Mostrando entradas con la etiqueta Construcciones Megalíticas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Construcciones Megalíticas. Mostrar todas las entradas

martes, 6 de noviembre de 2012

Los Hopi llegaron de Kasskara, el continente perdido de Mu.




Para los hopi, la historia de la Humanidad está dividida en períodos que ellos denominan Mundos, los cuales están separados entre sí por terribles catástrofes naturales: el primer mundo sucumbió por el fuego, el segundo por el hielo y el tercero por el agua. Nuestro actual mundo, que es el cuarto según sus profecías, está tocando a su fin, y dará paso a un nuevo mundo en un futuro no muy lejano.

Según los hopi, antes que nada existió Dayowa, el Creador, quien organizó la creación del primer mundo, a cuyo término dejó hechas las plantas, los animales y los hombres. Los dos primeros “mundos” no pueden ser comprobados de forma histórica. Pero en el tercero, llamado Kasskara, se encuentran hechos que los hopi consideran reales. Kasskara era el nombre de un gran continente situado donde hoy se encuentra el Océano Pacífico. Allí se vivía agradable y armónicamente, pero no era el único pais habitado. Dice la tradición que América del Sur todavía no existía por hallarse aún bajo las aguas, pero sí había un lugar llamado “País del Este”, cuyos habitantes tenían el mismo origen.

Y fueron aquellos hombres del este los primeros en desobedecer las leyes del Creador, entablando guerras contra pueblos situados aún más al Este. Aquellos belicosos y agresivos moradores del país del Este también quisieron conquistar Kasskara y utilizaron para ello armas potentísimas de desconocido origen y que debían estar accionadas por energía magnética o eléctrica.

Ya en el primer mundo, los hombres se relacionaban con unos seres “altos, respetados, sabios”, a los que llamaban “katchinas”. Eran seres visibles, de forma humana, procedentes de un sistema de doce planetas muy alejados de la Tierra, para cuyo viaje utilizaron “artefactos voladores”. Se desplazaban en escudos volantes o pájaros tronantes, y dominaban el arte de cortar y transportar enormes bloques de piedra, así como de construir túneles e instalaciones subterráneas. Al ser atacada Kasskara la tierra tembló bajo el impacto de apocalípticas explosiones, pero los katchinas colocaron un escudo para proteger a unos cuantos elegidos, que seleccionaron para vivir en el siguiente “mundo”. El País del Este y Kasskara se hundieron bajo las aguas. Los katchinas trasladaron a los elegidos a nuevas tierras, otros se salvaron a bordo de embarcaciones y hubieron de recorrer gran número de islas. Un día los katchinas les dejaron, regresaron a las estrellas y así terminó el tercer mundo.

Los primeros llegaron hace ochenta mil años y erigieron una ciudad a orillas del lago Titicaca, a la que llamaron Tautoma, “la tocada por el brazo del Sol”, hoy conocida por Tiahuanaco (la Cordillera Andina se había desnivelado por causa del cataclismo anterior. La antigua ciudad de Tiahuanaco fue en aquel tiempo un gran puerto de mar y una gran ciudad colonial del Imperio Lemuriano, como veremos). Más tarde, por un nuevo cataclismo, Tautoma se vio alzada y luego sumergida, lo que produjo la diáspora. Los hopi descienden de los que fueron al norte y, entre sus recuerdos más antiguos, está el obstáculo insalvable de una inmensa pared de hielo que les obligó a retroceder. Diversos clanes decidieron construir una gran ciudad, a la que dieron el nombre de “Ciudad Roja”, que los hopi identifican con Palenque.



Para  el infatigable investigador James Churchward ese país de Kasskara es el “país de Mu”. Investigando por todo el mundo acerca del Continente Perdido de Mu, llegó a la conclusión de que se habría extendido desde el Norte de las Islas Hawaii, hacia las Islas Fidji y Pascua en el Sur, y fue, indudablemente el hábitat original del hombre. Probablemente lo más asombroso de todo es el hecho de que los polinesios, que habían estado aislados del resto del mundo por más de 12.000 años, tienen tradiciones de la Creación idénticas al relato bíblico, tal como los nombres del primer hombre y la primera mujer, y que la primera mujer fue hecha de los huesos del hombre, que el hombre fue una creación especial de Dios.

Para Churchward la raza dominante en el país de Mu era blanca, sumamente bella, y había otras de componentes amarillos, morenos o negros. Eran grandes navegantes que llevaban sus naves por todo el mundo, expertos arquitectos de grandes templos y palacios de piedra, esculpían grandes monolitos erigiéndolos como monumentos. “He seguido el rastro de esta misma historia desde Mu a la India, donde se instalaron colonizadores del continente desaparecido; de la India a Egipto, de Egipto al templo del Sinaí, donde Moisés lo cogió hasta las deficientes traducciones de Ezra 800 años después. La verosimilitud de todo ello resultará aparente hasta a quienes no han estudiado el asunto  minuciosamente, cuando vean la estrecha semejanza entre el relato de la Creación tal y como lo conocemos y la tradición que se origina en Mu”.

Lemuria es el nombre de la última parte del Gran continente que existió en el Pacífico. La verdadera destrucción de Mu y su subsiguiente hundimiento empiezan en el 30.000 a.C. Esta acción continuó por muchos miles de años hasta que la última porción del antiguo Mu fue también sumergida en una serie de nuevos desastres, los cuales terminaron entre 10.000 y 12.000 a.C. Esto ocurrió precisamente antes de la destrucción de la última parte del Continente del Atlántico: la Atlántida.



También las lecturas de Cayce se refieren a un continente perdido en el Pacífico por varios nombres, pero más a menudo es llamado Lemuria. Algunos de éstos pueden referirse a provincias en el continente, o a porciones dejadas después de una importante desintegración de la tierra.

“Antes de que encontremos que la entidad estuvo en esa tierra conocida como Mu,Zu, Lú, y posiblemente Oz, Lemuria o la desaparecida tierra en el Océano Pacífico, el lleno de paz; durante esos períodos, cuando muchos de aquellos habían subido al poder, cuando estaban pasando esos destierros y preparaciones para la preservación; ya que ellos sabían que la tierra pronto sería quebrantada. Esto fue antes del viaje de personas en perfecta forma física; más bien cuando se decía que eran capaces de estar en el cuerpo o fuera del cuerpo y actuaban sobre el materialismo. En el espíritu o en la carne, ellos hicieron esas cosas, aquellas influencias que trajeron la destrucción… el sumergimiento de Lemuria debe haber tenido consecuencias geofísicas mundiales. La fecha de 30.000 a.C. coincide con el segundo período de disturbio en Atlántida, cuando se habían producido pequeños canales por muchas de las tierras”.








¿Hay alguna evidencia arqueológica de Lemuria? Richard Noone ha escrito acerca de la presencia de antiguos trabajos de construcción en dos islas del Pacífico, Malden en las Islas Line, y Rarotonga en la cadena de islas Cook. Las dos islas yacen justo dentro de los límites de McNutt para la super elevación del Pacífico Sur. La isla Malden parece contener los remanentes de un sistema de autopista que irradia hacia afuera desde un complejo de templos. Integrado por bloques ajustados de basalto, las carreteras Cruzan playas y desaparecen debajo de las olas.
“Mil quinientas millas al sur de la isla Malden, otra sección del mismo tipo de carretera emerge desde debajo de las olas, cruza la playa y desaparece dentro de la selva de la Isla Rarotonga. Esto sugiere que muchas Islas del Pacífico son los remanentes de un continente Pacífico sumergido actualmente."

Según nos dice Joan Griffith, “Vi al coronel Churchward solamente una vez, cuando era una niña pequeña, justo antes de su muerte en 1936. El parecía saber que yo estaría interesada en ampliarme sobre su trabajo en el futuro. Yo comencé leyendo los libros de Mu en ese año; así es que mucha de mi vida se ha enfocado en Atlántida, Lemuria y conocimientos antiguos que pueden haber estado perdidos a través de los milenios. En más de sesenta años, mucho ha sido descubierto que ha apoyado muchas de sus afirmaciones. Lo que generalmente no se conoce es que él tuvo acceso a centenares de fuentes y enumeró más de 140 ruinas y sitios megalíticos. La mayor parte concordaba con lo que Edgar Cayce más tarde tuvo que decir sobre Mu”.



"Cuando la Estrella Azul Kachina haga su aparición en los cielos, el Quinto Mundo emergerá". 

Profecía hopi


martes, 20 de marzo de 2012

Construcciones Megalíticas, un pulso a la historia oficial




Demos un repaso a los esquemas de varias alineaciones megalíticas de nuestros antepasados, en las que descubrimos una perfecta correlación con ciclos planetarios que sin duda los antiguos habitantes dominaban a la perfección, así como sirvieron para la determinación de eclipses lunares y solares; también debían ser utilizados para conocer exactamente el comienzo de solsticios y equinoccios. Al mismo tiempo eran esenciales para saber el comienzo de cada ciclo de la precesión de los equinoccios, asociados a configuraciones muy importantes respecto del movimiento de la Tierra por nuestra galaxia, influjos cuyas consecuencias podían terminar con la civilización. Es difícil admitir que estos ciclos se conocieran después de observaciones constantes y precisas de decenas de miles de años, ya que estas culturas parecen surgir de la nada en el transcurso de pocas generaciones, y desaparecer de igual forma. Más lógico es llegar a la conclusión de que les fueron transmitidas por otras civilizaciones no terrestres con avanzada tecnología.

Mientras la ciencia oficial siga manteniendo que evolucionaron por sí mismas y que hace quince o treinta mil años estos pueblos a duras penas conseguían fabricar hachas de silex, el absurdo se mantendrá eternamente, y no solo por dilucidar el colosal problema del pulido y traslado de estas enormes piedras, a veces a cientos de kilómetros del emplazamiento definitivo, sino sobre todo por la finalidad de las mismas. Es seguro que, una vez perdido por las generaciones siguientes el significado astronómico de tales construcciones, los pueblos invasores incultos las utilizaran como enterramientos y otros ritos mágicos, ignorantes de su verdadero significado. Todas ellas se encuentran en lugares de fuerte irrupción de energía telúrica, para que en el momento y posición precisa sus constructores transformaran esa energía en auténtico poder, sitios donde los hombres se convertían en dioses y alcanzaban otra dimensión espiritual, tanto en esta vida como tras ella, al igual que nos detalla el Libro Egipcio de los Muertos sobre la función ultraterrena de la Gran Pirámide y otras excavadas bajo el suelo.




Este primer esquema corresponde a la que los indios Crow  y Cheyennes denominaban Medicine Whell, en Wyoming. Aunque circular y trazada con piedras, no es un templo megalítico como Stonehenge, ya que las piedras son mucho más pequeñas. No es exactamente circular, sino que forma un semicírculo y una semielipse; está dividida en 28 sectores, de unos 13º cada uno. Esta división nos recuerda a Tiahuanaco, cuyo codo se dividía en 28 dedos, y donde el templo de Kalasasaya estaba dividido en 28 intervalos iguales. De la forma se deduce que sus constructores sabían que los astros se desplazan a velocidades y distancias variables sobre órbitas que parecían elípticas más que circulares, con lo que trazaron un semicírculo para observar al Sol, cuya diferencia de diámetro aparente es sólo de 1/60, y una semielipse para observar la Luna, cuya diferencia es de 1/18. Seguidamente habrían dividido la curva así obtenida en 28 partes iguales, para que cada una representara un día, pero ¿por qué, cuando hay 365 ¼ días en el año solar y se necesitan 1.461 vueltas para hacerlos coincidir? Puede que lo que les interesaba sobre todo era predecir los eclipses, que pueden llegar cada 173 días; así, cien de estos ciclos corresponden a 619 vueltas. Por otra parte, 59 vueltas de la rueda mágica hacían 56 ciclos de 29 ½ salidas del Sol, y 57 vueltas hacían 56 ciclos de 28 1/2 salidas de la Luna. Hemos de reconocer que no está mal para unos rompedores de piedras que aún no habían inventado la carretilla.

Ahora bien, estos números de 56 y de 1.461 nos recuerdan el círculo de 56 agujeros Aubrey de Stonehenge, del famoso ciclo céltico de 56 años, que representa 59 años lunares y 118 ciclos de eclipse. Además, 56 vueltas completas al círculo también representan exactamente 35 ciclos de Venus. Y también coincide con el calendario egipcio de 1.461 años civiles de 365 días.

Otro dato sorprendente es notar que su emplazamiento está situado a 44º de latitud, donde la longitud de un grado de latitud es de 111,111 metros, es decir, 1/360 de la circunferencia polar terrestre, y la longitud de un minuto de latitud es exactamente la de una milla marina actual, e igual a 6.000 pies babilonios. Además del conocimiento preciso de la forma y dimensiones de la Tierra, sería imposible de determinar sin mapas exactos de las coordenadas terrestres. La mejor manera de obtener esta información es cuadricularlo desde lo alto, igual que hacen hoy nuestros satélites artificiales.



Se conocen una treintena de otros “medicine wheel” en las vertientes de las Montañas Rocosas, y otros en Canadá, por ejemplo el de Majorville, en el centro de una vasta llanura sin árboles en Alberta. Se halla también constituida por un círculo de piedras con radios que parten de un montón de piedras central, en el cual se han descubierto varios objetos que han permitido estimar su edad en más de cinco mil años. Pero el más interesante de ellos es la Medicine Wheel de Moose Mountain; todo lo que se sabe más ó menos a ciencia cierta es que debía ser utilizado aún hace 1.700 años para determinar las fechas exactas de los solsticios y de los equinoccios, según las posiciones relativas del Sol y de las estrellas Sirio, Rigel y Aldebarán, y que parece haber sido construido con el pie prehistórico de 360 mm.. Estaba orientada justamente hacia las tres estrellas más brillantes del cielo de verano.



En Rumanía, se encuentra el espectacular círculo de Sarmise Getusa Regia, cuyas dimensiones y métodos de cálculo recuerdan los de Stonehenge. Este observatorio comprende, ante todo, un gran círculo de 29,4 mts. de diámetro y una circunferencia de 92,4 mts. Según la regla del factor “pi” antiguo de 22/7, este círculo debió ser trazado con un pie de 280 mm. La circunferencia resultante fue dividida seguidamente en 104 intervalos regulares, con ayuda de 104 estelas. Esta medida corresponde muy misteriosamente al pie céltico de Stonehenge de 276,35 mm. y al pie micénico de 277,77 mm. Los intervalos, corresponden a 3 pies de 296 mm., similar al pie romano de 295,95 mm. Este pie corresponde a un pie cúbico de 25.920 m3, o sea, equivale exactamente al ciclo de precesión de los equinoccios de 25.920 años. El número de 104 intervalos que hemos hablado también equivale al ciclo de 37.960 días de los mayas, o sea, 104 años solares de 365 días.


 
Nos trasladamos ahora a la madre de todas las construcciones, la Ciudadela de Teotihuacán en México, literalmente "el lugar donde los hombres se convierten en dioses". Las antiguas leyendas aztecas nos afirman que este espléndido complejo ciclópeo ya estaba allí cuando llegaron sus antecesores, los cuales desconocían completamente quién ni cuándo los pudo construir.

Harleston, tomando los cálculos de Stecchini sobre las pirámides egipcias y sumerias, demostró que la pirámide de Quetzalcóatl, como la torre de Babel y el zigurat de Ur, había sevido probablemente de mesa triangular, donde las fracciones representan las relaciones entre los pisos correspondientes a los senos, cosenos y tangentes de los ángulos más importantes. Por otra parte, se encuentra en Teotihuacán, como en todos los monumentos antiguos, los factores “pi” de 22/7, raíz de “phi” de 14/11, amén de otras, como la fracción 11/12, que es el coseno de 23 ½ grados, ángulo de inclinación del eje de la Tierra con relación al de la eclíptica. Otro hecho extraordinario es el de que, si se divide la anchura de la ciudadela por 1.296 u 864, que están en la base de todos los cálculos de nuestros antepasados para medir el tiempo y el espacio, se obtienen las longitudes del pie y del codo babilonio, también utilizados por los egipcios. 

Por otro lado, la medida de terreno llamada “kan”, de 1.296 yardas cuadradas, exactamente 80 “kan”, dan 11,6 hectáreas, que era el mínimo vital para cada familia en lo tocante a asegurar su subsistencia en maíz. Estas medidas también se encuentran en la pirámide cuadrada de Tula, que tiene una base de 1.296 yardas cuadradas, y en la pirámide circular de Cuicuilco, que tiene una base de 12.960 yardas cuadradas.
En la ciudadela hay grandes cantidades de triángulos de lados 3,4 y 5 (triángulo rectángulo por excelencia, base del Teorema de Pitágoras), incluso uno que tiene de lados 165 y 216, y una hipotenusa de 271,81, que se parece mucho a 2,718, qe es la constante “e” y base de los logaritmos naturales. Se encuentra asimismo la relación 144/89 (¡números Fibonacci!), es decir, 1,618, que era el factor “ph” ó Número de oro de nuestros antepasados, así como la fracción 4/3 de “pi”, que les permitían calcular el volumen de la Tierra. Se encuentran, asimismo, los números 37 y 27, cuya relación de 1,37 se parece mucho al número 137, que es una constante del hidrógeno y del deuterio, lo cual demuestra, una vez más, que nuestros lejanos antepasados conocían la Física Nuclear.

A Schlemmer se le ocurrió establecer una relación matemática entre los temblores de tierra, la revolución de la Tierra alrededor del Sol en días y su rotación sobre sí misma en minutos, dos valores que son fracciones exactas de la constante de Nínive de 2.268 millones de días. Dividiendo 365,2422, el número de días del año solar, por 1.440, el número de minutos de un día, obtuvo el valor de 0,25364 que, multiplicado por distintos coeficientes planetarios, se obtenían constantes de los movimientos particulares de cada planeta. Se descubren 19 de estos números entre las medidas efectuadas en la Gran Avenida. Según estos números, habría por lo menos un planeta entre el Sol y Mercurio, y por lo menos 3 más allá de Plutón, el último de los cuales estaría 150 veces más alejado del Sol que la Tierra, con un periodo de revolución de 1.800 años, que se parece extrañamente a la del planeta Marduk de los sumerios, del que hablan las tablillas de Nippur.



La pirámide del Sol estaba construida de tal forma que, en la parte inferior del cuarto piso, sólo las caras Norte y Oeste estaban en sombra a mediodía en los equinoccios de primavera y otoño. Este fenómeno, que duraba sólo sesenta segundos, permitía determinar el instante exacto en que el Sol atravesaba el ecuador celeste. No es posible que esto sea una coincidencia. Subiendo la Gran Avenida hacia el Norte, a partir del eje Este-Oeste de la Ciudadela, encontraron mojones a las distancias de 36, 72, 96, 144, 288, 520 y 945 yardas, que son proporcionales a las distancias respectivas del Sol de los siete primeros planetas, incluido el asteroide Ceres. Subiendo más hacia el Norte se encuentran mojones a 1.845, 2.880 y 7.200 yardas, distancias que son proporcionales a las de Urano, Neptuno, Plutón y Proserpina, y el último de ellos a 22.680 yardas, lo cual representaría la distancia del Sol al famoso planeta Marduk, de órbita muy excéntrica y que, según se desprende de algunas inscripciones, hará de nuevo su aparición en direccion a la tierra al final de los tiempos.

!Esos brutos primitivos... no tenían nada mejor que hacer!