miércoles, 29 de mayo de 2013

La guerra de los pobres es una victoria segura (Joaquín Cózar)





Las Bienaventuranzas son mera utopía que no nos llevan a ninguna parte; es una esperanza que ya está caduca. El hombre tiene que actuar con la razón, y más teniendo tan cerca los problemas y los marginados. Bajémonos de los pedestales, despojémonos de las vestiduras, repartamos lo que nos enriquece, hagámonos “pobres” de verdad, demos ejemplo con ello y todo será diferente. La guerra de los pobres es una victoria segura contra esos ricos sin escrúpulos que destrozan las naciones, las sociedades, que están cambiando un mundo a costa de su avaricia, de su usura, de sus políticas injustas e incumplidas.

No debe haber ningún pobre, deben ser todos ricos en común. El pobre se hace en cuanto los ricos se quedan con el salario de los trabajadores, no solo con violencia y engaño, sino con el pretexto de las leyes. Las invenciones de los poderosos, adornadas con los colores de la nación, se convierten en leyes, y los hombres perversos con codicia insaciable se reparten entre ellos los bienes que debían destinarse a la necesidad de todos.

Da la impresión de que a la vez que nos vanagloriamos de lo que se llama progreso –que realmente existe– se da en mayor medida el efecto contrario, el subdesarrollo, la pobreza, las guerras. La mala distribución de la riqueza y el aprovechamiento desmesurado de las clases altas hacen que se tenga que hablar de un desequilibrio social que al final lo paga el que es débil.

Es muy difícil establecer unas normas de conducta en el hombre para poder llegar a erradicar esa pobreza que nace cuando se establecen las diferencias de clases. Lo primero sería un cambio de actitud en el propio hombre, llevado a través del empleo de su razón. La razón es ver las cosas tal como son. El hombre actual educado desde niño por la religión, aun sin ser practicante, estando alejado de cualquier tema relacionado con esa creencia en su vida, no le concede ninguna atención en su vida cotidiana; está inmerso en su trabajo, su familia, sus deudas –que no es poco– y vive más pendiente de sus problemas económicos y familiares que del cumplimiento de su fe. El hombre actual no actúa en lo que hace porque cree debidamente, sino por el simple hecho de “cumplir”. Luego de haber cumplido, vuelve a la monotonía y se olvida de todo lo demás. La religión no suele dejar huella en la mente del hombre, ni ocupa un lugar preferente en su vida y su familia. El hombre vive cada vez más alejado de Dios.



Habría que pegar muchos carteles por las calles de todo el mundo que dijeran:


AL HOMBRE DE HOY

Si quieres ser libre en una sociedad más justa

utiliza tu razón y olvídate de la fantasía.



Descubre quién eres verdaderamente y de dónde vienes,

cómo es la Sociedad en que vives y cómo se formó.



Cuando conozcas esto pon en práctica la justicia

y la solidaridad; lucha por desbancar al explotador

y al usurero, al que te engaña

y al que te hace promesas falsas.



Los hombres libres unidos son invencibles

contra la escoria que provoca el desajuste económico

y crea pobreza y muerte a los más inocentes.


AL HOMBRE DE HOY

Pon en todos los ámbitos de tu vida

la solidaridad con quien es como tú.



No seas partícipe de la injusticia,

únete a sus problemas aunque no sean los tuyos,

defiéndelos con ellos para conseguir

una Sociedad, sobre todo laboral,

mucho más igualitaria

donde todos puedan vivir con dignidad,

no con necesidad y miseria.



No cierres los ojos ante quienes cometan,

con el pretexto de la legalidad, atrocidades.

Lucha unido por romper el esquema

que anula la dignidad del hombre

y lo lleva a la pobreza.


A LOS JÓVENES DE HOY

No permitid nunca ser ignorados ni engañados

por los políticos ni por las instituciones.

Sois el futuro de la nación.



Exigid, si es preciso con la lucha, vuestro derecho

a un trabajo, un salario y una vivienda digna.



La Sociedad en la que vivís no es una Sociedad perfecta

y es a vosotros a quienes corresponde sanearla

para que en ella no existan clases sociales

y haya oportunidades para todos.



Hay muchos que se enriquecen a costa de la sinrazón

y de la falta de valores de solidaridad y respeto.



Romped las reglas del juego,

que se está jugando con cartas marcadas.




Joaquín Cózar Infante  -  Mirar hacia atrás 

 

viernes, 24 de mayo de 2013

Acuerdos que pueden cambiar la vida (Miguel Ruiz)






Antes de que naciésemos, aquellos que nos precedieron crearon un enorme sueño externo, que llamaremos el Sueño de la Sociedad o el Sueño del Planeta. Incluye todas las reglas de la sociedad, sus creencias, sus leyes, sus religiones, sus diferentes culturas y maneras de ser, sus gobiernos, sus escuelas, sus acontecimientos sociales y sus celebraciones.

Nacemos con la capacidad de aprender a soñar, y los seres humanos que nos preceden nos enseñan a soñar en la forma en que lo hace la sociedad. Los adultos que nos rodeaban captaban nuestra atención y, por medio de la repetición, introdujeron información en nuestra mente. Así es como aprendimos todo lo que sabemos. El sueño externo capta nuestra atención y nos enseña qué creer, empezando por la lengua que hablamos. Tan pronto como estamos de acuerdo con algo, nos lo creemos, y a eso le llamamos “fe”. No escogimos estas creencias, y aunque quizá nos rebelamos contra ellas, no éramos lo bastante fuertes para que nuestra rebelión triunfase. El resultado es que nos rendimos a las creencias mediante nuestro “acuerdo”.

Llamo a este proceso la Domesticación de los seres humanos. A través de esta domesticación aprendemos a vivir y a soñar. En la domesticación humana, la información del sueño externo se transfiere al sueño interno y crea todo nuestro sistema de creencias, y perdemos todas nuestras tendencias naturales. La domesticación es tan poderosa que, en un determinado momento de nuestra vida, ya no necesitamos que nadie nos domestique. Estamos tan bien entrenados que somos nuestro propio domador, nos castigamos y nos premiamos.

Nuestro sistema de creencias es como el Libro de la Ley que gobierna nuestra mente. No es cuestionable; cualquier cosa que esté en ese Libro de la Ley es nuestra verdad. El Juez interior utiliza nuestro Libro de la Ley para juzgar todo lo que hacemos y dejamos de hacer, todo lo que pensamos y no pensamos, todo lo que sentimos y no sentimos.
Hay otra parte en nosotros que recibe los juicios, y a esa parte le llamamos la Víctima. La Víctima carga con la culpa, el reproche y la vergüenza. Cualquier cosa que vaya contra nuestro Libro de la Ley hará que sintamos una sensación que se llama “miedo”. Aunque el Libro de la Ley esté equivocado, hace que nos “sintamos seguros”.

En el sueño del planeta a los seres humanos les resulta normal sufrir, vivir con miedo y crear dramas emocionales. Vivimos en el Sueño del Infierno. Toda nuestra mente es una bruma que los toltecas llamaron “mitote”. Nuestra mente es un sueño en el que miles de personas hablan a la vez y nadie comprende a nadie. Todo lo que creemos sobre nosotros mismos y el mundo, todos los conceptos y programas que tenemos en la mente, todo eso es el mitote. Nos resulta imposible ver quiénes somos verdaderamente; nos resulta imposible ver que no somos libres.

Durante el proceso de domesticación, nos formamos una imagen mental de la perfección con el fin de tratar de ser lo suficientemente buenos. Pero no es una imagen real. Como no somos perfectos, nos rechazamos a nosotros mismos. El grado de rechazo depende de lo efectivos que hayan sido los adultos para romper nuestra integridad. Nos resulta imposible perdonarnos por no ser lo que deberíamos ser o, mejor dicho, por no ser quien creemos que deberíamos ser. No podemos perdonarnos por no ser perfectos.

Has establecido millones de acuerdos contigo mismo, con otras personas, con el sueño que es tu vida, con Dios, con la Sociedad, con tus padres, con tu pareja, con tus hijos; pero los acuerdos más importantes son los que has hecho contigo mismo. El resultado es lo que llamamos tu personalidad. En esos acuerdos dices: “Esto es lo que soy. Esto es lo que creo. Soy capaz de hacer ciertas cosas y hay otras que no puedo hacer. Esto es real y lo otro fantasía. Esto es posible y aquello es imposible…”.

Si quieres vivir con alegría y satisfacción, debes hallar la valentía necesaria para romper los acuerdos que se basan en el miedo, y reclamar tu poder personal. Los acuerdos que surgen del miedo requieren un gran gasto de energía, pero los que surgen del amor nos ayudan a conservar nuestra energía e incluso aumentarla. Si somos capaces de reconocer que nuestra vida está gobernada por nuestros acuerdos y el sueño de nuestra vida no nos gusta, necesitamos cambiar los acuerdos.

Si los adoptas, estos Cuatro Acuerdos crearán el poder personal necesario para que cambies todo tu antiguo sistema de acuerdos. En lugar de vivir en el sueño del infierno, crearás un nuevo sueño: tu Sueño Personal del Cielo.



1)    Sé impecable con tus palabras. Las palabras son la herramienta más poderosa que tienes como ser humano, el instrumento de la magia. Pero son como una espada de doble filo; uno de los filos es el uso erróneo, que hace un infierno en vida; el otro es la impecabilidad, que solo engendrará belleza, amor y el cielo en la tierra. Según como las utilices, las palabras te liberan o te esclavizan aún más. Continuamente estamos lanzando hechizos con nuestras opiniones, que son difíciles de romper. La única manera de romper un hechizo es llegar a un nuevo acuerdo que se base en la verdad. Cuando eres impecable con tus palabras, tu mente deja de ser un campo fértil para las palabras que surgen de la magia negra, pero sí lo es para las que surgen del amor. La cantidad de amor que sientes por ti es directamente proporcional a la calidad e integridad de tus palabras: te sientes bien, eres feliz y estás en paz.

2)    No te tomes nada personalmente. Suceda lo que suceda a tu alrededor, no te tomes nada personalmente. Durante el periodo de nuestra domesticación aprendimos a tomarnos todas las cosas de forma personal. Creemos que somos responsables de todo. Tomarse las cosas personalmente te convierte en una presa fácil, te sientes ofendido y reaccionas defendiendo tus creencias y creando conflictos. Ni siquiera las opiniones que tienes sobre ti mismo son necesariamente verdad. La mente también es capaz de hablarse y escucharse a sí misma. Cuando no tomarte nada personalmente se convierta en un hábito firme y sólido, te evitarás muchos disgustos en la vida. Tu rabia, tus celos y tu envidia desaparecerán. Te ayudará a romper muchos hábitos y costumbres que te mantienen atrapado en el sueño del infierno y te causan un sufrimiento innecesario. Si lo haces, aunque estés en medio del infierno, experimentarás felicidad y paz interior.

3)    No hagas suposiciones. Tendemos a hacer suposiciones sobre todo. El problema es que, al hacerlo, creemos que lo que suponemos es cierto. Hacemos suposiciones sobre lo que los demás hacen o piensan y después los culpamos y reaccionamos enviando veneno emocional con nuestras palabras. Toda la cuestión del dominio entre los seres humanos gira alrededor de las suposiciones y el tomarse las cosas personalmente. La manera de evitar suposiciones es preguntar; asegúrate de que las cosas te queden claras. Con una comunicación clara, con la impecabilidad de nuestras palabras, no habría guerras, ni violencia, ni disputas. Solo con que fuéramos capaces de tener una comunicación buena y clara, todos nuestros problemas se resolverían.

4) Haz siempre lo máximo que puedas. Limítate a hacer lo máximo que puedas, ni más ni menos, en cualquier circunstancia de tu vida. Cuando te excedes, agotas tu cuerpo y vas contra ti y, por consiguiente, te resulta más difícil alcanzar tus objetivos. Por otro lado, si haces menos de lo que puedes hacer, te sometes a ti mismo a frustraciones, juicios, culpas y reproches. Hacer lo máximo que puedas significa actuar porque amas hacerlo, no porque esperes una recompensa. Descubrirás que disfrutas de cada cosa que llevas a cabo; las recompensas llegarán, pero tú no estarás apegado a ellas. Si nos gusta lo que hacemos y si siempre hacemos lo máximo que podemos, entonces disfrutamos realmente de nuestra vida. Cuando no lo haces, te niegas el derecho a ser tú mismo; los tres primeros acuerdos solo funcionarán si haces lo máximo que puedas. En la búsqueda de tu libertad personal y de tu autoestima, descubrirás que encontrar lo que buscas es solo cuestión de tiempo.



Los cuatro acuerdos son un resumen de la maestría de la transformación, una de las maestrías de los toltecas. Transformas el infierno en cielo. El sueño del planeta se transforma en tu sueño personal del cielo. Pero para mantenerlos necesitas una voluntad muy fuerte, ya que todo el mundo intenta sabotear nuestro compromiso con estos nuevos acuerdos, y todo lo que nos rodea está estructurado para que los rompamos.

Por esta razón es necesario que seas un gran guerrero capaz de mantener los cuatro acuerdos con tu vida. Tu felicidad, tu libertad, toda tu manera de vivir dependen de ello. No te inquietes por el futuro, mantén tu atención en el día de hoy y permanece en el momento presente.



Dr. Miguel Ruiz – Los Cuatro Acuerdos



martes, 21 de mayo de 2013

Buscando una Alquimia interior (Titus Burckhardt)



La alquimia puede ser definida como el arte de la transformación del alma. Por tanto, lo que constituye el fundamento de la Obra, su verdadera “materia”, es la propia naturaleza del hombre. La diferencia con cualquier otro Arte Sagrado es que se realiza solo interiormente. La alquimia puede compararse con la mística en lo que tiene de camino que permite al hombre llegar al conocimiento de su naturaleza inmortal.

Los símbolos alquímicos de la perfección apuntan al dominio de la condición humana por el espíritu, el retorno a los orígenes del Paraíso Terrenal; la extirpación de la raíz de todos los pecados supone el retorno a la perfección adánica. En primer lugar, hay que recobrar la pureza del símbolo “hombre” para que sus contornos puedan incrustarse de nuevo en la infinita y divina imagen original.

La alquimia observa el juego de las fuerzas del alma desde un punto de vista puramente cosmológico, y trata al alma como si fuera una “materia” que se hubiera de purificar, disolver y cristalizar de nuevo. Por ello, tiene cierto carácter contemplativo, se asienta en la analogía entro lo psíquico y lo mineral, considerando la materia desde el punto de vista cualitativo, en su cualidad interior, y el alma como si tratara de un objeto a purificar.

Mientras el alma no quede libre de las concreciones interiores, no será materia dúctil sobre la que el espíritu, que procede de “arriba”, pueda imprimir una nueva “forma”, una forma que no limita ni ata, sino que libera, pues procede de la sustancia eterna del ser.

El alma es fundamentalmente lo mismo que la materia prima del mundo. La materia prima que subyace en el alma es, en primer lugar, la sustancia básica del consciente individual; en segundo lugar, la sustancia de todas las almas, sin distinción de individualidades; y, por último, la sustancia básica de todo el universo. Si el consciente sigue ahondando, descubrirá el espejo del fondo del alma que manifiesta su naturaleza reflejando límpidamente la luz del espíritu.

Del mismo modo que la materia prima solo puede “percibirse” en realidad por el conocimiento del ser puro cuya proyección es, así también el verdadero fondo del alma solo puede conocerse por su respuesta al espíritu puro; el alma no se revela del todo hasta que se “casa” con el espíritu, y esto es lo que se expresa en el “matrimonio” del Sol y la Luna, del Rey y la Reina, del azufre y el mercurio.

El “descubrimiento” del fondo receptor del alma y la “revelación” del espíritu creador son simultáneos, no pueden separarse; sin embargo, las distintas etapas y aspectos de la obra interior pueden relacionarse con uno y otro polo. Todo camino de realización espiritual incluye la preparación de una “materia” receptora y la percepción del efecto de la acción espiritual o divina sobre dicha “materia”.




En la obra alquímica interior, la Naturaleza interviene en virtud de esa fuerza primitiva maternal que libera al alma de su existencia estéril y quebradiza. Así pues, la Naturaleza es la fuerza del anhelo y el deseo en los hombres y, al mismo tiempo, es algo más, es la potencia inagotable que desarrolla todos los gérmenes ocultos en el ser, ya a favor, ya en contra de los planos del yo, según éste pueda adaptarse a la fuerza de la Naturaleza o se convierta en su víctima.

En la obra espiritual no se trata de destruir las fuerzas naturales, sino de convertirlas en cabalgadura del espíritu. Lo único que debe destruirse es la tendencia egoísta, la cual pervierte la auténtica esencia natural de estas fuerzas.

Porque la Naturaleza Universal tiene, como maya, dos vertientes o movimientos: uno que, partiendo del centro espiritual, pugna por abrirse a la pluralidad, y que en los hombres está ligado a la pasión; y otro que, partiendo de la pluralidad, retorna al centro espiritual. El primero se compara con Medea, la hechicera, y el segundo con Sofía, la sabiduría. En su relación con la voluntad activa del hombre ambos son femeninos. Dichoso el que prometido a la sabiduría, puede seducir sin peligro a la terrible hechicera Naturaleza para descubrir los secretos que ella no ha de poder ocultarle.

La obra alquímica despierta una terrible fuerza de la Naturaleza, que puede corromper a los intrusos y a los ignorantes, pero que puede elevar a los sabios al poder espiritual. Esta fuerza mora en el hombre, pero no está aislada y limitada al individuo, sino que es parte o aspecto de un ritmo impersonal e infinito, y es el único significado que en la explosión naturaleza, se conserva sin falsear.

Así procede el alquimista, disuelve las concreciones imperfectas del alma, las reduce a su materia y las hace cristalizar de nuevo en una forma más noble. Pero solo puede realizar esta obra si actúa en armonía con la Naturaleza, sirviéndose de una “vibración” espiritual que se genera durante la obra y que enlaza el reino humano con el cósmico. Entonces, la Naturaleza acude espontáneamente en Ayuda del Arte.




Titus Burckhardt  - Alquimia



martes, 14 de mayo de 2013

Tim Story / Woman at the Well

Joyas de la sabiduría hindú







El Amor nació el primero,
no lo alcanzan los dioses,
ni los manes, ni los hombres…
Por lejos que se extiendan el Cielo y la Tierra,
por lejos que vayan las aguas,
por alto que arda el Fuego,
tú eres más grande, Amor.
El viento no puede llegar hasta ti,
ni el Fuego, ni el Sol, ni la Luna,
¡tú eres más grande que todos ellos, Amor!


(Atharva Veda)




Aquello en que todas las cosas
se unen y se dispersan.
Aquello en que los dioses tienen su asiento,
en Eso el imperecedero,
el supremo firmamento…

Aquello de que fueron llenados el Espacio
y el Cielo y la Tierra.
Aquello por lo que el Sol calienta.
Por lo que las Aguas propagan la vida,
es Eso, el Orden y la Verdad,
el Supremo brahmán de los profetas.

Ombligo del Universo,
Eso sostiene todas las cosas…


Más diminuta que lo más diminuto,
más vasta que lo más vasto,
el Alma está depositada
en lo más secreto de la criatura.


(Maha-Narayana Upanishad)



Al principio, el Alma
que trasciende todas las formas de existencia
se movía sobre las aguas
como una brisa ligera;
en ella se manifestó primero el Ego,
raíz de todas las cosas,
en que se equilibraban las tres cualidades…
Cuando se halla afectada
por las horas y desgracias de la existencia,
se la denomina jiva, alma individual.


Las almas vivientes son prisioneras
de las dichas y las desdichas de la existencia;
para liberarlas de la magia natural,
se precisa el conocimiento del brahmán.
Es difícil este conocimiento,
pero es el único barco
para cruzar el río del samsara.
Mil son los caminos que a él llevan,
pero es uno en verdad,
el Conocimiento, refugio Supremo.


¡No! Este brahmán por el que todas las cosas,
desde el Sol allá arriba hasta este simple jarro,
son puestos de manifiesto,
las Escrituras no pueden revelarlo.
Eso se manifiesta por sí mismo;
Eso está más allá del lenguaje
tanto humano como divino;
Eso no se mueve, no sufre;
Eso trasciende toda realidad.


(Yogatattva Upanishad)






Como el perfume en la flor,
la manteca en la leche,
el aceite en el sésamo,
el oro en las pepitas,
Eso está en todas las cosas.
Sí, los seres innumerables
están atravesados por el Alma
como las perlas por el hilo:
semejante al aceite en el sésamo,
al perfume de la flor,
el Alma está en el cuerpo del hombre
que envuelve y que habita.


(Dhyanabindu Upanishad)



Y el Conocimiento está escondido
en el seno de cada individuo,
al igual que en la leche
la manteca que no se ve;
por eso es por lo que el adepto prudente
debe realizar en sí mismo un batido,
utilizando sin descanso su propio espíritu
como mazo de batir.


(Amritabindu Upanishad)




El atmán no nace, no muere nunca;
no ha devenido, no devendrá;
no engendrado, eterno, permanente,
no muere cuando muere el cuerpo.


Así como se arrojan las ropas gastadas
para ponerse unas nuevas,
así también el alma encarnada arroja los cuerpos gastados
para ponerse unos nuevos.


El deseo ha establecido su sede
en nuestros sentidos, nuestro espíritu, nuestra inteligencia
usando de ellos, oculta el Conocimiento
y engaña al individuo;
se creen eficaces los sentidos
y el espíritu, y la inteligencia,
pero el deseo es más fuerte que ellos.
Sabiendo que vence incluso a la inteligencia,
mediante el atmán es preciso fortificar
el atmán y combatir el deseo,
el Enemigo, tan difícil de herir.


(Bhagavad-Gita)




El cuerpo es como un carro
cuyo propietario es el alma;
la inteligencia es el cochero,
el espíritu desempeña el papel de las riendas;
en cuanto a los caballos, son los sentidos;
el mundo es su carrera.


(Katha-Upanishad)







Jean Varenne – El Yoga y la tradición hindú

lunes, 15 de abril de 2013

La muerte es una transición de un estado de conciencia a otro... (Alice Bailey)





Nuestro presente ciclo es el fin de la era; los pró­ximos doscientos años verán la abolición de la muerte, tal como ahora comprendemos esa gran transición, y el establecimiento de la realidad de la existencia del alma.




Nuestras ideas sobre la muerte han sido erróneas. Hemos considerado a la muerte como terrible final, pero en realidad es la gran evasión, la en­trada en una más plena actividad, y la liberación de la vida desde el vehículo cristalizado y la for­ma inadecuada.

¿Por qué no aceptan la Transición? Aprendan a glorificarse en la experiencia que otorga el don de la sabia edad avanzada, y estén a la expecta­tiva de la Gran Aventura que los enfrenta. En sus momentos más elevados saben que esa Tran­sición significa la realización, sin verse limitados por el plano físico.

La enfermedad y la muerte son condiciones esen­cialmente inherentes a la sustancia, y así como el hombre se identifica con el aspecto forma, así también será condicionado por la Ley de Disolu­ción. Esta ley, fundamental y natural, rige la vida de la forma en todos los reinos de la naturaleza.


Existe una técnica de morir, así como existe una de vivir. . .


... (Las personas) no relacionan la muerte con el sueño. Después de todo, la muerte es sólo un intervalo más extenso en la vida de acción en el plano físico; nos vamos “al exterior” por un periodo más largo.

. . . la muerte puede ser mejor considerada como la experiencia que nos libera de la ilusión de la forma...

... la muerte es sólo un intervalo en una vida de progresiva acumulación de experiencia.., indica una transición definida de un estado de conciencia a otro.


La muerte llega al individuo, en el sentido común del término, cuando desaparece del cuerpo físico la voluntad de vivir y es reemplazada por la voluntad de abstracción. A esto lo denominamos muerte.

A medida que la humanidad va siendo consciente del alma.., la muerte será considerada como un proceso “por mandato”, llevado a cabo con plena conciencia y comprensión del propósito cíclico.

. . . El Trabajo de Restitución . . . El Arte de Elimi­nación . . . Los Procesos de Integración ... Estos tres procesos constituyen la muerte.



La muerte es un acto de la intuición, transmitido por el alma a la personalidad y que luego, de acuerdo con la voluntad divina, lo lleva a cabo la voluntad individual.

Entonces es emitida una Palabra. El descendente punto de luz asciende, respondiendo a la apenas perceptible nota de llamada, atraído a su fuente de donde emanó. A esto el hombre le llama muer­te y el alma le llama vida.

Resurrección es la nota clave de la naturaleza, pero no la muerte. La muerte es la antecámara de la Resurrección.

Alice Bailey – Una gran aventura. La muerte. 1937 (por el Maestro Tibetano Djwhal Khul)


martes, 9 de abril de 2013

Despertar la Materia a la consciencia espiritual (Sri Aurobindo)





Hay un sitio en el Ser interior donde se puede permanecer siempre en calma y desde donde es posible considerar con equilibrio y discernimiento las perturbaciones de la consciencia de superficie y actuar sobre ésta a fin de modificarla.

Lo primero que hay que hacer es establecer en la mente una paz y un silencio estables. Solo en una mente silenciosa puede erigirse la verdadera consciencia.
Tener una mente sosegada no significa la ausencia total de pensamientos mentales, sino que estos permanecen en la superficie y que en el interior se siente el Ser verdadero separado observándolos pero sin dejarse arrastrar, capaz de vigilarlos y juzgarlos, de rechazar todo aquello que tiene que ser rechazado, y de aceptar y conservar todo aquello que es verdadera consciencia y experiencia verdadera.
Aspira a que la Madre te conceda este sosiego y esta calma bien establecidos en la mente y esta percepción constante del ser interior dentro de ti, separado de la naturaleza exterior y dirigido hacia la Luz y la verdad.

Es verdad que la mayor parte de nosotros mismos, o más bien de nuestras predisposiciones, de nuestra forma de reaccionar ante la naturaleza universal, procede de nuestras vidas pasadas. Pero la herencia no afecta en gran manera mas que al ser exterior; e incluso en este caso, no todos los efectos de la herencia son aceptados, sino solamente los que están de acuerdo con lo que debemos ser, o por lo menos, no son contrarios a ellos.


El propósito es que la consciencia se eleve hasta salir del cuerpo y se establezca encima, extendiéndose por todas partes, sin limitarse al cuerpo. Así liberado, se abre uno a todo lo que está por encima de la mente ordinaria, recibe desde allí todo lo que desciende de las alturas y observa todo lo que está debajo. Desde allí, el ser mental puede abrirse libremente a los planos superiores o la existencia cósmica y a sus fuerzas, puede actuar con mayor libertad y poder sobre la naturaleza inferior.

Las fuerzas que obstaculizan el camino son las fuerzas de la naturaleza inferior mental, y física. Detrás de ellas se encuentran los poderes adversos de los mundos material, vital y físico sutil. Tan solo a partir del momento en que la mente y el corazón hayan logrado adoptar una orientación unidireccional y se hayan concentrado en una aspiración exclusiva hacia el Divino se podrá luchar con éxito contra estos poderes adversos.

Las fuerzas hostiles tienen una cierta función que ellas mismas se han asignado: la de someter a prueba la condición del individuo, del trabajo de la Tierra misma y de su estado de madurez para el descenso y la realización espiritual. A cada paso del camino están ahí atacando furiosamente, criticando, sugiriendo, imponiendo el desaliento o incitando a la rebelión, fomentando el escepticismo y acumulando dificultades. Cada vez que se vence y se rechaza un ataque de tal naturaleza se produce una purificación en el ser, se gana un nuevo campo para la Madre, en tales momentos es la mejor manera de afrontar la dificultad.

Solo si se mantiene uno detrás, si se separa uno del vital inferior, negándose a considerar como propios sus deseos y sus reclamaciones y manteniendo en lo que a éstos respecta una ecuanimidad y una equidad perfectas en la consciencia, el vital inferior se purifica y se vuelve también tranquilo y ecuánime. Si llega una ola de deseo, debe ser observada con la misma tranquilidad y el mismo impasible desapego con los que observas cualquier cosa que sucede fuera de ti y tienes que dejarla pasar, rechazarla de la consciencia y poner persistentemente en su lugar el verdadero movimiento y la verdadera consciencia.

 

El subconsciente está hecho de hábitos y de recuerdos y repite pertinazmente, o siempre que puede, todas las cosas reprimidas. Es menester educarlo por medio de una presión todavía más pertinaz de las partes Superiores del ser, para que abandone sus viejas respuestas y adopte las nuevas y verdaderas.

Cuando tu consciencia penetre más en tu interior y la luz superior descienda a estas partes interiores encubiertas, las cosas que ahora se repiten de esa manera, desaparecerán.


Es necesario hacer que la consciencia se mantenga en un estado apacible, sin agitación ni inquietud y después, desde esta tranquilidad invocar la Fuerza para que ilumine toda esta oscuridad y la transforme.

Para ser capaz de recibir el Poder divino y dejar que actúe a través de uno en las cosas de la vida exterior, son necesarias tres condiciones:

1)    Sosiego, ecuanimidad, no inquietarse por ninguna cosa que ocurra, mantener la mente inmóvil y firme, observando el juego de las fuerzas, pero permaneciendo tranquila.
2)    Fe absoluta; fe en que lo que ocurra será lo mejor, pero también en que si uno llega a ser un verdadero instrumento, el resultado será el que la voluntad propia, guiada por la Luz divina reconozca como la cosa que hay que hacer.
3)    Receptividad: la capacidad de recibir la Fuerza divina, de sentir su presencia y la presencia de la Madre de ésta, y permitirle que haga su obra, guiando la visión, la voluntad y la acción de uno mismo. Si este poder y esta presencia pueden ser percibidos, y esta plasticidad se hace habitual en la consciencia en medio de la acción, el resultado final está asegurado.



El individuo no está limitado al cuerpo físico; es la consciencia exterior la que tiene esta impresión. Tan pronto como se logra superar esta sensación de limitación, lo primero que se puede percibir es la consciencia interior que aunque esté vinculada no pertenece al cuerpo, y después los planos de consciencia que están alrededor del cuerpo, que forman parte de uno mismo, del ser individual, y a través de los cuales se está en contacto con las fuerzas cósmicas y los otros seres: es la consciencia del contorno.

El Divino puede estar y está en todas partes, escondido, manifestado a medias o empezando a manifestarse, en todos los planos de la consciencia. En la Supermente empieza a manifestarse sin disfraz ni velo, en su propia forma esencial.

Lo que pretendemos hacer descender al mundo material es la consciencia, la luz y la energía supramentales, porque solo esto  puede transformarlo verdaderamente.

El Espíritu está ya presente en la Materia como en todas partes; solo una aparente inconsciencia de superficie o consciencia involucionada, vela su presencia. La tarea que nos incumbe es despertar la Materia a la consciencia espiritual escondida en su seno.



Sri Aurobindo – Guía del Yoga integral

 

viernes, 5 de abril de 2013

Madre Teresa de los pobres, santidad a flor de piel. (González-Balado)






“Cada vez estoy más convencida de que la carencia de afecto es la peor de las enfermedades que puede soportar un ser humano. Se han inventado medicinas para curar la lepra y la tuberculosis. Pero a menos que haya manos dispuestas a servir y corazones disponibles para el amor, la enfermedad de no ser queridos resultaría incurable.

El amor es un fruto de estación en todo tiempo y que está al alcance de todas las manos. Todos lo pueden cosechar sin ninguna clase de limitaciones. Todos pueden alcanzar este amor por medio de la meditación, del espiritu de oración y de sacrificio, a través de una intensa vida interior.

No vivamos distraídos. Busquemos más bien en nuestra propia intimidad de manera que podamos ser capaces de comprender mejor a nuestros hermanos. Si queremos comprender mejor a aquellos en medio de los cuales nos corresponde vivir, tenemos antes que comprendernos a nosotros mismos.

Trabajar sin amor es una esclavitud. El amor tiene que cimentarse sobre el sacrificio. Tenemos que dar hasta sentir dolor.



Tratad de buscar a quienes os necesitan y de entablar con ellos un conocimiento personal. Haced por ellos las cosas pequeñas. Aquellas cosas para las que ningún otro tiene tiempo.

No es necesario desplazarse hasta lo suburbios para tropezar con la carencia de amor y encontrar la pobreza. En toda familia y vecindario existe alguien que sufre.

No debemos emitir juicios de condena, de murmuración. Ni siquiera permitirnos insinuación alguna capaz de herir a las personas. A lo mejor una persona nunca ha oído hablar del cristianismo, de manera que no sabemos qué camino ha escogido Dios para mostrarse a esa alma y cómo Él la está moldeando. Por eso mismo ¿quiénes somos nosotros para condenar a nadie?

Tenemos que amar a los que están más cerca de nosotros, en nuestra propia familia. De ahí el amor se esparce hacia todos los que tienen necesidad de nosotros. Tenemos que llegar a conocer a los pobres de nuestro entorno, porque solo conociéndolos seremos capaces de comprenderlos y de amarlos. Solo cuando los amamos podemos servirlos.



Los pobres, los leprosos, los marginados, incluso los alcohólicos, a quienes prestamos servicio, son gentes maravillosas. Muchos de ellos poseen una personalidad extraordinaria. Esta experiencia que nos viene de servirlos tenemos que comunicarla a personas que no la han podido disfrutar. Es una de las mayores recompensas de nuestro trabajo.

Mis años de servicio a los pobres me han ayudado a comprender que son justamente ellos quienes mejor comprenden la dignidad humana. Su principal problema no consiste en carecer de dinero, sino en no ver reconocido su derecho a ser tratados con humanidad y con amor.

Podemos a veces comprobar cómo vuelve la alegría a las vidas de los más desposeídos cuando se dan cuenta de que muchos de entre nosotros se preocupan por ellos, les demuestran su amor. Hasta su misma salud mejora, cuando están enfermos.

El desahucio no es solo de una habitación, de un cobijo, sino que existe el desahucio que reclama comprensión y bondad, que reclama alguien que abra su corazón para acoger al que se encuentra solo, al que carece de todo parentesco y afecto humano.



Tenemos que ir en busca de la gente que vive lejos o cerca.
Pobres materiales o pobres espirituales.
Pueden tener hambre de pan o hambre de amistad.
Pueden estar desnudos de ropas o del deseo de conocer las riquezas de amor que Dios les tiene.
Pueden carecer de un hogar o un cobijo de ladrillo o quizá de un refugio hecho de amor en nuestros corazones.


Cada uno de nosotros no somos más que simples instrumentos de Dios. Llevamos a término nuestra humilde tarea y desaparecemos”.



José Luis González-Balado – La sonrisa de los pobres. Anécdotas de Madre Teresa

martes, 2 de abril de 2013

Meditación "cuerpo dormido, mente despierta" (Eric Harrison)





Muchas personas tratan de relajarse controlando todo el proceso, encontrar la forma “correcta” de respirar, y recurren a diferentes técnicas que les alientan a controlar la respiración. Todos estos son buenos ejercicios de concentración para estabilizar la mente, pero siguen siendo mecanismos de control. Hace falta disciplina, sí, pero solo para desmantelar la rigidez que bloquea la espontaneidad de la respiración.

El control no es necesariamente “malo” y la libertad “buena”. Es obvio que se necesita un equilibrio. Sin embargo, los occidentales generalmente se equivocan con respecto al control. La cristiandad destaca el dominio del hombre sobre la naturaleza, y aunque tal vez ya no seamos abiertamente cristianos, la actitud permanece. Las creencias orientales son muy diferentes. Creen que somos naturaleza y uno con la naturaleza. El camino interior es comprender mejor la naturaleza (y por consiguiente a Dios) para funcionar con armonía con las fuerzas que nos rodean. Esto significa aplicar la oreja al suelo y escuchar.

La respiración y el cuerpo son sabios. A diferencia de nuestros egos personales, el cuerpo hace decenas de miles de años que está presente. Sabe qué hacer si le damos la mínima oportunidad. Basta con sacar del medio a la mente que interfiere. En el zen dicen: “Si tu espalda estuviera perfectamente recta, vería la luz”. La postura perfecta significa salud perfecta y armonía interior. Tal vez queramos imponernos una buena postura o una mente iluminada, pero de ese modo no puede ser. El equilibrio perfecto se alcanza escuchando con humildad a la sabiduría interior de nuestra carne y nuestros huesos. O, en el nivel más básico, siendo conscientes de la postura y la respiración.

Las instrucciones básicas a emplear para la mayoría de las meditaciones son las mismas: Relajarse – Elegir algo sobre lo que concentrarse y explorarlo – Si la mente se distrae volver a la concentración – Dejar de lado todo lo demás. La diferencia principal entre las distintas meditaciones es el objeto sobre el que decidimos concentrarnos: Respiración y conciencia corporal – Mantras y afirmaciones – Visualización de objetos sensoriales (naturaleza, música, vela, sonidos, etc.).

Las meditaciones basadas en la respiración y el cuerpo tienden a estimular la conciencia de uno mismo, la salud, la memoria, la relajación y la dicha.

Mantras y afirmaciones son ideales para promover la tranquilidad. Son prácticas sencillas y flexibles, adecuadas para personas de temperamento devoto o religioso, a menudo producen felicidad a costa de la claridad mental; usan palabras para detener palabras. Son musicales, nos envuelven en sonidos y su ritmo nos transporta. Pueden aparecer colores e imágenes y la sensación es a menudo cómoda y sensual, pero también pueden ser soporiferos. Con frecuencia nuestros cuerpos se relajan, pero nuestras mentes siguen comentando, evaluando, preocupándose. Son una manera de contrarrestarlos.

Las meditaciones sobre objetos sensoriales hacen salir de uno mismo y aumentan la empatía con el mundo exterior y su comprensión. Las visualizaciones son positivas, creativas e individualistas. Pueden hacer aflorar el potencial de la mente, pero a menudo les falta profundidad. Pueden llevar a un estado mental ambicioso que exige resultados de cada meditación.



Cuando estamos relajados y conscientes, probablemente estamos en alfa: caminando por el parque, escuchando música, arreglando flores. Es cuando nos relajamos con una taza de té y soñamos despiertos, o estamos absortos en una manualidad. Cada vez que nos “perdemos” en algo hermoso o fascinante. El estado alfa se da con mayor probabilidad en el presente, en los sentidos y en contacto con nosotros mismos y lo que nos rodea. En “alfa” “somos” más que “hacemos”. Se da cuando nos abrimos y permitimos que el mundo entre. Es más pasivo, vulnerable y confiado.

Cuando el cuerpo se relaja suelta la energía retenida, que normalmente se desperdicia en los pensamientos (beta), la fantasía (alfa) o los sueños (theta ó zeta). Nuestro desafío como meditadores es usar esta energía para alcanzar una mayor claridad mental, para permanecer despiertos a medida que el cuerpo se hunde cada vez más en el sueño. El mundo se ve muy distinto cuando estamos en alfa. Aquí, el pasado y el futuro han desaparecido. Alfa es cuando estamos sintiendo, probando, tocando, cuando el cuerpo y las sensaciones son todo uno, ya sean agradables o no. No se logra entrar conscientemente en este estado si antes no se tiene interés por el estado previo, el de estar relajado y consciente. Cuando las personas aprenden a refrenar sus pensamientos errantes, cuando se relajan y disfrutan de una creciente claridad mental, entonces los estados más profundos se alcanzan automáticamente. Todo esto es tan sólido como una roca, pero es muy diferente de la perspectiva beta.

Las visiones alfa y beta de la realidad son aparentemente contradictorias, pero necesitamos a las dos. Son como el macho y la hembra, como el yin y el yang de nuestras vidas diarias. Necesitamos oscilar entre ellos, del pensamiento conceptual a la sensación directa una y otra vez. Lo que necesitamos es un diálogo armónico entre estas realidades opuestas. La meditación nos mantiene en contacto con la realidad solo si permanecemos alerta, y una de las mejores maneras de permanecer despierto es meditar con los ojos abiertos. Es un umbral que muchos meditadores nunca cruzan. Puede meditarse sobre cosas bellas, una rosa, la llama de una vela, un objeto de cristal, un árbol, las nubes, el viento que hace ondular la hierba, la lluvia que cae, un pájaro en un arbusto, el sol reflejándose en el agua, etc.

Cuando más nos dejamos ir es cuando el cuerpo está dormido y la mente despierta. Si nos mantenemos despiertos en el umbral del sueño, cualquier pensamiento o ansiedad se evapora de forma instantánea. Dado que no hay pensamientos que agiten la mente, el metabolismo puede hacerse más lento que si nos durmiéramos. En este estado “cuerpo dormido, mente despierta”, estamos casi completamente desconectados del cuerpo y de los pensamientos tipo “yo, mí y mío”. Solo hay pura conciencia, amor y aceptación. Es un estado que corta drásticamente la negatividad emocional que da pie a la mala salud del cuerpo.

La meditación acaba por cambiar la vida de las personas a mejor, pero no porque se relajan más y duermen mejor, sino porque la meditación les quita la venda de los ojos. Con la meditación nos despertamos, vemos y comprendemos lo que está pasando. La niebla se disipa y las fantasías inútiles desaparecen. Estamos en contacto, momento a momento, con las sensaciones y emociones físicas de estar vivos. Para mejor o para peor, estamos en contacto con la realidad.


Eric Harrison – Aprenda a meditar