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domingo, 20 de enero de 2019

Biblioteca: Obras Completas Julio Verne, Edgar Alan Poe y Stephen King. Gran Colección Lovecraft.




En esta segunda entrega nos topamos con los grandes maestros del relato de viajes y aventuras, suspense, misterio y terror. Destacar de Verne su genial combinación de aventuras, ciencia y fantasía de anticipación; de Poe su mente insaciable y atormentada; de King la mejor recreación de todos nuestros miedos. Como gran colección pero incompleta incluyo la pluma elegante y terrorífica de H.P. Lovecraft.

Julio Verne
https://drive.google.com/drive/folders/1Qud8Nx4UXeQIZ7I6AMwZ7UsUa71HW7_s?usp=sharing

Edgar Alan Poe
https://drive.google.com/drive/folders/1hU7GiJViHJxZkB5r0CAQ0C4sFULn4psF?usp=sharing

Stephen King
https://drive.google.com/drive/folders/1IxBtDIihbFceda2TStNqef8rL5yLPFPc?usp=sharing

Lovecraft, H.P.
https://drive.google.com/drive/folders/1Un7aAaCIj0f06EtCk2npWUXcA1-PKhbA?usp=sharing


Biblioteca: Obras Completas Platón, Nietzsche, Anthony de Mello y Carlos Castaneda




Me gustaría compartir con vosotros, en una primera entrega, estos enlaces drive con las obras completas de los autores mencionados en el epígrafe, y posteriormente grandes colecciones de mis temas y escritores favoritos. Es mucha lectura la que voy a proponer; seguramente no tendremos tiempo en nuestra vida para leerlo todo, por lo que sería aconsejable ir seleccionando aquellos textos que nos llamen más la atención. Todo ello depende de nuestras necesidades actuales de autodesarrollo personal, de nuestro bagaje e intereses. Como dijo un sabio “somos enanos a hombros de gigantes”, evolucionamos apoyándonos y aprendiendo de los que nos precedieron. No pretendamos nunca presumir de poseer la verdad, pero sí de ir en su búsqueda constante, para entendernos a nosotros y al mundo.


Platón
https://drive.google.com/drive/folders/1ufq97HSTAUTp8pmJe6sSOtk9fRNzgK7k?usp=sharing

Nietzsche
https://drive.google.com/drive/folders/1dybNQHbt7in2hnI0oD_sfr_nbvHh1_in?usp=sharing

Anthony de Mello
https://drive.google.com/drive/folders/1vW4_ZGbq1zhtHs8cuKTjib2n0EVY0VSr?usp=sharing

Carlos Castaneda
https://drive.google.com/drive/folders/1-SX4mVkuD6U6N0Pxz8I2EUbR3mZzW-23?usp=sharing




miércoles, 14 de marzo de 2018

El fin de la inteligencia es la felicidad (José A. Marina)




La opción profunda es tomarse en serio las cosas importantes –que son muy pocas– y reírse de todas las demás. Creo que en el ser humano funcionan dos grandes motivaciones contradictorias; una, la búsqueda del bienestar, que nos lleva a ser conservadores; otra, el deseo de ampliar nuestras posibilidades, que nos lleva a la invención, la exploración y el riesgo. El asunto está en cómo dosificar ambas cosas; para ambas necesitamos la ayuda de la comunidad. La búsqueda de la felicidad privada solo es posible integrándola en un proyecto colectivo que, a su vez, exige sacrificios a las personas concretas.

Ni existe la “libertad” en abstracto, ni somos “libres”. Lo más que podemos hacer es “liberarnos” de cosas: de la coacción ajena, del miedo, de las pasiones, de la ignorancia, de la pereza… A veces queremos liberarnos también de las responsabilidades, y eso es más peligroso, porque suele afectar a otras personas. Creo que ha habido una exaltación de la mediocridad, justificada por el miedo a los “superhombres”. Era una defensa de la igualdad de todos los seres humanos. Después de la lucha por la igualdad, ahora debemos empeñarnos en una “lucha por la distinción”. Somos iguales, tan solo, en los derechos fundamentales, y deberíamos serlo en la igualdad de oportunidades sociales a la hora de emprender la salida. Pero nunca en una igualdad de llegada, porque entre la salida y la llegada está el esfuerzo propio, la calidad, el mérito, la bondad y muchas más cosas que tenemos que recuperar.

La inteligencia se desarrolla mediante el esfuerzo personal y dentro de un contexto, tiene relación con inventar o descubrir nuevas posibilidades. Esto proporciona una visión abierta de la realidad, que está a medio definir, pendiente de lo que hagamos los seres humanos con ella. En efecto, el fin último de la inteligencia es la felicidad; el máximo grado de la inteligencia es la bondad, es el mejor medio de asegurar la felicidad personal y la dignidad de la convivencia. Lo que intento es definir y descubrir un modo de inteligencia más profundo que tiene como gran finalidad crear el mundo de la dignidad, de la justicia, y que consiga aumentar las posibilidades personales de todos.



Para no perder el ánimo hay que luchar, ante todo, contra la ley de la gravedad que nos hace siempre caer. Y en eso consiste la creación: en sacudir la inercia, mantener a pulso la libertad, nadar contracorriente, cuidar el estilo, decir una palabra amable, defender un derecho, inventar un chiste, hacer un regalo, reírse de uno mismo, tomarse en serio las cosas serias. Solo así podremos evitar el desánimo, mantener el vuelo.

   La tozudez y la obstinación no son comportamientos inteligentes. La voluntad es una negociación entre nuestros deseos, nuestros proyectos y el coeficiente de adversidad que pone la realidad. Una forma de conseguirlo es la creación de hábitos firmes. La “nueva voluntad” es el resultado de un proceso constructivo que se da en el tiempo. La voluntad es el modo inteligente de dirigir el comportamiento. No consiste siempre en esforzarse, empeñarse, obstinarse. Consiste en obedecer las indicaciones de la inteligencia. Unas veces habrá que esforzarse y otras que descansar, unas veces ser autosuficiente y otras pedir ayuda, unas veces luchar y otras prescindir. La gran inteligencia es tenaz y flexible, dramática y bienhumorada, racional y poética, lógica y psicológica. Hace falta una gran energía para pensar bien, un gran entrenamiento y una resistencia de cazador. El gran enemigo de la inteligencia es casi siempre la pereza.



La voluntad es la inteligencia aplicada a la motivación. Lo que pretendemos no es la voluntad por la voluntad, sino un comportamiento inteligente. La verdadera educación afectiva y ética debería conseguir una sintonía entre la personalidad y los valores adecuados, que éstos se realizaran sin esfuerzo.

Durante siglos en Occidente hemos pensado que la función principal de la inteligencia era conocer y que su culminación se encuentra en la ciencia. Ha sido un disparate y, sobre todo, ha contribuido a nuestra desdicha. Hemos glorificado a los científicos y a los técnicos, a pesar de que muchas veces resultan ignorantes vitales y afectivos. La inteligencia humana es esencialmente práctica. Su meta final es la felicidad y la dignidad de la convivencia. Los problemas prácticos no se resuelven cunado se conoce la solución, sino cuando se pone en práctica, que suele ser lo difícil.


La inteligencia que llamamos “ultramoderna” se ocupa de lo individual y de lo universal, del hecho y del sentimiento, de la ciencia y de la poesía, del conocimiento y de la acción. A eso me refiero cuando digo que su gran objetivo no es el conocimiento, sino la felicidad.

José A. Marina – Hablemos de la vida

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Biblioteca sobre espiritualidad, autorrealización, metafísica tradicional, sabiduría y conocimiento, religión, misterios y enigmas, etc.




Presento esta selección de textos fundamentales (y creo de gran interés) sobre la sabiduría y el conocimiento universales, con el objeto de hacérselos llegar a cualquiera que lo solicite. Solamente enviadme un correo a la dirección: manulondra@hotmail.com, indicando en el asunto: Biblioteca, e indicando el/los libros que desea obtener (en formatos word y pdf, según los archivos de que dispongo). Atenderé vuestras peticiones sin condiciones ni otro interés que el de compartir este conocimiento tan gratificante.



Atienza, Juan G. – La gran manipulación cósmica
     “          “       – La meta secreta de los templarios
Baigent, Michael – El legado mesiánico
     “     , y otros – El enigma sagrado
Benítez, J.J. – Existió otra humanidad
     “        “   – Los astronautas de Jahvé
     “        “   – Mis enigmas favoritos
Biblia de Jerusalén
Biblia Israelita y nazarena
Blavatsky, H.P.  – Isis sin velo
       “         “    – La doctrina secreta
       “         “    – La voz del silencio
Bradem Gregg – El efecto Isaías
Brigitte Glaser, Ursula Vogt – Reiki
Bucay, Jorge  – De la autoestima al egoísmo
    “         “    – El camino de las lágrimas
    “         “    – El camino de la autodependencia
    “         “    – Una palabra por día
    “         “    – Recuentos para Demian
    “         “    – 20 pasos hacia adelante
Burckhardt, Titus – Alquimia
      “             “   – Reflexiones sobre la Divina Comedia de Dante
Calle, Ramiro A. – El libro de la serenidad
   “          “         – ¿Qué estoy haciendo con mi vida?
   “          “         – Recobrar la mente
   “          “         – El gran libro del yoga
   “          “         – Aprender a vivir, aprender a morir
   “          “         – Las zonas oscuras de tu mente
   “          “         – 101 cuentos clásicos de la India
Canseliet, Eugene – La alquimia explicada
Castaneda, Carlos  – El Don del Águila
    “               “      – El fuego interno
    “               “      – El arte de ensoñar
    “               “      – El conocimiento silencioso
    “               “      – Pases mágicos
    “               “      – El arte de ensoñar
Charpentier, Louis  – El enigma de la Catedral de Chartres
       “              “    – Los gigantes y el misterio de los orígenes
       “              “    – El misterio de Compostela
Chopra, Deepack  – Las 7 leyes espirituales del éxito
     “          “        – Conocer a Dios
     “          “        – El sendero del mago
     “          “        – Curación cuántica
     “          “        – Un camino a la sabiduría
Coomaraswamy, A. K.   – Hinduismo y budismo
        “                  “     – El Vedanta y la tradición occidental
        “                  “     – La doctrina india del fin último del hombre
        “                  “     – Arte y simbolismo tradicional
        “                  “     – ¿Qué es civilización?
        “                  “     – Los vedas
        “                  “     – Artículos selectos metafísica
Dalai Lama  – El arte de la felicidad
   “       “     – Hacia la paz interior
De Mello, Anthony    – Autoliberación interior
      “              “       – Caminar sobre las aguas
      “              “       – La iluminación es la espiritualidad
      “              “       – La oración de la rana
      “              “       – Despierta, charlas sobre la espiritualidad
      “              “       – El canto del pájaro
      “              “       – Una llamada al amor
      “              “       – Medicina del alma
Doria, Jose M. – La inteligencia del alma
Dyer, Wayne     – Tus zonas sagradas
     “        “       – Tus zonas mágicas
     “        “       – Tu yo sagrado
     “        “       – El poder de la intención
     “        “       – Los regalos de Eykis
     “        “       – La fuerza del espíritu
     “        “       – Construye tu destino
     “        “       – La fuerza de creer

El Corán
Eliade, Mircea – El mito del eterno retorno
    “         “     – Lo sagrado y lo profano
    “         “     – Mito y realidad
    “         “     – Mitos y arquetipos
    “         “     – Nacimiento y renacimiento
    “         “     – Yoga, inmortalidad y libertad
Evangelios Gnósticos
Evangelios Apócrifos
Franckh, Pierre – La ley de la resonancia
Fromm, Erich – La condición humana actual
Fulcanelli – El misterio de las catedrales
      “       – Las moradas filosofales
Galeano, Eduardo  – Espejos
      “            “      – Patas arriba
      “            “      – Varios
Gandhi – Reflexiones sobre la no violencia
     “     – Reflexiones sobre la verdad
     “     – El arte de la no violencia
     “     – Mi religión
Gibran, Khalil – Los secretos del corazón
    “          “    – Pensamientos y Meditaciones
Guenon, Rene  – El simbolismo de la cruz
     “          “    – El rey del mundo
     “          “    – La crisis del mundo moderno
     “          “    – Los estados múltiples del ser
     “          “    – Formas tradicionales y ciclos cósmicos
     “          “    – Autoridad espiritual y poder temporal
     “          “    – Introd. general al estudio de las doctrinas hindúes
     “          “    – La Gran Tríada
Gurdjieff, G.I.   – La vida es real solo cuando yo soy
      “         “     – El mensajero del bien venidero
Huxley, Aldous – Las puertas de la percepción
Jodorowsky – El tarot de Marsella restaurado
Jung, C.G.  – El secreto de la flor de oro
   “       “    – El hombre y sus símbolos
   “       “    – Psicología y Alquimia
Kinslow, Frank – La curación cuántica
Krishnamurti, Jiddu   – La libertad interior
      “                 “    – El arte de vivir
      “                 “    – El camino de la inteligencia
Madre teresa de Calcuta – El amor más grande
Osho – Meditación, la primera y la última libertad
   “    – El libro de la Nada
   “    – Mi camino
   “    – El camino hacia la felicidad
   “    – El libro del hombre
   “    – ¿Qué es la meditación?
   “    – Los misterios de la vida
Ouspensky. P.D. – El simbolismo del Tarot
      “            “    – Psicología de la posible evolución del hombre
Peña Nieto, Ángel – Autoestima, amor y felicidad
Piñero, Antonio  – Los evangelios apócrifos
    “           “      – La verdadera historia de la Pasión
Picknett, Lynn   – La revelación de los templarios
Plotino – Sobre el bien o el Uno
Popol Vuh
Ramacharaka –  La vida después de la muerte
Ramana Maharsi – Día a día con Baghavan
Rampa, Lobsang – El tercer ojo
Redfield, James  – Guía vivencial
     “          “       – La nueva visión espiritual
Ribeiro, Lair   – Aumente su autoestima
Ros, Ricardo  – Stop a la ansiedad
Schwaller, Lubicz – Esoterismo y simbolismo
Séneca – De la brevedad de la vida
Shivapremananda, Swami – Cómo comprendo yoga
Sierra, Javier  – En busca de la edad de oro
    “        “     – La ruta prohibida y otros enigmas de la historia
Sri Aurobindo – El ser psíquico
Stewart, R.J. – Los mitos de la Creación
Takuan - Sabiduría
Tierno, Bernabé – Hoy, aquí y ahora
Tölle, Eckhart  – El poder del ahora
    “        “      – Practicando el poder del ahora
    “        “      – Una nueva Tierra
Tucci, Giuseppe – Apología del taoísmo
Tse, Lao – Tao te King
Unamuno. Miguel de – Del sentimiento trágico de la vida
Velikovsky, E. – En el principio
Vidal, César  – El primer evangelio. El documento Q
    “       “     – Los evangelios gnósticos
    “       “     – Los manuscritos del Mar Muerto
Watts, Alan – Budismo
    “       “    – Conviértete en lo que eres
    “       “    – El arte de ser Dios
    “       “    – El camino de la liberación
    “       “    – El camino del Tao
    “       “    – El libro del Tabú
    “       “    – La sabiduría de la inseguridad
    “       “    – La vida como juego
    “       “    – Nueve meditaciones
    “       “    – Salir de la trampa
    “       “    – Vivir el presente
    “       “    – Psicoterapia del Este, psicoterapia del Oeste
Weiss, Brian – Los mensajes de los sabios
    “        “    – Solo el amor es real

La hierba crece de noche (José L. Martín Descalzo)



La hierba –como todas las cosas grandes e importantes del mundo– crece de noche, en silencio, sin que nadie la vea crecer porque bondad y bien empalman con silencio, así como la estupidez va siempre acompañada del brillo y del estrépito.

La gran peste de este mundo contemporáneo es que en él solo se conceden altavoces a los necios. Si usted “solo” ama, “solo” trabaja, “solo” piensa y estudia, “solo” trata de ser honesto, ya puede matarse a hacer todas esas cosas tan poco importantes, que jamás saldrá en la primera página. Cualquier criminal será más importante que usted. Y así es como los hombres de hoy estamos condenados a ver perpetuamente la realidad a través de un espejo deformante.
   Henos aquí en un mundo superinformado que informa de todo menos de lo fundamental. Henos aquí en un tiempo en que nunca sabremos si los hombres aman, esperan, trabajan y construyen, pero en el que se nos contará con todo detalle el día que un hombre muerda a un perro.



Presiento que aquí está una de las claves del hombre contemporáneo: solo vemos el mal, solo parece triunfar la estupidez. Esto último no es culpa de la prensa: desde que el mundo es mundo, los tontos han hacho siempre mucho ruido. Y así como 100 violentos son capaces de traer en jaque a 30 millones de pacíficos, una docena de infradesarrollados son capaces de poner patas arriba todo lo que los mejores hombres lograron construir a lo largo de los siglos. Frente a ello solo nos queda la sonrisa, reírse un poco de la condición humana y de esa ancha zona de tontería que todos llevamos dentro de nuestra propia alma. Sonreír, mirarnos al espejo, sacarle la lengua a la tontería externa y la interna… y seguir trabajando.

Porque ésta es la gran verdad: toda la necesidad del mundo nunca será capaz de impedir que la hierba siga creciendo de noche… siempre que la hierba sea capaz de seguir creciendo callada y oscuramente y no caiga también ella en las tentaciones de envidiar a los ruidosos. Puede el dolor acorralarnos, pero no emponzoñarnos. Puede la justicia agredirnos, pero no ahogarnos. Solo la propia cobardía puede conducirnos al desaliento y, con él, envenenarnos.



Damos una importancia desmesurada al mal. Invertimos lo mejor de nuestras horas en lamentarnos de él o en combatirlo. Y casi ya no nos resta tiempo para construir el bien. Efectivamente: sobran en el mundo los llorones, faltan trabajadores. Y las lágrimas son malas si solo sirven para enturbiar los ojos y maniatar las manos.
   ¡Ni una lágrima, pues! Mis ojos –cuando están claros– saben, aunque no vean, que en la negrura del mundo hay millones de almas creciendo en la noche, silenciosas y humildes, constructoras y ardientes. No gritan, pero aman. No son ilustres, pero están vivas. No salen en los periódicos, pero ellas sostienen al mundo.

Hay en todo lo ancho del planeta millones de flores que nuca verá nadie, que crecerán y morirán sin haber “servido” para nada, pero que están orgullosas por el simple hecho de vivir y haber sido hermosas.



Los hombres deberíamos vivir con el alma siempre en borrador; sabiendo siempre que todo está en camino, que nada es definitivo ni irrepetible, que, en todo caso, todo puede ser mejorado y multiplicado. Cuando se nos endurece el alma y las ideas, envejecemos y empezamos a ser juguetes de la anarquía. ¡Qué pocas veces desenvainan los hombres sus almas! Las tienen, son enormes y magníficas, resistentes al dolor, literalmente invencibles. Pero anestesiadas, atrofiadas de grasa, mojadas como paja que humea y no arde.


Sí, la ceguera es una gran misericordia. Si los hombres viéramos el mal que nos hacemos los unos a los otros y, sobre todo, el bien que podríamos hacernos y que, por cobardía, dejamos de hacer, moriríamos. Sigamos, pues, viviendo. No vayan el miedo o la cobardía a destruirnos ni un solo segundo antes de lo absolutamente inevitable.


José Luis Martín Descalzo – Razones para la esperanza

lunes, 11 de septiembre de 2017

Vivo sin vivir en mí… (José María Izquierdo)





Ahí os envío unas cuartillas que quisieron expresar lo que sentía… y que lo expresaron a medias. Luego, al copiarlas… las modifiqué. Comprendí que el público no había de enterarse del sentido íntimo que tenían. Y no comprendiéndolas me parecía inútil, impropio publicarlas. Puede guardarlas aquel de vosotros, a quien menos estorben.


Vivo sin vivir en mí…

Y tan poca vida tengo,
que muero porque me muero…

Esta es mi paráfrasis –como mía triste y fría– del estribillo inglosable de la monja andariega y de la doctora mística.
Que muero… porque me muero… y quisiera vivir.
Que muero con el mal de la muerte… y no sé nada de la vida.
Y tan poca vida tengo… que vivo muriendo
y tan sin vida estoy… que vivo con la vida sin vida de la muerte.
Vivo sin vivir en mí.
Vivo fuera de mí. Enajenado…
Vivo muy dentro de mí mismo. Enmimismado
vivo conmigo sin vivir en mí, y en mí sin vivir conmigo
no vivo; muero…
Para vivir y no morir…

Vivo sin vivir en mí…
No me hallo en mí. Por mí… no hallo a mi yo. Yo no me hallo.
Mi cuerpo ¿es el cuerpo mío? Mi alma ¿es el alma mía?
Mi cuerpo no es el cuerpo de mi alma, ni mi alma es el alma de mi cuerpo.
Pero ¿acaso son míos este cuerpo y esta alma?
¿Quién soy yo? ¿Quién soy yo… extranjero en mi cuerpo, extraño de mi alma?
Este cuerpo que no es el mío-, este alma que no es mi alma-; ¿de quién son? Si son míos ¿por qué casados mueren y divorciados viven?
Así no me hallo… no me siento… ni me pienso… ni me quiero.
Así ¿cómo ser espontáneos?
Y así vivo muriendo.

Así me he pasado mi vida… así llegará mi muerte…
Sin que llegue mi hora… si gozar mi devenir…
Sin dejar de pasar… sin poder decir: ¡ahora!...
Y ahora…
Viviendo muero.

Vivo sin un deseo, sin una experiencia…
Y muero de una vaga emoción, por mi imposible ensueño.
Vivo lleno de un vacío interior. Sin un acto, sin una obra…
Y muero en medio del vacío exterior… de las cosas, de los sucesos…
Vivo de voliciones no queridas, de impensados pensamientos…
Sin un recuerdo perdurable… sin una esperanza realizada…
Con un pasado ingrato… y un porvenir esquivo…
y muero de… amor,… de amar… de amar el amor… el amor de amar.
Así me hallo,… así me siento,… así me pienso… así me quiero…
y así ¿cómo ser claro?
Y así muero viviendo.

Así he pasado por la vida… así llegaré a la muerte
sin llegar a parte alguna… Sin comprender mi destino
sin que pase la dicha… Sin poder decir: ¡hela aquí!
Y he aquí, cómo…
Muriendo vivo…
Vivo sin vivir en mí…





Vida sin vida… ¿cómo expresarla?
Muerte sin muerte… ¿cómo explicarla?
¿Cómo razonar… enajenado…?
¿Cómo dialogar ensimismado?
Sin espontaneidad ¿cómo manifestarse en el mundo de las formas?
Sin claridad ¿cómo conducirse por el mundo de los conceptos?

Expresar lo que sentimos y queremos, es una manera de dar
nuestra vida, de comunicarnos. Es una comunión de nuestra alma bajo una forma sensible.
Explicar lo que pensamos es un modo de librarnos del caos, de salir de nuestro yo. Es una revelación, un desdoblamiento, un desarrollo de nuestro espíritu…
Y ¿cómo darnos, si es tan pobre nuestra vida, y vivimos fuera de nosotros mismos?
¿Y cómo desdoblarnos, si no acertamos a salir de nosotros mismos, sino… para ir muriendo?
Vagando en la región de las abstracciones sentimentales –tan lejos del mundo sensible como del inteligible– ¿cómo triunfar en los negocios y brillar en sociedad?

Sin vida que dar y sin poder librarme de la muerte ¿dónde hallar la simpatía que nos haga amables? ¿dónde hallar la virtud que nos haga amados?
¿Cómo presentarnos en escena, si estamos idos…?
¿Cómo atender a los demás si permanecemos absortos?
Y si hasta el sonreír es para nosotros un esfuerzo, y la misma meridiana realidad es para nosotros nebulosa como un sueño, ¿podremos saborear y compartir el exquisito placer convival, como lo saborean y comparten, las almas amigas que son flor de elegancia y de gracia?




Este es mi cuento… El cuento de un hombre que perdió su nombre.

Este era un hombre que un día abandonó su cuerpo –en una esquina– para mas divagar, con el alma libre, por la región de las ideas puras.. Cuando quiso volver a su cuerpo… para contemplarse en los ojos azules de una mujer… halló que ni su cuerpo, ni su alma, servían para vivir la vida… Y desde entonces vive muriendo… y solo revive, para morir muy luego, cuando divisa una sonrisa, que rima con aquella otra que aureolaban unos ojos azules… o cuando percibe la música de un alma que le recuerda aquella edad en que era ingenuo y puro, como un niño… que era.


José María Izquierdo Martínez (1886-1922)

lunes, 24 de julio de 2017

Un Mundo Infeliz (Aldous Huxley)



En la actualidad (finales de los años 50) nos hallamos en la primera fase de lo que quizá sea la penúltima revolución. Su próxima fase puede ser la bomba atómica, en cuyo caso no vale la pena de que nos preocupemos por las profecías sobre el futuro. Pero cabe en lo posible que tengamos la cordura suficiente, si no para dejar de luchar unos contra otros, al menos para comportarnos tan racionalmente como lo hicieron nuestros antepasados del Siglo XVIII. Suponiendo que seamos capaces de aprender, podemos esperar un periodo, no de paz, ciertamente, pero sí de guerra limitada y solo parcialmente ruinosa. Durante este periodo cabe suponer que la energía nuclear estará sujeta al yugo de los usos industriales.

El resultado de ello será, evidentísimamente, una serie de cambios económicos y sociales sin precedentes en cuanto a su rapidez y radicalismo. Todas las formas de vida humana actuales estarán periclitadas, y será preciso improvisar otras nuevas formas adecuadas al hecho –no humano– de la energía atómica. El científico nuclear preparará el lecho en el cual deberá yacer la Humanidad, y si la Humanidad no se adapta al mismo…, bueno, será una pena para la Humanidad. Habrá que forcejear un poco y practicar alguna amputación, la misma clase de forcejeos y amputaciones que se están produciendo desde que la ciencia aplicada se lanzó a la carrera; solo que esta vez serán mucho más drásticas que en el pasado.
    Estas operaciones, lejos de ser indoloras, serán dirigidas por gobiernos totalitarios sumamente centralizados; porque el futuro inmediato es probable que se parezca al pasado inmediato, y en el pasado inmediato los rápidos cambios tecnológicos, que se produjeron en una economía de producción masiva y entre una población predominantemente no propietaria, han tendido siempre a producir un confusionismo social y económico. Para luchar contra la confusión el poder ha sido centralizado y se han incrementado las prerrogativas del gobierno. Es probable que todos los gobiernos del mundo sean más o menos enteramente totalitarios, aun antes de que se logre domesticar la energía atómica; y parece casi seguro que lo serán durante el proceso de domesticación de dicha energía y después del mismo.



Desde luego, no hay razón alguna para que el nuevo totalitarismo se parezca al antiguo, que se ha comprobado que es ineficaz. Un estado totalitario realmente eficaz sería aquel en el cual los jefes políticos todopoderosos y su ejército de colaboradores pudieran gobernar una población de esclavos sobre los cuales no fuera necesario ejercer coerción alguna por cuanto amarían su servidumbre. Inducidos a amarla es la tarea asignada en los actuales estados totalitarios a los Ministerios de Propaganda, los directores de los periódicos y los maestros de escuela. Pero sus métodos todavía son toscos y acientíficos. Los mayores triunfos  de la propaganda se han logrado, no haciendo algo, sino impidiendo que algo se haga. Grande es la verdad, pero más grande todavía, desde un punto de vista práctico, el silencio sobre la verdad. Por el simple procedimiento de no mencionar ciertos temas, la propaganda totalitarista ha influido en la opinión de manera mucho más eficaz de lo que hubiese conseguido mediante las más elocuentes denuncias y las más convincentes refutaciones lógicas. Pero el silencio no basta. Si se quiere evitar la persecución, la liquidación y otros síntomas de fricción social, es preciso que los aspectos positivos de la propaganda sean tan eficaces como los negativos.



Los más importantes Proyectos Manhattan del futuro serán vastas encuestas, patrocinadas por los gobiernos, sobre lo que los políticos y los científicos llamarán el problema de la felicidad; en otras palabras, el problema de lograr que la gente ame su servidumbre. Sin seguridad económica, el amor a la servidumbre no puede llegar a existir. Pero la seguridad tiende muy rápidamente a darse por sentada. Para llevar a cabo esta revolución, necesitamos, entre otras cosas, los siguientes descubrimientos e inventos.

En primer lugar, una técnica mucho más avanzada de la sugestión, mediante el condicionamiento de los infantes y, más adelante, con la ayuda de drogas como la escopolamina. En segundo lugar, una ciencia, plenamente desarrollada de las diferencias humanas que permita a los dirigentes gubernamentales destinar a cada individuo dado a su adecuado lugar en la jerarquía social y económica. En tercer lugar (puesto que la realidad, por utópica que sea, es algo de lo cual la gente siente la necesidad de tomarse frecuentes vacaciones) un sustitutivo para el alcohol y los demás narcóticos, algo que sea al mismo tiempo menos dañino y más placentero que la ginebra o la heroína. Y finalmente (aunque este será un proyecto a largo plazo, que exigiría generaciones de dominio totalitario para llegar a una conclusión satisfactoria) un sistema de eugenesia a prueba de tontos, destinada a estandarizar el producto humano y a facilitar así la tarea de los dirigentes.

En colaboración con la libertad de soñar despiertos bajo la influencia de los narcóticos, del cine y de la radio, la libertad sexual ayudará a reconciliar a sus súbditos con la servidumbre que es su destino.




Ciertamente, a menos que nos decidamos a descentralizar y emplear la ciencia aplicada, no como un fin para el cual los seres humanos deben ser tenidos como medios, sino como el medio para producir una raza de individuos libres, solo podemos elegir entre dos alternativas: o cierto número de totalitarismos nacionales, militarizados, que tendrán sus raíces en el temor que suscita la bomba atómica y, en consecuencia, la destrucción de la civilización, o bien un solo totalitarismo supranacional cuya existencia sería provocada por el caos social que resultara del rápido progreso tecnológico en general y la revolución atómica en particular, que se desarrollaría, a causa de la necesidad de eficiencia y estabilidad, hasta convertirse en la benéfica tiranía de la utopía. Usted es quien paga con su dinero, y puede elegir a su gusto.


Aldous Huxley – Un Mundo Feliz (Brave New World)

lunes, 3 de julio de 2017

La Compañía del Hombre (Pío Baroja)





Uno tiene la angustia, la desesperación de no saber qué hacer con la vida, de no tener un plan, de encontrarse perdido, sin brújula, sin luz adonde dirigirse. ¿Qué se hace con la vida? ¿Qué dirección se le da? Si la vida fuera tan fuerte que le arrastrara a uno, el pensar sería una maravilla, algo como para el caminante detenerse y sentarse a la sombra de un árbol, algo como penetrar en un oasis de paz; pero la vida es estúpida, y el pensamiento se llena de terrores como compensación a la esterilidad emocional de la existencia.

Antes para mí era una gran pena considerar el infinito del espacio, creer el mundo inacabable me producía una gran impresión; pensar que al día siguiente de mi muerte el espacio y el tiempo seguirían existiendo, me entristecía, y eso que consideraba que mi vida no es una cosa envidiable, pero cuando llegué a comprender que la idea del espacio y el tiempo son necesidades de nuestro espíritu, pero que no tienen realidad, cuando me convencí que el espacio y el tiempo no significan nada; por lo menos que la idea que tenemos de ellos puede no existir fuera de nosotros, me tranquilicé.

Para mí es un consuelo pensar que, así como nuestra retina produce los colores, nuestro cerebro produce las ideas de tiempo, de espacio y de causalidad. Acabado nuestro cerebro, se acabó el mundo. Ya no sigue el tiempo, ya no sigue el espacio, ya no hay encadenamiento de causas. Se acabó la comedia, pero definitivamente. Podemos suponer que un tiempo y un espacio sigan para los demás. Pero, ¿eso qué importa, si no es nuestro, que es el único real?



¿Qué duda cabe que el mundo que conocemos es el resultado del reflejo de la parte de cosmos del horizonte visible en nuestro cerebro? Este reflejo unido, contrastado, con las imágenes reflejadas en los cerebros de los demás hombres que han vivido y que viven, es nuestro conocimiento del mundo. ¿Es así, en realidad, fuera de nosotros? No lo sabemos, no lo podemos saber jamás.

En el fondo estoy convencido de que la verdad en bloque es mala para la vida. Esa anomalía de la Naturaleza que se llama la vida necesita estar basada en el capricho, en la mentira. La voluntad, el deseo de vivir, es tan fuerte en el animal como en el hombre. En el hombre es mayor la comprensión. A más comprender corresponde menos desear. La apetencia por conocer se despierta en los individuos que aparecen al final de una evolución, cuando el instinto de vivir languidece. El hombre, cuya necesidad es conocer, es como la mariposa que rompe la crisálida para morir. El individuo sano, fuerte, no ve las cosas como son porque no le conviene. Está dentro de una alucinación. El individuo o el pueblo que quiere vivir se envuelve en nubes como los antiguos dioses cuando se aparecían a los mortales. El instinto vital necesita de la ficción para afirmarse. La ciencia entonces, el instinto de crítica, el instinto de averiguación, debe encontrar una verdad: la cantidad de mentira que se necesita para la vida.



En el Génesis, Dios le dijo a Adán: “Puedes comer todos los frutos del jardín; pero cuidado con el fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, porque el día que te comas ese fruto morirás”. Y Dios, seguramente añadió: “Comed del árbol de la vida, sed bestias, sed cerdos, sed egoístas, revolcaos por el suelo alegremente, pero no comáis del árbol de la ciencia, porque ese fruto agrio os dará una tendencia a mejorar que os destruirá”. Hoy, después de siglos de dominación semítica, el mundo vuelve a la cordura, y la verdad aparece como una aurora pálida de los temores de la noche.

En la ciencia, en la filosofía, Kant ha sido el gran destructor de la mentira greco-semítica. Él se encontró con esos dos árboles bíblicos y fue apartando las ramas del árbol de la vida que ahogaban el árbol de la ciencia. Tras él no queda nada en el mundo de las ideas más que un camino estrecho y penoso: la ciencia. Detrás de él viene otro destructor, Schopenhauer, que no quiso dejar en pie los subterfugios que el maestro sostuvo amorosamente por falta de valor. Kant pide por misericordia que esa gruesa rama del árbol de la vida que se llama libertad, responsabilidad, derecho, descanse junto a las ramas del árbol de la ciencia para dar perspectivas a la mirada del hombre. Schopenhauer aparta esa rama, y la vida aparece como una cosa oscura y ciega, potente y jugosa, sin justicia, sin bondad, sin fin; una corriente llevada por una fuerza X, que él llama voluntad y que, de cuando en cuando, en medio de la materia organizada, produce un fenómeno secundario, una fosforescencia cerebral, un reflejo, que es la inteligencia. En estas circunstancias, el instinto vital, todo actividad y confianza, se siente herido, y tiene que reaccionar. Y reacciona: vida y verdad, voluntad e inteligencia.



Esa destrucción no es sistemática ni vengativa; es llevar el análisis a todo; es ir disociando las ideas tradicionales para ver qué nuevos aspectos toman. Los semitas inventaron un paraíso materialista en el principio del hombre; el cristianismo colocó el paraíso al final y fuera de la vida del hombre, y los anarquistas ponen su paraíso en la vida y en la tierra. En todas partes y en todas épocas los conductores de hombres son prometedores de paraísos. Pero alguna vez tenemos que dejar de ser niños; alguna vez tenemos que mirar a nuestro alrededor con serenidad. ¡Cuántos temores no nos ha quitado de encima el análisis! Ya no hay monstruos en el seno de la noche, ya nadie nos acecha. Con nuestras fuerzas vamos siendo dueños del mundo.


Para llegar a dar a los hombre una regla común, una disciplina, una organización, se necesita una fe, una ilusión, algo que, aunque sea una mentira salida de nosotros mismos, parezca una verdad llegada de fuera. Si yo me sintiera con energía haría una milicia: la Compañía del Hombre. Esta Compañía tendría la misión de enseñar el valor, la serenidad, el reposo; de arrancar toda tendencia a la humildad, a la renunciación, a la tristeza, al engaño, a la rapacidad, al sentimentalismo…


Pío Baroja – El Árbol de la Ciencia

jueves, 6 de abril de 2017

La poesía es una insurrección (Pablo Neruda)


Cuando el tiempo nos va comiendo con su cotidiano decisivo relámpago, y las actitudes fundadas, las confianzas, la fe ciega se precipitan y la elevación del poeta tiende a caer como el más triste nácar escupido, nos preguntamos si ha llegado ya la hora de envilecernos. La dolorida hora de mirar cómo se sostiene al hombre a puro diente, a puras uñas, a puros intereses. Y cómo entran en la casa de la poesía los dientes y las uñas y las ramas del feroz árbol del odio. Es el poder de la edad o es, tal vez, la inercia que hace retroceder las frutas en el borde mismo del corazón, o tal vez lo “artístico” se apodera del poeta y en vez del canto salobre que las profundas olas deben hacer saltar, vemos cada día al miserable ser humano defendiendo su miserable tesoro de persona preferida.

Ay, el tiempo avanza con ceniza, con aire y con agua! La piedra que han mordido el légamo y la angustia florece de pronto con estruendo de mar, y la pequeña rosa vuelve a su delicada tumba de corola.

El tiempo lava y desenvuelve, ordena y continúa.

Y entonces, qué queda de las pequeñas podredumbres, de las pequeñas conspiraciones del silencio, de los pequeños fríos sucios de la hostilidad? Nada, y en la casa de la poesía no permanece nada sino lo que fue escrito con sangre para ser escuchado por la sangre.




Siempre he querido que en la poesía se vean las manos del hombre. Siempre he deseado una poesía con huellas digitales. Una poesía de greda para que cante en ella el agua. Una poesía de pana, para que se la coma todo el mundo.

Solo la poesía de los pueblos sustenta esta memoria manual. Mientras los poetas se encerraron en los laboratorios, el pueblo siguió cantando son su barro, con su tierra, con sus ríos, con sus minerales. Produjo flores prodigiosas, sorprendentes epopeyas, amasó folletines, relató catástrofes. Celebró a los héroes, defendió sus derechos, coronó a los santos, lloró a sus muertos

Y todo esto lo hizo a pura mano. Estas manos fueron siempre torpes y sabias. Fueron ciegas, pero rompieron las piedras. Fueron pequeñas, pero sacaron los peces del mar. Fueron oscuras, pero buscaban la luz.

Por eso esta poesía tiene ese sortilegio de lo que ha sido creado entre las cosas naturales. Esta poesía del pueblo tiene ese sello de lo que debe vivir a la intemperie, soportando la lluvia, el sol, la nieve, el viento. Es poesía que debe pasar de mano en mano. Es poesía que debe moverse en el aire como una bandera. Poesía que ha sido golpeada, que no tiene la simetría griega de los rostros perfectos. Tiene cicatrices en su rostro alegre y amargo. Yo no doy un laurel a estos poetas del pueblo. Son ellos los que a mí me regalan la fuerza y la inocencia que debe informar toda poesía. Son ellos los que me hacen tocar su nobleza, su superficie de cuero, de hojas verdes, de alegría.

Son ellos, los poetas populares, los oscuros poetas, los que me enseñan la luz.



Es claro que los enemigos de la poesía siempre pretendieron asestarle una pedrada en un ojo o un golpe de garrote en la nuca. Lo hicieron en diversas formas, como mariscales individuales, enemigos de la luz, o regimientos burocráticos que con paso de ganso marcharon en contra de los poetas. Lograron la desesperación de algunos, la decepción de otros, las tristes rectificaciones de los menos. Pero la poesía siguió brotando como una fuente o manando como una herida, o construyendo a brazo partido, o cantando en el desierto, o levantándose como un árbol, o desbordándose como un río, o estrellándose como la noche en las mesetas de Bolivia.

La poesía acompañó a los agonizantes y restañó los dolores, condujo a las victorias, acompañó a los solitarios, fue quemante como el fuego, ligera y fresca como la nieve, tuvo manos, dedos y puños, tuvo brotes como la primavera, tuvo ojos como la ciudad de Granada, fue más veloz que los proyectiles dirigidos, fue más fuerte que las fortalezas: echó raíces en el corazón del hombre.



La primera edad de un poeta debe recoger con atención apasionada las esencias de su patria, y luego debe devolverlas. Debe reintegrarlas, debe donarlas. Su canto y su acción deben contribuir a la madurez y al crecimiento de su pueblo.

El poeta no puede ser desarraigado, sino por la fuerza. Aun en esas circunstancias sus raíces deben cruzar el fondo del mar, sus semillas seguir el vuelo del viento, para encarnarse, una vez más, en su tierra. Debe ser deliberadamente nacional, reflexivamente nacional, maduramente patrio. El poeta no es una piedra perdida. Tiene dos obligaciones sagradas: partir y regresar.

El poeta que parte y no vuelve es un cosmopolita. Un cosmopolita es apenas un hombre, es apenas un reflejo de la luz moribunda. Sobre todo en estas patrias solitarias, aisladas entre las arrugas del planeta, testigos integrales de los primeros signos de nuestros pueblos, todos, todos, desde los más humildes hasta los más orgullosos, tenemos la fortuna de ir creando nuestra patria, de ser todos un poco padres de ella.



Tal vez, los deberes del poeta fueron siempre los mismos en la historia. El honor de la poesía fue salir a la calle, fue formar parte en ese combate y en aquel. No se asustó el poeta cuando le dijeron insurgente. La poesía es una insurrección. No se ofende el poeta porque le llamen subversivo. La vida sobrepasa las estructuras y hay nuevos códigos para el alma. De todas partes salta la semilla, todas las ideas son exóticas, esperamos cada día cambios inmensos, vivimos con entusiasmo la mutación del orden humano: la primavera es insurreccional.

Los poetas odiamos el odio y hacemos guerra a la guerra.



De todo ello surge una enseñanza que el poeta debe aprender de los demás hombres. No hay soledad inexpugnable. Todos los caminos llevan al mismo punto: a la comunicación de lo que somos. Y es preciso atravesar la soledad y la aspereza, la incomunicación y el silencio para llegar al recinto mágico en que podemos danzar torpemente o cantar con melancolía; mas en esa danza o en esa canción están consumados los más antiguos ritos de la conciencia, de la conciencia de ser hombres y de creer en un destino común.

El poeta no es un “pequeño dios”. No, no es un “pequeño dios”. No está situado por un destino cabalístico superior al de quienes ejercen otros menesteres y oficios. A menudo expresé que el mejor poeta es el hombre que nos entrega el pan de cada día: el panadero más próximo que no se cree dios. Él cumple su majestuosa y humilde faena de amasar, meter al horno, dorar y entregar el pan de cada día, en una obligación humanitaria. Y si el poeta llega a alcanzar esa sencilla conciencia, podrá también la sencilla conciencia convertirse en parte de una colosal artesanía, de una construcción simple o complicada, que es la construcción de la sociedad, la transformación de las condiciones que rodean al hombre, la entrega de una mercadería: pan, verdad, vino y sueños. Si el poeta se incorpora a esa nunca gastada lucha por consignar cada uno en manos de los otros su ración de compromiso, su dedicación y su ternura al trabajo común de cada día y de todos los hombres, el poeta tomará parte en el sudor, en el pan, en el vino, en el sueño de la humanidad entera. Solo por ese camino inalienable de ser hombres comunes llegaremos a restituirle a la poesía el anchuroso espacio que le van recortando en cada época, que le vamos recortando en cada época nosotros mismos.

En conclusión, debo decir a los hombres de buena voluntad, a los trabajadores, a los poetas, que el entero porvenir fue expresado en esa frase de Rimbaud: solo con una ardiente paciencia conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia y dignidad a todos los hombres.


Así la poesía no habrá cantado en vano.


Pablo Neruda – Para nacer he nacido