martes, 28 de agosto de 2012

Prosas escogidas de Antonio Machado





“Antonio Machado se dejó desde niño la muerte, la muerte podre y quemasdá por todos los rincones de su alma y de su cuerpo. Tuvo siempre tanto de muerto como de vivo, mitades fundidas en él por arte sencillo. Cuando me lo encontraba por la mañana temprano, me creía que acababa de levantarse de la fosa. Olía, desde muy lejos, a metamorfosis. La gusanera no le molestaba, le era buenamente familiar… Poeta de la muerte, y pensado, sentido, preparado hora tras hora para lo muerto, no he conocido otro que como él haya equilibrado estos niveles iguales de altos y bajos, según y como; que haya salvado, viviendo, muriendo, la distancia de las dos únicas existencias conocidas, paradójicamente opuestas; tan unidas aunque los hombres nos empeñamos en separarlas, oponerlas y pelearlas… Acaso él fue, más que un nacido, un resucitado…”
 Juan Ramón Jiménez



Conocemos y sentimos la imposibilidad temporal de llegar a leer toda la literatura que nos interesa. Por distintas razones hacemos viva en nosotros una pequeña parte de la sabiduría universal, mientras se nos van escapando una gran cantidad de textos, unas veces por desconocimiento de los mismos, otras por la continua elección a la que nos enfrentamos, en la que vamos dejando a un lado grandes obras que por circunstancias naturales no nos sentimos preparados para ellas o creemos que no nos encajan.

Todos hemos disfrutado en mayor o menor medida la poesía de Antonio Machado, cumbre sin par de la lírica española, pero muchas veces se nos ha escapado bajo su cuerpo metafórico el grueso de sus ideas sociales, políticas, humanísticas ó culturales. Tengo que reconocer que ignoraba casi totalmente su literatura en prosa; quizá su frontal oposición a la guerra civil y la dictadura incipiente llevó a que impidieran o retiraran de las escuelas todo vestigio de ella. Pero al descubrirla encontramos acaso al verdadero hombre comprometido con su época y sufridor de los hechos, cuya única salida para evitar su condena era el exilio.

Ahí va una pequeña selección de sus ideas, cuya profundidad, claridad y contundencia no hacen sino agigantar su eterna dimensión humana.




Llevo conmigo un diablo –no el demonio de Sócrates-, sino un diablejo que me tacha a veces lo que escribo. Para escribir encima lo contrario de lo tachado; que a veces habla por mí y otras por él, cuando no hablamos los dos a la par, para decir en coro cosas distintas. ¡Un verdadero lío! Para los tiempos que vienen no soy yo el maestro que debéis elegir, porque de mí solo aprenderéis lo que tal vez os convenga ignorar toda la vida: a desconfiar de vosotros mismos.

Tampoco encontraréis en mis notas esa firmeza y seguridad en el tono de quien, al pensar, piensa de paso que piensa la verdad. No toméis demasiado en serio -¡cuántas veces os lo he de repetir!- nada de lo que os diga. Desconfiad sobre todo del tono dogmático de mis palabras. Porque el tono dogmático suele ocultar la debilidad de nuestras convicciones.

¿Fue Alfredo de Vigny quien dijo de los políticos que no merecían, por el hecho de gobernar bien o mal, mayor loa o censura que los cocheros por conducir hábil o zurdamente sus carruajes?… Desatemos cuanto haya en estas palabras de excesivo, menosprecio para los políticos y los cocheros, según casos y pueblos… Si el auriga sabe su oficio, sigamos con él y paguémosle puntualmente su salario. Si guía mal habrá que despedirlo… Mas… ¿qué haremos con un cochero loco o borracho que nos lleva a galope alegremente al precipicio? Habrá que arrojarlo a la cuneta del camino, después de arrancarle a la fuerza las riendas de la mano. Revolución se llama a esta fulminante jubilación de cocheros borrachos.

Las reliquias históricas que se dicen reveladas, nada tendrían que temer de nuestra Escuela de Sabiduría; porque nosotros no combatiremos ninguna creencia, sino que nos limitaríamos a buscar las nuestras. Nosotros solo combatimos, y no siempre de un modo directo, las creencias falsas, es decir, las incredulidades que se disfrazan de creencias. Usted puede creer en el infierno hasta achicharrarse en él anticipadamente, pero de ningún modo recomendar a su prójimo esa creencia sin una previa y decidida participación de usted en ella. Nosotros limitamos contra una sola religión, que juzgamos irreligiosa: la mansa y perversa que tiene encanallado a todo el occidente. 

Llamémosle pragmatismo, para bautizar una ingeniosa creencia de filosofía. La palabra pragmatismo viene un poco estrecha a nuestro concepto, porque nosotros aludimos con ella a la religión natural de todos los granujas sin distinción de continentes. Quisiéramos nosotros contribuir, en la medida de nuestras fuerzas, a limpiar el mundo de hipocresía.

Estamos abocados a una catástrofe moral de proporciones gigantescas, en la cual solo quedan en pie las virtudes cómicas. Los políticos tendrán que aferrarse a ellas y gobernar con ellas. Nuestra misión es adelantarnos por la inteligencia a devolver su dignidad de hombre al animal humano.


Desconfiad del tópico “masas humanas”. Muchas gentes de buena fe lo emplean sin reparar que el tópico viene de manos enemigas: de la burguesía capitalista que explota al hombre y necesita degradarlo; algo también de la Iglesia, órgano de poder, que más de una vez se ha proclamado instituto supremo para la salvación de las masas. Mucho cuidado; a las masas no las salva nadie; en cambio, siempre se podrá disparar sobre ellas.
Escribir para las masas no es escribir para nadie, menos que nada para el hombre actual. Si os dirigís a las masas, el hombre, el cada hombre que os escuche no se sentirá aludido y necesariamente os volverá la espalda.
Nosotros no pretenderíamos nunca educar a las masas. A las masas que las parta un rayo. Nos dirigimos al hombre, que es lo único que nos interesa: al hombre en todos los sentidos de la palabra; al hombre en general y al hombre individual, al hombre esencial y al hombre empíricamente dado en circunstancias de lugar y de tiempo, sin excluir al animal humano en sus relaciones con la naturaleza. Pero el hombre masa no existe para nosotros. El concepto de masa no sirve para ayudarnos a definir al hombre, porque esa noción fisico-matemática no contiene un átomo de humanidad. Porque aquellos mismos que defienden a las aglomeraciones humanas frente a sus más abominables explotadores, han recogido el concepto de masa para convertirlo en categoria social, ética y aun estética. Y esto es francamente absurdo. Imaginad lo que podría ser una pedagogía para las masas. ¡La educación del niño-masa! Ella sería, en verdad, la pedagogía del mismo Herodes, algo monstruoso.

Para nosotros, la cultura no proviene de energía que se degrada al propagarse, ni es caudal que se aminore al repartirse; su defensa, obra será de actividad generosa que lleva implícita las dos más hondas paradojas de la ética: solo se pierde lo que se guarda, solo se gana lo que se da.
Enseñad al que no sabe; despertad al dormido; llamad a la puerta de todos los corazones, de todas las consciencias. Y como tampoco es el hombre para la cultura sino la cultura para el hombre, de tal suerte que solo el peso de la cultura puede repartirse entre todos, si mañana un vendaval de cinismo y elementalidad humana sacude el árbol de la cultura y se lleva algo más que sus hojas secas, no os asustéis. Los árboles demasiado espesos necesitan perder alguna de sus ramas, en beneficio de sus frutos. Y a falta de una poda sabia y consciente, pudiera ser bueno el huracán.



Antes de escribir un poema conviene imaginar al poeta capaz de escribirlo. Terminada nuestra labor, podemos conservar el poeta con su poema, o prescindir del poeta –como suele hacerse- y publicar el poema; o bien tirar el poema al cesto de los papeles y quedarnos con el poeta; o, por último, quedarnos sin ninguno de los dos, conservando siempre al hombre imaginativo para nuevas experiencias poéticas.
Pero, además, ¿pensáis que un hombre no puede llevar dentro de sí más de un poeta? Lo difícil sería lo contrario, que no llevase más que uno.

Después de la verdad, nada hay tan bello como la ficción. Los grandes poetas son metafísicos fracasados. Los grandes filósofos son poetas que creen en la realidad de sus poemas.
El escepticismo de los poetas puede servir de estímulo a los filósofos. Los poetas, en cambio, pueden aprender de los filósofos el arte de las grandes metáforas, de esas imágenes útiles por su valor didáctico e inmortales por su valor poético.
También de los filósofos pueden aprender los poetas a conocer los callejones sin salida del pensamiento, para salir –por los tejados- de esos mismos callejones. Sin el tiempo, esa invención de Satanás, sin ese que llamamos un maestro “engendro de Luzbel en su caída”, el mundo perdería la angustia de la espera y el consuelo de la esperanza. Y el diablo ya no tendría nada que hacer. Y los poetas, tampoco.

La poesía, aun la más amarga y negativa, era siempre un acto vidente, de afirmación de una realidad absoluta, porque el poeta cree siempre en lo que ve, cualesquiera que sean los ojos con los que mire. El poeta y el hombre. La experiencia vital le ha enseñado que no hay que vivir sin ver, que solo la visión es evidencia y que nadie duda de lo que ve, sino de lo que piensa. El poeta logra escapar de la zona dialéctica de su espíritu, irremediablemente escéptica, con la convicción de que ha estado pensando en la nada, entretenido con ese hueso que le dio a roer la divinidad para que pudiera pasar el rato y engañar su hambre metafísica.

Hay que tener los ojos muy abiertos para ver las cosas como son; aún más abiertos para verlas otras de las que son, más abiertos todavía para verlas mejores de lo que son. Yo os aconsejo la visión vigilante, porque nuestra misión es ver e imaginar despiertos, y que no pidáis al sueño sino reposo.


APÉNDICE

En una entrada anterior titulada " María Zambrano, Ganarse el Ser a través de la Vida", en que selecciono algunos textos recopilados de esta sublime malagueña por un grupo de especialistas, incluía el párrafo siguiente dentro de la autoría de María:

Pero las ideas no son sino hijas del amor, y en cierto modo, del fracaso del amor. Nunca serían concebidas sin él, porque es el amor mismo o conato del ser por superar su propia limitación, quien las proyecta sobre la nada.

Ha sido al consultar un libro de prosas escogidas de Machado, cuando he encontrado estas mismas palabras por boca de su pseudonimo Juan de Mairena. No cabe duda que sería una cita tomada por ella del autor sevillano que le serviría de reflexión, ya que es anterior cronológicamente: 

"El gran ojo que todo lo ve al verse a sí mismo es, ciertamente, un ojo ante las ideas. Pero las ideas no son las esencias mismas, sino su dibujo o contorno trazado sobre la negra pizarra del no ser. Hijas del amor y, en cierto modo, del gran fracaso del amor, nunca serían concebidas sin él, porque es el amor mismo o conato del ser por superar su propia limitación quien las proyecta sobre la nada".



“Dijo Dios: “Brote la Nada”
y alzó su mano derecha
hasta ocultar su mirada.
Y quedó la Nada hecha.




viernes, 29 de junio de 2012

Por favor... !atrévanse a comentar!

En este universo abigarrado de internet densamente poblado y variopinto nos encontramos siempre aprendiendo cosas nuevas. Pero quizá la clave para saber qué es lo que pensamos de cualquier tema radica en utilizar el diálogo y el comentario. Sé que disponemos muchas veces de poco tiempo, que la oferta es muy amplia y los intereses de cada cual infinitos. A pesar de lo específicos que puedan parecer los temas que suelo tratar, a fin de cuentas estoy hablando siempre del hombre, del ser humano, de nuestros ancestros, de los elementos espirituales que nos diferencian, del alma, de nuestros secretos profundos. Pero todo ello con vistas a tratar de cambiar un presente oscuro y degradado, cada uno por su parte y todos en conjunto. El intercambio de ideas y opiniones es lo que nos hará avanzar y reconocernos.

Muy acertado está Emilio Lledó cuando al hablar de la función del lenguaje escrito, nos dice: "Toda educación debe mantener y estimular ese intercambio entre semilla que se siembra, palabra, mensaje, discurso que se comunica, y permitir que esos objetos verbales, al anidar en la mente de quien los recibe, fomenten y alienten otros vuelos teóricos, crezcan en otras palabras, originen un caudaloso fluir en el cauce del futuro. Estos nuevos actos mentales transforman en vida el pensamiento, dando un nuevo sentido, en la mente y en la realidad, a la repetida y monótona sucesión con que se desliza el tiempo sin sustancia, ese tiempo estéril, idéntico siempre a sí mismo; simple “medida del movimiento”, pero sin “antes ni después”. 

Nada más opuesto, por consiguiente, a esa siembra educativa, que la trasmisión de un lenguaje cuyo destino es solo de ser recibido sin “recepción”; el de tener que caer en una mente que no puede hacer nada con él, sino incorporarlo al inerte material de una muralla donde falsos educadores, como falsos profetas, han ido piedra a piedra acumulando las endurecidas simientes de una lengua muerta y que produce muerte.

El leguaje escrito no se comunica en el instante en el que surge. La escritura se proyecta hacia otro tiempo que aquel en que surge. Las letras adquieren así una misteriosa cualidad. Escritas desde el concreto y motivado presente de un autor, y emergiendo de su pasado, de dirigen al borroso horizonte del futuro en el que, tal vez, encuentren lector y respuesta. Es evidente que esta perspetiva de una comunicación que, en el fondo, no se orienta hacia nadie determinado, rompe con la primaria estructura del lenguaje. Al moverse la escritura hacia ese impreciso futuro se afirma, sin embargo, como memoria, se convierte en memoria. El futuro en el que, posiblemente, actuará ese diálogo que las letras prometen en el alargamiento del presente de la escritura hacia un imaginario y siempre imprevisible lector.

El territorio de la cultura precisa ser aprendido, mirado desde perspectivas en donde el “alma” esté preparada para hacer germinar y, por consiguiente, hacer vivir lo que es silencio, hacer realidad lo que es posibilidad. Esta realización se transforma, a su vez, en el caso de que la recepción se haga escritura, en posibilidad que enhebra el tiempo en ese hilo que se llama inmortalidad".

Por ello, ayudadme a alargar el presente de la escritura con ese diálogo espontáneo o meditado, escueto o concienzudo, sobre cualquiera de las entradas.

Estaré un tiempo de vacaciones, pero me comprometo a responder a mi vuelta cada uno de vuestros comentarios... !hasta pronto!


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miércoles, 27 de junio de 2012

Mis pájaros favoritos

Como parte de este diario personal compartido, que es como considero el blog, tiene su sitio esta relación escueta de las aves que puedo ver desde de mi casa, con alguna descripción rápida de su plumaje, algún comportamiento observado… pequeñas notas que me sirven para reconocerlos. Las grandes aves son mucho más fáciles de identificar, por el tamaño, menor número de especies, etc. Más difícil la cuestión con las aves pequeñas: hay un gran número de ellas y su tamaño menor lógicamente lo dificulta. Pero una vez conocidas unas, busco los rasgos distintivos de especies que aún no reconozco, pero que están por aquí. La gran parte de las especies son de temporada, ya en verano o en invierno, todo el año están el Gorrión Común, la Tórtola turca, el Carbonero Común, la Curruca Cabecinegra, el Mirlo, el Zorzal común, Estornino y unas cuantas más. Me ayuda uno de los mejores trabajos sobre Aves de España (al que saqué fotocopias), que manejaba un grupo de Verdes-Biólogos con el que estuve relacionado y compartí con ellos varias rutas y pernoctaciones en esa desconocida pero fascinante Sierra de Aznalcóllar. Era un lujo ir con ellos, con su extenso conocimiento de flora y fauna, de todos los senderos, sus tres grandes y distintos ríos, uno de ellos el Agrio, en todo parecido al Río Tinto, pequeños lagos, arroyos, etc. Aquí vi y recorrí un precioso bosque-galería de alisos, sauces, chopos; también a destacar un paraje frondoso y casi impenetrable donde no llegaba el sol, de brezos de hasta tres metros en el lecho de un arroyuelo; pequeñas cataratas y cárcavas, vistas panorámicas, construcciones abandonadas desde la Guerra Civil como la de Carnicería, donde se practicaban los fusilamientos, etc.

                                                            Alondra

Éstos son:

Abejaruco, una de las aves exóticas de por aquí, de pecho azul y torso dorado, forma de ballesta; suele oírse su graznido antes de verlas. Van casi siempre en grupo.

Abubilla, otras de las aves más exóticas y extrañas, con largo pico y gran penacho rojizo y sus plumas con franjas blancas y negras; alas grandes y de vuelo corto y pesado.


Águila Calzada, de tamaño medio-grande, característicos sus muñones en las patas. Vista desde abajo, borde externos de las alas negro, el resto blanco o muy claro. Se las ve entre otoño y primavera

Aguilucho Cenizo, planea a gran velocidad rozando las copas de los árboles. Para verlo a primera hora de la mañana o antes de ponerse el sol. Combina los tonos ceniza con blanco y negro moteados. La hembra es diferente, mayor de tamaño y los tonos más grises, parecida a la del ratonero común en fase clara.

Alcaudón Común, del tamaño del gorrión, inconfundible por el tamaño de su cabeza, anaranjada en el caso del macho. Al volar o tirarse al suelo en busca de algún insecto enseña sus plumas blancas.

Alondra, alaúdido con pintitas negras en su pecho y con una pequeña coronilla, imita los cantos de las demás aves desde ramas escondidas.

Ánade Común, solo en bandadas, en época de migración

Autillo, pequeña rapaz nocturna de tono grisáceo, es más fácil oírla que verla.

Avión Común, ave pequeña muy gregaria típica del verano, se distingue de la golondrina por ser más pequeña, su obispillo blanco y su cola de pez.

Buitre Leonado, siempre en grupos en busca de algún animal muerto, impresiona su tamaño respecto del Milano o el Cuervo.

Carbonero Común, mi preferido entre las pequeñas aves. De bonitos colores y contrastes, su canto resuena lejos marcando territorio. Canto armonioso y martillero. Les tengo puesto un comedero, aunque tórtolas y gorriones a tropel se lo ponen muy difícil. También he colgado un nido en un pino con la esperanza de que crie alli.

Cernícalo Común y Cernícalo Primilla, muy parecidos y difíciles de distinguir, forma muy estilizada de ballesta. Puede pararse mucho tiempo seguido en el mismo punto por muy fuerte que sople el viento. Al atardecer es típico oír sus chillidos a gran distancia.

Chova Piquigüalda, solo la he visto una vez. Supe que lo era al estar junto al mirlo, ya que es mayor en tamaño pero de plumaje muy parecido.

Cigüeña, a veces se reúnen inesperadamente muchas de ellas en los campos de trigo, no hay demasiadas parejas en esta zona, va en descenso..

Cogujada Común, alaúdido parecido a la alondra, aunque más ocre y con penacho encrespado. En época de celo, el macho sube a gran altura y se cierne hasta dejarse caer a plomo sobre la hembra.

Colirrojo Tizón, pequeña ave parduzca del tamaño del gorrión. Cuando vuela luce su cola anaranjada. La veo cazar insectos voladores lanzándose hacia arriba rápidamente; se atiborra de alúas y aluitos, pero en verano emigra al norte.

Cormorán Grande, los veo en pequeñas bandadas al atardecer en dirección al Guadalquivir.

Cuco, inconfundible su canto, con un vuelo silencioso y rasante al caer el sol. Plumaje moteado con franjas negras sobre fondo grisaceo por debajo.

Cuervo, gran pico negro, con vuelo directo o en círculos. Inconfundible su “croac” mientras planea.

Curruca Cabecinegra, pequeña y de cabezona negra por debajo de los ojos, el resto grisáceo claro por debajo y más oscuro por el dorso, canto tosco y repetido. Anida bien en el denso follaje de las vallas metálicas. Canto repetido como una chicharra, si te acercas donde está el nido intenta alejarte de él.

Curruca Capirotada, cabeza negra de ojos para arriba, la hembra en cambio anaranjada en época de cría. Su comida favorita es libar el néctar de las flores con su largo pico.

Estornino, pájaro mediano muy gregario casi negro con la garganta más clara. Comen las aceitunas caídas al suelo. Insoportable y repetido su silbido.

Gansos en migración al Parque de Doñana.

Garcilla Bueyera, totalmente blanca y de largo pico naranja, escarba en los campos tras los tractores.

Golondrina Común, anuncia la primavera, mayor que el avión común pero con la cola bihorcada y cabeza y dorso con tintes azules.

Gorrión Común, machacón gorjeo de las crías a primera hora; muy agresivos con sus compañeros, forman verdaderas tanganas en época de celo.

Grajos y Grajillas, pueden ir en grupos numerosos y muy ruidosos, acompañando a veces a los buitres.

Jilguero, sus franjas amarillas y su cabeza rojiza le hacen inconfundible. Vuelo ondulante hasta las puntas de las ramas más altas, donde da su agudo y variado concierto.

Lavandera Blanca, cabeza con careta blanca, el resto combina negro, blanco y gris y cola muy larga, merodea por humedales buscando insectos y andando como un Correlimos. Emigra cuando aprieta el calor.

Lavandera Boyera, muy similar pero con el pecho amarillento, sigue al ganado.

Lechuza, muy clara o blanca por debajo, se oye a distancia su aullido. Una vez la vi volar en silencio, de madrugada, hasta mi pajarera enganchando con sus potentes garras entre la malla a un canario.

Milano Negro, ave muy oscura y algo más clara y parduzca por debajo, va tanto en solitario como en parejas o pequeños grupos, y sigue de cerca a cuervos y buitres. Desplaza al Milano Real al llegar el verano, por ser más abundante.

Milano Real, mi rapaz preferida, con círculos blancos bajo las alas con cola de pez anaranjada. Vuela elegantemente con el mínimo esfuerzo y se cierne parándose en el aire con gran destreza. Lo he visto una vez cazar en vuelo a un estornino despistado.

Mirlo Común, el macho negro y con el pico anaranjado, la hembra más grisácea y mayor que él, siempre muy cerca uno del otro. Canta con chillidos y tonos variados e imita lo que oye, como el sonido del móvil.

Mochuelo, algo mayor que el autillo de plumaje moteado y a franjas. Otea desde los cables o ramas de olivos a su presa.

Mosquitero Común, pequeño pajarillo gris-marrón, algo amarillento el pecho.

Paloma Bravía y Común, a veces se juntan en los prados a centenares, moviéndose como una nube de un lugar a otro.

Pardillo Común, parecido al gorrión, canto un poco monótono, suele cruzarse con canarios dada su robustez.

Perdiz Roja, corretea y come por el suelo del olivar y le cuesta alzar el vuelo debido a su peso. La llamada del macho es característica.

Petirrojo, de patas muy finas y pecho anaranjado, ojos negros inquisitivos, se atreve con los gorriones en el comedero. Muy esquivo pero cercano, siempre alerta, andando a saltitos.

Ratonero Común, águila muy abundante con diversas fases de plumaje, algo mayor que el Milano. Vuelo lento y cansino, en círculos; también otea a la presa desde alguna atalaya o rama alta.

Tarabilla Común, pequeño pájaro negro y parduzco con tintes rojizos, destacando su collar blanco. Siempre cerca de arroyos y charcas, vuelo corto y ondulante entre matorrales. Si te ve acercarte, vuela de uno a otro lado para alejarte de su nido. También se le ve posado en los cables de teléfono.

Tórtola Turca, de color gris marengo con un fino collar negro, muy confiada. Emite un aullido de pelicula de miedo al amanecer.

Verderón, color verde oliva con franjas amarillas que destacan. También se le cruza con canarios para conseguir tonos diversos. Tono de canto repetitivo y como con eco.

Verdecillo Común, parecido al verderón pero más pequeño y con color más apagado. Vuelo acelerado y en línea recta, practica un gorjeo interminable copiado en muchos temas musicales.

Vencejo Común, tono negro azulado de grácil silueta y espléndido vuelo, jamás se posa.

Vencejo Cafre, procedente de África, similar al Común pero más pequeño.

Zorzal Común, de plumaje parecido a la alondra pero de mucho mayor tamaño. Es el objetivo principal de los cazadores por esta zona junto a la perdiz y el conejo.


Aves que he reconocido por los alrededores, sierra de Aznalcóllar y en otros viajes:

Acentor Común, en la sierra de Aznalcóllar, pequeño pájaro que pasa desapercibido; tras su gorjeo finaliza como diciendo “sí”.

Agateador Común, también pequeño y mimetizado con los troncos de árboles, por los que trepa.

Águila Culebrera, de tamaño similar a la Calzada, pero más estilizada, pecho y parte inferior embarrada.

Águila Real. Puedo decir que su avistamiento dio partida a mi afición por las aves. A poco de vivir aquí, se nos cruzó por esta carretera solitaria, impresionando su envergadura y tonos ocres, quizá tras un conejo. La vi otra vez más volando junto a un milano, y este parecía pequeño a su lado. No he vuelto a verla en los últimos diez años.

Alcaudón Chico, del tamaño del Común o menor pero con los tonos del Real.

Alcaudón Real, ostensiblemente mayor que el común, de parecida silueta y de tonos negro y ceniza.

Alcotán, partes bajas moteadas de franjas negras. Lo vi un par de veces merodeando la autovía a Huelva.

Andarríos Chico, parece andar sobre el agua de los arroyos.

Arrendajo, córvido de vistoso plumaje, muy habitual en los pinares.

Bisbita Común, similar a los aláudidos, aquí se le llama “pipita”.

Cárabo, rapaz nocturna que por casualidad espantamos una mañana junto a unas ruinas.

Carraca, pájaro mediano de vivos tonos celestes y rojizos por el dorso, también ave exótica y rara de estos parajes de sierra.

Charrán, se lanza cerca de la orilla del mar para capturar pequeños peces.

Correlimos Común, busca insectos en charcas, fangos y orillas de arroyos.
Collalba Negra, parte superior negra y resto ocre, algo rechoncho.

Collalba Rubia, similar a la Negra pero destaca su cuerpo ocre dorado.

Escribano Montesino, pájaro pequeño parduzco con antifaz más oscuro.

Garza Real, la vi a mucha distancia en el río Dulce, para después remontar vuelo y pasar por encima nuestra, muy estilizada.

Gaviota Cabecinegra y Cana, habituales por las playas del sur, también remontan el Guadalquivir arriba hasta Sevilla en busca de desperdicios.

Gorrión Moruno, me lo señaló el guarda del Templo de Mulva, con tonos más vivos y rojizos que el común. Pero últimamente veo alguna que otra pareja por aquí.

Grulla, pudimos ver su paso migratorio en el valle del Jerte.

Flamenco, una gran multitud estuvimos observando en las salinas del Cabo de Gata.

Herrerillo Común, parecido al Carbonero, de cabeza azulada y una línea negra menos detallada de cuello hacia abajo. Canto más repetitivo y menos melodioso.

Lavandera Cascadeña,  similar a las otras pero anida en rocas cercanas al agua de lagos y torrentes.

Martín Pescador, vuela como una flecha rasando el agua, muy esquivo.

Papamoscas Cerrojillo, pequeño pájaro de contrastes negro y blanco. Suele haberlos en los parques, pero pasa desapercibido.

Pico Picapinos, pájaro carpintero típico con su ribete rojizo encaramado a los troncos y agujereándolos.

Rabilargo, córvido muy frecuente en zonas de pinares, se distingue por su larguísima cola.

Ruiseñor, en verdad no pude verlo, pero escuchamos su canto melodioso un amanecer.

Urraca, córvido característico blanco y negro, típico también en bosques y zonas de pinares.

Zampullín Chico, muy oscuro, retoza y se zambulle en pequeños lagos.








lunes, 25 de junio de 2012

Reflexionando antes de "nacer" (A. y D. Meurois Givaudan)




Muchos de nosotros, muchas de las almas que pronto volverán a la Tierra, se reúnen con frecuencia no lejos de aquí. Ya no quieren una Tierra como la que han conocido en otra época, y que algunos hombres persisten querer legarles, con las mismas torpezas, con las mismas dudas y, sobre todo, con las mismas limitaciones.

Yo formo parte de una nueva generación de seres que quieren actuar bien y rápidamente, sin acomodos. Todo lo que deseo es encontrarme a mí misma, a mí y a lo que de mí vive en toda la creación. Ya no consigo respirar verdaderamente en este mundo de paz, porque la paz ya no está en mí, porque sé que ya he descansado bastante y temo olvidar el fin. ¿Cómo voy a ser plenamente feliz si una parte de mí misma yerra todavía en la materia densa? Esa parte se llama “los otros”.

Este mundo y el otro y los otros… tienen que interpenetrarse más y más hasta formar uno solo. No tiene que haber más que una sola vida sin “arriba” ni “abajo”. Habrá que volver mientras que todavía haya muertes y hasta que éstas no sean más que nacimientos.

En cuanto un alma regresa hacia un cuerpo de carne, tiende a hacer un análisis general de todo lo que ha aprendido y vive ese proceso con gran intensidad. En este mundo eso es ley. Así se impregnan más fácilmente en la memoria profunda las grandes verdades asimiladas y pueden luego reflejarse en la encarnación.

La densificación de lo que vosotros llamáis cuerpo astral se ajusta de modo totalmente natural a varios niveles. Su conciencia flota entre dos estados y eso se refleja indefectiblemente en la estructura de sus moléculas.

La tortura moral y los impulsos reprimidos nunca han hecho crecer verdaderamente al hombre.

El niño que acaba de nacer no es un terreno tan virgen como el terciopelo de su piel podría hacernos pensar. Lleva en sí su equipaje, sus temores, sus esperanzas, sus inhibiciones, sus alegrías, todo un potencial, toda una gama de colores que ha desarrollado más o menos desde mucho tiempo atrás, mucho más tiempo de lo que a uno le gustaría creer.

De la misma manera que existe una genética del cuerpo, hay una genética del alma; las radiaciones de los cuerpos sutiles son análogas a memorias profundas, a verdaderos bancos de datos; la luz que forma un aura es semejante a una miríada de células que se reagrupan por afinidades hasta formar masas energéticas de cierta densidad, de cierta amplitud, de cierta coloración. Trasnportar las especificidades de base de un temperamento, la configuración de la sensibilidad o incluso la aspereza de un alma. Son las que más allá de los genes y la educación, establecen los vínculos de afiliación auténticos.

Lo que verdaderamente horada nuestra conciencia astral aquí es, efectivamente, el sonido. Lo experimentamos como una sucesión de ataques bruscos y violentos. Y también los pensamientos que circulan a través de nosotros, tristes, insulsos, intemperantes y licenciosos, como los borrones de vida de los que están ahí.

No son solo los planetas o el talego de mi alma los que construirán mi temperamento, los que tejerán mi carácter, está también el ser consciente del amor de mis padres: no es algo mecánico y ¡ni siquiera celeste! Tienen que abrirse a mí y esperarme los dos, si no quieren que luche o que me rinda antes incluso de llegar a sus brazos. Somos todos así cuando descendemos de nuevo.

Las emociones de la Tierra están saturadas de los temores de los hombres, de sus inhibiciones, de sus egoísmos. Las almas que van a regresar las reciben de frente, las graban en el fondo de sí mismos, antes incluso de vestir su túnica… Consiguen impregnarlas porque reavivan sus recuerdos, sus debilidades.

Está el mundo y yo, que vuelvo a él, yo que me siento sola, porque algo me empuja a querer dejar en él mi huella más hermosa, más perfecta. Esta soledad es el orgullo de los que vuelven y se sienten ya obligados a decir “yo”, para afirmar quienes quieren ser..
Creo que sufrimos todos de la misma herida cuando morimos, cuando nacemos. No nos amamos, no nos perdonamos.

Está solo el que se cree único. El orgullo aísla, hace de nosotros en la Tierra, como en ese mundo intermedio, unos soles que, en lugar de dar verdaderamente, fomentan el reflejo de atraer demasiado hacia sí.



El hecho de volver a la Tierra reaviva en mí escenas difíciles de un pasado que hubiera querido olvidar, las heridas que he inflingido a otros y las que yo misma me he hecho. Decidlo a todos los padres para que lo sepan: el alma que acogen no es virgen, es una memoria viva. Que no se sorprendan de sus llantos, son lágrimas de lucidez y requieren amor y comprensión. Será su único y exclusivo bálsamo.

 
Anne y Daniel Meurois-Givaudan – Los Nueve Peldaños




Nightnoise Hugh



Markus Stockhausen Joyosa



jueves, 21 de junio de 2012

Ni un arma para atrocidades

!!!Firmemos todos el enlace final de Amnistía Internacional!!!




Cada año se fabrican en el mundo dos balas por cada habitante del planeta. ¿Sabes dónde terminan muchas de esas balas?

Cada minuto, una persona muere víctima de la violencia armada. Al día, son 1.500. Pero además, millones son heridas, violadas o se ven obligadas a huir de sus hogares.

El origen de este drama está en el comercio irresponsable de armas.

Y es que en el mundo hay acuerdos para regular el comercio de muchos productos -desde plátanos a huesos de dinosaurio– pero ninguno para el de armas, uno de los negocios menos transparentes que existen.

A pesar del secretismo con que actúan los gobiernos, sabemos que muchas de las armas que venden los países poderosos terminan en manos corruptas o represivas que las utilizan para cometer o facilitar violaciones de derechos humanos. Eso convierte a los exportadores en cómplices de genocidio, tortura, violencia sexual a punta de pistola...


En las Islas Salomón, según un estudio de 2004, durante los cinco años de conflicto armado , tres cuartas partes de las mujeres sufrieron “trauma personal directo” como violación, muerte de familiares, amenazas de muerte e intimidación a punta de pistola.

En Myanmar, en septiembre de 2007, las fuerzas de seguridad atacaron a manifestantes pacíficos y asaltaron numerosos monasterios, en respuesta a los disturbios civiles. Se detuvo a miles de personas, cientos resultaron heridas y al menos 31 murieron. Utilizaron camiones militares, porras, gas lacrimógeno, balas de goma, lanzagranadas, rifles de asalto, escopetas y munición de armas pequeñas.

Son ejemplos de lo que ocurre cuando las armas llegan a las manos inadecuadas. El comercio irresponsable y mal regulado de armas fomenta, en todo el mundo, graves abusos contra los derechos humanos, violencia armada y conflictos, además de agravar la pobreza.

Ahora podemos revertir esta situación: en julio las Naciones Unidas debatirán en Nueva York un Tratado Internacional sobre Comercio de Armas. No puede ser un tratado que termine en papel mojado. Debe ser un Tratado sólido que salve vidas.

Es imprescindible que se adopte un tratado que regule de manera eficaz el comercio de armas y que garantice el respeto a los derechos humanos. Un tratado que prohíba las transferencias de todo tipo de armas cuando exista un riesgo sustancial de que vayan a ser usadas para cometer y facilitar violaciones graves de los derechos humanos. El mundo lo necesita.


La mayoría de los países están por la labor de aprobar un Tratado así, pero otros, y entre ellos algunos de los que más armas exportan, pretenden debilitarlo al máximo. Después de muchos años de campaña, tenemos una oportunidad única e histórica de adoptar, por fin, un tratado para conseguir que no haya más armas para atrocidades.




http://www.es.amnesty.org/actua/acciones/tratado-comercio-armas-2012/?origen=jun12_mailATT

Esteban Beltrán - Amnistía Internacional