TIEMPOS DE ADOLESCENCIA
Fue hace tiempo, en un campo joven y destellante de cálidas luces, allí donde brotan los olivos de tierra roja, donde crecen las zarzas en las orillas de los caminos, donde la carretera hace una curva y se pierde en la arboleda. Por el mismo sitio por donde pasaban las aceituneras a la vuelta del trabajo. Aún recuerdo sus penetrantes voces y sus canciones y baladas por el amor de un joven. No olvido los rostros de los hombres del pueblo, curtidos por el sol, ni el olor penetrante del alquitrán que pusieron por primera vez, ni las verdes lomas perdiéndose en el horizonte, ni aquellos pájaros reposando confiados en el tendido eléctrico. Pueden pasar años que no olvido el lugar donde encontrar de nuevo las matas de poleo, detrás de las junqueras que ya tampoco están, y la triste imagen de ver la margarita recién cortada marchitándose poco a poco. Me dijeron por qué ataban las patas delanteras a un potro joven, cómo hacer que la mula no se cansara de acarrear tanto peso, mientras notaba el nerviosismo de las hormigas al cogerlas entre los dedos. Pude saborear el pimiento de la huerta recién cogido, después de lavarlo con agua de pozo, distinguir las hierbas aromáticas escondidas, el olor a azúcares de un amanecer de verano, el saludo alegre de la espiga, el empuje del viento que hace tambalear el naranjito de mi casa. No quiero que de mi mente se borre ese pasado de sensaciones pueriles, ¿Cómo dejar a un lado la frescura del azahar, la fragancia de la rosa, el arrebato de la madreselva? ¡Cuánto vale el aroma del campo mojado, la mirada inocente de las reses, los ladridos lejanos de los perros de caza, la bandada de patos que pasó!
¡Que aventura el paseo silencioso por esos caminos, con una cuarta de polvo! Cualquier cosa me hacía sonreír: aquellos descarados lagartos atravesando presurosos la senda para desaparecer en un segundo entre las matas, confundidos con su verdor, observándome por si les resultaba peligroso; sorteando las grandes piedras o los troncos de olivo podridos que impedían el paso; a cada momento, el zumbido grave de una abeja que te curioseaba mientras evitaba aplastar una mariposa. Pero en estos caminos, la huella del hombre no pasaba desapercibida, largas e interminables alambradas, oxidadas y desafiantes, y decididas arañas tejiendo sus telas entre ellas; en los postes, extensos racimos de caracoles hacían su vida en cada una de las hendeduras de las estacas, compartían su existencia con las orugas, las crisálidas, las moscas de caballo… y no se preguntaban como nosotros la razón de su existir, sino que vivían con intensidad sin desperdicio y eternizaban su memoria en millares de descendientes.
No lejos había un cruce de caminos, siempre tomaba el que iba en dirección sur porque rebosaba de vida, lo atravesaban pequeños hilillos de agua en los que crecían cañaverales y culantrillos, chumberas y moreras, y toda una variada gama de insectos multicolor, de pequeños y graciosos pajarillos. Cuando quería ir más lejos cogía la bicicleta… sorteando los charcos me caí muchas veces. Descansaba después a la sombra del eucalipto y estrujando una hoja aspiraba su perfume, más allá había almendros y me acopiaba de almendras crudas, también membrillos y ciruelos, todo lo probaba quizá por primera vez. Allí, casi a escondidas, encendí mis primeros cigarrillos celtas, seguía a las hormigas hasta su cueva hasta casi toparme con una abubilla que no había visto. Pasado el verano, días después de llover íbamos a veces con un bote a coger alúas que, junto con los grillos los usábamos como cebo para las costillas con las que después, al amanecer, intentábamos capturar alcaudones y zorzales, casi siempre con mala fortuna. Me conmovió la mirada de uno distraído que cacé, tanto que nunca más puse las trampas.
El sendero que iba hacia el este era muy seco, tenía marcado como a fuego el dibujo de las ruedas de los tractores; entre ellas se adivinaban pisadas de bueyes y excrementos de burro: se dirigían a los cortijos. Aún era más seco el camino que iba al oeste, con un polvo amarillento, fino e intenso que flotaba en el aire tras removerlo, como del más inhóspito desierto, que atascaba la nariz y se metía en los ojos, ponía el pelo blanco y te hacía toser, no se podía respirar. Por allí se iba a la “verea”, un verdadero bosque junto a la vía del tren con toda clase de frutales, allí nos confeccionábamos nuestros tirachinas de olivo, seleccionábamos las ramas que nos servirían para los arcos, nos fabricábamos las flechas con un tapón de cerveza aplastado en su punta y unas cuantas plumas de paloma en el extremo, si no teníamos tabaco, nos fumábamos las raíces porosas y los puros de las aneas, para quitarnos el mal sabor buscábamos alguna sandía olvidada… reíamos por todo, éramos casi libres, cuando fuimos felices.
¿Puedo olvidar todo esto, ahora, en mis años de libre reclusión, lo que significó esa libertad? ¿Podré pisar de nuevo esos caminos aunque la acción del hombre los haya borrado? ¿Puedo ser hombre y olvidarme de que fui niño?
CONVERSACIÓN ENTRE TINIEBLAS
_¿Que te pasa, Manuel? ¿estás mal? ¿por qué estás tan serio? ¡Por favor, dime algo! ¿puedes hablar?
_No sé la fecha, jamás podré saberla.
_!Vamos! ¿Qué dices? ¡Venga, levántate hombre! N o seas así, olvídate de todo eso. No me hagas esto, soy tu amiga… ¿lo soy? Si necesitas hablar, dime lo que te pasa. No soy nada ahora, ¡escúchame! Figúrate un espejo, yo soy ese espejo; compórtate como si hablaras con él. Haz lo que quieras, habla, ríe, llora, pero ¡aleja esa expresión de tus ojos! Esa frialdad… ¡apártala! ¡levántate! Por favor, debes decírmelo, yo también tengo problemas, ¿sabes? Es tu egoísmo que debes olvidar, tu problema es la soledad; no tiene otra solución que la confianza, ¡compártelo conmigo! ¡no te destruyas así! ¿confías en mí?
_No sé la fecha de mi suicidio, eso es lo que me preocupa. No sé cuándo he de hacerlo ni en qué situación. Ese es mi temor y mi ansiedad, amiga, el no pode definir el día de mi muerte. ¿no comprendes? No seré libre si no puedo fijar esa fecha. Lo he intentado ya y nada ha ocurrido… ¿sabes por qué? Porque no me conozco, soy más imperfecto que nunca, no soy nada, pura posibilidad, no puedo ahora morir si quiero… ¿es eso libertad? ¿la tendré alguna vez? ¿Tendré la suficiente fuerza para ser rígido y no como un papel, para precipitar el fin sin que haya motivos para que me parezca absurdo? Este es otro temor: que la llegada a mi personalidad sea definitiva.
_Pero, ¿no comprendes que siempre tendrás causas por las que vivir, nuevas cosas que conocer, gente a la que amar? ¿cómo puedes despreciar todo eso? No puedo verte así, dime que se te pasará, ¿puedo salir de aquí sabiendo que te veré mañana?
_Quizá, pero te digo que nada de mí puede decirse con seguridad; que soy la hoja de un árbol que cae y que nadie sabe dónde lo hará, que soy como la lluvia, no se sabe cuándo aparecerá; o como un animal herido y moribundo al que le restan minutos de vida y que busca desesperadamente su lecho definitivo; o como aquel ave de rapiña que se aleja hacia otros horizontes donde la visión sea más clara… y a ninguno de ellos les basta su tiempo. Necesitan continuamente nuevas oportunidades, otras opciones de accionar pulsadores en computadoras que den resultados ciertos. Mi inseguridad es como el trazo del dibujo de un niño, a veces torpe y torcido, y no sé apreciar esa maravilla. No ostento la caída firme de un felino, ni la perfección de la ninfa, ni el olfato del ciervo, ni la determinación de la hormiga; son cualidades que no poseo para poder llamarme hombre, ni el niño ni yo las tenemos.
Cabizbaja, ella se fue; me quedé sentado en aquel banco, en un aire ocioso, cargado de monotonía, rodeado de muros y paredes revestidas de lacónicas capas de pintura. Anduve, y ya cansado del andar silencioso, me introduje de nuevo en la esfera elíptica de la vida cotidiana, saboreando con disgusto el agrio sabor de las palabras mal expresadas, de los gritos contaminados, de los techos que ocultan el ocaso, del vano mundo de frivolidades y esperas sin tiempo.
LA LIBERACIÓN
El ojo del gran volcán permanece abierto para la salida de la presión, gases calientes, rojas erupciones, lava despeñándose. Todo es destrucción, calor, actividad y regeneración. Sin embargo, hay un sitio helado entre tanto fuego, entre esos miles de grados emerge la existencia de un minúsculo bloque de hielo, empeñado en no dejar su sitio a la viscosidad ardiente. Permanece allí para que todo no sea caos y fusión, quiere mantener su temperatura bajo cero aun rodeado de fuegos permanentes; porque todo estaría perdido, no puede faltarle a la vida ese contrapunto de mesura y paz que irradia, sería una esperanza decepcionada, a pesar de encontrarse entre toneladas de masa en ebullición. De ese hielo no se funde una sola gota, no pierde su imagen y pureza por más tiempo que pase, aun estando solo.
Ese frío me penetra más que todas las llamas juntas, me hace pensar que todo ese escenario de destrucción no sirve para darme calor. No es como el viejo brasero que me calienta los pies en los días de invierno, soy insensible a él, está lejano y tras una gruesa pared. Cuchichean entre ellas las explosiones y cierro mis oídos para escapar de su embrujo y destrucción, no fuera que me conviertan en escoria sin vida.
No obstante, ese trozo de hielo es mi aliado, mi amigo frente al mundo. Hasta puedo fundirme e introducirme en él aumentando su potencia. Sólo mis ropas quedan fuera de tal conversión, no las necesitaré ni tampoco los objetos que me acompañaban. Ya no estarán a mi despertar, donde habrá que irrumpir desnudo y volátil. Mi alma mortal aún se quedará conmigo un poco más, la inmortal me esperará en otro lugar. Pasarán el alma que quisieron imponerme, la que aprendí a alimentar, la que olvidé en mi infancia, la que viene de mis padres, todas sucumbirán y me dejarán reposar; morirán porque ya no las deseo. Sólo ésta mortal, que también soy yo, no me abandonará hasta que fallezca la última célula de mi cuerpo, en ese momento se sentirá débil y dormida, no podrá pasar a otra dimensión, ni ir al cielo, ni permanecer flotando en el futuro; este alma mortal será tragada por los gusanos, los mismos que devorarán mi corazón, mi cabeza, mi inútil cuerpo. Y no habrá recuerdo de ella, no se la buscará entre las tumbas, su nombre se habrá esfumado, ya no podrán clasificarla como me hicieron a mí.
Una vez unidos, saldremos mi alma inmortal y yo del trozo de hielo derretido, ya liberados, sin temor al castigo perpetuo, sin represión, sin tener que reprimir mis palabras, sin tener que esconder mi amor. Entonces, ya nunca será frío insensible, será agua limpia desbordada, como un torrente de montaña en el deshielo. Ese antiguo trozo de hielo recuperará su nombre, honrará al hombre puro, aunque pueda luego convertirse de nuevo en un número, una anotación, una hipótesis, ¡qué más da!
miércoles, 13 de octubre de 2010
domingo, 10 de octubre de 2010
PALABRAS 2ª PARTE "El aprendiz de ignorante"
Nota a esta edición.
He estado tentado a no incluir aquí algunos de los relatos que siguen, si se les puede llamar así, porque al paso inexorable del tiempo hay que añadir un alto grado de bisoñería e inmadurez. Pero no sería justo conmigo ni con aquellas personas con las que disfruté de momentos inolvidables, vivencias que dieron pie a esos escritos, todos basados en experiencias reales. Por ello pido a los posibles lectores que no juzguen su calidad literaria, ni la mediocridad de la técnica, ni el indeciso curso de su desarrollo; en todo caso, valoren la idea de fondo que subyace, o la intención y la causa que las provocan. Ninguno de ellos pasará a la historia, pero están en “mi” historia, especialmente el más largo de ellos con estructura de cuento: “La historia del bolso que nadie quiso”; es más valioso que una parte de mi cuerpo, significó un punto y aparte en mi pensamiento y en mi forma de ver el mundo.
10 de Octubre de 2.010
EL APRENDIZ DE IGNORANTE
El aprendiz de ignorante era un tipo raro. Pensaba y pensaba creyendo que eso era lo más importante. Y ahí, en esa vida preguntona y ensimismada asentaba los cimientos de todos sus actos. Ni los que le conocían sabían nada de él; muchos renegaban de su presencia como si estuvieran ante un perro maloliente. Nunca supo lo que opinaban de su imagen ni qué juicios emitían sobre su personalidad. No creyó que consiguiera alguna vez un amigo de verdad, porque en los turbios terrenos de su mente no cabía completamente tal posibilidad. Siempre dudó qué hacer, qué le convenía, cuál era el paso decisivo. Tampoco estuvo seguro de su piel por algunos años. A veces se confundió con el aire, con el suelo, con las telarañas intactas de una casa abandonada; se identificó con todo para así renegar de sí mismo. Sabía que en alguna parte todas sus experiencias quedaban grabadas, y le obsesionaba no poder recordarlas cuando era necesario. Alguna vez tuvo ira, alguna vez gritó y protestó; en esas ocasiones tan escasas y distantes concentraba toda su indolencia.
Poco más se puede decir de él, era alguien tímido que esquivaba las aglomeraciones de gente, especulaba sobre su propia imagen a pesar de no tener jamás comprador. No hablaba si no se le pulsaba la tecla adecuada, no cantaba para nadie a pesar de tener buen oído y voz; amaba la música, y una de sus obsesiones era su dificultad para tocar algún instrumento. Ocultaba de esa manera todo aquello que los demás hubieran apreciado y mostraba, al contrario, su terco silencio, su alejamiento del mundo, la vanidad y el orgullo que pudiera tener; en fin, sólo lo negativo, no gustaba de satisfacer a nadie con sus virtudes ocultas y calladas. Era desconfiado, incluso egoísta, pero a veces generoso en extremo, tan cambiante que ni conocían sus puntos débiles. Simulaba pasividad, indiferencia, frialdad. Temía ser el centro de atención o llegar a ser el mejor en algo, se sentía a gusto siendo un segundón, con la cabeza baja tras los hombros del primero. A veces, cuando su estatura le hacía sobresalir de alguien, se encorvaba o se sentaba. Su aspecto era desaliñado, su color era el gris; era un amante de los números, sabía hacer rápidos cálculos pero no era un calculador prodigio. Tremendo aficionado a la soledad, pasaba sus ratos más amargos en ese estado, y también sus ratos más felices. En su intimidad solitaria se sentía seguro, pero nervioso, inquieto, tremendamente laborioso. Sentía pánico al sentir sus latidos, porque esto le hacía suponer que llevaba demasiado tiempo oyéndolos, y no tardaría mucho en sucumbir. Era un poco idólatra de sus cosas, las confundía consigo mismo, y le causaba gran dolor prestarlas y perderlas. Por eso mismo, daba lo que tenía, para combatir ese egoísmo.
Tremendo espectador, consumía su tiempo en ver, observar los actos de todos, sus reacciones y debilidades, los movimientos de las plantas, de los pájaros, de las nubes, todo lo que su vista formidable podía captar; asímismo, su gran deseo hubiera sido la de ser ciego a voluntad. Era pura contradicción, apreciaba tanto lo malo como lo bueno, y lo atribuía a su deprimente indiferencia por decidirse, seguro en su vida cautelosa de la que pendía su independencia. Todo lo basaba en la no impulsividad. Viajaba a menudo más allá de lo real, o de lo que parecía real, investigaba las causas de las cosas; se convertía así en un ente metafísico un poco brujo, que argumentaba con preguntas los por qué de los demás, dejándolo todo latente. Amante de lo inhóspito hasta el masoquismo, tan acostumbrado a estar solo que él mismo se producía su dolor.
Todas estas explicaciones son tema inerte si no se comprende cual era su vocación: no era tanto un devorador de libros como in intruso pesado en los caminos de la razón; su ciencia, no era objetiva, era la subjetividad que provoca el repliegue interno, las definiciones sin lógica, las respuestas imposibles de averiguar. Ahondaba en los senderos de su callada imaginación, superando el diálogo, iba más allá de toda conversación infructuosa. Aun así, era práctico, eludía las palabras innecesarias y al no poder encontrar las justas y apropiadas, pocas veces se encontraba en disposición de exponer su opinión.
Intentaba saber más y más de sí mismo, pues en principio se lo propuso como única tarea de utilidad. Pero al tiempo comprendió que el conocimiento de sí mismo lo impulsaba cada vez más lejos de los demás, siempre imprescindibles para comparar. Dudaba de la idoneidad del saber, de lo negativo de la ignorancia. Entonces recordaba el proceso de su juventud, aquellos años que con saber dos cosas creía poseer el mundo, con dos cosas estimaba abarcar todas las soluciones, después de desarrollarlas y deducir los conceptos y misterios por los que se rige el mundo. ¡Qué fácil era entonces! Con una sola idea podía abarcar todo lo sensorial y lo material. Con la otra recorría los esquemas de su cerebro, era psicólogo y filósofo a la vez. Se creía satisfecho de tener al mundo atrapado suponiendo haber llegado al conocimiento no explicado, desconocido, frente aquel impuesto después de tantos siglos.
Ahora, todo se había complicado, su confusión respecto al mundo trascendía a todo, su ansia espiritual conducía a un lamentable estado de impotencia, negación del saber, renegar de la comunicación… pero ¿cómo lograr no saber? ¿cómo llegar a ignorarlo todo? Así declaraba entonces: “Seguí un camino para apropiarme del mundo, y ese camino consistía en tener algo seguro. Ese camino me trajo fracasos, contradicciones, empequeñecimiento de mi naturaleza, disminución de mi persona. Mientras más creía saber más ignoraba, todo era inquietud”. La única alternativa era aprender a ser ignorante, llegar a no saber nada, a olvidarlo todo; no saber para no desear saber más, empezar desde cero cada minuto.
El aprendiz de ignorante no era un genio ni un idiota, ni un letrado ni un analfabeto, ni un monstruo ni un ángel, ni un héroe ni un cobarde, ni hombre ni mujer. Sólo un ser vivo repleto de nada. Más bien era un malentendido, una mente prostituida, un paranoico de la indiferencia, un amigo de la demencia, refugiado en el absurdo, en lo incomprensible, en lo ingenuo, en lo innecesario. Se había convertido en virtuoso de la frustración.
He estado tentado a no incluir aquí algunos de los relatos que siguen, si se les puede llamar así, porque al paso inexorable del tiempo hay que añadir un alto grado de bisoñería e inmadurez. Pero no sería justo conmigo ni con aquellas personas con las que disfruté de momentos inolvidables, vivencias que dieron pie a esos escritos, todos basados en experiencias reales. Por ello pido a los posibles lectores que no juzguen su calidad literaria, ni la mediocridad de la técnica, ni el indeciso curso de su desarrollo; en todo caso, valoren la idea de fondo que subyace, o la intención y la causa que las provocan. Ninguno de ellos pasará a la historia, pero están en “mi” historia, especialmente el más largo de ellos con estructura de cuento: “La historia del bolso que nadie quiso”; es más valioso que una parte de mi cuerpo, significó un punto y aparte en mi pensamiento y en mi forma de ver el mundo.
10 de Octubre de 2.010
EL APRENDIZ DE IGNORANTE
El aprendiz de ignorante era un tipo raro. Pensaba y pensaba creyendo que eso era lo más importante. Y ahí, en esa vida preguntona y ensimismada asentaba los cimientos de todos sus actos. Ni los que le conocían sabían nada de él; muchos renegaban de su presencia como si estuvieran ante un perro maloliente. Nunca supo lo que opinaban de su imagen ni qué juicios emitían sobre su personalidad. No creyó que consiguiera alguna vez un amigo de verdad, porque en los turbios terrenos de su mente no cabía completamente tal posibilidad. Siempre dudó qué hacer, qué le convenía, cuál era el paso decisivo. Tampoco estuvo seguro de su piel por algunos años. A veces se confundió con el aire, con el suelo, con las telarañas intactas de una casa abandonada; se identificó con todo para así renegar de sí mismo. Sabía que en alguna parte todas sus experiencias quedaban grabadas, y le obsesionaba no poder recordarlas cuando era necesario. Alguna vez tuvo ira, alguna vez gritó y protestó; en esas ocasiones tan escasas y distantes concentraba toda su indolencia.
Poco más se puede decir de él, era alguien tímido que esquivaba las aglomeraciones de gente, especulaba sobre su propia imagen a pesar de no tener jamás comprador. No hablaba si no se le pulsaba la tecla adecuada, no cantaba para nadie a pesar de tener buen oído y voz; amaba la música, y una de sus obsesiones era su dificultad para tocar algún instrumento. Ocultaba de esa manera todo aquello que los demás hubieran apreciado y mostraba, al contrario, su terco silencio, su alejamiento del mundo, la vanidad y el orgullo que pudiera tener; en fin, sólo lo negativo, no gustaba de satisfacer a nadie con sus virtudes ocultas y calladas. Era desconfiado, incluso egoísta, pero a veces generoso en extremo, tan cambiante que ni conocían sus puntos débiles. Simulaba pasividad, indiferencia, frialdad. Temía ser el centro de atención o llegar a ser el mejor en algo, se sentía a gusto siendo un segundón, con la cabeza baja tras los hombros del primero. A veces, cuando su estatura le hacía sobresalir de alguien, se encorvaba o se sentaba. Su aspecto era desaliñado, su color era el gris; era un amante de los números, sabía hacer rápidos cálculos pero no era un calculador prodigio. Tremendo aficionado a la soledad, pasaba sus ratos más amargos en ese estado, y también sus ratos más felices. En su intimidad solitaria se sentía seguro, pero nervioso, inquieto, tremendamente laborioso. Sentía pánico al sentir sus latidos, porque esto le hacía suponer que llevaba demasiado tiempo oyéndolos, y no tardaría mucho en sucumbir. Era un poco idólatra de sus cosas, las confundía consigo mismo, y le causaba gran dolor prestarlas y perderlas. Por eso mismo, daba lo que tenía, para combatir ese egoísmo.
Tremendo espectador, consumía su tiempo en ver, observar los actos de todos, sus reacciones y debilidades, los movimientos de las plantas, de los pájaros, de las nubes, todo lo que su vista formidable podía captar; asímismo, su gran deseo hubiera sido la de ser ciego a voluntad. Era pura contradicción, apreciaba tanto lo malo como lo bueno, y lo atribuía a su deprimente indiferencia por decidirse, seguro en su vida cautelosa de la que pendía su independencia. Todo lo basaba en la no impulsividad. Viajaba a menudo más allá de lo real, o de lo que parecía real, investigaba las causas de las cosas; se convertía así en un ente metafísico un poco brujo, que argumentaba con preguntas los por qué de los demás, dejándolo todo latente. Amante de lo inhóspito hasta el masoquismo, tan acostumbrado a estar solo que él mismo se producía su dolor.
Todas estas explicaciones son tema inerte si no se comprende cual era su vocación: no era tanto un devorador de libros como in intruso pesado en los caminos de la razón; su ciencia, no era objetiva, era la subjetividad que provoca el repliegue interno, las definiciones sin lógica, las respuestas imposibles de averiguar. Ahondaba en los senderos de su callada imaginación, superando el diálogo, iba más allá de toda conversación infructuosa. Aun así, era práctico, eludía las palabras innecesarias y al no poder encontrar las justas y apropiadas, pocas veces se encontraba en disposición de exponer su opinión.
Intentaba saber más y más de sí mismo, pues en principio se lo propuso como única tarea de utilidad. Pero al tiempo comprendió que el conocimiento de sí mismo lo impulsaba cada vez más lejos de los demás, siempre imprescindibles para comparar. Dudaba de la idoneidad del saber, de lo negativo de la ignorancia. Entonces recordaba el proceso de su juventud, aquellos años que con saber dos cosas creía poseer el mundo, con dos cosas estimaba abarcar todas las soluciones, después de desarrollarlas y deducir los conceptos y misterios por los que se rige el mundo. ¡Qué fácil era entonces! Con una sola idea podía abarcar todo lo sensorial y lo material. Con la otra recorría los esquemas de su cerebro, era psicólogo y filósofo a la vez. Se creía satisfecho de tener al mundo atrapado suponiendo haber llegado al conocimiento no explicado, desconocido, frente aquel impuesto después de tantos siglos.
Ahora, todo se había complicado, su confusión respecto al mundo trascendía a todo, su ansia espiritual conducía a un lamentable estado de impotencia, negación del saber, renegar de la comunicación… pero ¿cómo lograr no saber? ¿cómo llegar a ignorarlo todo? Así declaraba entonces: “Seguí un camino para apropiarme del mundo, y ese camino consistía en tener algo seguro. Ese camino me trajo fracasos, contradicciones, empequeñecimiento de mi naturaleza, disminución de mi persona. Mientras más creía saber más ignoraba, todo era inquietud”. La única alternativa era aprender a ser ignorante, llegar a no saber nada, a olvidarlo todo; no saber para no desear saber más, empezar desde cero cada minuto.
El aprendiz de ignorante no era un genio ni un idiota, ni un letrado ni un analfabeto, ni un monstruo ni un ángel, ni un héroe ni un cobarde, ni hombre ni mujer. Sólo un ser vivo repleto de nada. Más bien era un malentendido, una mente prostituida, un paranoico de la indiferencia, un amigo de la demencia, refugiado en el absurdo, en lo incomprensible, en lo ingenuo, en lo innecesario. Se había convertido en virtuoso de la frustración.
lunes, 4 de octubre de 2010
CARTA ENCONTRADA
CARTA ENCONTRADA (1.982)
Hay días en que hubiera sido mejor quedarse en la cama, a todos nos ocurre, te invade una sensación de ahogo y ansiedad cuando todo empieza a ir mal y se precipitan los acontecimientos, no sabes qué pasa. Tienes que arreglarlo lo antes posible, por lo que suele funcionar buscar una tarea que exija concentración. Entre los apuntes y temas de estudio, y con la intención de archivarlos o eliminar aquellos ya sin interés, encontré esta carta o, más bien, “declaración de amor”, no me acordaba en absoluto de ella desde aquel día, me dejó sorprendido la convicción y sinceridad que emanaba, independiente de su parca técnica y lo sencillo del lenguaje ¿Pensamos el sentimiento? Si el sentimiento es fuerte puede llega a ser aún más real que el pensamiento, más indeleble y menos pasajero… ¿tiene otro origen y otra función en la vida?.
“Quisiera decirte lo que pienso, tantos recuerdos y visiones que me inundan. Te veo en todas partes, creo que te encontraré en cualquier lugar: todo me recuerda a ti. Paso por los sitios en que tantas veces hemos estado, recuerdo todas tus cosas, tus ideas, tus manías, tu inmenso cariño siempre esperando lo mejor de mí, siempre esforzándote por comprenderme. Y yo, desgastado como un papel viejo, tan despistado de todo lo que significas para mí, enmarañado en una red de contradicciones abstractas, vagando en un no existir incomprensible.
Te sigo viendo, necesitando tu ser entero en todo momento, oírte hablar mientras sé que me quieres, mientras construíamos una vida. Pero yo, aislado en mi tumba no sé por qué capricho endemoniado, quizá negándome a mí mismo ignorante de mi tesoro, temiendo cuando nada tengo que temer, cuando sólo la sinceridad y la entrega son válidas, ahora sabiendo qué maravilloso es ser tu amigo, qué feliz hecho fue encontrarte, aprender de ti como aún hoy… ¿qué es sentir la vida sino amarla junto con su libertad para amar?... porque no hay barreras, no puede haberlas entre nosotros.
Me siento decepcionado, haber perdido aunque hayan sido segundos de tu amor, de la unión contigo en cuerpo y alma. Quiero luchar por conseguirte de nuevo, para restablecer la paz y la felicidad, intentar desnudar los sentimientos, la verdad y la ilusión para ti.
Hay días en que hubiera sido mejor quedarse en la cama, a todos nos ocurre, te invade una sensación de ahogo y ansiedad cuando todo empieza a ir mal y se precipitan los acontecimientos, no sabes qué pasa. Tienes que arreglarlo lo antes posible, por lo que suele funcionar buscar una tarea que exija concentración. Entre los apuntes y temas de estudio, y con la intención de archivarlos o eliminar aquellos ya sin interés, encontré esta carta o, más bien, “declaración de amor”, no me acordaba en absoluto de ella desde aquel día, me dejó sorprendido la convicción y sinceridad que emanaba, independiente de su parca técnica y lo sencillo del lenguaje ¿Pensamos el sentimiento? Si el sentimiento es fuerte puede llega a ser aún más real que el pensamiento, más indeleble y menos pasajero… ¿tiene otro origen y otra función en la vida?.
“Quisiera decirte lo que pienso, tantos recuerdos y visiones que me inundan. Te veo en todas partes, creo que te encontraré en cualquier lugar: todo me recuerda a ti. Paso por los sitios en que tantas veces hemos estado, recuerdo todas tus cosas, tus ideas, tus manías, tu inmenso cariño siempre esperando lo mejor de mí, siempre esforzándote por comprenderme. Y yo, desgastado como un papel viejo, tan despistado de todo lo que significas para mí, enmarañado en una red de contradicciones abstractas, vagando en un no existir incomprensible.
Te sigo viendo, necesitando tu ser entero en todo momento, oírte hablar mientras sé que me quieres, mientras construíamos una vida. Pero yo, aislado en mi tumba no sé por qué capricho endemoniado, quizá negándome a mí mismo ignorante de mi tesoro, temiendo cuando nada tengo que temer, cuando sólo la sinceridad y la entrega son válidas, ahora sabiendo qué maravilloso es ser tu amigo, qué feliz hecho fue encontrarte, aprender de ti como aún hoy… ¿qué es sentir la vida sino amarla junto con su libertad para amar?... porque no hay barreras, no puede haberlas entre nosotros.
Me siento decepcionado, haber perdido aunque hayan sido segundos de tu amor, de la unión contigo en cuerpo y alma. Quiero luchar por conseguirte de nuevo, para restablecer la paz y la felicidad, intentar desnudar los sentimientos, la verdad y la ilusión para ti.
jueves, 23 de septiembre de 2010
PALABRAS X y XI
X
Puedes verme, puedes sentirme; espérame si quieres hacerlo. No soy como un objeto de museo, ni una estampa que miramos para ver si ya se puso amarilla. Soy como otros que pueden sentir como el más indefenso animal. Y como tal ser de vida intuitiva, oigo las pisadas a hombre y temo por mi fragilidad. Ni estoy pasado del tiempo que me ha tocado, ni quiero anticiparme a lo que no conozco. Pretendo actuar como tal ser humano, pero sin prejuicios universales que lleguen a perturbar mi camino.
Sin embargo, no cantéis alabanzas, ni temáis por mí muerte, porque ya lo haríais con retraso; estoy casi sin vida ya y todo lazo que intente atarme aquí podré disolverlo sin esfuerzo. Tendedme, sí, un lazo eterno al que pueda aferrarme para siempre. Entonces, pisad sobre mi tumba, para dar por terminadas mis ansias de expansión. Ya no estoy sustentado por mis ideas, que no fueron sino cables entrelazados que se desataron y se perdieron por el espacio, para ahora volver a mí y llorar por mi inutilidad. Los que me desearon encontrar de frente observaron cómo desaparecía sorteando sin rumbo fijo los obstáculos. Como animal acorralado, no estoy seguro sino en mi soledad, aún cuando proliferen ideales externos, que asumiré en otro momento. Canté sin saber de canciones, hablé sin conocer las palabras, ¡qué desdicha!, oí sólo lo que por dentro acontecía.
Y no puedo asegurar que estoy escribiendo ahora, no soy el dueño de mi mano que va formando frases. Los dedos hacen movimientos, surgen signos, no me fijo en como lo hacen. Así que cogemos un lápiz o un artefacto con tinta y, ya está, no sabemos cómo, pero al final vemos un montón de garabatos que no sabemos para qué llegaron allí. Prefiero no preocuparme de este misterio, aun sabiendo de que somos capaces de escribir como queramos, pero no lo que queremos. No deberíamos titular una obra escrita con nuestro nombre o pseudónimo. Sería más justo decir que tal mano dispuso los elementos a su antojo confabulándose con el papel, nuestro ser consciente y pensante no ha tenido nada que ver. ¿Quién puso las ideas? ¿Quién dotó a la mano de poder?
Lo peor del exceso de escritura es que ya no cabemos en tanta profusión de libros, en un ejército de manos distintas, incansables y ávidas de perfeccionarse, de conseguir una belleza de estilos sin considerar demasiado el fondo. Aún así, deberíamos establecer cada uno una póliza de seguros que amparara su deformación, basta una herida para producir resultados distintos, como se hace con las piernas de un bailarín, la voz de un cantante, incluso el cerebro de un jugador de ajedrez.
¡Tantas palabras hay formando frases que no dicen nada! Al revisarlas, a veces desisto en mis deseos de garabatear, creyendo que todas las necedades están escritas ya, que todo es una pura copia de lo que ya existe. ¡Ojalá no sea verdad!, en mi mente danza la idea de que el mundo es una gran máquina, cuya función es la de fabricar copias más o menos perfectas de distintos tipos de hombres, lanzarlos por todas partes y llenar el mundo de gente generando diferencias a partir del mismo patrón, generando una serie de embriones deformados de lo que fue en su día un molde perfecto: el primer espécimen de raza humana.
Después, en un arrebato de orgullo, titulamos una obra con nuestro nombre, cuando sólo son seguros y diferentes nuestros hechos, que jamás serán bien explicados en los libros, porque todo se debe al trabajo autómata de esas manos, tarea que nos es absolutamente ajena.
XI
Nos debatimos de forma inconsciente entre el aire que respiramos y su proceso de absorción, para purificar levemente la suciedad acumulada, que pide a gritos su renovación. No conozco el alcance de mi pensamiento, ni siquiera si existe algo distinto y profundo. Quizá seamos puras y simples apariencias, justo lo que los demás saben de nosotros. Es dudoso llegar al conocimiento de nosotros si resulta que no poseemos nada. Pero nos comprometemos con el pensamiento intentando detectar los cambios, profundizamos para no caer en la sensación de desencanto. Pienso lo que hago, no al revés; este constante actuar no sigue una línea fija, meditada y preexistente a la que obedezca la acción.
A veces me dicen que mis escritos son tan raros como mis actos, que son tan genuinamente míos que ningún otro podría emularlo. ¡Qué extraño les parezco! ¡Si supieran que es falso! Yo creo todo lo contrario, soy demasiado simple y común, o a mí me lo parece, y esa misma simplicidad me obliga e explicarla con conceptos ambiguos, dando una apariencia irreal. Puede que me camufle sinceramente en una hipotética personalidad que quisiera obtener, pero que de ninguna forma existe, sólo como posibilidad. Quizá sea debido al ansia perpetua de no pasar totalmente desapercibido, de que mi flexible incongruencia tiene un límite al que no sé llegar. En este trecho angustioso hay una actividad interna que desea hacer más ligero al cuerpo, de convertir en inexistentes a su vez al espacio y al tiempo, mientras me transporto a confines en los que las ideas dirigidas a ese yo que quedó detrás, y que anda a un paso tras de mí, ya no se desean asimilar.
Por otro lado, me convierto en una poderosa grabadora muda e inaccesible, que como tal no pregunta, ni responde con acento propio, ni siquiera puedo verla aunque soy yo, no puedo atravesar con la mirada para observar, sumidos en un movimiento eterno, esos engendros acumulados que parecen copias de algo natural. Entonces se me hace precisa la huida, sin ningún límite previsto, sin llegar a definir esos otros mundos a los que llego impulsado y que temo por desconocidos, aún ligados estrechamente al pasado y engendrados por él.
Cuando te sientes con algo duro al cuello que va apretando cada vez más, el instinto te ayuda a deshilacharlo aminorando su presión. Si logras soltarte momentáneamente y huyes sin rumbo buscando nuevas defensas que sirvan para repeler otros nuevos lazos, empiezas a creer en el futuro y te ríes a carcajadas del pasado fastidioso. Es así como consigues la fuerza para sacar provecho a los nuevos mundos por conquistar, y sientes una especie de felicidad porque el esfuerzo no fue en vano, incluso te asalta una inusual sensación de seguridad y tranquilidad, justo con el mismo cuerpo con el que antes manejabas peligrosamente armas mortales. Te sientes así dueño del mundo.
Puedes verme, puedes sentirme; espérame si quieres hacerlo. No soy como un objeto de museo, ni una estampa que miramos para ver si ya se puso amarilla. Soy como otros que pueden sentir como el más indefenso animal. Y como tal ser de vida intuitiva, oigo las pisadas a hombre y temo por mi fragilidad. Ni estoy pasado del tiempo que me ha tocado, ni quiero anticiparme a lo que no conozco. Pretendo actuar como tal ser humano, pero sin prejuicios universales que lleguen a perturbar mi camino.
Sin embargo, no cantéis alabanzas, ni temáis por mí muerte, porque ya lo haríais con retraso; estoy casi sin vida ya y todo lazo que intente atarme aquí podré disolverlo sin esfuerzo. Tendedme, sí, un lazo eterno al que pueda aferrarme para siempre. Entonces, pisad sobre mi tumba, para dar por terminadas mis ansias de expansión. Ya no estoy sustentado por mis ideas, que no fueron sino cables entrelazados que se desataron y se perdieron por el espacio, para ahora volver a mí y llorar por mi inutilidad. Los que me desearon encontrar de frente observaron cómo desaparecía sorteando sin rumbo fijo los obstáculos. Como animal acorralado, no estoy seguro sino en mi soledad, aún cuando proliferen ideales externos, que asumiré en otro momento. Canté sin saber de canciones, hablé sin conocer las palabras, ¡qué desdicha!, oí sólo lo que por dentro acontecía.
Y no puedo asegurar que estoy escribiendo ahora, no soy el dueño de mi mano que va formando frases. Los dedos hacen movimientos, surgen signos, no me fijo en como lo hacen. Así que cogemos un lápiz o un artefacto con tinta y, ya está, no sabemos cómo, pero al final vemos un montón de garabatos que no sabemos para qué llegaron allí. Prefiero no preocuparme de este misterio, aun sabiendo de que somos capaces de escribir como queramos, pero no lo que queremos. No deberíamos titular una obra escrita con nuestro nombre o pseudónimo. Sería más justo decir que tal mano dispuso los elementos a su antojo confabulándose con el papel, nuestro ser consciente y pensante no ha tenido nada que ver. ¿Quién puso las ideas? ¿Quién dotó a la mano de poder?
Lo peor del exceso de escritura es que ya no cabemos en tanta profusión de libros, en un ejército de manos distintas, incansables y ávidas de perfeccionarse, de conseguir una belleza de estilos sin considerar demasiado el fondo. Aún así, deberíamos establecer cada uno una póliza de seguros que amparara su deformación, basta una herida para producir resultados distintos, como se hace con las piernas de un bailarín, la voz de un cantante, incluso el cerebro de un jugador de ajedrez.
¡Tantas palabras hay formando frases que no dicen nada! Al revisarlas, a veces desisto en mis deseos de garabatear, creyendo que todas las necedades están escritas ya, que todo es una pura copia de lo que ya existe. ¡Ojalá no sea verdad!, en mi mente danza la idea de que el mundo es una gran máquina, cuya función es la de fabricar copias más o menos perfectas de distintos tipos de hombres, lanzarlos por todas partes y llenar el mundo de gente generando diferencias a partir del mismo patrón, generando una serie de embriones deformados de lo que fue en su día un molde perfecto: el primer espécimen de raza humana.
Después, en un arrebato de orgullo, titulamos una obra con nuestro nombre, cuando sólo son seguros y diferentes nuestros hechos, que jamás serán bien explicados en los libros, porque todo se debe al trabajo autómata de esas manos, tarea que nos es absolutamente ajena.
XI
Nos debatimos de forma inconsciente entre el aire que respiramos y su proceso de absorción, para purificar levemente la suciedad acumulada, que pide a gritos su renovación. No conozco el alcance de mi pensamiento, ni siquiera si existe algo distinto y profundo. Quizá seamos puras y simples apariencias, justo lo que los demás saben de nosotros. Es dudoso llegar al conocimiento de nosotros si resulta que no poseemos nada. Pero nos comprometemos con el pensamiento intentando detectar los cambios, profundizamos para no caer en la sensación de desencanto. Pienso lo que hago, no al revés; este constante actuar no sigue una línea fija, meditada y preexistente a la que obedezca la acción.
A veces me dicen que mis escritos son tan raros como mis actos, que son tan genuinamente míos que ningún otro podría emularlo. ¡Qué extraño les parezco! ¡Si supieran que es falso! Yo creo todo lo contrario, soy demasiado simple y común, o a mí me lo parece, y esa misma simplicidad me obliga e explicarla con conceptos ambiguos, dando una apariencia irreal. Puede que me camufle sinceramente en una hipotética personalidad que quisiera obtener, pero que de ninguna forma existe, sólo como posibilidad. Quizá sea debido al ansia perpetua de no pasar totalmente desapercibido, de que mi flexible incongruencia tiene un límite al que no sé llegar. En este trecho angustioso hay una actividad interna que desea hacer más ligero al cuerpo, de convertir en inexistentes a su vez al espacio y al tiempo, mientras me transporto a confines en los que las ideas dirigidas a ese yo que quedó detrás, y que anda a un paso tras de mí, ya no se desean asimilar.
Por otro lado, me convierto en una poderosa grabadora muda e inaccesible, que como tal no pregunta, ni responde con acento propio, ni siquiera puedo verla aunque soy yo, no puedo atravesar con la mirada para observar, sumidos en un movimiento eterno, esos engendros acumulados que parecen copias de algo natural. Entonces se me hace precisa la huida, sin ningún límite previsto, sin llegar a definir esos otros mundos a los que llego impulsado y que temo por desconocidos, aún ligados estrechamente al pasado y engendrados por él.
Cuando te sientes con algo duro al cuello que va apretando cada vez más, el instinto te ayuda a deshilacharlo aminorando su presión. Si logras soltarte momentáneamente y huyes sin rumbo buscando nuevas defensas que sirvan para repeler otros nuevos lazos, empiezas a creer en el futuro y te ríes a carcajadas del pasado fastidioso. Es así como consigues la fuerza para sacar provecho a los nuevos mundos por conquistar, y sientes una especie de felicidad porque el esfuerzo no fue en vano, incluso te asalta una inusual sensación de seguridad y tranquilidad, justo con el mismo cuerpo con el que antes manejabas peligrosamente armas mortales. Te sientes así dueño del mundo.
miércoles, 1 de septiembre de 2010
PALABRAS VII, VIII y IX
VII
Pasear, pasear por las calles modernas, de grandes aceras, me pierdo en ellas. Árboles colocados geométricamente a la misma distancia, con la cabeza fija en el suelo, sólo levanto la vista para no tropezar con nada ni nadie, cada cierto número de metros, escondido tras robustas señoras y etiquetados hombres, siempre con la sensación de huir de algo, con el temor de que me acusen de algún delito. Ese es mi paseo, temeroso de no sobresalir entre la gente.
Mientras, el alma del diablo que llevo dentro, escondido hace años, tan familiar, alimentándose continuamente de mis tropiezos, sale a veces de su oscuro escondrijo, sin importarle en absoluto que las formas de mi personalidad sufran el daño potente de la inactividad. Un diablo astuto y enfadado que no sabe del carácter y sí de la vulgaridad del arisco ser humano, que sólo entiende las palabras de su propia ley. Va matando como la poesía mal escrita, como grafismos presuntuosos sobre papel cartón, que no sabe de emociones, ni de advertencias, ni comprende que yo, hombre por nacer, quiera ir resolviendo los actos de mi ingenua compostura humana, ni aprecia que lo oculte cuando su herida, que no cicatriza, va ensanchándose para llegar a destruirme. Ese diablo desapacible, que llamo con cualquier nombre, tal vez el mío, que le doy la mano y saludo, le hago muecas de sonrisa olvidando lo que tengo que achacarle, que voy a verle y visitarle cuando no sale de mí, hasta me molesta que haya un momento en que pare su negatividad. Ya significa para mí un inevitable vicio que tengo que sufrir, que no haya lugar en que crea que desaparece y le venza. Ya no temo su monstruosidad, soy tan monstruo como él, su huella acaso no se extinga, dentro del paso del alma eterna.
Su mugrienta misión tendrá larga vida, como un viejo parásito adherido. De todos modos, nunca llegará a confundirse conmigo, es un ente aparte que tiene completa libertad de acción, y esa libertad supone la base de mi esperanza.
VIII
Nunca conocí a nadie libre de preocupaciones, a nadie encontré que no estallara a veces, que se alejara furioso del mundo y le injuriara, a su vida misma, a sus padres por procrearlo. A nadie vi exento de tal arrebato, por más gente que observé y estudié, por más diversas que fueran sus ideologías. Si no lo manifestaban en público, por defensa hacia su imagen, lo hacían en su soledad, despreciándolo todo.
No hay método ni punto de vista más aceptable que cualquier otro, cada uno entraña una afirmación ó una negación, un parecido porcentaje de fracaso ó de éxito. El error ó la verdad están en la mente del hombre, de ahí su imperfección. Entonces, ¿para qué defender ó despreciar determinada doctrina? ¿No será más útil dejar atrás el propio pensamiento, para manejarnos según nuestra voluntad? Si toda idea está predestinada a dejar de ser cierta ¿dónde está el orgullo necesario para hacer fuerte la nuestra, sin complejos, frente a la de nuestros semejantes? El hecho de defender una postura es ya un problema, implica tener una seguridad que no tenemos.
Es evidente la uniformidad que envuelve al ser humano. Si somos capaces de razonar, aunque de forma vaga y principiante, si estamos en la vida y no en otro estrato más lejano… ¿no tendrá cualquiera su orgullo, sus ilusiones, sus alegrías, sus decepciones? ¿puede decirse que la fama, el dinero, la aparente felicidad de algunos no es comparable a la del mísero e ignorado? ¿podemos negar que cada uno ansía más de lo que tiene, que nadie se conforma con su situación por envidiable que parezca? ¿cuando dejaremos de destruirnos por los momentos de desolación, ignorando que todos padecen periódicamente la misma frustración? Olvidamos que mientras más ricos, más pobres somos.
La vida es una riqueza en sí misma, por más esclavos o señores que seamos, por más indiferentes o absurdos que sean nuestros actos. No debemos creer en la predestinación, ni en el fatalismo, ni en un deseo constante por lograr un más allá más generoso. La vida se nos ha dado a todos por igual, el más discriminado puede ser el más feliz, cuando sueña algún día salir de su opresión; puede que la felicidad radique en la ilusión y no en la consecución de lo deseado. El más libre no está exento de ser manejado, el más pobre aspira a ser rico, el más rico… ¿a qué aspirará? Quizá la imperfección es lo perfecto, y el fracaso, la victoria. Si nos quejamos de nuestra situación es porque nuestra naturaleza nos lo exige, siempre más, siempre insatisfechos, en la lucha conseguimos el equilibrio.
El pensamiento implica esa libertad, exponer lo que se cree aún sabiendo que es difícil de probar. Aceptamos la palabrería y el conocimiento de los que nos precedieron, y tranquilamente nos conformamos y tragamos, añadiéndole algunos datos para que parezca personal. Cualquier idea puede existir ya en nosotros sin saberlo, y no fuera de nuestro alcance, aunque hayan sido ya expuestas, porque cada uno está lleno de originalidad. Dentro caben todas las posibilidades del pensamiento, toda cualidad, todo defecto, toda desgracia, cualquier bien o mal siempre tendrán oportunidad de surgir, ya que esa uniformidad tan dispar nos engloba a todos, y cada uno de los matices de lo humano nos iguala seamos grandes o pequeños.
IX
El fantasma de nuestras identidades no debe ser concebido como expresión única de nuestro ser, pero su tumulto confunde a la voz verdadera que te habla, la cual no quieres callar a toda costa... ¿dónde estás, amistad? ¿dónde acabo yo y empiezan los demás? ¿en qué lugar de mí se encuentra la gente? ¿cual es el camino para hallar el verdadero camino? ¿o sólo hay un camino? ¿quién se siente seguro con otra persona?... La amistad, pero ¡que palabra! A veces, se utiliza tan mal. Juguete desconocido, pero arma imprescindible.
¡Tanta palabra y tan poco hecho! ¡tanta ilusión y esperanza en un futuro mejor! Y, ¿qué hacemos en el presente? ¿naufragamos, nos evadimos con sensaciones superficiales? ¿Qué es lo que realmente lanza hacia la felicidad? Amigos, ¿qué debo pediros? ¿qué debe haber entre nosotros para considerarnos sin temor amigos fieles? Sin embargo, miento, os llamo amigos, y no lo siento. Mi inseguridad y recelo disloca mis pensamientos, transforma en hipocresía mis defectos más evidentes. Mentiría si os pidiera que alejarais la falsa idea que tenéis de mí. Me confundo y camino hacia la torpeza, la indigencia, la indiferencia y hasta la crueldad, pero son falsas. No sé por qué hago de mí una imagen tan retorcida, incoherente, inestable, inasible. Desprecio todo eso, pero lo hago, continúo confundiendo, como si me sintiera muy alejado de todos y hundido en mi abismo particular, cubierto con una capa engañosa. Esa lámina opaca me aplasta y se convierte en mi propia máscara.
¿Dónde está la alegría que necesito, por que no se marcha la preocupación? Habrá que intentar tener las puertas abiertas, salir de uno, buscar algo que nos integre de nuevo, confiar en alguien, superar la inmadurez grupal, reconocer mi ignorancia de lo perfecto en el ser humano y renunciar a su crítica. Últimamente, he mantenido una postura de mínima relación de cordialidad, quizá un saludo expresivo, un adiós lacónico, un gesto en silencio, ¡y sólo con eso pretendía ser entendido!
Luego, una escueta conversación con un desconocido fue descorriendo un visillo que mostraba una vida distinta, se veía todo un mundo en nosotros abandonado, fascinante y posible que podía y pedía renovarse, tenía como eje la convivencia, el trabajo en grupo, dejados a un lado anteriormente…, quizá merezca la pena intentarse. Pero… ¿cómo?
Pasear, pasear por las calles modernas, de grandes aceras, me pierdo en ellas. Árboles colocados geométricamente a la misma distancia, con la cabeza fija en el suelo, sólo levanto la vista para no tropezar con nada ni nadie, cada cierto número de metros, escondido tras robustas señoras y etiquetados hombres, siempre con la sensación de huir de algo, con el temor de que me acusen de algún delito. Ese es mi paseo, temeroso de no sobresalir entre la gente.
Mientras, el alma del diablo que llevo dentro, escondido hace años, tan familiar, alimentándose continuamente de mis tropiezos, sale a veces de su oscuro escondrijo, sin importarle en absoluto que las formas de mi personalidad sufran el daño potente de la inactividad. Un diablo astuto y enfadado que no sabe del carácter y sí de la vulgaridad del arisco ser humano, que sólo entiende las palabras de su propia ley. Va matando como la poesía mal escrita, como grafismos presuntuosos sobre papel cartón, que no sabe de emociones, ni de advertencias, ni comprende que yo, hombre por nacer, quiera ir resolviendo los actos de mi ingenua compostura humana, ni aprecia que lo oculte cuando su herida, que no cicatriza, va ensanchándose para llegar a destruirme. Ese diablo desapacible, que llamo con cualquier nombre, tal vez el mío, que le doy la mano y saludo, le hago muecas de sonrisa olvidando lo que tengo que achacarle, que voy a verle y visitarle cuando no sale de mí, hasta me molesta que haya un momento en que pare su negatividad. Ya significa para mí un inevitable vicio que tengo que sufrir, que no haya lugar en que crea que desaparece y le venza. Ya no temo su monstruosidad, soy tan monstruo como él, su huella acaso no se extinga, dentro del paso del alma eterna.
Su mugrienta misión tendrá larga vida, como un viejo parásito adherido. De todos modos, nunca llegará a confundirse conmigo, es un ente aparte que tiene completa libertad de acción, y esa libertad supone la base de mi esperanza.
VIII
Nunca conocí a nadie libre de preocupaciones, a nadie encontré que no estallara a veces, que se alejara furioso del mundo y le injuriara, a su vida misma, a sus padres por procrearlo. A nadie vi exento de tal arrebato, por más gente que observé y estudié, por más diversas que fueran sus ideologías. Si no lo manifestaban en público, por defensa hacia su imagen, lo hacían en su soledad, despreciándolo todo.
No hay método ni punto de vista más aceptable que cualquier otro, cada uno entraña una afirmación ó una negación, un parecido porcentaje de fracaso ó de éxito. El error ó la verdad están en la mente del hombre, de ahí su imperfección. Entonces, ¿para qué defender ó despreciar determinada doctrina? ¿No será más útil dejar atrás el propio pensamiento, para manejarnos según nuestra voluntad? Si toda idea está predestinada a dejar de ser cierta ¿dónde está el orgullo necesario para hacer fuerte la nuestra, sin complejos, frente a la de nuestros semejantes? El hecho de defender una postura es ya un problema, implica tener una seguridad que no tenemos.
Es evidente la uniformidad que envuelve al ser humano. Si somos capaces de razonar, aunque de forma vaga y principiante, si estamos en la vida y no en otro estrato más lejano… ¿no tendrá cualquiera su orgullo, sus ilusiones, sus alegrías, sus decepciones? ¿puede decirse que la fama, el dinero, la aparente felicidad de algunos no es comparable a la del mísero e ignorado? ¿podemos negar que cada uno ansía más de lo que tiene, que nadie se conforma con su situación por envidiable que parezca? ¿cuando dejaremos de destruirnos por los momentos de desolación, ignorando que todos padecen periódicamente la misma frustración? Olvidamos que mientras más ricos, más pobres somos.
La vida es una riqueza en sí misma, por más esclavos o señores que seamos, por más indiferentes o absurdos que sean nuestros actos. No debemos creer en la predestinación, ni en el fatalismo, ni en un deseo constante por lograr un más allá más generoso. La vida se nos ha dado a todos por igual, el más discriminado puede ser el más feliz, cuando sueña algún día salir de su opresión; puede que la felicidad radique en la ilusión y no en la consecución de lo deseado. El más libre no está exento de ser manejado, el más pobre aspira a ser rico, el más rico… ¿a qué aspirará? Quizá la imperfección es lo perfecto, y el fracaso, la victoria. Si nos quejamos de nuestra situación es porque nuestra naturaleza nos lo exige, siempre más, siempre insatisfechos, en la lucha conseguimos el equilibrio.
El pensamiento implica esa libertad, exponer lo que se cree aún sabiendo que es difícil de probar. Aceptamos la palabrería y el conocimiento de los que nos precedieron, y tranquilamente nos conformamos y tragamos, añadiéndole algunos datos para que parezca personal. Cualquier idea puede existir ya en nosotros sin saberlo, y no fuera de nuestro alcance, aunque hayan sido ya expuestas, porque cada uno está lleno de originalidad. Dentro caben todas las posibilidades del pensamiento, toda cualidad, todo defecto, toda desgracia, cualquier bien o mal siempre tendrán oportunidad de surgir, ya que esa uniformidad tan dispar nos engloba a todos, y cada uno de los matices de lo humano nos iguala seamos grandes o pequeños.
IX
El fantasma de nuestras identidades no debe ser concebido como expresión única de nuestro ser, pero su tumulto confunde a la voz verdadera que te habla, la cual no quieres callar a toda costa... ¿dónde estás, amistad? ¿dónde acabo yo y empiezan los demás? ¿en qué lugar de mí se encuentra la gente? ¿cual es el camino para hallar el verdadero camino? ¿o sólo hay un camino? ¿quién se siente seguro con otra persona?... La amistad, pero ¡que palabra! A veces, se utiliza tan mal. Juguete desconocido, pero arma imprescindible.
¡Tanta palabra y tan poco hecho! ¡tanta ilusión y esperanza en un futuro mejor! Y, ¿qué hacemos en el presente? ¿naufragamos, nos evadimos con sensaciones superficiales? ¿Qué es lo que realmente lanza hacia la felicidad? Amigos, ¿qué debo pediros? ¿qué debe haber entre nosotros para considerarnos sin temor amigos fieles? Sin embargo, miento, os llamo amigos, y no lo siento. Mi inseguridad y recelo disloca mis pensamientos, transforma en hipocresía mis defectos más evidentes. Mentiría si os pidiera que alejarais la falsa idea que tenéis de mí. Me confundo y camino hacia la torpeza, la indigencia, la indiferencia y hasta la crueldad, pero son falsas. No sé por qué hago de mí una imagen tan retorcida, incoherente, inestable, inasible. Desprecio todo eso, pero lo hago, continúo confundiendo, como si me sintiera muy alejado de todos y hundido en mi abismo particular, cubierto con una capa engañosa. Esa lámina opaca me aplasta y se convierte en mi propia máscara.
¿Dónde está la alegría que necesito, por que no se marcha la preocupación? Habrá que intentar tener las puertas abiertas, salir de uno, buscar algo que nos integre de nuevo, confiar en alguien, superar la inmadurez grupal, reconocer mi ignorancia de lo perfecto en el ser humano y renunciar a su crítica. Últimamente, he mantenido una postura de mínima relación de cordialidad, quizá un saludo expresivo, un adiós lacónico, un gesto en silencio, ¡y sólo con eso pretendía ser entendido!
Luego, una escueta conversación con un desconocido fue descorriendo un visillo que mostraba una vida distinta, se veía todo un mundo en nosotros abandonado, fascinante y posible que podía y pedía renovarse, tenía como eje la convivencia, el trabajo en grupo, dejados a un lado anteriormente…, quizá merezca la pena intentarse. Pero… ¿cómo?
martes, 24 de agosto de 2010
PALABRAS IV, V y VI
IV
No hay remedio posible para la indiferencia del hombre. Ese concepto, que tanto me asustaba, se hacía presa de mí y me ataba, me sojuzgaba en un pacto informe. No sólo era ya producto de una crisis, sino que además la alimentaba con elementos de mi propio hastío. Si hay un peligro mayor para el ser humano es la desconfianza en sí mismo, y eso formaba ahora la parte oxidada de mi existencia. No había salida razonable de este engaño, ni una dosis calculada de sonrisas era capaz de aplastar por completo esta vida vacía. Si me inventaba cien y una formas de explicar mi ansiedad ante mí y en voz baja casi imperceptible, por otra parte me resultaba problema enorme el exponerla ante mis amigos. No encontraba soluciones ni imaginaba caminos de salvación; hasta eso lo consideraba ya como lo más anodino e insustancial. Pasaba las horas observando, instigando en todo lo exterior como si allí se encontrara la vacuna contra mi mal. Días enteros vagando solo por las calles, sin ninguna ambición satisfactoria, sin ningún anhelo de felicidad. Era un ente corrupto y disminuido, falto de energía y plasticidad, sustentado entre invisibles filamentos de actividad. Ante el mundo, era un muerto; ante mí, un caos, un extraño. Pasaba por ser alguien con cierto estilo, rechazando todo lo arbitrario, todo lo que, por un impulso dado, obtenía una respuesta exacta. Estaba furioso con ese rutinario mecanismo hacia el cual el espectro del mundo me lanzaba, odiaba tener algún día la madurez de los demás hombres. Era un niño completamente maduro, al que de un solo golpe querían quitarle toda su juventud y convertirlo en un número encajable en una lista. A cada paso deseaba quedarme muerto y dejar como testamento a mis amigos toda mi confusión plasmada en papel. Pero era incapaz de prever mi suicidio; quería dejar de existir, pero sin que yo hiciera nada por aligerarlo.
Ahora, tumbado en la hierba, me parece todo muy lejano, con la sólida sensación de que todo pasó hace un año, cuando hasta pocos minutos antes tenía una mente agonizante. Reclinado aquí, la vida se parece a una fruta amarga, y no sólo la mía, sino que creo ver lo mismo en todos los demás. Sin esperar algún suceso trascendental que fuera la fórmula de salir del abismo, sin hablar ni lo necesario y callando así el fuego interno. Sólo imaginar la salida inmediata, la que ningún desgate mental puede provocar, la que satisface por momentos.
El reposo, al igual que Dios, es perceptible pero no fiable. Por los sentidos nos figuramos que conocemos ciertos objetos que permanecen en completa quietud, pero no podemos fiarnos de ellos, porque vivimos, jugamos y alucinamos. Este tránsito vivaz nos prefigura el fluir móvil y juguetón de todo lo que aparenta estar inerte, ya que si somos nosotros y no otros los que juzgamos los hechos, éstos deben ser activos, inaccesibles para ellos mismos, inconstantes, inquietos, aún si sólo fuera por aparentar el movimiento del hombre. Dios, ó el Todo lo tenemos como ejemplo de valoración interna, regido por el corazón, espiado por el cerebro, cegado por la vista, guiado por la necesidad. Podemos atribuirle cualidades y modos, intemporalidad y perfección, pero sólo porque está escrito que llegaremos a confundirnos con eso. Dios existe en potencia en cada uno, y su coeficiente aumenta en cada generación, en cada siglo, en cada descubrimiento; si existiera ya debiera ser tan simple como nosotros. ¿Cómo podemos acotar lo que nos afirman de un dios imaginado cuando ni siquiera podemos asegurar el hecho de ser, cuando no hay seguridad absoluta de que existimos?
V
Cierto día me pasaron una bandeja con distintos tipos de desesperación, apetitosos informes de amigos sin esperanza, buenos a la vista, incitando su captura resuelta, todos con un toque personal. Uno de ellos soportaba una inmensa guinda, casi tapando todo lo demás: así quería demostrar cuál era su tipo de depresión. Fui examinándolos todos, pero me fijé expresamente en uno; era como un pastel gris y sencillo, sin ningún atractivo aparente, sin ningún adorno expuesto en su superficie que incitara a paladearlo. Parecía estar allí medio olvidado, con manchas diversas y numerosas de otros compañeros ya liberados, sin marcar un sitio importante en todo el espacio posible, sin aparentar otra cosa que su sinceridad y transparencia, su tranquilidad y cordura manifiesta ante otros más pegajosos y exquisitos. Sin importarle si su minimalismo daba un toque feo al cuadro general. Sólo absorto en sí mismo, preguntando y resolviendo sus por qué. Callado y ausente en su propia maravilla de conocer nada y dudar de todo, de cantar a la gente por permitirle por permitirle apreciar y enjuiciar todo lo que se siente. Esperando quieto, reposando del largo momento que ha iniciado con los pasos contados. Sobrecogiéndose ante su búsqueda infructuosa de lo que es posible conocer, sabiendo que ningún acto es el último, que ninguna palabra es la primera. Que entre sus amigos no hay escalas de menor a mayor satisfacción y admiración, seguro de no estar por delante ni por detrás de ninguno. Sintiendo la preocupación de ser orgulloso, de hacer lo que debe hacer, de pensar lo necesario, de estar en el sitio idóneo. Con el temor de un presente menos duradero que el anterior, de un futuro más nefasto que el pasado, con ambiciones de poca probabilidad y la utopía de querer volver a la niñez.
Si me fijé en él más que en ningún otro no fue por un sentimiento de lástima, ni por una curiosidad caprichosa, ni por un impulso de superioridad que me llevara a degustar el manjar más extraño. Era como si una cadena atara repentinamente los dos cuerpos sin saber ninguno la causa de tal ligazón. Como si hubiéramos nacido juntos, y la historia de uno evocara necesariamente la del otro. Pero, como en toda cadena, siempre hay eslabones que separan y diferencian un elemento de otro, siempre hay un bloque macizo que no deja ver el otro lado, sólo suponer y plantearse como posible lo que en uno es irremediable.
Y su presentación ante mí no forzaba una diferencia de rango, ni una evasión, ni siquiera el atisbo de que eso pueda ser cierto. No obstante, entre dos personas no puede existir ni una identidad ni una oposición absoluta, ni un punto intermedio entre uno y otro. Sólo hay una característica esencial: lo distinto, lo semejante, y no está en nuestras manos establecer clases, simplemente porque no existen.
Del mismo modo, no tomaré de él como si fuera un destino a elegir, por más claro que me lo presenten, sino que, como alternativa contradictoria, me adentraré más en su forma para ver más cerca mi profundidad, me introduciré más en su carácter para, a fin de cuentas, saborear más gustosamente mi propia personalidad. Si aquellas primeras opiniones son equivocadas, jamás conoceré estas últimas, ese muro se tornará fortaleza, la cadena, escudo; el hombre, insaciable; el hombre, perdedor; el hombre, fugitivo.
Para Alfonso, un día, en un pequeño parque.
VI
El dios ese, aquel que vivía allá lejos en la nada, sumido imperturbable en su amplia conciencia, me observaba cada mañana cuando yo abría los ojos. Esperaba que mis reacciones y pesadillas matutinas fueran las habituales de cada día para acecharme sin piedad, preso de un oscuro egoísmo; su arma favorita era la de desaparecer y esfumarse como un gas, antes de que yo empezara a tomar conciencia de ello. Pasé unos días muy amargos con él. No podía verle ni tocarle, ya lo sabía y no lo intentaba. Ni me odiaba ni me hablaba acerca del envenenamiento lento que me estaba profiriendo, era él la causa de toda mi angustia y frustración, de mi delirio y de mi locura, cuando ni siquiera le vi ni palpé, ni estuve seguro jamás de su real existencia. Pero le despreciaba, de la misma forma que me producía repulsa ó indiferencia un ser cualquiera de la tierra que no conociera. Me incitaba, sin embargo, a que pensara en todo en su justa medida y que no me sobresaltara ante nada ni nadie; que caminara ocioso, que vagara por calles desiertas, que dejara mi embriaguez en estúpidas losetas. Me insultaba a cada momento por cada paso dado, corrigiéndome inmediatamente por no haber dado tal otro, casi le tomé vicio a la incógnita grave de sus morbosos planes. ¡Cuánto me refregó aplastándome contra el aire espeso! ¡Que sutiles amenazas caían sobre mi inocente velo! ¡Como se resecaba el botín de hipocresías conseguidas años antes! ¡Cuanta hambre y sed pasé teniendo todos los manjares y bebidas a mi alcance!
Supuse que él tenía un borrador en la mano, como el que utilizan en las escuelas para destruir grafismos inútiles. Su empuñadura de nervios de raíz, su parte destructora de negro algodón. Era un artefacto de proporciones fantásticas e intangibles, casi suspendido en un éter opaco, hubiera supuesto cosa de brujas. Pero no, ahí estaría él y su inmenso y difuso aniquilador, desfigurando lo existente. No veía su cuerpo, ni mi diminuta mente obtenía información adicional que esclareciera su esencia. Me resultaba tan inasequible describir mi imagen de él como explicarle a un ciego las tonalidades del color.
De repente, desaparece la imagen, ignorando cuando aparecerá de nuevo. Este juego suyo no me permite captarlo, ni traducir la idea al pensamiento, me siento atenazado. Pero su mano no podrá servirle para empuñar la balanza, ni sopesar la validez de lo extinguido; esa mano tendida no puede existir, sólo es un alargamiento provisional de un supuesto ser multidimensional, caído a tierra, ahí mismo, cerca de mí. Esta negación no puede ser tomada en mi contra, a la hora de registrar mis logros, después de atender a especulaciones de carácter banal.
Quizá todo responde a un objetivo más puro, más propio de un dios, una grandeza desinteresada. Al igual que su lisa y extensa materia, también nos propaga esa energía capaz de formar cuerpos útiles, energía constante, que nunca desaparece, una fuerza sutil de la que tomamos una parte, y a la que cada uno aportamos nuestra ración. Es la misma que se confunde con su ser, sin espacio, porque no lo necesita; sin tiempo, porque es él mismo; la misma que se identifica con ese otro ser oscuro y sombrío, que también forma parte de nosotros. Esta mente mía es mi dios, y la de cada uno; él recoge una parte y cada uno aporta su ser, todos con la misma y exacta superficie, como un rompecabezas que se ajusta para formar un todo que nos es ajeno. Aquello que tememos y obedecemos de forma tan demencial, no es sino un alargamiento de nosotros mismos, una visualización invisible de la idea general que de entre todos puede sintetizarse. No es nada superior, ni existe fuera de la mente humana, es un gran cable que corre airoso, sin dejar pasar a un solo ser, transmitiéndose a todo lo que tiene vida y acabar en aquello que parece inerte, surcando luego todos los espacios, sin concepción posible de estratos, dimensiones o tiempos por los que regirse, para ya no poder dejar de ser.
Es un dios astuto, del que nos servimos para hacer y desear todo, acaso seguía apenas inmóvil, en actitud no forzada de disolución. Con él, intentamos hacer desaparecer el pasado, y que la fuerza malgastada no deje marcas en el porvenir ya iniciado. Así, borrar cada día lo que sucede supone sumar un día más, nos ordena que por cada minuto que vivamos ahora en su extensión posible tendremos otro en cualquier punto del futuro que haga posible su repetición. Y desintegrar en polvo toda la fatalidad del pasado contribuye a que no se presente de nuevo y que nos desintegremos en su recuerdo y que nos lancemos, por esa añoranza, a caminos semejantes de forma mecánica. Tampoco será conveniente que nos enzarcemos eternamente en actitudes caprichosas y a la defensiva, tratando de evitar una situación desagradable, ya que no podremos abarcarlas todas, por falta de tiempo y consistencia, ni dedicarnos enteramente a ello, pero esta lección obliga a admitir que es el presente el que debemos modelar y sustentar con acciones efectivas. Puede que sea el mejor método para no distanciarnos de nuestra conciencia y mantenernos firmes por un camino seguro.
Primero, debería analizar la depravación que ya se está cometiendo, pero, antes, analizar la realidad de ese presente, ¿ es que podemos definirlo? Siendo el tiempo una medida, a veces eficaz, para ir midiendo nuestros pasos continuamente o a intervalos, me resulta imposible definir la sucesión de hechos. Al menos mi cerebro no está agilizado aún para ese proceso, puesto que más pudiera ocurrir que viviéramos en un continuo futuro. Lo que ya se nos escapó, aunque recordado, ya no existe; el presente se derrumba completamente al no poderlo atrapar, sólo lo utilizamos porque nos es imprescindible para sentirnos vivos.
Y, ¿qué es el tiempo? Por ejemplo, lee estas líneas, escritas hace algún “tiempo”, memorízalas, analiza todas sus pasiones y sentimientos, todas sus vaguedades e ilusiones, son verdades tal como fueron creídas en ese momento. Escrútalas, no dejes pasar detalle, saca conclusiones y esquemas, algo que no llene de dudas. Ahora toma estas otras, ya corregidas, atácalas con el mismo tesón, sin obviar nada, sin tiempo que aleje o acerque, que una, destruya ó deje impasible. ¿La primera era el pasado de la segunda y ésta su futuro? Puede que no, si una no hubiera estado en potencia en la otra, jamás hubieran salido a la luz, su idea es simultánea, fueron concebidas por igual. Ahora, el tiempo es falso, es sólo una ilusión, todo estaba concentrado en un mismo momento, ¡en un aspecto de Dios!
¡Tantas dimensiones en un mismo mundo y no se nos permite que salgamos de ellas! Las dimensiones inestables de nuestro yo, debatido continuamente, criticado severamente por toda clase de personalidades internas. Tan gran número de opciones nos aminoran y envilecen, como si en vez de sustentarnos en ellas, nos hicieran sentirnos indefensos. Así, en este infinito de posibilidades, no hay certeza, no hay tiempo, no hay verdad. Ese “dios” sólo me hace estar inseguro.
No hay remedio posible para la indiferencia del hombre. Ese concepto, que tanto me asustaba, se hacía presa de mí y me ataba, me sojuzgaba en un pacto informe. No sólo era ya producto de una crisis, sino que además la alimentaba con elementos de mi propio hastío. Si hay un peligro mayor para el ser humano es la desconfianza en sí mismo, y eso formaba ahora la parte oxidada de mi existencia. No había salida razonable de este engaño, ni una dosis calculada de sonrisas era capaz de aplastar por completo esta vida vacía. Si me inventaba cien y una formas de explicar mi ansiedad ante mí y en voz baja casi imperceptible, por otra parte me resultaba problema enorme el exponerla ante mis amigos. No encontraba soluciones ni imaginaba caminos de salvación; hasta eso lo consideraba ya como lo más anodino e insustancial. Pasaba las horas observando, instigando en todo lo exterior como si allí se encontrara la vacuna contra mi mal. Días enteros vagando solo por las calles, sin ninguna ambición satisfactoria, sin ningún anhelo de felicidad. Era un ente corrupto y disminuido, falto de energía y plasticidad, sustentado entre invisibles filamentos de actividad. Ante el mundo, era un muerto; ante mí, un caos, un extraño. Pasaba por ser alguien con cierto estilo, rechazando todo lo arbitrario, todo lo que, por un impulso dado, obtenía una respuesta exacta. Estaba furioso con ese rutinario mecanismo hacia el cual el espectro del mundo me lanzaba, odiaba tener algún día la madurez de los demás hombres. Era un niño completamente maduro, al que de un solo golpe querían quitarle toda su juventud y convertirlo en un número encajable en una lista. A cada paso deseaba quedarme muerto y dejar como testamento a mis amigos toda mi confusión plasmada en papel. Pero era incapaz de prever mi suicidio; quería dejar de existir, pero sin que yo hiciera nada por aligerarlo.
Ahora, tumbado en la hierba, me parece todo muy lejano, con la sólida sensación de que todo pasó hace un año, cuando hasta pocos minutos antes tenía una mente agonizante. Reclinado aquí, la vida se parece a una fruta amarga, y no sólo la mía, sino que creo ver lo mismo en todos los demás. Sin esperar algún suceso trascendental que fuera la fórmula de salir del abismo, sin hablar ni lo necesario y callando así el fuego interno. Sólo imaginar la salida inmediata, la que ningún desgate mental puede provocar, la que satisface por momentos.
El reposo, al igual que Dios, es perceptible pero no fiable. Por los sentidos nos figuramos que conocemos ciertos objetos que permanecen en completa quietud, pero no podemos fiarnos de ellos, porque vivimos, jugamos y alucinamos. Este tránsito vivaz nos prefigura el fluir móvil y juguetón de todo lo que aparenta estar inerte, ya que si somos nosotros y no otros los que juzgamos los hechos, éstos deben ser activos, inaccesibles para ellos mismos, inconstantes, inquietos, aún si sólo fuera por aparentar el movimiento del hombre. Dios, ó el Todo lo tenemos como ejemplo de valoración interna, regido por el corazón, espiado por el cerebro, cegado por la vista, guiado por la necesidad. Podemos atribuirle cualidades y modos, intemporalidad y perfección, pero sólo porque está escrito que llegaremos a confundirnos con eso. Dios existe en potencia en cada uno, y su coeficiente aumenta en cada generación, en cada siglo, en cada descubrimiento; si existiera ya debiera ser tan simple como nosotros. ¿Cómo podemos acotar lo que nos afirman de un dios imaginado cuando ni siquiera podemos asegurar el hecho de ser, cuando no hay seguridad absoluta de que existimos?
V
Cierto día me pasaron una bandeja con distintos tipos de desesperación, apetitosos informes de amigos sin esperanza, buenos a la vista, incitando su captura resuelta, todos con un toque personal. Uno de ellos soportaba una inmensa guinda, casi tapando todo lo demás: así quería demostrar cuál era su tipo de depresión. Fui examinándolos todos, pero me fijé expresamente en uno; era como un pastel gris y sencillo, sin ningún atractivo aparente, sin ningún adorno expuesto en su superficie que incitara a paladearlo. Parecía estar allí medio olvidado, con manchas diversas y numerosas de otros compañeros ya liberados, sin marcar un sitio importante en todo el espacio posible, sin aparentar otra cosa que su sinceridad y transparencia, su tranquilidad y cordura manifiesta ante otros más pegajosos y exquisitos. Sin importarle si su minimalismo daba un toque feo al cuadro general. Sólo absorto en sí mismo, preguntando y resolviendo sus por qué. Callado y ausente en su propia maravilla de conocer nada y dudar de todo, de cantar a la gente por permitirle por permitirle apreciar y enjuiciar todo lo que se siente. Esperando quieto, reposando del largo momento que ha iniciado con los pasos contados. Sobrecogiéndose ante su búsqueda infructuosa de lo que es posible conocer, sabiendo que ningún acto es el último, que ninguna palabra es la primera. Que entre sus amigos no hay escalas de menor a mayor satisfacción y admiración, seguro de no estar por delante ni por detrás de ninguno. Sintiendo la preocupación de ser orgulloso, de hacer lo que debe hacer, de pensar lo necesario, de estar en el sitio idóneo. Con el temor de un presente menos duradero que el anterior, de un futuro más nefasto que el pasado, con ambiciones de poca probabilidad y la utopía de querer volver a la niñez.
Si me fijé en él más que en ningún otro no fue por un sentimiento de lástima, ni por una curiosidad caprichosa, ni por un impulso de superioridad que me llevara a degustar el manjar más extraño. Era como si una cadena atara repentinamente los dos cuerpos sin saber ninguno la causa de tal ligazón. Como si hubiéramos nacido juntos, y la historia de uno evocara necesariamente la del otro. Pero, como en toda cadena, siempre hay eslabones que separan y diferencian un elemento de otro, siempre hay un bloque macizo que no deja ver el otro lado, sólo suponer y plantearse como posible lo que en uno es irremediable.
Y su presentación ante mí no forzaba una diferencia de rango, ni una evasión, ni siquiera el atisbo de que eso pueda ser cierto. No obstante, entre dos personas no puede existir ni una identidad ni una oposición absoluta, ni un punto intermedio entre uno y otro. Sólo hay una característica esencial: lo distinto, lo semejante, y no está en nuestras manos establecer clases, simplemente porque no existen.
Del mismo modo, no tomaré de él como si fuera un destino a elegir, por más claro que me lo presenten, sino que, como alternativa contradictoria, me adentraré más en su forma para ver más cerca mi profundidad, me introduciré más en su carácter para, a fin de cuentas, saborear más gustosamente mi propia personalidad. Si aquellas primeras opiniones son equivocadas, jamás conoceré estas últimas, ese muro se tornará fortaleza, la cadena, escudo; el hombre, insaciable; el hombre, perdedor; el hombre, fugitivo.
Para Alfonso, un día, en un pequeño parque.
VI
El dios ese, aquel que vivía allá lejos en la nada, sumido imperturbable en su amplia conciencia, me observaba cada mañana cuando yo abría los ojos. Esperaba que mis reacciones y pesadillas matutinas fueran las habituales de cada día para acecharme sin piedad, preso de un oscuro egoísmo; su arma favorita era la de desaparecer y esfumarse como un gas, antes de que yo empezara a tomar conciencia de ello. Pasé unos días muy amargos con él. No podía verle ni tocarle, ya lo sabía y no lo intentaba. Ni me odiaba ni me hablaba acerca del envenenamiento lento que me estaba profiriendo, era él la causa de toda mi angustia y frustración, de mi delirio y de mi locura, cuando ni siquiera le vi ni palpé, ni estuve seguro jamás de su real existencia. Pero le despreciaba, de la misma forma que me producía repulsa ó indiferencia un ser cualquiera de la tierra que no conociera. Me incitaba, sin embargo, a que pensara en todo en su justa medida y que no me sobresaltara ante nada ni nadie; que caminara ocioso, que vagara por calles desiertas, que dejara mi embriaguez en estúpidas losetas. Me insultaba a cada momento por cada paso dado, corrigiéndome inmediatamente por no haber dado tal otro, casi le tomé vicio a la incógnita grave de sus morbosos planes. ¡Cuánto me refregó aplastándome contra el aire espeso! ¡Que sutiles amenazas caían sobre mi inocente velo! ¡Como se resecaba el botín de hipocresías conseguidas años antes! ¡Cuanta hambre y sed pasé teniendo todos los manjares y bebidas a mi alcance!
Supuse que él tenía un borrador en la mano, como el que utilizan en las escuelas para destruir grafismos inútiles. Su empuñadura de nervios de raíz, su parte destructora de negro algodón. Era un artefacto de proporciones fantásticas e intangibles, casi suspendido en un éter opaco, hubiera supuesto cosa de brujas. Pero no, ahí estaría él y su inmenso y difuso aniquilador, desfigurando lo existente. No veía su cuerpo, ni mi diminuta mente obtenía información adicional que esclareciera su esencia. Me resultaba tan inasequible describir mi imagen de él como explicarle a un ciego las tonalidades del color.
De repente, desaparece la imagen, ignorando cuando aparecerá de nuevo. Este juego suyo no me permite captarlo, ni traducir la idea al pensamiento, me siento atenazado. Pero su mano no podrá servirle para empuñar la balanza, ni sopesar la validez de lo extinguido; esa mano tendida no puede existir, sólo es un alargamiento provisional de un supuesto ser multidimensional, caído a tierra, ahí mismo, cerca de mí. Esta negación no puede ser tomada en mi contra, a la hora de registrar mis logros, después de atender a especulaciones de carácter banal.
Quizá todo responde a un objetivo más puro, más propio de un dios, una grandeza desinteresada. Al igual que su lisa y extensa materia, también nos propaga esa energía capaz de formar cuerpos útiles, energía constante, que nunca desaparece, una fuerza sutil de la que tomamos una parte, y a la que cada uno aportamos nuestra ración. Es la misma que se confunde con su ser, sin espacio, porque no lo necesita; sin tiempo, porque es él mismo; la misma que se identifica con ese otro ser oscuro y sombrío, que también forma parte de nosotros. Esta mente mía es mi dios, y la de cada uno; él recoge una parte y cada uno aporta su ser, todos con la misma y exacta superficie, como un rompecabezas que se ajusta para formar un todo que nos es ajeno. Aquello que tememos y obedecemos de forma tan demencial, no es sino un alargamiento de nosotros mismos, una visualización invisible de la idea general que de entre todos puede sintetizarse. No es nada superior, ni existe fuera de la mente humana, es un gran cable que corre airoso, sin dejar pasar a un solo ser, transmitiéndose a todo lo que tiene vida y acabar en aquello que parece inerte, surcando luego todos los espacios, sin concepción posible de estratos, dimensiones o tiempos por los que regirse, para ya no poder dejar de ser.
Es un dios astuto, del que nos servimos para hacer y desear todo, acaso seguía apenas inmóvil, en actitud no forzada de disolución. Con él, intentamos hacer desaparecer el pasado, y que la fuerza malgastada no deje marcas en el porvenir ya iniciado. Así, borrar cada día lo que sucede supone sumar un día más, nos ordena que por cada minuto que vivamos ahora en su extensión posible tendremos otro en cualquier punto del futuro que haga posible su repetición. Y desintegrar en polvo toda la fatalidad del pasado contribuye a que no se presente de nuevo y que nos desintegremos en su recuerdo y que nos lancemos, por esa añoranza, a caminos semejantes de forma mecánica. Tampoco será conveniente que nos enzarcemos eternamente en actitudes caprichosas y a la defensiva, tratando de evitar una situación desagradable, ya que no podremos abarcarlas todas, por falta de tiempo y consistencia, ni dedicarnos enteramente a ello, pero esta lección obliga a admitir que es el presente el que debemos modelar y sustentar con acciones efectivas. Puede que sea el mejor método para no distanciarnos de nuestra conciencia y mantenernos firmes por un camino seguro.
Primero, debería analizar la depravación que ya se está cometiendo, pero, antes, analizar la realidad de ese presente, ¿ es que podemos definirlo? Siendo el tiempo una medida, a veces eficaz, para ir midiendo nuestros pasos continuamente o a intervalos, me resulta imposible definir la sucesión de hechos. Al menos mi cerebro no está agilizado aún para ese proceso, puesto que más pudiera ocurrir que viviéramos en un continuo futuro. Lo que ya se nos escapó, aunque recordado, ya no existe; el presente se derrumba completamente al no poderlo atrapar, sólo lo utilizamos porque nos es imprescindible para sentirnos vivos.
Y, ¿qué es el tiempo? Por ejemplo, lee estas líneas, escritas hace algún “tiempo”, memorízalas, analiza todas sus pasiones y sentimientos, todas sus vaguedades e ilusiones, son verdades tal como fueron creídas en ese momento. Escrútalas, no dejes pasar detalle, saca conclusiones y esquemas, algo que no llene de dudas. Ahora toma estas otras, ya corregidas, atácalas con el mismo tesón, sin obviar nada, sin tiempo que aleje o acerque, que una, destruya ó deje impasible. ¿La primera era el pasado de la segunda y ésta su futuro? Puede que no, si una no hubiera estado en potencia en la otra, jamás hubieran salido a la luz, su idea es simultánea, fueron concebidas por igual. Ahora, el tiempo es falso, es sólo una ilusión, todo estaba concentrado en un mismo momento, ¡en un aspecto de Dios!
¡Tantas dimensiones en un mismo mundo y no se nos permite que salgamos de ellas! Las dimensiones inestables de nuestro yo, debatido continuamente, criticado severamente por toda clase de personalidades internas. Tan gran número de opciones nos aminoran y envilecen, como si en vez de sustentarnos en ellas, nos hicieran sentirnos indefensos. Así, en este infinito de posibilidades, no hay certeza, no hay tiempo, no hay verdad. Ese “dios” sólo me hace estar inseguro.
miércoles, 18 de agosto de 2010
PALABRAS - 1ª PARTE - Prólogo, I,II y III
PALABRAS
MANUEL CINTADO
1º EDICIÓN: JULIO 1.979
“… Vivimos reafirmándonos ante tanta amenaza de muerte
Luchamos aunque existen cárceles
y estén preparadas las cadenas
Buscamos solidaridad aunque todo sea traición
Edificamos la nueva ciudad aunque no la habitemos”
PRÓLOGO
… Si permites que empiece, lo haré contando lo último que me ha pasado por la mente. Y no es nuevo, comenzó ya hace ocho años, brotando en mí de forma imparable, y que muchos se esfuerzan en llamar “adolescencia”. Y, ahora… ¿a quién puede molestarle que penetre en esa madurez odiada y esperada, anhelada puerilmente en todos mis actos, aquí, en mi casa, en mi soledad? ¿a quién?...
… ¿Es así? Tras el funeral que seguirá mañana, recorriendo calles angostas, moviendo un pie tras otro, una rueda tras otra rueda, todo dejando marcas en el asfalto. La muerte de la juventud: el engendro del hombre. ¿Puedo anticiparos ahora la sentencia de mi tumba, la que mañana ocuparé rodeado de tierra y cubierto de flores, y cerrada, con lágrimas y risas de todos los que en vida me han odiado y querido? ¿Puede importarme que haya un cura que bendiga mi muerte ó mi suerte, y una mujer de negro arrodillada ante la sepultura? Si no crees que de ese lugar brote pasado mañana un hombre, si es así, deja de leer, porque lo siguiente será demasiado grave como para que no intentes, sin éxito, preguntarte el por qué.
Y esto no es para disfrutar, ni sólo para leerlo de carretilla, es para tomarlo ó dejarlo, para comprenderlo ó quemarlo. Hay una objeción, nada de lo que aquí diga puede servir para formar una imagen de mí, jamás podrá compararse una palabra a un trozo de materia, aunque, en mi caso, hay mucha similitud entre ambas cosas. Así, el valor de mi vida, de mi personalidad concreta, debe sintetizarse de un conocimiento global de todas mis facetas, si no, sólo hay confusión.
Porque llegar a hombre no se limita a penetrar en su mundo, cambiar de cara y aspecto, emplear una visión materialista de la vida, sentirse más seguro, indiferente ó centrado. Implica mucho más. Lo verdaderamente discutible no es pasar a formar parte de un número más en una estadística, de un elemento más de producción, sino el simple hecho de perder la juventud y todo lo que trae consigo.
El convivir con otros, a veces más jóvenes que yo, hablar, reír, discutir con ellos, me plantea en ocasiones una finalidad: el hacerles ver la inutilidad de seguir mi camino, u otro parecido, un camino lento, perezoso y asustadizo, sin sustancia.
Por todo esto, no quería perder la oportunidad de imprimir mis últimas reflexiones como adolescente, confusas y enrevesadas, sin una continuidad propia, sin decir nada y todo a la vez. A veces, muchos piensan que pueden esperar grandes cosas de mí y sin temor a equivocarse; eso no puedo asegurarlo, pero pueden descubrir que no hay motivo para encasillarme en esa apariencia incognoscible, de ese ser extraño que parezco mostrar. Mas bien un tipo inasible, absurdo, común, con poca carne y una animación limitada, y con la suerte ó desgracia de aparentar profundidad. De una u otra forma, de mi naturaleza incongruente, podrían suponer un loco ó un tonto, o alguien sustentado en una dimensión distinta, lejana. Aún así, conociendo mis limitadas posibilidades, me aventuro a decir algunas cosas, ideas que desvarían, que forman de mí una concepción errónea.
Me parece horrible que hayáis tenido audacia suficiente para llegar hasta aquí, serán actos mecánicos. Cambiaré un poco mi postura egocéntrica para hallar una posible unión con la vida. La vida, esa cosa que nos pasa unida irremediablemente a la monotonía. Es la monotonía que me envuelve, que os puede envolver y llegar a formar, sin darnos cuenta, un yugo esclavizante del que no es fácil salir. El hecho sin importancia aparente de repetir los actos día tras día, no sólo imprime tono monótono a esos momentos, sino lo que es peor, a toda tu existencia. Pero, ¿por qué darle tanta importancia? Ver en lo que me rodea el defecto que también existe en mí no me exime de él, sino que me culpa aún más por no saberlo evitar. El conocer a alguien que siente como yo, que vive la indiferencia, me lleva a reconocer el fracaso del ser humano como eje principal del mundo. Ya que, ¿qué es lo que en realidad diferencia al hombre del animal? ¿la inteligencia? ¿la posibilidad de cambiar? ¿no será el hecho de creernos diferentes de todo lo demás?
Así, nosotros, como humanos, quizá sólo encontremos la felicidad con lo distinto a nosotros, como la naturaleza. Asímismo necesitaremos siempre a nuestro lado alguien que pueda comprendernos, porque se nos asemeje, aunque ese placer concluya en fracaso. También puede que sólo necesitemos amarnos a nosotros mismos… ¡cruel estabilidad!
Para terminar este prólogo imagino ahora la dedicatoria de mi tumba, la tumba en la que hay que enterrar 19 años:
“Olvidadme cuando queráis pensar en mí, y no buscadme en un cielo luminoso, ni en un infierno de dolor, sino aquí mismo, entre vosotros, pero ausente. Si me encontráis y me reconocéis, no parad, seguid por vuestra senda, porque para conquistar a un hombre sólo se necesita una cosa: la totalidad de él mismo. Y el joven se transformó en hombre, sosteniendo el mismo y pesado cuerpo, trabajando con las mismas manos, pero gozando y odiando eso, el ser ya un hombre”.
PRIMERA PARTE
A quien, algún día, vendrá a mí.
I
(Escenificación de una centésima de segundo; explosión gris entre dos acantilados; desenlace.)
Va a comenzar la batalla. ¿Sabéis? Son los prolegómenos de la gran guerra, entre flautas y tambores, tras días de fiesta y noches de insomnio… ¡qué emoción! Por fin podremos luchar… ¿luchar?
En un momento se hicieron las provocaciones de rigor, la guerra fue decretada por ambos bando a la vez. Quizá los generales, por fin, vieron culminado el momento ansiado. La confrontación iba a iniciarse. ¡Qué maravillosa escena! Se designaron rangos y obligaciones, se dispuso el armamento, que cada uno estuviera alerta en su puesto. No importaba lo pasado, lo que de verdad interesaba es que se sintieran satisfechos de cumplir sus misiones. En cuando se vio que el enfrentamiento era inevitable, se fueron escogiendo y seleccionando todos los detalles, se exigía una organización lo más escrupulosa y estricta, pero se permitió algo impensable: el libre albedrío. Los soldados, que ya no eran hombres, no sólo servirían para luchar y destrozarse entre ellos ante una orden superior, sino que tendrían todo a su alcance para que dispusieran de libertad de criterio, en caso de tener que conservar su integridad, en la medida de su relativa capacidad. Se hizo apología libre de cada certificado, teorema, carta de conversión, de cada uno de los engranajes del sistema, de la identificación plena del legislador con el ejecutor, del mando supremo en cada peón de la partida.
A uno y otro lado se dividían las opiniones, se fomentaba la necesidad de las hostilidades con el otro, con un eje central: vencer. Si no se propone la victoria nadie hubiera nunca comenzado una guerra. De igual forma, todo el que lucha, aún con la confianza en la victoria, sabe que tiene delante la posibilidad de la derrota, aunque eso no aminora el valor de algunos hombres. La competición, la oposición y el orgullo han sido realmente los fundadores del mundo, ¿como no iban a estar presentes en una guerra?
Hay guerras físicas, contiendas en la que mueren muchos, se destrozan países, corre sangre. Son actos cuyo único sentido es la selección de la especie, ó el mantener un índice bajo de aumento demográfico. No creo que los artífices de tales guerras sean solamente señores de chaqueta sentados listos para pulsar un botón; el poder de la naturaleza misma aceleraría ese deseo, hay mecanismos más fuertes fuera de control.
Pero este ejemplo no es el que me interesaba atisbar, hay otras luchas, más cercanas en las que somos, a la vez, soldados impecablemente uniformados, armados, insignes y valerosos, y generales de alto rango, con las fases de la partida ya pensadas, con movimientos calculados al detalle, y esa espera ansiosa e irascible de que se cumplan sus propósitos. ¡Se parece tanto el grupo al individuo!
Y esta es la otra guerra, la guerra vital del sentimiento humano, en la que no hay cadáveres para enterrar, sino hombres para reencarnar; donde no hay sangre, sino lágrimas de hielo, donde no hay destrucción de pueblos y campos, de agua y cielo, sino sólo una regeneración constante de las células y neuronas dañadas. El fuego ruidoso y los cultivos devastados son reemplazados con imitaciones de pasiones burguesas, con ensoñadores histéricos, creyentes en placeres juveniles. La lucha deja de serlo cuando todos callan, mientras se miran uno a otro con la espera de que el contrario reinicie la batalla, convirtiéndose todo en una escena agónica, plagada de laceraciones mentales, reprimendas mudas, una vez agotados los castigos psicológicos.
En este primer instante, algunos quieren auparse en importancia, otros piensan en retirarse y que los exilien para siempre de sus mentes, los menos abandonan antes de empezar, ni aún los que se auto tildaron de generales confían plenamente en la necesidad de combatir. Los fieles a su ideal quedaron decepcionados, cuando supieron que eran las marionetas del vicio; otros, después de elegir en poco tiempo sus aliados y programar sistemas de defensa y contraataque, tardaron menos en verter sobre el escenario latas de gasolina, ¡somos incapaces de seguir un plan!
Porque un sistema tarda en elaborarse una vida entera, para tener que dejarlo después en manos de corruptos, que despedazan la hoja de instrucciones y reparten los trozos entre las fieras, en menos de una hora. En una hora muere toda una vida, no importa haber trabajado cuidadosamente durante años con la pobreza inculcando envidia, pero con el deseo de sentirse digno y puro. Eso es para ellos un sacrilegio absurdo, jamás acabaré comprendiéndolos. No tengamos la osadía de interesarnos por sus vidas. Muchos creen que si un sistema ha fallado una vez, será para la eternidad un mal sistema, ¿no serán los hombres los que fallan?
Es decepcionante ver que esta corta guerra, ha terminado justo al empezar, esta avanzadilla ha tenido un final de lo más decadente, acaba por sí sola sin vencedores ni vencidos. Esto no da opción. Una buena victoria da al orgulloso la satisfacción por la derrota del contrario, la victoria en sí da al hombre común una alternativa, avanza un escalón propio ó, al menos, una forma abstracta de decir: he cambiado. Entonces, el vencedor, erigido en juez, dedica su triunfo a un posterior propósito común. Por su parte, el perdedor, asume de forma aceptable la derrota y la validez de su experiencia. Hay un desenlace oscuro, el empate, la intromisión de un elemento hostil entre los dos frentes que impida verse uno a otro; ante esta aparente desaparición del contrario, uno a su vez opta por retirarse también. En este supuesto, el objeto oscuro se ha convertido en juez inapelable que practica su justicia propia, niega a todos su defensa, todos se sienten impotentes ante su sentencia.
Así acaba esta extraña guerra llamada indiferencia. Desperté del sueño que había sido sólo un cabeceo, no comprendía nada, asustado como un desertor, fastidiado… ¡no!, apagado, como cuando de pronto se va la luz. A mí se me apagó de repente la luz de la ilusión. Algún día me preguntaré. ¿qué fue de este sueño de guerra, que pasó realmente? Sólo podré decir: está en un archivo, en un fichero cualquiera, amarillento, la tinta desvaída dejará entrever: guerra confusa, sin final conocido.
(Texto inspirado tras leer “Opiniones de un payaso” de Heinrich Böll. El estar tan alejado de ese autor como de mí mismo no es un fruto muy dulce al paladar. Sólo puede dulcificarlo una fruta madura)
II
Mi vida es un lúgubre y aritmético escenario de manifestaciones fetichistas, un enjambre de modalidades de hombre, de deliciosos contextos de especulación, de dimensiones idealistas del mismo cuerpo. La vida es un puro pisoteo; la muerte, un hundimiento definitivo, ó una levitación quejumbrosa entre el espacio y la mente. El sol es reflejado en mi pasado, y todos los astros me siguen y avanzan tras mí en una persecución envidiosa. No paso de ser pura estadística, una pura y lenta presentación de mí mismo.
¡A escena! Subamos en la carrera rápida del mundo, acostémosnos en nuestro ocaso, pero despertemos antes de la desaparición. ¡Huyamos al sol! Escondámosnos antes de tener miedo.
Nuestro amigo sol no existirá para siempre, en cuanto el hombre piense su destrucción. Este ser humano, está horadando su pasado, sin saber que su cuna es similar a su féretro, y creyendo que en un futuro obtendrá la perfección. Está graduándose en una universidad más lejana que las estrellas, tan ilusoria como la Tierra, en la que no tiene cabida su propio cuerpo. Está olvidando su naturaleza por creer atender a una primera causa, y está dejando a un lado todo el color, toda la forma, toda la belleza de su figura por el hecho de adelantar una dimensión más.
El ser humano es como un jabato herido, como un perezoso reptil, como un ciego topo, como una mecánica hormiga. Animal auto destructible, no ha previsto que sus descendientes caerán en una inmensa hoguera donde no sea posible una mirada, una sonrisa, una luz violeta. No sabe que, detrás de él, habrá otra especie que rija el mundo, porque él mismo está carcomiéndose y aniquilándose. No entiende que, detrás de él, no habrá nadie que pueda celebrar el día de la vida, el día de la llegada del hombre a sí mismo.
III
El simple hecho de vivir es una falta, un suceso grave que hay que remediar. Es un defecto que llevamos como adherido a ese ser apacible que queremos olvidar. ¿Estamos contentos con nuestra personalidad? ¿Nos sentimos felices con ella? ¿Podemos cambiarla? Si no es así, pulsemos el botón destructor que facilite las cosas a esa energía, con ritmo y rumbo preconcebidos, que deje libre el lugar que ocupamos. Bien, hacer esto es fácil, basta afanarse en aparentar lo que no somos, hacernos olvidar y apartarnos del camino, para que todo aquello que pensamos de nosotros gire a lo inimaginable, se desdoble nuestra personalidad, y nos creamos un engendro de la sociedad, un feto moribundo del amor que nos concibió. Eso es fácil, es lo normal, es el ejemplo que nos han ido inculcando.
¿Qué queremos? ¿Vivir? ¿Profundizar en nosotros mismos? ¿Queremos busca la libertad y la felicidad que supone ser como somos? Si es así, que todos vean qué queremos, a qué aspiramos, cuál es nuestra ilusión, nuestra chispa que nos impulsa a vivir, ser conocidos. No es fácil, ni difícil, debe ser la vida. El resultado del grito que debió darse en un momento dado, necesariamente preciso para llegar a nacer. No nacemos hasta ese momento, y hay algunos que andan muertos por la vida. Pero a estos les coartaron las ansias de ser, trataron de impedirles el paso hacia lo fantástico, eran robots y, como tales, jamás gritaron.
Somos nosotros, los débiles, los que presos de una angustiosa ignorancia creemos que el fin lo tenemos dado a cada segundo, y aún así, nos atribuimos todo lo que corresponde a personas. Luchar para convertirse en máquinas es fácil, es lo tradicional socialmente. Reflejar en inmutables espejos lo de dentro y verdadero, es lo único apreciable. Es lo que conforma el egoísmo; el egoísmo ese de tener una propia personalidad, ni íntegra ni acabada. Es ese un egoísmo inútil en su primer momento, pero es la fuerza perenne que nos regirá mientras vivamos.
La semilla fecunda la tierra, el hombre se fecunda a sí mismo, sin saberlo, sin esperarlo, sin quererlo. Somos productos de nosotros mismos, y el aceptarlo supone aceptar a todos los demás. Creer certeramente en cada parte de nuestro cuerpo es creer en cada parte de los demás. Pensar en nosotros sinceramente es sinónimo del amor futuro, de la confianza y seguridad de nuestra voluntad.
Ser lo que somos es la energía que precisamos, ser lo contrario es la muerte lenta de la espera, y de la máquina. La creación, que pertenece un poco a todos, es lo fundamental en la vida. Para la nuestra y para toda la naturaleza.
A Mari Carmen P., como recuerdo.
MANUEL CINTADO
1º EDICIÓN: JULIO 1.979
“… Vivimos reafirmándonos ante tanta amenaza de muerte
Luchamos aunque existen cárceles
y estén preparadas las cadenas
Buscamos solidaridad aunque todo sea traición
Edificamos la nueva ciudad aunque no la habitemos”
PRÓLOGO
… Si permites que empiece, lo haré contando lo último que me ha pasado por la mente. Y no es nuevo, comenzó ya hace ocho años, brotando en mí de forma imparable, y que muchos se esfuerzan en llamar “adolescencia”. Y, ahora… ¿a quién puede molestarle que penetre en esa madurez odiada y esperada, anhelada puerilmente en todos mis actos, aquí, en mi casa, en mi soledad? ¿a quién?...
… ¿Es así? Tras el funeral que seguirá mañana, recorriendo calles angostas, moviendo un pie tras otro, una rueda tras otra rueda, todo dejando marcas en el asfalto. La muerte de la juventud: el engendro del hombre. ¿Puedo anticiparos ahora la sentencia de mi tumba, la que mañana ocuparé rodeado de tierra y cubierto de flores, y cerrada, con lágrimas y risas de todos los que en vida me han odiado y querido? ¿Puede importarme que haya un cura que bendiga mi muerte ó mi suerte, y una mujer de negro arrodillada ante la sepultura? Si no crees que de ese lugar brote pasado mañana un hombre, si es así, deja de leer, porque lo siguiente será demasiado grave como para que no intentes, sin éxito, preguntarte el por qué.
Y esto no es para disfrutar, ni sólo para leerlo de carretilla, es para tomarlo ó dejarlo, para comprenderlo ó quemarlo. Hay una objeción, nada de lo que aquí diga puede servir para formar una imagen de mí, jamás podrá compararse una palabra a un trozo de materia, aunque, en mi caso, hay mucha similitud entre ambas cosas. Así, el valor de mi vida, de mi personalidad concreta, debe sintetizarse de un conocimiento global de todas mis facetas, si no, sólo hay confusión.
Porque llegar a hombre no se limita a penetrar en su mundo, cambiar de cara y aspecto, emplear una visión materialista de la vida, sentirse más seguro, indiferente ó centrado. Implica mucho más. Lo verdaderamente discutible no es pasar a formar parte de un número más en una estadística, de un elemento más de producción, sino el simple hecho de perder la juventud y todo lo que trae consigo.
El convivir con otros, a veces más jóvenes que yo, hablar, reír, discutir con ellos, me plantea en ocasiones una finalidad: el hacerles ver la inutilidad de seguir mi camino, u otro parecido, un camino lento, perezoso y asustadizo, sin sustancia.
Por todo esto, no quería perder la oportunidad de imprimir mis últimas reflexiones como adolescente, confusas y enrevesadas, sin una continuidad propia, sin decir nada y todo a la vez. A veces, muchos piensan que pueden esperar grandes cosas de mí y sin temor a equivocarse; eso no puedo asegurarlo, pero pueden descubrir que no hay motivo para encasillarme en esa apariencia incognoscible, de ese ser extraño que parezco mostrar. Mas bien un tipo inasible, absurdo, común, con poca carne y una animación limitada, y con la suerte ó desgracia de aparentar profundidad. De una u otra forma, de mi naturaleza incongruente, podrían suponer un loco ó un tonto, o alguien sustentado en una dimensión distinta, lejana. Aún así, conociendo mis limitadas posibilidades, me aventuro a decir algunas cosas, ideas que desvarían, que forman de mí una concepción errónea.
Me parece horrible que hayáis tenido audacia suficiente para llegar hasta aquí, serán actos mecánicos. Cambiaré un poco mi postura egocéntrica para hallar una posible unión con la vida. La vida, esa cosa que nos pasa unida irremediablemente a la monotonía. Es la monotonía que me envuelve, que os puede envolver y llegar a formar, sin darnos cuenta, un yugo esclavizante del que no es fácil salir. El hecho sin importancia aparente de repetir los actos día tras día, no sólo imprime tono monótono a esos momentos, sino lo que es peor, a toda tu existencia. Pero, ¿por qué darle tanta importancia? Ver en lo que me rodea el defecto que también existe en mí no me exime de él, sino que me culpa aún más por no saberlo evitar. El conocer a alguien que siente como yo, que vive la indiferencia, me lleva a reconocer el fracaso del ser humano como eje principal del mundo. Ya que, ¿qué es lo que en realidad diferencia al hombre del animal? ¿la inteligencia? ¿la posibilidad de cambiar? ¿no será el hecho de creernos diferentes de todo lo demás?
Así, nosotros, como humanos, quizá sólo encontremos la felicidad con lo distinto a nosotros, como la naturaleza. Asímismo necesitaremos siempre a nuestro lado alguien que pueda comprendernos, porque se nos asemeje, aunque ese placer concluya en fracaso. También puede que sólo necesitemos amarnos a nosotros mismos… ¡cruel estabilidad!
Para terminar este prólogo imagino ahora la dedicatoria de mi tumba, la tumba en la que hay que enterrar 19 años:
“Olvidadme cuando queráis pensar en mí, y no buscadme en un cielo luminoso, ni en un infierno de dolor, sino aquí mismo, entre vosotros, pero ausente. Si me encontráis y me reconocéis, no parad, seguid por vuestra senda, porque para conquistar a un hombre sólo se necesita una cosa: la totalidad de él mismo. Y el joven se transformó en hombre, sosteniendo el mismo y pesado cuerpo, trabajando con las mismas manos, pero gozando y odiando eso, el ser ya un hombre”.
PRIMERA PARTE
A quien, algún día, vendrá a mí.
I
(Escenificación de una centésima de segundo; explosión gris entre dos acantilados; desenlace.)
Va a comenzar la batalla. ¿Sabéis? Son los prolegómenos de la gran guerra, entre flautas y tambores, tras días de fiesta y noches de insomnio… ¡qué emoción! Por fin podremos luchar… ¿luchar?
En un momento se hicieron las provocaciones de rigor, la guerra fue decretada por ambos bando a la vez. Quizá los generales, por fin, vieron culminado el momento ansiado. La confrontación iba a iniciarse. ¡Qué maravillosa escena! Se designaron rangos y obligaciones, se dispuso el armamento, que cada uno estuviera alerta en su puesto. No importaba lo pasado, lo que de verdad interesaba es que se sintieran satisfechos de cumplir sus misiones. En cuando se vio que el enfrentamiento era inevitable, se fueron escogiendo y seleccionando todos los detalles, se exigía una organización lo más escrupulosa y estricta, pero se permitió algo impensable: el libre albedrío. Los soldados, que ya no eran hombres, no sólo servirían para luchar y destrozarse entre ellos ante una orden superior, sino que tendrían todo a su alcance para que dispusieran de libertad de criterio, en caso de tener que conservar su integridad, en la medida de su relativa capacidad. Se hizo apología libre de cada certificado, teorema, carta de conversión, de cada uno de los engranajes del sistema, de la identificación plena del legislador con el ejecutor, del mando supremo en cada peón de la partida.
A uno y otro lado se dividían las opiniones, se fomentaba la necesidad de las hostilidades con el otro, con un eje central: vencer. Si no se propone la victoria nadie hubiera nunca comenzado una guerra. De igual forma, todo el que lucha, aún con la confianza en la victoria, sabe que tiene delante la posibilidad de la derrota, aunque eso no aminora el valor de algunos hombres. La competición, la oposición y el orgullo han sido realmente los fundadores del mundo, ¿como no iban a estar presentes en una guerra?
Hay guerras físicas, contiendas en la que mueren muchos, se destrozan países, corre sangre. Son actos cuyo único sentido es la selección de la especie, ó el mantener un índice bajo de aumento demográfico. No creo que los artífices de tales guerras sean solamente señores de chaqueta sentados listos para pulsar un botón; el poder de la naturaleza misma aceleraría ese deseo, hay mecanismos más fuertes fuera de control.
Pero este ejemplo no es el que me interesaba atisbar, hay otras luchas, más cercanas en las que somos, a la vez, soldados impecablemente uniformados, armados, insignes y valerosos, y generales de alto rango, con las fases de la partida ya pensadas, con movimientos calculados al detalle, y esa espera ansiosa e irascible de que se cumplan sus propósitos. ¡Se parece tanto el grupo al individuo!
Y esta es la otra guerra, la guerra vital del sentimiento humano, en la que no hay cadáveres para enterrar, sino hombres para reencarnar; donde no hay sangre, sino lágrimas de hielo, donde no hay destrucción de pueblos y campos, de agua y cielo, sino sólo una regeneración constante de las células y neuronas dañadas. El fuego ruidoso y los cultivos devastados son reemplazados con imitaciones de pasiones burguesas, con ensoñadores histéricos, creyentes en placeres juveniles. La lucha deja de serlo cuando todos callan, mientras se miran uno a otro con la espera de que el contrario reinicie la batalla, convirtiéndose todo en una escena agónica, plagada de laceraciones mentales, reprimendas mudas, una vez agotados los castigos psicológicos.
En este primer instante, algunos quieren auparse en importancia, otros piensan en retirarse y que los exilien para siempre de sus mentes, los menos abandonan antes de empezar, ni aún los que se auto tildaron de generales confían plenamente en la necesidad de combatir. Los fieles a su ideal quedaron decepcionados, cuando supieron que eran las marionetas del vicio; otros, después de elegir en poco tiempo sus aliados y programar sistemas de defensa y contraataque, tardaron menos en verter sobre el escenario latas de gasolina, ¡somos incapaces de seguir un plan!
Porque un sistema tarda en elaborarse una vida entera, para tener que dejarlo después en manos de corruptos, que despedazan la hoja de instrucciones y reparten los trozos entre las fieras, en menos de una hora. En una hora muere toda una vida, no importa haber trabajado cuidadosamente durante años con la pobreza inculcando envidia, pero con el deseo de sentirse digno y puro. Eso es para ellos un sacrilegio absurdo, jamás acabaré comprendiéndolos. No tengamos la osadía de interesarnos por sus vidas. Muchos creen que si un sistema ha fallado una vez, será para la eternidad un mal sistema, ¿no serán los hombres los que fallan?
Es decepcionante ver que esta corta guerra, ha terminado justo al empezar, esta avanzadilla ha tenido un final de lo más decadente, acaba por sí sola sin vencedores ni vencidos. Esto no da opción. Una buena victoria da al orgulloso la satisfacción por la derrota del contrario, la victoria en sí da al hombre común una alternativa, avanza un escalón propio ó, al menos, una forma abstracta de decir: he cambiado. Entonces, el vencedor, erigido en juez, dedica su triunfo a un posterior propósito común. Por su parte, el perdedor, asume de forma aceptable la derrota y la validez de su experiencia. Hay un desenlace oscuro, el empate, la intromisión de un elemento hostil entre los dos frentes que impida verse uno a otro; ante esta aparente desaparición del contrario, uno a su vez opta por retirarse también. En este supuesto, el objeto oscuro se ha convertido en juez inapelable que practica su justicia propia, niega a todos su defensa, todos se sienten impotentes ante su sentencia.
Así acaba esta extraña guerra llamada indiferencia. Desperté del sueño que había sido sólo un cabeceo, no comprendía nada, asustado como un desertor, fastidiado… ¡no!, apagado, como cuando de pronto se va la luz. A mí se me apagó de repente la luz de la ilusión. Algún día me preguntaré. ¿qué fue de este sueño de guerra, que pasó realmente? Sólo podré decir: está en un archivo, en un fichero cualquiera, amarillento, la tinta desvaída dejará entrever: guerra confusa, sin final conocido.
(Texto inspirado tras leer “Opiniones de un payaso” de Heinrich Böll. El estar tan alejado de ese autor como de mí mismo no es un fruto muy dulce al paladar. Sólo puede dulcificarlo una fruta madura)
II
Mi vida es un lúgubre y aritmético escenario de manifestaciones fetichistas, un enjambre de modalidades de hombre, de deliciosos contextos de especulación, de dimensiones idealistas del mismo cuerpo. La vida es un puro pisoteo; la muerte, un hundimiento definitivo, ó una levitación quejumbrosa entre el espacio y la mente. El sol es reflejado en mi pasado, y todos los astros me siguen y avanzan tras mí en una persecución envidiosa. No paso de ser pura estadística, una pura y lenta presentación de mí mismo.
¡A escena! Subamos en la carrera rápida del mundo, acostémosnos en nuestro ocaso, pero despertemos antes de la desaparición. ¡Huyamos al sol! Escondámosnos antes de tener miedo.
Nuestro amigo sol no existirá para siempre, en cuanto el hombre piense su destrucción. Este ser humano, está horadando su pasado, sin saber que su cuna es similar a su féretro, y creyendo que en un futuro obtendrá la perfección. Está graduándose en una universidad más lejana que las estrellas, tan ilusoria como la Tierra, en la que no tiene cabida su propio cuerpo. Está olvidando su naturaleza por creer atender a una primera causa, y está dejando a un lado todo el color, toda la forma, toda la belleza de su figura por el hecho de adelantar una dimensión más.
El ser humano es como un jabato herido, como un perezoso reptil, como un ciego topo, como una mecánica hormiga. Animal auto destructible, no ha previsto que sus descendientes caerán en una inmensa hoguera donde no sea posible una mirada, una sonrisa, una luz violeta. No sabe que, detrás de él, habrá otra especie que rija el mundo, porque él mismo está carcomiéndose y aniquilándose. No entiende que, detrás de él, no habrá nadie que pueda celebrar el día de la vida, el día de la llegada del hombre a sí mismo.
III
El simple hecho de vivir es una falta, un suceso grave que hay que remediar. Es un defecto que llevamos como adherido a ese ser apacible que queremos olvidar. ¿Estamos contentos con nuestra personalidad? ¿Nos sentimos felices con ella? ¿Podemos cambiarla? Si no es así, pulsemos el botón destructor que facilite las cosas a esa energía, con ritmo y rumbo preconcebidos, que deje libre el lugar que ocupamos. Bien, hacer esto es fácil, basta afanarse en aparentar lo que no somos, hacernos olvidar y apartarnos del camino, para que todo aquello que pensamos de nosotros gire a lo inimaginable, se desdoble nuestra personalidad, y nos creamos un engendro de la sociedad, un feto moribundo del amor que nos concibió. Eso es fácil, es lo normal, es el ejemplo que nos han ido inculcando.
¿Qué queremos? ¿Vivir? ¿Profundizar en nosotros mismos? ¿Queremos busca la libertad y la felicidad que supone ser como somos? Si es así, que todos vean qué queremos, a qué aspiramos, cuál es nuestra ilusión, nuestra chispa que nos impulsa a vivir, ser conocidos. No es fácil, ni difícil, debe ser la vida. El resultado del grito que debió darse en un momento dado, necesariamente preciso para llegar a nacer. No nacemos hasta ese momento, y hay algunos que andan muertos por la vida. Pero a estos les coartaron las ansias de ser, trataron de impedirles el paso hacia lo fantástico, eran robots y, como tales, jamás gritaron.
Somos nosotros, los débiles, los que presos de una angustiosa ignorancia creemos que el fin lo tenemos dado a cada segundo, y aún así, nos atribuimos todo lo que corresponde a personas. Luchar para convertirse en máquinas es fácil, es lo tradicional socialmente. Reflejar en inmutables espejos lo de dentro y verdadero, es lo único apreciable. Es lo que conforma el egoísmo; el egoísmo ese de tener una propia personalidad, ni íntegra ni acabada. Es ese un egoísmo inútil en su primer momento, pero es la fuerza perenne que nos regirá mientras vivamos.
La semilla fecunda la tierra, el hombre se fecunda a sí mismo, sin saberlo, sin esperarlo, sin quererlo. Somos productos de nosotros mismos, y el aceptarlo supone aceptar a todos los demás. Creer certeramente en cada parte de nuestro cuerpo es creer en cada parte de los demás. Pensar en nosotros sinceramente es sinónimo del amor futuro, de la confianza y seguridad de nuestra voluntad.
Ser lo que somos es la energía que precisamos, ser lo contrario es la muerte lenta de la espera, y de la máquina. La creación, que pertenece un poco a todos, es lo fundamental en la vida. Para la nuestra y para toda la naturaleza.
A Mari Carmen P., como recuerdo.
martes, 17 de agosto de 2010
Poesías Completas (12)
Poemas inéditos
(Sin título 1)
Resonó entre las sombras de las ideas,
un arrepentido palpitar ensordecedor,
un ancestral esplendor incongruente,
mientras las voces rasgaban símbolos,
las lenguas se desplegaban parásitas,
arremolinadas en la lejanía vociferante
que irrumpió entre cuerpos invisibles.
Un potente ramalazo de espíritu
conmovió las imágenes del pensamiento,
brotando así desde la discordia
un sórdido llanto de desilusiones
pisoteadas, descontrolando razones,
rasgando opiniones voluntariosas,
desmontando los soportes de la conciencia.
Un alud marchito y sangriento
de vastos cuerpos, desvencijados
de ira y gloria, brotaron de repente,
inflaron el aire de mortal desaliento,
secaron el aire de amor y esperanza,
cantaron al aire canciones de ultratumba,
mojaron el aire de lágrimas mentirosas.
Todos los seres del lugar aullaban,
los objetos imitaban feroces enemigos,
telarañas que ofrecían penas de muerte,
el polvo negro carcomía los tejidos,
polillas vestidas de aves de rapiña,
algún rayo de luz se vistió de negro,
huellas transformadas en abismos,
libros encendiendo la mecha de su olvido.
Sólo el ser viviente no era dueño de sí,
atenazado por la furia inorgánica huía
de entes insensibles, hacia la nada.
(Sin título 2)
Los seres de allá, en los confines del éter,
nacidos sin materia, su alma descendiendo
amodorrada en vacío de siglos, sólo ondas
inertes sin sentido, sin muerte.
Su voluntad no existe, causas ajenas
que cerebros de metal sin alma idearon,
ahora relatan su historia preparándonos,
educándonos con vanas y exigentes reglas,
listos para enturbiar la mente humana.
Después, partimos sin esencia, como máquinas esponjosas,
cajas de conocimiento, simples acumuladores.
(Sin título 3)
Alma, fluida, eres intangible como el aire,
gozas encerrada en mi cuerpo, yo soy tu esclavo,
que no libre como tú, ni perfecto, ni eterno,
reinando en mi conciencia sin palabras.
No sé qué haces en mí, ¿dónde te hallas?
Cuando la virtud se apaga y no te obedezco,
cuando mi ser se debilita en una frialdad obstinada,
como si tu luz me cegase y el vicio me consumiera…
estoy odiando tu hermosura, rehuyo tus caricias
impregnadas de luz, y luego caigo vencido
en tu sublime armonía, en tu lecho de esmeraldas
que atrapan mi corazón, arrastrándolo.
Quisiera saber definirte mejor, apresarte,
asegurarte que no eres mi pensamiento,
ni chispa divina, ni ángel protector,
ni depositaria de la verdad, ni fuente de placer,
ni siquiera un sentimiento, ni música celeste…
pero no puedo, quizá seas un poco de todo eso
que sabe de mí lo que nunca comprenderé.
(Sin título 4)
Rozo el tránsito de mi alma recóndita
por mi lucidez lógica, ya marchita,
y desde la atalaya, se desmorona
mi pasado como vaho en estampida.
Huye lo verosímil, junto a sus años
perdidos en la escuela de lo ignoto,
va como buscando quizá de otra mano
que guiara mi vacío hacia el todo.
Un vacío diríase repleto de espejos
encantados, que tintinean en la noche
de crudo silencio del hombre eterno,
luces del más allá muriendo a voces.
Quiere huir la razón que no ha servido,
el logos imperioso que me domó,
y ocultó e hirió mi puros instintos
callados y guardados en mi interior.
Intento desolado atrapar mi vida,
mi espíritu inmortal, que no se pierda
en este mundo de soberbia y codicia,
resistiendo hasta hallar su senda.
Y, cuando se ría agónico lo escéptico,
inútil deseo y mudo pensamiento,
desvalida la razón, ya sin más tiempo,
estaré llegando, creo, al hombre nuevo.
(Sin título 5)
Muerte, ahora que estás a mi lado,
no me dejes, no me ocultes tu abrazo;
pero déjame antes ser libre, un poco,
y despedir la vida como se merece;
no me ocultes tu secreto,
pero avísame un minuto antes,
un poco antes para palparte,
y entregarme a ti.
Sólo un momento antes,
y prepararme para nacer.
(Sin título 1)
Resonó entre las sombras de las ideas,
un arrepentido palpitar ensordecedor,
un ancestral esplendor incongruente,
mientras las voces rasgaban símbolos,
las lenguas se desplegaban parásitas,
arremolinadas en la lejanía vociferante
que irrumpió entre cuerpos invisibles.
Un potente ramalazo de espíritu
conmovió las imágenes del pensamiento,
brotando así desde la discordia
un sórdido llanto de desilusiones
pisoteadas, descontrolando razones,
rasgando opiniones voluntariosas,
desmontando los soportes de la conciencia.
Un alud marchito y sangriento
de vastos cuerpos, desvencijados
de ira y gloria, brotaron de repente,
inflaron el aire de mortal desaliento,
secaron el aire de amor y esperanza,
cantaron al aire canciones de ultratumba,
mojaron el aire de lágrimas mentirosas.
Todos los seres del lugar aullaban,
los objetos imitaban feroces enemigos,
telarañas que ofrecían penas de muerte,
el polvo negro carcomía los tejidos,
polillas vestidas de aves de rapiña,
algún rayo de luz se vistió de negro,
huellas transformadas en abismos,
libros encendiendo la mecha de su olvido.
Sólo el ser viviente no era dueño de sí,
atenazado por la furia inorgánica huía
de entes insensibles, hacia la nada.
(Sin título 2)
Los seres de allá, en los confines del éter,
nacidos sin materia, su alma descendiendo
amodorrada en vacío de siglos, sólo ondas
inertes sin sentido, sin muerte.
Su voluntad no existe, causas ajenas
que cerebros de metal sin alma idearon,
ahora relatan su historia preparándonos,
educándonos con vanas y exigentes reglas,
listos para enturbiar la mente humana.
Después, partimos sin esencia, como máquinas esponjosas,
cajas de conocimiento, simples acumuladores.
(Sin título 3)
Alma, fluida, eres intangible como el aire,
gozas encerrada en mi cuerpo, yo soy tu esclavo,
que no libre como tú, ni perfecto, ni eterno,
reinando en mi conciencia sin palabras.
No sé qué haces en mí, ¿dónde te hallas?
Cuando la virtud se apaga y no te obedezco,
cuando mi ser se debilita en una frialdad obstinada,
como si tu luz me cegase y el vicio me consumiera…
estoy odiando tu hermosura, rehuyo tus caricias
impregnadas de luz, y luego caigo vencido
en tu sublime armonía, en tu lecho de esmeraldas
que atrapan mi corazón, arrastrándolo.
Quisiera saber definirte mejor, apresarte,
asegurarte que no eres mi pensamiento,
ni chispa divina, ni ángel protector,
ni depositaria de la verdad, ni fuente de placer,
ni siquiera un sentimiento, ni música celeste…
pero no puedo, quizá seas un poco de todo eso
que sabe de mí lo que nunca comprenderé.
(Sin título 4)
Rozo el tránsito de mi alma recóndita
por mi lucidez lógica, ya marchita,
y desde la atalaya, se desmorona
mi pasado como vaho en estampida.
Huye lo verosímil, junto a sus años
perdidos en la escuela de lo ignoto,
va como buscando quizá de otra mano
que guiara mi vacío hacia el todo.
Un vacío diríase repleto de espejos
encantados, que tintinean en la noche
de crudo silencio del hombre eterno,
luces del más allá muriendo a voces.
Quiere huir la razón que no ha servido,
el logos imperioso que me domó,
y ocultó e hirió mi puros instintos
callados y guardados en mi interior.
Intento desolado atrapar mi vida,
mi espíritu inmortal, que no se pierda
en este mundo de soberbia y codicia,
resistiendo hasta hallar su senda.
Y, cuando se ría agónico lo escéptico,
inútil deseo y mudo pensamiento,
desvalida la razón, ya sin más tiempo,
estaré llegando, creo, al hombre nuevo.
(Sin título 5)
Muerte, ahora que estás a mi lado,
no me dejes, no me ocultes tu abrazo;
pero déjame antes ser libre, un poco,
y despedir la vida como se merece;
no me ocultes tu secreto,
pero avísame un minuto antes,
un poco antes para palparte,
y entregarme a ti.
Sólo un momento antes,
y prepararme para nacer.
sábado, 14 de agosto de 2010
Resumen de las principales profecías de siempre
PROFECIAS SOBRE EL FINAL DE LOS TIEMPOS
1.- VISNU PURANA, SOBRE EL KALI YUGA( última era de 2.592 años).
Los jefes que dominarán sobre la Tierra serán violentos; se adueñarán de los bienes de sus súbditos.
Prevalecerá la casta de los siervos y de los descastados.
Breve será su vida, insaciables sus deseos; apenas conocerán la piedad.
Los propietarios abandonarán agricultura y comercio, vivirán pasando al estado de siervos o ejercien-
do distintas profesiones.
Los jefes, bajo pretextos fiscales, robarán y despojarán a sus súbditos y destruirán la propiedad de los particulares.
La moralidad y la ley disminuirán día a día hasta que el mundo esté totalmente pervertido y la impiedad prevalezca entre los hombres.
Motivo de devoción será sólo la salud física; sólo unión entre los sexos será la pasión; el único camino de éxito la falsedad.
La Tierra será venerada solamente por sus tesoros materiales.
Las vestiduras sacerdotales sustituirán a las cualidades del sacerdote.
Una sencilla ablución significará purificación, la raza será incapaz de producir nacimientos divinos.
Los hombres preguntarán: ¿qué autoridad tienen los textos tradicionales?
Los matrimonios dejarán de ser un rito.
Aunque se realicen actos de devoción, no producirán ningún resultado. Toda clase de vida será promiscuamente igual para todos.
Aquel que posea y distribuya más dinero será dueño de los hombres, que concentrarán sus deseos en la adquisición aunque sea deshonesta de la riqueza.
Todo hombre se creerá igual a un brahman.
La gente tendrá terror a la muerte y temerá a la escasez; solamente por esto conservará una aparente religiosidad.
Las mujeres no seguirán las órdenes de sus maridos y de sus padres. Serán egoístas, abyectas, mentirosas, descentradas y se unirán a los disolutos. Se convertirán en objetos solamente de satisfacción sexual.
2.- San Damián(1967)
El demonio inicia ahora su última lucha, pero es terrible.
Una lucha terrible se combate contra Satanás porque el eterno Padre lo deja libre. La batalla decisiva está empeñada entre los dos jefes (San Miguel y Lucifer)pero, por intercesión de Aquél, que ha recibido el poder de aplastar la cabeza de Satanás, nosotros tendremos la victoria decisiva, y creeréis en Mí, luchad conmigo, con la oración, con el rezo del rosario, venceremos a todo, en todas las batallas, vayamos juntos al asalto. El choque será inevitable y terrible, especialmente para aquellos que no tienen fe. Quien cree en Mi, jefe de la milicia celeste, no tiene nada que temer, ni en la vida ni en la muerte.
3.- Nostradamus (1550)
a) Esquema general:
- Revolución en Italia y fuga del Papa.
- Guerra civil en Francia y revolución en Inglaterra. Revoluciones también en América.
- Invasión árabe-china de Europa.
- Momentánea afirmación de los rojos, con violencia, persecuciones, carestía.
- Apostasía de los católicos, antipapa en Roma. Cismas. Sagrado Imperio Romano proclamado por el Emperador alemán y por su acólito el antipapa.
- Guerra con China.
- Sublevación mundial contra el comunismo con reacciones sangrientas.
- Cataclismos naturales, terremotos,epidemias, inundaciones.
- Expulsión de los invasores y restablecimiento de las cosas por obra del Gran Monarca con el Papa Santo.
- Epoca de paz.
- Reanudación de las guerras con revoluciones y cataclismos en sucesiones alternas.
- Nefasta acción del último anticristo. Guerra final con empleo de armas mortíferas. Catástrofe final, tres días de tinieblas, señales del cielo. Conclusión de una época que culmina con el gran día. Destrucción total de los impíos. Satanás relegado al abismo.
- Advenimiento de una era feliz con una humanidad renovada y espiritual.
b) Cuartetas:
De Oriente vendrá el corazón púnico, enojar Adria y los herederos de Rómulo, acompañado de la flota Líbica, temblad Melitas e islas próximas.(1-9)
En el Danubio y del Rin vendrá a beber el gran camello, no se arrepentirá de ello: temblor del Rodano, y más fuerte los del Loira y cerca de los Alpes gallo le arruinará. (5-68)
A causa de la negligencia y de la discordia francesas, será abierto el paso a Mahoma. La tierra y el mar del Sena estarán impregnados de sangre, y el puerto de Marsella estará cubierto de velas y de naves(I-18)
migrad, migrad de Ginebra todos, Saturno de oro en hierro cambiará. El contra RAYPOZ exterminará a todos. Antes del acontecer el cielo signos hará (9-44)
Los bárbaros serán puestos en fuga hasta Túnez. En el mar el jefe rojo será apresado con sus piratas. Por lugares desérticos y salvajes errará el falso sucesor del Papa. Los rojos serán precipitados en los abismos del remolino profundo.
Contra las sectas de los rojos se alistarán unidos. Fuego, agua, hierro, cuerda, para la paz se consumirá. A punto de morir los que maquinarán, excepto uno que al mundo sobre todo arruinará.(9-51)
Después de una gran discordia humana otra todavía mayor se prepara. El gran motor renovará los siglos; habrá lluvia, sangre, luchas, hambre fuego y peste cuando en el cielo se vea fuego corriendo a lo largo de una centella (2-46)
Aquel que estaba muy adelante en el reino y tenía un jefe rojo en la jerarquía, se mostrará áspero y cruel y se hará temer mucho cuando suceda al Gran Monarca.(6-57)
El año 1999, séptimo mes, vendrá del cielo un gran rey de espanto, resucitar al gran rey de Angolmois; antes y después Marte reinará felizmente.(10-72)
He aquí el gran enemigo del género humano, que será peor que sus abuelos, padres y tíos, sembrará obra de muerte, enormes adulterios, con hierro, con fuego y con agua, sanguinaria e inhumano. (10-10)
Habrá un monarca del universo que no durará mucho en paz y en vida, cuando se pierda la barca pesquera. Será sostenido en el mayor detrimento. (1-4)
Cuando el símbolo de la hoz haya inundado la Tierra como el agua de un estanque, habrá llegado al máximo de su expansión; entonces el mundo será víctima de la miseria general, la Humanidad herida por epidemias pestilentes, afligida por guerras y asesinatos. El siglo se acerca a la renovación.(1-16)
Cuando el sol llegue al 20º del Toro la Tierra temblará tan fuerte que el gran teatro crujirá sepultándolo todo. Aire, cielo y tierra se oscurecerán. Entonces, el infiel a Dios y a sus santos bogará (9-83)
Veinte años del reino de la Luna transcurridos, siete mil años otros tendrá la monarquía, cuando el sol tome sus días dejados, entonces será realizada y consumada mi profecía (1-48)
Al cumplimiento del gran número séptimo, aparecerá en los tiempos juegos de hecatombe, no lejos de la gran edad milésima, que saldrán de las tumbas los que entraron. (10-74)
El Gran Juez juzgará el tiempo presente y el pasado. El mundo torpe será reconocido desleal por el clero jurista que será repudiado habiendo el mismo cansado a Cristo.(10-73)
Después cinco rebaños no arrojará fuera. Un fugitivo para Penelon abandonará. Falso murmullar socorro llegar entonces. El jefe, las sede, entonces abandonará.(10-3)
Navegando cautivo tomado Gran Pontífice; grande después de caer los clérigos tumultuosos; segundo elegido ausente su bien perjudicado. Su favorito bastardo muerto. (5-15)
Elegido Papa del elector será burlado. Muy pronto súbitamente enmudecerá activo y tímido. Por demasiado bueno y dulce a morir provocado. Temor oprime la noche de su muerte guía. (10-12)
Del monte Aymar será noble oscurecido. El mal vendrá en la unión de Saona y Ródano: en bosque ocultos soldados el día de lucía, que nunca fue tan horrible trono. (9-68)
Nacerá de la sima y ciudad inconmensurada, nacido de padres oscuros y tenebrosos cuando el poderío del gran rey reverenciado querrá destruir por Rouen y Evreux. (5-84)
Entre varios a las islas deportados, uno de ellos nace con dos dientes en la garganta. Morirán de hambre los árboles estropeados. Para ellos nuevo rey, nuevo edicto les forja. (2-7)
El jefe de Londres por reino América. La isla de Escocia se empedrará por helada. Rey rojo tendrán tan falso anticristo, que les pondrá a todos en el tumulto. (10-66)
El anticristo tres muy pronto aniquilado. Veintisiete años sangre durará su guerra. Los heréticos muertos, cautivos exiliados. Sangre cuerpo humano agua enrojecida granizar tierra. (8-77)
De Fez el reino llegará al de Europa. Fuego su ciudad, y hoja cortará: el grande de Asia tierra y mar a gran ejército que lívido, pálido, cruz a muerte perseguirá. (6-80)
Abril el tiempo basura, pestilencia, tempestad, Bárbaro ataque, furor, invasión: infinitos males para este mes nos prepara y los dos Grandes, menos dos en irrisión. (Presagio 60)
Trirremes llenos toda edad cautivos. Tiempo bueno y malo, el bueno para amargura; presa de bárbaros muy pronto serán procurados, ávido de ver planear al viento la pluma. (10-97)
Guerra, trueno, muchos campos despoblados, espanto y estruendo, asalto en la frontera. Grande caído, perdón a los exiliados. Germanos, hispanos por mar Barba estandarte. (Presagio 29)
Desde Mónech hasta junto a Sicilia toda la playa quedará desolada. No habrá barrio, ciudad ni pueblo
Que por bárbaros no sea saqueado. (2-4)
Uno de los dioses de Aníbal infernales hará renacer terror de los humanos; nunca más grande horror pudieron decir periódicos, que sucedió vendrá de Babel a los romanos.
El bizantino haciendo doble oblación tras poseer Córdoba para la fe retomada; su largo camino reposo pamplación, mar pasando presa por Colonia tomada. (8-51)
Saturno y Marte en Leo, España cautiva. Por jefe libio en el conflicto atrapada. Próximos a Malta, herederos cogidos vivos. Y romano cetro será por gallo golpeado (5-14)
En el puerto de Agda tres fustas entrarán llevando mezclados no fe y pestilencia: pasando el mar mil miles reunirán y elmar romper tercera resistencia. (8-21)
Celeste fuego del lado de Occidente y del Mediodía correr hasta el Levante. Gusanos medio muertos sin encontrar raiz alguna. Tercera edad a Marte el belicoso, carbúnculos se vera brillar fuego. Edad carbúnculo y al final hambre. (Sextilla 27)
Monte Aventino quemar noche será visto. El cielo oscuro de pronto en Flandes. Cuando el monarca expulsará a su nepote su gente de iglesia cometerán escándalos. (3-17)
Diez enviados, jefes de naves dar muerte. De un contrario en ejército guerra abierta. Confusión jefe. Uno se hiere y muere. Leryn , Stecades naves, el Capeto en la tierra. (7-37)
Si Francia pasa ultramar Lygustica, te verás en islas y mares encerrado: mahomet contrario, mas mar Adriático caballos y asnos roerás los huesos. (3-23)
La gran banda y secta crucígera, se alzará en Mesopotamia: del próximo río compañía ligera, que tal ley tendrá por enemiga. (3-61)
Próximo a descender el ejército crucígero será acechado por los ismaelitas, por todos lados batidos por nave Raviera, pronto asaltados por diez galeras escogidas. (9-43)
Poco después de nada largo intervalo, por mar y tierra será hecho gran tumulto, mucho mayor será pugna aval, fuegos, animales que harán más injuria. (2-40)
Francia tiene cinco partes por negligencia asaltada, Túnez, Argel movidos por persas, León, Sevilla, Barcelona caída, no tendrá la flota por los venecianos. (1-73)
Por la discordia y negligencia gala, sobre paso a Mahomet abierto: de sangre empapada la tierra y la mar Senenses, el puerto Focense, de velas y de naves cubierto. (1-18)
Gran rey vendrá tomar puerto cerca de Niza, el gran imperio de la muerte se hará con él, en los Antipolles posará su novilla, por mar la Pille todo desvanecerá. (10-97)
Perseguida será de Dios la iglesia, y los santos templos serán expoliados, al hijo la madre pondrá desnudo en camisa, serán árabes a los polones unidos. (5-73)
De sangre troyana nacerá corazón Germánico, que se tornará en muy alta potencia: afuera expulsará gente extraña arábiga, volviendo la Iglesia pristina preeminencia. (5-74)
A las Españas llegará un rey muy poderoso, por mar y tierra subyugando nuestro mediodía, este mal hará menguante la media luna, bajar las alas a los del viernes. (10-95)
La gran estrella durante siete días arderá, no hará dos soles aparecer, el gran mastín toda noche aullará, cuando Sumo Pontífice cambiará de terruño. (2-41)
...Aparecerá hacia el septentrión, no lejos de Cáncer la estrella cabelluda...(6-6)
Jardín del mundo junto a ciudad nueva, en el camino de las montañas socavadas: será asido y sumergido en la cuba, bebiendo a la fuerza aguas sulfurosas, envenenadas. (10-49
Oh, vasta Roma, tu ruina se acerca, no de tus muros, de tu sangre y sustancia; el aspro con letras hará muy horrible muesca, hierro agudo metido a todos hasta el mango. (10-65)
Llora Milán, llora Lucca, Florencia , que tu gran duque al carro subirá, cambiar la sede junto a Venecia se adelanta, cuando Colonia a Roma cambiará. (10-64)
El oriental saldrá de su sede, pasar los montes Apeninos ver la Galia: traspasará el cielo, las aguas y la nieve, y a cada uno golpeará con su vara. (2-29)
Lloro Niza, Mantua, Pisa, Génova, Savona, Siena, Capua,, Módena, Malta: encima de sangre y espada por regalo, fuego, temblor de tierra, agua, desdichada cuenta. (10-60)
Por la potencia de los tres reyes temporales, en otro lugar será puesta la Santa Sede: donde la sustancia del espíritu corporal, será repuesto y recibido por verdadera sede. (8-99)
Se verá un gran pueblo atormentado y la santa ley en total ruina, por otras leyes toda la cristiandad, cuando sea encontrada mina de oro y plata. (1-53)
Pontífice romano, guárdate de acercarte a la ciudad bañada por dos ríos, escupirás tu sangre cerca de allí, tú y los tuyos cuando florezca la rosa. (2-97)
La sagrada pompa bajará las alas a la venida del gran legislador. Alzará al humilde, perseguirá a los rebeldes, en la tierra no nacerá igual. (5-79)
Tan esperado no volverá nunca a Europa, en Asia aparecerá uno de la liga salido del gran Hermes, y sobre todos los reyes de Oriente crecerá. (10-75)
4.- San Malaquías (1183)
(Ultimos papas)
- De mediaetae lunae (Juan Pablo I)
- De labore solis (Juan Pablo II)
- De gloria olivae (Benedicto XVI)
In persecutione extrema Sanctae Romanae Ecclesiae sedebit Petrus Romanus qui pascet oves in multis tribulationibus, quibus transactis, civitas septicollis diruetur et judex tremendus judicabit populum suum.
Cuando la última persecución de la Santa Iglesia Romana, ocupará el solio pontificio Pedro el Romano, que apacentará sus ovejas en medio de numerosas tribulaciones; finalizadas éstas, la ciudad de las siete colinas será destruida y el juez terrible juzgará al pueblo.
5.-Jeane Dixon (1962)
En el año 2025 China habrá alcanzado una suficiente estabilidad económica y política para lanzarse adelante a un plan de grandes conquistas. En tal año, China invadirá Rusia, conquistará una gran porción al nortes de este país y no se detendrá hasta que no haya invadido Finlandia, Noruega, Suecia y Dinamarca, deteniéndose en los confines de Alemania.
La Europa occidental no será invadida en este momento; sin embargo, también Rusia habrá extendido su directa esfera de influencia, la cual no estará ya limitada a los países de la Europa Oriental, sino que llegará también a Libia, Etiopía, Irán y gran parte de Africa. Esta guerra de conquista durará desde el 2025 al 2037.
Satanás está avanzando al descubierto intentando seducir al mundo y deberemos prepararnos para los futuros acontecimientos.
Su campo operativo será la seducción individual de la Humanidad, es decir, una ideología mixta de conceptos políticos, filosóficos y religiosos que arrojará a los hombres a una profunda crisis de fe con respecto a Dios.
Mientras que el profeta del Anticristo propugnará su ideología, los hombres estarán ofuscados por el progreso de la técnica y de la opulencia en su modo de vida. La sociedad terminará por adorarse a sí misma y a sus conquistas materiales. Hasta el momento en que el hombre diga: “Yo soy la fuerza y no tengo necesidad de Dios. Tengo sólo necesidad de mi ciencia humana”.
Lo veo nacer en 1962, y será aquel que engañará al mundo en nombre de Satanás.
Yo veo que no se encuentra ya en el país donde nació, sino que ha sido llevado por sus padres a otro lugar del Oriente Medio, y tengo la impresión de que se trata de una zona densamente poblada de las Repúblicas Arabes Unidas. La razón de su traslado me es desconocida, pero sé que el niño está rodeado por fuerzas destinadas a su protección. Cuando este niño llegue a los once años, le ocurrirá algo tremendamente importante. Muy probablemente en este momento no oiremos hablar ni siquiera de ello, pero él, a esa edad se dará cuenta plenamente de su misión satánica.
Comenzará entonces a extender su influencia y aquellos que estén más próximos a él formarán su primer núcleo de fieles secuaces, cuando tenga 19 años. Silenciosamente se pondrá a trabajar junto a ellos hasta que haya cumplido los 29 ó 30 años, cuando la fuera y el impacto de su presencia en el mundo comience a dar sus malos frutos.
Será una figura militar. Conquistará toda la tierra y sabrá mantenerla completamente sometida con las armas más adelantadas.
Su dominio es extenderá a todo el mundo y a cada persona, controlando hasta los pensamientos. No habrá ya estados y toda la tierra se convertirá en una enorme isla dentro del Universo. La guerra, como siempre ha sido conocida, desaparecerá, y el anticristo se proclamará ”príncipe de la paz”.
Por lo que se refiere a la Iglesia cristiana no veo ningún camino de salida: acabará por ser reducida a la clandestinidad. No quedará nada de su posición originaria; sin embargo, el Espíritu Santo seguirá asistiéndola Como Cristo dijo: hasta el fin de los tiempos.
Establecerá una religión extraña y fundamentalmente antihumana, basada en el ateísmo y en lucha contra toda forma religiosa.
Se presentará al género humano como supremo regulador capaz de dispersar todo eco de guerra, como maestro del nuevo método de vida que se alejará definitivamente del patrimonio cristiano, considerado ya superado, y como redentor de todos los hombres de sus viejos miedos, de los complejos de culpa y de los recíprocos rencores.
El anticristo representará un profundo desafío ético para los hombres de su tiempo, los forzará casi a admitir su santidad en relación con la vida humana y con el culto. Y todo esto no será otra cosa que el resultado del ateísmo.
Este engaño demoníaco que se impondrá al hombre en esos días tendrá dos componentes: 1º, una falsa ideología inculcada a todos con los medios de una sutil propaganda;2º, signos misteriosos y maravillas.
Como resultado de su influencia y persuasión se tendrá una confusión universal, división y cisma. Algunas religiones se volverán directamente al ateísmo y los pocos fieles que mantendrán dentro de sí la fe hacia el único Dios deberán padecer grandes violencias.
6.- Jasper de Dortmund (siglo XVIII)
Temo de la parte de Oriente, de donde vendrá la guerra tan repentina que por la tarde habrá paz y por la mañana tendremos al enemigo en las puertas. No será la paz, no será una guerra de religión, pero todos los creyentes harán causa común. Los signos de esta guerra, serán: tibieza religiosa y corrupción de las costumbres, el vicio será llamado virtud, y la virtud, vicio. Los creyentes serán tomados por locos, los incrédulos por iluminados. Después, el enemigo aparecerá en multitud exterminada... la pugna, la victoria y la fuga, serán tan rápidas que bastará esconderse por breve tiempo para escapar al peligro. Quien no se esconda será exterminado... El turco será algún tiempo nuestro dueño, pero poco después será derrotado de modo que pocos volverán a la patria.
7.- La Biblia
Sabrá que en los últimos tiempos, vendrán días difíciles, porque los hombres serán egoístas, avaros, vanidosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, desalmados, sin amor, sin paz, calumniadores, incontinentes, crueles, sin humanidad, y negarán todo lo que constituye su esencia.(San Pablo, 1ª Carta a Timoteo, III,1, 7).
Falsos doctores, propagadores de doctrinas equívocas y demonios hipócritas, mentirosos, torpemente manchados en la conciencia.(IV,1,2)
Hasta seréis traicionados por los padres, por los hermanos, por los parientes y amigos, que harán morir a varios de vosotros. (Lucas, XXI, 16)
Se levantarán naciones contra naciones, reino contra reino, y habrá epidemias y terremotos en diversos lugares. Pero todo esto no será más que el principio de los dolores. (Mateo, XXIV, 7,8)
Y ellos caerán por la espada y serán conducidos en cautiverio a todas las naciones; y Jerusalem será pisoteada por los gentiles, hasta que el tiempo de los gentiles se haya cumplido( Lucas,XXI,4)
Habrá señales en el sol, en la luna, en las estrellas, y en la tierra, angustia de pueblos aterrados por le fragor de los flujos del mar. Los hombres se sentirán paralizados por el espanto y por la espera de lo que estará por venir sobre el mundo entero: en efecto, las potencias de los cielos serán sacudidas. Y entonces verán al hijo del Hombre venir sobre una nube con gran potencia y majestad. Cuando estos hechos empiecen a realizarse, levantáos y alzad la cabeza, porque vuestra redención está próxima. Por esto, estad, atentos a vosotros mismos a fin de que vuestros corazones no sean agravados por la crápula, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, y que ese día no so coja de improviso, como una trampa, ya que pesará sobre todos aquellos que se encuentren sobre la faz de la tierra. Vigilad pues, y rogad en todo tiempo, para poder escapar de todo lo que debe suceder , y comparecer delante del Hijo del Hombre. Y entonces se verá al Hijo del Hombre venir sobre las nubes con gran poder y gloria.(Lucas, XXI, 25-28,34-36)
Y El entonces mandará a los ángeles y reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la Tierra hasta el extremo del cielo(Marcos, XII, 26-27)
Aquel día, cuando mi pueblo Israel habite en seguridad, partirás; y vendrás desde tus moradas de los confines del Norte, tú y contigo pueblos numerosos, todos ellos montados a caballo, una gran muchedumbre y un ejército numeroso; y subirás contra mi pueblo Israel como un nublado para cubrir el país: Será el final de los días, y te conduciré a mi país para que me conozcan las naciones cuando yo muestre en ti tu santidad ante sus ojos, oh Gog.(Ezequiel 38, 14-16)
Aquel día, el día que llegue Gog a la tierra de Israel, brotará mi saña en mis narices. Y en mi cielo, y en el fuego de mi ardor, hablo: en verdad aquel día habrá un gran terremoto en el país de Israel y temblarán ante mí los peces del mar, las aves del cielo y las bestias del campo, y todos los reptiles que se arrastran por el suelo, y todos los hombres que existen sobre la superficie de la Tierra, y serán destruidas las montañas, y se derrumbarán las escarpas rocosas, y todos los muros caerán por tierra. (Ezequiel 38, 18-20)
Luego saldrá Yahvé y peleará contra aquellos pueblos, como el peleó en día de batalla. Y aquel día sus 0pies pisarán el monte de los olivos,... Sucederá también que en ese día no habrá luz sino frío y helada , será un día que solo es conocido de Yahvé; ni será día ni será noche, sino que ocurrirá que al tiempo de la tarde habrá luz. (Zacarías, 14,3)
Y convocaré contra él por todas mis montañas a la espada, declara el señor Yahvé; la espada de cada uno será contra el otro. Y haré de él justicia con peste y sangre; y haré llover sobre él, y sobre sus huestes y sobre los pueblos numerosos que le acompañan lluvia anegadora, granizo, fuego y azufre. (Ezequiel 38, 21-22)
Cuando viérais cercada de ejércitos a Jerusalem, entonces conoced que es llegado su asolamiento. (Hechos 1, 6-8; Mateo, 24-1; Lucas, 21-20)
¿Hasta cúando, Señor? Hasta que hayan quedado asoladas las ciudades, sin habitantes, y las casas sin nadie, y la tierra laborable quede como un desierto. Y aunque no halla en ella más que una décima parte, volverá a ser objeto de exterminio. (Isaías, 6, 11-13)
Habréis de oír guerras y noticias de batallas; mirad, no os alarméis, porque así tiene que suceder; mas no es todavía el fin. Porque se levantará raza contra raza y reino contra reino, y habrá hambres y pestilencias y terremotos por diferentes lugares; mas todo esto es el preludio de los grandes dolores. (Mateo)
RESUMEN APOCALIPSIS
1ª TROMPETA: Granizo y fuego mezclados con sangre, y abrasó la tercera parte de la tierra.
2ª TROMPETA: Una montaña de fuego se precipitó al mar, y destruyó la tercera parte de peces y naves.
3ª TROMPETA: Cayó del cielo una gran estrella, que envenenó las aguas, y su nombre es absenta.
4ª TROMPETA: Aparecen las tineiblas.
5ª TROMPETA: Saltaron langostas a la tierra, y atormentaron a los hombres durante cinco meses, hasta el punto que los hombres deseen la muerte. “Y esas especies de langostas son semejantes a caballos aparejados para la guerra, y sobre sus cabezas, unas como coronas que asemejaban ser de oro, y sus rostros como rostros de hombres,... y el sonido de sus alas como sonido de carros de muchos caballos,... porque el poder de estos caballos está en su boca.
6ª TROMPETA: Llegan jinetes en número de doscientos millones.
7ª TROMPETA: Se estableció el reinado sobre el mundo del señor nuestro y de su Cristo.
Y vi subir del mar una bestia que tenía diez cuernos, y siete cabezas, y sobre sus cuernos diez diademas, y sobre sus cabezas un nombre de blasfemia... Y le fue dada potestad de actuar durante cuarenta y dos meses... la bestia era semejante a un leopardo, sus pies como de oso, y su boca como de león... y le entregó el dragón su poder y su trono y su gran potestad.... Quien tenga inteligencia, calcule el número de la bestia, pues es un número humano. Y su número es 666. Ay, la ciudad grande vestida de lino finísimo y púrpura y escarlata, y engalanada con oro, y piedras preciosas, y perlas, pues en una sola hora fue devastada toda su riqueza... Y vi un nuevo cielo y una nueva tierra, pues el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido; y el mar no existe ya... Vi la santa ciudad, la nueva Jerusalem, la vi como descendía del cielo de cabe Dios, preparada como desposada que se ha engalanado para su esposo. Y dijo el que estaba sentado en el trono: He aquí que hago nuevas todas las cosas... Son un hecho. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Yo al que tuviere sed le daré de balde a beber de la fuente del agua de la vida... Y me mostró un río de agua de vida, luciente como cristal, que salía del trono de Dios, y del Cordero.
8.- Jeanne le Royer. (1732-1798)
Consideré detenidamente, y juzgué que sólo le quedaban alrededor de dos horas al sol... Mucho antes de que llegue el Anticristo, el mundo será afligido por guerras sangrientas... Los pueblos se alzarán contra los pueblos, ora divididos y ora unidos para combatir, a favor o en contra del mismo bando... Además de ello, veo que la Tierra será sacudida en diferentes lugares.
9.- Prémol. (Siglo XVII)
¡Qué mortandad, oh Dios mío¡ La sangre corre a borbotones por el lecho del Jordán, que arrastra cadáveres, cráneos rotos y miembros sueltos.
Y las olas del mar van a orillas lejanas a horrorizar a las naciones.
¿Acaso no basta, Señor, una hecatombe semejante para aplacar tu cólera? ¿Pero no? ¿Qué es ese ruido de armas, esos gritos de guerra y de espanto que llegan desde los cuatro vientos?
¡Ah¡ El Dragón se ha arrojado sobre todos los estados y siembra en ellos la más horrorosa confusión.
Los hombres y los pueblos se han alzado unos contra otros. ¡Guerras, guerras¡ !Guerras civiles, guerras extranjeras¡
¡Qué espantosos choques¡ Todo es luto y muerte, y el hambre reina en los campos.
¡Jerusalem, Jerusalem¡, sálvate del fuego de Sodoma y de Gomorra y del saqueo de Babilonia.
La cruz de Cristo no domina ya mas que un montón de ruinas. Y he aquí que el rey de Sión ataca esta Cruz, y su cetro y su triple corona, y sacudiendo sobre las ruinas el polvo de su calzado, se apresura a huir hacia otras riberas.
Tú, soberbia Tiro, que aún escapas a la tormenta, no te alegres en tu orgullo. La erupción del volcán que abrasa tus entrañas se avecina.
Caerás mucho antes que nosotros en el abismo.
¡Y aún no es todo, Señor¡ Tu iglesia ha sido destrozada por sus propios hijos.
Los hijos de Sión se dividen en dos bandos: uno fiel al Pontífice fugitivo y otro que dispone del gobierno de Sión, respetando al cetro, pero rompiendo las coronas.
Y uno coloca la tierra mutilada sobre una cabeza ardiente, otro intenta reformas que el partido contrario rechaza, y la confusión está en el santuario.
Ahora bien, el espíritu me sopló en los ojos.
Y vi un hombre de rostro resplandeciente como la faz de los ángeles subirse a las ruinas de Sión.
Una luz celestial descendió del cielo sobre su cabeza, como en tiempos las lenguas de fuego sobre los apóstoles.
Y los hijos de Sión de prosternaron a sus pies, y El los bendijo.
Y llamó a los Samaritanos y a los Gentiles y ellos se convirtieron todos a su voz.
10.- Edgar Cayce. (1877-1945)
América y Rusia se movilizarán del mismo bando para luchar contra el peligro común: la China roja.
El mar (año 2.100) cubría aparentemente toda la parte oeste de la comarca, y la ciudad donde vivía yo estaba en la costa. Me vi en un largo avión metálico, en forma de cigarro, que alcanzaba grandes velocidades. Al hacer escala en una ciudad completamente destruida, pregunté dónde me hallaba, me contestaron: Nueva York.
El agua cubría entonces una gran parte de Alabama y que Norfolk y Virginia eran inmensos puerto de mar. Gran número de casas estaban construidas de vidrio.
Aunque las naciones consigan evitar la tercera guerra mundial, nada impediría la desaparición de París, Londres y Nueva York de la faz de la tierra.
Después que hayan emergido las zonas sumergidas de la Atlántida, entonces se producirá un periodo de levantamientos submarinos que deberán, en las generaciones siguientes, convertirse en otras tierras.
11.- Cheiro (1929)
Dentro de cien años aprox. , tras una serie de terremotos, se elevarán islas fuera del Atlántico, en la zona de las Azores, y las ruinas de la Atlántida, serán descubiertas y exploradas. Este levantamiento quebrantaría el istmo de Panamá y por consiguiente, el Norte y el Sur de América quedarían separados.
12.- Santa Hildegarda. (Siglo XII)
El hijo de perdición que reinará muy poco tiempo, vendrá al anochecer de la duración del mundo, en el tiempo en el que el sol ha desaparecido ya en el horizonte, es decir, que vendrá en los últimos días.
Armaos precipitadamente, y preparaos para el más temible de los combates.
Tras haber pasado una juventud licenciosa en medio de hombres muy perversos y en un desierto, adonde habrá sido conducido por un demonio disfrazado de ángel de luz, la madre del hijo de perdición lo concebirá y lo alumbrará sin conocerlo el padre.
El hijo de perdición es esa bestia muy malvada, que hará morir a todos los que rehusen creer en él.
Cuando el hijo de perdición haya llevado a cabo todos sus designios, reunirá a todos sus creyentes y les dirá que quiere subir al cielo. En el momento de esa ascensión, un rayo le herirá matándolo.
Por otra parte, la montaña en la que se habrá establecido para proceder a su ascensión, será cubierta al instante por una nube que propagará un olor a corrupción espantoso y verdaderamente infernal.
Añadido el 22-03-2012:
«Después del 1900, hacia mediados del siglo 20, las personas de ese tiempo se volverán irreconocibles. Cuando el tiempo del advenimiento del Anticristo se acerca, las mentes de las personas crecerán en confusión por las pasiones carnales, y el deshonor y la injusticia se volverán más fuertes. Entonces el mundo será irreconocible. La apariencia de las personas cambiará, y será imposible distinguir a los hombres de las mujeres debido a su inmodestia en el vestido y estilo de pelo. Estas personas serán crueles y serán como los animales salvajes debido a las tentaciones del Anticristo. No habrá respeto por padres ni superiores, el amor desaparecerá, y los pastores cristianos, obispos, y sacerdotes se volverán hombres vanos, fallando completamente en distinguir el camino recto del errado. En ese momento, las morales y tradiciones de los Cristianos y de
En ese momento del futuro, debido al poder de tan grandes crímenes y libertinaje, se privarán las personas de la gracia del Espíritu Santo que recibieron en el Santo Bautismo e igualmente el remordimiento.
Las Iglesias de Dios serán privadas del temor de Dios y de pastores piadosos, y desgracia vendrá a los cristianos que permanezcan en el mundo en ese momento; ellos perderán su fe completamente porque les faltará la oportunidad de ver la luz del conocimiento en ninguna persona. Entonces se separarán del mundo e irán a santos refugios buscando aliviar sus sufrimientos espirituales, pero por todas partes encontrarán obstáculos y constreñimiento. Y todos esto resultará del hecho de que el Anticristo quiere ser Señor de todo y convertirse en gobernante del universo entero. Producirá milagros y señales fantásticas. Dará también sabiduría depravada a un infeliz para que descubra una manera de que el hombre pueda mantener una conversación con alguien de un extremo de la tierra al otro. En aquel tiempo, los hombres también volarán a través del aire como los pájaros y descenderán al fondo del mar como los peces. Y cuando hayan logrado todo eso, estas personas infelices gastarán sus vidas en medio del confort sin saber, pobres almas, que esto es un engaño del Anticristo. ¡Y, el impío! así completará la ciencia con la vanidad que se saldrá del camino correcto y guiará a las personas a perder la fe en la existencia de Dios en tres hipóstasis.
Entonces el bondadoso Dios verá la caída de la raza humana y acortará los días por causa de esos pocos que serán salvados, porque el enemigo quiere incluso llevar al escogido a la tentación, si eso es posible... entonces la espada del castigo aparecerá de repente y matará a los pervertidores y a sus sirvientes.»
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