miércoles, 27 de febrero de 2019
Biblioteca Maestros Espirituales (3): Coomaraswamy, A.K., Mircea Eliade y Renè Guenon
En esta ocasión os dejo una buena colección de textos de los tres máximos divulgadores de la Espiritualidad y la Metafísica Tradicional del Hinduismo, particularmente, y en general de la Sabiduría Oriental y las Religiones monoteístas. Para aquellos que no estén familiarizados con estas lecturas, recomiendo comenzar con Mircea Eliade, por hablarnos este autor en un lenguaje más asequible y cercano.
Mircea Eliade
https://drive.google.com/drive/folders/1inavgkwztZUjt9MlviLa3PW0mD3q0hfD?usp=sharing
Renè Guenon
https://drive.google.com/drive/folders/1an5F7YYLMzvftXb8Sb32ut_p1ZOYKuDo?usp=sharing
Coomaraswamy, A.K.
https://drive.google.com/drive/folders/16NmxUxouGfP3CY1hSJDNjE11Mr65agVF?usp=sharing
miércoles, 30 de enero de 2019
Biblioteca: El Enigma de Jesús y el Cristianismo
Para conocer más a fondo el problema del enigma de Jesús y el Cristianismo
traigo aquí una selección de textos que tratan el tema ya sea de modo académico
y riguroso, como legendario, simbólico o más o menos fantasioso, además de la
posición de fe o creencia de cada autor en particular. Es un tema que me ha apasionado desde muy joven, no en vano la influencia que ha ejercido el cristianismo en nuestra civilización es abrumadora y a nadie creo puede dejar indiferente poseer la información necesaria. Para definir de forma
concisa la cuestión esta vez veo acertada la exposición que de ello hace la
wikipedia:
“La historicidad de Jesús se refiere
a si Jesús de Nazaret, nacido 7-2 (a. C.), existió como una figura histórica,
si los episodios representados en los evangelios se pueden confirmar
como hechos históricos en contraposición al mito, la leyenda o la ficción,
y la valoración de las pruebas concernientes a su vida.
Hay
«un consenso prácticamente universal» entre los estudiosos que Jesús existió
históricamente, aunque los eruditos bíblicos difieren acerca de las creencias y
enseñanzas de Jesús, así como la exactitud de los detalles de su vida que han
sido descritos en los Evangelios. Si bien los estudiosos a veces han
criticado la erudición de Jesús por los prejuicios religiosos y la falta de
rigor metodológico, con
muy pocas excepciones, tales críticos sí apoyan la historicidad de Jesús, y
rechazan la teoría de que Jesús nunca existió, conocida como el Mito de
Jesús. Algunos
estudiosos, especialmente en Europa, han hecho recientemente el caso de que si
bien hay una serie de plausibles «Jesuses» que podrían haber existido, no cabe
certeza en cuanto a qué Jesús era el Jesús histórico, y que
también debería ser más erudita la investigación y el debate sobre este tema.
La
historicidad de Jesús es diferente del estudio relacionado del Jesús histórico,
que se refiere a las reconstrucciones eruditas de la vida de Jesús, basadas
principalmente en el análisis crítico de los textos evangélicos.
Desde
el siglo XVIII, los estudiosos han tratado de reconstruir la vida del Jesús
histórico, el desarrollo de métodos histórico-críticos para el análisis de los
textos disponibles. Las únicas fuentes son documentales; junto con los textos
bíblicos como las epístolas paulinas o los evangelios sinópticos, tres
pasajes en obras no cristianas se han utilizado para apoyar la historicidad de
Jesús: dos en los escritos del
historiador judío Josefo, y uno del historiador
romano Tácito.
Aunque la autenticidad de los tres ha sido cuestionada; y uno es
generalmente aceptado como modificado por los cristianos, sin embargo, la
mayoría de los estudiosos creen que es al menos parcialmente auténtico”.
El legado espiritual de "Jesús" ha sido recogido y desarrollado por la tradición cristiana en una farragosa historia envuelta en dogmatismos, herejías, omisiones, interpolaciones, enigmas y contradicciones, por lo que es difícil saber ciertamente la verdad de su vida y de su “misión en el mundo”. Algo de luz al respecto nos ha aportado el análisis de los textos encontrados en Nag Hammadi, con restos de versiones diferentes a la oficial de evangelios escritos con anterioridad (y desconocidos en ese momento) del fijado dogmático del Canon Católico.
Sin
más preámbulo adentrémonos en los textos sin ideas preconcebidas, sin que la fe
o un agnosticismo más o menos escéptico empañen nuestra consideración al
respecto. Reservo mi opinión personal a los comentarios que puedan surgir por vuestra parte.
Enigmas de Jesús y el Cristianismo:
jueves, 24 de enero de 2019
Biblioteca Maestros Espirituales (2) : Jorge Bucay, Eckhart Tölle, Ramiro Calle, Wayne Dyer, Deepak Chopra.
Jorge Bucay
https://drive.google.com/drive/folders/19HxlE_JoGugQfMOzXke1SyWx9vlxKDlf?usp=sharing
Eckahrt Tölle
https://drive.google.com/drive/folders/1bSvEL3jtOOGDB6HYbIsCe9SyHndGipX9?usp=sharing
Ramiro Calle
https://drive.google.com/drive/folders/1GVVhBYJ8SPmuI6QZ_pM9_jnPJ8K6JLGb?usp=sharing
Wayne Dyer
https://drive.google.com/drive/folders/1UOq_I5LY0LqyLqzpQecfrbMGMT8wsEjz?usp=sharing
Deepak Chopra
https://drive.google.com/drive/folders/1PuUCvh1IIjh61MFmZ3Y97SpiIRm3GRb-?usp=sharing
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Biblioteca Maestros Espirituales (1) : Osho, Alan Watts, Dalai Lama, Krishnamurti, Thich Nhat Hanh.
Esta
primera entrega contiene gran parte de la obra de estos grandes referentes
espirituales de nuestros tiempos, maestros de conocimiento y sabiduría oriental
que, hoy más que nunca, necesitamos. Espiritualidad aquí es, sobre todo, la
toma de nuestra Consciencia de Ser.
Osho
https://drive.google.com/drive/folders/1qURIf4Rr0Smek0vwXfrFbFBPMQJ430wL?usp=sharing
Alan Watts
https://drive.google.com/drive/folders/1s-Mc8sGAun5u5xdSy6Sg7pLxQ_Y5rQI0?usp=sharing
Dalai Lama
https://drive.google.com/drive/folders/1zqK6jdlcQS8WP5Qo7a-SyAtVHrJbhwrR?usp=sharing
Krishnamurti
https://drive.google.com/drive/folders/1AMWqUVoLST2folpnwLUDQozimHGx2KwT?usp=sharing
Thich Nhat Hanh
https://drive.google.com/drive/folders/1OtehFffFVquhpuE_qBwjIzieLohOqAeP?usp=sharing
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domingo, 20 de enero de 2019
Biblioteca: Obras Completas Julio Verne, Edgar Alan Poe y Stephen King. Gran Colección Lovecraft.
En
esta segunda entrega nos topamos con los grandes maestros del relato de viajes
y aventuras, suspense, misterio y terror. Destacar de Verne su genial
combinación de aventuras, ciencia y fantasía de anticipación; de Poe su mente
insaciable y atormentada; de King la mejor recreación de todos nuestros miedos.
Como gran colección pero incompleta incluyo la pluma elegante y terrorífica de
H.P. Lovecraft.
Julio Verne
https://drive.google.com/drive/folders/1Qud8Nx4UXeQIZ7I6AMwZ7UsUa71HW7_s?usp=sharingEdgar Alan Poe
https://drive.google.com/drive/folders/1hU7GiJViHJxZkB5r0CAQ0C4sFULn4psF?usp=sharing
Stephen King
https://drive.google.com/drive/folders/1IxBtDIihbFceda2TStNqef8rL5yLPFPc?usp=sharing
Lovecraft, H.P.
https://drive.google.com/drive/folders/1Un7aAaCIj0f06EtCk2npWUXcA1-PKhbA?usp=sharing
Biblioteca: Obras Completas Platón, Nietzsche, Anthony de Mello y Carlos Castaneda
Me gustaría compartir con vosotros, en una primera entrega, estos enlaces drive con las obras completas de los autores mencionados en el epígrafe, y posteriormente grandes colecciones de mis temas y escritores favoritos. Es mucha lectura la que voy a proponer; seguramente no tendremos tiempo en nuestra vida para leerlo todo, por lo que sería aconsejable ir seleccionando aquellos textos que nos llamen más la atención. Todo ello depende de nuestras necesidades actuales de autodesarrollo personal, de nuestro bagaje e intereses. Como dijo un sabio “somos enanos a hombros de gigantes”, evolucionamos apoyándonos y aprendiendo de los que nos precedieron. No pretendamos nunca presumir de poseer la verdad, pero sí de ir en su búsqueda constante, para entendernos a nosotros y al mundo.
Platón
https://drive.google.com/drive/folders/1ufq97HSTAUTp8pmJe6sSOtk9fRNzgK7k?usp=sharing
Nietzsche
https://drive.google.com/drive/folders/1dybNQHbt7in2hnI0oD_sfr_nbvHh1_in?usp=sharing
Anthony de Mello
https://drive.google.com/drive/folders/1vW4_ZGbq1zhtHs8cuKTjib2n0EVY0VSr?usp=sharing
Carlos Castaneda
https://drive.google.com/drive/folders/1-SX4mVkuD6U6N0Pxz8I2EUbR3mZzW-23?usp=sharing
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lunes, 26 de noviembre de 2018
Los libros son cosas vivas (José María izquierdo)
Son
los libros cosas vivas… Bajo su corteza conservan una savia inagotable, que
fluye perenne de un mundo inmortal. Recogen en sus páginas la sangre preciosa y
vital de un genio o de un ingenio, y la preservan para una vida que superará a
su vida.
Son
los libros palpitaciones de la realidad… Y porque lo son, nos dan la llave de
los palacios encantados del ensueño. Nos hacen salir de nosotros mismos y de
nuestras miserias, nos convierten en conciudadanos de todos los pueblos y
contemporáneos de todos los siglos, nos transportan a las más bellas regiones
del mundo sin fatiga, sin hastío…
Son
los libros cosas vivas… Tan vivas, que por su propia superabundancia y excelencia
vital, por hacernos vivir una vida doble, una múltiple vida, vida quizás
infinita…, es acaso por lo que a veces los que mucho leyeron no acertaron a
vivir esta pobre y triste vida terrenal.
Nadie
hace los libros que quiere. Hay una fatalidad que nos inspira la idea de un
libro; y hay una fuerza desconocida, una voluntad superior, una especie de necesidad
de escribir que impone la obra y guía la pluma. No basta saber leer –porque haya
libros y se haya aprendido a deletrearlos. Hace falta saber leer; leer no la
letra, que mata, sino el espíritu, que vivifica. Hacer resonar las voces
calladas de la escritura, como la aguja del fonógrafo hace revibrar los sonidos
impresionados en el disco.
La
elección de los libros, como la de los amigos, como la de los maestros, como la
de nuestra compañera, es un deber importante, capitalísimo en nuestra
existencia. Somos tan responsables de lo que leemos como de lo que hacemos. Leyendo
una sola clase de libros limitamos nuestro horizonte mental. Leyendo, en cambio,
cuanto cae en nuestras manos, llegamos a ese estado de incoherencia, de
vagueación, característico de los sonámbulos, de los que viven en perpetua
dormivela.
Claro
que convendría saberlo todo, hasta lo malo, probar del árbol de la ciencia del
bien y del mal, para prevernirlo todo, para estar advertidos de los riesgos y
tentaciones de la vida, si no fuera que todo lo que con el mal nos familiariza
ya es un mal. Verdad es que en los libros malos hay algo de bueno. Pero frente a
la vida no es éste el modo de plantear la cuestión. Y no por otra razón que por
falta de tiempo.
Los
libros de fácil y amena lectura son útiles, como el azúcar, que forma parte de
nuestra alimentación, pero no podemos vivir solo de eso. Necesitamos también
libros que remuevan, que agiten y conforten nuestra alma, que a veces la hagan
sufrir; pues, en este cambio, en esta lucha están el ritmo y el vigor de la
vida. Hay libros en abundancia, por fortuna, que es imposible leerlos sin
sentirse mejor. Son esos libros que tienen un vivo calor de humanidad, más alma
que la misma palabra hablada, porque nosotros acabamos más nuestros
pensamientos para escribirlos que para decirlos.
Y
así como se ha hecho elogio del hombre diciendo: “habla como un libro”, el del
libro se ha podido hacer de este modo: “habla como un hombre”. Saber leer no es
todo. Es menester, además, querer leer, leer con fruto. Si un libro no nos
interesa, no siempre tiene la culpa el libro. Unas veces, porque estamos poco
preparados para penetrar en el mundo que nos descubre; otras, porque no estamos
dispuestos para comunicarnos con otras almas y renovar así la curva ideal de su
telepatía. No queremos escuchar ni responder, permanecemos sordos y mudos en
esa conversación con los grandes espíritus.
Leer
pasivamente no es leer. Cuando leemos de esta manera piensa otro por nosotros, nos
limitamos a repetir su universo mental. La lectura es, en muchos casos, una manera
de miedo a la vida. Para no verla cara a cara, para no afrontar sus miserias,
nos entregamos a ella en solicitud de una escapada al ensueño…
Si
al sentir no sintiéramos con toda el alma, y al pensar no pensáramos que todo
tiene un alma; si no pusiéramos alma en todo y nonos diéramos con toda el
alma... ¿queréis decirme para que serviría la vida? ¿Es la ilusión cosa distinta
de la realidad? ¿No será la ilusión el deseo de una realidad más pura, más
verdadera? Y cuando una obra es sinceramente, hondamente real ¿no es al propio
tiempo y por su misma esencia más espiritualmente humana, más elevada, más altamente ideal?
José María izquierdo – Divagando por la Ciudad de la Gracia
lunes, 1 de octubre de 2018
¿No serán los mutantes la memoria del futuro? (L.Pauwels, J. Bergier)
Si
el hombre posee poderes hasta hoy ignorados o menospreciados, y si existe, como
nos inclinamos a creer, un estado superior de conciencia, importa no rechazar
las hipótesis útiles a la experimentación, los hechos verdaderos, las
comprobaciones que iluminan, al propio tiempo que aventamos el ocultismo y las
falsas ciencias. El estudio de las facultades extrasensoriales es susceptible
de desembocar en aplicaciones prácticas de una amplitud considerable. Tal vez
haya un lugar en el hombre desde el cual pueda percibirse toda la realidad. Tal
vez estamos en vísperas de descubrir un conjunto de métodos que nos permitan
desarrollar sistemáticamente nuestras facultades extrasensoriales, utilizar una
poderosa maquinaria oculta en nuestras profundidades.
El
hombre no está terminado. Una psicología eficaz debería fundarse no en lo que
es el hombre, sino en lo que puede devenir, en su evolución posible. Todas las
doctrinas tradicionales descansan sobre la idea de que el hombre no es un ser
acabado, estudiando las condiciones en las cuales deben realizarse los cambios,
las alteraciones, las transmutaciones, que llevarán al hombre a su verdadera
magnitud.
El único progreso, en psicología, ha sido
el comienzo de la exploración de las profundidades, de las zonas
subconscientes. Nosotros pensamos que también hay cumbres que explorar, una
zona superconsciente, la existencia de un equipo superior del cerebro, en gran
parte no explorado. En el estado de vigilia normal de la conciencia, solo una
décima parte del cerebro está en actividad. ¿No puede existir un estado en que
la totalidad del cerebro esté en actividad organizada?
¿En
qué condiciones puede el espíritu alcanzar aquel otro estado? ¿Cuáles son
entonces sus propiedades? ¿Qué conocimientos puede en tal caso alcanzar? El movimiento
formidable del conocimiento nos conduce a un punto en que el espíritu se siente
obligado a transformarse, para ver lo que hay que ver. Lo poco que vemos
depende de lo poco que somos. Pero, ¿es que solo somos lo que creemos ser?
Nosotros admitimos esta hipótesis: el
hombre posee un aparato al menos igual, si no superior a todos los aparatos
técnicamente realizables, destinado a alcanzar el resultado que es objeto de
toda técnica; a saber, la comprensión y el manejo de las fuerzas universales.
La
concepción mágica de las relaciones del hombre con el prójimo, con las cosas,
con el espacio y el tiempo, no es absolutamente ajena a una reflexión libre y
viva sobre la técnica y la ciencia modernas. Precisamente la modernidad nos
permite creer en lo mágico. Si en el campo silencioso del cerebro se establecen
conexiones ultrarrápidas y si, en ciertas circunstancias, el resultado de este
trabajo es captado por la conciencia, ciertas prácticas de magia imitativa,
ciertas revelaciones proféticas, ciertas iluminaciones poéticas o místicas,
ciertas adivinaciones que cargamos en la cuenta del delirio o del azar, tienen
que considerarse como adquisiciones del espíritu en estado de vigilia. Acaso los
ritos no son más que conjuntos completos de disposiciones rítmicas capaces de
operar una puesta en marcha de otras funciones superiores de la inteligencia.
Pero,
¿qué decir de la insuficiencias de la propia inteligencia binaria? Se le escapa
la existencia interna, la esencia de las cosas. Para llegar a ello, sería
preciso que el razonamiento binario fuese reeemplazado por una conciencia
analógica que revistiese las formas y asimilara las ritmos inconcebibles de
estas estructuras profundas. El recurso a la conciencia despierta, es decir, a un estado diferente del estado de
vigilia lúcida, constituye el leitmotiv
de todas las filosofías antiguas.
El hombre puede penetrar los secretos, ver la luz, ver la eternidad, captar las leyes de la energía, incorporar a su
marcha interior el ritmo del destino universal, tener un conocimiento sensible
de la última convergencia de las fuerzas en el que toda creación se encontrará,
al fin del tiempo terrestre, a la vez cumplida, consumada y exaltada.
El hombre lo puede todo. Pero este poder se
detiene donde esta inteligencia presiente que hay todavía “algo” más allá del Universo.
Esta puerta infranqueable, aceptamos la expresión, es la del Reino de Dios. Se trata
de hacer funcionar una inteligencia “diferente”, de pasar del estado de vigilia
ordinario al estado de vigilia superior. Al estado de alerta.
Si
los hombres no tienen por único objeto el paso al estado de alerta, es que las
dificultades de la vida en sociedad, la persecución de los medios materiales de
existencia, no les deja tiempo para ello. A medida que el progreso técnico
permita respirar al hombre, la busca del “tercer estado”, de la alerta, de la
hiperlucidez, reeemplazará a las otras aspiraciones. La posibilidad de
participar en esta búsqueda será por fin reconocida como uno de los derechos
del hombre. La próxima revolución será psicológica. Todas las tradiciones
atribuyen al estado de alerta ciertos poderes: la inmortalidad, la levitación,
la telequinesia, etc. Pero estos poderes, ¿son solo imágenes de lo que puede el
espíritu cuando ha cambiado de estado, o bien son realidades?
¿Es que no puede encontrarse un lugar, en
mí mismo, desde el cual todo lo que me ocurre
sea explicable inmediatamente, un lugar desde el cual todo lo que veo, sé o
siento, pueda descifrarse en seguida, ya se trate del movimiento de los astros,
de la disposición de los pétalos de una flor, de los movimientos de la
civilización a la que pertenezco, o de los movimientos más secretos de mi
corazón? ¿Es que no hay nada en el hombre, en mí mismo, un camino que conduzca
al conocimiento de todas las cosas del mundo? ¿Es que no reposa en el fondo de
mí la llave del conocimiento total?
Cabe
imaginar el Ultrahumano, nuevo peldaño de la vida del planeta, como un ser racional
y no solamente razonador, un ser dotado de una inteligencia objetiva permanente
que no toma ninguna decisión más que después de observar lúcidamente,
completamente, la masa de información que posee. Un ser cuyo sistema nervioso
sería una fortaleza capaz de resistir cualquier asalto de los impulsos
negativos. Un ser dotado de una memoria total infalible. Si el mutante existe
es probablemente un ser que difiere del hombre por el simple hecho de que
domina su inteligencia y la emplea sin un momento de descanso.
Toda reflexión sobre los mutantes desemboca
en un sueño sobre la evolución, sobre los destinos de la vida y del hombre.
¿Qué es el tiempo, a la escala cósmica que hay que situar la historia de la
Tierra? ¿No ha comenzado el porvenir en la eternidad? ¿No serán los mutantes la
memoria del futuro, de la cual está tal vez dotado el gran cerebro de la
Humanidad?
Louis Pauwels / Jacques Bergier – El retorno de los brujos
jueves, 20 de septiembre de 2018
Atención plena en la era digital (Jon Kabat-Zinn)
Donde
quiera que vayas, ahí estás. Nos guste o no, este momento es todo cuanto
tenemos para trabajar. Pero, cuando surge la nube del olvido acerca de dónde
estamos ahora, en ese preciso instante, nos perdemos, dejamos de estar en
contacto con nosotros mismos. Para permitirnos estar verdaderamente en contacto
con donde ya estamos tenemos que hacer una pausa en nuestra experiencia, lo
suficientemente larga para permitir que el momento presente pueda penetrar en
nosotros, sentirlo, verlo en su totalidad, sostenerlo en la conciencia y, de
ese modo, llegar a conocerlo y comprenderlo mejor.
Puede
que casi nunca estemos donde realmente estamos, que casi nunca estemos en contacto
con todas nuestras posibilidades. Por el contrario, nos encerramos en una
ficción personal, según la cual ya sabemos quiénes somos, ya sabemos dónde
estamos y adónde nos dirigimos, ya sabemos qué está ocurriendo; y mientras
tanto, permanecemos envueltos en un velo de pensamientos, fantasías e impulsos,
la mayoría de ellos relacionados con el pasado y el futuro, con lo que deseamos
y nos gusta y con lo que tememos y no nos gusta, que se prolongan continuamente
y nos impide ver en qué dirección vamos.
El
hecho de no saber siquiera que estamos soñando es lo que los budistas llaman ignorancia, o inconsciencia. Estar en
contacto con este no saber es lo que
se llama atención plena. El trabajo
que hay que hacer para despertar de tales sueños es la meditación, el cultivo
sistemático del estado despierto, de ser consciente del momento presente. La meditación
consiste simplemente en ser nosotros mismos y tener un cierto conocimiento
acerca de quiénes somos, darnos cuenta de que, nos guste o no, estamos en el
camino de nuestra vida, que tiene una dirección y siempre se está desplegando;
que lo que ocurre ahora influye en lo que ocurre a continuación, poder
orientarnos tanto interna como externamente. Si lo hacemos, es posible que esto
nos permita trazar un recorrido que sea más fiel a nuestro ser interior: un
camino del alma, un camino con Corazón, nuestro
camino.
La
atención plena guarda relación con examinar quiénes somos y con cuestionar
nuestra visión del mundo y el lugar que ocupamos en el mismo, así como con el
hecho de cultivar la capacidad de apreciar la plenitud de cada momento, estar
en contacto con la plenitud de nuestro ser por medio de un proceso sistemático
de autoobservación, de autoindagación y de acción atenta. No hay nada de frío,
analítico o insensible en ello. En general, la práctica de la atención plena se
caracteriza por la amabilidad y la capacidad de apreciar, así como por ser
fuente de nutrición. De hecho, se la podría llamar Corazón pleno. Practicar la atención plena significa comprometernos
plenamente a estar presentes en cada momento. No intentamos mejorar ni llegar a
ningún otro lugar. No tratamos de alcanzar siquiera comprensiones profundas ni
visiones especiales. Tampoco nos forzamos a dejar de juzgarnos, calmarnos o
relajarnos. Y, por supuesto, no fomentamos el ensimismamiento ni el
egocentrismo. Simplemente nos invitamos a interaccionar con el momento presente
con plena conciencia, con la intención de encarnar lo mejor que podamos la
calma y la ecuanimidad aquí y ahora.
En
estos tiempos en que la confusión y la agitación internas y externas son tan
grandes; en estos tiempos en que la aceleración temporal, impulsada por la
llegada de la era digital y de la capacidad de hacer más cosas en menos tiempo,
es tan feroz, que incrementa de forma drástica el riesgo de no estar nunca
presentes con y para nosotros mismos. La especie se encuentra en una coyuntura
crítica, en un momento clave del cambio, y la atención plena, nuestra capacidad
innata para estar despiertos y presentes con el corazón abierto y ver con
claridad, nunca ha sido tan importante.
Lo
que necesitamos, ahora más que nunca, dentro de toda esa confusión, es una
sabiduría interna, un giro de la conciencia que acompañe y determine la
trayectoria de las diversas actividades que emprendemos en el mundo y que nos
guíe individual y colectivamente para desarrollar con plenitud nuestro potencial
como seres humanos. La meditación basada en la atención plena, en especial
cuando se entiende como una forma de ser, de vivir la vida y no como una simple
técnica, es un vehículo muy poderoso para experimentar de forma directa estas
posibilidades transformadoras y curativas en nosotros mismos y en el mundo. Asimismo,
puesto que constituye una puerta de acceso a lo eterno, actúa más allá del
tiempo; de este modo permite que se produzca la transformación sin que debamos
esforzarnos por llegar a ningún otro lugar ni fustigarnos a lo largo del camino
por nuestra incompetencia e imperfección.
¿Podemos
convertirnos plenamente en nosotros mismos para vivir nuestras preciosas y
fugaces vidas más satisfactoriamente? Al fin y al cabo ¿qué más hay que hacer?
¿Y qué podría ser más importante para recuperar nuestra propia vida, con todas
sus posibilidades y realidades?
La
atención plena, incluso cuando se cultiva solo unos minutos, lleva al corazón a
aproximarse a sí mismo. Invita a esa intimidad que tanto anhelamos y que nos
llama porque, en última instancia, la atención plena es la intimidad subyacente
a cualquier separación; pone inmediatamente a nuestro alcance la bondad y la
belleza intrínsecas del mundo y de nuestro corazón, con el fin de que las
semillas de nuestra naturaleza más auténtica crezcan, florezcan y nutran
nuestras vidas, nuestro trabajo y nuestro mundo, momento a momento, día tras
día.
Jon Kabat-Zinn – Mindfulness en la vida cotidiana
miércoles, 12 de septiembre de 2018
La vida tiene un sentido (Muriel Barbery)
Aparentemente,
de vez en cuando, los adultos se toman el tiempo de sentarse a contemplar el
desastre de sus vidas. Entonces se lamentan sin comprender y, como moscas que
chocan una y otra vez contra el mismo cristal, se inquietan, sufren, se
consumen, se afligen y se interrogan sobre el engranaje que los ha conducido
allí donde no quieren ir. Los más inteligentes llegan incluso a hacer de ello
una religión: ¡ah, la despreciable vacuidad de la existencia burguesa! Odio esta
falsa lucidez de la edad madura. La verdad es que son como todos los demás:
chiquillos que no entienden qué ha ocurrido y que van de duros cuando en
realidad tienen ganas de llorar.
Sin
embargo, es fácil de comprender. El problema está en que los hijos se creen lo
que dicen los adultos y, una vez adultos a su vez, se vengan engañando a sus
propios hijos. “La vida tiene un sentido que los adultos conocen”, es la
mentira universal que todos creen por obligación. Cuando, una vez adulto, uno
comprende que nos es cierto, ya es demasiado tarde. El misterio permanece
intacto, pero hace tiempo que se ha malgastado en actividades estúpidas toda la
energía disponible. Ya no le queda a uno más que anestesiarse como puede
tratando de enmascarar el hecho de que no le encuentra ningún sentido a la vida
y engaña a sus propios hijos para intentar convencerse mejor a sí mismo.
Algunas
personas son incapaces de aprehender en aquello que contemplan lo que
constituye su esencia, su hálito intrínseco de vida, y dedican su existencia
entera a discurrir sobre los hombres como si de autómatas se tratara, y de las
cosas como si no tuvieran alma y se resumieran a lo que de ellas pudiera
decirse al capricho de inspiraciones subjetivas.
Los hombres viven en un mundo donde lo que
tiene poder son las palabras y no los actos, donde la competencia esencial es
el dominio del lenguaje. Eso es terrible porque, en el fondo, somos primates
programados para comer, dormir, reproducirnos, conquistar y asegurar nuestro
territorio, y aquellos más hábiles para todas esas tareas, aquellos entre
nosotros que son más animales, esos siempre se dejan engañar por los otros, los
que tienen labia pero serían incapaces de defender su huerta, de traer un
conejo para la cena y de procrear como es debido. Es un terrible agravio a
nuestra naturaleza animal, una suerte de perversión, de contradicción profunda.
¿Cómo
trascurre, pues, la vida? Día tras día, nos esforzamos valerosamente por
representar nuestro papel en esta comedia fantasma. Como sacados de un sueño,
nos observamos actuar y helados al constatar el gasto vital de energía que
requiere el mantenimiento de nuestros requisitos primitivos. La eternidad se
nos escapa.
Tales
días, en el que naufragan en el altar de nuestra naturaleza profunda todas las
creencias románticas, políticas, intelectuales, metafísicas y morales que años
de educación y de cultura han tratado de imprimir en nosotros, la sociedad,
campo territorial agitado por grandes ondas jerárquicas, se sume en la nada del
Sentido. Adiós a los pobres y a los ricos, a los pensadores, a los
investigadorres, a los dirigentes, a los esclavos, a los buenos y a los malos,
a los creativos y a los concienzudos, a los sindicalistas y a los
individualistas, a los progresistas y a los conservadores, ya no son sino
homínidos primitivos cuyas muecas y sonrisas, gestos y adornos, lenguaje y
códigos, inscritos en el mapa genético del primate medio, solo significa esto:
representar su papel o morir.
¡Qué
arrogancia esta de los hombres que piensan que pueden forzar la naturaleza,
escapar a su destino de insignificancias biológicas…! Y ¡qué ceguera tienen
también con respecto a la crueldad o la violencia de sus propias maneras de
vivir, de amar, de reproducirse y de hacer la guerra a sus semejantes!
En
cambio pienso que solo puede hacerse una cosa: dar con la tarea para la cual
hemos nacido y llevarla a cabo como mejor podamos, con todas nuestras fuerzas,
sin creer que nuestra naturaleza animal tiene algo de divino. Solo así
tendremos el sentimiento de estar haciendo algo constructivo en el momento en
que venga a buscarnos la muerte. La libertad, la decisión, la voluntad, todo
eso no son más que quimeras. Creemos que podemos hacer miel sin compartir el
destino de las abejas; pero también nosotros no somos sino pobres abejas
destinadas a llevar a cabo su tarea para después morir.
Esos
días uno necesita desesperadamente el Arte. Aspira con ardor a recuperar su
ilusión espiritual, desea con pasión que algo lo salve de los destinos
biológicos para que no se excluya de este mundo toda poesía y toda grandeza.
Muriel Barbery – La elegancia del erizo
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