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lunes, 1 de octubre de 2018

¿No serán los mutantes la memoria del futuro? (L.Pauwels, J. Bergier)





Si el hombre posee poderes hasta hoy ignorados o menospreciados, y si existe, como nos inclinamos a creer, un estado superior de conciencia, importa no rechazar las hipótesis útiles a la experimentación, los hechos verdaderos, las comprobaciones que iluminan, al propio tiempo que aventamos el ocultismo y las falsas ciencias. El estudio de las facultades extrasensoriales es susceptible de desembocar en aplicaciones prácticas de una amplitud considerable. Tal vez haya un lugar en el hombre desde el cual pueda percibirse toda la realidad. Tal vez estamos en vísperas de descubrir un conjunto de métodos que nos permitan desarrollar sistemáticamente nuestras facultades extrasensoriales, utilizar una poderosa maquinaria oculta en nuestras profundidades.

El hombre no está terminado. Una psicología eficaz debería fundarse no en lo que es el hombre, sino en lo que puede devenir, en su evolución posible. Todas las doctrinas tradicionales descansan sobre la idea de que el hombre no es un ser acabado, estudiando las condiciones en las cuales deben realizarse los cambios, las alteraciones, las transmutaciones, que llevarán al hombre a su verdadera magnitud.
    El único progreso, en psicología, ha sido el comienzo de la exploración de las profundidades, de las zonas subconscientes. Nosotros pensamos que también hay cumbres que explorar, una zona superconsciente, la existencia de un equipo superior del cerebro, en gran parte no explorado. En el estado de vigilia normal de la conciencia, solo una décima parte del cerebro está en actividad. ¿No puede existir un estado en que la totalidad del cerebro esté en actividad organizada?



¿En qué condiciones puede el espíritu alcanzar aquel otro estado? ¿Cuáles son entonces sus propiedades? ¿Qué conocimientos puede en tal caso alcanzar? El movimiento formidable del conocimiento nos conduce a un punto en que el espíritu se siente obligado a transformarse, para ver lo que hay que ver. Lo poco que vemos depende de lo poco que somos. Pero, ¿es que solo somos lo que creemos ser?
    Nosotros admitimos esta hipótesis: el hombre posee un aparato al menos igual, si no superior a todos los aparatos técnicamente realizables, destinado a alcanzar el resultado que es objeto de toda técnica; a saber, la comprensión y el manejo de las fuerzas universales.

La concepción mágica de las relaciones del hombre con el prójimo, con las cosas, con el espacio y el tiempo, no es absolutamente ajena a una reflexión libre y viva sobre la técnica y la ciencia modernas. Precisamente la modernidad nos permite creer en lo mágico. Si en el campo silencioso del cerebro se establecen conexiones ultrarrápidas y si, en ciertas circunstancias, el resultado de este trabajo es captado por la conciencia, ciertas prácticas de magia imitativa, ciertas revelaciones proféticas, ciertas iluminaciones poéticas o místicas, ciertas adivinaciones que cargamos en la cuenta del delirio o del azar, tienen que considerarse como adquisiciones del espíritu en estado de vigilia. Acaso los ritos no son más que conjuntos completos de disposiciones rítmicas capaces de operar una puesta en marcha de otras funciones superiores de la inteligencia.

Pero, ¿qué decir de la insuficiencias de la propia inteligencia binaria? Se le escapa la existencia interna, la esencia de las cosas. Para llegar a ello, sería preciso que el razonamiento binario fuese reeemplazado por una conciencia analógica que revistiese las formas y asimilara las ritmos inconcebibles de estas estructuras profundas. El recurso a la conciencia despierta, es decir, a un estado diferente del estado de vigilia lúcida, constituye el leitmotiv de todas las filosofías antiguas.
    El hombre puede penetrar los secretos, ver la luz, ver la eternidad, captar las leyes de la energía, incorporar a su marcha interior el ritmo del destino universal, tener un conocimiento sensible de la última convergencia de las fuerzas en el que toda creación se encontrará, al fin del tiempo terrestre, a la vez cumplida, consumada y exaltada.
    El hombre lo puede todo. Pero este poder se detiene donde esta inteligencia presiente que hay todavía “algo” más allá del Universo. Esta puerta infranqueable, aceptamos la expresión, es la del Reino de Dios. Se trata de hacer funcionar una inteligencia “diferente”, de pasar del estado de vigilia ordinario al estado de vigilia superior. Al estado de alerta.



Si los hombres no tienen por único objeto el paso al estado de alerta, es que las dificultades de la vida en sociedad, la persecución de los medios materiales de existencia, no les deja tiempo para ello. A medida que el progreso técnico permita respirar al hombre, la busca del “tercer estado”, de la alerta, de la hiperlucidez, reeemplazará a las otras aspiraciones. La posibilidad de participar en esta búsqueda será por fin reconocida como uno de los derechos del hombre. La próxima revolución será psicológica. Todas las tradiciones atribuyen al estado de alerta ciertos poderes: la inmortalidad, la levitación, la telequinesia, etc. Pero estos poderes, ¿son solo imágenes de lo que puede el espíritu cuando ha cambiado de estado, o bien son realidades?
    ¿Es que no puede encontrarse un lugar, en mí mismo, desde el cual todo lo que me ocurre sea explicable inmediatamente, un lugar desde el cual todo lo que veo, sé o siento, pueda descifrarse en seguida, ya se trate del movimiento de los astros, de la disposición de los pétalos de una flor, de los movimientos de la civilización a la que pertenezco, o de los movimientos más secretos de mi corazón? ¿Es que no hay nada en el hombre, en mí mismo, un camino que conduzca al conocimiento de todas las cosas del mundo? ¿Es que no reposa en el fondo de mí la llave del conocimiento total?



Cabe imaginar el Ultrahumano, nuevo peldaño de la vida del planeta, como un ser racional y no solamente razonador, un ser dotado de una inteligencia objetiva permanente que no toma ninguna decisión más que después de observar lúcidamente, completamente, la masa de información que posee. Un ser cuyo sistema nervioso sería una fortaleza capaz de resistir cualquier asalto de los impulsos negativos. Un ser dotado de una memoria total infalible. Si el mutante existe es probablemente un ser que difiere del hombre por el simple hecho de que domina su inteligencia y la emplea sin un momento de descanso.
    Toda reflexión sobre los mutantes desemboca en un sueño sobre la evolución, sobre los destinos de la vida y del hombre. ¿Qué es el tiempo, a la escala cósmica que hay que situar la historia de la Tierra? ¿No ha comenzado el porvenir en la eternidad? ¿No serán los mutantes la memoria del futuro, de la cual está tal vez dotado el gran cerebro de la Humanidad?



Louis Pauwels / Jacques Bergier – El retorno de los brujos

lunes, 16 de noviembre de 2015

Nuestros genes extraterrestres (Zecharia Sitchin)

¿A imagen de quién fue creado Adán (el prototipo de los humanos modernos, homo sapiens)?



El principal hallazgo (en el año 2001) es que el genoma humano no contiene los anticipados 140.000 genes, son solo 30.000, algo más del doble que posee una mosca de la fruta, y apenas un 50% más que la lombriz intestinal. Más aún, es un 70% igual al de un ratón, y un 99% al de un chimpancé. Se encontraron genes humanos, con las mismas funciones en invertebrados, plantas, hongos y levadura.

Los hallazgos no solo confirman eso, sino que habría una fuente de ADN para toda la vida en la Tierra. Rascándose la cabeza estaba el consorcio científico debido a este descubrimiento: el genoma humano contiene 223 genes que no tienen predecesores en el árbol evolutivo. ¿Cómo y de dónde pudo el ser humano adquirirlos? En la progresión evolutiva de las bacterias a los invertebrados, los vertebrados y los humanos finalmente modernos, estos 223 genes son completamente extraños. Por consiguiente, los científicos solo pueden explicar su presencia en el genoma humano como algo que se incorporó muy recientemente, no a través de la evolución gradual, sino que se adquirieron horizontalmente (“agregados” de una manera independiente a la evolución humana) por una infección bacteriana.




¿Cómo están seguros los científicos de que estos genes tan importantes y complejos, que significan una inmensa ventaja para la humanidad, fueron obtenidos a través de la cortesía de una infección bacterial? Es un salto que no sigue las teorías evolutivas actuales. No está claro tampoco si el traslado fue de las bacterias al humano o del humano a las bacterias, pero no se encuentra una fuente bacteriana que los tenga horizontalmente transferidos. ¿Pero si el hombre dio esos genes a las bacterias, dónde los adquirió?





El genoma humano está compuesto de aproximadamente 3 millones de nucleótidos; de ellos, solo un poco más del 1% se agrupa en función de genes (cada gen consiste en miles de letras). La diferencia entre una persona y otra suman aproximadamente 1.000 letras en el alfabeto del ADN. La diferencia entre el hombre y el chimpancé está en menos del 1%, y un 1% en 30.000 genes es 300. Entonces ¡223 son más de dos tercios de diferencia entre yo, usted y un chimpancé!
    Estos genes no solo incluyen proteínas sino que también involucran funciones fisiológicas y psíquicas. Es más, enzimas neurológicas importantes solo provienen de la porción mitocondrial del ADN –el llamado EVA mitocondrial–, ese  ADN que la humanidad solo pudo heredar por línea materna.

Los versículos de la Biblia que tratan el tema de la formación de Adán están muy resumidos, existiendo información con mayor detalle en las tablillas de arcilla de sumerios y acadios, donde está muy detallado el papel de los “Elohim”, que habría sido realizado por los Anunnaki (literalmente “Aquellos que del cielo a la Tierra vinieron”).
    Los Anunnaki llegaron hace unos 450.000 años a la Tierra provenientes del planeta Nibiru, un miembro de nuestro propio sistema solar, cuya gran órbita le trae a nuestra parte de los cielos cada 3.600 años. Vinieron con la necesidad de oro para proteger su atmósfera que se desvanecía. Tras miles de años de duro trabajo, su científico Enki sugirió que podrían usar sus conocimientos genéticos para crear los obreros que necesitaban. Cuando los líderes Anunnaki preguntaron: ¿Cómo puedes crear un nuevo ser? Enki contestó. “El ser que necesitamos ya existe, solo tenemos que poner nuestra marca en él” (la doble hélice representativa del ADN “adquirido” figura como símbolo universal en pinturas y relieves, en forma de dos serpientes entrelazadas, como “el Caduceo de Hermes”; o bien la serpiente enroscada en una vara, distintivo de Asclepio, “Padre de la Medicina”).




La idea era modificar genéticamente los homínidos (más desarrollados de esa época: los Neandertales) agregándoles genes Anunnaki más avanzados. Cuando los líderes Anunnaki aprobaron el proyecto, Enki, con la ayuda de Ninhursag, la funcionaria médica principal Anunnaki, se embarcaron en el proceso de ingeniería genética, agregando y combinando genes del Anunnaki con aquellos homínidos. Cuando, después de muchos ensayos y errores se logró “el modelo perfecto”, dijo Ninhursag: “!Mis manos lo han hecho!”

Esa es la causa por la que nosotros tenemos esos genes extra… estaban en los Anunnaki.



Más allá de lo que la investigación científica pueda establecer, más allá de cualquier duda, la única fuente posible de estos genes extra, y a menos que se determine que la infección (el traslado horizontal antes comentado) fue de la bacteria al hombre y no al revés, la única solución posible será la ofrecida hace milenios por los escritos sumerios.

   Hasta entonces, los 223 genes extraños y enigmáticos permanecerán como una alternativa y una prueba de las modificaciones genéticas hechas por los Anunnaki.


Zecharia Sitchin – El Genoma Humano

viernes, 30 de octubre de 2015

Reencarnación, una teoría moderna (René Guenon)



  
Lo cierto es que ninguna doctrina tradicional auténtica ha hablado jamás de la reencarnación, y ésta no es más que una invención moderna y occidental. Esta teoría fue adoptada del espiritismo francés en primer lugar por el teosofismo y luego por el ocultismo papusiano y otras diversas escuelas, que han hecho de ella uno de sus artículos de fe. 
    Debemos decir que las objeciones formuladas normalmente contra la teoría reeencarnacionista apenas son más determinantes que las razones invocadas para apoyarla; ello se debe, en gran medida, a que los adversarios y los partidarios de la reencarnación se sitúan igualmente sobre un terreno moral y sentimental. Lamentablemente, hay mucho más que decir contra la reencarnación, ya que se puede establecer su absoluta imposibilidad.

El término reencarnación debe ser distinguido de dos términos que tienen un significado totalmente diferente, y que son los de “metempsicosis” y “transmigración, muy bien conocidos por los antiguos, como aún lo son de los orientales, pero que los occidentales modernos, inventores de la reencarnación, ignoran absolutamente.
    Está claro que cuando se habla de reencarnación, esto significa que el ser que ya ha estado encarnado retoma un nuevo cuerpo, es decir, vuelve al estado por el cual ya ha pasado; por otra parte, se admite que ello concierne al ser real y completo, y no simplemente a los elementos más o menos importantes que han podido entrar en su constitución. Aparte de estas dos condiciones, no puede en absoluto tratarse de reencarnación; ahora bien, la primera la distingue esencialmente de la transmigración, y la segunda no la diferencia menos profundamente de la metempsicosis, en el sentido en que era especialmente entendida por los órficos y los pitagóricos.

Podemos decir (con respecto al término metempsicosis) que hay en el hombre elementos psíquicos que se disocian tras la muerte, y que pueden pasar entonces a otros seres vivos, hombres o animales, sin que por ello tenga más importancia, en el fondo, que el hecho de que, tras la disolución del cuerpo, los elementos que lo componían pueden servir para formar otros cuerpos; en ambos casos, se trata de elementos mortales del hombre, y no de la parte imperecedera que es su ser real, y que en absoluto es afectada por esas mutaciones póstumas.



En cuanto a la transmigración, esta vez se trata efectivamente del ser real, aunque no es para él un retorno al mismo estado de existencia, retorno que si pudiera tener lugar, sería quizá una “migración” si se quiere, pero no una “transmigración”. De lo que se trata es, por el contrario, del paso del ser a otros estados de existencia, definidos por condiciones completamente distintas de aquellas a las cuales está sometida la individualidad humana.
   Quien dice transmigración dice esencialmente cambio de estado; entendida según el sentido ofrecido por la metafísica pura, es lo que permite rechazar de forma absoluta y definitiva la idea de reencarnación. Debe quedar claro que un mismo ser no puede tener dos existencias en el mundo corporal, poco importa que sea sobre la tierra o sobre cualquier otro astro, poco importa además que sea en tanto que ser humano o, según las falsas concepciones de la metempsicosis, bajo cualquier otra forma, animal, vegetal o incluso mineral; poco importa que se trate de existencias sucesivas o simultáneas.

Debemos agregar que la demostración válida contra todas las teorías reeencarnacionistas, se aplica igualmente a ciertas concepciones de aspecto más propiamente filosófico como la idea del “eterno retorno”, y que suponga en el Universo una repetición cualquiera. El fundamento de la teoría metafísica de los estados múltiples del ser es que la Posibilidad universal y total es necesariamente infinita, pues comprendiéndolo todo y no dejando nada fuera de sí, no puede ser limitada absolutamente por nada, una limitación de la Posibilidad universal es una imposibilidad, una pura nada; suponer una repetición es suponer una limitación.
    Desde el momento en que el Universo es verdaderamente un todo o, mejor dicho, el Todo Absoluto, no puede existir en parte alguna un ciclo cerrado, jamás puede volver nada al mismo punto. En la Posibilidad total, esas posibilidades particulares que son los estados condicionados son necesariamente en multiplicidad indefinida; negar esto es pretender limitar la Posibilidad.



A quienes imaginan que rechazando la reencarnación corremos el riesgo de limitar de otra forma la Posibilidad universal, simplemente les responderemos que lo que rechazamos es una imposibilidad, que no es nada, y que no aumentaría la suma de posibilidades más que de un modo puramente ilusorio, al no ser sino un puro cero. Por otro lado, según los “neoespiritualistas”, cada ser debería, en el curso de su evolución, pasar sucesivamente por todas las formas de vida. Tal teoría no expresa más que una imposibilidad manifiesta, por la simple razón de que existen indefinidas formas de vida por las cuales podrá pasar un ser cualquiera, siendo éstas todas aquellas que están ocupadas por los demás seres. Incluso aunque un ser hubiera recorrido sucesivamente indefinidas posibilidades particulares, no por ello estaría más avanzado respecto al término final, que no podría ser de este modo alcanzado.


Quienes sostienen la teoría de la multiplicidad de nacimientos humanos jamás han desarrollado en sí mismos el estado lúcido de conciencia espiritual. Una educación exterior es relativamente ineficaz como medio para obtener el verdadero conocimiento. La bellota se hace roble; pero, por muchas miríadas de frutos que dé el roble, éste jamás se hará bellota. Al igual para el hombre; desde el instante en que el alma se ha manifestado en el plano humano, y ha alcanzado así la conciencia de la vida exterior, nunca volverá a pasar por ninguno de sus estados rudimentarios. Todos los pretendidos "despertares de recuerdos" latentes, por los cuales algunas personas aseguran recordar sus existencias pasadas, pueden explicarse, e incluso sólo pueden explicarse por las simples leyes de la afinidad y de la forma.


René Guenon – Reencarnación

jueves, 30 de julio de 2015

Restaurar el Estado Primordial (René Guenon)





Quien se apegue al razonamiento y no lo supere en el momento requerido permanece prisionero de la forma, que es la limitación mediante la que se define el estado individual; no sobrepasará jamás a ésta, y nunca irá más lejos de lo exterior, es decir, permanecerá unido al ciclo indefinido de la manifestación. El paso de lo “exterior” a lo “interior” es también el paso de la “multiplicidad” a la unidad, de la circunferencia al centro, al punto único desde donde le es posible al ser humano, restaurado en las prerrogativas del “estado primordial” elevarse a los estados superiores y, mediante la realización total de su verdadera esencia, ser en fin efectiva y actualmente lo que es desde toda eternidad potencialmente.

Quien se conoce a sí mismo en la “verdad” de la “Esencia” eterna e infinita conoce y posee todas las cosas en sí mismo, pues ha alcanzado el estado incondicionado que no deja fuera de sí ninguna posibilidad, y este estado, con respecto al cual todos los demás, por elevados que sean, no son realmente sino estados preliminares sin ninguna medida común con él; este estado, que es el fin último de toda iniciación, es propiamente lo que debe entenderse por la “Identidad Suprema”.

Por consiguiente, todo ser tiende, conscientemente o no, a realizar en él mismo, por los medios apropiados a su naturaleza particular, el plan del Gran Arquitecto del Universo, lo cual no es en suma sino la universalización de su propia realización personal. Es en el punto preciso de su desarrollo en el cual un ser toma realmente conciencia de esta finalidad, cuando comienza para él la iniciación efectiva, que debe conducirle por grados, y según su vía personal, a esa realización integral que se cumple en el desarrollo completo, armónico y jerárquico de todas las posibilidades implicadas en la esencia de ese ser.



Aquellos que han pasado más allá de la forma están, por ello mismo, liberados de las limitaciones inherentes a la condición individual de la humanidad ordinaria; aquellos que no han llegado más que al centro del estado humano, sin todavía haber realizado efectivamente los estados superiores, están al menos libres de las limitaciones por las cuales el hombre caído de este “estado primordial” en el cual están reintegrados, está unido a una individualidad particular así como a una forma determinada.

Lo que está en la base misma de toda enseñanza verdaderamente iniciática, es que toda realización digna de este nombre es de orden esencialmente interior, incluso aunque sea susceptible de tener repercusiones de cualquier género en el exterior. El hombre no puede encontrar los principios sino en sí mismo; y puede porque lleva en él la correspondencia de todo lo que existe, pues “el hombre es el símbolo de la existencia universal”; y, si alcanza a penetrar hasta el centro de su propio ser, alcanzará con ello el conocimiento total, con todo lo que por añadidura implica: “aquel que conoce a su Sí conoce a su Señor”, y conoce entonces todas las cosas en la suprema unidad del Principio, en el cual está contenida “eminentemente” toda realidad.


Los elementos que constituyen el cuerpo pueden ser “transmutados” y “sutilizados”, de modo que puedan transferirse a una modalidad extracorporal, donde el ser podrá desde entonces existir en condiciones menos estrechamente limitadas en relación con las del dominio corporal, especialmente bajo el aspecto de la duración. En tal caso, el ser desaparecerá en un determinado momento sin dejar tras él ninguna huella de su cuerpo; podrá, por otra parte, en circunstancias particulares, reaparecer temporalmente en el mundo corporal. No es necesario por otra parte ver en ello nada “trascendente” en el verdadero sentido de la palabra, puesto que no se trata todavía sino de posibilidades humanas, cuya realización, además, no puede tener interés más que para un ser al que ésta torna capaz de desempeñar alguna “misión” especial; aparte de este caso, ello no sería en suma sino una simple “digresión” en el curso del proceso iniciático, y una demora más o menos prolongada sobre la vía que debe normalmente conducir a la restauración del “estado primordial”.




El ser establecido en este punto ocupa una posición realmente “central” con respecto a todas las condiciones del estado humano, de manera que, sin haber pasado más allá, las domina no obstante en cierta manera, en lugar de estar por el contrario dominado por ellas, como es el caso del hombre ordinario; y esto es cierto especialmente en lo que concierne a la condición temporal como a la espacial. De ahí que él podrá entonces, si quiere (por alguna razón profunda) transportarse a un momento cualquiera del tiempo, así como a un lugar cualquiera del espacio. Esta posibilidad puede, por lo demás, en el curso ordinario de las cosas, no manifestarse al exterior en modo alguno; pero el ser que la adquiera la posee desde entonces de una manera permanente e inmutable, y nada podrá hacérsela perder, le basta con retirarse del mundo exterior y entrar en sí mismo, todas las veces que le convenga hacerlo, para encontrar siempre en el centro de su propio ser, la verdadera “fuente de la inmortalidad”.


René Guenon -  Apreciaciones sobre la Iniciación. 
                            Hermetismo

miércoles, 29 de octubre de 2014

Mensajes en los campos de cereales



Permanece en el misterio el sentido de las figuras geométricas aparecidas en los últimos decenios sobre campos de cereales en cualquier parte del mundo, especialmente en Inglaterra. Algunas emulaciones realizadas con técnicas sencillas, intentando desacreditar el profundo mensaje de estas figuras, no consiguieron más que un burdo y tosco resultado, muy alejadas de la perfección mostrada por la gran mayoría. ¿Son mensajes encriptados de civilizaciones extraterrestres o un juego sutil de expertos en esoterismo geométrico? Las imágenes parecen estar diseñadas para ser vistas desde arriba y muestran una intensa sensación de volumen. ¿Existe alguna tecnología humana capaz de realizarlas en unas pocas horas de la noche? ¿Quién las ha diseñado? En muchos casos vemos representaciones del sistema solar, de constelaciones, estructuras moleculares, códigos binarios, animales simbólicos, entramados geométricos complejos… Tanto fuera su origen terrestre o no es difícil intuir a quién van dirigidas, ya que la mayoría de la población no las entiende. Si corresponden a un grupo selecto de científicos, ingenieros, políticos, geómetras… ¿Quién los financia? ¿Es un mero pasatiempo de un ricachón aburrido? Hasta ahora no se ha identificado su autor, permanece en el anonimato como los grandes arquitectos y escultores de las catedrales góticas, donde lo que importaba era el símbolo puro en clave de iniciación, rescatado de la antigua tradición hermética. La diferencia principal es su enorme transitoriedad, no han sido elaborados para permanecer en el tiempo; el punto de encuentro es su sentido oculto, su belleza inexplicable que trasciende al método y al origen.


Sin más, nos topamos con el mayor enigma de nuestra época…





viernes, 11 de abril de 2014

Ley del karma: Reencarnación (Dalai Lama)

La conciencia no tiene principio, y el continuo de la conciencia de una persona no tiene fin, nunca cesa.




La calidad del renacimiento en la próxima vida está determinada por la calidad de la actividad mental en la vida presente. En general, carecemos del poder de elegir el modo en que vamos a renacer; depende las fuerzas kármicas. No obstante, el período cercano al momento de la muerte ejerce gran influencia en tanto puede activar un karma entre los muchos que una persona ha acumulado anteriormente; por lo tanto, existe la oportunidad de intensificar y activar un karma virtuoso.

La propia mente de la muerte puede ser virtuosa del mismo modo que puede serlo incluso el momento mismo de la concepción. En este caso, una mente virtuosa de la muerte puede actuar como condición inmediatamente precedente, provocando una mente virtuosa de la concepción de la próxima vida. En general, aquellos que han practicado enérgicamente la virtud durante su vida experimentan una muerte fácil y apacible. Si durante la mayor parte de la vida se tiene una buena motivación, tratando sinceramente de ayudar a los demás tanto como sea posible, entonces no habrá arrepentimiento cuando llegue el último día. Cualquiera sentirá que ha hecho lo que ha podido y que ha vivido su vida de un modo significativo y fructífero. Ésta es una de las mejores protecciones para evitar el temor al acercarse el momento de la muerte.
    No obstante, las personas que dedican la mayor parte de su tiempo a engañar, defraudar e insultar a los demás, tienden a desarrollar un profundo sentimiento de culpabilidad. Puede que ni siquiera sus propios amigos conozcan sus sentimientos últimos, pero cuando llegue el último día, emergerán sus propios sentimientos de desasosiego profundamente arraigados.



Durante el proceso de la muerte, el calor del cuerpo se retira de sus partes de diferente manera según los distintos tipos de personas. En aquellas que han acumulado una gran cantidad de karma virtuoso, el calor del cuerpo comienza a retirarse desde las partes inferiores del cuerpo, mientras que en las que han acumulado una gran cantidad de karma no virtuoso, el calor se retira de las partes superiores del cuerpo. Después, paso a paso cesa la respiración externa y el calor se reúne en el corazón. 
   En el proceso de la muerte, las capacidades de los elementos para servir como bases de la conciencia disminuyen gradualmente, con lo que se dan una serie de apariencias mentales. Como signo interno, cuando la capacidad del elemento tierra se deteriora, se experimenta la sensación de ver un espejismo. Cuando lo hace el elemento agua, la lengua se seca y los ojos se hunden; tenemos la sensación de ver humo. Cuando lo hace el elemento aire, la respiración cesa y tenemos la sensación de ver una lámpara de aceite ardiendo en el espacio frente a nosotros. La conciencia permanece dentro del cuerpo mientras la clara luz de la muerte se esté manifestando. Después, simultáneamente a la cesación de la mente de la clara luz de la muerte, se separan la mente y el cuerpo. ¡Éste es el adiós final!

Siempre que se renace, existe un estado intermedio entre la vida presente y la próxima. Un ser del estado intermedio no posee un cuerpo físico burdo como el nuestro, tiene un cuerpo sutil formado por los aires internos y la mente, por lo cual el cuerpo de ese ser aparece instantáneamente allí donde el ser del estado intermedio desea ir. Según ciertos textos mántricos, el cuerpo sutil se parece al del ser en quien renacerá. Respecto a su tiempo de duración, una sola vida en él dura un máximo de siete días, al término de los cuales ocurre una pequeña muerte, y el período máximo de permanencia en esta serie de estados intermedios es de siete semanas. Se calcula la duración de un día en términos del tipo de vida en la que se renacerá. 
   ¿Qué tipo de percepciones tiene un ser en el estado intermedio? Ocurren varias apariencias favorables o desfavorables, según el karma (acciones) positivo o negativo de la persona. También puede ver a otros seres que se encuentran en su mismo nivel. Justo después de abandonar el viejo cuerpo y surgir en el estado intermedio podemos ver realmente nuestro antiguo cuerpo; sin embargo, en general no tenemos el deseo de volver a él. Durante el estado intermedio ocurren muchas apariencias distintas; por ello existen prácticas para que las personas puedan reconocer que se encuentran en dicho estado, un estado donde puede lograrse un avance en el camino (el Libro Tibetano de los Muertos las expone, la mayoría de ellas provenientes del Yoga Mantra Superior).



El ser del estado intermedio entra en conexión con un nuevo nacimiento. En general, se describen cuatro tipos de nacimiento: nacimiento espontáneo, nacimiento del vientre de una madre, nacimiento de un huevo y nacimiento por calor y humedad. El nacimiento de un ser en el estado intermedio es espontáneo. Si uno va a renacer por medio del calor y la humedad, percibe un lugar cálido y agradable al que se aferra de tal manera que genera el deseo de permanecer allí. Si debe renacer a través del vientre materno, percibe al padre y a la madre en unión sexual. Los que deben renacer como hombres se sienten atraídos por la madre y la desean; los que deben renacer como mujeres se sienten atraídos por el padre y lo desean. Con este deseo, cesa el estado intermedio y comienza el estado de nacimiento.

La cesación del estado intermedio y la concepción en el vientre materno ocurren simultáneamente. Durante el proceso de cesación del estado intermedio se experimentan varios signos, empezando con la visión de espejismos, al término de los cuales emerge la mente de la luz clara. Dado que el cuerpo del ser del estado intermedio es sutil, estos signos no se perciben con claridad y se suceden rápidamente, en tanto que, como nuestro cuerpo es burdo, los signos aparecen claros y permanecen un período de tiempo más prolongado.

Esta es la manera en que, de un modo aparentemente infinito, viajamos por la existencia cíclica. Mientras que permanezcamos en la existencia cíclica, tendremos que soportar numerosos tipos de sufrimientos distintos, que pueden resumirse en: el propio dolor, el sufrimiento del cambio y el sufrimiento del condicionamiento penetrante. Así pues, decimos que, mientras permanezcamos en la existencia cíclica, estamos atrapados en alguna forma de sufrimiento.
    Es importante tener en cuenta que estos sufrimientos se deben básicamente a nuestros propios errores del pasado. Igualmente es preferible afrontar estas pequeñas cantidades de tragedia durante la vida humana, ya que en ella disponemos de un mejor equipamiento para afrontar los problemas. Si nos ocurriera lo mismo durante un tipo de vida distinto (por ejemplo, como animal) sería más bien desconsolador. Ayudará el pensar que, por mi propia experiencia sé que tengo enfados, deseos, celos, orgullo; todo ello se encuentra en la mente. Desde un tiempo inmemorial, he permanecido demasiado acostumbrado a estas actitudes. Ahora, puesto que ciertamente las causas se encuentran en la mente, tienen que aparecer los resultados negativos. Por esta razón debo afrontar este sufrimiento. Que el sufrimiento que estoy experimentando sirva de actualización de muchos karmas negativos que he acumulado en el pasado.


También nos ayudará considerar el modo de pensar de un Bodhisattva, que busca el bienestar de los demás seres por encima de su propio beneficio, tomar el sufrimiento de los demás y darles la felicidad propia. Con ello, obtenemos una determinación interior, la de un Bodhisattva, firme como el acero. La determinación mental y el poder de la voluntad se encuentran entre los mejores métodos para superar el sufrimiento.


Dalai Lama – Hacia la Paz interior

martes, 8 de abril de 2014

La más Alta Ciencia: Recordar existencias anteriores (Reencarnación) (Mircea Eliade)



Entre las Altas Ciencias figura siempre la capacidad de recordar las existencias pasadas. Esta ciencia mística forma parte de la tradición oculta pan-india. Patanjali la incluye entre las “perfecciones” y Buda mismo reconoce en repetidas ocasiones que los samanas y los brahmanes son capaces de recordar hasta un número considerable de existencias anteriores. “Sucede, monjes, que tal o cual religioso, samana o brahmán, merced a su ardor, gracias a su energía, a una perfecta atención de espíritu, alcance una absorción de pensamiento tal, que una vez absorbido su pensamiento (completamente puro, completamente limpio, sin manchas, exento de impurezas) recuerda sus diversas residencias en la vida anterior – a saber, una existencia, dos existencias, tres…, cuatro…, cinco…, diez…, veinte…, cincuenta…, mil…, cien mil existencias…– en tal forma que dirá: en aquella época yo tenía tal nombre, tal familia, tal casta, tal régimen de comidas, experimentaba tal placer y tal sufrimiento, llegué a tal edad. Cuando perdí esa existencia, entré en esta otra… Al perder esa existencia llegué a mi actual existencia. Así es como recuerda sus diversas residencias en la vida anterior con sus características, con el detalle de los hechos. Entonces dice: el Yo y el mundo son eternos, estériles, erguidos como una montaña, se mantienen estables como un pilar…”

Pero el Buda rehúsa aceptar las conclusiones filosóficas sacadas por los brahmanes del recuerdo de sus anteriores existencias; a saber: la eternidad del Yo y del mundo. Más exactamente, se niega a extraer conclusión alguna: “Ahora bien, monjes, esos puntos de doctrina, así tomados, así tratados, tienen tal o cual salida, encierran tal o cual destino. Esto lo sabe el Tathagata, y sabe más aún, pero no habla de ese saber, y no hablando de él, conoce la paz merced a sí mismo”. El negarse Buda a discurrir sobre las consecuencias metafísicas que podrían deducirse forma parte de su enseñanza, pues los brahmanes encontraban siempre una existencia en el tiempo, y el problema del Buda, el problema del Yoga, eran justamente la “salida del Tiempo”, el acceso a lo incondicionado. De las observaciones hechas en el interior del cielo infinito de las transmigraciones, nada podía deducirse en cuanto a la “realidad”, que comenzaba más allá del ciclo kármico.



Tal como los samana y los brahmanes, los monjes budistas se esforzaban por recordar sus existencias anteriores, se trata de la misma Alta Ciencia. ¿En qué consiste esta ciencia? Parece que en los sutras de los antiguos, la memoria de las existencias anteriores queda concebida en el espíritu del yoga, como un “simple conocimiento sobrenatural”; posteriormente, se especifica que el provecho que un monje budista puede sacar de esta Alta Ciencia es la repugnancia de la intermitencia (no-permanencia). Pero esta justificación tardía no parece ser correcta; revela el triunfo de los “teóricos” contra los “experimentadores”, de la teoría contra la mística yogui. El Buda otorgaba gran importancia a la memoria en función de tal: los dioses pierden su condición divina y caen de los cielos cuando “su memoria se confunde”. Más aún: la incapacidad de recordar todas las existencias anteriores equivale a la ignorancia metafísica. Algunos de ellos, una vez hechos hombres, se retiraron del mundo, practicaron la ascesis y la meditación y han obtenido, gracias a su disciplina yogui, la capacidad de recordar sus existencias anteriores, pero no todas, de tal forma que no recuerdan el principio de la serie de existencias, y a causa de este “olvido”, tienen una idea errónea de la eternidad del mundo y de los dioses. Así pues, el Buda colocaba en un lugar privilegiado la capacidad de reconocer las existencias anteriores. Merced a esta capacidad mística, se podía tener acceso al “comienzo del Tiempo”, lo que implicaba la “salida del Tiempo”.



Ananda u otros discípulos eran de “los que recordaban los nacimientos (jatissara)”, que recuerda el epíteto de Agni, pues también Agni “conoce todos los nacimientos y es omnisciente”. Vamadeva decía refiriéndose a sí mismo: “encontrándome en la matriz he conocido todos los nacimientos de los dioses”. También Krisna conoce todas las existencias. Así pues, la memoria (en resumen, el conocimiento) era una facultad “divina y sumamente valiosa”: “el que sabe”, “el que recuerda, prueba que está concentrado; distracción, olvido, ignorancia, caída, son comportamientos y situaciones en cadena”. En los textos budistas escolásticos se nos ofrecen datos más precisos sobre la técnica utilizada. “Es la facultad consistente en remontar (a contrapelo) por medio del recuerdo, el curso de los días, de los meses y de los años para llegar hasta la permanencia en la matriz y, finalmente, a las pasadas existencias. Según Abhidharna “el asceta que quiere recordar sus antiguas existencias comienza por estudiar el carácter del pensamiento que acaba de fenecer, y partiendo de ese pensamiento, remonta su curso considerando los estados que se suceden uno tras otro hasta el pensamiento de la concepción.

Se trata, pues, de partir en un momento dado, el más próximo al momento presente, y de recorrer el tiempo desandando camino, para llegar a los orígenes, cuando la primera existencia “estalló” en el mundo desatando el Tiempo, y acercarse a ese instante paradójico más allá del cual el Tiempo no existía, porque nada se había manifestado aún. Se obtiene así la verdadera Alta Ciencia, pues se consigue no solamente re-conocer a todas las existencias anteriores, sino que se llega al “comienzo del mundo”; el que vuelve atrás debe necesariamente encontrar el punto de partida que, en última instancia, coincide con la Cosmogonía, con la primera manifestación cósmica. Revivir las vidas anteriores propias equivale a comprenderlas, y hasta cierto punto, a “quemar” sus “pecados”, es decir, la suma de los actos efectuados bajo el dominio de la ignorancia y trasmitida de una existencia a otra por la ley del Karma. Pero hay algo más importante aún: se llega al comienzo del Tiempo y se reúne uno con el No-Tiempo, el eterno presente que precediera la existencia temporal, fundado por la primera existencia humana caída. En otras palabras, se “llega” al estado no condicionado que precedió a la Caída del Tiempo y a la rueda de las existencias. Lo cual quiere decir que, partiendo de un momento cualquiera de la duración temporal se puede llegar a agotar esta duración recorriéndola al revés, y desembocar finalmente en el No-Tiempo, en la eternidad. Pero esto es ya trascender la condición humana y penetrar en el Nirvana.



Podemos darnos cuenta de la importancia que el recuerdo de las existencias anteriores tiene en la práctica yogui, la que perseguía “la evasión del Tiempo”. Pero Buda no pretendía que ése fuera el único medio. Según él, se podía muy bien Sobrepasar al Tiempo, es decir, abolir la condición profana, aprovechando el “momento propicio”, obteniendo la “iluminación instantánea” que “quemaba el Tiempo” y permitía “salir de él” merced a una ruptura de niveles.

Textos consultados por el autor para estos fragmentos: Dighanikaya; Digha; Rig-Veda; Upanishads (Bhagavad Gita).


Mircea Eliade – Yoga, inmortalidad y libertad




(Hemos de reconocer, por tanto, la revelación y verdad de esta Alta Ciencia como algo indiscutible. Nadie está en condiciones de poder refutar este Conocimiento trascendental expresado por el Buda, que implica la “persistencia de la Mente” de una existencia a otra. En otras palabras, la realidad de la reencarnación en la existencia cíclica, que sucede casi infinitamente, mientras no se consiga la “liberación” y purga del karma acumulado. Este hecho, más allá de restar valor a cada una de las existencias, las pone en su justa medida, como un proceso de regresar al Uno, la Mente universal, de donde surgimos al comienzo del Tiempo).

lunes, 10 de marzo de 2014

Hermetismo en estado puro (El Kybalion - Los Misterios de Hermes)




La Tabla de Hermes

“Los principios de la verdad son siete: el que comprende esto perfectamente, posee la clave mágica ante la cual todas las puertas del Templo se abrirán de par en par:

-         El TODO es mente, el universo en mental.
-         Como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba.
-         Nada está inmóvil; todo se mueve, todo vibra.
-         Todo es doble; todo tiene dos polos; todo, su par de opuestos: los semejantes y los antagónicos son lo mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado; los extremos se tocan; todas las verdades son medias verdades; todas las paradojas pueden reconciliarse.
-         Todo fluye y refluye; todo tiene sus períodos de avance y retroceso; todo asciende y desciende; todo se mueve como un péndulo; la medida de su movimiento hacia la derecha, es la misma que la de su movimiento hacia la izquierda; el ritmo es la compensación.
-         Toda causa tiene su efecto; todo efecto tiene su causa; todo sucede de acuerdo a la Ley; la suerte no es más que el nombre que se le da a la ley no reconocida; hay muchos planos de causalidad, pero nada escapa a la ley.
-         La generación existe por doquier; todo tiene su principio masculino y femenino; la generación se manifiesta en todos los planos.


Aclaraciones herméticas del Kybalion


Transmutación Mental

La mente, así como todos los metales y demás elementos, pueden ser transmutados, de estado en estado, de grado en grado, de condición en condición, de polo a polo, de vibración en vibración. La verdadera transmutación hermética es una práctica, un método, un arte mental.

El TODO

Más allá del Cosmos, del tiempo, del Espacio, de todo cuanto se mueve y cambia, se encuentra la realidad substancial, la Verdad fundamental. Lo que constituye la Verdad fundamental, la Realidad substancial, está más allá de toda denominación; pero el sabio lo llama el TODO.
   En su esencia el TODO es incognoscible.

El Universo Mental

El universo es una creación mental sostenida en la mente del TODO.
   El TODO crea en su mente infinita innumerables universos, los que existen durante eones de tiempo, y así y todo, para Él, la creación, desarrollo, decadencia y muerte de un millón de universos, no significa más que el tiempo que se emplea en un abrir y cerrar de ojos.
   La mente infinita del TODO es la matriz del Cosmos.


La Paradoja Divina

El sabio a medias, reconociendo la irrealidad relativa del Universo, se imagina que puede desafiar sus leyes, ése no es más que un tonto vano y presuntuoso, que se estrellará contra las rocas y será aplastado por los elementos, en razón de su locura. El verdadero sabio, conociendo la naturaleza del universo, emplea la Ley contra las leyes; las superiores contra las inferiores, y por medio de la alquimia transmuta lo que no es deseable, en lo valioso y de esta manera triunfa. La maestría consiste, no en sueños anormales, visiones o imágenes fantasmagóricas, sino en el sabio empleo de las fuerzas superiores contra las inferiores vibrando en los más elevados. La transmutación (no la negación presuntuosa) es el arma del Maestro.

El TODO en TODO

Si bien es cierto que todo está en el TODO, no lo es menos que el TODO está en todas las cosas. El que comprende esto debidamente, ha adquirido gran conocimiento.




Axiomas Herméticos

La posesión del conocimiento, si no va acompañada por una manifestación y expresión en la práctica y en la obra, es lo mismo que enterrar metales preciosos: una cosa vana e inútil. El conocimiento, lo mismo que la fortuna, deben emplearse. La ley del uso es universal, y el que la viola sufre por haberse puesto en conflicto con las leyes naturales.

Para cambiar nuestra característica o estado mental, cambiar la vibración. Para destruir un grado de vibración no deseable, póngase en operación el principio de polaridad y concentrar la atención en el polo opuesto al que se desea suprimir. Lo no deseable se mata cambiando su polaridad.

El ritmo puede neutralizarse mediante el arte de la polarización.

Nada escapa al principio de causa y efecto, pero hay muchos planos de causalidad, y uno puede emplear las leyes del plano superior para dominar a las del inferior. El sabio sirve en lo superior, pero rige en lo inferior. Obedece a las leyes que están por encima de él, pero en su propio plano y en las que están por debajo, rige y ordena. Sin embargo, al hacerlo, se sumerge en la Ley, y comprendiendo sus movimientos, opera en ella en vez de ser su ciego esclavo. Va de aquí para allá, según su propia voluntad, en vez de dejarse arrastrar. Sin embargo, el sabio y el ignorante, están todos sujetos a la Ley. Aquel que esto comprenda va en el buen camino que conduce a la Maestría.

El “Ser” puede ser considerado bajo su doble aspecto del “yo” y de “mí”. El “mí” se sentirá como algo mental en lo que pueden producirse los pensamientos, ideas, emociones, sentimientos y otros estados mentales. Puede ser considerado como la “matriz mental” capaz de generar mentalmente. Este “mí” posee un poder de energía enorme, pero, a pesar de todo, se tiene la conciencia de que debe recibir alguna forma de energía. Existe un algo que puede “querer” que el “mí” obre de acuerdo con cierta línea creadora y que, sin embargo, permanece aparte, como testigo de esa creación mental. A esta parte de sí mismo se le da el nombre del “yo”. El Yo representa el aspecto del “Ser”; el Mí el aspecto del “devenir”.



No podemos imaginar nada fuera del TODO, más allá de la Ley, y esto porque el TODO es precisamente la Ley en sí mismo.

La verdadera transmutación hermética es un arte mental.

El TODO es Mente; el Universo es Mental.


Tres Iniciados - El Kybalion (Los Misterios de Hermes)


lunes, 24 de febrero de 2014

Nociones básicas de Hermetismo (René Guenon)

La base de toda enseñanza verdaderamente iniciática es que toda realización es de orden esencialmente interior, aún cuando sea susceptible de tener repercusiones en el exterior; el hombre no puede encontrar sus principios y medios más que en sí mismo, y puede hacerlo porque lleva en sí la correspondencia de todo cuanto existe: el hombre es un símbolo de la Existencia universal. Y si consigue penetrar hasta el centro de su propio ser, alcanza por ello el conocimiento total, con todo cuanto implica por añadidura: aquel que conoce a su Sí, conoce a su Señor, y entonces conoce todas las cosas en la suprema unidad del Principio mismo, fuera del cual nada hay que pueda tener el menor grado de realidad.




Es concebible que los elementos que constituyen el cuerpo puedan ser “transmitidos” y “sutilizados”, de modo que puedan transferirse a una modalidad extracorporal, donde el ser podrá desde entonces existir en condiciones menos estrechamente limitadas en relación con el dominio corporal, especialmente bajo el aspecto de la duración. En tal caso, el ser desaparecerá en un determinado momento sin dejar tras él ninguna huella de su cuerpo; podrá, por otra parte, reaparecer temporalmente en el mundo corporal, en razón de las interferencias entre éste y las demás modalidades del estado humano.

Ello no sería en suma más que una demora más o menos prolongada sobre la vía que debe normalmente conducir a la restauración del “estado primordial”. El ser que lo ha alcanzado está virtualmente “liberado” y “transformado”; por supuesto, su “transformación” no puede ser efectiva, ya que todavía no ha salido del estado humano, del cual solamente ha realizado integralmente la perfección; pero las posibilidades adquiridas desde ese momento reflejan y “prefiguran” en cierto modo a las del ser verdaderamente transformado. El ser establecido en este punto ocupa una posición “central” con respecto a todas las condiciones del estado humano, de manera que, sin haber pasado más allá, las domina en lugar de estar dominado por ellas, como en el caso del hombre ordinario.

De ahí que podrá entonces, si quiere, transportarse a un momento cualquiera del tiempo, así como a un lugar cualquiera del espacio, como una consecuencia inmediata de la reintegración en el centro del estado humano; es el reflejo, es el dominio humano de la propia eternidad principial. Esta posibilidad puede no manifestarse al exterior en modo alguno, pero el ser que la adquiere la posee entonces de una manera permanente e inmutable, y nada podría hacérsela perder; le basta con retirarse del mundo exterior y entrar en sí mismo para encontrar en el centro de su propio ser la verdadera “fuente de la inmortalidad”.
   El hombre no puede encontrar los principios sino en sí mismo, y puede porque lleva en él la correspondencia de todo lo que existe, pues “el hombre es el símbolo de la existencia universal”, si alcanza a penetrar hasta el centro de su propio ser, en el cual está comprendida “eminentemente” toda realidad.



El cuerpo tiene su principio inmediato en el alma, pero no procede del espíritu sino indirectamente y por intermedio del alma. Solamente cuando se considera al ser viendo en el espíritu ese aspecto “esencial” y en el cuerpo el aspecto “substancial” puede encontrarse una simetría entre los aspectos primero y último del ser ternario (espíritu=alma=cuerpo). Entonces, el alma es intermedia entre el espíritu y el cuerpo, pero en modo alguno puede ser considerada como producto o resultado de  aquellas. El espíritu es yang y el alma yin, y por ello suelen simbolizarse respectivamente por el Sol y la Luna. El espíritu es la luz emanada directamente del Principio, mientras que el alma no presenta sino una reflexión de esa luz. El “mundo intermedio” o esfera anímica es propiamente el medio en el que se elaboran las formas y constituye un papel “maternal”; y esta elaboración se produce bajo la influencia del espíritu, que así tiene en ese aspecto un papel “paternal”.

La consideración del ternario de espíritu, alma y cuerpo nos conduce bastante naturalmente a la del ternario alquímico, Azufre, Mercurio y Sal. Se puede decir que el Azufre, cuyo carácter activo hace que se le asimile a un principio ígneo, es esencialmente un principio de actividad interior, que se considera se irradia a partir del centro mismo del ser. En el hombre tal fuerza interna suele identificarse por el poder de la voluntad, a condición de entender la voluntad de manera análoga a la “Voluntad divina” o, según la terminología oriental, la “Voluntad del Cielo”. Esta identificación está plenamente justificada en el “Hombre verdadero”, que se sitúa en el centro de todo, y cuya voluntad está necesariamente unida a la “Voluntad del Cielo”.



En cuanto al Mercurio, se considera que reacciona desde el exterior, de suerte que desempeña el papel de fuerza centrípeta que se opone a la fuerza centrífuga del Azufre, y en cierta manera la limita. El Mercurio no se sitúa en la esfera corporal, sino en la esfera sutil o anímica. De la acción interior del Azufre y exterior del Mercurio resulta una especie de cristalización que determina una zona neutra en la que se encuentran y estabilizan las influencias opuestas de uno y otro; el producto de esa cristalización es la Sal, que constituye para el ser como una envoltura por la que a la vez está en contacto con el ambiente y a la vez aislado. La Sal se convierte así en intermediaria entre ellas; es como su resultante y se sitúa en el propio límite de los dos ámbitos “interior” y “exterior”.
   Simbólicamente, el Azufre (Purusha-Yang-Activo-Seco-Sol-Padre) es comparable con el rayo luminoso (Agni, Sol espiritual, fuego central de la Creación), y el Mercurio (Prakriti-Yin-Pasivo-Húmedo-Luna-Madre) con su plano de reflexión. Así tenemos que la Sal (Materia) es el producto del primero con el segundo.

En el orden microcósmico, la “puerta solar”, que es el “ojo” de la bóveda cósmica, corresponde al séptimo chakra, es decir, al punto de contacto del individuo con el “séptimo rayo del sol espiritual”, punto cuya localización se encuentra en la coronilla, y que se corresponde también con la abertura superior del athanor hermético.
   La serpiente enroscada en torno al “Huevo del Mundo” es la kundalini enroscada en torno del “núcleo de inmortalidad”; a esta posición inferior de luz se alude en la fórmula hermética: “Visita las partes inferiores de la tierra, y rectificando, encontrarás la piedra oculta”. La rectificación es aquí el enderezamiento que señala, después del “descenso”, el comienzo del movimiento, “verdadera medicina” pócima de la inmortalidad.



Un enderezamiento deberá en efecto operarse, y no será posible sino cuando el punto más bajo haya sido alcanzado (espíritu-núcleo de inmortalidad-piedra oculta-kundalini). Todo ello se relaciona propiamente con el secreto de la “inversión de los polos”. Esta alteración deberá por lo demás ser preparada, incluso visiblemente, antes del fin del ciclo actual (Kali-yuga), pero no podrá serlo sino por aquel que, uniendo en sí las potencias del Cielo y de la Tierra, las de oriente y Occidente, manifestará al exterior, a la vez en el dominio del conocimiento y en el de la acción, el doble poder sacerdotal y real conservado a través de las edades, en la integridad de su principio único, por los depositarios de la Tradición primordial.

   Sería además inútil el querer saber ahora cuándo y cómo se producirá tal manifestación, y sin duda será muy diferente de todo lo que se podría imaginar a este respecto; los “misterios del polo” están con seguridad bien guardados, y nada podrá darse a conocer al exterior antes de que el tiempo fijado sea cumplido.


René Guenon - Hermetismo