miércoles, 29 de octubre de 2014

Mensajes en los campos de cereales



Permanece en el misterio el sentido de las figuras geométricas aparecidas en los últimos decenios sobre campos de cereales en cualquier parte del mundo, especialmente en Inglaterra. Algunas emulaciones realizadas con técnicas sencillas, intentando desacreditar el profundo mensaje de estas figuras, no consiguieron más que un burdo y tosco resultado, muy alejadas de la perfección mostrada por la gran mayoría. ¿Son mensajes encriptados de civilizaciones extraterrestres o un juego sutil de expertos en esoterismo geométrico? Las imágenes parecen estar diseñadas para ser vistas desde arriba y muestran una intensa sensación de volumen. ¿Existe alguna tecnología humana capaz de realizarlas en unas pocas horas de la noche? ¿Quién las ha diseñado? En muchos casos vemos representaciones del sistema solar, de constelaciones, estructuras moleculares, códigos binarios, animales simbólicos, entramados geométricos complejos… Tanto fuera su origen terrestre o no es difícil intuir a quién van dirigidas, ya que la mayoría de la población no las entiende. Si corresponden a un grupo selecto de científicos, ingenieros, políticos, geómetras… ¿Quién los financia? ¿Es un mero pasatiempo de un ricachón aburrido? Hasta ahora no se ha identificado su autor, permanece en el anonimato como los grandes arquitectos y escultores de las catedrales góticas, donde lo que importaba era el símbolo puro en clave de iniciación, rescatado de la antigua tradición hermética. La diferencia principal es su enorme transitoriedad, no han sido elaborados para permanecer en el tiempo; el punto de encuentro es su sentido oculto, su belleza inexplicable que trasciende al método y al origen.


Sin más, nos topamos con el mayor enigma de nuestra época…





martes, 21 de octubre de 2014

El Aprendiz de Sabio (Bernabé Tierno)



Para convertirse en un aventajado aprendiz de sabio el primer objetivo es averiguar cuales son los vacíos, las necesidades ocultas, que ponen al descubierto defectos, actitudes y creencias que debemos cambiar por otras cualidades más saludables, centradas y equilibradoras.

Necesidad de buscar ansiosamente…

Ser importante a cualquier precio
Tener siempre razón a toda costa
Amar y ser amado de forma captativa e insaciable
Expulsar, descargar y proyectar la rabia y la ira
Preocuparse por todo, de ver por todas partes dificultades y problemas
Culpar a los demás, buscar un chivo expiatorio
Sentirse superior a los otros, orgullo y arrogancia
Buscar compasión, ir de mártir por la vida
Que otros se responsabilicen, decidan y tomen el mando
Criticarlo todo y a todos, encontrar defectos
Atesorar riquezas y propiedades y que los demás se enteren
Que todo esté y sea perfecto, ordenado y maravilloso. Tener éxito en cuanto se proponga.


El segundo objetivo es pasar a la acción y cambiar lo que deba cambiarse. ¿Dónde encontrar el verdadero sentido, las columnas sólidas en las que apoyarse?: en los principios o leyes universales que deben sustentar una vida llena de sabiduría…

-Principio de la unidad y potencialidad pura, que se cumple si se dan las circunstancias de paz, quietud, silencio interior y renuncia a la crítica. El Aprendiz de Sabio es consciente de que en la medida en que sintonice su mente con la mente infinita, sin límites y todopoderosa de la naturaleza, mayores serán sus posibilidades de creatividad, eficacia y de plenitud.

-Principio de la interacción dinámica del universo. Ley del dar y del recibir. El Aprendiz de Sabio nunca olvida que es él el primer responsable y causante de su felicidad o su desgracia, por eso no deja de generar acciones nobles y saludables, que producen un gran bien en sus semejantes y se convierten en un bien mayor para sí mismo.

-Principio de la causalidad: toda acción engendra una fuerza de energía que vuelve a nosotros. El Aprendiz de Sabio siempre elabora sus respuestas y opta por las soluciones pertinentes desde la calma y el sosiego interior y exterior. Hace caso a la corazonada inteligente que le habla desde la coherencia y la plenitud del espíritu.

-Principio de la armonía y del equilibrio, del mínimo esfuerzo, de lo natural. Conviértete en mero espectador, disfruta de la aceptación de la realidad, vívela sin lucha, sin queja, y deja que todo suceda con la serenidad y el equilibrio silencioso de que nos da ejemplo la naturaleza. Saborea cada instante, siéntete vivamente en paz, plenitud y armonía físicas y psíquica.

-Principio de la atención-intención consciente. La maravilla de las maravillas es que el sistema nervioso humano no solo es capaz de ser consciente de la información y de la energía de su propio campo cuántico, sino que también puede modificar de manera consciente el contenido informativo y energético que da origen a nuestro cuerpo, ampliando nuestro mundo y haciendo que se modifiquen cosa en él.

-Principio de la no-dependencia, del desapego, de la sabiduría de la incertidumbre. Sin la inseguridad permanente que debemos saber disfrutar seríamos víctimas de nuestro pasado. La sabiduría de lo desconocido nos rescata de la tristeza, del adocenamiento, de la involución y de la desesperanza, pues se convierte en abanico de infinitas posibilidades.

-Principio del propósito de la vida, del “porqué” y “para qué” de la existencia. Todo tiene su porqué y para qué en la vida. Nada es al azar. Cada ser, cada persona es singular, pieza única, ser irrepetible con un proyecto, con un propósito existencial, que debe llevar a cabo en beneficio de los demás y para hacer posible el bien, el orden y la armonía universal.




El tercer objetivo es saber llevar a la vida de cada día esa sabiduría esencial, desgranada en formas concretas de pensar, sentir y obrar, incorporándolas a la personalidad hasta que se conviertan en actitudes, en hábitos…

.Hacerse bien y no daño a sí mismo, e impedir que otros nos hagan daño. Hacer el mayor bien posible a los demás.
.Hacer siempre aquello que teme, tomar sus propias decisiones. Perdonarse y tratarse con ternura, activar todas sus potencialidades.
.No perder nunca el sentido del humor, reírse don frecuencia de sí mismo. Vencer el miedo al qué dirán.
.Cuidar, cultivar y potenciar su mente, la parcela del espíritu, los buenos y nobles sentimientos.
.Responsabilizarse de sus pensamientos, sentimientos y acciones. Saber decir: ¡No! Sin sentirse culpable.
.Tender puentes y establecer lazos, cultivar y potenciar la parcela social y de relaciones familiares.
.Planificar el futuro, pero sin permitir que la inquietud o el estrés anticipatorio nos afecten. Correr riesgos razonables siempre que sea necesario.
.Valorar y disfrutar las cosas más cotidianas, normales y sencillas que le depara el día a día, porque ésas son, en verdad, las grandes y maravillosas cosas de este mundo.
.Pensar y meditar cada día con plena convicción, que la manera más segura y cierta de vivir para sí mismo y ser feliz, no es otra que vivir para los demás y dejar tras de sí una estela de acciones nobles y generosas, contribuyendo a que este mundo sea un poco mejor, más humano y acogedor.
.Convertir el respeto, la empatía, la comprensión, el perdón, el buen entendimiento y la alegría de vivir en sus mejores aliados para una convivencia madura y pacífica con sus seres queridos y con los demás.
.Llegar a entender que la felicidad y la desdicha, la suerte y la desgracia, la riqueza y la miseria, están latentes en el espíritu, en la mente de cada individuo. Pero cada cual tiene en sus manos la posibilidad de despertar, activar y potenciar unas u otras. El Aprendiz de Sabio tiene muy claro que él y solamente él es el dueño de su propio destino.




En definitiva, todas las actitudes y ocupaciones enumeradas, el Aprendiz de Sabio consigue sintetizarlas en algo tan simple y a la vez tan complicado como vivir plenamente la propia vida y dejar que cada cual viva la suya. ¡Nada más y nada menos!


Bernabé Tierno – Aprendiz de sabio

miércoles, 15 de octubre de 2014

¿Su licencia de enseñar, señor maestro? (Edmond Gilliard)



Si la escuela fuera verdaderamente el lugar de donde surge el hombre, no habría más insurrecciones tumultuosamente populares. El “insurgido” por naturaleza sería el iniciador del orden. Solo son buenos profesores aquellos en los que subsiste la revuelta del alumno. Se trata de adivinar el ardor en la recalcitrancia. En la indocilidad se encuentra el fermento de toda disciplina viva. El maestro que recurre al reglamento para hacer respetar el orden, reconoce su incapacidad para hacerse respetar por sí mismo. No está íntegramente consagrado a su tarea. No se atreve a jugarse el pellejo.

Por el momento, la escuela, imperturbable, continúa sus disertaciones sobre momias. Su propia satisfacción la hace totalmente indiferente a la naturaleza del objeto que sirve de pretexto para su charlatanería. La escuela es, por excelencia, un taller de esterilización. Se le dan niños normales, y ella se esfuerza por convertirlos en hombres retrasados. Con el niño no hay que aplicar fórmulas preestablecidas; hay que inventarlo todo. El niño es el que “ve las cosas por primera vez”. El niño deber ser mantenido en estado de admiración; debe permanecer constantemente asombrado. Debe vivir en el mundo de la revelación, estar continuamente en estado de alerta, expuesto siempre a la “sorpresa de ser”.

La escuela le cierra la boca al que valientemente dijera las cosas; hace abrir la boca al que babea las lecciones. Indignada, cierra la boca que bosteza; engrasa, encantada, la boca que grazna. Es escandaloso decir: “Me aburro”. Lo que el niño sí sabe es que se aburre. Esa es su ciencia al respecto. Desgraciadamente, se produce el aburrimiento desde que ya no hay amor. El verdadero amor crea la irresistible evidencia del placer. El amor deja de ser legítimo en cuanto se hace aburrido.



El aburrimiento es más perjudicial, más inmoral que cualquier otra cosa. Arruina cualquier educación debilitando la naturaleza al mismo tiempo, enerva toda disciplina, empobrece toda doctrina, le quita todo sabor a la conciencia, diluye el alma. Los aburridos son inmutablemente parecidos a sí mismos, incurablemente inoperantes, irremediablemente “desocupados”. Así es como la escuela, mediante el fastidio, intenta suprimir todos los asombros de la vida, todas las sorpresas del entendimiento; así es como intenta matar todos los gérmenes de la fermentación que contienen los jugos del lenguaje, enseña a hablar para no decir nada.

En la amabilidad es donde se reconoce al maestro “obligado”, al maestro creador. Los niños no se equivocan en esto. Sienten inmediatamente a los que hay que amar, a los que hay que amar por ley natural: los verdaderos productos del placer vital, los iluminadores de la razón de vivir. Los intérpretes del amor. Existe amor a partir del momento en que “agrada”, y no existe pena, ni sufrimiento que no pueda convertirse en placer de amor. No se hace nada útil sino por placer. Nada leal, nada abnegado, nada desinteresado, nada noble sino por placer. Nunca se aceptaría ni se “cumpliría” verdaderamente un deber si no se encontrara en él una materia de amor, una sustancia de placer.

Porque la escuela no le proporciona placer es por lo que el alumno se escapa en la distracción. Pero no, la lección nunca se encadena con la distracción, y se penaliza a los distraídos. No existen niños naturalmente perezosos. Solo hay niños a los que la “inautenticidad” ha hecho perezosos. Se podrá obtener la obediencia por la fuerza, pero no se habrá vencido a la pereza, solo se habrá impuesto la esclavitud. Únicamente el placer puede vencer radicalmente a la pereza. Los dóciles no son sino perezosos “mecanizados”.



La enseñanza es obra masculina; la educación, obra femenina. El que enseña, anuncia, expone los signos y los propone (o impone). El –la- que educa, se remite al hombre, remueve en lo más profundo de él y, desde lo más profundo de él, por una atracción exultante, seduce, promueve la manifestación de los potenciales e individuales facultades del Espíritu-Alma, según las capacidades y las expresivas aptitudes del cuerpo. La instrucción es la edificación del yo por desarrollo de la iniciativa, de la “voluntad de sí”; es el establecimiento de un orden íntimo por justa autoridad de la “propiedad de sí”. Nunca he aceptado tener discípulos. Mi fe no puede engendrar sino hijos que sabrán prescindir de mí.

Es demasiado fácil callar a un niño.
Es demasiado fácil disponer, en contra del niño, de argumentos de fuerza, del puño de los reglamentos y de la maza de los preceptos.
Es demasiado fácil deshacer con trucos de régimen policíaco las inocentes empresas de su “indisciplina”.
Es, en verdad, demasiado fácil, cometer abusos de poder contra el niño, arrastrarlo al terreno de lo arbitrario en nombre del orden y de los artificios en nombre de la virtud.
Es demasiado fácil imponerle respetos imbéciles.
Es demasiado fácil tenderle todas las trampas de la impostura y la hipocresía social.
Es demasiado fácil el que, so pretexto de autoridad escolar, unos hombres débiles puedan jugar al déspota, el que hombres sin juicio puedan juzgar las razones, el que unos marrulleros falseen valores, el que unos ineptos contraríen las aptitudes, el que unos decepcionados se venguen, que unos maníacos se regodeen.



No se derribará la escuela si no se derriba y se le da la vuelta al mundo. Únicamente una sacudida universal arrancaría sus manos grasientas de la piel de los niños; únicamente el desencadenamiento del huracán cósmico de las resurrecciones podrá luchar contra el viento del estupor que, desde hace siglos, mantienen tantas alas de vampiros sobre la frente de alumnos comatosos.


Lo que quiero no es una reforma. Es una revuelta lo que quiero. No se trata de discutir en los despachos; es en las escuelas donde hay que hacer estallar el tumulto de la naturaleza viva; hay que hacer surgir, desde el abismo de la infancia submarina, en el estanque de las lecciones, una ola de fondo que eche a pique la mugrienta flotilla de barcos de papel. Hay que entregar de nuevo al maestro al peligro real de la tempestad de los orígenes. Es preciso restaurar el juego franco de las fuerzas libres entre el maestro y el alumno; es preciso restablecer la “pureza” del riesgo, la única que puede garantizar la honestidad de los compromisos. Se debería de dejar libre a la clase para “ejecutar” al maestro incapaz o indigno. Reclamo el derecho de la clase al follón. ¿Su licencia de enseñar, señor maestro? Pero, ¿y la verdadera libertad de enseñar? Solo están realmente autorizados para concedérsela los alumnos.


Edmond Gilliard – La Escuela contra la Vida

jueves, 18 de septiembre de 2014

Solo la compasión conduce a la felicidad (Dalai Lama)



Estamos hechos para buscar la felicidad. Todos posemos la base para ser felices, para acceder a los estados cálidos y compasivos de la mente que aportan felicidad. Aunque nuestra naturaleza es fundamentalmente apacible y comprensiva, no es suficiente, tenemos que desarrollar una aguda conciencia de esa condición, cambiar la forma de percibirnos.
   Todos buscamos algo mejor en la vida; así pues, el movimiento primordial de nuestra vida nos encamina en pos de la felicidad. Ésta se puede alcanzar mediante el entrenamiento de nuestra mente, que incluye intelecto y sentimiento, corazón y cerebro. Al imponer una cierta disciplina interna podemos experimentar una transformación de nuestra actitud, perspectiva y enfoque de la vida.

Hablar de esta disciplina interna supone identificar aquellos factores que conducen a la felicidad y los que conducen al sufrimiento. La clave se encuentra en el estado de ánimo. Si utilizamos de forma positiva nuestras circunstancias favorables, éstas pueden transformarse en estados que contribuyen a alcanzar una vida más feliz. Cuanto mayor sea el nivel de calma de nuestra mente, tanto mayor será nuestra capacidad para disfrutar de una vida feliz.
   Cuando se carece de disciplina interna que produce la serenidad mental no importan las posesiones o condiciones externas, ya que éstas nunca proporcionarán a la persona la sensación de alegría y felicidad que busca. Pero si se posee esta cualidad interna es posible tener una vida gozosa, aunque falten las posesiones materiales que uno consideraría normalmente necesarias para alcanzar la felicidad.

Primero tenemos que aprender cómo las emociones y comportamientos negativos son nocivos y cómo son útiles las emociones positivas. Si se desea buscar la felicidad, se deberían buscar las causas que en otras ocasiones la han producido, y si no se desea el sufrimiento, debería procurarse que no vuelvan a presentarse las causas y condiciones que dieron lugar al mismo. Saberlo fortalece nuestra determinación de afrontarlas y superarlas, así como ser conscientes de los efectos beneficiosos de las emociones y comportamientos positivos.



Nuestra siguiente tarea consiste en identificar los estados mentales que experimentamos, identificarlos con claridad en función de que nos conduzcan o no a la felicidad. Por ejemplo, el odio, los celos, la cólera, son nocivos, los consideramos estados negativos de la mente porque destruyen nuestro bienestar mental. Cuando los experimentamos, todo nos parece hostil, hay más temor, una mayor inhibición e indecisión: una sensación de inseguridad.
   Por otro lado, los estados mentales como la afabilidad y la compasión son definitivamente muy positivos, muy útiles. Si tienes sentimientos de compasión y deseas ser amable, hay algo que abre automáticamente tu puerta interior, ese sentimiento de cordialidad  ayuda a abrirse a los demás.

Se descubre entonces que todos los seres humanos son como uno mismo, que podemos relacionarnos más fácilmente con ellos. Eso genera un espíritu de amistad, hay menos necesidad de ocultar las cosas y, como resultado, desaparecen los sentimientos de temor, las dudas sobre uno mismo y la inseguridad.

Alcanzar la verdadera felicidad exige producir una transformación en las perspectivas, en la forma de pensar, y eso no es tan sencillo, no podrá conseguirse rápidamente. El cambio requiere tiempo: se trata de un proceso de aprendizaje. Cada día, al levantarse, se puede desarrollar una sincera motivación positiva al pensar: “Utilizaré este día de una forma más positiva. No lo desperdiciaré”. Luego, por la noche, antes de acostarse, analizar lo que se ha hecho y preguntarse: “¿Utilicé este día como lo tenía previsto?”. Si todo se desarrolló tal como se había deseado, deberíamos alegrarnos por ello. Si alguna cosa salió mal, lamentar lo que se hizo y examinarlo críticamente.



No obstante, pueden surgir ciertos sentimientos, como cólera o apego debido a la costumbre o a muchas vidas anteriores. Al principio, la utilización de las prácticas positivas es muy débil, porque las influencias negativas siguen siendo muy poderosas. Finalmente, a medida que se intensifican las prácticas positivas, disminuyen los comportamientos negativos. Así que, en realidad, es una batalla constante dentro de nosotros.
   La práctica repetida nos permite llegar a un punto en el que los efectos negativos de una perturbación no pasan más allá del nivel superficial de nuestra mente, como las olas que agitan la superficie del océano, pero que no tienen gran efecto en las profundidades. Eso es lo que se logra mediante la práctica gradual.

Aunque puede haber agresividad, no proviene del sustrato humano fundamental, sino que es más bien el resultado del intelecto, de la inteligencia desequilibrada, del mal uso de ella, o de nuestra imaginación. En cierto modo brota cuando nos sentimos frustrados en nuestros esfuerzos por lograr amor y afecto.
  Así que, por mucha violencia que exista y a pesar de las penalidades por las que tengamos que pasar, la solución definitiva de nuestros conflictos consiste en volver a nuestra naturaleza humana básica, que es bondadosa y compasiva.

La compasión es una actitud mental basada en el deseo de que los demás se liberen de su sufrimiento. No obedece tanto a que tal o cual persona me sea querida como al reconocimiento de que todos los seres humanos desean, como yo, ser felices y superar el sufrimiento.

   Sobre la base del reconocimiento de esta igualdad, se desarrolla un sentido de afinidad, al margen de considerarlo amigo o enemigo. Tal compasión se basa en los derechos fundamentales del otro y no en nuestra proyección mental. De ese modo se genera amor y compasión, la verdadera compasión, que conduce a la felicidad.


Dalai Lama – El Arte de la Felicidad

lunes, 8 de septiembre de 2014

El maestro: director de orquesta de la educación (Fernando Pastor)




Los educadores tienen su más grave dificultad en el sistema de enseñanza cuando éste no contempla y no defiende que la base de toda ella es la vocación pedagógica del maestro. Solo con maestros felices en su labor pueden surgir las nuevas generaciones con una formación técnica conveniente, acompañada por la formación ética y moral imprescindible, impartida por maestros que han enseñado en un clima de relación y comunicación con el alumno, al que han trasladado, además de conocimientos, el humanismo que, por venir de quien tiene vocación de enseñar, ya tiene garantía de generosidad y altruismo.

Los planes de enseñanza, piedras angulares en el basamento de la sociedad, son redactados por los gobernantes desde criterios enormemente politizados, y tienen la posibilidad de educar mentes y ahormar voluntades de futuros seguidores y votantes desde sus primeros años. Los maestros y profesores serán sus instrumentos, sujetos a la disciplina administrativa. Y es aquí donde  los educadores tienen su verdadera misión, su gran reto y su grave responsabilidad. Deberán enseñar por vocación y por profesión lo que convierta a sus alumnos en hombres de provecho para sí y para la sociedad, conscientes de que encontrarán su mayor felicidad en lo que no se mide con la eficiencia, la técnica, la productividad, el enriquecimiento y el brillo social, sino en sus conocimientos y en su sensibilidad para apreciar y disfrutar del arte y la belleza, de la generosidad y la bondad.




La mejor asignatura que el educador debe enseñar es la de desear aprender. Ha de estimular esa natural curiosidad del ser humano, haciéndole saber que este hambre intelectual es una fuente inmensa de satisfacción, de felicidad, que ayuda a serenar el espíritu, al tiempo que lo excita ante la nueva aventura que cada interrogante le plantea. Las respuestas las encontrará casi siempre en los libros, pero también preguntando, observando, comprobando y analizando. Todo ello más emocionante que vivir pasivamente, cumpliendo normas sin preguntar el porqué, viendo sin mirar y oyendo sin escuchar.

Si al estudiante se le hace comprender que en su cabeza tiene el juguete más apasionante, increíblemente superior a esos juegos electrónicos en los que pierde su tiempo, se le habrá enseñado la lección básica. A partir de ese momento no necesitará estímulos; los programas de estudio serán para él curiosidades a satisfacer no solo aprendiéndolos, sino comprendiéndolos.



Los pueblos admiran y miman a sus deportistas, a sus artistas, a sus científicos, pero prestan escasa atención a sus educadores. Para vergüenza nacional, nuestro país ha acuñado una triste frase, “pasa más hambre que un maestro de escuela”, que resume la consideración de que en España  tenemos por los que deben enseñar a nuestros hijos escaso aprecio y pobre sueldo. Así nos va.

Cada ministro de Educación procura entrar en la gris historia de la enseñanza española dejando un plan con su apellido. Tenemos infinidad de planes, arrinconados por fracasados, conservadores, renovadores, utópicos y disparatados, pero nada preocupados por fortalecer, potenciar, dignificar y ennoblecer la figura fundamental en toda esa gran orquesta de la educación, el que produce la música de la enseñanza: el maestro.


Este es uno de los más importantes objetivos a conseguir en este país.


Fernando Pastor Álvarez – Reflexiones de un hombre corriente

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Persona: cree en ti (Leo Buscaglia)


  
La vida es un largo viaje y cada uno de nosotros solo posee una existencia para viajar. Ventearemos nuestro camino, continua e incansablemente, moldeando, desarrollando y modificando nuestro indefinido curso, realizando actos irrepetibles, en una senda por la que no volveremos a pasar. Cada momento nos acerca más al final del viaje y, cuando lo alcancemos, perecerá un vago y nebuloso recuerdo en nuestra mente… algo inexplicable, cual un sueño interrumpido, intuido, pero olvidado a medias y, al parecer, sin propósito.

Mientras continuemos del todo conscientes, mantendremos el proceso de asimilar lo que nos rodea y darnos una interpretación del mundo. Éste es un proceso continuo; nos desarrollamos hasta el extremo en que nos vemos forzados, deseamos o somos capaces de adaptarnos a ese alud de nuevas experiencias. En cada estadio de nuestras vidas, seremos requeridos para llevar a cabo reajustes personales en lo referente a nuestro mundo cambiante, a medida que nos enzarcemos cada vez más en el proceso activo de hacerlo nuestro. Nuestro principal desafío en este proceso radica en descubrir, desarrollar y conservar nuestra individualidad. Hacer esto requiere que seamos plenamente conscientes, sensibles y flexibles.

Ahora poseemos suficiente conocimiento del potencial de lo que es el ser humano como para superar el odio, el miedo, el dolor, el hambre, la guerra y la desesperación. No se debe mirar hacia atrás, no somos prisioneros del pasado. Podemos partir del punto en que estamos. Nos bastamos para ello. No existen “otros” a los que echar la culpa: cada uno de nosotros es el otro. Nosotros somos ellos. Cuando las cosas no se hacen, todos somos culpables; cuando domina la incomprensión, somos nosotros quienes no comprendemos; cuando nos encontramos en un estado de dolor emocional o tensión, somos nosotros quienes hemos elegido estar así. Si no nos convertimos en todo lo que somos, es que no estamos cambiando.



Pero la personalidad no realizada reclama nuestra atención. No puede ser ignorada durante demasiado tiempo. Nos fuerza, o bien a marchar hacia delante o hacia atrás, o a vivir en la confusión, la ansiedad y la frustración. Somos conscientes de que nos falta algo y de que sentimos una desesperada necesidad de descubrir qué es. Nos vemos impulsados hacia el desarrollo a pesar del hecho de que, en el mejor de los casos, las recompensas se hallan envueltas en las brumas de la ilusión; que siempre parecemos mal preparados; que hemos fracasado con frecuencia en el pasado; que el intelecto nos engaña; que la emoción nos confunde y que continuamente en nuestro camino se interfieren los otros viajeros.

Como personas en plena realización, sabemos que tenemos derecho a ser lo que somos, incluso aunque lo que seamos no sea compatible con lo que nos han enseñado a ser. Tenemos derecho a elegir nuestra propia personalidad, aunque ésta sea diferente a la de los demás. Tenemos derecho a sentir como lo hacemos, aunque estos sentimientos sean desaprobados por quienes nos rodean. Eso no significa que tengamos derecho a imponernos sobre los demás. Significa que tenemos derecho a elegir, a desarrollar y a vivir congruentemente con nosotros mismos y a compartir sin tener que disculparnos.

Debemos alentar el impulso a la autorrealización de una forma que sea buena, amorosa, dichosa, paciente y disciplinada. Debemos afirmarnos a nosotros mismos. Ya no somos marionetas a las que manipulan unas poderosas fuerzas exteriores, nosotros mismos nos hemos convertido en la poderosa fuerza. Nadie que esté tratando de ser él mismo, se verá libre de experimentar situaciones trágicas: las circunstancias externas continuarán frustrando nuestro camino. Esto es otra forma de decir que las personas en plena realización se sirven por igual del dolor y la dicha para determinarse a sí mismos. Pueden abandonar la responsabilidad de sus vidas a unas fuerzas exteriores, como la sociedad, la familia, amigos o amantes, o bien pueden asumir la agridulce responsabilidad de su propia autocreación.



Sea lo que sea la inmortalidad, queda asegurada por una continua participación en el proceso de producción. Gracias a nuestros actos, las cosas cobran más importancia. Merced a nuestra existencia el mundo se ha hecho más importante. Con ello no queremos decir que estamos obligados a hacer algo grande. Solo debemos hacer aquello para lo que estamos capacitados, pero eso sí, hacerlo bien; algo que conduzca al bien, a la alegría, a la comprensión. Es este conocimiento de la capacidad de uno mismo para contribuir a la universal, continua e infinita productividad lo que añade especial significado a nuestras vidas y alienta nuestra mortalidad.

Dado que no existen límites al potencial de la cualidad de persona, esta obra no tendría fin. La búsqueda de una plena humanidad se halla en el proceso de tratar de llegar a cierto sentido personal en las contradicciones, de intentar desenredar las presuntas complejidades, de forcejear con las imperfecciones, se sobreponerse a las incertidumbres y de revelar la magia de una forma activa. Nuestro deseo consiste en hacernos de nuevo. El poder individual se halla en cada uno de nosotros. Podemos utilizarlo cuando lo deseemos, nunca muere, simplemente yace dormido.

La vida está siempre dispuesta y abierta, y a nuestro lado, para compartir sus recursos. Simplemente aguarda a que la abracemos. En cualquier momento dado permite empezar de nuevo. Intenta siempre guiarnos para que nuestras personalidades sean activas y alcancen la plena realización, puesto que, de ese modo, se puede realizar a sí misma. Solo la vida engendra vida. Armados con la vida de nuestra parte, y de toda una existencia para experimentar, las probabilidades se hallan de nuestro lado. No hay nada que temer.


Tu cualidad de persona es real; es tu más valiosa posesión. Mientras esa cualidad permanece con vida, puede crecer indefinidamente, desarrollarse y cambiar. Se génesis es un milagro, que por un momento toma la forma llamada tú, y luego sigue su camino. Despreciar ese milagro puede ser un crimen imperdonable. El impedir que se actualice a sí misma equivale a condenar tu papel en el necesario proceso de que la vida se recree a sí misma.


Leo Buscaglia – Ser persona

lunes, 1 de septiembre de 2014

Salida Pablo Iglesias

Salida Pablo Iglesias

Por un angosto y lóbrego túnel inundado de miserias, protegiéndose del acecho voraz de múltiples alimañas, camina una heterogénea muchedumbre. Es una representación del ciudadano medio español: desahuciados del fruto de su esfuerzo de tantos años; jóvenes universitarios sin empleo; jubilados y ancianos estafados por las preferentes; parados de larga duración cuya experiencia ya no cuenta; mendicantes forzados, vagabundos, inmigrantes y otros marginados sin techo; parejas de jóvenes sin acceso a préstamos ni ayudas públicas; indignados de toda edad ante la injusticia de sus políticos; campesinos y ganaderos  obligados a abandonar sus explotaciones; futuras promesas pronto derrotados del arte, la literatura, la ciencia, el deporte; enfermos crónicos que ya no pueden costear su tratamiento; idealistas que una vez confiaron en una democracia convertida en una farsa de la corrupción, del amiguismo, de la evasión de capitales, del desvirtuamiento de principios éticos…

Los perros de presa del capitalismo y del sistema opresor les acosan sin  piedad, empujándolos a un callejón sin salida aparente. No obstante, a cada paso, la multitud iba creciendo de nuevas víctimas de todas las capas sociales, pobres miserables que un día tuvieron dignidad.

El aire se enrarece por momentos, las fuerzas del orden establecido luchan sin tregua frente a la masa desesperada por la defensa de los bienes de los afortunados, de los poderosos, de gobernantes sin escrúpulos…

Sin apenas esperanzas, al límite de su aguante, empezaron a vislumbrar que, de alguna manera, se iba abriendo un hueco al final de esa catacumba, por donde se colaban rayos de luz acompañados de voces amigas que les animaban a unirse a ellos. La muchedumbre aceleró el paso con decisión, la luz se agrandaba, cada vez más cálida, hasta llegar a abrirse una puerta que inundó la oscuridad.


Una voz que destacaba y lideraba la esperanza, alguien salido del pueblo, propugnaba una redistribución justa de la riqueza, aplicar la justicia a los depravados, reescribir una ley más justa acorde con los tiempos, terminar con la casta dominante de una vez por todas, la salida a tanta inmundicia y pesar acumulados. Había que actuar sin más tardanza, poco o nada que perder y un futuro por conquistar estaba en juego…



lunes, 25 de agosto de 2014

Educar es manipular; sí, pero con respeto y libertad (Carlos Díaz)



No hay neutralidad en la escuela, lo que hay es manipulación, que significa modelar, inflexionar, conformar, adecuar. ¿Quién, con un mínimo de honestidad, puede negar que él es manipulador de sus alumnos, y que por su parte él no ha sido manejado por los profesores que tuvo, ni está siendo manipulado por la sociedad en que habita?

No estaría de más desterrar de entrada el nombre de pedagogía, término que solo abarca a una esfera muy restringida de la educación. Se es ser humano desde que se nace hasta que se muere; por ello la educación es permanente. Hay que hablar de antropogogía, de educación de hombres, de seres humanos. Pero educar y ser educados permanentemente no es no más ni menos que renunciar a vivir o ser vividos con la guardia baja, animarse a estar siempre entre las cuerdas del cuadrilátero de la vida, entre el clamor de la masa enloquecida y el sordo silencio interior del gladiador.

No hay ni puede haber una escuela angélica o desinteresada, neutra o aséptica. Que toda docencia es de hecho militancia, toma de partido. Nuestra pedagogía no puede nunca entrar en vigor si quiere mantenerse vigorosa. Su voluntad es también noluntad, y su lema es: destruiré y luego edificaré. Si tuviésemos que dar una normativa al irresoluto necesitado de guías, sería ésta: nuestra pedagogía no coadunará institución con enseñanza. Será renuente a toda moda. Tendrá más de profética que de tecnocrática. Estará lejos del poder  y de la tranquilidad. Será imaginativa. Será una pedagogía de las profundidades: responderá al mar de fondo.




No podríamos por menos de reconocer, como mínimo, en la palabra “educación” tres sentidos: educir, inducir, conducir. Las tres coinciden en que educar es, de algún modo, manipular. No hay educación sin proceso de transmisión manipuladora de saberes y haceres; siempre en el seno de unas condiciones socio-históricas determinadas y siempre manipuladas. Eso ocurre porque el saber y el hacer han nacido en el entramado de una estructura de clases sociales, y se ha desarrollado en medio de una dialéctica histórica, es decir, que ha surgido de un clima de tensión poco propicio para la neutralidad epistemológica. Podemos hablar de una sobredeterminación de los saberes que, en el seno de la estructura en que se han desarrollado, han adoptado muy frecuentemente la forma de una ideología al servicio de una intención política muy determinada.

Nos guste o no, educar es manipular, transformar, adaptar. Y, por lo tanto, destruir. Destruir la ignorancia causada por el miedo, el inmovilismo causado por el poder, la pudibundez enraizada en la hipocresía. Tal persona “educada” es una persona domesticada, acomodada, asimilada, usada, abusada, sacrificada. La manipulación es inevitable, pero destapémosla. No más fariseísmos que pretendan encubrir una subterránea, artera e interesada manipulación al servicio de una clase, con aires hipócritas de neutralidad y asepsia. Para una pedagogía de la manipulación honrada y sin nada que ocultar, destruyamos el mito virginal de un saber aséptico e incontaminado. Educar es también saber callar. Es desviarse. Un aséptico distante siempre de lo que enseña, desvinculado de los contenidos que su cabeza alberga, es un espantapájaros.

En la educación actual se fomenta la esquizofrenia muy frecuentemente, al escindir y parcelar las materias, que deberían aprenderse coordinadamente. Lo único que evita la total esquizofrenia para la tecnocracia es la posesión del título, dotado de virtud unitiva y englobante de los saberes parcelados y disconexos.

Si el saber es “crisis”, es decir, crítica, muerte de lo decrépito y nacimiento de lo que nos hace más libres, entonces el tutor, el hombre de las seguridades, el contenedor, el asegurador, está de más. Su función es bloquear, calmar, neutralizar. El tutor es la “paz”, el bastión del apoliticismo y el pilar del orden docente establecido. Callar es otorgar. Quien calla otorga su consentimiento a la pedagogía interesada en la neutralidad aparente. En una pedagogía estática, el tutor sería el garante de las ideas transmitidas, que hay que defender, caiga quien caiga. Lo importante de este tipo de magisterio es lograr cabezas bien llenas, sin importar que las cabezas estén bien hechas: somos un objeto más que sujetos. Somos en la clase su propiedad privada, por eso nos “especializa”, nos reduce; de si tiene sentido o de cuál es el sentido de cuanto aprendemos, ¿para qué acordarse?



En el fondo de tanta tutoría lo que hay es una propensión a aceptar la disposición institucionalizadora de la enseñanza. La docencia aséptica se suele ejercer por vía de magistralidad: el magíster se limita a dar lecciones indiscutibles. Tiene tras de sí, si no la fuerza de su saber, sí al menos el saber de su fuerza. ¿Se entendería a un profesor que no aprobase ni suspendiese? ¿Sabemos lo que puede ser una educación dinámica, si nunca lo hemos comprobado?

Los sentimientos más contradictorios albergan al profesor honrado en su manipulación. Si no aprueba, perpetúa la situación. Si aprueba, perpetúa la injusticia. Es un dilema que se renueva en cada evaluación. Con ella, se desglosa de tal suerte la identidad de la materia explicada, que queda pulverizada en exámenes parciales que todo lo desconectan. El resultado es que el saber, que es auténtico placer de dioses, resulta para muchos alumnos un aborrecible objeto, del que se zafan cuando abandonan.



Solamente habrá posibilidad de diálogo y de una manipulación que respete a la persona en la medida en que renuncie a saberlo todo, a preverlo todo, a organizarlo todo. Sin la libertad, no es posible una pedagogía. Una libertad estructural, y por lo tanto no minoritaria, una libertad para toda la sociedad, que repercuta en toda la sociedad a todos los niveles. A eso no tendríamos inconveniente en llamarla pedagogía socialista. Pero no en un sentido dogmático de un Estado burocrático, sino en una pedagogía socialista donde la persona cuente como el motor y el plan primero que es el de la movilidad social, una pedagogía personalista y comunitaria desde los pies hasta la cabeza, es decir, en la plurifuncionalidad de todos los miembros que concurren integralmente para la marcha armónica del organismo.


Porque, en el fondo, lo único claro es que una pedagogía nueva tiene que ser una pedagogía enraizada en el pueblo en marcha, y no un elemento para garantizar la ominosa opresión perpetuada de una minoría.


Carlos Díaz – No hay escuela neutral