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domingo, 20 de enero de 2019

Biblioteca: Obras Completas Platón, Nietzsche, Anthony de Mello y Carlos Castaneda




Me gustaría compartir con vosotros, en una primera entrega, estos enlaces drive con las obras completas de los autores mencionados en el epígrafe, y posteriormente grandes colecciones de mis temas y escritores favoritos. Es mucha lectura la que voy a proponer; seguramente no tendremos tiempo en nuestra vida para leerlo todo, por lo que sería aconsejable ir seleccionando aquellos textos que nos llamen más la atención. Todo ello depende de nuestras necesidades actuales de autodesarrollo personal, de nuestro bagaje e intereses. Como dijo un sabio “somos enanos a hombros de gigantes”, evolucionamos apoyándonos y aprendiendo de los que nos precedieron. No pretendamos nunca presumir de poseer la verdad, pero sí de ir en su búsqueda constante, para entendernos a nosotros y al mundo.


Platón
https://drive.google.com/drive/folders/1ufq97HSTAUTp8pmJe6sSOtk9fRNzgK7k?usp=sharing

Nietzsche
https://drive.google.com/drive/folders/1dybNQHbt7in2hnI0oD_sfr_nbvHh1_in?usp=sharing

Anthony de Mello
https://drive.google.com/drive/folders/1vW4_ZGbq1zhtHs8cuKTjib2n0EVY0VSr?usp=sharing

Carlos Castaneda
https://drive.google.com/drive/folders/1-SX4mVkuD6U6N0Pxz8I2EUbR3mZzW-23?usp=sharing




lunes, 19 de diciembre de 2016

Todo lo que necesitas es Amar (Anthony de Mello)




¿Qué se necesita para comprender la fórmula de la felicidad? Una sola cosa: la capacidad de escuchar. Escuchar significa estar alerta. Si estás alerta, estás observando, estás escuchando, con una especie de mente virgen. No es fácil escuchar con una mente virgen, sin prejuicios, sin fórmulas establecidas.

No nos gusta lo nuevo; es demasiado molesto, demasiado liberador. Si rechazamos lo nuevo, no estamos dispuestos a escuchar. Pero si lo aceptamos sin discriminar, tampoco estamos escuchando. Tenemos a mano la solución del problema de la felicidad. ¿Por qué no la usamos? No la queremos. Imagina que te digo: voy a darte una fórmula que te va a hacer feliz por el resto de tu vida, disfrutarás de cada minuto del resto de tu vida… ¿Sabes lo que probablemente responderás?: “No me lo diga ¡Basta! No quiero oírlo”.

Ante todo, tu vida es un enredo. ¿No te gusta oírlo? Bueno, quizás eso prueba que es cierto. ¿Estás asustado? Tu vida es un enredo. Se puede perder el miedo y encontrar la felicidad. ¿Estas angustiado por el futuro? ¡Estás en un enredo! Estamos “sentados” sobre una mina de diamantes y no lo sabemos. Pero tú no quieres salir del enredo: la última cosa que quiere un paciente es la cura, no quiere curarse, busca alivio. Preferimos ser desdichados. ¿Estas preparado para cambiar éxito por felicidad? ¿Se te ha ocurrido alguna vez que aquello que llamas tu felicidad es en realidad tu condena? No saber en absoluto de ansiedades, de conflictos internos, vivir sin tensiones, sin desconcierto, sin congoja. ¿Que queda entonces? Felicidad pura, sin diluir. Eso es lo que tienes. Eso es vivir como un rey.




¿Que hago para ser feliz? No debes hacer nada para ser feliz. No puedes adquirir la felicidad, porque la tienes, ¡la tienes en este mismo momento! ¡la tienes! Pero estás todo el tiempo obstruyéndola.
     El enredo existe también porque tienes ideas equivocadas, no porque algo esté mal en ti. Tenemos instrucciones equivocadas. A tu cultura y a la mía no les importa para nada si tú y yo somos felices o no. Nacimos felices. Toda la vida ésta atravesada de felicidad. Nacimos con el sentido de la vida, pero lo perdimos. ¿Por qué lo perdimos? Porque nos enseñaron a trabajar activamente para volvernos desdichados. ¿Como lo lograron? Enseñándonos a apegarnos, a tener deseos tan intensos que rehusaríamos a ser felices a menos que fueran satisfechos. La formula es sencilla: el mundo está lleno de sufrimiento; la raíz del sufrimiento es el deseo-apego; la supresión del sufrimiento es el abandono del apego. Porque el apego produce ansiedad. De modo que la felicidad solo podría definirse como el abandono de la ilusión, el abandono del apego. Cuando se abandona la desdicha causada por el apego, se alcanza la felicidad. Si para ti la felicidad significa emociones, diversión, placer..., entonces hay contradicción. Emociones, diversión, placer, no son felicidad. La felicidad es un estado de desapego.

¿Carecer de apegos significa abandonar los esfuerzos creativos humanos, dejar de luchar e incluso de soñar? De ninguna manera. Se tiene mucha más energía cuando no se tiene apego, se tiene toda la energía disponible para uno.
   En el momento que te atrevas a exponerte –aunque sea durante dos segundos– a la verdad, estarás “perdido”. Porque si la vislumbras aunque sea una vez, algo en ti te volverá a llevar hacia ella. Si la ves, serás conducido a ella nuevamente y, cada vez en mayor medida, te volverás más libre y feliz.



Nada en la realidad, nada en la vida, nada en el mundo te perturba; nada tiene el poder de perturbarte. Toda perturbación está en ti, no en la realidad. Si no existiera la mente humana no habría problemas. Todos ellos existen solo en la mente humana. Todos son creados por la mente. Nada te perturba. Te perturbas a ti mismo cuando algo sucede. Hemos sido adiestrados para depender emocionalmente de los demás, para no ser capaces de vivir emocionalmente sin ellos. Cuando uno se perturba, tiene menos energía para hacer cosas y tiene menos capacidad de percepción. Ya no ve las cosas correctamente, reacciona con exceso.

Cuando no hay tensión ni perturbación, se desatan todas las fuerzas dentro de ti. Si lo logras, comprenderás qué es la verdadera dicha y el verdadero entusiasmo, que significa zambullirse en la vida, con alma y vida, con pasión. ¡Lánzate directamente a eso, sin dudar!, porque ya no estarás atenazado por emociones programadas.
    Nunca vivirás hasta que dejes de aferrarte a la vida. Cuando te aferras, la felicidad muere. Si tu felicidad depende de alguien o de algo, es inquietud, es tensión, es presión, es temor. Deja de lado la obstrucción, abandona las creencias falsas y el apego desaparecerá. Entonces sabrás qué es la felicidad.

Para alcanzar la iluminación, la espiritualidad, la liberación, todo lo que tienes que hacer es comprender. Hasta ahora siempre te has identificado con lo que sentías, pero ahora descubrirás que no eres tus sentimientos, no eres tu desdicha, no eres tu disgusto. La vida no es cruel contigo. ¿Cómo lo “arreglo”? No lo “arregles”. Entiéndelo, míralo; no cambias, la vida cambia, como también lo hace la naturaleza. Uno debe limitarse a hacer algo para ayudarla.




Vemos que todos estamos embarcados en el cambio. Queremos cambiarnos a nosotros mismos, queremos cambiar el mundo. Eso es lo que nuestra estúpida programación nos ha inculcado. Tenemos que cambiar todo, sin antes haber entendido nada. Lo que necesitas no es cambiar, es comprender. Compréndete a ti mismo, comprende a los demás. No estás aquí para cambiar el mundo, estás aquí para amarlo. ¿Sabes qué significa amar? “Amar” significa ¡Ver! ¡Comprender!

Una gran mentira que nos han contado cuando éramos niños es la siguiente: “Necesitas ser amado” ¡Basura! Y todos lo creen. Te diré lo que necesitas. Hay solo una necesidad, que es “amar”. No hay otra.




Anthony de Mello - Medicina del Alma




jueves, 30 de julio de 2015

Si el universo no es consciente de tu existencia, ¡tranquilo! (Anthony de Mello)



La realidad existente no puede realmente ser rechazada ni aceptada.
Huir de ella es como tratar de huir de tus propios pies.
Aceptarla es como tratar de besar tus propios labios.
Todo lo que hay que hacer es mirar, comprender y estar en paz.


¡Escucha! Oye el canto del pájaro,
el viento entre los árboles,
el estruendo del océano…;
mira un árbol, una hoja que cae o una flor,
como si fuera la primera vez.

Puede que, de pronto,
entres en contacto con la Realidad,
con ese Paraíso del que
nos ha arrojado nuestro saber
por haber caído desde la infancia.


 ¿Qué es lo que te hace reaccionar:
la Realidad o lo que tú supones de ella?


Primero sacamos nuestras conclusiones…
y luego hallamos la forma de llegar a ellas.


Casi nunca vemos la realidad. Lo que vemos es un reflejo de la misma en forma de palabras y conceptos que en seguida confundimos con la realidad.
El mundo en el que vivimos es, en su mayor parte, una construcción mental.


No trates de animar a las personas con doctrinas; devuélvelos a la realidad. Porque el secreto de la vida hay que encontrarlo en la vida misma, no en las doctrinas sobre ella.


La gente no desea la verdad.
Desea promesas tranquilizadoras. 




Las cuatro fases de la oración:
Yo hablo, tú escuchas.
Tú hablas, yo escucho.
Nadie habla. Los dos escuchamos.
Nadie habla y nadie escucha. Silencio.


No es como si la vida estuviera llena de milagros; es más que eso: la vida es milagrosa. Y quien deje de darlo por supuesto no tardará en comprobarlo.


No todos los que tienen los ojos cerrados están dormidos.
Ni todos los que tienen los ojos abiertos pueden ver.

¿De qué sirve tener ojos
si el corazón está ciego?





Solo la reconciliación salvará al mundo, no la justicia,
que puede ser una forma de venganza.

  
Propiamente, para ser malo, no necesitas quebrantar la ley.
Basta con que la observes a la letra.


Cuando las personas están alegres,
siempre son buenas;
Mientras que, cuando son buenas,
rara vez están alegres.


Lo malo de los ideales es que, si vives con arreglo a todos ellos,
resulta imposible vivir contigo.




Cuando el zapato encaja, te olvidas del pie;
cuando el cinturón no aprieta, te olvidas de la cintura; 
cuando todo armoniza, te olvidas del “ego”.
Entonces, ¿de qué te sirven tus austeridades?


Hay personas a las que el ver practicada su religión las inquieta tanto como el enterarse de que alguien la pone en duda.


Tanto aquello de lo que huyes como aquello por lo que suspiras está dentro de ti.


Si el universo no es consciente de tu existencia, ¡tranquilo!


La música necesita la oquedad de la flauta;
las cartas, la blancura del papel;
la luz, el hueco de la ventana;
la santidad, la ausencia del “yo”.


Hay un solo motivo de todos los males de la tierra:

“!Esto me pertenece!”



Anthony de Mello – La oración de la rana

sábado, 17 de enero de 2015

La única religión verdadera es la del Amor (Anthony de Mello)



En los templos solían pronunciarse sermones en los que se afirmaba que los que quebrantaban la ley acababan mal. Ni una sola vez se mencionaba a los que, en igual número, acababan mal a pesar de haber observado fielmente la ley, ni tampoco a los muchísimos que prosperaban a pesar de haberla quebrantado.

Y no podía hacerse nada por cambiar la ley, porque el profeta que había pretendido haberla recibido de Dios había muerto hacía muchísimo tiempo. De haber vivido, tal vez hubiera tenido el valor y el sentido común de cambiar la ley a tenor de las circunstancias, porque habría tomado la Palabra de Dios no como algo que hubiera que reverenciar, sino como algo que debía usarse para el bienestar del pueblo.

La consecuencia de todo ello es que había personas que se burlaban de la ley, de Dios y de la religión. Otras la quebrantaban en secreto, y siempre con la sensación de estar pecando. Pero la inmensa mayoría la observaba fielmente, llegando incluso a considerarse santos por el simple hecho de haber respetado una absurda y anticuada costumbre de la que el miedo les impedía prescindir.




Lo que produce daño
no es la diversidad de nuestros dogmas,
sino nuestro dogmatismo.
Por eso, si cada uno de nosotros hiciera
aquello de lo que está firmemente persuadido
que es la voluntad de Dios,
el resultado sería el más absoluto caos.
La culpa la tiene la certeza.
La persona espiritual conoce la incertidumbre,
que es un estado de ánimo
desconocido para el fanático religioso.




¿Has intentado alguna vez
organizar algo como, por ejemplo, la paz?
En el momento en que lo hagas
verás lo que son los conflictos de poder
y las luchas internas dentro de la organización.
La única manera de tener paz
es dejarla crecer libremente.


Las personas verdaderamente religiosas observan la Ley.
Pero ni la temen,
ni la reverencian,
ni la absolutizan,
ni la magnifican desproporcionadamente,
ni la explotan.


Solo la reconciliación salvará al mundo,
no la justicia,
que suele ser una forma de venganza.


Por desgracia, la mayoría de las personas poseen la religión suficiente para odiar, pero no bastante como para amar.


Anthony de Mello – La oración de la rana




Reflexión:

Si el Dios de las religiones monoteístas existiera verdaderamente y revelara su Ley a algún ser humano, ¿cuál sería el contenido de tal revelación?: Amor. Solo esa palabra sería suficiente para que entendiéramos por qué nos creó, ningún mandato más, ningún otro Libro Sagrado, ninguna religión ni creencia sería necesaria.

Si el Dios de las religiones monoteístas existiera verdaderamente, ¿no sería el mismo y único Dios? Entonces, no habría ninguna justificación para disputarse el privilegio y la exclusividad de su Verdad. No habría lugar para la intolerancia, ni para las cruzadas exterminatorias, ni para el odio.

Si el Dios de las religiones monoteístas existiera verdaderamente y, como dicen, hubiera creado al ser humano en un acto de Amor, ¿qué importancia tendría la fe? Incluso sería irrelevante si una buena parte de la humanidad determinara no creer en Él pero que, sin embargo, practicara la Ley del Amor. Él desearía que esa fuera la única religión.


miércoles, 14 de mayo de 2014

Si sufres; si estás doliéndote; si tienes problemas... es que estás dormido (Anthony de Mello)


  
Tú ya eres felicidad, eres la felicidad y el amor, pero no lo ves porque estás dormido. Te escondes detrás de las fantasías, las ilusiones y también de las miserias de las que te avergüenzas. Lo importante es ser capaz de darse cuenta de que no eres más que un “yo-yo”, siempre de arriba para abajo, según tus problemas, tus disgustos o depresiones, que eres incapaz de mantener una estabilidad. Darte cuenta de que te pasas la vida a merced de personas, de cosas o de situaciones. Que no eres dueño de ti ni capaz de mirar las situaciones con sosiego, sin enfados ni ansiedad.

Solo lo que nace y se decide desde adentro es auténtico y te hace libre. Lo que se hace como hábito y que no puedes dejar de hacer porque te domina, te hace dependiente, esclavo de lo que crees, porque te lo han programado. Tienes que liberarte de tu historia y su programación para responder por ti mismo. La espiritualidad ha de nacer de ti mismo; y cuanto más seas tú mismo, serás más espiritual.

Cuando tu mentalidad cambia, todo cambia para ti a tu alrededor. Lo que antes te preocupaba tanto, ahora te importa un bledo y, en cambio, vas descubriendo cosas maravillosas que antes te pasaban desapercibidas. Nuestra vida se convierte en un lío porque tomamos por realidad lo que no son más que programaciones que no sirven de nada. Lo más difícil es la capacidad de ver, ver simplemente, con sinceridad, sin engañarse, y estamos acostumbrados a buscarnos asideros y a andar con muletas. Necesitamos desmontar la tienda en la que nos refugiábamos y seguir por el sendero adelante sin apoyos. Hay que quitar las vendas para ver. Si no ves no puedes descubrir los impedimentos que no te están dejando ver.



El hacer esfuerzos por cambiar es contraproducente, pues lo que te va a cambiar es la verdad. El observar es lo que te va a cambiar. Mirar con objetividad, como si no fueras tú, concienciándote de lo que pasa, dentro y fuera de ti, estando atento. Hacerlo sin juicios valorativos, porque si le pongo etiquetas, ya no veo la cosa como es. Caer en la cuenta, sin prejuicios, solo entendiéndolo.

Si no cambiamos espontáneamente es porque ponemos resistencia. En cuanto descubramos los motivos de la resistencia, sin reprimirla ni rechazarla, ella misma se disolverá. La vida es en sí un puro gozo y tú eres amor-felicidad. Solo los obstáculos de la mente te impiden disfrutarla plenamente. Son las resistencias que pones en tu programación lo que te impide ser feliz.

Despertarse es la espiritualidad, porque solo despiertos podemos entrar en la verdad, y descubrir qué lazos nos impiden la libertad. Esto es la iluminación. Es como la salida del sol sobre la noche, la luz sobre la oscuridad. Es la alegría que se descubre a sí misma, desnuda de toda forma. Esto es la iluminación. El místico es el hombre iluminado, el que todo lo ve con claridad, porque está despierto.



¿Y cómo sabré si estoy dormido? El estar despierto es cambiar tu corazón de piedra por uno que no se cierre a la verdad. Si estás doliéndote de tu pasado, es que estás dormido. La solución está en tu capacidad de comprensión y de ver otra cosa que lo que se permite uno ver. Ver lo que hay detrás de las cosas. Cuando se te abran los ojos, verás como todo cambia, que el pasado está muerto… y el que se duerme en el pasado está muerto. Despertarse y no perderse la vida. Es vivenciar el presente. Si sufres es que estás dormido. El sufrimiento no es real, sino una obra de tu mente; es un producto de tu sueño. Si tienes problemas es que estás dormido. La vida no es problemática. Es el “yo” (la mente humana) el que crea los problemas.

Estar despierto es aceptarlo todo, no como ley, ni como sacrificio, ni con esfuerzo, sino por iluminación. Aceptarlo todo porque lo ves claro y nada ni nadie te puede engañar. Es despertar a la luz. El dolor existe, y el sufrimiento solo surge cuando te resistes al dolor. Lo insoportable es querer distorsionar la realidad, que es inamovible. No hay que buscar la felicidad en donde no está. El desasosiego, la congoja, el miedo, la inseguridad… Nada de esto existe sino en nuestra mente dormida. Cuando despertemos, se acabó.

¿Qué hace falta para despertarse?: la capacidad de pensar algo nuevo y de descubrir lo desconocido. Es la capacidad de movernos fuera de los esquemas que tenemos. Hay que cuestionarlo todo estando atento a descubrir las verdades que puedan encerrar, separándolas de lo que no lo son. Si nos identificamos con las teorías sin cuestionarlas con la razón –y sobre todo con la vida– y nos las tragamos almacenándolas en la mente, es que seguimos dormidos.



Cuando despertamos de nuestro sueño y vemos la realidad tal cual es, nuestra inseguridad termina y desaparecen los miedos. Entonces puedo decirle al otro: como no tengo miedo a perderte, pues no eres un objeto de propiedad de nadie, entonces puedo amarte así como eres, sin deseos, sin apegos ni condiciones, sin egoísmos ni querer poseerte. Y esta forma de amor es un gozo sin límites. En cuanto te agarras a la permanencia destruyes toda la belleza del amor. El apego mutuo, el control, las promesas y el deseo te conducen inexorablemente a los conflictos y al sufrimiento. Porque los lazos que se basan en los deseos son muy frágiles. Solo es eterno lo que se basa en un amor libre. Los deseos te hacen siempre vulnerable.

Cuando te quiero, te quiero independiente de mí, y no enamorado de mí, sino enamorado de la vida. Puesto que tú eres el amor y la felicidad en ti mismo, solo mostrando ese amor y gozándote en él vas a ser realmente feliz, sin agarraderos ni deseos.


Despertarse es la única experiencia que vale la pena. La infelicidad no viene de la realidad, sino de los deseos, de las ideas equivocadas. Eso solo se consigue manteniéndote despierto y llamando a las cosas por su nombre.


Anthony de Mello – La Iluminación es la Espiritualidad

jueves, 6 de febrero de 2014

Despertarse es la espiritualidad (Anthony de Mello)



Despertarse es la espiritualidad, porque solo despiertos podemos entrar en la verdad y la libertad. El estar despierto es cambiar tu corazón de piedra por uno que no se cierra a la verdad. Si estás doliéndote de tu pasado es que estás dormido. El pasado está muerto y el que se duerme en el pasado está muerto, porque solo el presente es vivo si tú estás despierto en él. Si sufres, es que estás dormido. El sufrimiento no es real, sino una obra de tu mente, un producto de tu sueño. Si tienes problemas es que estás dormido. Es el yo el que crea los problemas. Hay que morir al yo para volver a nacer.

Estar despierto es aceptarlo todo, no como ley, ni como sacrificio, ni como esfuerzo, sino por iluminación. El ir contra la realidad, haciendo problemas de las cosas, es creer que tú importas, y lo cierto es que tú, como personaje individual, no importas nada. Es la vida la que importa y ella sigue su curso.

¿Qué hace falta para despertarse? Solo hace falta la capacidad de pensar algo nuevo, de ver algo nuevo y de descubrir lo desconocido. Es la capacidad de movernos fuera de los esquemas que tenemos. Tememos el riesgo de volar por nosotros mismos. Tenemos miedo a la libertad, a la soledad, preferimos ser esclavos de unos esquemas. Nos atamos voluntariamente, llenándonos de pesadas cadenas, y luego nos quejamos de no ser libres. ¿Quién te tiene que liberar si ni tú mismo eres consciente de tus cadenas?

Lo peor y más peligroso del que duerme es creer que está despierto y confundir sus sueños con la realidad. Lo primero para despertar es saber que estás durmiendo y soñando.



La realidad es que nos amamos a nosotros mismos, pero con un amor adulterado y raquítico que solo abarca el yo, el ego. Donde no hay deseo no hay miedo, nadie te puede intimidar, ni nadie te puede controlar o robar, porque, si no tienes deseos, no tienes miedo a que te quiten nada. El amor no duerme. Donde hay amor no hay deseos, y por eso no existe ningún miedo. Con los deseos vienen el miedo, la ansiedad, las tensiones y…, por descontado, la desilusión y el sufrimiento continuos. Vas de la exaltación al desespero.

¿Cuánto dura el placer de creer que has conseguido lo que deseabas? El primer sorbo de placer es un encanto, pero va precedido irremediablemente al miedo a perderlo, y cuando se apoderan de ti las dudas, llega la tristeza. El deseo marca siempre una dependencia. No hay amistad que esté tan segura como la que se mantiene libre. Porque los lazos que se basan en los deseos son muy frágiles. Solo es eterno lo que se basa en un amor libre. Los deseos te hacen siempre vulnerable.

Tú ya eres felicidad, eres la felicidad y el amor, pero no lo ves porque estás dormido. Si no quieres oír para despertar, seguirás programado, y la gente dormida y programada es la más fácil de controlar por la sociedad. Estamos programados desde niños por las conveniencias sociales, por una mal llamada educación, ideas convencionales y culturales, que tomamos como verdades cuando no lo son. El honor, el éxito y el fracaso no existen, como tampoco la belleza ni la fealdad, porque todo consiste en una manera de ver de cada cultura. La patria es el producto de la política, y la cultura es una manera de adoctrinar. Cuando eres un producto de tu cultura, te conviertes en un robot. Solo lo que nace y se decide adentro es auténtico y te hace libre. Solo lo que pasa por tu criterio y te decides a ponerlo en práctica asumiéndolo es tuyo y te hace libre.

Lo que más les preocupa a las personas programadas es tener razón. Tienen miedo a perder sus ideas en las que se apoyan, porque les da pavor el riesgo, el cambio, la novedad. En el fondo tenemos una enorme inseguridad y, para sentirnos mejor, vamos a consultar a los que creemos que saben más que nosotros, creyendo que ellos nos van a solucionar nuestros problemas. Pero los problemas, que solo existen en nuestra imaginación, solo despertando los solucionaremos. Lo más difícil es la capacidad de ver, ver simplemente con sinceridad. En cuanto llegas a ver con claridad tienes que volar; y volar es no tener nada a lo que agarrarte.



Para despertarse, el único camino es la observación, el ir observándose uno a sí mismo, sus reacciones, sus hábitos y la razón de por qué responde así. Observarse sin críticas, sin justificarnos, ni sentido de culpabilidad, ni miedo a descubrir la verdad. La pregunta más importante del mundo, base de todo acto maduro, es: ¿Yo, quién soy? Sin embargo, lo curioso del caso es que no hay respuesta, porque lo que tienes que averiguar es lo que no eres, para llegar al ser que ya eres.

Yo no soy mi cuerpo, pero tampoco soy mis pensamientos, pues ellos cambian continuamente, y yo no. Ni tampoco soy mis actitudes, ni mi forma de expresarme. Yo no puedo identificarme con lo cambiable, que abarca las formas de mi yo, pero no es mi yo. Despertarse es despertar a la realidad de que no eres el que crees ser. ¡Menudo descanso cuando lo tiras todo por la borda!. Yo soy, y el ser no cabe en ninguna imagen porque las trasciende todas. Cambia tu programación, y todo cambiará. Renuncia a tus exigencias, no seas exigente contigo mismo y comenzarás a no exigir a los demás. Sal de esa programación que te tiene prendido en el árbol del bien y del mal y comenzarás a captar la realidad sin juicios ni críticas. La conciencia del bien y del mal es lo contrario de la toma de conciencia. La toma de conciencia es la sensibilización. Si eres consciente estás despierto y sensible a todo.

La personalidad, el yo, es un impedimento para amar. El dejar que cada uno haga lo que quiera es amor. Solo en la libertad se ama. Cuando amas la vida, la realidad, con todas tus fuerzas, amas mucho más libremente a las personas. El amor y la felicidad están dentro de ti: eres tú mismo.


Nos aburrimos por la memoria, pues si olvidásemos por completo lo anterior todo nos parecería nuevo. Cuando desaparecen los recuerdos, los prejuicios y las visiones subjetivas, entonces ya surge el amor que fluye donde es. Tú no puedes tener el amor, es el amor el que te tiene a ti. La felicidad y el amor van juntos; la felicidad nunca harta cuando es de verdad felicidad. Y no harta porque existe donde no existe el yo. Solo si amas serás feliz, y solo amarás si eres feliz. Y amar es un estado que no elige a quien amar, sino que ama porque no puede hacer otra cosa, porque es amor. La felicidad es tu esencia, tu estado natural.


Anthony de Mello – Autoliberación Interior

viernes, 29 de noviembre de 2013

Un manantial en el corazón (De Mello)





He de aprender a sentir predilección por aquellas fuentes de las que bebo, pero sin estancarme en ellas; a disfrutar sin tratar de poseer; a buscar sustento sin echar raíces.
Porque debo estar siempre en condiciones de mudar cuando llegue el momento de nacer de nuevo.
Pienso cómo voy a beber hoy del amor, y de la alegría, y de la paz y del deleite.
Y pienso también cómo voy a buscar la autonomía y la libertad: los riesgos que me atreveré a afrontar, las incomodidades que habré de soportar, los cambios que estaré dispuesto a aceptar como preparación remota para el día en que habré de renacer a un distinto y más anchuroso Mundo.

Yo soy un tesoro. Algún día, en algún lugar, alguien me descubrió. No tendría yo conciencia de mi valor si alguien no lo hubiera descubierto. Recuerdo y revivo los detalles del hallazgo… Soy un tesoro polifacético. Había muchas cosas ocultas en mí que diferentes personas sacaron a la luz y me las revelaron.
Las examino todas ellas gozosamente, y recuerdo con agradecimiento a las personas que las revelaron.

¿Cómo voy a llevar paz a los demás cuando mi propio corazón está en conflicto? El conflicto entre lo que realmente soy y lo que parezco ser, entre lo que practico y lo que predico. Y el conflicto más profundo de todos: entre lo que quiero hacer y ser, entre lo que deseo que suceda en mi vida, y lo que Dios quiere…

¿Sabré dar libertad a los cautivos cuando mi corazón esté paralizado por afecciones desordenadas, preocupación por el futuro y culpabilidad por el pasado?

¿Voy a comunicar a otros la pasión por la verdad, mientras yo estoy tan a la defensiva y me aferro desesperadamente a mis ideas, negándome una y otra vez la apertura…?

¿Qué valor puedo ofrecer a los demás cuando soy tan cobarde, incluso en las menudencias, porque me aterroriza la idea de hacer daño, de rechazar una súplica, de estar en desacuerdo, y me espanta la contrariedad y la oposición?

Me he desprendido de mis ayeres. Pero aún debo desposeerme de mis mañanas, porque, al igual que el pasado, el futuro está muerto –es una construcción de la mente– y vivir en él significa estar muerto al aquí y ahora. De modo que renuncio a mi codicia y a toda ambición por adquirir, por lograr, por ser alguien en el futuro… La vida no es mañana; la vida es ahora. Igual que el amor, y Dios, y la felicidad. Cuando me libro de mi codicia, me libro de mi esclavitud de la ansiedad y quedo en libertad para estar vivo. Me tomo unos instantes para permitirme experimentar este alivio y esta libertad.

Después de haberme liberado del futuro y del pasado, entro en el presente para experimentar la vida tal como es, porque la vida eterna es ahora, la vida eterna está aquí. Escucho los sonidos que me rodean. Tomo conciencia de mi respiración y de mi cuerpo a fin de estar lo más presente posible.



La Naturaleza, tan frágil, tan insegura, tan expuesta a la muerte… ¡y tan viva!

La vida no es un problema que haya que resolver ni una pregunta que haya que responder. La vida es un misterio que hay que contemplar, admirar y saborear.

Soy realmente afortunado: me ha sido dada la riqueza de un día más de vida.

Cita una experiencia que por sí sola justificaría tu vida.

Si quieres ser creativo, aprende el arte de perder el tiempo.

Toda persona es portadora de pensamientos que poseen la virtud de proporcionarle paz al instante.

A pesar de toda evidencia en contra, sostengo firmemente esta verdad: mi vida ha sido un don, una bendición para el mundo.

La aceptación momentánea de todo tal como es vale más que mil años de piedad.

Contempla el impacto de una sola gota de lluvia y sabrás cuál es el impacto de tu vida en la historia humana.

Únicamente vives cuando descubres un tesoro por el que estarías dispuesto a morir.

Acepta los honores y los aplausos y perderás tu libertad.

El mercado es tan buen lugar para el silencio como el monasterio, pues el silencio es la ausencia del ego.

Para estar vivo y ser libre debes desprenderte de tu miedo a caminar sin compañía.

No llego a ninguna parte porque me da miedo caminar solo.

No volverás a ser el mismo después de haber estado expuesto a los rigores de la soledad.

La realidad es tu casa. Encuéntrala y nunca más estarás solo.

La soledad acaba con el engaño de que tú y yo somos dos cosas distintas.

La admiración es la esencia de la Contemplación.

La duda es amiga de la fe. El enemigo de la fe es el miedo.

Esta es la fuente de todo sufrimiento humano: considerar permanente lo que por esencia es pasajero.

Si tu Dios viene en tu ayuda y te libra de la aflicción, es hora de que empieces a buscar al verdadero Dios.

Presta tu adoración en el templo del momento presente.



Despídete de tus dorados ayeres, o tu corazón jamás aprenderá a amar el presente.

Estás comprometido a fondo, inmerso hasta el cuello… Asegúrate de que no te ahogas.

Descubre la recóndita cueva que hay en tu interior y lo descubrirás todo.

Eres responsable de las ofensas de que has sido víctima.

Yo no sabía que el sol, la luna y la estrella vespertina eran las palabras con las que Él me hablaba. De modo que nunca había oído su canto, su grito ni su silencio cósmico.

El auténtico poder consiste en sentirse a gusto con la falta de poder.

Escucha el canto de tu corazón. ¿Qué canto querrías que tu corazón cantara cuando vayas a morir?

Trata de aferrar y no aferrarte, de disfrutar y no de poseer.

Las acciones pueden ser buenas o malas; las personas, solo buenas.

¿Pretendes volver a nacer… y huyes de lo desconocido?

Siente latir la Creación al ritmo de los latidos de tu corazón.

Atrévete a afrontar la realidad; y de todo aquello a lo que te sientas apegado, di: “También esto pasará”.

La Naturaleza es una prolongación de mí mismo, mi más extenso cuerpo.

La oscuridad revela la ardiente belleza de la llama. La idea de la muerte revela el frágil encanto de la vida.

Cada vez que te atreves a morir, te vivificas. ¡Vamos, sigue andando, di adiós a las cosas!

Las peores atrocidades de la historia se han cometido de buena fe.

Nada ha cambiado, excepto mi actitud… Por eso, todo ha cambiado.

Mientras tú no dejas de correr, yo me siento, contemplo y admiro.

En la soledad se te devuelve tu propio yo.

El resentimiento se convierte en agradecimiento cuando consigo ver que tu ofensa me ha proporcionado gracia.

Nadie puede ser agradecido e infeliz.

Estamos aislados hasta que somos absorbidos por la corriente de la vida que nos arrastra.

Te encuentras separado de tu propio yo y de la realidad por el estrépito que llamamos el “ego”. Cuando el “ego” se esfuma, recuperas de nuevo tu ser… y el silencio.

Contempla la esencia de la vida: de la danza al polvo y de nuevo a la danza.

Tu centro es el centro del universo.

La certeza es el pecado de los fanáticos terroristas y de los fariseos. La compasión nos hace pensar que podemos estar equivocados.

Desciende hasta tus raíces en la Naturaleza y te encontrarás a ti mismo.

Escucha la sabiduría sin palabras de la llama.

Ningún mal puede resistir el fulgor de la conciencia.

El misticismo es sentir agradecimiento por todo.

Limítate a mirar… y algún día verás.


Anthony de Mello - El Manantial


domingo, 30 de diciembre de 2012

Hay que predicar lo que se practica (De Mello)





Cuando miras un árbol y ves un milagro, entonces, por fin, has visto un árbol. ¿Alguna vez tu corazón se ha llenado de muda admiración cuando has oído el canto de un pájaro?
El pájaro no canta porque tenga una afirmación que hacer. Canta porque tiene un canto que expresar.

Las palabras del alumno tienen que ser entendidas. Las del Maestro no tienen que serlo. Tan solo tienen que ser escuchadas, del mismo modo que uno escucha el viento en los árboles y el rumor del río y el canto del pájaro, que despierta en quien lo escucha algo que está más allá de todo conocimiento.

¡Deja de buscar, pequeño pez!
No hay nada que buscar. Solo tienes que estar tranquilo, abrir tus ojos y mirar. No puedes dejar de verlo.

Esta es la esencia de la contemplación: la capacidad de asombro. La contemplación se diferencia del éxtasis en que éste lleva a uno a retirarse. La contemplación se diferencia de la contemplación de la belleza en que ésta produce un placer estético, mientras que la contemplación produce asombro, prescindiendo de que lo que se contemple sea una puesta de sol o una simple piedra.

Abandona todo pensamiento acerca del futuro y del pasado, y hacerte totalmente presente. Y la contemplación se produce.

Decía un monje Zen: “Cuando se incendió mi casa pude disfrutar por las noches de una visión sin obstáculos de la luna”.

¿De qué vale buscar a Dios en lugares santos si donde lo has perdido ha sido en tu corazón?

Yo solía pensar que las palabras escritas estaban muertas y secas. Ahora sé que están llenas de energía y de vida. Era mi corazón el que estaba frío y muerto, así que ¿cómo iba a crecer nada en él?




A veces se oye hablar de hombres que se han hecho discípulos de los discípulos de los discípulos de un hombre que ha tenido la experiencia personal de Dios. Es absolutamente imposible enviar un beso a través de un mensajero.
A veces he visto a mujeres ancianas rezar interminables rosarios en la iglesia. ¿Cómo va a glorificar a Dios ese incoherente palabreo? Pero siempre que me he fijado en sus ojos o en sus rostros alzados al cielo, he sabido en el fondo que ellas están más cerca de Dios que muchos hombres doctos.

Cuando buscas la Verdad, vas solo. La senda es demasiado estrecha para llevar compañía. Pero… ¿quién puede soportar semejante soledad?

Puedes entregar todos tus bienes para ayudar a los pobres, y entregar tu cuerpo a la hoguera, y no tener amor en absoluto.
Guarda tus bienes y renuncia a tu yo. No quemes tu cuerpo, quema tu ego. Y el amor brotará automáticamente.

La conciencia de la propia virtud es un riesgo muy propio de quien se embarca en la oración y en la piedad.

Cuando las personas religiosas no dejan de darle vueltas a los pecados de los demás, uno sospecha que esa insistencia les proporciona más placer del que el pecado proporciona al pecador.

El hombre no es cruel por naturaleza. Se hace cruel cuando es infeliz… o cuando se entrega a una ideología.
Si tienes que escoger entre el dictado de un corazón compasivo y las exigencias de una ideología, rechaza la ideología sin dudarlo un momento. La compasión no tiene ideología.

Muchas veces he intentado desesperadamente practicar lo que predico. Si me limitara a predicar lo que practico, sería mucho menos farsante.

“Ahora me tienes junto a ti”, dijo Dios a su ferviente devoto, “y no haces más que darle vueltas a tu cabeza pensando en mí, hablar acerca de mí con tu lengua y leer lo que dicen de mí tus libros. ¿Cuándo te vas a callar y me vas a probar?"

Dios “danza” su Creación, Él es su bailarín; su Creación es la danza. La danza es diferente del bailarín y, sin embargo, no tiene existencia posible con independencia de Él. En el momento en que el bailarín se detiene, la danza deja de existir.
Guarda silencio y mira la danza. Sencillamente, mira: una estrella, una flor, una hoja marchita, un pájaro, una piedra…  Cualquier fragmento de la danza sirve. Mira. Escucha. Huele. Toca. Saborea. Y, seguramente, no tardarás en verle a él, el Bailarín en persona.


Anthony de Mello : El Canto del Pájaro


lunes, 10 de diciembre de 2012

Minutos de Sabiduría (De Mello)







Absurdo. 
   El Maestro no dejaba de restregar un ladrillo contra el suelo de la habitación, en la que estaba sentado un discípulo, entregado a la meditación.
   Al principio, el discípulo estaba contento creyendo que el Maestro trataba de poner a prueba su capacidad de concentración. Pero cuando el ruido se hizo insoportable, estalló: ¿Qué diablos estás haciendo? ¿No ves que estoy meditando?

– Estoy puliendo este ladrillo para hacer un espejo, replicó el Maestro.
– !Tú estás loco! ¿Cómo vas a hacer un espejo de un ladrillo?
– ¡Más loco estás tú! ¿Cómo pretendes hacer un meditador de tu propio yo?


Escondrijo.
   El Maestro llegó a ser una verdadera leyenda viviente. Se decía que incluso en una ocasión Dios le había pedido consejo: “Quisiera jugar al escondite con la humanidad. He preguntado a mis ángeles cuál es el mejor lugar para esconderse, y unos me han dicho que el fondo del océano. Otros que la cima de la más alta montaña, y todavía otros me han dicho que la cara oculta de la luna o alguna estrella lejana. ¿Qué me sugieres tú?

– Escóndete en el corazón humano, respondió el Maestro. Es el último lugar en que pensarán.



Receptividad.
– Quisiera aprender. ¿Querrías enseñarme?
– No creo que sepas cómo hay que aprender, dijo el Maestro.
– ¿Puedes enseñarme a aprender?
– ¿Puedes tú aprender a dejarte que te enseñe?

   Más tarde le decía el Mestro a sus desconcertados discípulos: “El enseñar solo es posible cuando también es posible aprender. Y el aprender solo es posible cuando te enseñas algo a ti mismo.


Incongruencia.
   Todas las preguntas que se suscitaron aquel día en la reunión pública estaban ligadas a la vida más allá de la muerte.
   El Maestro se limitaba a sonreír sin dar una sola respuesta.
   Cuando, más tarde, los discípulos le preguntaron por qué se había mostrado tan evasivo, él replicó: ¿No habéis observado que los que no saben lo que hacen con esta vida son precisamente los que más desean otra vida que dure eternamente?

– Pero, ¿hay vida después de la muerte o no la hay?, insistió un discípulo.
– ¿Hay vida antes de la muerte? ¡Esta es la cuestión!, replicó enigmáticamente el Maestro.


Naturaleza.
   Explicaba un conferenciante cómo una pequeña parte de las enormes sumas de dinero que se gastan en armamento en el mundo moderno podría resolver todos los problemas materiales de la totalidad de la raza humana.
   Tras la conferencia, la reacción inevitable de los discípulos, fue: Pero, ¿cómo es posible que los seres humanos sean tan estúpidos?

– Porque la gente, dijo solemnemente el Maestro, ha aprendido a leer los libros impresos, pero ha olvidado el arte de leer los que no lo están.
– ¿Podrías indicarnos un ejemplo de libro no impreso?
   Pero el Maestro no indicó ejemplo alguno.

   Un día, como los discípulos seguían insistiendo, dijo al fin el Maestro: “El canto de las aves, el sonido de los insectos, todo ello pregona la Verdad. Los pastos, las flores… todo ello está indicando el camino. ¡Escuchad! ¡Mirad! ¡Ese es el modo de leer!



Creencia.
   El Maestro había citado a Aristóteles: “En la búsqueda de la verdad, parece mejor y hasta necesario renunciar a lo que nos es más querido”. El Maestro sustituyó la palabra “verdad” por la palabra “Dios”.
   Más tarde, le dijo un discípulo: “En mi búsqueda de Dios estoy dispuesto a renunciar a todo; a la riqueza, a los amigos, a la familia, a mi país y hasta a mi propia vida. ¿Puede una persona renunciar a algo más?”.
   El Maestro respondió con toda calma: “Sí. A tus creencias sobre Dios”.

   El discípulo se marchó entristecido, porque estaba muy apegado a sus convicciones. Tenía más miedo a la ignorancia que a la muerte.


Prioridad.
   El Maestro acogía favorablemente los avances de la tecnología, pero era profundamente consciente de sus limitaciones.
   Cuando un industrial le preguntó en qué se ocupaba, le respondió:”Me dedico a la industria de las personas”.
– ¿Y qué demonios es eso?, si puede saberse, dijo el industrial.
– Fijémonos en tu caso, respondió el Maestro. Tus esfuerzos producen mejores cosas; los míos, mejores personas.

   Más tarde les decía a sus discípulos: “El objeto de la vida es lograr el esplendor de las personas, pero hoy día la gente parece estar especialmente interesada por el perfeccionamiento de las cosas”.


Soledad.
– Quisiera estar con Dios en oración.
– Lo que tú quieres es un absurdo.
– ¿Por qué?
– Porque cuando estás tú, no está Dios, y cuando está Dios, no estás tú. Por lo tanto… ¿cómo vas tú a estar con Dios?

   Más tarde decía el Maestro: “Busca la soledad. Cuando estás con alguien, no estás solo; cuando estás “con Dios”, no estás solo. La única forma de estar realmente con Dios es estar completamente solo. Y entonces solo cabe esperar que esté Dios y no esté uno mismo”.



Humanidad.
   La conferencia que el Maestro iba a pronunciar sobre LA DESTRUCCIÓN DEL MUNDO había sido profusamente anunciada, y fue mucha la gente que acudió a los jardines del monasterio para escucharlo.
   La conferencia concluyó en menos de un minuto. Todo lo que el Maestro dijo, fue:

“Estas son las cosas que acabarán con la raza humana:
la política sin principios,
el progreso sin compasión,
la riqueza sin esfuerzo,
la erudición sin silencio,
la religión sin riesgo
y el culto sin consciencia".



Vigilancia.
– ¿Hay algo que yo pueda hacer para llegar a la Iluminación?
– Tan poco como lo que puedes hacer para que amanezca por las mañanas.
– Entonces, ¿para qué valen los ejercicios espirituales que tú mismo recomiendas?
– Para estar seguro de que no estáis dormidos cuando el sol comienza a salir.


Cautiverio.
   “¡Qué orgulloso te sientes de tu inteligencia!”, le dijo el Maestro a uno de sus discípulos. “Eres como el condenado que se siente orgulloso de la amplitud de su celda”.





Anthony de Mello : Un minuto de sabiduría ( Editado en español como: ¿Quién puede hacer que amanezca?)