Gurutze Irizar: "El Saharaui tiene clarísimo que nunca va a doblar la rodilla ante Marruecos"
Conoció a los saharauis cuando aún vivía el dictador español. Y con ellos fue al desierto a defender la patria invadida en 1975. Vivió los horrores de la guerra y del éxodo en la más absoluta nada. Como enfermera, ayudó a que continuara la vida de un pueblo abandonado a su suerte en los arenales. Y ese pueblo la adoptó y le regaló su aprecio y un nuevo nombre: Fatimetu.
Aprendió su lengua y vivió catorce años en los campamentos como una refugiada más. De su matrimonio con un militante saharaui tuvo dos bellos hijos que saben escuchar los silencios del desierto y hablar las palabras dulces del euskara.
Es Gurutze y es Fatimetu, generosa, euskaldun y saharaui. Por ello cree que se puede hacer más.
Aún no me encuentro en condiciones de valorar, en su justa medida, la experiencia y el alcance de la acogida este verano pasado de Lamira, la niña saharaui. Tengo que confesar que ha habido momentos en que he dudado de la conveniencia de esta acción o me han parecido excesivos los dos meses de vacaciones, incluso no tenemos suficientemente claro si volveremos a repetir dos años más, el tiempo y la situación económica serán determinantes. Digo esto porque he calculado que el coste total de su venida ronda los 2.000 €, de los cuales el 40% (vuelo ida/vuelta) se sufraga con las actividades que emprende la Asociación Amigos del Pueblo Saharaui, donde tenemos que participar activamente en fechas determinadas. Fuera de este componente puramente económico, es indudable el beneficio emocional y afectivo que produce en ambos tal interacción. Hay dos aspectos a resaltar: el enorme choque cultural que se crea, tanto en alimentación, creencias, costumbres, etc., y que al principio cuesta superar y, como consecuencia, la apertura y conocimiento de estos niños a un mundo que no podrían casi imaginar.
Pero, una vez conocido, me suscita reflexionar en la posibilidad de que esta experiencia pueda servirles para que en los años futuros sean capaces de luchar y cambiar la miserable situación en que se encuentran, refugiados en un desértico lugar en Argelia, pero que ellos no dudan en considerar como el “sáhara”, dependientes totalmente de la ayuda española, sin apenas medios de producción, ni cultivos, ni expectativas de solución a su forzado exilio, excepto, como me confesaba su tío Alí, que trabaja y ha formado su familia en España, una decidida revuelta contra Marruecos. Personalmente creo que, así como la religión islámica les ofrece un soporte espiritual de valor indudable para sobrellevar esta situación, al mismo tiempo puede erigirse en su mayor obstáculo. No en vano, el profundo arraigamiento y acatamiento de sus preceptos, especialmente en lo referente a la desafortunada situación de la mujer musulmana respecto al varón, quizá sea un callejón sin salida. Sin la deseable emancipación de la mujer en busca de sus derechos como persona libre, no veo posible tal cambio.
Me entristece pensar que en pocos años estas niñas recordarán sus venidas a España como un bonito cuento de hadas, una vez que a partir de los doce años quede cercenada toda posibilidad de desarrollo y evolución, en cuanto se les persuada y obligue a acatar sin réplica posible los dictámenes de su religión. Me gustaría estar equivocado…
Dentro de poco más de una semana llega a nuestra casa Lamira, la niña saharaui que viene a pasar con nosotros por primera vez sus “vacaciones” de verano, dentro del programa “Vacaciones en Paz”, coordinado por el Frente Polisario y las Asociaciones de Ayuda al Pueblo Saharaui diseminadas por nuestro país. Este año, imagino que a consecuencias de la crisis, vienen solo a España unos 5.000 niños, menos de la mitad de los que venían hace cinco. Esperamos ofrecerle todo aquello de lo que carece y que se lleve un buen recuerdo de su estancia con nosotros, además de proporcionarle atención sanitaria y nuestro cariño. Procede de la ciudad de Esmara. Veamos un poco de su historia y de las condiciones en las que viven.
Esmara, Smara o Semara es la única ciudad importante del Sahara Occidental que no fue fundada por los españoles. En 1898, un jeque saharaui llamado Ma al-'Aynayn funda la ciudad en una zona rica en pastos y agua alejada de la costa, pero bien situada para controlar las caravanas que se dirigieran hacia el norte. Este jeque se nombra imán y combate a los españoles desde dicho año, resistiendo gracias a la ayuda del sultán de Marruecos hasta 1910. Ese año, el sultán retira su ayuda debido a las presiones francesas, de forma que el jeque ayudará a los combatientes antifranceses del sur de Marruecos. En 1913Francia ocupa Esmara, destruyéndola casi completamente, y se la devuelve a España. La resistencia fue decreciendo hasta que termina en 1920.
El Frente Polisario se fundó en esta ciudad el 10 de mayo de 1973. Los marroquíes la ocuparon el 27 de noviembre de 1975, causando un éxodo de saharauis hacia Argelia para escapar de las represalias marroquíes por su apoyo al Frente Polisario. En su huida hacia Argelia, las fuerzas aéreas marroquíes utilizaron napalm, fósforo blanco y bombas de fragmentación contra los refugiados. Amnistía Internacional ha estimado las bajas en casi 530.
En 2005, la ciudad se convirtió en el escenario de graves protestas en contra de la ocupación marroquí. El 25 de mayo de 2005, la policía marroquí disolvió la Manifestación Pacífica en apoyo de la Independencia y el Frente Polisario en el marco de las nuevas Intifada en las calles de los principales núcleos urbanos del Sahara Occidental junto a las protestas pro-saharauis en algunos centros universitarios de Marruecos.
Esmara da nombre a una de las cuatro wilayas en las que se estructuran los refugiados saharauis en Tinduf.
Actualmente, el territorio del Sahara Occidental se halla dividido por un muro de más de 2.000 km de largo que divide de norte a sur el Sahara Occidental e impide el paso de una zona a otra. La zona al oeste del muro, de protección marroquí, es el territorio ocupado por marruecos , llamado "sahara marroquí ", mientras que la zona al este del muro constituyen los denominados por el Polisario "territorios liberados" o "zona defensiva" para Marruecos.
Los saharauis continúan esperando un referéndum de autodeterminación libre en el Sahara Occidental que, ante la pasividad de la comunidad internacional, nunca llega.
En la actualidad Marruecos no controla todo el Sahara Occidental, sólo domina un 55-60% del territorio aproximadamente, que es la parte al occidente del muro. La zona al este de esta línea es terreno controlado por el Frente Polisario, con lo cual Marruecos no tiene ni siquiera control material sobre la totalidad de la antigua colonia española, como nos quieren mostrar algunas sesgadas informaciones audiovisuales y escritas. Marruecos no posee legitimidad sobre el territorio, ni físicamente puede ejercer la soberanía.
La escasa vegetación casi sólo se limita a los oasis. Existen algunas especies de animales adaptadas al árido hábitat desértico, como el ratón brincante del desierto. Casi todo el territorio pertenece a la ecorregión de desierto denominada estepa del sahara septentrional ; salvo la costa, que se divide entre el bosque mediterraneo acacias, en el extremo norte, y el desierto costero , en el centro y sur, y algunos enclaves de salobral del sahara en el interior.
Sahara Occidental cuenta con pocos recursos naturales y no posee suficientes precipitaciones como para abastecer la mayoría de las actividades agrícolas. Su economía se centra en el pastoreo nómada, la pesca y la extracción de fosfatos, de los que constituye el mayor yacimiento del mundo. La mayoría de los alimentos para la población urbana debe ser importada. Todo el comercio y otras actividades económicas son controlados por el gobierno de Marruecos. Los ingresos y estándares de vida se encuentran sustancialmente por debajo de los de Marruecos.
Las viviendas en los campamentos están constituidas por tiendas de campaña proporcionadas por el ACNUR. A cada tienda se le añade frecuentemente una pequeña construcción de adobe que hace las funciones de cocina. Cuando llegaron a la desértica región de Tinduf, donde la temperatura en verano supera los 50 grados a la sombra, no encontraron mas que arena. Los primeros años fueron especialmente duros, la mortalidad infantil se disparaba por la carencia de medicinas y alimentos. Gracias a un fuerte avance en la higiene, el pueblo saharaui fue capaz de evitar epidemias y controlar la alta tasa de mortalidad infantil.
Sin agua corriente ni red eléctrica, apenas trabajo y falta de medios en educación y sanidad, la vida de los refugiados saharahuis en Argelia discurre entre la provisionalidad y la precariedad.
Ausencia de infraestructuras elementales, escuelas sin libros y hospitales sin ambulancias son sólo algunas de las múltiples deficiencias con que se enfrentan todos los días maestros, médicos y, en definitiva, los 165.000 habitantes que, según el Frente Polisario, habitan los cuatro campamentos establecidos cerca de Tinduf, en el suroeste de Argelia.
Donde las cosas pueden ocurrir horas después de lo anunciado y el ocre del desierto lo invade todo, el contraste lo ponen los teléfonos móviles, usados con naturalidad por hombres y mujeres, las antenas parabólicas en los patios de las casas de adobe y alguna placa solar en las viviendas.
El agua de uso doméstico, procedente de pozos, es potabilizada y distribuida en camiones cisterna, que la dejan en pequeños depósitos metálicos situados delante de las casas. No obstante, se recomienda a los europeos que no la beban.
En la escuela Valencia de Esmara, construida con aportaciones españolas, estudian alrededor de 1.000 chiquillos de hasta 12 años, aunque alguno llega ya a los 14, aquellos que comenzaron las clases más tarde y que son generalmente hijos de padres que vivían pastoreando en el desierto.
Las aulas tienen instalación eléctrica, pero no hay corriente, las mesas y las sillas están envejecidas, los alumnos no tienen libros de texto ni equipamientos para la educación física, según explica Mohamed Embarek, maestro de español.
En Esmara y otros campamentos, la energía eléctrica es suministrada por generadores algunas horas al día, mientras que sólo existe tendido, procedente de Tinduf, en el campamento 27 de Febrero, donde reside el presidente de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), Mohamed Abdelaziz, y en Rabuni, centro político y administrativo de la zona de refugiados.
Desnutrición y diarreas agudas son frecuentes entre los niños saharauis, según comenta el médico generalista formado en Cuba Bamba Balla, que trabaja en el hospital nacional de Rabuni.
Hipertensión, diabetes, bronconeumonía, asma, catarros comunes y tuberculosis son también habituales entre adultos.
La sala de urgencias del hospital sólo cuenta con medicamentos y oxígeno, y no siempre, aunque existe un quirófano en el que se opera con buenos resultados.
Comer. No existe otra para subsistir en un lugar en que no hay lugar a crear cultivos. No se pueden producir alimentos, como no existe tiempo que gastar en trabajo alguno o no se puede ir de tiendas. Quizá porque su única fuente de alimentación es la ayuda que llega desde fuera y porque es su mayor tesoro, los saharauis son seres humanos para con los demás. Personas que ofrecen cuanto tienen e incluso lo mismo que no disfrutan, como los yogures. Una cosa tan banal en el mal llamado Primer Mundo y que allí se convierten en un bien casi de privilegio.
¡Por fin! nos hemos decidido (antes no podíamos por falta de espacio…) a solicitar la acogida de un niño/a saharaui para este verano. Desde siempre hemos sentido simpatía por ese pueblo injustamente expulsado de sus tierras y obligado a una casi imposible supervivencia en el desierto. Todo lo que tienen –alimentación, ropa, medicamentos– les llega por medio de la ayuda humanitaria, caravanas de camiones que deben superar miles de kilómetros expuestos a la rapiña de bandas nómadas.
Podemos ayudar a dar sentido la vida de un niño/a, que pueda salir del desierto y observar con óptica diferente la situación de su pueblo, y saber que tienen un gran respaldo solidario en otras partes del mundo, darle esperanza. Quizá eso sea posterior, lo principal en estos dos meses es proporcionarle la atención médica que necesite y una buena alimentación –ya que es habitual que lleguen en alto grado de desnutrición–, además de que pueda llegar a sentirse como en familia y, ¿por qué no? disfrutar de algunos lujos que estaban totalmente fuera de su alcance.
Hay quien piensa que es contraproducente, perjudicial y hasta traumatizante el shock que pueden sufrir algunos con este cambio tan radical, que es mejor que permanezcan en la ignorancia del mundo que les rodea. Me parece cruel y egoísta esta postura, no tiene en cuenta la injusticia que se está cometiendo, condenados a sobrevivir en la miseria bajo condiciones extremas. Ellos pueden cambiar algún día la situación de su pueblo.
También aquí habría que recuperar la memoria histórica, cuando una vez tuvieron la ciudadanía y protección españolas que les fue arrebatada impunemente. Un acto de justicia sería devolvérsela a los jóvenes, para que pudieran cursar estudios en nuestro país y alcanzar una formación que les permitiera actuar en el concierto internacional a favor de su libertad, y recuperar su territorio lo antes posible.
En fin, todas estas consideraciones y muchas otras me envuelven ahora… será una experiencia de calado emocional.