será la ilusión el deseo de una realidad más pura, más verdadera? Y cuando una obra es sinceramente, hondamente real ¿no es al propio tiempo y por su misma esencia más espiritualmente  humana, más elevada, más altamente ideal?




José María izquierdo – Divagando por la Ciudad de la Gracia



jueves, 20 de septiembre de 2018

Atención plena en la era digital (Jon Kabat-Zinn)





Donde quiera que vayas, ahí estás. Nos guste o no, este momento es todo cuanto tenemos para trabajar. Pero, cuando surge la nube del olvido acerca de dónde estamos ahora, en ese preciso instante, nos perdemos, dejamos de estar en contacto con nosotros mismos. Para permitirnos estar verdaderamente en contacto con donde ya estamos tenemos que hacer una pausa en nuestra experiencia, lo suficientemente larga para permitir que el momento presente pueda penetrar en nosotros, sentirlo, verlo en su totalidad, sostenerlo en la conciencia y, de ese modo, llegar a conocerlo y comprenderlo mejor.

Puede que casi nunca estemos donde realmente estamos, que casi nunca estemos en contacto con todas nuestras posibilidades. Por el contrario, nos encerramos en una ficción personal, según la cual ya sabemos quiénes somos, ya sabemos dónde estamos y adónde nos dirigimos, ya sabemos qué está ocurriendo; y mientras tanto, permanecemos envueltos en un velo de pensamientos, fantasías e impulsos, la mayoría de ellos relacionados con el pasado y el futuro, con lo que deseamos y nos gusta y con lo que tememos y no nos gusta, que se prolongan continuamente y nos impide ver en qué dirección vamos.




El hecho de no saber siquiera que estamos soñando es lo que los budistas llaman ignorancia, o inconsciencia. Estar en contacto con este no saber es lo que se llama atención plena. El trabajo que hay que hacer para despertar de tales sueños es la meditación, el cultivo sistemático del estado despierto, de ser consciente del momento presente. La meditación consiste simplemente en ser nosotros mismos y tener un cierto conocimiento acerca de quiénes somos, darnos cuenta de que, nos guste o no, estamos en el camino de nuestra vida, que tiene una dirección y siempre se está desplegando; que lo que ocurre ahora influye en lo que ocurre a continuación, poder orientarnos tanto interna como externamente. Si lo hacemos, es posible que esto nos permita trazar un recorrido que sea más fiel a nuestro ser interior: un camino del alma, un camino con Corazón, nuestro camino.

La atención plena guarda relación con examinar quiénes somos y con cuestionar nuestra visión del mundo y el lugar que ocupamos en el mismo, así como con el hecho de cultivar la capacidad de apreciar la plenitud de cada momento, estar en contacto con la plenitud de nuestro ser por medio de un proceso sistemático de autoobservación, de autoindagación y de acción atenta. No hay nada de frío, analítico o insensible en ello. En general, la práctica de la atención plena se caracteriza por la amabilidad y la capacidad de apreciar, así como por ser fuente de nutrición. De hecho, se la podría llamar Corazón pleno. Practicar la atención plena significa comprometernos plenamente a estar presentes en cada momento. No intentamos mejorar ni llegar a ningún otro lugar. No tratamos de alcanzar siquiera comprensiones profundas ni visiones especiales. Tampoco nos forzamos a dejar de juzgarnos, calmarnos o relajarnos. Y, por supuesto, no fomentamos el ensimismamiento ni el egocentrismo. Simplemente nos invitamos a interaccionar con el momento presente con plena conciencia, con la intención de encarnar lo mejor que podamos la calma y la ecuanimidad aquí y ahora.



En estos tiempos en que la confusión y la agitación internas y externas son tan grandes; en estos tiempos en que la aceleración temporal, impulsada por la llegada de la era digital y de la capacidad de hacer más cosas en menos tiempo, es tan feroz, que incrementa de forma drástica el riesgo de no estar nunca presentes con y para nosotros mismos. La especie se encuentra en una coyuntura crítica, en un momento clave del cambio, y la atención plena, nuestra capacidad innata para estar despiertos y presentes con el corazón abierto y ver con claridad, nunca ha sido tan importante.

Lo que necesitamos, ahora más que nunca, dentro de toda esa confusión, es una sabiduría interna, un giro de la conciencia que acompañe y determine la trayectoria de las diversas actividades que emprendemos en el mundo y que nos guíe individual y colectivamente para desarrollar con plenitud nuestro potencial como seres humanos. La meditación basada en la atención plena, en especial cuando se entiende como una forma de ser, de vivir la vida y no como una simple técnica, es un vehículo muy poderoso para experimentar de forma directa estas posibilidades transformadoras y curativas en nosotros mismos y en el mundo. Asimismo, puesto que constituye una puerta de acceso a lo eterno, actúa más allá del tiempo; de este modo permite que se produzca la transformación sin que debamos esforzarnos por llegar a ningún otro lugar ni fustigarnos a lo largo del camino por nuestra incompetencia e imperfección.




¿Podemos convertirnos plenamente en nosotros mismos para vivir nuestras preciosas y fugaces vidas más satisfactoriamente? Al fin y al cabo ¿qué más hay que hacer? ¿Y qué podría ser más importante para recuperar nuestra propia vida, con todas sus posibilidades y realidades?

La atención plena, incluso cuando se cultiva solo unos minutos, lleva al corazón a aproximarse a sí mismo. Invita a esa intimidad que tanto anhelamos y que nos llama porque, en última instancia, la atención plena es la intimidad subyacente a cualquier separación; pone inmediatamente a nuestro alcance la bondad y la belleza intrínsecas del mundo y de nuestro corazón, con el fin de que las semillas de nuestra naturaleza más auténtica crezcan, florezcan y nutran nuestras vidas, nuestro trabajo y nuestro mundo, momento a momento, día tras día.


Jon Kabat-Zinn – Mindfulness en la vida cotidiana


miércoles, 12 de septiembre de 2018

La vida tiene un sentido (Muriel Barbery)



  



Aparentemente, de vez en cuando, los adultos se toman el tiempo de sentarse a contemplar el desastre de sus vidas. Entonces se lamentan sin comprender y, como moscas que chocan una y otra vez contra el mismo cristal, se inquietan, sufren, se consumen, se afligen y se interrogan sobre el engranaje que los ha conducido allí donde no quieren ir. Los más inteligentes llegan incluso a hacer de ello una religión: ¡ah, la despreciable vacuidad de la existencia burguesa! Odio esta falsa lucidez de la edad madura. La verdad es que son como todos los demás: chiquillos que no entienden qué ha ocurrido y que van de duros cuando en realidad tienen ganas de llorar.

Sin embargo, es fácil de comprender. El problema está en que los hijos se creen lo que dicen los adultos y, una vez adultos a su vez, se vengan engañando a sus propios hijos. “La vida tiene un sentido que los adultos conocen”, es la mentira universal que todos creen por obligación. Cuando, una vez adulto, uno comprende que nos es cierto, ya es demasiado tarde. El misterio permanece intacto, pero hace tiempo que se ha malgastado en actividades estúpidas toda la energía disponible. Ya no le queda a uno más que anestesiarse como puede tratando de enmascarar el hecho de que no le encuentra ningún sentido a la vida y engaña a sus propios hijos para intentar convencerse mejor a sí mismo.




Algunas personas son incapaces de aprehender en aquello que contemplan lo que constituye su esencia, su hálito intrínseco de vida, y dedican su existencia entera a discurrir sobre los hombres como si de autómatas se tratara, y de las cosas como si no tuvieran alma y se resumieran a lo que de ellas pudiera decirse al capricho de inspiraciones subjetivas.
   Los hombres viven en un mundo donde lo que tiene poder son las palabras y no los actos, donde la competencia esencial es el dominio del lenguaje. Eso es terrible porque, en el fondo, somos primates programados para comer, dormir, reproducirnos, conquistar y asegurar nuestro territorio, y aquellos más hábiles para todas esas tareas, aquellos entre nosotros que son más animales, esos siempre se dejan engañar por los otros, los que tienen labia pero serían incapaces de defender su huerta, de traer un conejo para la cena y de procrear como es debido. Es un terrible agravio a nuestra naturaleza animal, una suerte de perversión, de contradicción profunda.




¿Cómo trascurre, pues, la vida? Día tras día, nos esforzamos valerosamente por representar nuestro papel en esta comedia fantasma. Como sacados de un sueño, nos observamos actuar y helados al constatar el gasto vital de energía que requiere el mantenimiento de nuestros requisitos primitivos. La eternidad se nos escapa.

Tales días, en el que naufragan en el altar de nuestra naturaleza profunda todas las creencias románticas, políticas, intelectuales, metafísicas y morales que años de educación y de cultura han tratado de imprimir en nosotros, la sociedad, campo territorial agitado por grandes ondas jerárquicas, se sume en la nada del Sentido. Adiós a los pobres y a los ricos, a los pensadores, a los investigadorres, a los dirigentes, a los esclavos, a los buenos y a los malos, a los creativos y a los concienzudos, a los sindicalistas y a los individualistas, a los progresistas y a los conservadores, ya no son sino homínidos primitivos cuyas muecas y sonrisas, gestos y adornos, lenguaje y códigos, inscritos en el mapa genético del primate medio, solo significa esto: representar su papel o morir.




¡Qué arrogancia esta de los hombres que piensan que pueden forzar la naturaleza, escapar a su destino de insignificancias biológicas…! Y ¡qué ceguera tienen también con respecto a la crueldad o la violencia de sus propias maneras de vivir, de amar, de reproducirse y de hacer la guerra a sus semejantes!

En cambio pienso que solo puede hacerse una cosa: dar con la tarea para la cual hemos nacido y llevarla a cabo como mejor podamos, con todas nuestras fuerzas, sin creer que nuestra naturaleza animal tiene algo de divino. Solo así tendremos el sentimiento de estar haciendo algo constructivo en el momento en que venga a buscarnos la muerte. La libertad, la decisión, la voluntad, todo eso no son más que quimeras. Creemos que podemos hacer miel sin compartir el destino de las abejas; pero también nosotros no somos sino pobres abejas destinadas a llevar a cabo su tarea para después morir.

Esos días uno necesita desesperadamente el Arte. Aspira con ardor a recuperar su ilusión espiritual, desea con pasión que algo lo salve de los destinos biológicos para que no se excluya de este mundo toda poesía y toda grandeza.





Muriel Barbery – La elegancia del erizo


jueves, 3 de mayo de 2018

La Iglesia Católica es formalmente idólatra (Pepe Rodríguez)




Los católicos, naturalmente, creen que los mandamientos que figuran en el catecismo son los originales, pero una simple comparación entre el Decálogo del Deuteronomio y el del Catecismo Católico nos aporta una evidencia curiosa: ¡la iglesia modificó a su antojo los mandamientos de Dios para poder adaptarlos a sus necesidades! Uno creía que las palabras de Dios eran sagradas e inalterables, pero resulta que todas las que no convienen a la santa madre Iglesia Católica Apostólica y Romana pueden ser manipulados a modo… y a mayor gloria divina, claro está.

El segundo mandamiento del Decálogo deuteronómico fue eliminado de cuajo. A la luz del mandato inapelable del Dios de la Biblia, el catolicismo es una religión idólatra, por eso la iglesia –que creció adoptando mitos y ritos paganos y se extendió entre gentes habituadas a la idolatría–, para poder conquistar la devoción de las masas incultas, tuvo que borrar de la memoria de sus creyentes la prohibición divina de adorar imágenes.
  Primero y segundo mandamiento se unifican en el Catecismo actual en su primer mandamiento: “No habrá para ti otros dioses delante de mí. No te harás escultura ni imagen alguna…”. El segundo mandamiento (Dt 5, 8-10) dice: “No te harás imagen de escultura, ni de figura alguna de cuanto hay arriba, en los cielos, ni abajo, sobre la tierra, ni cuanto hay en las aguas debajo de la tierra. No los adorarás ni les adorarás ni les darás culto, porque yo, Yahvé, tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y la cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia por mil generaciones a los que me aman y guardan mis mandamientos”; y otro tanto se prescribe en Ex 20, 4-6, y en más de 30 pasajes de las Escrituras se presenta a Dios prohibiendo expresamente el culto a las imágenes.
    En los Salmos (Sal 15, 3-8) se es categórico cuando se afirma que: “Está nuestro Dios en los cielos, y puede hacer cuanto quiera. Sus ídolos (los de los gentiles) son plata y oro, obra de la mano de los hombres; tienen boca, y no hablan; ojos, y no ven; orejas, y no oyen; narices, y no huelen; sus manos no palpan, sus pies no andan, no sale de su garganta un murmullo. Semejantes a ellos serán los que las hacen y todos los que en ellos confían”.
   Y el profeta Jeremías (Jer 10, 8-9) no es menos explícito al decir que “Todos (los seres divinos representados por imágenes) a una son estúpidos y necios, doctrina de vanidades, (son) un leño; plata laminada venida de Tarsis, oro de Ofir, obra de escultor y de orfebre, vestida de púrpura y jacinto; obra de diestros (artífices) son ellos”.



Ante la evidencia crítica que aportan las mismísimas Escrituras en contra de la práctica católica de dar culto a las imágenes, será oportuno acudir al magisterio de la Iglesia para conocer su versión al respecto. Así que leemos el autorizado criterio del Catecismo de la Iglesia Católica: “Fundándose en el misterio del Verbo encarnado (un mito tardío) el VII Concilio Ecuménico justificó contra los iconoclastas el culto de las sagradas imágenes: las de Cristo, pero también las de la Madre y de Dios, de los ángeles y de todos los santos. El Hijo de Dios, al encarnarse, inauguró una nueva “economía” de las imágenes. El culto cristiano de las imágenes no es contrario al primer mandamiento que proscribe los ídolos. En efecto, “el honor dado a una imagen se remonta al modelo original”, “el que venera una imagen, venera en ella la persona que en ella está representada”. El honor tributado a las imágenes sagradas es una “veneración respetuosa”, no una adoración, que solo corresponde a Dios”.

Esta Católica e inspirada opinión no tiene la más mínima entidad para hacer variar ni un ápice la prohibición de las Escrituras de dar culto a imágenes; al menos si pensamos que la palabra de Dios tiene un rango superior a la palabra de unos cuantos obispos reunidos para elaborar doctrina. Así que, como mínimo, la Iglesia Católica es formalmente idólatra. Decimos formalmente idólatra, porque dada la endiablada sutileza de la teología Católica, nada es exactamente aquellos que parece. Aunque los actos formales de la religiosidad popular puedan ser considerados como manifestaciones objetivas de adoración a la Virgen o a los Santos, la doctrina oficial, tal como hemos visto, califica estos actos como de “veneración” y no de “adoración”. La Iglesia sitúa a la Virgen  en el lugar más elevado del panteón y por eso la hace acreedora del más alto honor en forma de veneración.

Desde la doctrina oficial, por tanto, no se cae, en este punto, en la idolatría, pero basta preguntar a párrocos y fieles católicos practicantes acerca de si hay que “adorar” a la Virgen de manera diferente o inferior a como ellos adoran a Cristo o a Dios para obtener una misma respuesta en la mayoría de los casos: ¡no¡. La Iglesia Católica –que conoce esto perfectamente y no se toma la menor molestia para aclarar a su grey la sutil diferencia que separa la veneración de la adoración– necesita del poder sugestivo de las imágenes para seguir obteniendo ingresos económicos que la adoración de estatuas le reporta.
   Hoy, cuando uno entra en un templo católico y se queda observando a los feligreses, de da perfecta cuenta de hasta qué punto la Iglesia se ha olvidado de aquello que dejó escrito su gran teólogo Orígenes: “Si entendemos lo que es la oración acaso no debiéramos orar a nadie nacido (de mujer), ni siquiera al mismo Cristo, sino solo a Dios y Padre de todos”.




Pero cuando enriquecemos nuestro espíritu contemplando la extraordinaria belleza artística y riqueza conceptual del arte católico, no puede dejar de sorprendernos el encontrar con frecuencia escenas  pictóricas en las que aparece la supuesta imagen humanizada del propio Dios Padre, al Dios hijo y al Espíritu Santo, así como también a los ángeles y arcángeles más notables.
   Por mucho que se quiera disimular lo obvio, esta muestra de iconografía divina vulnera absolutamente la prohibición del segundo mandamiento. Es evidente que la normativa que la propia Iglesia Católica fija en el párrafo 2079 de su catecismo –“transgredir un mandamiento es quebrantar toda la Ley” –no reza para ella misma. La iglesia Católica goza patente de corso para poder pecar contra Dios vulnerando su Ley.

Fue el Santo varón Jeremías, inspirado por Dios, no algún ateo masón, quien se refirió a las costumbres idólatras de los gentiles, tachándolos de vanidad, pues (Jer 10,3-5) “leños cortados en el bosque, obras de las manos del artífice con la azuela, se decoran con plata y oro, y los sujetan a martillazos con clavos para que no se muevan. Son como espantajos de melonar, y no hablan; hay que llevarlos, porque no andan; no les tengáis miedo, pues no pueden haceros mal, ni tampoco bien”.

  Así que no seremos nosotros quienes nos atrevamos a desautorizar tan alta y cualificada opinión.


Pepe Rodríguez – Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica

miércoles, 14 de marzo de 2018

El fin de la inteligencia es la felicidad (José A. Marina)




La opción profunda es tomarse en serio las cosas importantes –que son muy pocas– y reírse de todas las demás. Creo que en el ser humano funcionan dos grandes motivaciones contradictorias; una, la búsqueda del bienestar, que nos lleva a ser conservadores; otra, el deseo de ampliar nuestras posibilidades, que nos lleva a la invención, la exploración y el riesgo. El asunto está en cómo dosificar ambas cosas; para ambas necesitamos la ayuda de la comunidad. La búsqueda de la felicidad privada solo es posible integrándola en un proyecto colectivo que, a su vez, exige sacrificios a las personas concretas.

Ni existe la “libertad” en abstracto, ni somos “libres”. Lo más que podemos hacer es “liberarnos” de cosas: de la coacción ajena, del miedo, de las pasiones, de la ignorancia, de la pereza… A veces queremos liberarnos también de las responsabilidades, y eso es más peligroso, porque suele afectar a otras personas. Creo que ha habido una exaltación de la mediocridad, justificada por el miedo a los “superhombres”. Era una defensa de la igualdad de todos los seres humanos. Después de la lucha por la igualdad, ahora debemos empeñarnos en una “lucha por la distinción”. Somos iguales, tan solo, en los derechos fundamentales, y deberíamos serlo en la igualdad de oportunidades sociales a la hora de emprender la salida. Pero nunca en una igualdad de llegada, porque entre la salida y la llegada está el esfuerzo propio, la calidad, el mérito, la bondad y muchas más cosas que tenemos que recuperar.

La inteligencia se desarrolla mediante el esfuerzo personal y dentro de un contexto, tiene relación con inventar o descubrir nuevas posibilidades. Esto proporciona una visión abierta de la realidad, que está a medio definir, pendiente de lo que hagamos los seres humanos con ella. En efecto, el fin último de la inteligencia es la felicidad; el máximo grado de la inteligencia es la bondad, es el mejor medio de asegurar la felicidad personal y la dignidad de la convivencia. Lo que intento es definir y descubrir un modo de inteligencia más profundo que tiene como gran finalidad crear el mundo de la dignidad, de la justicia, y que consiga aumentar las posibilidades personales de todos.



Para no perder el ánimo hay que luchar, ante todo, contra la ley de la gravedad que nos hace siempre caer. Y en eso consiste la creación: en sacudir la inercia, mantener a pulso la libertad, nadar contracorriente, cuidar el estilo, decir una palabra amable, defender un derecho, inventar un chiste, hacer un regalo, reírse de uno mismo, tomarse en serio las cosas serias. Solo así podremos evitar el desánimo, mantener el vuelo.

   La tozudez y la obstinación no son comportamientos inteligentes. La voluntad es una negociación entre nuestros deseos, nuestros proyectos y el coeficiente de adversidad que pone la realidad. Una forma de conseguirlo es la creación de hábitos firmes. La “nueva voluntad” es el resultado de un proceso constructivo que se da en el tiempo. La voluntad es el modo inteligente de dirigir el comportamiento. No consiste siempre en esforzarse, empeñarse, obstinarse. Consiste en obedecer las indicaciones de la inteligencia. Unas veces habrá que esforzarse y otras que descansar, unas veces ser autosuficiente y otras pedir ayuda, unas veces luchar y otras prescindir. La gran inteligencia es tenaz y flexible, dramática y bienhumorada, racional y poética, lógica y psicológica. Hace falta una gran energía para pensar bien, un gran entrenamiento y una resistencia de cazador. El gran enemigo de la inteligencia es casi siempre la pereza.



La voluntad es la inteligencia aplicada a la motivación. Lo que pretendemos no es la voluntad por la voluntad, sino un comportamiento inteligente. La verdadera educación afectiva y ética debería conseguir una sintonía entre la personalidad y los valores adecuados, que éstos se realizaran sin esfuerzo.

Durante siglos en Occidente hemos pensado que la función principal de la inteligencia era conocer y que su culminación se encuentra en la ciencia. Ha sido un disparate y, sobre todo, ha contribuido a nuestra desdicha. Hemos glorificado a los científicos y a los técnicos, a pesar de que muchas veces resultan ignorantes vitales y afectivos. La inteligencia humana es esencialmente práctica. Su meta final es la felicidad y la dignidad de la convivencia. Los problemas prácticos no se resuelven cunado se conoce la solución, sino cuando se pone en práctica, que suele ser lo difícil.


La inteligencia que llamamos “ultramoderna” se ocupa de lo individual y de lo universal, del hecho y del sentimiento, de la ciencia y de la poesía, del conocimiento y de la acción. A eso me refiero cuando digo que su gran objetivo no es el conocimiento, sino la felicidad.

José A. Marina – Hablemos de la vida